Lo que pasa en la U

Se siente un fresquito / Voy y vuelvo

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Martes, 24 Mayo 2022
Diego Alejandro Guerrero

Estos jóvenes devolvieron a su dueño una millonaria suma de dinero que se había perdido. Pequeños actos de humanidad dan tranquilidad en medio de tantas malas noticias.

Por: Ernesto Cortés Fierro. Editor general de El Tiempo.

En esta tierra donde las noticias parecieran insistir en que solo producimos ‘Otonieles’, disidencias, políticos corruptos, sicarios y violadores, también hay espacio para aquellos seres anónimos que con pequeños gestos producen burbujas de oxígeno que nos devuelve la esperanza.

La pareja que durante varios días y con la ayuda de la Policía se dio a la tarea de buscar al hombre que perdió cinco millones de pesos se convirtió en tendencia por hacer algo que ya parece inusual: ser buenas personas. Solo eso. Ser buenos seres humanos, conscientes de algo tan elemental como ponerse en el lugar del otro, en la angustia del otro. Los enaltece y hace que los hechos dolorosos pasen a un segundo plano, aunque sea por una eterna brevedad.

El otro día, en el sector de El Salitre, un hombre en su Toyota gris se acercó hasta donde se encontraba un barrendero de la empresa Lime haciendo su labor. Y le extendió un almuerzo que acababa de comprar. El sujeto, agradecido, miró al cielo y guardó el regalo entre su viejo morral. ¿Salvó el segundo golpe del día? ¿Lo guardaría hasta llegar a casa para compartirlo con los suyos? Lo que sea, pero ese simple gesto me arregló la mañana.

El sujeto que buscó, por redes, a una mujer que por error le había consignado 12 millones de pesos merece otro podio de gratitud. Sí, seguramente su identidad era fácil de detectar y la mujer no tendría problema en recuperar su dinero, pero es el gesto lo que vale, es la intención de hacer las cosas correctamente. El hombre bien pudo esperar hasta que la susodicha apareciera, pero, como él mismo anotó en su red social, “se siente un fresquito hacer las cosas bien”.

El muchacho que durante años guardó la bicicleta de su infancia y solo volvió a sacarla cuando encontró al niño perfecto para regalársela –un campesino de Tabio– es otra muestra de que la gente buena abunda en un mundo en donde las personas se cansaron de que solo les estemos mostrando el lado malo de las cosas. A veces lo que funciona bien, lo que se hace bien, lo que se sale del molde, también debería ser noticia.

Los jóvenes que dieron vida a la iniciativa ‘Tenemos que hablar’ nos dan una lección de vida para momentos turbulentos como los que vivimos. Ellos no piden revoluciones, ni alimentan totalitarismos ni populismos. No quieren tomarse el poder por asalto. Solo recomiendan cambios sociales utilizando para ello herramientas tan simples como contundentes: la educación y la aplicación de la Constitución política. “Quieren que las cosas simplemente funcionen como deben funcionar”, dicen.

El Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) podrá tener todos los problemas que uno se imagine, pero ver a un grupo de ciudadanos que a diario hacen la fila para abordarlo –sin colarse– significa que buena parte de que las cosas funcionen depende de uno, de nuestro buen comportamiento.

El taxista que me recordó que debía llevar puesto el tapabocas, el ciclista que no violó la señal de tránsito, los obreros que salvaron una mascota, el conductor que cedió el paso a un peatón, las mamás que se enfrentaron a manifestantes que querían vandalizar el colegio de sus hijos, el policía que le dio de comer a un habitante de la calle... ninguno de ellos es un nerdo. Ninguno busca protagonismo. No quieren medallas por sus actos de bondad o buen comportamiento. Se comportan así porque, estoy seguro, recibieron la mejor educación posible: la que se da en casa. Allí es donde se aprende –o debería aprenderse– sobre tolerancia, honradez, límites, acciones ejemplarizantes y respeto hacia el otro.

Y lo mejor es que la ciudad está plagada de historias parecidas, mejores, quizás, o más altruistas. Pero no reparamos en ellas porque nos parece que no encajan en el tsunami de desgracias que nos agobian y nos saturan sin compasión.

Hay un tipo de periodismo que se viene imponiendo en varios lugares del mundo: el periodismo de soluciones. No es una secta, no es un periodismo rosa, no es indiferente a los aconteceres del día a día. Se trata de un periodismo que busca hacer contrapeso a las noticias negativas. Y claro que es escéptico, duda y también cuestiona, pero lo hace desde una mirada distinta, porque busca lo que funciona bien en medio de todo lo que está mal. Y claramente hay muchas acciones que funcionan bien, como las de esta gente anónima que les acabo de mencionar. Se siente un fresquito poder contarlo.

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