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Un año en el Consejo Académico de la Universidad del Valle

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Miércoles, 29 Enero 2025
Agencia de Noticias Univalle

La autoridad institucional reside velar por el bienestar y la salud de la comunidad política

Por:
Julio César Vargas Bejarano
Representante de los (as) Directores/as de Programas ante el Consejo Académico

Hannah Arendt, en sus indagaciones sobre la autoridad, rescata el adagio latino potestas in populo, auctoritas in senatu (1), destacando que la autoridad institucional, en contraste con el poder, reside en el seno de las instituciones encargadas de velar por el bienestar y la salud de la comunidad política. Este principio encuentra un eco singular en el ámbito universitario, donde la figura del Consejo Académico se erige como un “Senat” en el sentido más arendtiano: un espacio donde la pluralidad y el juicio deliberativo se articulan para orientar el rumbo de la institución y preservar su misión esencial. En mi experiencia durante el primer año como miembro del Consejo Académico de la Universidad del Valle, este cuerpo colegiado ha revelado ser no solo un órgano de gobernanza, sino también un espacio de aparición (2) —en el sentido fenomenológico— donde la pluralidad de perspectivas y la intersubjetividad encuentran su expresión más auténtica. Este texto busca ofrecer una descripción fenomenológica de este órgano, abordando no sólo su estructura y dinámica, sino también el modo en que encarna el ethos institucional y contribuye a la construcción de una comunidad académica comprometida con el bien común.

La reflexión parte de reconocer cómo este “Senat” universitario no sólo decide sobre asuntos administrativos o académicos, sino que también actúa como depositario de la auctoritas en la universidad. En su seno, la autoridad no se ejerce desde el poder coercitivo, sino desde la legitimidad construida a través del debate, la deliberación y el consenso. Aquí, la autoridad del rector se entreteje con la autonomía universitaria, configurando un espacio donde las decisiones no solo resuelven problemáticas inmediatas, sino que proyectan un horizonte ético y académico para la institución.

De acuerdo con la estructura orgánica de la Universidad del Valle, los Consejos Académico y Superior, junto con el rector conforman la Dirección General de la Universidad. El Consejo Académico, como órgano colegiado, reúne a representantes de todas las unidades académicas y de los estamentos institucionales, desempeñando un rol primordial en la configuración de las políticas académicas.

Este cuerpo está integrado por el rector, los decanos(as), la representación del profesorado y del estudiantado y de los Directores(as) de Programa; además, cuenta con invitados permanentes como los/as Vicerrectores/as (académico, de investigación, administrativo, de extensión, regionalización y bienestar), así como los directores de áreas estratégicas como Planeación Institucional, la Dirección de Postgrados e Internacionalización, entre otros.

El Consejo Académico refleja en su composición la diversidad de la Universidad y expresa el ethos institucional: sus miembros han sido elegidos mediante el voto de quienes representan, garantizando legitimidad en su participación. En este espacio, los argumentos fluyen libremente y exploran distintos sentidos de la ‘cosa misma’. No obstante, el creciente número de participantes plantea el reto de gestionar con mayor precisión los tiempos de intervención para garantizar un debate ágil y equilibrado.

El Consejo Académico actúa como un soporte fundamental en el despliegue de la voluntad común de la Universidad, funcionando como “personalidad de orden superior”,(3) que se proyecta a la sociedad y se configura como comunidad de cuidado.

El cuidado y la defensa de la vida institucional
En el ámbito cotidiano del trabajo académico profesoral, los espacios de encuentro suelen concentrarse en las Unidades Académicas, los claustros y los comités de programas o de departamentos. Estas interacciones, marcadas por la pertenencia a una misma comunidad disciplinaria, comparten un horizonte común de especialización epistemológica y profesional. Sin embargo, esta cercanía a veces genera tensiones derivadas de la confrontación entre paradigmas académicos, entre diversas concepciones sobre las prácticas pedagógicas y curriculares, así como las diferencias personales. En contraste, el Consejo Académico trasciende el marco disciplinario y administrativo que caracteriza a las Unidades Académicas y Facultades. Aquí, las relaciones entre pares se articulan en torno a la Universidad entendida como una “corporación”(4), esto es, un cuerpo universitario que conecta su historia con el porvenir, su compromiso ciudadano con la sociedad y su vínculo cultural como sujeto colectivo. Este colegaje no reproduce la competencia interna de otras instancias universitarias; por el contrario, orienta su labor hacia un horizonte común que proyecta a la Universidad en su dimensión regional y nacional.

