De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el 2023 fue uno de los años más cálidos de los que se tiene registro hasta ahora. Uno de los tantos indicios que muestran -lo que parece ser- una tendencia en el aumento de la temperatura del planeta por el calentamiento global. Ese fenómeno se suma a la crisis mundial de la biodiversidad que ha afectado a todas las especies, incluidas las abejas, en términos de la rápida y masiva reducción de sus poblaciones, especialmente en países con agricultura industrializada. El llamado a modificar las prácticas productivas dañinas para el medio ambiente es de carácter urgente y la búsqueda e implementación de estrategias cuyo enfoque se base en la recuperación de los ecosistemas naturales debe ser prioridad.
Las abejas nativas sin aguijón, también conocidas como meliponinas o abejas nativas de América, juegan un papel crucial para la recuperación de los hábitats, ya que son las responsables de gran parte de la polinización de las plantas con flores y, por ende, de la conservación de la biodiversidad vegetal en los ecosistemas.
Una de las características principales es su aguijón atrofiado no funcional, haciéndolas inofensivas porque no pueden usarlo para picar. Su comportamiento es altamente social y forman colonias, pero muchas de ellas son solitarias y construyen sus nidos en cavidades existentes dentro de troncos o bajo tierra; o usan cerumen (cera mezclada con resinas), barro y otros materiales.
Muchas abejas nativas no producen miel y las que lo hacen albergan en sus colonias pequeñas cantidades que, junto con otros productos como los propóleos, son potenciales -aunque poco conocidos y estudiados- para usos medicinales y de bienestar; sin embargo, es importante resaltar que este aprovechamiento debe hacerse de la mano del estudio sobre el comportamiento de las abejas para asegurar su conservación y la restauración ecológica.
Gracias a su papel como insectos polinizadores, la presencia de abejas nativas en los entornos naturales es beneficiosa para la conservación de estos espacios y de los cultivos agrícolas, incluido su apoyo en la producción de alimentos para el consumo humano. Lamentablemente, factores como la poca información disponible sobre la actividad de estas especies y el descenso de sus individuos como consecuencia de los procesos de pérdida de los ecosistemas, uso de agroquímicos, cambio climático, entre otros, han puesto en jaque la continuación de tan importante labor.
En el país existen 120 especies de abejas nativas sin aguijón. Según el reporte del Instituto Humboldt sobre el estado y las tendencias de la biodiversidad continental de Colombia, de esta amplia variedad de meliponinas, Tetragonisca angustula -conocida como “Abeja Angelita”- lidera el puesto como una de las más cultivadas en los espacios dedicados a la meliponicultura.
Al habitar mayormente los ecosistemas de Bosque Seco Tropical (Bs-T), es común observar abejas nativas en varias sedes de la Universidad del Valle, sobre todo en espacios que tengan árboles y jardines extensos. Y en el caso particular de la Ciudad Universitaria de Meléndez -que alberga en sus cien hectáreas un parche de Bosque Seco-, se está fortaleciendo la alianza con grupos estudiantiles y de investigación para avanzar en la implementación de estrategias que busquen la conservación de las abejas nativas, otros polinizadores y la fauna silvestre establecida en el campus.
En el marco de la celebración del Día Mundial de las Abejas, se realizó la instalación del Meliponario Institucional, un espacio abierto a toda la comunidad para la observación, pedagogía y cuidado de las abejas nativas. Durante la jornada se adecuaron cuatro refugios frente al edificio de Administración Central (E1), con avisos informativos sobre las especies existentes: Angelitas (Tetragonisca angustula), “Perrito” (Scaptotrigona ederi) y “Tímidas” (Nannotrigona occidentalis y Nannotrigona pilosa). Además, se sembró un jardín para colibríes, mariposas, abejas y otras especies de polinizadores. La actividad fue liderada por ACASEM (Asociación de Cultivadores Agroecológicos) y el Colectivo Sembrando, con la coordinación de la sección de Servicios Varios y Gestión Ambiental y el apoyo de diferentes vicerrectorías.
La creación de ese nuevo refugio para las abejas dio cierre a la “Escuela popular de meliponiculturas por el cuidado del bosque seco tropical”, una serie de cinco talleres orientados a reconocer la importancia de las abejas nativas sin aguijón, sus características más destacables y su rol determinante en el sostenimiento del ecosistema de Bosque Seco Tropical.
Es importante destacar que el Meliponario Institucional complementa otras estrategias para la conservación de las especies de polinizadores que habitan el campus y que se vienen desarrollando desde hace tres años desde el Sistema de Gestión Ambiental de la Universidad, como la creación de jardines en donde se priorizan plantas nativas que brindan alimento, refugio y lugares para la anidación de abejas, mariposas y colibríes. Esfuerzos para contrarrestar el impacto ambiental que la expansión urbana y sus dinámicas ocasionan sobre los entornos naturales.
Por: Sección de Servicios Varios y Gestión Ambiental












