La transformación de Cali: el impacto de la COP16

 Durante quince días, Cali fue una ciudad más verde, más hablada, más caminada. Se llenaron los hoteles, se encendieron los teatros, se activaron los parques. La COP16 fue más que una cumbre de expertos en biodiversidad, también fue un encuentro vivo entre el mundo y una ciudad que se puso a la altura. Dos economistas de la Universidad del Valle se propusieron descubrir qué le dejó la COP16 a la ciudad.

 Por: Salomé Andrea Mizrachi
Estudiante de Comunicación Social
Agencia de Noticias Univalle

Quien caminó por Cali en octubre de 2024 fue testigo de cómo la capital del Valle se convirtió en un organismo vivo con calles al ritmo de pasos provenientes de todas partes del mundo. A lo largo de la ciudad se desplegaron intervenciones artísticas, jornadas de sensibilización ambiental, conversatorios, exposiciones, entre otras tantas actividades que invitaban a pensar el futuro del planeta. Cali no fue la sede de la COP16, fue su corazón palpitante.

Detrás de la música, los debates y las pancartas, hubo algo profundo: un movimiento que dejó marcas en la economía local, en el turismo, en la manera como la ciudad se piensa a sí misma. Medir ese impacto no es contar dinero ni personas, es preguntarse cómo un evento internacional transforma lo cotidiano. Es necesario saber qué quedó cuando se apagaron las luces y cómo ese pulso sigue latiendo.

Por eso, desde el Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (CIDSE) de la Universidad del Valle, un equipo liderado por los profesores Harvy Vivas, doctor en Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y actual decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, y Javier Castro, doctor en Estudios Políticos de la Universidad del Externado, realizó una evaluación del impacto socioeconómico de la COP en Cali. Con encuestas, entrevistas y análisis de datos, construyeron un informe que no solo habla de cifras, sino también de la ciudad. 

Cifras que hablan claro

Durante la COP16 se activaron sectores claves de la economía local, se observó cómo restaurantes, hoteles, transporte y comercio sintieron el impulso de esos días intensos. El profesor Harvy Vivas señala que lo importante no fue únicamente cuánto se gastó, sino lo que generó en la ciudad: aumentaron empleos, ingresos y lo que se conoce como valor agregado, es decir, la capacidad real de una región para generar riqueza y bienestar. “Hubo impactos muy importantes sobre valor agregado, sobre ingresos operativos de las empresas que fueron elevados”, explica. Esto significa que muchas empresas aumentaron su actividad, incrementaron sus ventas y crecieron.

Saber qué dejó un evento de esta magnitud no solo es crucial para gobiernos o universidades, sino para toda la ciudadanía, porque cuando se habla de cinco mil empleos generados en la primera semana de la COP, no se habla de números abstractos. Se habla de familias que llevaron más ingresos a casa, de personas que encontraron una oportunidad laboral en un momento difícil. “Generar esta cantidad de empleos no es fácil y mucho menos en una economía donde las tasas de desempleo son elevadas y existen altos niveles de informalidad”, explica el profesor Vivas. Cada empleo genera una cadena que permite un alza en el consumo y mayor tranquilidad en el hogar. “Implica tener una mayor disponibilidad de ingresos para estudio, recreación, salud, y a su vez genera efectos indirectos sobre el bienestar de las personas”, agrega.

A este impulso económico se suma otro resultado. Por cada peso invertido por la Alcaldía de Cali, se generaron cuatro en beneficios económicos. Y detrás de los datos, la cooperación fue igual de valiosa. “Se vio un ejercicio de gobernanza efectivo entre lo público y lo privado, con beneficios tangibles”, resalta Vivas. El sector académico, la sociedad civil y el empresariado coincidieron en esfuerzos, generando una especie de “círculo virtuoso” que vale la pena repetir, según el profesor. 

La ciudad también se transformó simbólicamente, zonas verdes como el corredor del río Cali, la zona de biodiversidad y espacios públicos recuperados se llenaron de vida y conversación. Ese impulso ciudadano es parte del legado menos visible, pero potente, que dejó el evento y fue consagrado en la Evaluación de impacto económico y social de la COP16 sobre la actividad económica del distrito de Santiago de Cali.

 

Bajo la lupa de muchos ojos

La ardua tarea de analizar todas estas cifras para realizar un informe sobre la magnitud que tuvo la COP16 no era posible con tan solo las manos de dos profesores. Así que al equipo se unió un extenso grupo de personas que hizo posible la recolección y el análisis de la información a través de métodos cualitativos y cuantitativos. Participaron expertos en investigación provenientes de distintas disciplinas como la sociología y las comunicaciones, claves para entender las cinco dimensiones que se habían propuesto analizar: económica, de percepciones, de valoración, mediática, y de comunicaciones y difusión. También se contó con un equipo de monitores y el apoyo técnico de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia - Cotelco, encargada de aplicar los cuestionarios creados por el CIDSE.

Esta experiencia fue un reto personal y profesional para el profesor Harvy, quien había sido nombrado recientemente como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Aunque ya había dirigido estudios de este tipo sobre la ciudad alrededor de eventos como la Feria de Cali, la COP16 planteó un desafío único por ser una cumbre abierta, con participación masiva y eventos distribuidos por toda la ciudad. “Representaba un reto poder captar esas cinco grandes dimensiones, siendo riguroso y respetando la aplicación de los diferentes instrumentos” menciona.

