“La asistencia social no crea dependencia, crea agencia” fue la declaración con la que Anderson Henao Orozco dejó claro ante las Naciones Unidas que es urgente movilizar acciones para que el personal de apoyo a personas con discapacidad sea cubierto por los Estados.
Por Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle
Su asistente entra para acordar citas y leer correos que llegan en imagen – si tiene imágenes, borro automáticamente los mensajes– dice con tranquilidad. Dejó de usar gafas de sol hace mucho tiempo, pues no las necesita -¿a quién le molestan mis ojos?- pregunta con la que provoca la reflexión sobre la insistencia social por homogeneizar los cuerpos. Es la mirada del otro la que se incomoda.
Aún más, la gente le pregunta ¿te operarías los ojos si pudieras?, –¿qué clase de pregunta es esa? – exclama– yo he hecho toda mi vida, mis dos maestrías, mis estudios, mi casa, mi carro, todo todo lo he lo he hecho siendo ciego. Imagínate el dilema moral en el que me ponen.
Estas preguntas lo han llevado a estudiar las paradojas y la ontología de la moral, y lo han acercado a Foucault, uno de los filósofos más importantes en la historia de las instituciones y la crítica al poder normalizador; así como a la dessujeción y la construcción de una ética propia.
¿Cómo este crítico de la inclusión elige ser el director para la garantía de los derechos de las personas con discapacidad del Ministerio de la Equidad?, la respuesta está en su libro –¿acaso las políticas públicas de discapacidad e inclusión social no buscan entre otras mi empoderamiento? –
Agencia de Noticias Univalle ¿Es posible una postura crítica de la inclusión y trabajar para el gobierno nacional?
Anderson Henao: Las políticas de inclusión en principio son un discurso impoluto: ¿quién se opone a la inclusión? Es discurso humanista. Pero si tú haces un análisis académico, lo que encuentras es una serie de tecnologías, un conjunto de saberes, unas instituciones disciplinantes.
Hacer un análisis crítico de la inclusión no significa señalar que la inclusión social es buena o mala. Eso sería un reduccionismo. La crítica, la desnaturalización de la inclusión es entender ¿cuál es el mecanismo que esta opera? La inclusión social no puede ser entendida como una corrección de cuerpos de conductas de no sé qué. Habría que mirar si la inclusión es un proceso de normalización.
Lo que reivindico a título personal es la posibilidad de ser ciego. Son preguntas existenciales. Hay algo que llaman el orgullo disca. El orgullo disca es esa persona que defiende su ser. Su cuerpo discapacitado. A mi me dicen: ‘usted porque no usa gafas negras’. Eso puede ser inclusión, pero nadie se pregunta por qué los ciegos han usado gafas negras a lo largo de la historia? Desde mi perspectiva es un ocultamiento de la diferencia. Le incomoda es al que mira, al otro.
¿Entonces de qué manera la desnaturalización de la inclusión que menciona en su libro es individual y colectiva?
La desnaturalización de la inclusión no es una apuesta colectiva. Es un trabajo, una investigación contra sí mismo. No es que tú le muestras a otro cómo emprender un proceso de desnaturalización. La desnaturalización no se enseña. En el desarrollo de mi tesis me centro más en la mirada nietzscheana. Desde los postulados de Nietzsche de “Ayúdate a ti mismo, y te ayudará todo el mundo”, la transformación es individual. La transformación política es una subjetivación política.
Un devenir sujeto político es lograr desprenderse de lo que nos ha sujetado. Por ejemplo, la inclusión social como práctica discursiva es asimétrica. Unos expertos nos dicen que es discapacidad. Cuando fui la última vez a la oftalmóloga, a mis 14 años, ella me dijo, “usted ya no tiene que volver por acá, usted ahora es una persona con discapacidad”. Ves que ahí me atrapó el discurso de la discapacidad.
Yo me nombró como “una persona ciega con discapacidad visual”. Pareciera que es una cosa redundante, digamos, pero hay una apuesta política, hay un asunto ontológico, digamos existencial. La desnaturalización lo que hace es preguntas que me permiten tomar decisiones sobre mi ser.

Si el trabajo de ‘desnaturalizar la inclusión’ es individual ¿cuál sería la responsabilidad de los gobiernos y del Estado?
