Medio Ambiente

Caracol africano, ¿plaga u oportunidad?

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Viernes, 19 Junio 2015
Agencia de Noticias Univalle

Las facilidades en transporte de carga y pasajeros a nivel internacional, el tráfico ilegal de fauna y flora, y el desconocimiento de las consecuencias que trae la  introducción de una especie foránea en otra región, han acarreado graves problemas biológicos en varias partes del mundo, como ha sucedido con la perca del Nilo (Lates niloticus), la rana toro (Lithobates catesbeianus) o el mosquito tigre (Aedes albopictus).

En este momento varios países del mundo asisten a una preocupante invasión de caracol gigante africano (Achatina fulica) y Colombia, no ha escapado de ella. Sumado a esto cerca de 31 departamentos presentan problemas con la hormiga cortadora de hojas, del género Atta, más conocida como hormiga arriera.

Preocupados por estas dos situaciones, la Universidad del Valle, con el apoyo de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y la Autoridad Ambiental de Santiago de Cali (Dagma) organizó, entre el 28 y 29 de mayo pasados, el II Taller Nacional sobre Hormiga Arriera y Caracol Gigante Africano: Avances y retos, durante el cual se presentaron los avances en investigación que sobre estas dos especies se han desarrollado en el país en los últimos años.

La plaga

Una plaga, según la RAE, es una aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causa graves daños a poblaciones animales o vegetales. Por su parte, una invasión es la ocupación y propagación anormal o irregular en un lugar o medio determinado. Así las cosas, el caracol proveniente de África es una especie invasora, mientras que la hormiga, propia del continente americano, es considerada nativa; sin embargo ambas especies han caído en la categoría de “plaga”.

Édgar Linares, docente de la Universidad Nacional de Colombia, dice que en la naturaleza no existen las plagas, los humanos las hemos “creado” por consensos sociales provenientes de conflictos socioambientales: “A algunos animales les hemos dado el concepto de plaga porque afectan nuestro sistema productivo, entonces los consideramos plaga, pero desconocemos cuáles son sus valores ecológicos y cómo los podemos usar”. Linares afirma que la colonización introdujo cambios en los usos de la tierra y esto, junto con los animales importados, como el cerdo, trajo invasiones biológicas que se adaptaron muy bien a nuestro clima.

Otra de las preocupaciones que manifiestan los expertos es que los venenos, usados en su “erradicación”, no son 100% efectivos. Según Linares ninguna plaga ha podido ser erradicada, solo se hace control de ellas, “pero con eso las estamos seleccionando, porque lo único que logramos es que se hagan más resistentes a todas los controles que aplicamos, ellas se modifican genéticamente”.

Caracol africano

El caracol gigante africano (Achatina fulica) es una especie de molusco terrestre originaria de la región tropical del África y su peligrosidad radica en que puede albergar nemátodos (parásitos) del género Angyostrongylus, que se alojan en su tejido muscular y en las secreciones de baba y que, en los humanos, causan angiostrongiliasis abdominal cuando ingresan al cuerpo por vía oral. Sin embargo, el caracol también posee características antibacterianas que aún no se han estudiado completamente.

Este caracol se alimenta de material orgánico: hojas de plantas, papel y excrementos de animales, entre otros, y es más activo cuando la temperatura es baja y hay presencia de lluvias; por tal razón, el aseo en las zonas públicas y el empoderamiento de las comunidades para su recolección y disposición es fundamental como método de control.

Diana Vanessa Caballero, bióloga de la Universidad Industrial de Santander, dijo que al caracol africano se le puede hacer control manual sin problema alguno: “Él no es venenoso, ni escupe como dicen algunas personas; sí existe algún riesgo por los parásitos y bacterias que alberga, pero con guantes y anteojos de protección se puede recoger”. Junto con ella, los expertos coinciden en que existe un problema de desinformación al respecto, lo que genera temor y desconocimiento de cómo se puede manejar al caracol.

Hormiga arriera

Las hormigas arrieras están ampliamente distribuidas en el país, particularmente la especie  A. cephalotes. Estas hormigas llegan a tener colonias de gran tamaño, generando pérdidas económicas, no solo por el ataque a las especies ornamentales de plantas, sino porque las cavernas de sus nidos ponen en riesgo la estabilidad estructural en los cimientos de construcciones civiles y los terrenos donde habitan.

La edad máxima de un hormiguero está al alrededor de los 20 años alcanzando tamaños superiores a los 800 m2 y una profundidad de 5 metros. Al igual que el caracol, la hormiga permanece con menor actividad en verano, cerrando la entrada del hormiguero para evitar que el aire seco y caliente entre a las recámaras donde cultivan el hongo del que se alimentan. Ellas conviven además con otra clase de microorganismos que tienen propiedades antimicrobianas y las protege de otras enfermedades que puedan atacarlas.

 

Soluciones

Los asistentes al II Taller Nacional sobre Hormiga Arriera y Caracol Gigante Africano compartieron sus experiencias y conocimientos sobre el comportamiento, estrategias de mitigación y estudios sobre estos organismos.

Sandra Valencia Giraldo, magister en Ciencias Biológicas de la Universidad del Valle, dice que “el control biológico de la hormiga (por medio de hongos) es amigable con el medio ambiente, tiene un menor costo comparado con el uso de insecticidas y menores impactos sobre la salud humana y de los ecosistemas. Pero ese control debe hacerse de forma integral junto con otras estrategias de manejo para que realmente sea efectivo”.

Estrategias como la extracción de los nidos jóvenes, resulta ser el único método 100% efectivo, ya que al eliminar la reina se interrumpe el relevo generacional de la colonia ocasionando la muerte al hormiguero al cabo de unas semanas.

Respecto al caracol, el único método de control efectivo es la recolección manual, sin embargo, se tiene conocimiento de que ha sido usado como abono por un campesino de la ciudad de Buga y que algunas personas del puerto de Buenaventura lo están consumiendo luego de una cuidadosa preparación. “Eso no tiene aún ninguna base científica, sino que hay un saber tradicional de las personas. Es necesario estudiar qué efectos tiene usar el caracol como abono, y si cocinarlo como lo están haciendo no trae problemas para nosotros, porque sería una fuente de proteína que está al alcance de todos”, concluyó el profesor Édgar Linares.

El control de la hormiga arriera y el caracol gigante africano, el conocimiento de su biología, y los posibles usos y aplicaciones dentro de la agricultura y la alimentación generan en estos momentos más preguntas que respuestas, abriendo varios campos de estudio para las secretarías de salud, las corporaciones autónomas regionales y las universidades, estudios que seguramente tendrán cabida dentro del próximo Taller Nacional sobre Hormiga Arriera y Caracol Gigante Africano y que quizá puedan mostrar las oportunidades de uso que hay detrás de aquellas especies que hoy consideramos como plagas.

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