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Pistas para entender el ‘estallido social’ en Cali

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Viernes, 06 Agosto 2021
Agencia de Noticias Univalle

Entender las causas del ‘estallido social' que se presentó en Cali durante la coyuntura del Paro Nacional del 2021 es aún una preocupación para ciudadanos, gobernantes, empresarios y académicos. El profesor Adolfo Álvarez Rodríguez director del Instituto de Investigación e Intervención sobre la Paz de la Universidad del Valle presentó cinco hipótesis sobre el origen de este fenómeno, recogidas a partir del trabajo reflexivo que dicho instituto, la Corporación para la Integración y Desarrollo de la Educación Superior en el Sur Occidente Colombiano – CIDESCO y el Colectivo Acuerdo por Cali han llevado a cabo durante los últimos meses.

El profesor Álvarez expuso este análisis de la coyuntura durante el evento de lanzamiento del Acuerdo por Cali, que se realizó la semana pasada y fue transmitido por el Canal de Youtube de la Universidad del Valle.

A continuación, las hipótesis que, según el académico, explicarían las razones por las que esta ciudad se convirtió en epicentro de las movilizaciones a nivel nacional durante más de un mes, con una dinámica particular de confrontaciones y bloqueos permanentes, pero en la que también se expresaron grandes reclamos de los sectores populares y surgieron nuevas formas de organización política.


1. La pandemia evidenció problemáticas de exclusión

En su primera hipótesis sobre el origen de las movilizaciones en Cali, el profesor Adolfo Álvarez plantea que la pandemia dejó en evidencia las profundas problemáticas de exclusión y desarrollo humano que afectan a las clases populares y medias en la ciudad y la región.

El desempleo entre los jóvenes y la vulnerabilidad económica que padecen amplios sectores de la población hacen parte de los principales malestares que aquejan a la capital del Valle del Cauca, cuya economía se vio gravemente afectada por la pandemia del COVID-19; muestra de ello es que en Cali la pobreza pasó del 25% en el 2019 al 40% en el 2021. Cerca del 50% de la economía de la ciudad es informal y se enfoca en el sector terciario y de servicios (hoteles, restaurantes, bares e industrias culturales) que se vieron aquejados con las medidas que buscaban contener la propagación del COVID.

Una de las grandes fragilidades de la economía regional, señalada de manera reiterativa por expertos y manifiesta en los planes de desarrollo departamentales desde hace tiempo, es la baja participación de la población económicamente activa en actividades de alta productividad. Las consecuencias de esta problemática estructural son visibles en el bajo desarrollo que tuvo la economía durante los últimos años. “Esto se traduce en desigualdades sociales, de género y territoriales, con especial impacto sobre los jóvenes, lo que genera un debate sobre el agotamiento del modelo y la necesidad de repensar estrategias que implican trabajar sobre uno más incluyente, sustentable y sostenible económicamente”, señaló el director del Instituto de Investigación e Intervención sobre la Paz.

 

2. Acumulación y agravamiento de problemáticas de educación

La segunda hipótesis expuesta por el profesor Álvarez indica que en la ciudad también se presentan grandes dificultades en relación con la garantía del derecho a la educación.

La educación básica y media muestra problemas en cuanto a pertinencia, calidad, acceso y permanencia. Alrededor de 60 mil jóvenes y adolescentes, cerca del 40% del total de esta población, no terminan el ciclo formativo pues desertan de las instituciones educativas o son expulsados de las mismas (principalmente de las públicas).

En el 2020, los indicadores de calidad, cobertura, gestión y TIC ubicaron a Cali en el puesto #25 entre las 32 ciudades capitales del país, un dato vergonzoso si se tiene en cuenta que ésta es considerada la tercera ciudad más importante de Colombia. Los resultados de las pruebas de Estado también la muestran rezagada en comparación a los logros de los colegios públicos de Bogotá, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Popayán, Pasto y el Eje Cafetero.

En cuanto a Educación Superior, la capital del Valle del Cauca también presenta insuficiencias en la cobertura y pertinencia de su oferta. Cali ocupa el séptimo lugar a nivel nacional en estos indicadores, siendo superada por Bogotá, Manizales, Medellín, Bucaramanga, Tunja y Armenia.

 


3. Crisis de gobernabilidad y liderazgo público

Las grandes problemáticas de la ciudad se han identificado y convertido en objeto de la agenda pública desde hace más de 20 años, pero las respuestas a estos temas no son sostenibles y no han tenido continuidad entre los gobiernos. Hasta ahora, las estrategias encaminadas a aliviar las problemáticas de precariedad y exclusión social no resultan efectivas, por lo que este fenómeno permanece y se ha acumulado.

“Durante los días más críticos de las jornadas de movilización, se evidenció una baja capacidad del gobierno local para prever, enfrentar y superar la confrontación”, manifestó el profesor Álvarez.

