Proyección Internacional

Opinión: La fatiga de nuestro tiempo

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Lunes, 16 Diciembre 2019
Agencia de Noticias Univalle

Se afirma que el siglo XX comenzó en 1914, cuando se inició la Primera Guerra Mundial. Estamos terminando la segunda década del siglo XXI, y los analistas aún no se ponen de acuerdo para definir cuándo comenzó esta nueva centuria.

Algunos expertos se arriesgan a decir que inició el 11 septiembre de 2001, el día del atentado terrorista a las Torres Gemelas. Lo cierto es que, a medida que avanza la rueda de la historia, vemos más nubarrones y claroscuros que certezas y esperanzas.

¿Se necesitará una tercera conflagración bélica para que entre en forma este nuevo siglo líquido, virtual e inseguro?

No creo. Lo cierto es que en el panorama se vislumbran una serie de signos que están afectando negativamente a la población en cada país y en cada continente. Me refiero a la política económica neoliberal, que, a largo plazo, puede ser más nociva y perjudicial para las clases medias y asalariadas que la misma guerra.

La economía de mercado fue el principio fundamental en que se sustentó la sociedad capitalista. Esta economía, que viene de los fenicios, y más tarde dio pie a la creación de los primeros burgos o ciudades, hacía una diferencia entre la economía y la sociedad.

Esto significaba que en medio del desarrollo de una economía de mercado, que llegó a ser monopólica, los dueños de empresas y sus gobiernos respetaban los derechos de sus ciudadanos.

Hoy, estos derechos, que se resumen en el derecho al trabajo digno, la salud, la educación y la pensión, están siendo conculcados por los neoliberales y sus tecnócratas de turno, que quieren reducir la humanidad a una simple sociedad de mercado.

En las nuevas sociedades neoliberales no existe una seguridad laboral –todos somos especies de Uber– sin ninguna seguridad ni estabilidad.

En el neoliberalismo se trata de reducir el tamaño del Estado para darles el poder a los ‘holdings’ financieros, que serán los encargados de administrar las cuotas de salud y los ahorros de los trabajadores y pensionados.

En relación con los tributos de la sociedad, se reducen los impuestos a las grandes empresas y se castiga fuertemente a la clase media y a los trabajadores.

Este es el panorama del nuevo siglo, en el que no se percibe ningún signo de esperanza para la gente, que es el soporte productivo de un país.

Ante un futuro incierto, en países como Chile, Colombia y Francia la gente ha salido a las calles.

La protesta social y pacífica es la respuesta a unas medidas económicas que ahondan, aún más, la brecha social.

Los diferentes gobiernos y los grupos financieros tienen que saber leer esta nueva narrativa popular, que no quiere ser menesterosa ni mucho menos ignorante.

Se trata de hacer consensos y hacer los cambios que requiere nuestra sociedad, para que construyamos un país más digno y humano.

Nota bene: A mis lectores, les deseo una feliz Navidad.

www.fabiomartinezescritor.com

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