Seguramente has visto un ave de mirada intensa, con plumaje color crema en el pecho y la cabeza, y alas de un tono café oscuro. Muchos lo conocemos como “gavilán”, pero en realidad es un halcón, y su nombre es “Pigua”.
Esta especie es una de las más comunes en ambientes urbanos como el de la ciudad de Cali. A pesar de su aspecto imponente, esta rapaz ha demostrado ser una maestra de la adaptación.
La pigua, conocida científicamente como Daptrius chimachima, es una especie originaria de América, se puede encontrar desde Centroamérica hasta el norte de Argentina. En Cali, especialmente en la Universidad del Valle, su presencia es frecuente y notable.
Esta ave, que pertenece al grupo de los halcones, es gregaria, lo que significa que se la puede ver en grupos grandes, especialmente en zonas donde hay alimento disponible.
Una de las principales razones del éxito de la pigua en ambientes urbanos es su plasticidad alimenticia. Se alimenta de todo tipo de presas, desde pequeños vertebrados e insectos, hasta carroña e incluso basura. Esta versatilidad le ha permitido prosperar en un entorno fuertemente intervenido por el ser humano.

Para Camilo Espinosa, biólogo y magíster en Ciencias Biológicas de la Universidad del Valle, “la pigua es cazadora por naturaleza, pero normalmente es oportunista y se agrupa en puntos donde encuentra comida, lo que a veces genera la percepción errónea de una sobrepoblación”. Aunque algunos miembros de la comunidad creen que hay demasiadas piguas, lo cierto es que no existen estudios científicos que lo confirmen, y hace falta una línea base de investigación para comprender el comportamiento poblacional de esta especie en Cali.
La pigua también tiene un comportamiento curioso y útil: en ambientes rurales, se le ha visto posarse sobre ganado, alimentándose de parásitos externos. Este comportamiento demuestra su valor como prestadora de servicios ecosistémicos, limpiando a otros animales mientras se alimenta.
A pesar de su rol ecológico positivo, la pigua enfrenta amenazas importantes, como envenenamientos y agresiones humanas. A menudo es vista como una plaga debido a su presencia en zonas urbanas y a su hábito de alimentarse de basura. Sin embargo, Camilo Espinosa afirma que “La pigua no es una plaga, no es una especie invasora. Está en su hábitat natural y cumple una función muy importante en la cadena alimenticia”.
Es importante recordar que no debemos alimentarlas, ni intervenir en sus ciclos naturales. Aunque parezca estar bien, es esencial evitar alterar su comportamiento. Protegerlas es también respetar los procesos naturales, incluyendo la depredación y la muerte.
Por Melissa Pantoja Osorio
Cindy Paola Gómez fotografa
Agencia de Noticias Univalle