La responsabilidad del Estado es hacer vivir, ese es el contrato social. Para hacer vivir el Estado delimita una población como la de discapacidad, define unos instrumentos, unas instituciones, unos discursos, un marco normativo; recurre a procedimientos: datos estadísticos, instituciones o expertos y no quisiéramos oponernos a eso. Allí está cumpliendo con lo que le corresponde al Estado, que es gestionar la vida. Estas políticas como las de inclusión social son biopolíticas. La biopolítica busca hacer vivir. En Colombia hemos tenido gobiernos que hacen morir en nombre del Estado, los falsos positivos son un ejemplo.
¿Desde la vicepresidencia están gestionando el hacer vivir?
Por supuesto.
¿En qué acciones concretas se evidencia esa gestión?
Estamos apostando para que la progresividad de las políticas públicas en materia del ejercicio, goce y disfrute de los derechos se traduzca en autonomía, vida independiente y vida en comunidad. Esos tres conceptos son claves en las luchas históricas de la población con discapacidad y están en el artículo 19 de la Convención sobre derechos de personas con discapacidad.
Uno de los retos que le ha planteado este gobierno al país tienen que ver con el desarrollo de acciones afirmativas y ajustes razonables en políticas públicas. El mercado laboral funciona con incentivos para el sector privado y con obligaciones para el sector público.
Por una parte, en el sector privado, el decreto 0533 de este año tiene que ver con incentivos para la creación y permanencia de nuevos empleos formales. Al empleador que contrate a personas con discapacidad, y mantenga ese empleo por al menos 6 meses, el gobierno garantiza una continuidad de hasta 24 meses con un subsidio a la nómina de ese empleo en un 35%.
En cuanto al sector público, la Ley No. 2418 del 9 de agosto de 2024 modificó los concursos de la Comisión Nacional del Servicio Civil y ahora tienen que tener un 7% mínimo de plazas reservadas solo para personas con discapacidad
Otro gran reto es que estamos construyendo la Política Pública Nacional de Discapacidad, que es un documento CONPES a 10 años.
Desde su postura foucaultiana se enfoca también en los conceptos ¿hay alguna manera en que los conceptos impacten la vida cotidiana?
El Estado tiene la capacidad de regular el discurso. Entonces, lo que estamos haciendo es poner conceptos como el “anticapacitismo” o “contracapacitismo”en la elaboración del nuevo CONPES. Así como hablamos del racismo, el sexismo, etcétera, también hay que hablar del capacitismo; de lo contrario, sigue siendo una discusión más académica. Si tú introduces “contracapacitismo” en la política, el Estado está ordenando el discurso.
Este gobierno está planteando algo que Naciones Unidas denomina como sistemas de apoyo. Los sistemas de apoyo, entre otras cosas, introducen figuras como las de asistencia personal para personas con discapacidad que requieren altos niveles de apoyo. Colombia hablamos desde cuidadoras, cuidadores. No he no tenemos un perfil de un asistente personal como una ocupación en Colombia.
¿Nos podría dar un ejemplo?
El pregrado en interpretación de lenguaje de señas para sordos y sordociegos que ofrece la Universidad del Valle es la profesionalización del personal en asistencias de apoyo. ¿Sí me entiendes? no es solamente el papel del intérprete como un instrumento de comunicación; se configura en realidad los apoyos humanos que necesita la población con discapacidad: guías, intérpretes, asistentes personales.
Hay un colega usuario de silla de ruedas que viene con apoyos, pero son apoyos que no los paga el Estado. No se trata de contratar a Anderson porque él puede moverse solo y no contratar a Julián porque él necesita una persona de apoyo. En Colombia no tenemos un perfil de un asistente personal como una ocupación.
Por otra parte, en el Sistema Nacional de Cuidado logramos que el Estado reconociera las labores de cuidado como un trabajo que debe ser remunerado. Trabajamos por el reconocimiento de dos sujetos de derechos: las personas con discapacidad y las personas que se reconocen como cuidadoras. Logramos separar dos poblaciones que antes estaban en una sola para reconocer sus necesidades y derechos.
Ahí estás aplicando la filosofía política en la administración poblacional para que la inclusión social no sea un asunto de filantropía. Esto es una tecnología de gobierno, ese es el arte de gobernar poblaciones.
¿Estas acciones pueden llevar a pensar que es posible lograr la inclusión?
La inclusión social en algún momento la vamos a superar. Son tránsitos de alguna manera obligada. Lo que uno tiene que provocar con la inclusión es la indignación, que la gente se movilice.
¿Qué va a venir después?
Pues los movimientos sociales después de un par de décadas van a proponer otras discusiones. Esa es la gran apuesta.












