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#MujeresUV Consuelo Gutiérrez Gallego: por los caminos del empoderamiento, el amor y el servicio

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Jueves, 25 Marzo 2021
Agencia de Noticias Univalle

"Un grupo de ranitas iba por el bosque y dos de ellas cayeron en un pozo. Las demás ranas, desde la orilla, les decían que era imposible salir, que no había razones para gastar energías. Sin embargo, una de ellas seguía intentándolo con todas sus fuerzas, aún cuando las ranas de fuera insistían en que esos esfuerzos serían inútiles.

La otra rana continuó saltando, con tanto empeño, que finalmente consiguió salir del pozo. Las otras le preguntaron por qué no escuchaba lo que las demás decían, a lo que ésta respondió que era sorda y creía que la estaban animando para salir del hueco”. Para Consuelo, esta fábula anónima, atesorada en su memoria, refleja muchos momentos de su vida en los que se ha visto en los saltos de esa ranita que, sin oír las críticas apabullantes, continúa intentando salir, como impulsada por un resorte oculto.

Recién egresada de un colegio de monjas, la joven Consuelo de apenas 17 años tenía muchos sueños, pero era consciente de que, para cumplirlos, tenía que trabajar. Debido a la conexión de su padre con la empresa en la que se había jubilado, entró a trabajar como operaria a una fábrica. Sin embargo, ella encontraría su propio camino.

Estaba ad portas de sus 18 años cuando aplicó para una vacante en la Universidad del Valle como recepcionista en Rectoría. Era su segundo trabajo y entraba sin ninguna experiencia en el cargo, pero sus ganas de aprender y de seguir saltando, como la ranita que alcanza las alturas en la fábula, le hicieron superar todo obstáculo. Después de un corto período de tres meses de prueba y grandes aprendizajes, fue nombrada en propiedad.

Con su entrada a Univalle, Consuelo Gutiérrez descubrió cómo puertas y ventanas de enseñanzas se abrían para ella y decidió aprovecharlas: cursos, diplomados, capacitaciones; asistía a todo aquello que pudiera aprender. Frente a estos nuevos saltos, sintió algunas voces que insistían en la idea de que una recepcionista no necesitaba estudiar y, sobre todo, en la pérdida de tiempo, pero decidió hacer oídos sordos a los comentarios y continuar su formación.

En su proceso, recibió el apoyo de los lugares menos esperados. “Recuerdo mucho que me decían, en la época del rector Jaime Enrique Galarza, que a él no le gustaba que le pidieran permisos, pero gracias al consejo de un jefe anterior, Harold Rizo, yo enviaba mis cartas -era con cartas en esa época- porque, a final de cuentas, lo peor que podía pasar era que me dijeran que no”. Gracias a sy tesón y disciplina, acompañados de buenos consejos, pudo dar otro salto: ascender a secretaria.

Este nuevo rol lo asumió en la Oficina de Bienestar Profesoral donde, en medio de solicitudes, y trámites, buscaba no sólo aplicar sus nuevos conocimientos, sino entregar su actitud de servicio a todos funcionarios que cruzaban el umbral de sus oficinas. Sin embargo, como reza el dicho, los buenos hijos vuelven a casa.

Consuelo Gutiérrez regresó a la Rectoría en 1994, donde continuó con sus labores, así como con esas capacitaciones que tanto le habían aportado a su proyecto de vida. Con ese nivel de formación ascendió hasta el nivel 2 de técnico, lo que le permitió ascender a un nuevo puesto, esta vez en la Dirección de Comunicaciones. Pero no sería el último salto de nuestra querida Consuelo, en su fábula de ranita incansable.

“Hice la carrera profesional intermedia de secretariado ejecutivo. Hasta tarjeta profesional tenía. Llegué hasta el nivel técnico 11, de los 12 que había. Sin embargo, para pasar al 12 me decían que no porque no tenía las cualificaciones, entonces tuve que demostrar, con una carta que había hecho estudios en una Carrera Profesional intermedia, en la Corporación Educativa Centro Superior, y que no sólo que había hecho los estudios, sino que tenía la experiencia y capacidad para ascender al nivel 12 de Técnico.