En este espacio, el debate fluye de manera respetuosa, regulado por la búsqueda de la “cosa misma”. A lo largo del último año, no he presenciado incidentes de trato irrespetuoso, salvo una excepción que, por fortuna, fue rápidamente superada. Los principios misionales de la Universidad, aunque no siempre explícitos, están presentes en las discusiones, junto con el marco normativo que regula la educación superior en Colombia. La mayoría de las decisiones se toman por consenso; en los pocos casos donde no ha sido posible, el voto explícito o la salvaguarda de votos individuales permiten avanzar en el proceso decisorio. La opinión y tomas de posición intentan comprender los asuntos a la luz de lo recogido en las Unidades Académicas y en los estamentos a la que se representa y, desde ellos, plantear propuestas de solución a los problemas y preguntas a la luz de la normatividad existente.

El Espacio Físico y el Espacio de Aparición
Los espacios donde sesiona el Consejo Académico están diseñados para fomentar una dinámica democrática y deliberativa. En la Sede Meléndez, las mesas se disponen en forma semicircular: al frente se encuentra la mesa directiva, donde el rector y la secretaria general dirigen las jornadas. Frente a ellos, en una mesa lineal, se sientan los vicerrectores/as, mientras que el resto de los participantes ocupan mesas circulares con ubicación libre. En la Sede San Fernando, el diseño es similar, aunque las mesas adoptan una disposición en cuadrados concéntricos.

Estos espacios no solo facilitan la acústica mediante micrófonos y altoparlantes, sino que también estructuran un escenario intersubjetivo que permite la libre expresión y el ejercicio del juicio reflexionante. En términos arendtianos, este diseño espacial configura un “espacio de aparición”, en el que cada miembro, desde su igualdad de condiciones, contribuye con su perspectiva al debate colectivo.

El espacio físico del Consejo sirve como trasfondo para un ámbito intersubjetivo más amplio, donde la pluralidad de perspectivas permite la exposición de subjetividades y el surgimiento de nuevas ideas. Cada intervención, sostenida por el trasfondo común de significados compartidos y la historia institucional, tiene el potencial de abrir caminos para resolver problemas complejos o dirimir discusiones. En las discusiones cada quien tiene la posibilidad de expresar su juicio u opinión de manera que hay lugar a lo nuevo, a las iniciativas u ocurrencias que ofrecen nuevos sentidos a la discusión o reitera lo ya dicho, con un nuevo matiz. Cada intervención está determinada por un trasfondo común de significados compartidos: la historia institucional, encarnada en cada experiencia personal de sus miembros.

Así, una intervención puede abrir el camino para dirimir una discusión. Por ejemplo, en la sesión del 23 de mayo de 2024, cuando se discutía la pertinencia, alcances y límites de la Resolución de ‘Flexibilidad Académica’, en el contexto de un comunicado de CORPUV según el cual la decisión debía postergarse hasta tener mayor discusión en las bases profesorales, la decana de la Facultad de Derecho y Ciencia Política, la profesora Raquel Ceballos, sugirió que esta resolución tuviera una vigencia transitoria de un año, de manera que al término de este tiempo fuera evaluada. Este tipo de intervenciones, que abren perspectivas de solución, tienen como trasfondo la formación profesional de quien interviene y su interés en el bienestar de la comunidad académica.

Una de las sesiones en donde se evidenció con mayor claridad la diversidad de posiciones y el carácter deliberativo del Consejo Académico fue la del 25 de abril de 2024 (Informe No. 40/Acta No. 07), en la cual se discutió el aval al “Proyecto de Resolución del Consejo Superior por la cual se modifica la reglamentación del programa de Asistentes de Docencia”. Este proyecto abordaba aspectos cruciales como las exenciones de matrícula y las horas de docencia directa que debían cumplir los asistentes.

