El personal médico tiene un mayor índice de sufrir problemas mentales que la población en general. Este rasgo, sumado a la incertidumbre, los cambios de rutina, la mayor posibilidad de contagio y los largos turnos durante la pandemia, han acrecentado las posibilidades de la aparición de trastornos del sueño y, con ello la aparición de problemas tanto mentales como físicos.
Con esta premisa, el Proyecto Universidad Saludable en alianza con el Proyecto Murciélago de la Escuela de Salud Pública dictaron el conversatorio “crisis del sueño en época de pandemia por covid-19”. La charla, a cargo del médico especialista en Neuropediatría y profesor de la Universidad del Valle Christian Andrés Rojas Cerón, tuvo como énfasis la comprensión de la importancia de la salud y el bienestar del personal de salud y la identificación de aspectos claves del sueño, además de dar algunos consejos prácticos para una buena higiene del sueño.
De acuerdo con el docente, la pandemia ha traído grandes retos para el sector médico como el alto volumen de pacientes, los constantes cambios en los protocolos de atención médica, la disolución entre relaciones personales e institucionales, los altos riesgos de contagio y el acceso limitado a elementos de protección personal.
Todos estos desafíos han generado mayores dificultades física y psicológicamente al grupo de profesiones de la salud, ya reconocidas porque, a pesar de ser muy gratificantes, son altamente exigentes. Es por eso que, con el aumento de dichas situaciones, se da también un aumento del estrés, la fatiga, la preocupación y la ansiedad.
Frente al estrés, el profesor Rojas hace énfasis en que desarrollarla en nuestro trabajo, hace parte de la vida normal. No obstante, explica también que superarlo implica un cambio actitudinal, interno y externo, para suplir esas demandas que lo originan.
La respuesta al estrés nace, desde el punto genético, como respuesta a ciertos peligros. En ese sentido, las especies que responden de manera más rápida a los factores estresantes o peligros sobreviven tal como reconocía Charles Darwin en ‘La evolución de las especies’. Esta respuesta es acelerada por el eje neuroendocrino, presente incluso en especies menos desarrolladas como reptiles o anfibios.
En ese sentido, James Papez describió el circuito del procesamiento de las emociones en el sistema límbico, que conecta el hipocampo con hipotálamo, el tálamo y la corteza cingulada. Estas estructuras, que permiten la recepción de estímulos, su asociación con un sentimiento objetivo, su procesamiento y respuesta, se ven influenciadas por la situación de estrés en tal manera que pueden cambiar incluso su tamaño ante una exposición constante.
Frente a los niveles de estrés que se pueden originar, el docente Christian Rojas explica que están clasificados en estrés positivo como una respuesta no prolongada en el tiempo que permite superar una condición adversa; estrés tolerable, un poco más intenso o prolongado, pero con elementos del contexto suficientes para amortiguar los eventos estresantes y estrés tóxico o crónico, en la cual hay una activación prolongada, exagerada y crónica, con cambios funcionales en nuestro cerebro y con estructuras débiles de apoyo o de soporte.
Pero ¿qué pasa en el cerebro en caso de estrés crónico? La reacción comienza con la activación del hipotálamo y la hipófisis, que producen un aumento en los niveles de cortisol, sustancia que disminuye los receptores en el hipocampo, encargados de regular el ciclo, por lo que el estrés se perpetúa. Esta situación afecta la sinapsis, los receptores y la estructura del sistema nervioso central.
Como efecto de esos receptores afectados, las personas experimentan incapacidad de calma, estrés, insomnio, cansancio, tristeza, irritabilidad, dificultades en la relación con sus pares y familia, disminución del desempeño en sus labores e incluso la aparición estados inflamatorios debido a la afectación del sistema inmune.
Estas situaciones se han vuelto más comunes en la sociedad en general. Sin embargo, aunque ha sido un duelo para todos, la situación ha sido especialmente álgida para el personal de salud, que no sólo tiene un índice mayor de enfermedades mentales al de la población general, sino que ha sido el más afectado en todos los ámbitos de su vida y en la incertidumbre de tener que lidiar con la enfermedad por el resto de sus vidas.
Para el neuropediatra Rojas, dentro de los factores que generan más problemáticas en el tratamiento de las enfermedades mentales, está el alto estigma que existe entre los trabajadores de la salud frente a ellas, lo que deriva en la automedicación y el silencio. En cuanto al sueño, más del 90% de los trabajadores de salud puede sufrir, en algún momento, de fatiga y problemas cognitivos que pueden llevar a errores médicos.
Desde esta perspectiva, el profesor invita a los asistentes a asegurar dentro de su vida algunas prácticas básicas de ejercicio nutrición y sueño y, sobre todo, a reconocerse a sí mismos como personas en un aspecto completo, dado que evadirlo puede tener consecuencias legales y de seguridad en el paciente.
Dentro de las observaciones relevantes para el bienestar propio, el expositor señala que los trastornos del sueño usualmente provienen de otros factores que intervienen en el sueño. Si bien existen problemas que afectan directamente como el insomnio y la apnea obstructiva del sueño, el 50% de la fuerza de trabajo en salud se ve afectada por razones externas.
Los trabajadores de salud más afectados son, de acuerdo con Rojas, los trabajadores con alto riesgo, con alta carga laboral, los que no tienen suficiente recuperación del sueño y los que ven su sueño constantemente interrumpido por la naturaleza de sus turnos.
De acuerdo con un estudio en China, se detectó un mayor riesgo de insomnio moderado y grave en enfermeros que en médicos, en mujeres que en hombres y en primera línea y urgencias en comparación con otros servicios hospitalarios.
Recomendaciones
Una de las pautas principales para lograr un bienestar en el sueño, de acuerdo con el profesor Christian Rojas Cerón, consiste en la preparación para dormir bien desde los comportamientos y el estilo de vida. La exposición al sol, el ejercicio regular, las pausas activas, un horario regular de sueño y de comidas y no tomar café después de las primeras horas de la tarde, son pequeños cambios que pueden ayudar a la regulación de los ciclos de sueño.
Por otra parte, Rojas hizo varias recomendaciones frente a la higiene del sueño. Prácticas simples como reservar la cama para el descanso y el sexo, evitar las actividades pesadas y el consumo de alcohol y nicotina en la noche, dormir en un cuarto, oscuro, fresco y silencioso, limitar el uso de pantallas antes de dormir, tomar un baño y practicar yoga pueden mejorar notoriamente la disposición del cuerpo para el descanso.
El Proyecto Murciélago es una iniciativa creada desde la asignatura de Promoción de la Salud, de la Escuela de Salud Pública, en articulación con el Programa Universidad Saludable, un proyecto de la Vicerrectoría de Bienestar Universitario que, a través de sus líneas de acción, espera contribuir al desarrollo integral de la comunidad universitaria.












