Proyección Internacional

Más allá de la crisis: Propuestas para una migración justa y equitativa en EE.UU.

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Viernes, 07 Marzo 2025
Agencia de Noticias Univalle

Maritza Caicedo desafía el paradigma racial y propone recuperar el concepto de clase para unir a migrantes y nacionales.

Por: Laura Parra Rodríguez, Agencia de Noticias Univalle

“Tenemos un montón de malos genes en nuestro país”, dijo Donald Trump durante su campaña, refiriéndose a la población migrante. Días después llegó a la Casa Blanca con el 45% del “voto hispano”, especialmente masculino, lo que puede ser leerse como una paradoja. Para Maritza Caicedo, doctora en población, es una evidencia de que la población latina está fuertemente dividida por razones de raza, género y clase.

Maritza Caicedo es doctora en poblaciones, profesora de la Universidad Autónoma de México y socióloga de la Universidad del Valle. Actualmente, es una de las colombianas en el exterior que mejor maneja los datos duros del mercado laboral y la calidad de vida de la población migrante, especialmente de las mujeres negras. Colabora frecuentemente con Harvard en temas de trabajo y salud. Con ella, la información es evidente, concluyente o incompleta.

Actualmente la migración se plantea como una “amenaza” a Estados Unidos y es el pilar más fuerte de las políticas del presidente Trump ¿por qué sucede esto?
En Estados Unidos la sociedad es racializada, eso quiere decir que descansa en un sistema en función de la raza y de la etnia y que organiza a los grupos de personas jerárquicamente. En ese sentido, la migración se plantea como una amenaza para la unidad cultural de los Estados Unidos. Además, según el Censo de los Estados Unidos, las proyecciones de población encuentran que en 2065 los blancos pasarán a ser minoría en ese país.

Se entiende que más allá de una persecusión, los valores jerárquicos de esa minoría blanca se pierden por la reducción de la natalidad,  las integraciones culturales. Aun así cuál es el papel que ocupa “el voto hispano” y la tendencia a la derecha de muchos hombres migrantes a mantener esos valores ¿sus resultados de investigaciones sobre el mercado laboral estadounidense y el racismo podrían darnos pistas para entender esa situación?
Claro. En una investigación reciente sobre los porcentajes de participación en altos cargos directivos, registro que la participación de colombianos blancos en estos trabajos es del 12.3%, mientras que colombianos negros y de otras razas es de 7,2 %y de cubanos negros y otras razas 1.7%.
En un ejercicio de interseccionalidad que se publicará pronto, observé los factores que determinaban el salario de las mujeres que se percibían como blancas y no blancas; después, atribuí todas las características de capital humano como escolaridad, idioma y experiencia de las mujeres blancas a las mujeres no blancas. Pues resulta que así estas mujeres tuvieran la experiencia esas características de las blancas, no ganarían esos salarios.

Que la educación no sea determinante para cerrar las brechas raciales puede ser un argumento para eliminar las acciones afirmativas y los apoyos ¿es así?
Las acciones afirmativas son indispensables, solo que tienen que ir de la mano con posibilidades reales de inserción laboral y condiciones laborales adecuadas. Además, un apoyo para la formación en la investigación en estas líneas de estudio.
Al contrario, ahora estamos viendo un retroceso. El año pasado, la Corte Suprema acabó la política de acciones de acción afirmativa y el presidente Donald Trump acaba de dar una orden ejecutiva a las escuelas públicas para que no impartan la historia crítica sobre el racismo.

Para entender mejor la migración y el trabajo ¿es cierto que les quitamos sus empleos?
Los inmigrantes no compiten por los trabajos de los blancos. Eso es falso. Están en los trabajos que ellos no quieren hacer: de construcción, el campo y el cuidado. Claro, hay una minoría que también vive en condiciones precarias, pero los países receptores han equivocado al enemigo. El enemigo que todos tenemos es la reestructuración de la economía y ese modelo neoliberal en el que nos hemos instalado.

¿Podría explicarnos mejor?
En Estados Unidos hubo un proceso de desindustrialización de los años 70’s y se sacó del país a las empresas, se deterioraron las condiciones de trabajo y el sector de servicios que polarizó la fuerza de trabajo: requiere migración altamente calificada y también una gran cantidad de trabajadores temporales en agricultura, extracción y construcción, de servicios personales, que satisfacen las necesidades de consumo de los trabajadores y de las familias de mejores ingresos en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, ocurren transformaciones en los mercados de trabajo de los países latinoamericanos que empujan a la gente a salir a buscar trabajo. El enemigo es el modelo económico, no la población migrante.

Creo que su explicación nos lleva a pensar que sigue vigente la categoría de clase, que pareciera un poco olvidada en los discursos actuales.
Sí. Insisto en que debemos retomar el concepto de clase porque a la gente ya no le gusta hablar de clase. Tú lo estás diciendo, sale en los datos a relucir.

¿Cómo no hacer que la categoría de clase vuelva a negar o subestimar las relaciones género y la raza? Pues hubo mucho de “primero la lucha de clases” y eso dividió demasiado al movimiento social.
Mira, los primeros estudios de migración internacional antes de la perspectiva de género describieron al migrante como un varón joven y proveedor y la mujer como una acompañante cuando se la consideraba. La perspectiva de género permitió ver que las mujeres se desplazan también por intereses laborales y personales propios que no van solo como acompañantes del esposo.

Usted es experta en incorporar las categorías de raza, género y clase, lo que ahora se conoce como interseccionalidad ¿por qué es tan relevante?
La perspectiva interseccional le agrega algo más y es que no todas las mujeres estamos en las mismas condiciones en el mercado de trabajo. Las desigualdades intra género suelen ser tan hondas como las desigualdades que hay entre los géneros, es decir, entre hombres y mujeres.

Usted decía que la población se inserta en el mercado agrícola, las mujeres en el cuidado ¿Son posibles otras formas de trabajo y de migración?
Claro, estoy plenamente convencida de que es posible mejorar la situación laboral de los migrantes; pero se requiere voluntad política. La OIT, por allá en 1999 lanzó el concepto de trabajo decente, justo en el contexto de reestructuración de los mercados laborales y de las economías del mundo para que ese empleo sea remunerado, que tenga unos ingresos adecuados, que pueda tener alguna protección social y que exista un diálogo social
¿Quiénes no firmaron la Convención de los Derechos de Trabajadores Migratorios? Los países mayormente receptores de migrantes no se comprometen a garantizar los derechos de los trabajadores.

¿Cómo así un diálogo social?
Hoy en día tú vas a buscar un empleo y eres tú y el capital, tú y el empleador ¿no? El diálogo social se puede dar con la participación sindical, que es el mejor indicador de que ese diálogo social está ocurriendo. Pero eso ha desaparecido.

 

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