Las posiciones estuvieron divididas en dos puntos centrales. Primero, si las Facultades debían asumir parte del costo de la exención de matrícula para los Asistentes de Docencia; y segundo, el número de horas de docencia directa a asignarles. La amplitud de los argumentos y la imposibilidad de alcanzar un consenso llevó a posponer la decisión hasta una nueva discusión en la sesión del 20 de junio de 2024 (Informe No. 44/Acta No. 11).

En esa segunda sesión, aunque se avanzó en algunos aspectos, las discrepancias persistieron, lo que motivó la creación de una comisión académica con el mandato de revisar y redactar la versión final de la propuesta. Este mecanismo colegiado permitió recoger las recomendaciones del Consejo Académico, particularmente en lo referente a los procedimientos académicos y al aspecto financiero de la propuesta. Finalmente, la propuesta fue aprobada con la inclusión de un parágrafo que facultaba a las unidades académicas para conceder exenciones de hasta el 100% en la matrícula básica de los asistentes de docencia, dejando a discreción de cada Facultad el porcentaje a aportar.

Este ejemplo ilustra cómo el Consejo Académico, incluso frente a diferencias marcadas, logra dirimir tensiones mediante un diálogo crítico orientado al bien común institucional. El proceso refleja el ethos democrático y deliberativo que caracteriza a este cuerpo colegiado. Al delegar en una comisión académica, se reconoció la necesidad de integrar perspectivas diversas y llegar a una resolución consensuada, fortaleciendo así el espíritu común. Igualmente, es de resaltar un aspecto esencial del trabajo en el Consejo: la capacidad de reconocer y respetar las diferencias (lo cual incluye la discrecionalidad de cada miembro para emitir un salvamento de voto, si lo considera necesario), al tiempo que se trabaja en función de los principios misionales de la Universidad. En esta ocasión, el debate no solo tuvo como foco la racionalidad técnica y financiera, sino que también atendió a valores éticos y educativos, como la equidad en las condiciones de los asistentes de docencia y el compromiso con su formación integral.

Finalmente, este episodio subraya cómo el Consejo Académico actúa como un espacio de “aparición” en el sentido arendtiano, donde la pluralidad y la crítica constructiva confluyen para generar decisiones que, aunque no siempre unánimes, son reflexivas y orientadas a la construcción del bien común.

1.Cum potestas in populo, auctoritas in senatu sit. Cfr. Arendt (1988), Crisis de la República, Taurus, Barcelona, p. 153 Arendt, Hannah (1996) ¿Qué es la autoridad?, en: Entre pasado y futuro. Ocho ejercicios de reflexión política, Península, Barcelona, pp. 101-155. Hidalgo, Hugo (2012). El concepto de autoridad en Hannah Arendt, Universidad del Valle, Departamento de Filosofía.

2. Arendt, Hannah (1993). La condición humana, Barcelona, Paidós, p.223 ss.

3. “Comunidad no significa igualdad de maneras, de formas de acciones personales, de modos de pensar, de opiniones, actividades científicas, etc. Significa más bien personas que, manteniéndose en comunidad, permanecen en tal relación en la unidad de una conexión espiritual activa, sea la acción visible en lo singular o no. El Yo actúa sobre el Tú, en sentido muy amplio, en la unidad de una ‘tradición’, en una totalidad personal o en una personalidad de orden superior. La voluntad de actuar, como actuar persona, atraviesa el Tú y en el funcionario obra implícitamente la voluntad personal de los otros funcionarios.” Husserl, Edmund (1991/1987): El espíritu común (Gemeingeist). Trad. César Moreno, en: Themata, pp. 10 (133-158). Disponible en: Microsoft Word - GEMEINGEIST 1 y 2 - definitivo

4. Vargas, Germán y Bula Germán (2021): El imperio de la burocratización como relevo de la idea de Universidad, en: Prada D. Maximiliano, Universidad hoy, Universidad Pedagógica Nacional – Doctorado Interinstitucional en Educación, pp. 57- 78

 

 

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