Proyección Internacional

Profesora recibe premio internacional de literatura

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Martes, 14 Noviembre 2023
Agencia de Noticias Univalle

Esta semana una grata noticia irrumpió la cotidianidad de las labores en la Facultad de Humanidades: la novela Asunción, escrita por la profesora del Departamento de Lingüística y Filología Mónica Chamorro Mejía, obtuvo el XVI Premio Tristana de Novela Fantástica.

Este premio es otorgado por la municipalidad de Santander (España), y según el Ayuntamiento, para esta edición se presentaron 258 obras originales.

El jurado calificador lo integraron los novelistas Javier Montes, Pilar Ruiz y Germán Sierra, el director de la editorial Menoscuarto, José Ángel Zapatero, y el funcionario municipal Regino Mateo, como secretario sin voto.

La profesora Mónica lleva dos años como profesora vinculada al Departamento de Lingüística y Filología de la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle. Es doctora en Estudios Lingüísticos Literarios y Teatrales por la Universidad de Alcalá de Henares, Magíster en Didáctica de la Lengua y en Ciencias del Lenguaje de la Universidad Ca’ Foscari (Venezia). Sus áreas académicas de interés abarcan los enfoques plurales de enseñanza de las lenguas, la intercomprensión entre lenguas de la misma familia, la enseñanza del español como lengua materna, segunda lengua y como lengua extranjera.

Ha desarrollado labores de investigación y docencia para el Instituto Cervantes de Roma, para el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá y para la Universidad LUISS de Roma. La profesora Chamorro es parte del equipo de investigación que ha venido trabajando en el Diccionario Histórico de la Lengua Español, bajo la dirección de la profesora Lirian Astrid Ciro.

Entre sus distinciones se encuentran el Premio Regional de Cuento del Ministerio de Cultura de Colombia (1998) y el Primer Premio del Concurso de Narraciones Breves (2000). Ha publicado el libro de relatos Remedia amoris (Axis Mundi, 2010), la novela El arte del mal morir (Calixta Editores, 2020) y el poemario bilingüe La carne de Dios (Caligrama, 2021). Es también autora de ensayos y artículos de opinión publicados en los diarios El Nuevo Liberal y El Tiempo, y en la revista Semana. Su última novela publicada se titula Ajedrez (Caligrama, 2022). Por ella recibió la distinción Talento Caligrama. Fue presentada en la Feria del Libro de Madrid.

Asunción será publicada por la editorial Menoscuarto y será presentada en Colombia durante la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá; su lanzamiento oficial se planea para la primera semana de junio, en la Feria del Libro de Santander (España), ambas en el año 2024.

Felicitaciones por su premio y gracias por concedernos este espacio. ¿Cómo fue esto del premio?
La municipalidad de Santander organiza cada año una serie de premios. Hasta hace algunas ediciones se conocía como el premio Tristana de literatura, (seguramente haciendo un homenaje a la obra Tristana de Benito Pérez Galdós), y que luego se transformó en un premio específicamente de novela fantástica. En sus últimas dos ediciones ha premiado a escritores latinoamericanos: a una venezolana el año pasado y a un argentino el antepasado. Para este premio no había participado; he participado en otros a lo largo de mi vida literaria, con mayor o menor fortuna en algunos casos, pero en esta ocasión tuve la suerte de gustar al jurado. A veces se dice que hay algo de suerte en esto y creo que la hay. Probablemente hay una suerte de correspondencia entre las elecciones estéticas que uno hace como novelista y las necesidades simbólicas, en este caso, del mundo hispanoamericano.

Para el caso de mi novela, curiosamente, un tema que es muy frecuentado como es la vida de José Asunción Silva, hice una propuesta que no tiene nada que ver con la novela biográfica, sino simplemente inspirada en él como personaje. Quiero agregar que no es precisamente el José Asunción Silva real, aquel que se podría perseguir a través de una novela biográfica o una investigación acerca de su vida, con detalles que considero que como colombianos y latinoamericanos conocemos un poco: ese gran e inmenso poeta, esteta, dandy, personaje de la sociedad bogotana de finales del siglo XIX. En la novela construyo a José Asunción Silva como una especie de fantasma transgeneracional que constituye nuestra identidad como colombianos o que ha constituido, al menos, la mía.

Quiero hablar un poco a título personal: este es mi José Asunción Silva. Es aquel que me ha perseguido como un fantasma desde que conocí su poesía, desde que admiré su estatura artística. Creo que hay un mito alrededor de él, no ya como el escritor real, sino como un personaje de ficción. Retomo ese personaje ficcionalizado por la cantidad de leyendas que hay alrededor de él, porque no tienen fin: que si murió, suicida, fue asesinado, las dudas respecto a su orientación sexual, las insidias y calumnias alrededor de su vida privada, su verdadero talante como hombre político, cuando en realidad hay una frase muy célebre de él y es que las personas verdaderamente inteligentes no se ocupan de política. Lo dice él, seguramente, como un iconoclasta. En esencia es eso, es un José Asunción Silva personal, que poco tiene que ver con el personaje histórico; es la forma en la que lo percibí, desde esa infancia en la que uno se aprendía el Nocturno, sus otros poemas y se interesaba por este misterio. En ciertos sentidos Silva es nuestro Poe, pese a que no haya escrito horror, creo que lo protagonizó, y eso es aún más potente que haberlo escrito.