La investigación no se vivió desde los escritorios. El profesor estuvo en el terreno, caminando por las Zonas Verde y Azul, asistió a eventos académicos y conferencias. Junto a sus colegas estuvo en los espacios donde había una mayor circulación de población y lo que lo marcó fue ver cómo el río Cali se convertía en un escenario vivo para hablar de sostenibilidad y biodiversidad. “Se mostró como sitio de congregación, de confluencia, de interacción, no solamente alrededor de la salsa, sino también alrededor de temas ecológicos” comenta Vivas.

Más allá de los modelos, los cálculos y las matrices, la experiencia dejó huella. “Para mí fue motivo de regocijo, ver las magnitudes del impacto y poderlo compartir”, recuerda el profesor, quien valora este trabajo como una oportunidad única para proyectar a Cali como una ciudad sensible a los temas ambientales y capaz de albergar eventos de talla mundial.

 

 

 

Lo que no se debe perder

Cuando termina un evento como la COP16, es fácil que las cifras queden guardadas en un archivo, que los afiches se borren de las paredes y que los discursos se pierdan entre nuevas noticias. Pero detrás de todo lo que pasó durante esos días en Cali, se dio una transformación real que merece ser comprendida. Por ello, resulta necesario examinar las evaluaciones de impacto.

Aparte de mostrar lo que ocurrió, estos estudios ayudan a entender el pasado reciente y a prepararse mejor para lo que viene. “Si una ciudad como Cali va a apostar por eventos de gran magnitud, al menos tiene estos antecedentes que le dicen «Oiga, Mire, Vea, por cada peso invertido se generan tantos impactos»”, señala Vivas. Sumado a esto, conocer cómo se usaron los recursos públicos —más de 125 mil millones de pesos entre aportes locales y nacionales— permite evaluar con rigor qué funcionó y qué se puede mejorar.

Entonces, ¿cómo asegurarse de que todo lo que se logró no se pierda entre el ruido de lo cotidiano? El profesor lo resume con claridad: “Yo diría que hay que conservar el sello distintivo de Cali como una ciudad biodiversa, que puede traer resultados sorprendentes aprovechando todo el entorno ecosistémico que tenemos en la ciudad y en la región”.

Es decir, que lo sembrado durante esas dos semanas siga creciendo. Que los farallones, los ríos, los humedales, —ese “corazón verde” de la ciudad— no vuelvan a ser solo paisaje, sino parte de un proyecto colectivo. “Yo me imagino una Cali del futuro en la que podamos explorar un turismo ecológico de alto nivel, competitivo en el escenario internacional”, dice Vivas, con la esperanza de una ciudad que combine participación ciudadana, visión académica y gobernanza pública. 

Si Cali fue un organismo vivo durante la COP16, ahora el desafío es mantener ese pulso. Que la sensibilidad y la proyección que dejó no sean apenas un recuerdo, sino una hoja de ruta para lo que viene.

Por Salomé Mizrachi Medina, Agencia de Noticias Univalle

 



El cuerpo es la casa que habitamos

“No podemos permitir que la alimentación se convierta en una relación sufrida. Comer debe ser un acto amoroso”

Es normal que a lo largo de la vida cambiemos nuestra relación con la comida: en los gustos, en las cantidades, en los horarios. Sin embargo, hay momentos en los que esas transformaciones dejan de ser simples adaptaciones y se nos convierten en un problema. Un problema que, en la mayoría de los casos, no tiene que ver solamente con el alimento, sino con la forma en que nos percibimos a nosotros mismos.

El tema “Trastornos en la alimentación. De comer demasiado a no comer nada” fue el eje central de una reciente emisión del programa radial Sanemos Juntos, conducido por Fulvia Carvajal, directora de Comunicaciones de la Universidad del Valle. En este espacio, Carolina Zapata Galeano, médica egresada de la Universidad Libre y médica psiquiatra de la Universidad del Valle, compartió su experiencia profesional sobre este tema que afecta a tantas personas.

La relación con la comida se construye desde el nacimiento. A lo largo de la vida, se moldea según nuestras vivencias, crisis personales o situaciones emocionales. “A veces, la comida funciona como un flotador emocional: algo que nos ayuda a transitar el dolor o la ansiedad”, comenta la médica. Pero cuando este vínculo se convierte en la única herramienta para enfrentar la realidad, cuando se prolonga en el tiempo, cuando se transforma en una obsesión, debemos detenernos y prestar atención. 

Para la psiquiatra, hay señales que no se pueden ignorar: la preocupación excesiva por el peso, la distorsión de la imagen corporal, la pérdida progresiva de peso, especialmente en adolescentes, y el cambio en la forma de relacionarse con el alimento.

La médica Carolina Zapata advierte que muchas veces la pérdida de peso no es notada a tiempo por la familia. A veces pasan semanas, meses, incluso años, antes de que alguien se dé cuenta de que un adolescente ha perdido seis o siete kilos, por eso es importante compartir las comidas en familia, observar, conversar, prestar atención a lo que se dice y a lo que no cuando se está en la mesa.

El gusto por ciertos alimentos también habla de nosotros. Muchas personas encuentran refugio en los dulces, y no es casualidad: el azúcar suele estar vinculado a recuerdos de la infancia, a momentos de tranquilidad o, en contraste, a momentos de gran ansiedad. 

También hay factores económicos y de tiempo que afectan la alimentación. En un mundo acelerado, muchas veces se opta por alimentos ultraprocesados que no requieren preparación, a costa de una nutrición adecuada.

