En un avance que redefine los límites de la medicina reconstructiva, investigadores de la Universidad del Valle lograron un hito trascendental: el desarrollo exitoso de trasplantes de oreja en cerdos con un protocolo que favorece la recuperación del paciente y disminuye el uso de fármacos. Este nuevo tratamiento responde al momento histórico que atraviesa Colombia con la reparación integral a las víctimas de violencia de género y del conflicto armado.
Las cifras son alarmantes, según el Hospital Militar, el 42% de los heridos en escenarios de guerra ingresaron con compromisos de cabeza y cuello, cerca de 366 personas en sólo dos años. La mayoría son hombres menores de 31 años. Mientras que las mujeres jóvenes son las más afectadas por los ataques de ácido, que está dejando a más de 100 afectadas cada año, para un promedio de 500 mujeres en los últimos diez años.
Valioso es el salto paradigmático que representa el desarrollo de estas operaciones, porque los cerdos recibieron satisfactoriamente las orejas de otros cerdos sin la necesidad de inmunosupresores. Hecho que abre las puertas a futuros trasplantes de cara, ofreciendo una alternativa de recuperación más rápida que contrasta con los costosos y preocupantes efectos secundarios de los medicamentos.
El desafío: aumentar la participación de las víctimas
"Nosotros tenemos un gran porcentaje de población víctima del conflicto, sobre todo gente joven, que a los 20 o 19 años a duras penas salen de sus hogares por el daño que ha dejado la guerra en sus rostros", explica el doctor Óscar Gutiérrez, líder del grupo de Medicina Regenerativa de Univalle, quien conoce de cerca los casos más graves que llegan al Hospital Departamental Evaristo García, producto de una guerra que mermó, pero que dejó a muchas personas con secuelas.
Aunque los trasplantes son una realidad en algunos países, en Colombia no están aprobados por los altos riesgos de rechazo y los graves efectos secundarios de los medicamentos inmunosupresores, que los pacientes deben tomar de por vida. Se estima que, durante el primer año del trasplante, aproximadamente el 85% de las personas experimenta uno o más episodios de rechazo agudo, que no alcanzan a ser evitados por los fármacos. Situación a la que se suma el elevado precio (14,000 dólares al año).
Casos como el de Isabelle Dinoire, la primera persona en recibir un trasplante de cara, quien falleció por un cáncer relacionado con la inmunosupresión, y Carmen Blandin Tarleton, quien sufrió un rechazo crónico que amenazó su vida, ilustran los desafíos y las limitaciones de los tratamientos convencionales, que lo convierten en una espada de doble filo. Riesgo que el Ministerio de Salud y Protección Social prefiere no asumir, pero que podría cambiar con los resultados de la Universidad del Valle.
El origen de la solución: el viaje de un científico impulsado por la comunicación
La búsqueda de una solución para aumentar la tolerancia y aceptación del tejido implantado comenzó hace décadas, con la visión del doctor Óscar Gutiérrez. “Cuando empecé a investigar, pensaba en crear un laboratorio para producción de piel humana para tratar a niños quemados", recuerda el doctor acerca de sus primeros años como docente en la Facultad de Salud.
El camino para elaborar el proyecto surgió en el año de médico rural en el departamento del Vichada, cuando entró en contacto con la sabiduría ancestral de las comunidades indígenas y su creencia en la profunda conexión entre todos los seres vivos. Esta idea, que muchos consideran una metáfora, se convirtió en el punto de partida para explorar el concepto de la comunicación celular.
“En nuestro organismo ocurren cientos de conversaciones, nuestra microbiota es un ejemplo de ello”, explica Gutiérrez. La comprensión de este fenómeno comunicativo lo impulsó a ser médico internista, a estudiar cardiología y farmacología, todo detrás de un cambio radical. El método tradicional de trasplantes está basado en hacer que el cuerpo esté tan débil que no pueda reaccionar contra el trasplante, pero el protocolo de quimerización que desarrolló ayuda al cuerpo a reconocer y no ver en el injerto una amenaza.
Una vez se recoge el órgano "lo cultivamos durante 20-24 horas y le sacamos todas las células circulantes, linfocitos, glóbulos rojos, todas las células," explica el doctor Gutiérrez, detallando el meticuloso proceso de preparación del injerto; después se pone en contacto con las células del paciente y finalmente se hace la operación. Este enfoque demostró su eficacia en trasplantes de tráquea, pulmón y riñón, y así, las personas logran vivir sin inmunosupresores.
El regreso al presente: el significado del trasplante de oreja en cerdos
Aunque diariamente se realizan trasplantes de córnea, de riñón y de corazón, los de rostro son más complejos al ser un tejido compuesto por grasa, músculos, arterias y piel, trama que conlleva muchos tipos de células y funciones. Un desafío que necesitaba del otorrinolaringólogo Jorge Holguín Ruiz, con amplios conocimientos en cirugías de nariz y reconstrucción del oído medio.
La decisión de iniciar por las orejas respondió a su ubicación estratégica, en la que hay contacto cercano con la arteria carótida, la yugular, los maxilares, el nervio facial y músculos que comprometen los movimientos del rostro. Cirugía que permitió evaluar la seguridad del procedimiento, la movilidad y la sensibilidad de los animales.
Después de superar los desafíos iniciales y ajustar la técnica quirúrgica, el equipo logró un éxito sin precedentes: los cerdos sobrevivieron, se mantuvo la funcionalidad de sus orejas y no se presentó ningún tipo de rechazo. Ambos médicos recuerdan con felicidad ver a los cerdos comiendo y disfrutando, diez días después de la intervención, bajo observación médica y sin necesidad de inmunosupresores.
Mirando hacia el futuro: un horizonte de esperanza
El triunfo de esta operación se acerca al sueño de Gutiérrez de una piel que se adapte a todos los cuerpos y represente la posibilidad de trasplantes localizados, sin todos los efectos y dificultades que trae la dependencia a los inmunosupresores. Hecho relevante para Colombia, donde la mayoría de las víctimas de la guerra están en la ruralidad, lo que dificulta la adherencia al tratamiento convencional.
En este momento, el laboratorio de Quimerización mira hacia el futuro con optimismo. Esta dupla médica fue invitada a reunirse con expertos de Harvard y la Sociedad Brasileña de Cirugía Craneomaxilofacial, en Sao Paulo, Brasil con el objetivo de exponer los resultados, discutir técnicas y hacer alianzas.
“Todos nos dicen que busquemos financiación en Estados Unidos, pero allá están enfocados en sus propios intereses”, exclama el profesor Gutiérrez. Él conoce el panorama internacional, sabe los efectos de los ‘cerebros fugados', así que prefiere profundizar en las relaciones interinstitucionales con Brasil a través del convenio de la Universidad del Valle con el Departamento de Trasplantes de la Universidad de Sao Paulo.
A veces Gutiérrez quisiera agilizar los procesos, pero prefiere dar pasos seguros para que las y los colombianos accedan a procedimientos reconstructivos y el protocolo pueda ser usado en el país.
Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de noticias Univalle












