Salud

ADN, diversidad y salud en clave latinoamericana

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Lunes, 15 Septiembre 2025
Agencia de Noticias Univalle

En lo profundo de cada célula late una memoria silenciosa que habla de orígenes y resistencias. El trabajo que hace un equipo de investigadores latinoamericanos no solo abre caminos para la medicina, también ubica en el centro de la mesa la pluralidad que habita nuestro continente.

Por Salomé Mizrachi Medina
Agencia de Noticias Univalle

Más allá de lo que alcanza la vista, cada célula resguarda un caudal de información que sobrepasa cualquier archivo construido por el ser humano. Ese conjunto de datos está escrito en el ADN , un material que funciona como registro dinámico de la vida y que guarda claves sobre el origen, la salud y la diversidad de cada individuo.

No obstante, en América Latina, gran parte de ese caudal permanece inexplorado. La investigación genómica y celular se ha concentrado históricamente en poblaciones de Europa y Norteamérica, lo que ha dejado a la región latinoamericana en una situación de vacío científico. Esta ausencia no solo limita el conocimiento sobre la diversidad biológica del continente; también restringe el desarrollo de diagnósticos y tratamientos más precisos para sus habitantes. Avanzar en este campo significa abrir la puerta a una ciencia más representativa, capaz de responder a las particularidades de nuestras poblaciones y de fortalecer la equidad en salud.

Con esto en mente, LatinCells, iniciativa conformada por latinoamericanos, se propuso el objetivo de crear un mapa de diversidad de células humanas de poblaciones indígenas y mestizas de siete países diferentes: Colombia, México, Perú, Chile, Brasil, Uruguay y los latinos de Estados Unidos. Entre el selecto equipo de investigación se encuentra el profesor Guillermo Barreto, doctor en Biología Molecular e investigador del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, quien lidera el proyecto en Colombia.

Célula por célula
LatinCells, financiada por la Iniciativa Chan Zuckerberg, nace pensando en contribuir al Human Cell Atlas, un proyecto global creado para describir todos los tipos de células –unidades fundamentales de la vida– del cuerpo humano, como base para comprender la salud y tratar enfermedades. De ahí que el trabajo consista en observar estas valiosas unidades de manera individual, como si cada una fuera un mundo propio.

En este proyecto se estudian células de la sangre, que conforman el sistema inmune, de epitelio bucal y también células del tejido de la vesícula biliar (procedentes de pacientes con este tipo de cáncer), esperando que el resultado sea un mapa celular que refleje la diversidad biológica de la región y que sirva como punto de referencia para futuras investigaciones. Sin embargo, para lograrlo, los investigadores deben aislar el ARN que contiene cada célula; pues se trata de la molécula que lleva los mensajes del ADN para que las células sepan qué hacer y cómo funcionar.

Queda claro que este interés en el ADN no es casual, ya que estudiarlo en contextos diferentes permite algo más que acumular datos; significa generar un conocimiento que responda a realidades locales y que corrija la falta de representación en la ciencia global. En el caso de América Latina, implica reconocer que su riqueza genética y cultural también está inscrita en las células. LatinCells busca poner la diversidad genética en el centro de la investigación para construir bases sólidas hacia una medicina más inclusiva y precisa.

El profesor Andrés Moreno Estrada, miembro de LatinCells y doctor en Genética Evolutiva y de Poblaciones, menciona que utilizan tecnologías que permiten analizar el ARN de una sola célula y no de un conjunto mezclado, lo que abre la posibilidad de ver con precisión qué está haciendo cada célula en un momento dado, qué genes activa y cómo participa en los procesos de defensa del cuerpo. Por eso, para este proyecto, se han creado protocolos alternativos que facilitan el transporte de las muestras desde su extracción hasta el laboratorio, reemplazando elementos que no se pueden emplear en el trabajo de campo por otros. De este modo ha sido posible llevar la iniciativa a zonas de difícil acceso por su geografía como los Llanos Orientales o La Guajira en Colombia, lo que permite una mayor fidelidad e información en la conformación de la biored de células humanas.