El entorno social y cultural también tiene un gran impacto. Hoy, los modelos de belleza impuestos por las redes sociales promueven cuerpos extremadamente delgados, muchas veces inalcanzables, y eso genera una presión constante, sobre todo en los jóvenes. Cada cuerpo es distinto y tiene su propia estructura. La médica insiste en que es fundamental aceptar esa corporalidad y construir desde ahí una relación sana con el cuerpo y la comida. No se trata de encajar en un molde, sino de entender quiénes somos y qué necesita nuestro organismo.

Esta presión social también se vive con fuerza en disciplinas como la danza, el modelaje o el deporte, donde se exige un patrón corporal específico. Por ejemplo, en los últimos años, la cultura coreana ha influido notablemente en adolescentes que buscan replicar la apariencia de sus ídolos: quieren su delgadez, su tipo de piel, su dieta. En ese intento, muchas veces terminan adoptando conductas alimentarias extremas que los afectan profundamente.

Los trastornos alimentarios no son una moda ni un estilo de vida. Son enfermedades médicas serias que afectan tanto la salud física, como la emocional. Pueden causar daños en órganos vitales, alteraciones hormonales, problemas gastrointestinales, deficiencias cognitivas, entre otros. En los casos más graves, se cronifican. Las cifras son alarmantes: entre el 10% y el 20% de los casos pueden volverse permanentes, y de ellos, el 10% termina en muerte. El 5% se relaciona directamente con el suicidio.

La anorexia, por ejemplo, se manifiesta en la pérdida significativa de peso, la restricción alimentaria, los ayunos prolongados y el uso de laxantes o vómitos inducidos. En adolescentes mujeres, un signo alarmante es la desaparición de la menstruación, lo que indica que el cuerpo ya está comprometido nutricionalmente. 

En la bulimia, en cambio, se alternan atracones de comida con episodios de culpa y vómito. Estos comportamientos pueden presentarse incluso en adultos, y tienden a volverse repetitivos e incontrolables.

Sin embargo, para muchas personas, acudir al psiquiatra sigue siendo una decisión difícil. Todavía existe un estigma, un temor asociado a la locura o a lo irreversible, por eso es tan importante explicar que “el tratamiento no solo involucra medicamentos para estabilizar procesos biológicos, sino también un acompañamiento emocional, una escucha profunda que ayude a sanar desde la raíz. Ambos enfoques deben ir juntos”.

“Cuando una persona llega a consulta, el primer paso es entender en qué momento del trastorno se encuentra. Algunos pacientes están comenzando y no necesitan medicación; otros requieren atención médica urgente y un equipo interdisciplinario: nutricionistas, psicólogos, pediatras, endocrinólogos, trabajadores sociales y, en muchos casos, la familia porque el síntoma no siempre pertenece solo al paciente. A veces es la expresión de un entorno familiar silenciosamente enfermo. Muchas adolescentes, por ejemplo, heredan sin saberlo los mandatos de una madre obsesionada con la delgadez, que pesaba la comida, que vivió a dieta toda su vida. Estos mensajes quedan instalados en el inconsciente y pueden manifestarse años después, sin que nadie lo note”, señala.

Carolina Zapata lo resume con una frase que suele repetir a sus pacientes: “El cuerpo es la casa que habitamos y esa casa debe estar bien por dentro.” Cada cuerpo es único, y no todo lo que funciona para uno funcionará para otro. Por eso, más allá de modas o tendencias, lo más importante es tener una alimentación adecuada a nuestras necesidades reales, guiada por profesionales que nos ayuden a hacerlo con conocimiento, respeto y cuidado.



La universalidad de la universidad

Fue una mujer quien fundó la primera universidad del mundo

Por: Edgard Collazos Córdoba
Profesor Escuela de Estudios Literarios

Doscientos veintisiete años después de la muerte de Mahoma en Medina, Fatima al- Fihiri fundó la primera universidad del mundo en Marruecos; y en el año 1088 después de Cristo, los monjes cristianos en la Edad Media fundaron en Bolonia, Italia, la primera universidad de Europa.

Fátima al- Fihiri era hija de emigrantes de Cairuan. Había llegado a la ciudad de Fez, con sus padres, huyendo de las controversias sociales y políticas. De niña, su padre, un rico comerciante, le impartió educación universal y la instruyó en el único mundo que consideraba debía existir: el universo de los libros y el estudio. A su muerte, Fátima, iluminada por sus deidades, tuvo la genial e insólita idea de invertir su enorme herencia en fundar una institución educativa, y así fue, como inició la construcción el primer día del Ramadán o el noveno mes del calendario islámico, caracterizado por el riguroso ayuno diario del amanecer hasta la salida de los astros; esas largas horas dedicadas a la reflexión y a la intensa lectura e interpretación del Corán.

La construcción duró dos años, tiempo en el que Fátima extendió su Ramadán y ayunó día a día, quizás solicitando la ayuda de Alá, quien escuchó el fervor de sus oraciones y permitió que el proyecto educativo se llevara a un final feliz.

La Universidad de Al Qarawyyin está situada en el corazón de Fez, en una plaza conformada por una enorme y sagrada biblioteca, y una mezquita. En el inicio solo se leía el libro sagrado, pero poco a poco los discípulos de Al Qarawiyyin se formularon más preguntas y así se transformó en una institución universitaria, donde se enseñó lingüística, gramática, medicina, música y astronomía. Su influjo en el mundo occidental fue tan vasto, que el Papa Silvestre Segundo, en el siglo X, después de asistir a sus claustros, introdujo los números arábigos en Europa y Maimonides, el filósofo judío, en la rigurosidad de esas aulas, trazó las primeras ideas de su filosofía.

