“En Colombia hay una naturalización del uso de las armas como recurso de acción política”, afirma Eduardo Pizarro Leongómez, profesor de la Universidad Nacional y experto en el conflicto armado interno de nuestro país. El sociólogo fue el primer invitado al ciclo de conferencias Realismo Atroz, organizado por la Biblioteca Mario Carvajal, donde actualmente se expone el archivo más importante sobre La Violencia en Colombia, compilado por Germán Guzmán Campos.
“Nuestro país fue pionero en tener un proceso de paz exitoso con una guerrilla pos-Revolución Cubana y el último en salir del conflicto”, señala Pizarro, refiriéndose en primer término a la firma del acuerdo de paz entre el M-19 y el Estado Colombiano, dada en marzo de 1990 y que sirvió de ejemplo para procesos posteriores en Ecuador, El Salvador y Guatemala.
“Fuimos los pioneros en la lucha guerrillera, los pioneros en la paz y los últimos que salimos de un conflicto armado. El caso de Colombia es sorprendente y probablemente las pistas las tenemos en el archivo de Monseñor Germán Guzmán”, expresa el investigador, para quien la utilización temprana de las armas en las luchas campesinas de la década de los 50 generó una naturalización de la lucha armada como un recurso de acción política, fenómeno que hasta hoy persiste.
El sociólogo explica que Colombia fue el primer país de América Latina en tener un grupo guerrillero alimentado por el movimiento de izquierda. En 1951, seis años antes de que la Revolución Cubana despertara el mito guerrillero en el continente, el Partido Comunista Colombiano impulsó las guerrillas comunistas en el país.
Sin embargo, Pizarro concluye que históricamente la lucha armada tuvo como consecuencia el debilitamiento de los partidos de izquierda: “No se hacía bien ni la lucha política ni la armada”. En contraste, los movimientos de izquierda obtuvieron resultados electorales cuando transitaron de las armas a la política, como en el caso de las votaciones obtenidas por ex miembros del M-19 a inicios de la década de los 90.
Hay excepciones en la historia más reciente: el Partido de Los Comunes, conformado por ex combatientes de las FARC, ha obtenido una votación cada vez más baja en los comicios electorales. En el año 2022 solo alcanzó 50 mil votos. Para Pizarro, este dato oscurece el panorama de las negociaciones actuales del gobierno con otros grupos armados, pues deja en entredicho el incentivo para el tránsito de las armas a la política.
El primer intento de hacer un proceso de paz en Colombia se dió en 1953, cuando durante el gobierno del General Rojas Pinilla, el General Alfredo Duarte Bloom pactó una desmovilización con el líder de las guerrillas liberales Guadalupe Salcedo. El éxito de la negociación fue efímero, pues las guerrillas comunistas se desmovilizaron como guerrilla móvil pero no entregaron las armas y se transformaron en autodefensas campesinas.
En el año 1955, Rojas Pinilla atacó las regiones donde había autodefensas campesinas comunistas. En Villarrica, al oriente del Tolima se conformó de nuevo una guerrilla móvil que llegó hasta el Frente Nacional. En el gobierno de Alberto Lleras Camargo, la guerrilla comunista decidió nuevamente desmovilizarse como guerrilla móvil, convertirse en autodefensa campesina y mantener las armas, hecho que condujo a la toma de Marquetalia en 1964, por parte del gobierno de Guillermo León Valencia, y al consecuente nacimiento de las FARC.
“Una de las tragedias de la sociedad colombiana fue que las guerrillas comunistas finalmente nunca se desmovilizaron como grupos armados y después de la Revolución Cubana se fortalecieron, pues este hecho marcó el surgimiento de guerrillas de todo tipo”, indica el sociólogo. Explica que Colombia ha tenido todas los modelos de guerrillas, excepto la trotskista como en Argentina y Bolivia.
Durante la primera ola de guerrillas en América Latina, que fue posterior a la revolución cubana, en Colombia aparecieron agrupaciones pro moscovitas, como las FARC; pro cubanas, en el caso del ELN y pro chinas: el EPL. Después de la Revolución Nicaraguense de 1979, llega la segunda ola con guerrillas nacionales populares, como el M-19; indigenistas, como el Quintín Lame y campesinistas como el PRT.
“Existe una interrelación entre las guerrillas pos-Revolución Cubana y las viejas guerrillas liberales. Estas se apoyaron mutuamente y gracias a eso lograron echar raíces con relativa facilidad”, indica Pizarro.
El investigador desarrolla que la experiencia de las guerrillas de los años 60 en países como Ecuador, Perú y Bolivia no fue tan exitosa como en Colombia, pues las poblaciones campesinas no estaban familiarizadas con estas prácticas: “Cuando los jóvenes radicales de Quito llegaban a las zonas rurales, las poblaciones campesinas los veían como si fueran marcianos, porque desconocían esas formas de acción. En el caso de Colombia, los grupos guerrilleros pos-Revolución Cubana encontraron regiones sensibilizadas, pues ya habían vivido la experiencia de la lucha guerrillera”.
El Ejército Popular de Liberación -EPL fue apoyado en el Noroeste antioqueño por Julio Guerra, el líder de las guerrillas liberales de los 50. Por su parte, el Ejército de Liberación Nacional -ELN llegó a Santander con ayuda de los antiguos guerrilleros liberales que actuaban allí desde la muerte de Gaitán.
Pizarro insiste en que las últimas guerrillas que quedan en el mundo occidental están en Colombia. Las de los otros países desaparecieron: En Ecuador, Alfaro ¡Vive Carajo! firma la paz en 1991; en El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, en 1992; en Guatemala, la Unidad Guerrillera Nacional Guatemalteca,en 1996. Al otro lado del mundo, el 1998 se realizó el Acuerdo de Viernes Santo con las guerrillas de Irlanda del Norte y en el 2018 ETA decide abandonar la acción armada en el País Vasco español.
“Es una tragedia que hayamos sido los primeros en entrar y los últimos en salir de una confrontación armada”, lamenta y también llama la atención sobre el hecho de que mientras en países como El Salvador y Guatemala todos los grupos armados firmaron la paz el mismo día, en Colombia se han llevado a cabo procesos de paz por cada grupo.
Por último, el profesor Pizarro Leongómez elogió la recuperación del Archivo Germán Guzmán por parte de Univalle: “Este archivo permite a los investigadores desentrañar las raíces de la lucha armada en Colombia en los años 50 y, sobre todo, conocer las circunstancias en las que surgió, así como reflexionar sobre el por qué persiste y cuál fue la relación de La Violencia con las violencias posteriores. La Universidad del Valle le está haciendo un enorme regalo al país y a la intelectualidad colombiana al permitirle comprender mejor su historia”.
La conferencia “El tránsito de los grupos armados de los años 1950 a las guerrillas revolucionarias que se conformaron a partir de los años 1960 y sus consecuencias en las violencias posteriores” se realizó en la biblioteca Mario Carvajal el pasado 19 de octubre.
Eduardo Pizarro Leongómez fue presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) e integró la Junta Directiva del Fondo de Víctimas de la Corte Penal Internacional. También se desempeñó como embajador en Países Bajos y relator de la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas en las negociaciones de paz con las FARC-EP en La Habana.

En la foto, de izquierda a derecha: la profesora del Departamento de Ciencias Sociales María Eugenia Ibarra, el profesor de la UNAL Eduardo Pizarro Leongómez, la coordinadora del Área de Cultura de la División de Bibliotecas Ruby Grisales y el profesor del Departamento de Ciencias Sociales Alberto Valencia.
Por: Yizeth Bonilla Vélez












