Salud

Trastorno obsesivo compulsivo

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Lunes, 21 Octubre 2024
Agencia de Noticias Univalle

El médico y psiquiatra William Fernando Pérez fue invitado al programa radial Sanemos Juntos de la Universidad del Valle para abordar el tema del "Trastorno Obsesivo Compulsivo" (TOC).
William Fernando Pérez es médico egresado de la Universidad del Cauca y psiquiatra de la Universidad del Valle.

Al hablar de un trastorno obsesivo compulsivo, nos referimos a una patología que afecta de forma severa la funcionalidad de las personas. Este trastorno se conforma de dos componentes fundamentales: obsesiones y compulsiones.
Las obsesiones se definen como la presencia de ideas, imágenes o impulsos que surgen de manera repetitiva y recurrente en la persona. Estas situaciones generan displacer o malestar, y el individuo desea rechazarlas, ya que son ajenas a su pensamiento y su sentir. La mayoría de las personas con TOC experimentan compulsiones, que son comportamientos o rituales que surgen como respuesta a las obsesiones, con el fin de calmar el malestar que estas generan.
En cuanto a los síntomas físicos, es importante mencionar que el TOC no suele asociarse comúnmente con otras patologías de salud mental, sin embargo, uno de los trastornos más frecuentes que lo acompaña es la ansiedad, dado que el malestar ocasionado por las obsesiones y compulsiones puede desencadenar síntomas físicos, como palpitaciones, sudoración y temblores. En casos más crónicos, el trastorno puede afectar aspectos más físicos, como la concentración y el rendimiento académico o laboral.
Hoy en día, muchos comportamientos repetitivos, como el uso excesivo del celular, de la computadora o de videojuegos, pueden parecerse a los del TOC, sin embargo, la clave radica en el displacer que genera el trastorno. Mientras que el uso del celular puede ser disfrutado y no causar malestar, el TOC implica un rechazo constante de las obsesiones.
Una persona con TOC puede dedicar más de una hora diaria a sus obsesiones y compulsiones, lo que impacta significativamente su funcionalidad laboral, social y económica. Además, el tipo de ideas que se presentan en el TOC puede variar, por ejemplo, las obsesiones relacionadas con la limpieza y la contaminación son comunes, al igual que las obsesiones religiosas, donde la persona se siente impura o pecadora. Esto puede llevar a compulsiones como rezar repetidamente o realizar rituales.
Cuando una persona presenta una obsesión por el orden de manera patológica, la diferencia radica en que su necesidad de orden genera malestar y compulsiones que interfieren en su vida diaria, por ejemplo, mientras una persona ordenada puede mantener su closet organizado sin problemas, alguien con TOC puede pasar horas organizando sus camisas por colores, lo que se convierte en una traba para cumplir sus objetivos.
Las investigaciones en este campo indican que el TOC tiene una base biológica, con cambios en la actividad cerebral que afectan el control de pensamientos, emociones e impulsos. Existen regiones específicas del cerebro que se alteran, lo que resulta en una rigidez de pensamiento que dificulta la adaptación a nuevas situaciones. Además, hay un componente genético; las personas con antecedentes familiares de TOC tienen mayor riesgo de desarrollarlo.
Los tratamientos para el TOC son variados y efectivos. Es crucial que las personas comprendan que hay opciones disponibles. Durante décadas, se creyó que el TOC era infrecuente y difícil de tratar, lo que llevó a muchas personas a no buscar ayuda debido a la vergüenza. Actualmente, se estima que más del 4% de la población mundial padece TOC, y muchos responden bien a los tratamientos.
Los enfoques terapéuticos incluyen tanto tratamientos farmacológicos, como antidepresivos y antipsicóticos, como psicoterapia. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición con prevención de respuesta son dos métodos importantes. La primera busca reeducar patrones de pensamiento rígidos, mientras que la segunda expone gradualmente al paciente a sus obsesiones, ayudándolo a controlar su respuesta sin recurrir a compulsiones.
Además, se están investigando tratamientos más avanzados, como la estimulación cerebral profunda, que implica la colocación de electrodos en áreas específicas del cerebro para reducir la hiperactividad que contribuye a los síntomas del TOC.
Es fundamental que tanto las personas afectadas como sus familias, entiendan que el TOC es una enfermedad real, con un origen biológico y psicológico. El sufrimiento que genera es intenso y puede afectar profundamente la vida cotidiana de quienes lo padecen. Esta patología, y en particular las psiquiátricas, generan una disfunción notable. Como psiquiatras, comunidad y familiares, debemos reconocer el gran sufrimiento que enfrentan estas personas.
Es importante señalar que el diagnóstico psiquiátrico, en este caso, puede convertirse en una barrera que limita la responsabilidad y la agencia de la persona afectada. El rótulo de TOC, depresión o ansiedad puede llegar a definir la vida de una persona, en lugar de servir como una herramienta de comunicación entre profesionales para entender el sufrimiento.
Finalmente, con el apoyo adecuado y los tratamientos disponibles, quienes padecen TOC pueden encontrar un camino hacia una vida más funcional y satisfactoria.

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