De esta manera, la tan anhelada cumbre fue alcanzada por nuestra querida Consuelo, que continúa en la Dirección de Comunicaciones hasta hoy, cuando sus consejos, dichos y experiencias se han enredado de forma inextricable con la esencia de la oficina no sólo para quienes trabajan allí. sino también para los docentes y trabajadores que han sido atendidos por ella y los centenares de estudiantes con los que ha hecho equipo durante los diez años en los que ha apoyado la logística de los grados de la Universidad.

“Ha apoyado en la coordinación de los grados desde el 2010. En un principio fue duro encontrar una estrategia, pero encontré la forma de armar un buen listado de tareas y horarios para ser justos en el pago del trabajo a los monitores. Ha sido un caminar por la experiencia en el que me he encontrado con personas maravillosas”.

Fueron precisamente estos estudiantes los que, con su interés y preocupación, la convencerían de tomar una decisión que terminaría salvando su vida. “Una vez estábamos con la logística de grados y sentí el peor dolor de mi vida. Los chicos me vieron retorciéndome en mi puesto y me pidieron que fuera al médico. Yo no quería porque tenía muchos pendientes, precisamente por los grados, pero ellos insistieron. Y menos mal. Casi se me estalla la vesícula”.

La ceremonia de grados fue el 15 de diciembre, el mismo día en que le realizaron la cirugía.

Además de todo su proceso de crecimiento en la universidad, Consuelo Gutiérrez trabaja en otro proyecto de vida que le llena en corazón: servir. “No hice carrera profesional, pero he estudiado mucho, no sólo en el aspecto laboral sino como persona, como ser humano. Por eso estudié teología bíblica, para servir a Dios como voluntaria”, expresó sonriente.

Esta labor de voluntariado, a la que quiere dedicarse con aún más ahínco, le ha permitido ser maestra de niños en su congregación, escucharlos y hacer parte de esas historias que se entretejen en sus pequeñas vidas y, en muchas ocasiones, sus padres no llegan a conocer. A partir de esa experiencia, descubrió en la escucha su vocación de servicio, que espera entregar a personas de todas las edades que requieran la atención de un buen oído.

Consuelo Gutiérrez insiste en que no es mucho lo que ha dado a la universidad, comparado con todo lo que ha recibido, por lo cual le profesa un amor inmarcesible. “Yo siempre he amado a mi universidad. Ha estado en todo momento, en mis momentos de crisis, en todos los días de mi vida. Me ha dado la formación, el trabajo, me ha acompañado en todo. Incluso cuando pensé que podía ser estéril, la Universidad a través del Servicio de Salud me hizo el tratamiento de fertilidad. Fueron ocho años de tratamientos y pastillas, pero hoy tengo a mis dos hijos”.

Para Consuelo, esos dos hijos tan anhelados han sido la razón primera para levantarse y continuar saltando obstáculos, como la ranita de su fábula. Por eso, a pesar de enfrentar su crianza en solitario -con todas las vicisitudes que conlleva- les garantizó un hogar con el amor y las enseñanzas necesarias para ser los hombres íntegros que son el orgullo de su existir. Su hijo mayor es ingeniero eléctrico de la Universidad del Valle y el menor, también univalluno, egresará dentro de poco como ingeniero topográfico. “Creo que ellos han seguido mis pasos, pero con talento en las matemáticas, porque yo les tengo pavor” comenta entre risas.

Aunque sus hijos son talentosos y perseverantes -como ella- en sus profesiones, lo que más enorgullece a Consuelo Gutiérrez de ellos es su calidad humana. “El mayor tiene 32 años, ha logrado todo lo que se ha propuesto y mi otro hijo es muy perseverante, me hablan muy bien de él; pero lo que más me enorgullece de ellos es su humildad, su gran corazón”.

Consuelo menciona que “de lo que siembras, cosechas” para referirse al éxito de sus hijos. Sin embargo, tanto la gran personalidad y talento de ellos, como sus propios éxitos a nivel laboral, no son más que recompensas que ha logrado ella misma con los esfuerzos y la bondad que ha puesto en cada uno de los saltos en su vida.

Es por eso que, además de recibir mensajes recordándole que es una madre única y distinciones de la Universidad por ser una buena funcionaria, Consuelo Gutiérrez ha despertado el amor de quienes le conocen y el reconocimiento como esa ranita sorda, ejemplo de fortaleza y perseverancia para todas las #MujeresUV.

 

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