Durante quince días, Cali fue una ciudad más verde, más hablada, más caminada. Se llenaron los hoteles, se encendieron los teatros, se activaron los parques. La COP16 fue más que una cumbre de expertos en biodiversidad, también fue un encuentro vivo entre el mundo y una ciudad que se puso a la altura. Dos economistas de la Universidad del Valle se propusieron descubrir qué le dejó la COP16 a la ciudad.
Por: Salomé Andrea Mizrachi
Estudiante de Comunicación Social
Agencia de Noticias Univalle
Quien caminó por Cali en octubre de 2024 fue testigo de cómo la capital del Valle se convirtió en un organismo vivo con calles al ritmo de pasos provenientes de todas partes del mundo. A lo largo de la ciudad se desplegaron intervenciones artísticas, jornadas de sensibilización ambiental, conversatorios, exposiciones, entre otras tantas actividades que invitaban a pensar el futuro del planeta. Cali no fue la sede de la COP16, fue su corazón palpitante.
Detrás de la música, los debates y las pancartas, hubo algo profundo: un movimiento que dejó marcas en la economía local, en el turismo, en la manera como la ciudad se piensa a sí misma. Medir ese impacto no es contar dinero ni personas, es preguntarse cómo un evento internacional transforma lo cotidiano. Es necesario saber qué quedó cuando se apagaron las luces y cómo ese pulso sigue latiendo.
Por eso, desde el Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (CIDSE) de la Universidad del Valle, un equipo liderado por los profesores Harvy Vivas, doctor en Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y actual decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, y Javier Castro, doctor en Estudios Políticos de la Universidad del Externado, realizó una evaluación del impacto socioeconómico de la COP en Cali. Con encuestas, entrevistas y análisis de datos, construyeron un informe que no solo habla de cifras, sino también de la ciudad.
Cifras que hablan claro
Durante la COP16 se activaron sectores claves de la economía local, se observó cómo restaurantes, hoteles, transporte y comercio sintieron el impulso de esos días intensos. El profesor Harvy Vivas señala que lo importante no fue únicamente cuánto se gastó, sino lo que generó en la ciudad: aumentaron empleos, ingresos y lo que se conoce como valor agregado, es decir, la capacidad real de una región para generar riqueza y bienestar. “Hubo impactos muy importantes sobre valor agregado, sobre ingresos operativos de las empresas que fueron elevados”, explica. Esto significa que muchas empresas aumentaron su actividad, incrementaron sus ventas y crecieron.
Saber qué dejó un evento de esta magnitud no solo es crucial para gobiernos o universidades, sino para toda la ciudadanía, porque cuando se habla de cinco mil empleos generados en la primera semana de la COP, no se habla de números abstractos. Se habla de familias que llevaron más ingresos a casa, de personas que encontraron una oportunidad laboral en un momento difícil. “Generar esta cantidad de empleos no es fácil y mucho menos en una economía donde las tasas de desempleo son elevadas y existen altos niveles de informalidad”, explica el profesor Vivas. Cada empleo genera una cadena que permite un alza en el consumo y mayor tranquilidad en el hogar. “Implica tener una mayor disponibilidad de ingresos para estudio, recreación, salud, y a su vez genera efectos indirectos sobre el bienestar de las personas”, agrega.
A este impulso económico se suma otro resultado. Por cada peso invertido por la Alcaldía de Cali, se generaron cuatro en beneficios económicos. Y detrás de los datos, la cooperación fue igual de valiosa. “Se vio un ejercicio de gobernanza efectivo entre lo público y lo privado, con beneficios tangibles”, resalta Vivas. El sector académico, la sociedad civil y el empresariado coincidieron en esfuerzos, generando una especie de “círculo virtuoso” que vale la pena repetir, según el profesor.
La ciudad también se transformó simbólicamente, zonas verdes como el corredor del río Cali, la zona de biodiversidad y espacios públicos recuperados se llenaron de vida y conversación. Ese impulso ciudadano es parte del legado menos visible, pero potente, que dejó el evento y fue consagrado en la Evaluación de impacto económico y social de la COP16 sobre la actividad económica del distrito de Santiago de Cali.

