Salud

El duelo en la familia

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Viernes, 02 Octubre 2015
Agencia de Noticias Univalle

Ana María Ospina Velasco es investigadora de la Universidad del Valle, vinculada a la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano, y acaba de presentar su libro Cuando muere un ser amado. Cómo comprender y afrontar el duelo por muerte, el cual tiene la particularidad de aplicar el análisis y la literatura sobre el tema al caso colombiano.

Para escribir el libro, la profesora Ospina Velasco realizó su investigación en diferentes instancias, entre ellas, el Hogar Infantil Caleñitos de Cali, con niños, madres y padres de familia, y con viudas de agentes de policía del área metropolitana de Cali. Además, llevó a cabo una serie de entrevistas particulares que le permitieron cumplir su objetivo de crear un texto al cual pueden acceder todas las personas que quieran comprender y afrontar el duelo por muerte. La escritora habló sobre los resultados de su investigación.

¿Por qué hace énfasis en el manejo del duelo en los niños?

Porque el duelo en los niños es generalmente ignorado. La gente piensa que el niño o la niña no se dan cuenta de lo que está pasando, y resulta que aunque no entiendan, sí sienten la alteración de su ambiente familiar o el vacío de la persona que ya no está. También puede pasar que el adulto sufra mucho con el dolor del niño y prefiera no asumirlo. Entonces, un duelo en el cual no se ayuda al niño, no se le brinda el apoyo necesario, puede generar una persona insegura, con baja autoestima y tolerancia a la frustración, irritable y, en el peor de los casos, un adulto con tendencia a la depresión.

Los niños de 4 o 6 meses no captan en realidad a la madre como una persona sino que captan su mirada y se acostumbran a ciertos cuidados maternos. Si en esos momentos muere la madre, el niño puede extrañar los patrones de crianza pero no hay duelo; si se presenta un cambio en los patrones de crianza eso lo altera. Pero cuando el niño avanza en ese primer año y reconoce a esa madre, ya podemos hablar de reacciones de duelo y uno ve, por ejemplo, que entran a los espacios en los que permanecían con esa persona y la buscan; tienen cambios de estado de ánimo; no quieren recibir la comida. Los más grandecitos se pueden volver pendencieros o alterar su rendimiento escolar, por supuesto, más frecuentemente si no cuentan con el apoyo emocional y físico suficiente que les prestaba ese ser que ya no está o el ambiente familiar que ahora está perturbado.

En realidad, al niño tenemos que ayudarle con una educación sobre el significado de la muerte, explicarle que no es una enemiga, que incluso en muchos casos es un alivio, permitirles llorar con uno, y mostrarles formas aceptables de manejar sus sentimientos.

¿Está bien decirle a un niño que su papá está en el cielo?

Eso es algo simbólico que el niño pequeño no entiende, no puede manejar símbolos, entonces tenemos casos de niños que se acuestan en el suelo durante el recreo a mirar al cielo a ver si el papá se asoma; para nada le ayuda al niño a la hora de superar el duelo, puede significar que continúe a la espera. Lo principal es incluirlo en el duelo mismo, compartir los sentimientos y actitudes, hablarle de cómo se siente porque el papá o la mamá ya no pueden acompañarlo. Hay que mimarlo mucho, llorar con él, pero también hay que ponerle límites, porque eso no significa que al estar en duelo pueda hacer lo que quiera, lo que al final lo haría sentir culpable. La norma es como un abrazo amoroso. En la educación del niño la combinación perfecta es amor y normas.

¿Un niño puede necesitar ir donde un terapeuta?

Muchísimas veces. Si un niño está intensamente triste más de un mes, no puede seguir así. Los terapeutas infantiles a través del juego le ayudan a elaborar el duelo

Usted también toca el tema de la viudez.

