Nubia Muñoz enfrentó grandes obstáculos para encontrar la causa del cáncer de cuello uterino. En su compromiso por garantizar el acceso a la vacuna contra el virus del papiloma humano para las mujeres de regiones tan desiguales como la suya, trató de producirla en laboratorios estatales latinoamericanos. Nominada al Premio Nobel de Medicina en 2008, no se conforma con hacer parte de la élite científica mundial, su esfuerzo por prevenir las muertes de miles de mujeres encontró nuevos desafíos en la educación frente a la vacuna.
A mediados de los años 60, una estudiante de patología en Univalle, investigaba junto a su mentor, el renombrado médico Pelayo Correa, sobre las causas del cáncer de cuello uterino, uno de los más mortales y comunes en las mujeres, especialmente en países en vía de desarrollo como el nuestro. El tema despertó tal interés en la joven, que más adelante se convertiría en la investigación a la que dedicaría más de cuarenta años de su vida, por la que recorrería más de cincuenta países, tocaría las puertas de varios gobernantes, llegaría a ser una de las científicas más citadas de Colombia en el mundo, abriría paso para la creación de vacunas, estaría cerca de ganar el Premio Nobel de Medicina y sería una embajadora de la prevención de muertes de miles de mujeres en el mundo, especialmente en el mundo del que ella proviene.
Según la Organización Mundial de la Salud, cada año, 660 mil mujeres son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino y más de 350 mil fallecen por esta causa. Las tasas de mortalidad están asociadas a condiciones socioeconómicas desfavorables: el 94% de las defunciones por la enfermedad se dan en países de ingresos bajos y medianos.
Nubia Muñoz provenía de un hogar de escasos recursos económicos, pero su tenacidad no solo le permitió ingresar a la Universidad del Valle y mantener las mejores notas, pese al celo de sus compañeros varones que descreían que una mujer los superara, en una época en la que además pocas mujeres estudiaban medicina. Con ese mismo tesón se abrió paso y les abrió paso a sus investigaciones en la ciencia global.
Aunque reconoce que la patología le dio bases importantes para su investigación, tras recibir este título, Nubia se dio cuenta de que trabajar todo el tiempo en un laboratorio podría ser rutinario para ella, de manera que se inclinó por un enfoque más poblacional. Primero obtuvo una beca para estudiar epidemiología del cáncer en la Universidad de Johns Hopkins en los Estados Unidos, país donde también estudió virología en el Instituto Nacional de Cáncer. Después consiguió viajar a Lyon, en Francia, para continuar su entrenamiento en la Agencia Internacional para Investigación en Cáncer —IARC por un año más, antes de regresar a Colombia. “Pero ese año fue toda una vida”, comenta la doctora Muñoz entre risas.
“Desde ese momento me interesé sobre todo por los cánceres que eran más frecuentes en los países en vía de desarrollo, en los más pobres: el cáncer de cuello uterino, el de estómago y el de hígado, que al final resultaron ser los causados por agentes infecciosos. Así empezó mi carrera como investigadora. En Lyon me di cuenta de que estos tipos de cáncer eran un problema de gran relevancia en América Latina, África y Asia. Allí tuve la oportunidad de trabajar con el primer equipo en Francia que hizo la vacuna contra la hepatitis B, un trabajo que me dio las bases para pensar más tarde en la del Virus del Papiloma Humano —VPH”.
Cuando hizo sus primeros estudios sobre las causas del cáncer de cuello uterino en el Registro Poblacional de Cáncer, al lado de los doctores Pelayo Correa y Nubia Aristizábal, inicialmente buscaron la relación de ese cáncer con un virus. Primero sospecharon del virus del herpes tipo 2 o herpes genital, e hicieron algunos estudios serológicos que no arrojaron datos concluyentes. No se dieron por vencidos y, alertados por un colega, viajaron tras nuevas pistas a Recife, en Brasil, donde había una alta incidencia de cáncer de cuello uterino y de pene, así como de verrugas genitales gigantes. En ese momento ya se sabía que dichas verrugas son causadas por el VPH. Nubia estaba convencida de que había que explorar ese camino.
“Estuve en Recife casi cinco meses y recogí alrededor de quinientas muestras de tumores gigantes de cáncer de cuello uterino, de ano, de pene y verrugas genitales. Me las llevé congeladas en hielo seco hasta Francia para analizarlas, pero en Lyon no teníamos un laboratorio experto en papiloma ni en herpes, así que busqué a Gerard Orth en el Instituto Pasteur, en París, y a Harald Zur Hausen en Alemania, que trabajaba el virus del herpes. Les envié pedacitos de los tumores a ambos y ahí comenzó todo”.