Doscientos veintisiete años después, en Bologna, inspirados por centenares de preguntas imposibles de responder, tal vez bajo el precepto socrático “solo sé que nada sé” y de la filosofía nominalista de Aristóteles, en la Edad Media, época de cruzadas religiosas y escolástica, cuando se trataba de apoderarse de Jerusalén y de unir razón y fe, los monjes cristianos, hacia el año 1088, fundaron la primera universidad de occidente.

Nació de las escuelas monásticas capaces de reunir una comunidad de intelectuales a la que llamaron en latín Universitas magistrorum et scholrium, comunidad que evolucionó y fue imitada en toda Europa donde florecieron las universidades que hoy conocemos, instituciones donde hasta en nuestros días el espíritu de Al Qarawiyyin y la Universitas Magistrorum prevalece intacto, quizás porque en esas dos partes del mundo el saber es una forma de acercarse a lo divino o es un designio que seguirá inspirando a oriente y occidente.

 

El pequeño mundo de las ardillas de cola roja

¿Has escuchado pequeños chirridos entre las ramas de los árboles? Corren, se persiguen, se detienen, se observan y vuelven a jugar. Su cola larga y esponjosa, su color rojo anaranjado y sus ágiles movimientos las delatan: son las ardillas de cola roja.

Por Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle

Esta especie, científicamente conocida como Sciurus granatensis, es nativa de América Central y del norte de Sudamérica. Su hábitat abarca desde Costa Rica hasta Ecuador, incluyendo amplias regiones de Colombia. Se trata de un animal diurno, arbóreo y, en general, solitario, aunque puede observarse en grupos durante la época reproductiva, en zonas de alimentación o cuando cuida a sus crías.

La cola de estas ardillas no solo es vistosa, sino también funcional. Les ayuda a mantener el equilibrio mientras se desplazan entre las ramas, les sirve de abrigo en climas fríos y actúa como un medio de comunicación con otras ardillas. Esta versatilidad ha sido clave para su éxito evolutivo y su adaptación a diversos entornos.

Un dato curioso sobre esta especie: las ardillas hembras son territoriales y defienden activamente su espacio frente a otras hembras vecinas, mientras que los machos, en cambio, son mucho más tolerantes entre sí.

Estos mamíferos juegan un papel ecológico fundamental: son dispersoras de semillas. Al alimentarse de frutos y semillas, muchas veces las entierran o esconden como reserva para épocas de escasez. Además, su dieta omnívora incluye insectos y pequeños vertebrados, lo que demuestra su gran capacidad de adaptación alimenticia.

Según el biólogo Óscar Enrique Murillo García, docente del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, las ardillas comenzaron a colonizar la Ciudad Universitaria de Meléndez a finales de la década de 1990. Desde entonces, se han distribuido ampliamente por el campus, estableciendo una población saludable. “Se reproducen con frecuencia y se observa una población estable. Todo indica que pueden mantenerse en el futuro si se siguen preservando sus condiciones de vida”, señala el docente.

Desde la biología, las ardillas ofrecen lecciones fascinantes, gracias a su excelente memoria espacial: recuerdan con gran precisión dónde dejaron cada reserva. Esta habilidad, explica el profesor Óscar Murillo, podría ser clave para futuras investigaciones sobre el funcionamiento de la memoria y algunas enfermedades.

A pesar de su adaptabilidad, las ardillas enfrentan serias amenazas. En ambientes urbanos, los principales peligros provienen de los animales domésticos, especialmente perros y gatos, que pueden cazarlas. Otra amenaza es el ser humano: su apariencia tierna y simpática lleva a que algunas personas intentan capturarlas como mascotas, lo cual representa un grave error. Las ardillas son animales silvestres y deben mantenerse en su entorno natural.

En ambientes rurales, estos mamíferos se enfrentan a depredadores naturales como los monos capuchinos y las boas. Sin embargo, estas especies no se encuentran en áreas urbanizadas como el campus."

Las ardillas hacen parte de la vida cotidiana en el campus de Univalle. Con el tiempo, se han convertido en compañeras silenciosas, en curiosas observadoras de pasillos y árboles.

En el marco de la celebración de los 80 años de la Universidad del Valle, exaltamos su presencia como símbolo de convivencia con la naturaleza, como ejemplo de adaptación, y como recordatorio de que la biodiversidad también tiene un lugar dentro de la ciudad.

Cuidarlas, respetarlas y aprender de ellas es, también, una forma de celebrar nuestra historia y proyectar un futuro más consciente y sostenible.

RADAR: una herramienta contra el cáncer infantil

Un proyecto de la Universidad del Valle y la Fundación POHEMA busca salvar vidas al identificar, desde etapas tempranas, a las familias más vulnerables al abandono del tratamiento oncológico infantil.

Por Isabel Cristina Aguado Becerra
Agencia de Noticias Univalle

En los pasillos de los hospitales pediátricos se libra una batalla silenciosa. Mientras los médicos luchan contra el cáncer, otra amenaza pone en riesgo la vida de los pequeños pacientes: el abandono del tratamiento.

