A ocho años de haber conocido al Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) afuera de una discoteca en Cali y, a pesar de reincidir luego de siete años, creo que el tiempo me ha otorgado una visión única del mismo (como a cada paciente); cuyo alma, a mi juicio, radica en tener claro que, si bien carecemos de alguna cura mágica que borre la ansiedad de nuestra psiquis, el secreto radica en perder el miedo y, en cambio, aceptarla cual parte de nosotros.
- No nades a contracorriente. Lo único que conseguirás será cansarte y es lo que menos necesitas.
- Reconoce que la ansiedad es parte de ti, de tu espíritu, de la maravillosa persona que eres, del recorrido de (inserte aquí su nombre).
En la primera terapia que tuve, entre 2017 y 2018, solo quería salir del paso, dejarla atrás y volver a ser quién era. ¡Cuántos errores! Ignorando que la ansiedad llega para transformarnos en un “mejor yo”. Esa mutación duele, angustia y nos hace sufrir en la medida del beneficio futuro.
En mi caso, sobre la tendencia ansiosa que siempre tuve, y de la que fui consciente a plenitud tras el primer ataque de pánico, hoy sé que hace parte de la química de mi cerebro y de la lógica desde donde escribo. ¿Acaso, he dicho que sea un defecto? Viene del mismo lugar del que surge este artículo; de donde saco ideas para crear poemas y cuentos. Desde aquí, quizá soy más perceptiva, imaginativa y atenta a detalles que otros. Así que piensa: aquella versión ansiosa que estás conociendo, también eres tú.
- Despídete de quién eras. De acuerdo con lo anterior, parte de “vivir el proceso” y “dejarse llevar” por lo que hoy atraviesas consiste en despedirse de un ser que fue muy importante, con quien estás familiarizado de sobra. Es normal que duela y asuste. Tú haz lo humano: el duelo. Di “fue un placer conocerte”. Entiende que la persona que eras fue quien te llevó a la crisis. Por supuesto que le debes mucho. No obstante, era alguien que necesitaba ayuda y ajustarse. Lleva a cabo cuantos rituales necesites; mas hazte un favor y no te aferres. Es legal lo que sientes, pues así mismo lo dijo Anatole France: “Todos los cambios, incluso los más deseados, acarrean cierta melancolía”. Sin embargo, si no nadamos en el mismo río dos veces, ¿por qué habríamos de volver a ser la misma persona, tras una experiencia semejante?
- Respeta tu ritmo. Evita compararte. El TAG es una experiencia que cada quien recorre a su tiempo. Yo, por ejemplo, prefiero evitar enterarme de cómo es o ha sido el proceso de los demás. Aunque tengo referentes con los que me he topado a lo largo del camino, prefiero centrarme en el mío porque no se trata de una competencia. Igual, tú. El tiempo de otro, quizá, no es el que requieras para sanar. Lo que necesitas ahora es benevolencia y paciencia contigo; ya que, si no las tienes, ¿entonces, quién?
De igual manera, no te asustes si en el trayecto te sientes peor o conoces nuevos síntomas. Ten presente que, en su totalidad, son pasajeros e inofensivos. Hoy estás bien, atesóralo, disfruta. El sendero hacia la recuperación no es lineal, a pesar de que avance. Mañana tal vez sea el mejor día de la semana o uno desafiante; pasado quizá no lo percibas tan bueno; algunos días después, la vida puede parecer tan fácil que asuste. Y está bien. Te sentirás sano en el momento justo. En mi caso, tardé dos años y medio la primera vez y uno la segunda; aunque conozco amigas que lo han resuelto en cuestión de meses. Independiente de las muchas vueltas que da la mente, también regala breaks y esos son para nosotros. ¡Respira!
- Meditación, deporte. A cada quien le funcionan y gustan métodos distintos. Lo que a ti te aporte física y espiritualmente, es perfecto.
