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#MujeresUV María Elena Mendoza: amar y disfrutar la labor que se ejerce

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Viernes, 26 Marzo 2021
Agencia de Noticias Univalle

María Elena Mendoza Puliche nació en Cali hace un poco más de 50 años, no revela su edad exacta cuando se le indaga por ésta, pero tampoco hay muchas huellas en su rostro que evidencien que ya atravesó cinco décadas.

Su sonrisa amable es bien conocida por los funcionarios que trabajan en el edificio de Administración Central de la Universidad y es la que a menudo da la bienvenida a quienes pasan por la Rectoría o el Salón del Consejo. Dice que no se aprende los nombres de las personas con facilidad, pero cuando va por los corredores saluda con entusiasmo a cada quién por el suyo.

El olor del café que prepara cada día muy temprano en la cocineta del cuarto piso de la Administración atrae a todo el que disfruta de esta bebida. Una vez se prueba, siempre fuerte y fresco, el catador más exigente regresa, pues complace su paladar con algo que va más allá del aroma, la acidez o el cuerpo de la taza. Una elaboración precisa, con ese ingrediente tan personal que le ponen las madres o las abuelas al café que preparan para sus seres queridos. Con ese gesto de generosidad de María Elena, depositado en una taza, directivos y más de una treintena de empleados inician labores en sus oficinas que huelen a ambientador de lavanda y que también están meticulosamente limpias y ordenadas gracias a las manos prodigiosas de esta mujer.

“Si tuviera una panadería, haría el pan queriendo que fuera el que más se comprara. En mi trabajo me gusta dar lo mejor de mi, del servicio que estoy prestando. Me gusta ser atenta, me gusta ser respetuosa, me gusta ser respetada, me gusta ser consciente del lugar que me corresponde. Respeto tu lugar y me gusta que tu respetes el mío. Me gusta ser muy discreta, no abusar de la confianza que me den, sino más bien tomarla para trabajar tranquila. Seguir aportando cosas buenas a mi trabajo es mi forma de manifestar agradecimiento.

Trabajo y trato de que todas las personas estén satisfechas, porque no hay cosa más rica que trabajar en un lugar donde la gente esté en agrado con uno y viceversa. La armonía es parte fundamental en la labor de todos, en la que usted hace, en la del rector, en la mía.

Aporto lo mejor de mi, que aunque puede ser mínimo, lo hago de corazón, con entrega. Y eso usted no solo lo ve en mi, aquí somos muchas compañeras y tenemos un mismo propósito, que es prestar el mejor servicio.

Me gusta mi trabajo, porque para ejercer una labor uno tiene que amar lo que está haciendo. Si usted quiere lo que está haciendo lo hace a las mil maravillas y lo disfruta”, dice María Elena con un tono de voz pausado, de mujer sabia.

Aunque desborda en amabilidad, María Elena es tímida y posee una humildad auténtica que hace que le cueste hablar de sí misma y desprecie el protagonismo. Se le prometieron pocas preguntas para que accediera a dar información sobre su vida y su trabajo para este perfil, pero al incumplirle y seguir indagándola, ella reclamaba con gracia, pero después de unas risas continuaba haciendo una de las cosas que mejor sabe hacer: disponerse con agrado al servicio de los demás.

“Todo lo que me ha aportado la Universidad ha sido positivo, en mi camino y en el de mis hijas. Quiero mucho este campus y vivo agradecida con Dios y con las personas con las que trabajo, porque estas aceptan mi estilo y mi forma de ser, todo eso suma.
¡Amo esta Universidad!. Me gustaría decirle ‘la amo porque aquí hice mi…’ - se pone erguida y levanta la mano como si fuera a expresar un discurso; hay silencio por unos segundos y luego manotea- Pero ya loro viejo no aprende a hablar”, termina la frase con una risa espontánea y contagiosa.

Desde hace 12 años María Elena trabaja en la Sección de Servicios Varios de la Universidad del Valle. Antes de llegar a esta institución se había empleado como aseadora en tres clínicas de la ciudad. Creció junto a dos hermanas en un hogar a cargo de su mamá, quién aunque no disponía de muchos recursos para la educación de sus hijas, les dio las bases para avanzar y sostenerse en la vida.

