Usualmente, la mayoría de los eventos virtuales comienzan con decir que estamos en tiempos extraordinarios, que vivimos una crisis disruptiva. En esencia, la extensión del ciclo pandémico ha afectado las relaciones sociales e institucionales y en campos como la administración pública se observaron y se seguirán observando muchos cambios, influenciados principalmente por la prevalencia en el uso de nuevas tecnologías.
Bajo esta premisa se realizó el segundo panel de expertos del LAGPA Virtual 2020, encuentro anual realizado por el Grupo Latinoamericano por la Administración Pública, bajo el título ‘Transformaciones en la Administración Pública: gobernanza y tecnologías’ con el objetivo de analizar los cambios tecnológicos en la cuestión de lo público para garantizar su gobernanza y la legitimidad de los Estados.
El foro, dirigido por el administrador público y rector del Instituto de Altos Estudios Nacionales, tuvo como invitados a Arketa Peci, Doctora en Administración y profesora asociada de la Fundación Getulio Vargas de Brasil; Germán Escorcia Saldarriaga, consultor e ingeniero especializado en ciencias políticas, cibernética y telemática en Colombia; David Arellano Gault, Doctor en Administración Pública y profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas -CIDE en México y Gabriel Rojas Salazar, profesor asociado del CIDE.
Innovación gubernamental, imaginación digital
Para el ingeniero Germán Escorcia nos dirigimos a un mundo dirigido por dos grandes ejes: repensar las organizaciones y reimaginar escenarios para el futuro. “Dentro de este lugar, denominado ‘mundo R’ existen muchas tareas pendientes, como reiniciar, renegociar, resiliencia, reimaginar. Todas esas funciones tendrán lugar en las tecnologías exponenciales, en las que ya se desarrollan muchos de nuestros trabajos”, explicó el experto.
La llegada de estas nuevas tecnologías a todos los entornos de la vida sitúa a las empresas con productos intangibles como las más cotizadas en los próximos diez años. Actualmente, las cinco compañías más importantes del mundo se encuentran en esta categoría, lo cual es un alto indicador sobre la forma que tomarán los negocios en el futuro.
Escorcia asegura que, a pesar del precedente que han sentado estas compañías y de que la mayoría de las empresas y servicios se encuentran a un icono de smartphone de distancia, el gobierno no está aún disponible para los ciudadanos en los dispositivos electrónicos.
Si bien el expositor reconoce la existencia de limitantes frente a la conectividad, recordó que empresas como Google, Space X, Amazon y Microsoft han volcado sus esfuerzos hacia la generación de acceso a internet a los lugares más apartados del mundo, con lo que dichas barreras dejarían de existir y revelan la necesidad de reinvención de los gobiernos para mejorar el acceso a estos lugares e, incluso, a los ciudadanos en las ciudades.
Como ejemplo, Escorcia expone que las aduanas de muchos países no han cambiado la relación entre el ciudadano y el Estado desde su mismo nacimiento y expone que, pensando en el porqué de este tipo de trámites y en qué se podía hacer para eliminarlos, se creó en Panamá la Secretaría de Informática, que terminó como la autoridad nacional, supraministerial, para la innovación. Resultado de las políticas de la nueva secretaría, expone, Panamá subió en sus índices de innovación 12 puntos, una cifra impensada entonces.
Frente al análisis de la implementación de herramientas tecnológicas en los gobiernos latinoamericanos, es altamente notorio un rezago generalizado. Sin embargo, hay casos excepcionales como el de Colombia, que ha hecho un trabajo interesante en la creación de gobierno digital.
Dentro de los retos que Escorcia afirma deben proponerse los países de la región, se encuentra la implementación de las ciudades inteligentes que permitan la interacción de la ciudadanía a través de la tecnología y, de esta manera, a través del sonido, de sensores y otras herramientas, establecer mejores mecanismos para entender las dinámicas de las ciudades y crear medidas acertadas para esas dinámicas.
La Presidencia de Brasil vs la narrativa científica
Alketa Peci se propone en su exposición hacer un análisis de las consecuencias de la expresión de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, en la respuesta del sistema de salud pública de Brasil, en la capacidad de coordinación de las organizaciones científicas gubernamentales y en el acatamiento de las medidas propuestas por las entidades de salud.
La profesora Peci se sitúa desde un principio en una visión pesimista respecto de las consecuencias del uso de los recursos y tecnologías como forma única de mejoramiento, en medio de una narrativa presidencial como la de Brasil, dirigida a atacar los valores democráticos, así como los científicos y a permear la tarea de instituciones, incluso pertenecientes a la administración pública.
Como consecuencia de la ruptura entre el discurso público de la presidencia frente a la pandemia, Brasil ha superado los 150 mil muertos, a pesar de que su Sistema Único de Salud ostentaba una musculatura suficiente para confrontar en mayor medida los efectos de la pandemia.
La primera característica de la narrativa presidencial fue el negacionismo, la reducción de los efectos del virus a una simple gripe y, a través de apelar al pathos al tildar a los ciudadanos como paranoicos al acudir a las prácticas de autocuidado como la mascarilla, esencial para disminuir la rapidez del contagio, y en la promoción de la cloroquina como medicamento contra el coronavirus cuando las pruebas fueron inconclusas sobre sus efectos sobre el virus.