Desde el año anterior, la administración distrital recibió fuertes críticas por la gestión de sus prioridades en el plan de desarrollo y el gasto público; su transparencia fue cuestionada y se alertaron posibles riesgos de corrupción y además la cancelación de programas de la administración anterior que parecían exitosos, como la Estrategia TIOS y los Gestores de Paz y Convivencia, no fue bien recibida en los territorios. Lo anterior deriva en una carencia de credibilidad para la actual Alcaldía. Así mismo, se ha revelado debilidad institucional: baja capacidad de planeación, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas, cuyos avances son limitados.

Por su parte, las élites políticas de la ciudad han permanecido ausentes en el debate durante la fase más crítica de esta coyuntura, lo que pone en evidencia problemas de liderazgo y legitimidad para dar respuesta a los principales asuntos públicos de la ciudad.

 


4. Conexión entre dinámicas estructurales y agentes de violencia en Oriente y Ladera

Además de las pandillas, fenómeno que ha sido ampliamente estudiado desde su relación con la estructura social de los barrios de Oriente y Ladera, en estos sectores también existe una fuerte presencia de bandas criminales, que se han sofisticado y ganado fuerza en los últimos años.

“Cali es el centro de operaciones de la economía ilegal en el Sur Occidente colombiano y sigue manteniendo altos niveles de criminalidad y homicidios, por encima de la medida nacional. La inseguridad y la violencia en la ciudad son un asunto de preocupación permanente en su agenda pública y política desde hace más de dos décadas”, indicó el profesor Álvarez.

 


5. Onda política

El ‘estallido social’ en Cali se inscribe en una onda de movilización - de mediana y larga duración- conectada con otras formas de acción colectiva, protesta social y acciones de hecho llevadas a cabo en los últimos tres años en un contexto de debate y tensiones políticas nacionales.

La movilización actual tiene como precedente más cercano a la del Paro Nacional de noviembre de 2019. En el 2018 también se dieron precedentes importantes como las grandes manifestaciones de protesta pacífica por parte de los estudiantes universitarios, la votación masiva del referéndum anticorrupción y la amplia votación que obtuvo la oposición en las elecciones presidenciales.

 

Los actores de la movilización

Durante el Paro Nacional del 2021, los jóvenes y estudiantes tuvieron gran relevancia como actores a través de las denominadas primeras, segundas y terceras líneas.

El sostenimiento y apoyo a esta movilización, al menos durante parte de los dos primeros meses, por parte de las organizaciones sociales de los territorios y grupos de las comunidades también quedó evidenciado. Sectores ciudadanos, iglesias y academia también desempeñaron un papel importante, sobre todo como mediadores.

Pandillas, barras bravas, grupos delincuenciales de las llamadas ‘oficinas’ y milicias buscaron imponer su lógica durante las jornadas de protesta en los sectores populares, pero encontraron resistencia y cuestionamientos en el seno de la movilización.

La diversidad de agendas entre todos estos actores dio permanencia al conflicto y dificultad para encontrar salidas. La conformación y designación de vocerías de la Unión de Resistencias de Cali expresa tal complejidad. “Entender esto es fundamental para encontrar respuestas y alternativas de transformación de las condiciones de fondo y con perspectiva de largo plazo. Su naturaleza no permite salidas fáciles y de corto plazo”, indicó el profesor Álvarez.

 


Implicaciones e impactos

En sus primeras semanas la movilización estimuló pasiones y emociones, como el miedo y una sensación de fractura irremediable, acentuada por el impacto económico que golpeó a empresas y comunidades de los sectores más pobres, quienes con el tiempo discutieron la necesidad de levantar los bloqueos.

La defensa de la vida por encima de todo, congregó a diversos sectores preocupados por la polarización y la espiral de violencia desatada en la ciudad, que dejó un saldo bochornoso de civiles asesinados, denuncias de excesos por parte de la Fuerza Pública y policías heridos, acciones de vandalismo y daños graves al bien público (principalmente contra el Sistema de Transporte Masivo -MIO, que a la fecha mantiene limitada la mayor parte de su operación).

Los rectores de las universidades que hacen parte de CIDESCO promueven el reconocimiento de diversos sectores y liderazgos. “Lo valiente es dialogar” es el lema propuesto por ellos como parte de una estrategia en la que el diálogo es la vía principal para resolver este conflicto. En este proceso se ha reconocido la importancia de la participación de las universidades en la discusión de nuevas propuestas educativas, así como en el acompañamiento y apoyo a la Mesa de Diálogo local.

El sector privado, la Arquidiócesis de Cali, las iglesias y muchos ciudadanos también se han unido al Acuerdo por Cali.

Por su parte, la Alcaldía de Cali y las de los demás municipios del Valle del Cauca donde hubo bloqueos, la Gobernación del Valle y el gobierno nacional, finalmente, asumieron el diálogo y la construcción de propuestas y respuestas a través del mismo.

“Estamos en una fase más reflexiva, que permite pensar con cabeza fría, pero sin abandonar las motivaciones originales, en la que se trabaja colectivamente para consolidar visión, acción común y una ruta sostenida y de largo plazo para la transformación y superación de las condiciones y factores que alimentaron este estallido”, puntualizó el profesor Álvarez.

 

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