La construcción de relaciones equitativas entre los seres humanos requiere de un reconocimiento de las diferencias, de las desigualdades y de las brechas. En la medida en que nuestra sociedad pueda respetar las diferencias, así como reconocer y visibilizar las desigualdades y las brechas de género que se han construido históricamente, seremos capaces de aportar a la construcción de territorios de paz, en términos democráticos, de reconocimiento, respeto, bienestar humano.
En el escenario actual, las instituciones de educación superior tienen un papel preponderante: no deben solo limitarse a la transmisión de saberes, deben también propender por la formación integral de los seres humanos, formando ciudadanías críticas y comprometidas con la transformación de la sociedad.
En ese sentido, las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de construir espacios más democráticos para todas las identidades: hombres, mujeres, población con identidades étnicas y raciales, población campesina, diversidades sexuales e identidades de género diferentes. A su vez, esto permitirá la construcción de sociedades más igualitarias, más democráticas y más participativas.
La construcción de paz es algo que todos y todas debemos hacer en las relaciones humanas cotidianas. Es propósito se logra mediante el esfuerzo consciente de que los gestos, las palabras y las acciones estén basadas en el respeto, la dignificación, el reconocimiento y valoración de las otras personas. Con estas herramientas seremos capaces de construir territorios más equitativos, territorios de paz.
Solo una educación superior comprometida con la justicia social y los derechos humanos nos permitirá formar seres humanos que lideren la construcción de escenarios de paz en medio de una sociedad abierta y plural.