¿Cuánto le tomó la escritura de Asunción?
Casi todas las novelas que uno escribe con amor las ha estado escribiendo toda la vida, hay personajes que lo persiguen a uno como una obsesión. Cuando uno se decide a escribir sobre algún tema que ya lo habita es como una especie de zombi que te ha poseído, que consume tu imaginación y tu carne, y creo que eso me sucede con Silva. Por eso quise hacer una conexión entre este Silva, entendido como este gran escritor modernista, que está a caballo entre el modernismo y el romanticismo oscuro, que une lo erótico y lo tanático. Para mí Silva es un personaje que se nutre de ese último gran coletazo del romanticismo y que no le teme a la oscuridad. En esa medida, creo que esa oscuridad en Silva siempre me llamó la atención, la oscuridad de sus nocturnos, que son varios, ese carácter específicamente tanático, mortuorio de su poesía (…) Por supuesto, también sus filiaciones literarias: Leopardi, Schopenhauer, que él explícitamente menciona en sus poesías y, además, sus amistades reales con Mallarmé y toda la vanguardia del último romanticismo europeo, no del primero.

¿Siempre ha escrito literatura fantástica?
He acudido a la literatura fantástica en el género del cuento y del microrrelato, pero es la primera vez en algo de un aliento más largo como es la novela. Quisiera mencionar que lo fantástico, en este caso, es un pretexto para hablar del romanticismo oscuro. Es un símbolo para mencionar que, en mi opinión, Silva es nuestro representante que más profundamente tomó esa decisión agresiva, vital y definitivamente valerosa de vivir el romanticismo a ultranza.

Para él, el romanticismo oscuro de finales del siglo XIX no fue un artefacto intelectual sino un estilo de vida, algo que él se ponía, comía y vivía, era la forma en que él amaba y escribía. Entonces, digamos que lo fantástico, en este caso lo gótico fantástico, es el tema de la figura del vampiro que une lo erótico y lo tanático en un solo ente que en sí mismo es un oxímoron. Desde mi punto de vista es sobre todo simbólico de lo que hizo Silva con la literatura colombiana, que es introducirla de lleno en ese mundo europeo del que era con seguridad un gran admirador.

Según el veredicto del jurado, su novela “se articula como un largo cuento que juega con las viejas referencias de los relatos góticos de Poe y Le Fanu, así como con la ya larga tradición romántica de la literatura de vampiros, pero actualizándola y trasladándola a un escenario poco frecuentado por este tipo de historias, el Caribe, construyendo un espacio narrativo singular que los jurados definieron como “gótico tropical”. ¿Qué nos puede decir sobre esta idea del gótico tropical?
Como decía Borges, tenemos derecho a todas las tradiciones. Creo que en realidad lo gótico no está ausente de la agresividad de nuestra naturaleza, de nuestra geografía y de nuestro mundo. Lo hórrido está presente en diferentes elementos, sea de nuestra naturaleza tropical o de nuestra identidad. Como colombianos vivimos al límite, somos una sociedad que ha integrado la muerte de una manera muy particular.

Por ejemplo, en algunos países de Europa (yo viví largo tiempo en Italia), la muerte se ha cancelado casi simbólicamente. No se ven funerarias por ninguna parte, difícilmente la gente quiere hablar de morir o de la muerte, mientras que para nosotros la muerte es algo que sucede muy fácilmente. En esa medida, cuando la vida se vive tan cerca de la muerte, se vive con un erotismo y una vitalidad mucho mayor. Lo dionisiaco, entendido como el goce, entendido también como el goce sensual, en nuestro caso, y tal vez en todos, está muy cerca de la muerte, de conjurarla y al mismo tiempo aceptarla.

Creo que el gótico tropical nos sienta muy bien. Aunque pueda ser algo que pertenezca a unas atmósferas invernales y a esos castillos desolados allá donde ubico un poco la primera parte de la novela, que es en Transilvania y en la llanura panónica entre Hungría y Rumania. En realidad creo que aquí florece muy bien, incluso florece de otra manera, así como lo hace esa naturaleza en la que todo se está devorando. Cuando uno ve la naturaleza tropical se da cuenta que los árboles son devorados continuamente por otras plantas, y los árboles están en una lucha permanente con todos los demás organismos vivientes. Aquí el gótico se vive de manera intensa y se puede hacer un abordaje literario, con una visión diferente de otras sobre este tipo de literatura y género.

¿Qué le significa ganar un premio como este?
Nada, alegría, ganas de tomar vino con los amigos, ganas de justamente darle un espacio a lo dionisiaco después del trabajo largo, arduo e ingrato de escribir lo que Borges definía como un género laborioso y empobrecedor que es la novela, porque ciertamente la novela no te da satisfacciones fácilmente. Uno acaba pensando “esto lo escribo para mí, eso a quién le va a gustar”. Pero finalmente, cuando uno recibe esta resonancia del mundo exterior es muy gratificante, se da cuenta de que algo que uno hace tiene significado y hay que ir corriendo a comprar whiskey o vino.

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