Ciencia desde el Sur
Este proyecto, dentro del consorcio mundial del Atlas de Células Humanas, es el único completamente local , porque todo el equipo y las instituciones que participan se encuentran en Latinoamérica. Algo que resulta pertinente pues, como nos cuenta el profesor Barreto, “si se miran las bases de datos, América Latina sólo está representada entre el 1.5% al 2% de secuencias. Y es una situación de total inequidad en términos de conocimiento, porque América Latina aporta una gran diversidad humana”. De manera que trabajar desde la región permite corregir la deuda histórica de haber construido el conocimiento desde realidades ajenas a la investigación científica.

Esta brecha ha dejado a muchos pueblos fuera de la narrativa científica, como si no tuvieran un lugar en el mapa global. Sin embargo, en América Latina conviven múltiples historias genéticas que no se encuentran en otras regiones del mundo. Al investigarlas con equipos locales, se reconocen esas singularidades y se evita que los resultados se lean únicamente bajo lentes eurocéntricos. No se trata solo de aportar datos, sino de cambiar el centro de gravedad del conocimiento para que la ciencia se refleje con justicia la riqueza de los territorios.

Además, cada región de América Latina enfrenta condiciones ambientales distintas y, con ellas, desafíos particulares frente a patógenos. El profesor Estrada hace énfasis en que no es lo mismo habitar la humedad del Amazonas que las alturas frías del Altiplano andino, porque las células no solo cargan una herencia genética, también guardan la memoria de esas exposiciones, resultando en cuerpos que responden de maneras diferentes. Así, los investigadores se preguntan si los perfiles de expresión del ARN en Colombia coinciden o difieren con los de otros países incluidos en el proyecto, con la expectativa de levantar un mapa de referencia que muestre cómo interactúan los genes con cada entorno. De esta manera, se abre la posibilidad de anticipar cómo podrían comportarse las enfermedades emergentes en la región y, en consecuencia, poder trazar rutas de prevención que integren tanto la ciencia como el conocimiento local de quienes han habitado estos territorios durante siglos.

Herencia escrita en ADN
En un país como Colombia, con 115 pueblos indígenas, la tarea de LatinCells adquiere un valor especial. La investigación parte de reconocer que en las comunidades estudiadas habita una diversidad única, pero también frágil, debido que algunas enfrentan el riesgo de desaparecer dado su desplazamiento hacia las ciudades y con ello transforman sus formas de vida. Debido a estos cambios, para Guillermo Barreto es pertinente investigarlos; ya que al haber sido los primeros en llegar al continente, sus genomas se consideran “ancestrales”, y conocerlos permitirá entender cómo se han adaptado frente a enfermedades o cómo han desarrollado resistencias que podrían dar pistas para el diagnóstico, monitoreo y manejo de diversos padecimientos biológicos.

También es importante tener en cuenta que la genética y la cultura no viajan por caminos separados, puesto que cada perfil de ADN heredado se enlaza con la manera en que los pueblos han vivido y creado vínculos con su entorno. Tal como el investigador colombiano lo resume: “la estructuración de la genética de las comunidades está relacionada con su cultura”. Esto en vista de que explorar el ADN de estas comunidades no solo permite avances en materia de salud; también abre ventanas hacia las prácticas de nuestros antepasados, desde el modo en que se organizaban hasta las estrategias con las que enfrentaban el mundo. En este sentido, el estudio celular se convierte en un puente entre la ciencia y la memoria cultural.

Mapear la diversidad genética humana en América Latina es entonces una tarea urgente, pues no se trata solo de ampliar la mirada global de la medicina, sino también de fortalecer la capacidad local para responder a problemas de salud con base en nuestras propias realidades. Cada variante genética refleja un cruce de caminos, una herencia que viaja en silencio de generación en generación. Al mirar dentro de las células aparece un testimonio que une biología e historia, como si en cada fragmento de ADN se tejiera una memoria que todavía guarda respuestas sobre lo que somos y sobre la riqueza que define a América Latina.

Vea al prof. Guillermo Barreto en nuestro videocast #VozSabés

 

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