A partir del material recolectado por Nubia Muñoz, el científico Gerard Orth encontró que había virus de papiloma en las verrugas, como se esperaba, sin embargo, no lo halló en los tumores ―pues ahora se conoce que el VPH desaparece y solo deja fragmentos del ADN en estos―. Por su parte, aunque el grupo de Harald Zur Hausen no encontró fragmentos del ADN del herpes, logró clonar los primeros tipos de VPH con los que se desarrollaron los test de hibridación, es decir las pruebas moleculares que permiten detectar el virus.
Interesado en su investigación, el virólogo Keerti Shah de la Universidad de John Hopkins puso a disposición del equipo de Muñoz los test de hibridación más sensibles del momento. “De esta manera tuvimos las técnicas para estudiar el virus en la población y no solo en el laboratorio”, señala la científica. Así fue como en 1992, después de adelantar estudios comparativos en Colombia y España con mujeres sanas y enfermas de cáncer de cuello uterino y sus esposos, Nubia Muñoz y sus colegas publicaron el estudio que concluía que el VPH era la causa del cáncer de cuello uterino.
“Luego establecí colaboración con investigadores del Laboratorio de Free University en Ámsterdam, quienes analizaron miles de muestras que habíamos colectado en cincuenta países. Gracias a esto se logró identificar cuáles eran los tipos de VPH, porque es una familia de virus muy amplia. Hay más de doscientos tipos, pero solo unos treinta producen cáncer. Hicimos un mapa identificando los diez más importantes, que eran los responsables del 90% de los cánceres cervicales. A partir de este trabajo las farmacéuticas crearon las vacunas”, afirma la epidemióloga.
En 2008, Nubia Muñoz y Harald Zur Hausen fueron candidatos al Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre el cáncer del cuello uterino. El científico alemán se llevó el galardón.
El viacrucis de la vacuna
A principios de los años 90, Nubia Muñoz intentó producir la vacuna contra el VPH en laboratorios de su región de origen: América Latina. Basándose en la experiencia que el equipo del doctor Pierre Coursaget de la Universidad de Tours —en Francia— tenía en el desarrollo de la vacuna de la hepatitis B, buscó posibilidades en Brasil y Cuba, donde se elaboraba esta vacuna.
Coursaget y Muñoz visitaron los laboratorios de biotecnología de Cuba hasta que encontraron uno con las capacidades que requerían. “Nos dijeron que para hacer esa vacuna necesitábamos 300 mil dólares, mientras que mi presupuesto apenas llegaba a los 100 mil”, dice la científica nuevamente entre risas. “Más adelante aplicamos a una beca de la Comunidad Europea, que seguramente cayó en manos de los laboratorios que ya estaban empezando sus desarrollos, y nos la negaron. Entonces no pudimos transferir la tecnología de la Universidad de Tours a Cuba”, lamenta.
Después, la doctora Muñoz viajó a Brasil, donde el viceministro de Salud renovó su esperanza con una oferta de financiación por 400 mil dólares, además de laboratorios a los que era posible transferir la tecnología necesaria para crear las vacunas, “pero a los seis meses hubo cambio de gobierno, cambio de ministro y se cayó la cosa”, cuenta y en sus gestos se revela una sutil expresión de decepción.
Nubia y su equipo se dieron cuenta de que solo las grandes farmacéuticas tenían las condiciones para producir la vacuna. En 1994, junto con la Fundación Merieux, las invitó a una reunión para revisar el estado de desarrollo de las vacunas contra el VPH en animales y humanos. “Merck me invitó a hacer parte del consejo que supervisaría los ensayos clínicos en diferentes países para saber si la vacuna era segura y eficaz. Serían 20 países y les dije: tiene que estar Latinoamérica”.
Ante el intento fallido de hacer la vacuna en laboratorios estatales latinoamericanos, la científica caleña al menos consiguió que el gigante de la industria farmacéutica, que usó gran parte del trabajo de investigación epidemiológica de ella y su equipo, llevara a cabo la evaluación de la vacuna en cuatro países de la región: Colombia, Brasil, Perú y México.
Los ensayos clínicos demostraron que las vacunas eran muy eficaces para prevenir lesiones precancerosas de alto grado: con una eficacia de más del 95% y sin causar efectos secundarios graves, solamente fiebre y un dolor intenso en el sitio de la infección, como muchas otras vacunas.
Para Nubia, el momento más significativo de su carrera prodigiosa llegó en el 2012, cuando el ex Presidente Juan Manuel Santos la llamó para invitarla a participar en la inauguración de la campaña nacional de vacunación contra el virus del papiloma humano. “¡Eso para mí fue fantástico!”, manifiesta la epidemióloga.