Hay personas que están acostumbradas a meter la cabeza debajo de la tierra ante los problemas mientras hay otras que dicen “al toro por los cuernos”. Esto significa que hay personas que tienen defensas de personalidad muy positivas que dicen: “bueno yo tengo que salir adelante, voy a ver qué hago” y tienen la estructura que les permite no desestabilizarse, otras son muy lábiles. Pero además hay variables que entran aquí en juego, por ejemplo, la edad que tenga esa persona sobreviviente, la duración de la relación de pareja, la calidad de las relaciones. Hay parejas en que los miembros están muy involucrados entre sí, otras en que son como extraños aunque viven en la misma casa; en unas prima el amor, en otras la hostilidad. En este último caso los duelos suelen ser más difíciles porque hay mucha culpa, puede haber menos recuerdos buenos de qué echar mano para afrontar ese vacío, porque en una relación siempre hay ambivalencia.

¿Por qué se tiende a recordar lo bueno cuando una persona muere?

Hay un adagio que está desde Freud en Duelo y melancolía “no hay muerto malo”, y nosotros decimos: “Ni novia fea”. ¿Cuál es el mecanismo que funciona aquí? Todo ese amor y ese interés que se tenía en otras áreas de la vida, pasa al vínculo con quien murió; como una forma de compensar la pérdida se lo idealiza haciendo un traslado de la energía psíquica, pero además la idealización es una forma de guardar al muerto dentro de uno.

La idealización del fallecido es normal pero hay que desidealizarlo, porque si estás en un paraíso no te quieres ir del paraíso, y es necesario enfrentar el duelo para salir de él y continuar la vida. La desidealización no es una falta de solidaridad o de lealtad con la persona fallecida, es ponerla en una dimensión humana reconociéndole lo positivo pero también sus limitaciones, para recuperar el disfrute de la vida. Un adulto puede volver a enamorarse, un niño o niña necesitará de un padre o madre sustituta que lo ame.

¿Para quién es más duro un duelo, para un niño, una viuda, un hermano, una madre, un amigo?

Todos los autores consideran que el dolor más duro es la muerte de un hijo. Después puede ser el duelo de la viudez, la muerte de un hermano o una hermana sobre todo en el caso de que sean seguidos o se hayan hecho muy amigos. La muerte de los abuelos también es significativa sobre todo cuando cumplen algunas funciones paternas. En cuanto a la muerte de los padres en la niñez es la experiencia más dolorosa, difícil y desorientadora si no hay un buen apoyo emocional y físico.

En su libro también toca el papel de los grupos de apoyo
Sabemos que la familia es el principal apoyo para una persona pero si todos los de la familia están mal, frecuentemente se presentan roces, resentimientos o intolerancia, entonces es importante pensar en los grupos de apoyo donde, con otras personas, se pueda soltar el dolor, el enojo, la frustración, y hacer más fácil el duelo.

¿Hay una característica especial en el duelo de la familia colombiana?

En el duelo hay sentimientos que son universales,  por ejemplo, el vacío de la ausencia del ser querido, el alivio de que haya muerto porque estaba sufriendo. Otros sentimientos son relativos a la personalidad de cada ser, a la cultura de un grupo o de un país. En Colombia, por la cantidad de muertes violentas: masacres, asesinatos, suicidios, accidentes, que no son muertes naturales, los duelos producen muchos sentimientos específicos de rabia, deseo de venganza, odio, dificultad para perdonar, situaciones que están muy en la vida de los colombianos; es una de las causas de tanta agresividad en la cotidianidad, de tal manera, que somos agresivos incluso en la forma de gesticular ¿pero cuántos duelos hay allí que están insepultos?
En estos casos el apoyo tiene que ser tanto a nivel colectivo como individual. No se puede pensar que la fórmula es perdón y olvido. Si olvidamos no aprendemos a cuidarnos.

¿Y el trabajo que se hizo con las viudas de los policías?

Primero tenían que ser viudas en proceso de duelo, con hijos pequeños o adolescentes. Empezaron por relatar las circunstancias como murió su esposo, contar cómo eran sus hijos antes de la muerte de este personaje y cómo cambiaron. Así, ellas podían entenderlos y  generar formas para manejar la situación. Había mamás que tenían mucho miedo de que los hijos se les salieran de las manos y se habían vuelto rígidas y otras a veces rígidas y a veces laxas, entonces les ayudamos a entender que necesitaban llegar a un punto medio para construir una buena relación con su hijo. También aprendieron, entre otras cosas, que podían  llorar con sus hijos y eso las desahogaba mucho.

 

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