“La preparación a nivel educativo fue con mucho esfuerzo propio, aunque hubiera querido más cosas, pero no habían muchas oportunidades y eso quedó en stand by. Pero eso tampoco me entristece, porque a pesar de que me faltó preparación a nivel profesional, lo que he hecho lo he hecho bien y he contado con el apoyo de muchas personas”.

Aunque no tuvo la posibilidad de prepararse a nivel profesional, María Elena ha tenido inquietud por la educación. Hizo varios cursos en temas como atención al cliente, relaciones interpersonales, aseo hospitalario y cuenta con un diploma como Técnica en Asistencia de Recursos Humanos. Dice que entre sus planes está continuar estudiando algo que tenga que ver con los números, por los que siente gusto, como la contaduría.

Se declara admiradora de las mujeres que obtienen grandes logros en sus carreras profesionales o que son ejemplo de superación, llamándole especialmente la atención las historias de vida de las grandes deportistas que surgen de condiciones socio económicas adversas.

En la Universidad, considera inspiradora a la profesora Liliana Arias, actual vicerrectora académica. “La admiro por el recorrido que ella tiene como médica, en su profesión como sexóloga, su tranquilidad, destreza y sencillez. Es una persona asequible, agradable y tiene gran cantidad de reconocimientos, virtudes, conocimientos y recorrido. Ella no se niega a quien necesita una orientación o una ayuda”, afirma.

En el 2019, en el marco del II Coloquio Nacional de Estudios de Género realizado en la Universidad, María Elena recibió, junto a varias docentes, un reconocimiento por su aporte a la equidad de género en Univalle, por medio del cuál también se hizo una distinción a la importancia de su labor, destinada al cuidado de los miembros de la comunidad universitaria.

Los momentos que más gozo le han generado en sus años de trabajo en la Universidad tienen como protagonistas a los estudiantes. “Eventualmente, en los grados me ha tocado servir un cafecito en la mesa para los directivos, y desde ahí distingo a muchos estudiantes aunque no les sepa el nombre. Ese día uno los ve diferentes, bien bonitos, transformados. Para mi es muy gratificante cuando ellos se acuerdan de mi y me llaman por mi nombre, me dan un abrazo o me agradecen. Ahí se siente chévere, porque quiere decir que lo tienen a uno en cuenta y a pesar de que están tan elegantes le hacen esa ovación, eso da gusto”, señala con entusiasmo.

A pesar de su actitud pro activa, María Elena admite que a veces siente el cansancio físico, pues hay tareas que le pueden resultar agotadoras, como manejar la máquina sanitizadora que la Sección de Servicios Varios dispuso para el aseo de los campus universitarios como parte de los protocolos de bio seguridad para enfrentar la pandemia del COVID -19. “Porque acalora a la lata”- dice, aunque apunta que esto no es impedimento para cumplir con su trabajo: “el propósito es cuidar tanto a uno mismo como a los que están bajo su cuidado, sobre todo en esta pandemia. Si no hago las cosas con delicadeza, constancia, dedicación, y como me han dicho que se tiene que hacer, entonces ahí hay un problema y también un riesgo para mi y para los demás.

Ahora soy aseadora, pues fue lo que aprendí y en lo que me ocupo, pero si fuera comunicadora, secretaria o profesora también tendría amor por mi trabajo y queriéndolo no se siente difícil sino que se disfruta”.

María Elena es madre cabeza de familia. La mayor de sus dos hijas es egresada del programa de Comercio Exterior y de la Especialización en Logística de la Universidad y recientemente retornó de un año de intercambio en Francia. Su hija menor planea seguir los pasos de su hermana y actualmente adelanta estudios técnicos también en Comercio Exterior, mientras espera ingresar a la Universidad para profesionalizarse, un camino en el que recibe el respaldo y empuje de su mamá.

Más allá de ser el sitio de trabajo donde mantiene espacios impecables, sirve el café o vela por un ambiente bio seguro, María Elena reconoce que la Universidad del Valle también ha sido para ella un lugar para el aprendizaje: "Aunque no esté en un aula aprendiendo algo, aprendo de todas las personas que me rodean y siempre tomo lo que me alimenta, lo bueno. Eso es lo que he hecho siempre, tomo lo que siento que me beneficia”.

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