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Plegaria para un Niño dormido

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Martes, 21 Mayo 2024
Agencia de Noticias Univalle

Meléndez fue el único campus universitario custodiado por un oso. En su andar silente y calmo, Niño -o Superman, como también era conocido- recorría los senderos con la certeza de saber que era su reino; un lugar donde todos lo reverenciaban con el cariño de un viejo amigo o, en el caso de los primíparos, con el respeto que imponía su enorme figura. 

Desde el 6 de abril el perro-oso-Niño nos dejó para habitar en el campus de los recuerdos. En el vacío de su sitio de descanso, hoy una fotografía nos recuerda su rostro peludo y tierno mientras a pocos metros, en los alrededores del edificio de Geografía, su cuerpo fue sembrado bajo un jardín que retoza con las letras de una canción: “Plegaria para un niño dormido, quizás tenga flores en su ombligo y además, en sus dedos que se vuelven pan, barcos de papel sin altamar…” 

Caía una tarde del año 2009. Como parte de sus ya acostumbradas rondas de vigilancia en el edificio Multitaller, Edinson García oteaba sobre el horizonte de altos pastizales que se extendía hacia la calle 16. La superficie verde, usualmente uniforme, se interrumpía por un bulto de pelo. En medio de él, un par de ojos lo miraban. ¿Sería un lobo? ¿Un zorro? García intentaba dar con el tipo de espécimen que le devolvía la mirada. Tras un esfuerzo para acercarse, descubrió la figura atemorizada de un perro muy grande, muy joven, muy nervioso. Muy abandonado.

No había tenido mucho contacto con mascotas. Por eso, llamó a Lorena Núñez, la bibliotecaria más animalista de Univalle, para preguntarle cómo vencer el temor de la criatura. Comida y paciencia, respondió ella. Con la constancia de un reloj, Edinson dejaba las “coquitas” con comida y agua para el perro atemorizado que, de a pocos, comenzaba a confiar y a acercarse para comer. Cuando cayó en la cuenta, las cocas ya estaban al lado de la portería del edificio Multitaller y él, ya bautizado como Niño, unido a García de por vida.

Anduvieron juntos por toda la universidad: del Multitaller se pasaron al edificio D5, de cuya estadía Niño se llevó el nombre de Superman, impuesto por los estudiantes. De allí, tras el cambio de la oficina de los supervisores, se instalaron en el edificio de Geografía, donde pasó sus últimos años. En ese recorrido se hizo amigo de los otros perritos abandonados en el campus. Vagón y Milonga, que pasan una vejez en feliz adopción. Pecas, que ahora vive en San Fernando. Piraña o Muelitas, que aún habita el campus. Otros tantos y tantas que al igual que Tango, su némesis, ya descansan. 

Edinson García recuerda con un dejo melancólico la pasión con la que Niño lo defendía. Tango, viejo residente del Canal Univalle TV, tenía un carácter receloso que ante pocos bajaba la guardia. En el caso de Edinson, siempre vigilante y bien acompañado por Niño, era imposible entrar en sus afectos. Las dos veces que se acercó gruñendo, Niño usó su fuerza para ahuyentarlo, por lo que García jamás pudo volver a ingresar al canal sin la mirada de desprecio del pobre Tango, herido en su orgullo.

También conoció a muchos gatos, dentro de ellos a la Morocha -la de la oreja mocha-, su compañera de edificio. Aunque a la mayoría le ladraba para marcar su territorio, con esta felina nerviosa logró una convivencia tranquila, llena de tardes y cenas compartidas.

 

Niño era experto en abrir puertas y corazones. Con previa autorización de su cuidador, solía subir las gradas del edificio de Administración Central para tocar con sus patas en la Sección de Seguridad y Vigilancia. Su amigo, Héctor Alonso Paruma, siempre estaba presto para responder a su llamado.

Si bien es cierto que Niño conoció el amor en este campus, también vivió momentos de zozobra. Lorena Núñez recuerda especialmente un tropel en el que, producto del fuerte estallido, los 50 kilogramos de Niño quedaron paralizados por culpa de los nervios. En medio del shock fue cargado entre tres personas hasta las inmediaciones de la Administración Central. Allí, ya alejado del estruendo, pudo caminar por cuenta propia. 

Edinson García también recuerda esas parálisis nerviosas. En una de sus últimas madrugadas, cuando la cauda equina ya le impedía caminar, los fuertes truenos llevaron a Niño a arrastrarse hasta un patio. Allí lo descubrió Edinson, empapado bajo la lluvia. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, lo puso a salvo en su oficina.

Ya las historias de nuestro Niño son solo parte del anecdotario de Edinson, Lorena y tantos otros funcionarios y estudiantes que dieron todo de sí para hacer de la Universidad un hogar feliz para él. Sin embargo, sus pesares son el recordatorio de una verdad ineludible: nuestro campus no es un lugar seguro para las mascotas.

Hoy, el corazón de Niño tiene hogar bajo un techo de flores, fruto del esfuerzo colectivo de estudiantes que compartieron con él estos senderos y pasillos que tanto lo extrañan. Sin embargo, ahora que él está “jugueteando inquieto en los jardines” de otro lugar, nuestro mayor homenaje será tomar las lecciones de su paso por el mundo y librar de las injusticias y el abandono a otros tantos Niños que cruzan a diario por nuestra vera.

Que nadie, nadie despierte al niño

déjenlo que siga soñando felicidad

destruyendo trapos de lustrar

alejándose de todo mal...” - Plegaria para un niño dormido, Luis Alberto Spinetta

Conoce esas mascotas univallunas que buscan un hogar seguro y lleno de amor aquí.

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