Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas durante la ceremonia de inauguración de la Facultad de Derecho y Ciencia Política
Es muy grato para mi presidir como Rector de la Universidad del Valle esta ceremonia de inauguración de la Facultad de Derecho, que llena un vacío existente en la oferta académica de la Universidad desde su fundación. En 1945 se crea la Universidad con el propósito de responder a las necesidades del aparato productivo del Valle del Cauca, donde existía una presencia dominante del sector agropecuario, pero también necesidad de personal calificado técnico y contable para administrar las empresas de la naciente industrialización.
No existían universidades en el Departamento de Valle, creado en 1910. La más prestigiosa de la región era la Universidad del Cauca, antigua y famosa por su Facultad de Derecho donde habían estudiado figuras sobresalientes del acontecer nacional. Nuestra Universidad nace como Universidad Industrial del Valle y a nadie se le hubiera ocurrido entonces incluir Derecho en esa oferta inicial que fue de Comercio Superior y Administración de Negocios, Ingeniería Química, Arquitectura e Ingeniería Eléctrica. En 1951 cuando se crea la Facultad de Medicina, se actualiza por así decirlo el nombre y pasa a llamarse Universidad del Valle.
Para 1964 hay siete unidades básicas que a pesar de cambios en la organización de los saberes y adición de programas aún se mantienen hoy en día: Ciencias, Humanidades, Ciencias Sociales y Económicas, Salud, Ingeniería, Arquitectura, Educación, Administración, Educación y Sicología convertidas en Facultades recientemente, pero con una larga trayectoria académica.
En 1993 se crea el Instituto de Altos estudios jurídicos, sin un programa de pregrado que lo respaldara, el cual ofreció algunos programas de posgrado, iniciativa que fue eliminada en el año 2000. Durante lo corrido del siglo XXI un grupo de profesores ha liderado con persistencia y argumentos la idea de crear la Facultad de Derecho, complejo proceso académico que hoy culmina.
La Universidad tiene toda la voluntad de apoyar la nueva facultad que nace en tiempos de grandes transformaciones en los procesos educativos, marcados por las innovaciones tecnológicas y la Inteligencia Artificial. No ha faltado quien diga que los códigos que establecen las normas y conductas que rigen la administración de justicia incorporados a programas de inteligencia artificial, hacen superfluo el papel de abogados y jueces, pues bastaría con describir la conducta para que el sistema arroje un resultado inmediato e infalible. Nada más alejado de la realidad.
Lo que los estudiantes de derecho aprenden no son códigos que cambian constantemente sino una de las más nobles actividades humanas como es la aplicación de justicia, que es la base de la convivencia ciudadana, disciplina que requiere una sólida formación ética, una comprensión de las realidades sociales, un conocimiento a fondo de lo público y un criterio para juzgar y decidir que jamás tendrán las máquinas, las cuales si serán de gran ayuda en el proceso.
Sin embargo, el nacimiento de una facultad de derecho en estos tiempos obliga a una nueva concepción del curriculum, sin la carga de los métodos de formación tradicional tan arraigados en la tradición de enseñanza del derecho. Hay allí una gran oportunidad para formar profesionales en Derecho y en Ciencias Políticas que respondan a las exigencias del mundo moderno. Los procedimientos han sufrido una verdadera revolución, que hay que asumir y aprovechar, pero los principios formativos siguen siendo los mismos.
Y una reflexión final, el pasado 9 de febrero asistí en la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas a la presentación del proyecto “Derribando estereotipos para un mejor acceso a la justicia”, cuya esencia era llamar la atención sobre un asunto que está en la conciencia colectiva de los colombianos como es la impunidad en la aplicación de la justicia, fuente de muchos de nuestros males sociales. Una investigación de campo que fue más allá de atribuir la impunidad a la engorrosa aplicación de procedimientos que no terminan nunca, al trabajo desbordado de los jueces y a la corrupción, para volcarse sobre el ciudadano corriente, marginado, desconocedor de las normas y de sus derechos, y con una gran desconfianza frente al aparato estatal que a su parecer lo ignora y lo discrimina. Lo que indagó es qué piensan esas personas sobre la justicia y en qué medida el conjunto de derechos consagrados en nuestra Constitución garantista, es conocido y aplicado en comunidades alejadas de los centros de poder.
Los resultados el proyecto ameritan su difusión no sólo en el ámbito de la sociología sino también en el mundo del derecho, al que también le corresponde indagar si las normas y leyes están cumpliendo sus propósitos en la realidad cotidiana. Las grandes reformas a la justicia que se han propuesto a través de los años han tenido la sana intención de simplificar los trámites judiciales y descongestionar los procedimientos. Pero el conjunto del aparato judicial sigue siendo lento e ineficiente. Los resultados de la investigación indican que la gente de las comunidades marginadas donde se desarrolló percibe que la justicia la discrimina en razón de su raza o su pobreza, que el desconocimiento de las normas que los protegen es muy grande, como lo es también su desconfianza ante el aparato judicial. Derribar esos estereotipos es un proceso de cambio de cultura que sólo es posible a través de educar a la gente en unos conocimientos básicos formales, y sobre todo en el conocimiento y alcances de sus derechos como ciudadanos.
Hay allí una gran tarea para hacer, que es parte del compromiso social que debe asumir la nueva Facultad de Derecho y Ciencia Política. Cómo contribuir a que la aplicación de justicia no sea un privilegio. Cómo, desde el espacio de una universidad pública como la Universidad del Valle, puede su Facultad de Derecho estar de verdad al servicio de la sociedad. Ese es el camino que hoy se inicia y que le auguro los mayores éxitos.
Muchas Gracias.
Cali, 19 de febrero de 2024












