La Universidad del Valle y la Universidad Autómoma de Occidente crearon un implante para la regeneración de tejido cardíaco que recibió esta semana la patente de invención por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio.
Esta innovación, que aún se encuentra en fase experimental, permite regenerar porciones cardíacas después de un infarto, mejorando la calidad de vida del paciente y disminuyendo el deterioro del resto de las fibras que quedaron indemnes.
En el desarrollo médico participaron los investigadores Oscar Gutiérrez Montes, profesor de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle y los docentes de la Universidad Autónoma Álvaro José Rojas Arciniegas y Paola Neuta Arciniegas, quién también es egresada de Univalle.
El profesor Oscar Gutiérrez, lider del Grupo de Investigación en Medicina Regenerativa de la Universidad del Valle, afirma que factores como el envejecimiento de la población han aumentado la prevalencia de la falla cardíaca, condición que se caracteriza por una pérdida de la contractibilidad del miocardio a causa de la cicatrización que sufre el corazón después de un infarto.
“Cuando una parte del tejido cardíaco se muere, las fibras no se regeneran como musculares sino como una cicatriz fibrosa. Esa parte del corazón pierde su capacidad contráctil, es reemplazada por tejido conectivo y su función tiene que ser asumida por las fibras contráctiles a su alrededor. A la larga, esto genera un desgaste progresivo que hace que todo el órgano pierda función, lo que se denomina falla cardíaca.
Al perder su función, que es la de actuar como bomba, la sangre no circula con la velocidad ni con la presión requerida para llegar, especialmente, a los tejidos más periféricos. El organismo responde adaptándose, pero al hacerlo entra en un círculo vicioso en el que retiene líquido, aumenta la demanda para el corazón y como éste no responde, retiene más. Esto es una etapa terminal. Después de un infarto hay un tiempo límite muy corto para reemplazar esa parte de tejido muerto, de cicatriz”, señala el investigador.
En este estudio, llevado a cabo hasta ahora en cultivos in vitro, se tomaron células madre mesenquimales, células endoteliales y cardiomiocitos de un modelo animal, que fueron cultivadas y posteriormente inducidas en una matriz polimérica biocompatible. De esta forma, las células madre se transformaron en células musculares cardíacas contráctiles.
“Las células cardíacas contractiles se incorporaron en un biodispositivo, similar a un ‘parche’ o ‘curita’, que se coloca sobre el sitio donde se produjo la muerte del tejido cardíaco. Lo que se observó fue que esas células colocadas en la cicatriz empezaron a contraerse. Se midió dicha contracción comparando la funcionalidad del corazón antes, durante el infarto y después de la intervención y logramos observar que el corazón, que había perdido un porcentaje de su contractibilidad, la recuperaba con este ‘parche’”, explicó el profesor Gutiérrez.
Se espera que la patente obtenida beneficie la capacidad de negociación para el desarrollo de futuras innovaciones en medicina regenerativa. “Esta es solo una parte del programa de medicina regenerativa que incluye el desarrollo de biodispositivos, biomateriales y compuestos fotodinámicos para el tratamiento de cáncer, así como el programa de trasplante de órganos quimerizados. En general, creo que esta patente le va a dar un impulso no solamente a la Universidad, sino también a la capacidad investigativa de la región”, indicó el docente.
Aunque la pandemia ha retrasado el progreso de trabajos de investigación en todo el mundo, los investigadores de Univalle y la UAO esperan hacer las primeras aplicaciones en modelos humanos en un par de años, o antes. Algunas instituciones ya han manifestado su interés en apoyar esta fase de la investigación con el fin de ofrecer este implante como alternativa a la terapia o invalidez de los pacientes.
Detrás de este producto, que reúne esfuerzos y capacidades de investigación de Univalle y la UAO, hay una trayectoria de trabajo entre ambas instituciones en bio ingeniería. Desde el 2019, estas dos instituciones de educación superior ofrecen un doctorado conjunto en el tema, en el que la Universidad Autónoma de Occidente participa con sus facultades de Ingeniería y Ciencias Básicas y la Universidad del Valle con las de Salud, Ingeniería y Ciencias Naturales y Exactas.












