Texto y fotos: Francisco López-Machado, biólogo y fotógrafo de naturaleza.
Muchas veces estamos tan inmersos en la cotidianidad de nuestra vida, en nuestros desplazamientos de la casa al trabajo, del trabajo a la casa, a la universidad, que no nos damos cuenta de la naturaleza que nos rodea. Sin embargo, si nos tomáramos un momento para observar nuestro entorno, podríamos descubrir muchas cosas maravillosas, incluso en la ciudad.
Un ejemplo de esto es lo que cada año, entre julio y agosto, en la Ciudad Universitaria de Meléndez de la Universidad del Valle, en el sur de Santiago de Cali. En estos momentos hay una explosión de población de una mariposa muy particular, Eueides vibilia (Godart, 1819). Lo fascinante de este fenómeno es que está al alcance y a la vista de cualquier persona que se detenga a observar en el campus de Univalle.
En medio del bullicio académico y el tráfico de estudiantes, estas mariposas han encontrado un refugio perfecto entre los árboles de Passiflora arborea del grupo de las Passiflora, las favoritas de esta especie para reproducirse. Las hembras depositan sus huevos en las hojas de estos árboles, y las larvas, voraces devoradoras, se desarrollan rápidamente. Es común ver las pupas adheridas no solo a las plantas, sino también a las paredes de los edificios cercanos. Este comportamiento gregario es un espectáculo fascinante para quienes se detienen a observar. Con un poco de paciencia, se puede apreciar todo el ciclo de vida de Eueides vibilia, desde la puesta de huevos hasta la emergencia de los adultos, pasando por el crecimiento de las larvas y la formación de las pupas.
La planta hospedera principal de Eueides vibilia es Passiflora arborea, un árbol del subgénero Astrophea de la familia Passifloraceae. Este árbol puede alcanzar alturas de entre 5 y 10 metros y se caracteriza por su tronco recto y ramas cilíndricas glabras. Sus hojas ovaladas poseen glándulas nectaríferas cerca de la base del nervio central, lo cual es fundamental para la ecología de la mariposa. Como la mayoría de las plantas de esta familia, las flores blancas y perfumadas de Passiflora arborea no solo añaden belleza al paisaje, sino que proporcionan un lugar ideal para que estas mariposas y otros polinizadores se alimenten de ellas. Distribuida en Colombia y Ecuador, esta especie se encuentra típicamente entre los 1.000 y 2.300 metros sobre el nivel del mar, principalmente en los bordes de bosques y carreteras.
Cuando vi el vídeo de las mariposas en las redes sociales de Univalle, decidí que valía la pena documentarlo. Me encontré con Wendy Vidal, colega y amiga que trabaja en el Sistema de Gestión Ambiental de la Universidad y me indicó exactamente el lugar donde podía observar esta maravilla natural. Al llegar, quedé maravillado al ver la impresionante cantidad de mariposas volando de un lado a otro, tanto a nivel del suelo como en las copas de los árboles.
Fue una experiencia increíble. Pasé la mañana fotografiando todos los estados de desarrollo, desde las larvas hasta los adultos apareándose, incluyendo la delicada postura de los huevos, que a su vez sirven de alimento para otros insectos, como una larva de Chrysopidae sp. (Neuroptera: Chrysopidae) que observé alimentándose de los huevos y unas diminutas avispas parasitoides del género Telenomus (familia Scelionidae) emergiendo de los huevos en lugar de las larvas originales.
Wendy me habló de varias personas que trabajan en la Universidad y han sido testigos, durante muchos años, de este hermoso evento. Uno de ellos es Ricaurte Antonio Holguín, funcionario del servicio de aseo quien comenta que desde hace 23 años ha observado la reproducción de esta mariposa entre los meses de julio y septiembre. Durante sus jornadas de trabajo se deleita con el apareamiento de las mariposas y el tránsito de las orugas por los senderos entre los edificios de las facultades de Humanidades y Socioeconomía.
Ricaurte anota que este fenómeno nunca ha pasado desapercibido por la gran cantidad de mariposas, lo que hace de cada ciclo de reproducción un espectáculo para la comunidad. Y recuerda la iniciativa de un grupo de estudiantes que hizo un cerramiento e intentaron crear un mariposario, aunque en ese entonces no disponían de mucha información al respecto y poco se hablaba del cuidado de la flora del campus. Actualmente, Ricaurte y otros trabajadores de la sección de Servicios Varios y Gestión Ambiental, se han enfocado en el cuidado y conservación de las especies que habitan el campus y año tras año se siguen sorprendiendo al llegar el tiempo de reproducción masiva de la mariposa Eueides vibilia.
Este fenómeno nos recuerda la importancia de conservar y proteger nuestros entornos naturales, incluso en medio de la ciudad. La presencia de Eueides vibilia y su planta hospedera, Passiflora arborea, en el campus de la Universidad del Valle subraya la necesidad de preservar estos espacios, que se convierten en refugios vitales para diversas especies. Cada pequeño espacio verde puede convertirse en un oasis urbano donde la vida silvestre puede completar su ciclo de vida y donde fenómenos naturales como la reproducción de mariposas pueden seguir ocurriendo.
La conservación de estos hábitats es fundamental para mantener la biodiversidad y asegurar el disfrute de la belleza y la magia que estos seres vivos nos ofrecen día a día. Al participar activamente en la protección de nuestros ecosistemas urbanos, estamos enriqueciendo nuestras propias vidas y garantizamos que futuras generaciones puedan maravillarse con estas experiencias únicas. Invito a todas las personas a valorar y cuidar estos espacios, evitar la contaminación y respetar la vida silvestre que los habita. Solo así podremos seguir celebrando la biodiversidad que nos rodea.