En Colombia, se diagnostican aproximadamente 1,700 niños con cáncer al año. De estos, el 9% abandona el tratamiento, una cifra que en poblaciones vulnerables puede superar el 12%. Aunque muchos regresan eventualmente, las brechas prolongadas en la atención tienen un impacto mortal: la mayoría de estos niños no logra sobrevivir a la enfermedad.

En las últimas décadas, el abandono del tratamiento ha disminuido en ciudades como Cali, pasando del 30% a cerca del 6%, gracias a estrategias como la navegación de pacientes y el uso de la herramienta RADAR. Esta fue desarrollada por un equipo de investigadores liderado por la profesora Elvia Karina Grillo (Universidad del Valle), en colaboración con el doctor Óscar Ramírez (Fundación POHEMA), con el objetivo de anticiparse al abandono y salvar vidas.

Detectar el riesgo a tiempo
El proyecto RADAR (Red de Alerta para el Abandono del Tratamiento en Cáncer Infantil) nació de una pregunta urgente: ¿cómo detectar, desde el inicio, cuáles pacientes tienen mayor riesgo de abandonar su tratamiento? La respuesta fue una herramienta predictiva que, con solo tres variables, permite clasificar a los pacientes en riesgo bajo, medio o alto.

“Las razones del abandono del tratamiento son sociales, culturales y económicas”, explica el doctor Óscar Ramírez, pediatra oncólogo, epidemiólogo y coordinador del sistema de vigilancia de resultados clínicos de niños con cáncer (VIGICANCER). “No todos los niños tienen el mismo riesgo de abandonar el tratamiento y es importante tenerlo en cuenta al momento del diagnóstico, para intentar prevenir este evento que impacta la supervivencia”.

El cáncer puede presentarse a cualquier edad, el infantil es aquel que se presenta en menores de 15 años. Algunos cánceres en esta edad son curables y no recibir tratamiento o abandonar el tratamiento dejándolo inconcluso tiene consecuencias devastadoras. “En algunos estudios, más del 80 % de quienes interrumpen la terapia mueren debido a recaídas que podrían haberse prevenido”, advierte Ramírez.

Una escala clara para tomar decisiones oportunas
A partir del análisis de 5.442 casos con 355 abandonos se identificaron tres variables claves que aumentan el abandono:

-Régimen subsidiado: indicador de vulnerabilidad económica.
-Residencia rural: dificultades geográficas y de acceso al sistema de salud.
-Vivir en una zona sin unidad de oncología pediátrica: barreras institucionales.

Con base en estos datos, se asigna una puntuación que ubica a la familia en una categoría de riesgo: verde (bajo), amarillo (intermedio) o rojo (alto). Esta clasificación, que se aplica en menos de tres minutos durante la primera semana del diagnóstico, permite activar intervenciones adaptadas a cada caso: si una familia es clasificada en riesgo alto, una trabajadora social interviene de inmediato para identificar posibles barreras—como dificultades económicas o falta de apoyo familiar—y coordina acciones con el equipo médico y psicosocial para evitar que el niño interrumpa el tratamiento.

“La escala es sencilla, se aplica en menos de tres minutos y se usa en la primera semana del diagnóstico”, añade Ramírez. Estos factores fueron ponderados y transformados en una escala de puntajes que traduce el perfil de cada paciente en una probabilidad concreta de abandono.

Por ejemplo, los niños que no tienen ninguno de los factores de riesgo presentan una probabilidad de abandono cercana al 2%, similar a la de países con sistemas de salud más desarrollados. En cambio, cuando un niño presenta los tres factores de riesgo al mismo tiempo, la probabilidad de abandonar el tratamiento sube al 12%.

Entre ambos extremos se sitúan los casos intermedios: por ejemplo, un niño con aseguramiento subsidiado, pero que vive en una ciudad con servicios oncológicos, tiene una probabilidad de abandono de alrededor del 7%.

RADAR fue rigurosamente evaluada con distintos métodos y en diversos contextos clínicos, lo que respalda su confiabilidad y efectividad.

Las consecuencias del abandono del tratamiento
El cáncer infantil es poco frecuente, pero se encuentra entre las primeras diez causas de muerte en la niñez. En Colombia, la incidencia —es decir, la cantidad de nuevos casos que se presentan en un periodo determinado— es de aproximadamente 140 a 155 casos por cada millón de menores de 15 años cada año. Sin embargo, los datos siguen siendo fragmentados y poco precisos. “Ni siquiera sabemos con certeza cuántos niños con cáncer hay realmente en el país”, admite el doctor Óscar Ramírez. Esta falta de información confiable dificulta la toma de decisiones clínicas y de política pública, subrayando la necesidad de contar con herramientas como RADAR, que permiten anticiparse a riesgos concretos como el abandono del tratamiento.

El reto de implementar lo que ya funciona
Aunque la escala RADAR aún no se ha implementado de manera completa debido a limitaciones de financiamiento, ya se han identificado diversas estrategias basadas en evidencia local e internacional para reducir el abandono del tratamiento en niños con cáncer, especialmente en las familias clasificadas en riesgo alto (categoría roja).

Una de las intervenciones más prometedoras es la navegación de pacientes, una estrategia – generalmente liderada por enfermería – para identificar y eliminar barreras que afectan el acceso y continuidad del tratamiento. Esta práctica ha mostrado ser efectiva en adultos en países de altos ingresos, como Estados Unidos. Estos programas han mostrado una reducción significativa en la frecuencia de abandono del tratamiento.

