La producción intelectual de los profesores se evalúa con base en la cantidad de artículos científicos publicados en revistas indexadas y su visibilidad; sin embargo no se tienen en cuenta otros factores como la dedicación y entrega con la que hacen las tareas propias de la docencia, sostiene el profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle Carlos Osorio Torres.
El profesor Osorio Torres es uno de los funcionarios más antiguos de la institución. Lleva 50 años de vínculo laboral ininterrumpido, pues empezó a trabajar en la Universidad desde abril de 1970 y su inclinación por la docencia se inició poco después de terminar su carrera de medicina.
Se casó cuando estaba en sexto año del Programa Académico de Medicina y se fue a hacer el rural que en aquel tiempo se hacía en seis meses, y aunque estaba inscrito en las especializaciones de pediatría y su esposa en ginecología, decidieron seguir trabajando con la comunidad y no proseguir, en ese momento, estudiando las especializaciones para las que ya estaban matriculados.
Al profesor Carlos Osorio le apasionaba tanto la labor con las comunidades que aceptó trabajar en el Hospital de Florida, en el Departamento del Valle del Cauca, que en ese momento estaba completamente vacío. Entonces, junto a su esposa, se dedicaron a formar los bachilleres recién egresados como auxiliares de enfermería para llevar programas de salud a los corregimientos y veredas.
Al final de un año de trabajo en el hospital de Florida, además de la labor pedagógica, y con el apoyo de la comunidad y la Secretaría de Salud Departamental, lo dejó con más de 10 camas, dotación completa de un botiquín e incluso con la sección de odontología.
Poco después, y gracias a su experiencia en el trabajo como médico, fue invitado por la Universidad del Valle para trabajar en la docencia. A la vez ingresó a un programa de especialización en medicina familiar que se ofreció aprovechando la visita de unos profesores ingleses. Como parte de esta especialización, durante dos años rotó por los servicios clínicos de medicina, tales como pediatría, medicina interna y cirugía.
Al cabo de los dos años la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina le otorgó el título de Especialista en Medicina Familiar.
Como parte de su preparación para ingresar como docente de la Universidad, tomó cursos adicionales en salud pública lo que le permitió obtener el título de especialista en esa área.
En aquella época también trabajaba medio tiempo en el Instituto de Seguro Social como médico laboral y el ánimo de mejorar la salud de los trabajadores lo llevó, junto al profesor Paredes y algunos profesores de medicina a crear el Laboratorio de Toxicología y llevarlo a la acreditación.
Con la creación del laboratorio se pudieron hacer exámenes de ambiente y exámenes clínicos lo que motivó a algunos académicos A trabajar y enseñar esta área en la Facultad de Salud de la Universidad.
Y llegó a tal nivel la consolidación de esta área que “entonces concebimos y pusimos en marcha la Maestría en Salud Ocupacional, la primera Maestría en salud en Colombia, que en este momento cumple 30 años de creación y ha formado unos 400 profesionales altamente capacitados".
Durante varios años fue director de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Salud y durante ese tiempo sobrevino la crisis de la universidad.Logramos salir adelante gracias a la voluntad y esfuerzo que hicimos a finales de la década del 90.
Ahora estamos en el proceso de creación de un doctorado en ergonomía que vincula otras escuelas como la Rehabilitación Humana y tiene el apoyo de la Asociación Mundial de Ergonomía que logró que la Universidad Nacional se una a este proyecto que sería ofrecido por las dos instituciones y que se ofrecer por las dos universidades.
El talento de los estudiantes está ahí y solo se requiere sacarlo a flote y eso nos lleva a un mundo mejor y por eso estoy aquí haciendo lo mejor como docente, pero eso no cuenta a la hora de medir la producción.
Apoyar la creación de estos programas y actividades, con absoluta dedicación y esfuerzo, son cosas que enorgullecen y enaltecen, a pesar de que no cuentan dentro de la producción intelectual que se mide por el número de artículos, publicación en revistas indexadas y visibilidad.
Lamentablemente no se tiene en cuenta la voluntad, empuje, motivación y claridad en los conceptos que me permiten seguir trabajando y aportando, si no fuera por las leyes del Estado que obligan a la jubilación cuando los docentes sobrepasamos los 75 años de edad.