Si lo tuyo son los retiros espirituales, la musicoterapia, la arteterapia, meterte en hielo… dale, de la forma en que tu alma se encuentre cómoda. Si te gusta la natación, el nado sincronizado, el yoga, correr o ir al gimnasio, ¡genial! Y, muy importante: otórgale el mismo nivel de prioridad a la salud física que a la mental. Con tu cuerpo en un estado superior, se sentirá mejor tu mente y viceversa.
Incluyo dos que han sido parte vital de mi pócima para la recuperación. Para mí fue maravilloso y casi milagroso el Reiki; al igual que una sigla que se convirtió en mi agenda diaria: M.E.L.O. ¿Cuál era un día M.E.L.O.? Cuando meditaba, me ejercitaba, leía y oraba.
- Busca el trasfondo: La travesía actual no es obra del destino, el azar, ni de alguna situación puntual. Sí existen los detonantes, empero, te sugiero que veas al TAG como una válvula de escape, al lenguaje en el que tu inconsciente pidió auxilio y desfogó lo que tenías atrapado. Reflexiona: ¿consideras que tu realidad era perfecta antes de conocer al trastorno? ¿En qué etapa surgió? ¿Qué tenías guardado? ¿Por qué no lo habías sacado? ¿Qué era tan urgente de remediar? ¿Por qué dicha medida desesperada? Deja que tu interior responda.
- Date gusto. Lo mismo que un abrazo fuerte al espíritu, un “gracias por llegar hasta acá”, “te felicito”, “te admiro”, “eres fuerte, un(a) guerrero(a)”, “eres muy inteligente”, “mi héroe(ína)”; un postre con capuccino que se te antojó en el centro comercial, charlar con un amigo, una buena película, cenar rico, ocio, llorar de risa con algún video; tiempo para ti. Sé tu amigo(a) como nunca. Otórgate licencia para ser feliz con lo que tienes aquí y ahora.
- La terapia como norte: Experimenta el alivio de entregarle tu situación a un profesional, de sentir que te liberas, aunque sea un trabajo en equipo y la mayor parte dependa de ti. Regálate esa ilusión. Permite que el tratamiento sea tu mapa, tu brújula, tu GPS; un lugar seguro a dónde acudir; el punto que pacta el inicio, así aún no sepas en qué va a terminar; el plan. En otras palabras: Déjate ayudar y todo cobrará mayor sentido. Y algo que aprendí en mi caso, luego de siete años de pensar “me curé de la ansiedad y no va a volver a molestarme”: si tienes un antecedente en salud mental, como lo es un trastorno emocional, no abandones la terapia. Llévala contigo para siempre. Verás que hará la realidad en mayor medida sencilla y comprenderás que, al fin y al cabo, sirve para todo y todos la necesitamos.
- Confía, desde el día uno, en que el TAG se cura. En 2017, la psiquiatra que me remitió a psicología me dijo algo que se volvió un mantra para mí: “Tranquila, la ansiedad es de lo que tenemos más resuelto y estudiado en la psicología y en la psiquiatría”. Así de simple. Puede parecer un laberinto sin salida. No obstante, si te detienes con calma y miras bien, te das cuenta de que solamente es humo. Le gustan los efectos especiales, la parafernalia, el show. Es visajosa, como decimos acá, y una pésima consejera; muy convincente, por cierto. Sin embargo, solo juega con la mente. Se alimenta del miedo, como el payaso Pennywise. No te culpes, no tiene nada que ver contigo. Venía en el combo de la vida. Iba a pasar. Estás drenando tu alma; purgándote, si así lo quieres ver.
Un día estarás del otro lado y agradecerás cada mal rato que te hizo pasar porque así te ayudó a crecer. Sé que se ve lejano, pero llega. Ya estás en la parte álgida: atravesándolo, la única manera de superarlo. Cada día te acercas otro tanto. Aborda uno a la vez. Deja de pretender darle explicación a todo lo que pasa por tu cabeza. No son más que pensamientos inofensivos, irracionales; pero, de ahí, no pasan. Míralos como si cruzaran frente a ti en un río y se los llevara la corriente. Después, te vas a reír, te lo aseguro.
- Y aprende, es un momento excepcional para conocerte.
Por: Lorena Arana
Comunicadora social y escritora