Otra estrategia clave son las redes de apoyo psicosocial, que buscan crear vínculos comunitarios entre familias afectadas. En países como India, voluntarios comunitarios brindan acompañamiento emocional a las familias en zonas rurales, mientras que grupos de apoyo facilitan la conexión con otras familias que han superado el cáncer infantil, ofreciendo testimonios y motivación que fortalecen la adherencia al tratamiento.

Incluso, para disminuir la deserción, algunas experiencias han probado incentivos como la entrega de mercados o subsidios de transporte durante las sesiones de quimioterapia en Brasil. No obstante, estas medidas dependen en gran parte de recursos externos y no atacan las causas estructurales que generan el abandono, lo que limita su sostenibilidad a largo plazo.

Por último, la telemedicina y los sistemas de recordatorios mediante llamadas o mensajes se presentan como herramientas complementarias para mejorar la comunicación con los pacientes y garantizar el cumplimiento de las citas médicas.

Estas intervenciones, sumadas a la detección temprana que ofrece RADAR, tienen el potencial de transformar la atención del cáncer infantil en Colombia. Sin embargo, el principal desafío sigue siendo la inversión y el compromiso institucional para llevarlas a la práctica y garantizar que lleguen a quienes más las necesitan.

Ciencia desde lo local para transformar realidades
Más allá de su efectividad, esta herramienta prueba que la ciencia arraigada en realidades locales ofrece las mejores respuestas para problemas complejos como el abandono terapéutico en oncología pediátrica. “Conocer la realidad local es indispensable para intervenir con sentido”, subraya Ramírez. “RADAR demuestra que sí se pueden desarrollar herramientas racionales, simples y efectivas desde nuestros propios datos”.

El proyecto también ha sido reconocido por la comunidad científica. En febrero de 2025, recibió una Mención de Honor en la categoría “Mejor tesis de maestría o doctorado en salud humana (inédito)” en los Premios de la Academia Nacional de Medicina a la investigación científica.

La doctora Elvia Karina Grillo, directora de RADAR, ha sido distinguida a nivel nacional e internacional. Su liderazgo en el desarrollo de esta herramienta en el Registro Poblacional de Cáncer de Cali y con datos de VIGICANCER, la convirtió en la primera colombiana en recibir el galardón de joven investigadora por la Sociedad Internacional de Oncología Pediátrica, un reconocimiento que resalta su compromiso con la medicina y con la equidad en el acceso al tratamiento.

El cáncer infantil no perdona interrupciones y después de tener un periodo de 4 semanas sin tratamiento se reducen las posibilidades de curación. RADAR ha demostrado que es posible anticipar esto, transformando datos en acciones concretas que pueden salvar vidas.

Hoy, este proyecto sigue esperando en los archivos de la investigación, listo para dejar el papel y convertirse en el vigía que nuestro país necesita para proteger a sus niños. Su mensaje es claro: el abandono del tratamiento puede predecirse y, por ende, puede evitarse. El resto depende de nuestra voluntad colectiva para escuchar esas alertas y actuar con prontitud.

Porque en la batalla contra el cáncer infantil, la primera victoria es no rendirse y RADAR ya nos ha dado las herramientas para avanzar con decisión.

El legado de Univalle en “80 años, 80 voces”

La Universidad del Valle fue creada el 11 de junio de 1945. Este año cumple 80 años, una oportunidad invaluable para reconocer los aportes de generaciones visionarias de docentes, funcionarios, trabajadores, estudiantes y egresados y seguir construyendo futuro.

La fundación de Univalle marcó un hito para la región y para la educación superior en Colombia. A lo largo de estas ocho décadas, Univalle ha sido un pilar en la generación de conocimiento, porque ha impulsado la investigación en ciencia, tecnología e innovación. Su aporte ha transformado la región y el país, fortaleciendo en el país sectores clave y formando profesionales y científicos que han impactado el desarrollo social y económico de Colombia.

También ha trabajado de la mano con el sector productivo, transfiriendo tecnologías y creando soluciones a partir del conocimiento generado en sus aulas y laboratorios. Esto la ha posicionado como un referente nacional en innovación ambiental y social.

Como parte de su conmemoración institucional, la Universidad del Valle lanzó la estrategia “80 años construyendo futuro”, que incluye un proyecto especial: el videopodcast “80 años, 80 voces”. Además de ser un homenaje, este videopodcast destaca los valores que han definido la historia de Univalle: educación, liderazgo, innovación y compromiso social.

Esta serie la componen cápsulas audiovisuales en las que integrantes de la comunidad universitaria, egresados, académicos, administrativos y estudiantes comparten en 80 segundos reflexiones y recuerdos que han marcado su paso por la institución.

La universidad no se define únicamente por su infraestructura o sus logros académicos, sino por las personas que la hacen posible. Son ellas quienes le dan vida y sentido. A través de esta iniciativa, se busca visibilizar sus voces y fortalecer la identidad institucional.

Cada testimonio parte de una pregunta central que invita a la reflexión. Este formato permite que en solo 80 segundos se capture la esencia de cada historia, con autenticidad y cercanía.

Las 80 voces representan la diversidad y riqueza de Univalle. Líderes institucionales, directivas, exrectores, docentes, investigadores, funcionarios, egresados hablan sobre el impacto de la Universidad del Valle, de cómo la institución contribuyó al desarrollo de ciertos sectores y también cómo ha impactado en sus vidas personales. La salud, la medicina, la administración, las sedes y seccionales, la educación, la industria, la cultura, la ciencia, el conocimiento son algunos de los ejes que atraviesan estos contenidos.