En lo consiguiente, cada vez que Nubia Muñoz venía al país, se reunía con el ministro de Salud de ese entonces, Alejandro Gaviria, para discutir el programa de inmunización con la vacuna. De esta manera inició la vacunación contra el VPH en el país. “Fue excelente en el 2012 y 2013, con tasas de más de 90% de cobertura. Pero ya saben lo que pasó con el escándalo en El Carmen de Bolívar. Los medios y las redes sociales ayudaron mucho a enterrar la vacuna”, expresa con tono de indignación.
Entre mayo y octubre de 2014, cientos de adolescentes del municipio de El Carmen de Bolívar, en la costa Caribe colombiana, presentaron síntomas como desmayos, convulsiones, dolores musculares y dificultad para respirar, entre otros. En principio se señaló a los alimentos que les entregaban a las menores en las escuelas, al agua y a los pesticidas, pero más adelante inculparon a la vacuna, aunque niñas y niños que no habían sido vacunados presentaban cuadros similares.
A pesar de que el Instituto Nacional de Salud —INS concluyó que los componentes de la vacuna no eran responsables del malestar mediatizado que sufrieron las niñas de las escuelas de El Carmen de Bolívar, sino que todo apuntaba a una reacción de estrés masivo por la inyección, el daño estaba hecho: el programa de vacunación se vino abajo.
“Eso fue en el 2013, hace más de diez años y las tasas de cobertura pasaron de superar el 90% a bajar hasta el 10%. Estamos tratando de que se recupere, pero ha sido difícil porque en todos los países la manera más fácil de lograr buenas tasas de vacunación es yendo a las escuelas y colegios, preparando a los niños y explicando a los maestros lo que se va a hacer y que ellos lo expliquen a los padres de familia. Una campaña amplia de educación se perdió en ese momento”, apunta la epidemióloga, pues tras el mencionado escándalo, la vacunación dejó de hacerse en las escuelas y se trasladó a los puestos de salud.
De acuerdo a cifras del Ministerio de Salud y Protección Social, en 2024 la cobertura en niñas en el país llegó a 53%. En niños, la vacunación a nivel global comenzó mucho más tarde. En Colombia el programa para ellos inició el año pasado y estuvo en un 42%. Por otro lado, desde mediados del año anterior, en Colombia se extendió la edad de vacunación contra el virus: en niñas de 9 a 17 años y en niños de 9 a 14 años.
El VPH es una enfermedad de transmisión sexual con la que los hombres, además de ser vectores de contagio, pueden desarrollar cáncer de pene, ano y orofaringe.
“Por eso en los primeros estudios que hicimos en Cali, en los años 80, no solamente incluimos mujeres con y sin cáncer, sino también a los maridos de esas mujeres y confirmamos que el virus estaba en los hombres”, refiere la doctora Muñoz. Sin embargo, la epidemióloga es enfática en señalar que en las regiones que tienen mayor incidencia de cáncer de cuello uterino, como África, América Latina y parte de Asia, la prioridad debería ser vacunar a las niñas, pues son las mujeres las principales víctimas de esta enfermedad. Este cáncer es el cuarto más frecuente y uno de los más mortales en las mujeres.
Actualmente, un 70% de los países del mundo ha introducido la vacuna contra el VPH en sus programas de vacunación. “Donde hay buenos programas, como en Europa o Australia que iniciaron en el 2007-2008, se ha comprobado que la vacuna no solamente previene lesiones precancerosas, sino el cáncer. En los estudios hechos en Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Australia y los Estados Unidos se evidencia una disminución en cáncer invasor, así que no hay razones para dudar de la eficacia de la vacuna”, enfatiza la científica.
Cali tiene una de las coberturas de vacunación contra el VPH más altas de la nación: cerca del 86% en niñas, aunque en niños es menor. Por su parte, Buenaventura ocupa el último lugar en el Valle del Cauca, con apenas un 20%. El fenómeno de baja vacunación se repite en otras ciudades costeras del país como Cartagena y Barranquilla.
En departamentos como Arauca, donde la Liga contra el Cáncer implementó un programa de inmunización, la cobertura es cercana al 70%. En Boyacá y Nariño las cifras también avanzan.
Educación y promoción de la vacunación, es la dupla recomendada por Nubia Muñoz para prevenir que más personas adquieran el VPH.
En 2016, la Universidad del Valle le otorgó el Doctorado Honoris Causa junto a su maestro, el doctor Pelayo Correa. “Fue también un homenaje muy sentido y bonito”, afirma con cálida vehemencia. A sus 85 años —y a pesar de que hace algunos se retiró—, esta caleña egresada de Univalle continúa promoviendo en el mundo el uso de la vacuna que ayudó a crear contra todos los obstáculos. Nubia no se cansa de luchar por evitar que se pierdan las vidas de muchas mujeres por causa del cáncer de cuello uterino.
Por Yizeth Bonilla Vélez












