A DON Tulio y los 173 estudiantes que fundaron la Universidad del Valle
En la cuarta década del siglo pasado, la gente de Cali había escuchado el cuento y nadie lo creía. En los hogares, en los corrillos de las tiendas y en los bares se comentaba que un loco profesor de la Escuela Normal del Valle andaba con la loca idea de fundar una universidad. Nadie lo tomaba en serio, quizás porque la élite de la ciudad y la prensa andaban más preocupados por el fin de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial o acaso porque los sectores populares tenían puesto su interés en las contiendas futboleras entre el Deportivo Cali y el América, que ya en el inicio de la segunda década del siglo XX estaban fundados. Por supuesto que era más interesante escuchar los gritos de las barras bravas, populares y furibundas del América, que días antes del clásico entre los dos equipos iniciaban sus correrías por las calles, gritando: ¿CALI QUÉ QUERES? Y respondían, QUE AMÉRICA TE META DIEZ. Esa consigna estaba en los hogares, en los labios de los estudiantes de Santa Librada, en la muchachada de la Escuela Normal, en las esquinas del Barrio Obrero y San Nicolás, pero nadie repetía la consigna del loco profesor: Cali necesita una universidad.
En ese devenir de olvidos, apatías y de luchas contra el parecer adverso de tener una universidad y mientras la gente seguía entretenida, la loca idea luchaba contra viento y marea en la mente esquiva de burócratas y políticos. De repente, cuando ya la idea espiraba, un día, en una tertulia de industriales, acaecida en el Café El Globo, ubicado en la Plaza de Caicedo, sin saber cómo y bajo cuál argumento, un dirigente habló bien del proyecto, convenció a la concurrencia y el amanecer del 13 de junio de 1945, Cali se despertó con la noticia de que el loco visionario lo había logrado, que mediante Ordenanza No 12 de junio de 1945, la Asamblea Departamental había respaldado la desquiciada idea de Tulio Ramírez, en ese entonces profesor de la Escuela Departamental, ni siquiera caleño, porque había nacido en la Unión Valle en 1898, por esos días Estado Federal del Cauca.
Sin duda que era el proyecto cultural más ambicioso de la historia del Valle del Cauca y don Tulio no era ajeno al lio en que se había metido, pues a partir de esa semana de junio de 1945, empezó a caminar por tierras cenagosas, tenía que continuar con la segunda fase del proyecto, tal vez la más importante, buscar alumnos, convencer a los bachilleres para que ingresaran. Cuenta la tradición oral y mi padre, quien perteneció a la primera promoción de arquitectos, que don Tulio era una hormiguita, visitaba casa por casa buscando quién deseaba ser universitario, ardua tarea, pues los jóvenes no creían en ellos o estaban resignados en ser bachilleres o contentos ingresando a la Escuela Superior de Agricultura Superior Tropical de Cali, fundad en 1934 – les estoy proponiendo algo diferente, ser profesionales – les decía, y les habló quizás del espacio sideral, de la ciencia, de la ilusión de un mundo mejor, debió ser una lucha titánica, pero no inútil, porque don Tulio tenía el ser revestido de pasión y la mente tensada con la terquedad, el mejor material para imponer un proyecto, y así fue como antes de iniciar clases en un antiguo local donde en el siglo XIX había funcionado el Convento de los padres agustinos, situado cerca del Batallón Pichincha, una hermosa joya arquitectónica ya demolida, pues es costumbre de la dirigencia caleña acabar con lo bello de Cali, había logrado que 173 loquitos creyeran en su proyecto y se erigieran como los chicos raros de Cali.
Los 173 ungidos
Como en Cali no habían visto un universitario y los pocos que habían eran hijos de la élite, graduados en París o Nueva York, pero no en Univalle -como se le empezó a llamar a la recién fundada institución-, eran bichos raros, revestidos de futuro y sabiduría. Estudiaban Arquitectura, Administración de Negocios, Ingeniería Química e Ingeniería Eléctrica. La gente deseaba verlos, eran un suceso, un orgullo, no se les cobraba en las cafeterías, las chicas deseaban ser sus novias, en los negocios los llamaban para consultarlos, los vecinos visitaban sus casas para que ayudaran hacer tareas a sus hijos, explicaban la regla de tres, tan de moda y necesaria, a los de quinto de bachillerato les hacían entender el binomio al cuadrado y la tabla periódica de los elementos químicos, los obreros de las construcciones les pedían consejos para saber cuál varilla necesitaba una columna de tres metros y a qué distancia debía ir el fleje cuando la varilla era de media pulgada, las señoras los veían como buenos futuros maridos –tan jelebres ve – decían cuando asistían a las fiestas , pues estaban ungidos e invitados a cuanto acontecimiento social celebraba la ciudad.
En fin, si eran celebres por la deidad del saber y tal vez por eso, representaron el papel de su rector, pues don Tulio, como primer rector de la Universidad del Valle, seguía luchando para que el barco no naufragara ante la ingente marea de gastos y deudas a las que se enfrentaba cada mes, y cuando ya desfallecía en su gentil obra, otra vez, el viento sopló a su favor, y el visionario loco del colegio Departamental, sintió que no estaba solo, que esta vez tenía 173 aliados, guerreros en la convicción y fueron ellos quienes impulsaron la universidad, ellos convencieron a la nueva juventud caleña y a sus padres y transformaron el torrente de bachilleres, y entonces, se expandieron en nuevas carreras, abandonaron el viejo convento y ocuparon la antigua sede del colegio Santa Librada ubicada en la carrera cuarta con calle once (también hoy demolida) y luego, ante el flujo y la convicción de que Univalle es el mejor proyecto cultural, cuando la ciudad crecía hacia el sur, la institución también se expandía y hacia 1950 se fundó la Facultad de Salud y se hizo necesario construir la sede de San Fernando, donde funcionó Medicina, Bacteriología, Arquitectura, Ingeniería sanitaria, Química, Tecnología en Topografía, Física, Matemática y Humanidades y años después se hizo necesaria la sede de Meléndez.
Desde ese feliz día de 1945, han pasado 79 años, don Tulio murió en 1985, no sé quién de esos 173 fundadores está vivo, ojalá las directivas de la Universidad del Valle les hiciera un homenaje, por ahora, cumplo con recordarlos en esta corta e insuficiente nota.
Por Edgard Collazos Córdoba
Profesor Escuela de Estudios Literarios