Cada cápsula es una invitación a revivir momentos memorables y reconocer el impacto de la Universidad del Valle como motor de transformación. Un viaje por sus 80 años, contado por quienes la han construido.


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40 años de historia viva: La universidad que transformó nuestra región

¿Una universidad sin sede propia? Hace 40 años, en 1986, esa idea sonaba inverosímil. La Universidad  del Valle ofrecía carreras en siete municipios, pero la gente dudaba de la titulación. "Tocaba ir a convencer, casi como si vendiéramos una ilusión", recuerda Gerardo Valdés, testigo y uno de los protagonistas del inicio del Sistema de Regionalización.

Las clases se impartían en colegios, en el SENA, Juntas de Acción Comunal o coliseos. Las directivas tejían alianzas con alcaldías y líderes locales, convencidas de que el conocimiento debía llegar a cada rincón, incluso cuando el camino era invisible.

Curiosamente, los adultos fueron los primeros en creer. Gerardo Valdés, dueño del bar Utopía en Buga, un santuario de música protesta y boleros, se unió a esta gesta. A su negocio llegaron las y los profesores, compartiendo ideas para atraer estudiantes. "Así pasé de la bohemia a la academia", cuenta Gerardo Valdés, quien al graduarse se convirtió en profesor y coordinador del programa de Contaduría. 

El ingreso masivo de la juventud

Con las primeras promociones egresadas, estudiar en la Universidad ya no era una idea lejana. Era una oportunidad real. Dora Millán, actual jefa financiera de la seccional Norte del Cauca, fue una de esas jóvenes. A sus diecisiete años, en 1996, se matriculó en "Tecnología en Sistemas" en su sede local y se convirtió en la menor de su generación.

La fama de la Universidad trascendió. A Kudson Gómez la prueba de Estado no le alcanzó para estudiar en Cali, pero su padre trabajaba en la industria portuaria y le sugirió estudiar en la Sede Pacífico (hoy Seccional). "¡Buenaventura me enamoró!", exclama Kudson, "es una ciudad intermedia que lo tiene todo, nos conocemos y aquí he hecho mi vida". Él decidió quedarse al lado del mar, encontrando en su sede no solo una profesión, sino un hogar.

Más allá de las clases: cuando la universidad se llenó de vida propia

Asistir a clases fue solo el comienzo. La universidad es vida, horas libres, "recocha", amistades. El boom cultural y deportivo llegó con las edificaciones propias. Las canchas dieron paso a juegos intersedes y a viajes por los nueve municipios, tejiendo una hermandad universitaria.

El Festival de la Canción que conectó a una sede

En Buga la música es el latido de la comunidad. En 1996, estudiantes de Contaduría emprendieron una odisea para acompañar a Luis Fernando Santos, un talentoso joven seleccionado para el Festival Estudiantil de la Canción en Santa Marta. "Vendimos rifas, lechona, postres y parte de nuestros pobres recursos", añade Gerardo Valdés. El viaje fue una aventura de risas y complicidad. Luis llegó a la final, demostrando el talento regional. Esta experiencia inspiró el fomento del canto y la música en las actividades de bienestar universitario.

Hoy, la seccional de Buga cuenta con un reconocido programa de Licenciatura en Música, una Estudiantina, la Orquesta de Guitarras, El Coro Magno, la Banda Filarmónica, Ensamble de Jazz y Percusión, y el Taller de Ópera. Así como una constante participación en festivales musicales, entre ellos el destacado Mono Núñez, en el que nuestros estudiantes de los conjuntos Pa otra parte Trío, la Orquesta de Cuerdas y el Quinteto Don Miguel se presentaron de manera destacable.

El festivo antídoto para la violencia: El Mate y el Guarapo

En Tuluá la Tecnología en Alimentos, programa de gran participación empresarial, fortaleció las actividades extracurriculares con sus conocimientos en bebidas fermentadas. En 1988, la sede Tuluá fue pionera en la gestión cultural. En una época de violencia y narcotráfico, propusieron una fiesta andina del Sol y la Luna. 

"Recogíamos botellas todo el año, las lavábamos y pintábamos", rememora Alexander Aponte, quien a sus diecisiete años se prometió dirigir "El Mate y el Guarapo". Años después lo lideró como Coordinador de Bienestar Universitario. Actualmente, Alexander vive en Bogotá y hace parte del circuito artístico de la capital.

El Festival del Mate y el Guarapo demostró que la cultura podía ser el antídoto más potente contra la oscuridad. Este evento llegó a congregar hasta 10.000 personas sin una sola pelea y contó con la participación de artistas de talla internacional como Esteman, Chocquibtown y Andrea Echeverri.

Este evento y el Encuentro de Teatro Regional son las actividades insignia de esta sede, que no serían posible sin el liderazgo de la bibliotecaria Luz Marina Arango, una gestora cultural que ha acompañado a cientos de estudiantes en su pasión por las artes.

Las tardes en la Plazoleta de las Musas

En Buenaventura, la Plazoleta de las Musas es el epicentro de tertulias y el "corrinche". Por allí pasaron egresadas notables como la actual presidenta de la Cámara de Comercio de Buenaventura Alma Araujo Portocarrero. Hoy, las nuevas generaciones se inspiran allí antes de sus parciales.

