Existen múltiples formas de percibir, procesar y responder al entorno. Reconocer esa diversidad es clave para una mejor comprensión de la salud mental. Este fue el tema central de una reciente emisión del programa radial Sanemos Juntos, conducido por Fulvia Carvajal, directora de Comunicaciones de la Universidad del Valle.
Durante esta conversación, la doctora Carolina Zapata Galeano, médica egresada de la Universidad Libre y especialista en Psiquiatría de la Universidad del Valle compartió su experiencia profesional sobre este tema.
La neurodivergencia hace referencia al funcionamiento diferente del cerebro comparado al que conocemos como neurotípico, es decir, lo que se ha asumido como “normal”. Esta diferencia no debe entenderse como una enfermedad ni como una patología. Es una expresión del neurodesarrollo con la que la persona nace; no se adquiere con el tiempo.
Dentro de la neurodivergencia se encuentran el autismo, trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, la dislexia, la discalculia, entre otros.
“Son personas que perciben los sonidos, las luces, los olores, las texturas o los sabores con una intensidad mayor”, explicó la doctora Zapata. Así, ruidos repetitivos, luces muy brillantes, ciertas prendas de vestir o determinados olores pueden generar una sobrecarga que afecta su bienestar emocional y social.
Una persona de alta sensibilidad es aquella que tiene una percepción más profunda de las emociones y de los estímulos sensoriales. Estas personas suelen tener una gran capacidad para conectar con los demás y comprender el sufrimiento ajeno. Sin embargo, esa misma profundidad emocional puede convertirse en una fuente de desgaste. La exposición prolongada a entornos sociales demandantes, el ruido, la sobreestimulación o la carga emocional de otros puede generar agotamiento, cansancio emocional y la necesidad de aislamiento.
En muchos casos, el desconocimiento de estas características lleva a que las personas altamente sensibles sean etiquetadas como raras, exageradas o difíciles, especialmente en contextos escolares y laborales.
Entre las recomendaciones más frecuentes se encuentran, el cuidado de la higiene del sueño, la práctica de ejercicio al aire libre, el contacto con la naturaleza, el uso de técnicas de respiración consciente, la meditación guiada, la música suave o los llamados “ruidos blancos”, así como actividades expresivas como la escritura y la pintura, entre otros.
Un aspecto que llama especialmente la atención es la fuerte conexión que muchas personas neurodivergentes y altamente sensibles desarrollan con los animales. “El vínculo con los animales ofrece una relación menos invasiva, más sensorial y emocionalmente segura”, explicó la médica, destacando el valor terapéutico que pueden tener estos vínculos.
“Las personas de alta sensibilidad tienen una capacidad que puede ser usada para transformar el mundo. Mirar profundamente tiene unas grandes ventajas, aunque también una carga emocional importante, pero creo que en el momento histórico en el que estamos necesitamos más personas de alta sensibilidad que logren una transformación y evolución diferente” afirmó la doctora Zapata.
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