¿Qué sería de la vida en un mundo sin bosques, ni ríos?
Por muchos años, la selva amazónica ha sido el corazón verde de nuestro planeta. Con sus extensos bosques, ríos majestuosos y biodiversidad incomparable, la Amazonía representa mucho más que un paisaje: es un pilar fundamental de la vida en la Tierra.
Este lugar enfrenta retos importantes como el orden público, los cultivos ilícitos, cambios políticos y económicos, los cuales obstaculizan la gobernanza ambiental y dificultan la implementación de políticas sostenibles, comprometiendo la conservación de su biodiversidad y el bienestar de las comunidades que lo habitan.
Cada árbol talado y cada hectárea devastada debilitan la capacidad de la selva amazónica para capturar carbono, conservar el agua y servir de refugio a una biodiversidad sin igual. Esta región, que solía absorber grandes cantidades de dióxido de carbono, podría estar convirtiéndose en un emisor neto de gases de efecto invernadero. Un cambio alarmante que amenaza no solo a la región, sino al planeta entero.
La deforestación y los incendios en la Amazonía han tenido efectos devastadores en la biodiversidad y en el ciclo del agua. La pérdida de árboles reduce la capacidad del bosque para liberar humedad al ambiente, lo que puede alterar los patrones de lluvia y aumentar la vulnerabilidad a sequías. Además, la destrucción de hábitats naturales amenaza a numerosas especies y comunidades indígenas que dependen del bosque para su sustento y cultura.
Arturo Madera Parra, vicedecano de Investigaciones de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle señala que “En los últimos 20 años se han deforestado diariamente, más o menos, 2.5 veces el tamaño del campus Meléndez”.
El programa REM Visión Amazonía es una iniciativa del Gobierno de Colombia, liderada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con el apoyo financiero de los gobiernos de Noruega, Alemania y Reino Unido, canalizado a través del banco de reconstrucción alemana KfW. Su objetivo principal es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, provenientes de la deforestación en la Amazonía colombiana, promoviendo estrategias de protección de los bosques y el uso sostenible de los recursos naturales, al tiempo que empodera a las comunidades locales y los pueblos indígenas mediante alternativas productivas bajas en deforestación.
La segunda fase del programa, REM II, se enfoca en la transformación productiva de focos activos de deforestación en Núcleos de Desarrollo Forestal y la Biodiversidad. En estos núcleos, las comunidades tienen el poder de detener la deforestación y mejorar su calidad de vida mediante el aprovechamiento sostenible de productos maderables y no maderables del bosque .
Este programa ha tenido un impacto significativo, alcanzando a más de 12.465 familias campesinas y estableciendo acuerdos de conservación que protegen 318.644 hectáreas de bosque en el territorio.
Desde su implementación en 2016, los avances han sido importantes. En ese año, la Amazonía colombiana perdía anualmente cerca de 144.000 hectáreas de bosque. Para 2023, esa cifra se redujo a 44.000 hectáreas, el registro más bajo en más de dos décadas. Si bien el último año presentó un leve repunte, la tendencia general demuestra que frenar la deforestación es posible con una acción coordinada y sostenida.
José Yunis Mebarak, coordinador nacional de Visión Amazonía, explica que “No estamos contentos con la tasa de deforestación; hay que reducirla a cero. Pero creemos que hay una estrategia y un camino, con altas y bajas, que ya estamos abordando con mayor profundidad”.
Uno de los pilares fundamentales de esta estrategia es el trabajo con las comunidades locales e indígenas. Estas poblaciones, que han vivido durante siglos en armonía con la selva, no solo conocen su dinámica, sino que también poseen prácticas sostenibles que garantizan su conservación.
Fortalecer sus capacidades, asegurar el acceso a tierras y recursos, y generar alternativas económicas basadas en productos maderables y no maderables del bosque, son medidas clave para asegurar que el desarrollo no se traduzca en destrucción.
La Amazonía es cultura, historia, identidad y, sobre todo, futuro. Es el hábitat de miles de especies únicas y de pueblos originarios con saberes ancestrales. Es un pulmón que da oxígeno y una fuente de esperanza para la humanidad y conservarla no es solo una obligación ambiental.
Desde la Universidad del Valle reafirmamos nuestro compromiso con esta causa. A través de la ciencia, la educación y la innovación, seguiremos sumando esfuerzos por la Amazonía, por Colombia y por el planeta, porque conservarla es creer en el futuro.
Por: Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle












