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Normas de comportamiento e informalidad económica

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Martes, 15 Agosto 2023
Agencia de Noticias Univalle

Las normas implícitas de comportamiento de los grupos sociales juegan un papel importante para explicar fenómenos como la informalidad.

“Las normas sociales podrían ser uno de los elementos que explican porqué la informalidad está enquistada en determinados grupos”, afirma el profesor de la Universidad ICESI Enrique Fatás. Según el investigador, la economía del comportamiento no aborda las normas sociales como algo abstracto, sino que caracteriza de manera cuantitativa un fenómeno asociado a la condicionalidad del comportamiento.

Los profesores Lina Restrepo, Enrique Fatás y César Mantilla fueron los panelistas de la primera jornada de la cumbre Alianza EFI, que se llevó a cabo el pasado jueves 10 de agosto en el Banco de la República.

El profesor Fatás explica que las decisiones y las acciones que las personas toman no son iguales si están en un entorno social en el que la mayoría toma y aprueba un tipo de decisión, o al menos hay expectativas a favor de éstas.

“Si un trabajador informal cree que la mayoría de las personas del grupo con el que se relaciona son informales y a ninguno se le ha ocurrido pasar al sector formal de la economía, con sus costos y beneficios, y además, cree que la mayoría de las personas de su grupo de referencia piensan que pasarse al sector formal no tiene sentido, es probable que jamás se plantee dar el salto o empezar adquirir las capacidades, habilidades y hacer la inversión para formalizar su trabajo”, señala Fatás.

Como en el caso expuesto, las normas sociales pueden actuar como una barrera conductual que impide a los trabajadores informales romper con una tradición de informalidad y dar el paso al sector formal.

Fatás reconoce que también existen otros factores estructurales, económicos y educativos que contribuyen a la permanencia en la informalidad, pero la norma social tiene el agravante de que es difícil de cambiar, lo que explicaría la persistencia de la informalidad. Sin embargo, el economista apunta que estas tendencias del comportamiento podrían modificarse a través de intervenciones que permitan cambiar la forma en que los informales ven lo que es apropiado hacer.

Para la profesora del Departamento de Economía de la Universidad del Valle Lina Restrepo, pocas personas tienen la posibilidad de decidir entre ser informales o no, pues el contexto y la estructura económica también condicionan esta posibilidad. Sin embargo, entre las normas sociales que pueden condicionar la existencia de vínculos informales está la confianza:

“En una empresa donde el 65% de las interacciones laborales son informales se están generando vínculos de confianza entre las dos partes de la interacción, que creeríamos que no existen, pero que sí están y permiten jugar a la informalidad”, destaca la investigadora.

La recomendación es un incentivo para que un trabajador informal haga las cosas bien, pues de no hacerlas, los costos sociales para él son muy altos. De esta manera, la confianza se convierte en una norma social.

Otra norma social que se acentúa con la informalidad es que las personas piensen que no vale la pena regularizar sus condiciones de articulación con el mercado por un descreimiento en el futuro. “Entonces se piensa que no vale la pena pagar impuestos, ni ahorrar para el retiro. Esa norma social dicta que no vale la pena hacer nada por la sociedad”, manifiesta la docente. 

Por otro lado, aprovecharse de los vacíos institucionales que tiene el país, lo que popularmente se conoce como “ser vivo”, también sería una norma social que aumenta la persistencia de la informalidad, que, si bien tiene algunas causas dentro de las normas sociales, también tiene efectos sobre la persistencia de esas normas. Se cumple un ciclo que puede ser vicioso o virtuoso.

“A falta de contratos, las personas y sectores demográficos que tienen como norma social aprovecharse del otro, lo seguirán haciendo”. Sin embargo, la profesora Restrepo advierte que las personas en la informalidad no siempre se aprovechan “porque tenemos unos instintos prosociales que favorecen que no nos portemos mal con el otro”.

Es posible apalancarse en normas sociales para cambiar la actitud de quienes permanecen en la informalidad, pero con un límite. “Si el empresario percibe que el costo de la formalidad es muy alto tampoco va a hacer la transición. Se pueden alcanzar logros desde las normas sociales, pero tienen que estar acompañadas de políticas duras que fortalezcan la interacción de los agentes económicos con el mercado, no solamente basarnos en el comportamiento”, destaca la profesora Restrepo.

Informalidad y pobreza

Una de las características de la informalidad es la incertidumbre sobre los ingresos a futuro, lo que genera problemas para tomar decisiones de largo plazo.

“La población más vulnerable, que tiene problemas para resolver su supervivencia diaria, tiene una carga cognitiva fuerte. Para ellos, tomar decisiones estratégicas o de largo plazo cuesta mucho, porque no saben si habrá largo plazo”, indica la profesora Restrepo.

Para Enrique Fatás, la llamada “mentalidad de la escasez”, es decir, cuando la escasez genera presión sobre los limitados recursos cognitivos llevando a tomar peores decisiones, aumenta la posibilidad de continuar siendo pobre en el futuro. Aparte de otros factores estructurales, este elemento conductual explica la pobreza por ser pobre.

“Pero también lo que nos dice la literatura, es que a veces quienes viven en escasez son capaces de comprender mejor el coste de oportunidad de los pocos recursos que tienen”, afirma Fatás. Es decir, que quienes menos tienen, piensan con mayor cuidado en qué invierten cada peso.

 

De los estudios a la aplicabilidad

Entre los retos que tiene la economía del comportamiento frente a la informalidad, el profesora de la Universidad del Rosario César Mantilla señala que aún hace falta explorar cómo las personas informales evalúan los beneficios de informalidad, que a veces no son evidentes en los contratos. “Si hacemos un mejor análisis de la crisis y aprendemos a transmitirlos se puede empezar a generar cambios en esa línea”, apunta.

Es necesario que las personas y las empresas entiendan mejor los beneficios de la formalidad.

Por su parte, el profesor Enrique Fatás sostiene que para abordar la informalidad es necesario comprender el comportamiento de los informales y de los empresarios que a través de la oferta perpetúan esa situación. “Esto requiere una inversión en economía del comportamiento y sobre todo, obtener los datos necesarios para poder diseñar y evaluar políticas públicas”, concluye.

La cumbre Alianza EFI tuvo como propósito visibilizar los impactos, resultados y legado de la Alianza EFI: Economía Formal e Inclusiva, un ecosistema científico financiado por el Banco Mundial a través del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación—MinCiencias, que durante los últimos cinco años contribuyó al diagnóstico y evaluación de las barreras a la inclusión social y productiva de los agentes económicos en Colombia.

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