Bajo la lupa de muchos ojos
La ardua tarea de analizar todas estas cifras para realizar un informe sobre la magnitud que tuvo la COP16 no era posible con tan solo las manos de dos profesores. Así que al equipo se unió un extenso grupo de personas que hizo posible la recolección y el análisis de la información a través de métodos cualitativos y cuantitativos. Participaron expertos en investigación provenientes de distintas disciplinas como la sociología y las comunicaciones, claves para entender las cinco dimensiones que se habían propuesto analizar: económica, de percepciones, de valoración, mediática, y de comunicaciones y difusión. También se contó con un equipo de monitores y el apoyo técnico de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia - Cotelco, encargada de aplicar los cuestionarios creados por el CIDSE.
Esta experiencia fue un reto personal y profesional para el profesor Harvy, quien había sido nombrado recientemente como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Aunque ya había dirigido estudios de este tipo sobre la ciudad alrededor de eventos como la Feria de Cali, la COP16 planteó un desafío único por ser una cumbre abierta, con participación masiva y eventos distribuidos por toda la ciudad. “Representaba un reto poder captar esas cinco grandes dimensiones, siendo riguroso y respetando la aplicación de los diferentes instrumentos” menciona.
La investigación no se vivió desde los escritorios. El profesor estuvo en el terreno, caminando por las Zonas Verde y Azul, asistió a eventos académicos y conferencias. Junto a sus colegas estuvo en los espacios donde había una mayor circulación de población y lo que lo marcó fue ver cómo el río Cali se convertía en un escenario vivo para hablar de sostenibilidad y biodiversidad. “Se mostró como sitio de congregación, de confluencia, de interacción, no solamente alrededor de la salsa, sino también alrededor de temas ecológicos” comenta Vivas.
Más allá de los modelos, los cálculos y las matrices, la experiencia dejó huella. “Para mí fue motivo de regocijo, ver las magnitudes del impacto y poderlo compartir”, recuerda el profesor, quien valora este trabajo como una oportunidad única para proyectar a Cali como una ciudad sensible a los temas ambientales y capaz de albergar eventos de talla mundial.
Lo que no se debe perder
Cuando termina un evento como la COP16, es fácil que las cifras queden guardadas en un archivo, que los afiches se borren de las paredes y que los discursos se pierdan entre nuevas noticias. Pero detrás de todo lo que pasó durante esos días en Cali, se dio una transformación real que merece ser comprendida. Por ello, resulta necesario examinar las evaluaciones de impacto.
Aparte de mostrar lo que ocurrió, estos estudios ayudan a entender el pasado reciente y a prepararse mejor para lo que viene. “Si una ciudad como Cali va a apostar por eventos de gran magnitud, al menos tiene estos antecedentes que le dicen «Oiga, Mire, Vea, por cada peso invertido se generan tantos impactos»”, señala Vivas. Sumado a esto, conocer cómo se usaron los recursos públicos —más de 125 mil millones de pesos entre aportes locales y nacionales— permite evaluar con rigor qué funcionó y qué se puede mejorar.
Entonces, ¿cómo asegurarse de que todo lo que se logró no se pierda entre el ruido de lo cotidiano? El profesor lo resume con claridad: “Yo diría que hay que conservar el sello distintivo de Cali como una ciudad biodiversa, que puede traer resultados sorprendentes aprovechando todo el entorno ecosistémico que tenemos en la ciudad y en la región”.
Es decir, que lo sembrado durante esas dos semanas siga creciendo. Que los farallones, los ríos, los humedales, —ese “corazón verde” de la ciudad— no vuelvan a ser solo paisaje, sino parte de un proyecto colectivo. “Yo me imagino una Cali del futuro en la que podamos explorar un turismo ecológico de alto nivel, competitivo en el escenario internacional”, dice Vivas, con la esperanza de una ciudad que combine participación ciudadana, visión académica y gobernanza pública.
Si Cali fue un organismo vivo durante la COP16, ahora el desafío es mantener ese pulso. Que la sensibilidad y la proyección que dejó no sean apenas un recuerdo, sino una hoja de ruta para lo que viene.
Por Salomé Mizrachi Medina, Agencia de Noticias Univalle