Adicionalmente, Peci observa que, a diferencia de la ciencia, que ha sido inconsistente en tanto descubre el funcionamiento y los modos correctos de prevenir el virus, Bolsonaro ha sido extremadamente consistente con su discurso de la pequeña gripe y la promoción de la cloroquina, a tal punto que insiste en que todos sus hijos tomaron cloroquina con el virus y es efectiva, contrario a lo que dicen los estudios. y que es muy diferente de los resultados inconclusos que dan las evidencias científicas.
“Los seres humanos buscan certezas frente a incertidumbres tan grandes como una pandemia y, desafortunadamente, la narrativa de Bolsonaro las trae, pero, al proporcionarlas, aunque sean mentira, son ampliamente acogidas por la población, con las consecuencias comportamentales de la ausencia de coordinación entre las estrategias desde lo científico y lo administrativo”.
El golpe al sistema de salud, siempre basado en las fuentes científicas, por la oleada de casos derivados de la falta de prevención y la batalla creciente entre los ciudadanos que creen en la cloroquina versus los que creen en el confinamiento, han sido los efectos principales, mencionados por Peci, en el comportamiento de los ciudadanos frente a la pandemia, lo queja detrás una sociedad no sólo enferma, sino fracturada por la desconfianza en el otro durante un momento de crisis.
Impacto de las tecnologías en las sociedades democráticas
En estos tiempos de disrupción, los Estados tienen el papel importante de conducir sus países a ser parte del cambio hacia las nuevas tecnologías. Con este llamado, el profesor David Arellano da paso al análisis de casos que hará el docente Gabriel Rojas sobre las tecnologías disruptivas en nuestras sociedades con una invitación directa a los países latinoamericanos a la actualización y a la discusión sobre el uso de estas nuevas tecnologías.
El primer caso analizado por el profesor Rojas es el del gobierno surcoreano, que utiliza aproximadamente 1.5 millones de cámaras conectadas por circuito cerrado, con la participación de diferentes agencias en su uso, tiene funciones de gobernanza como la observación de fenómenos meteorológicos, la identificación de actividades ilícitas y la vigilancia de espacios públicos. Dado que Corea del Sur fue uno de los pocos países que no experimentó una cuarentena y, aun así, tuvo éxito en el control de la pandemia, el profesor dirige su atención a la utilización de estas tecnologías en el rastreo de los casos, pilar del método del país asiático.
Dentro de los protocolos, Rojas explica que el primer paso consiste en llenar un cuestionario sobre síntomas en una aplicación. La presencia de síntomas lanza una alerta a las autoridades para la realización de la prueba que, si da positivo, activa el rastreo de los últimos movimientos contagiado y alerta a las personas en contacto estrecho. Para trazar esos pasos, se rastrean las ubicaciones de los teléfonos, las transacciones de tarjetas de crédito y débito, con las cuales se paga en el país incluso el tiquete de metro, y finalmente los detalles capturados por el cirtuito cerrado -CCTV.
Si bien el uso de estas herramientas ha permitido un éxito en el control de la pandemia, su aplicación ha despertado tensiones dentro de los habitantes frente al uso indiscriminado por parte de la policía, la pérdida de privacidad, el dilema de la seguridad en contra del bien común y el problema en la protección de los datos de los usuarios de las aplicaciones.
El segundo caso analizado refiere a los ‘Smart contracts’ o contratos inteligentes en procesos de obra pública. El uso de esta técnica, a modo de simulacro, reduce otro de los grandes problemas de los procesos de contratación como lo es el alto costo de realizar estos procesos o a la hora de enfrentar eventualidades contextuales como problemas meteorológicos o particulares por parte de los licitantes.
El proceso de simulación con fue realizado con un grupo y, como resultado, los procesos de selección y contratación presentaron la idea de que es posible sustituir a los árbitros y generar un nuevo marco institucional, regido a través de códigos y no de reglas, que permita aminorar el error humano y establezca una técnica objetiva de evaluación. Este proceso reduciría notablemente el juicio discrecional y los casos de corrupción, siempre asociados a los procesos contractuales adelantados por el Estado.
Frente a los dos casos, el profesor David Arellano comenta que, a pesar de las tecnologías, las ideas sentadas por los axiomas básicos de neutralidad e infalibilidad de las decisiones por un lado y la racionalidad limitada por otra arista van a seguir existiendo. Las tecnologías disruptivas nos retarán como sociedad para imaginar nuevos mecanismos de gobernanza, los nuevos retos que se les van a imponer a los gobiernos para actualizarse en medio de la democracia.
Si bien el panel presentó unas visiones variopintas sobre el papel positivo o no de las tecnologías en las sociedades en democracia, todos los expositores confluyeron en el hecho de la llegada de las tecnologías disruptivas a la sociedad moderna y en la necesidad de que los Estados se involucren con políticas públicas que establezcan un diálogo directo entre los gobiernos y la ciudadanía, por supuesto, con una discusión más profunda sobre el derecho a la privacidad de los individuos y la afectación de esta sobre el bienestar común.