En esta plazoleta la visita de Chocquibtown a Buenaventura en el 2008 es una historia que no puede faltar: "Cantaron 'Somos Pacífico' tres veces por la emoción del público", comenta Edwin Gallego. Él estudió Tecnología en Sistemas y ahora como empleado ha visto crecer a esta seccional que ha brindado la posibilidad de un trabajo estable a muchos egresados. En la actualidad, la Seccional Tecnologías en Desarrollo de Software, Gestión, Logística Portuaria, Trabajo social, Contaduría Pública, Administración de Empresas y la Licenciatura en Arte Dramático.

Del mar a la montaña Cartagueña

Al recorrer el Campus el Rosario en Cartago, la temperatura baja perceptiblemente en contraste con el centro de este municipio. Este campus es uno de los más arborizados y ofrece tecnologías enfocadas en integración ambiental y ecología. En sus salones se gestan proyectos empresariales como SkriBio SAS, del egresado Johnny Hernández, dedicado a la producción de lápices y cuadernos biodegradables. Este negocio al que dedicó su tesis fue expuesto por primera vez en la feria de emprendimientos con éxito arrollador.

En esta misma feria también participó de joven Rigo Alexander Vega, docente de la Especialización en Alta Gerencia, y un líder en la región con una empresa funeraria que genera más de 80 empleos directos y aproximadamente 40 o 50 indirectos, que dan cuenta del impacto de los egresados en el tejido empresarial y social de la región. 

Caicedonia: entre las pasiones de sembrar y leer

Estudiantes y docentes se unieron para crear el Mercado Campesino en el campus María Inmaculada de Caicedonia, allí todos los habitantes iban a comprar y a vender sus productos. Los límites entre la universidad y esta región cafetera son invisibles. Por allí pasaron con amor docentes como Sandra Bastidas (q.e.p.d), Luis Javier Herrera, César Esquilo, Carlos Mateus. 

Proyectos de recuperación de semillas con adultos mayores hacen parte de las clases de la tecnología agroambiental, así como las visitas a hospedajes y fincas cafeteras están en el corazón de la Tecnología en Gestión de las Organizaciones Turísticas y Administración de Empresas.

Otra de las actividades más características de esta sede es la Tertulia Literaria, una iniciativa de egresados de la Licenciatura en Literatura que hoy conforman el grupo Sinergia. En cada sesión la creación con el cuerpo, la voz, el movimiento, la lectura y la escritura dan cuenta que la literatura es un arte vivo.

Conocimiento ancestral y liderazgo para el Comercio Justo en Santander de Quilichao

En la seccional Norte del Cauca, las ferias de emprendimiento potencian el Comercio Justo. El estudiantado combina conocimientos campesinos, indígenas y afrodescendientes con marketing estratégico, y el apoyo universitario, quien asesoró a este municipio para que fuera la segunda ciudad de Comercio Justo en Colombia.

Esta postura social se refleja en la acogida de Estudios Políticos y Trabajo Social (presente en 7 de las 9 sedes), fortaleciendo procesos sociales. "Tener paciencia y creer, no bajar la calidad", es el lema del profesor Alejandro Morante, quien ve a sus estudiantes formarse como líderes regionales. Esta sede es un faro de equidad y empoderamiento comunitario, que hoy se extiende por Miranda, Suárez y Jamundí.

En Palmira,  las ingenierías y las humanidades encuentran su equilibrio

En Palmira la mayoría de univallunos se movilizan en bicicleta y hasta el estudiantado foráneo compra una para gozar de esta ciudad plana con vías largas, que se presta para ser recorrida sin esfuerzos. Aquí la educación inició con carreras agroindustriales que apoyan los cultivos de ají, papa, cebolla larga, fríjol y caña. Sin embargo, el espíritu deportivo de sus estudiantes abrió la Licenciatura en Educación Física y Deporte, atrayendo talentos.

También abrieron Psicología y Licenciatura en Literatura. Esta última fue la "salvación" para Adrianis quien, inscrita en ingeniería "porque era lo que había", leía a Andrés Caicedo y las obras de Chéjov.  Ella se matriculó a escondidas en la Licenciatura en Literatura. Hoy, esta gestora cultural trabaja feliz en la biblioteca de Comfandi, atrayendo a grandes y chicos a la lectura. De esta seccional son inolvidables los pasillos largos, la biblioteca de dos pisos y la huerta, visitada por todos en busca de aguacates. 

 

Las voces de Zarzal transforman calles y comunidades

En Zarzal voces de mujeres y hombres se forman con sensibilidad y propósito. Ingenierías, matemáticas y trabajo social, marcan la historia de esta Sede. Una es Isabella López, egresada de Ingeniería Industrial y amante de los animales, creó Doggy Buffet, una empresa que ofrece una alternativa saludable para mascotas, demostrando cómo la academia fomenta la innovación con impacto social

Famoso también es el mural por el derecho a decidir y la incidencia de las estudiantes en el abordaje de las violencias de género. Una bandera que Aura Isabel lleva muy alto como egresada de Trabajo Social. Ella ingresó a esta carrera con curiosidad y al saber que se fundamenta en el trabajo comunitario, la eligió como camino. 

Aura hizo un trabajo destacable con mujeres de Trujillo y posteriormente abordó la participación política de las mujeres artesanas de Roldanillo. Su liderazgo y compromiso la llevó a ser la representante de estudiantes madres en la Universidad del Valle y la visibilización de sus realidades, antorcha que como egresada el año pasado entregó a otras estudiantes madres.

Ensamble de Rock e ingenierías en Yumbo

Una de las sedes nuevas es Yumbo. Su historia empezó en abril de 1994, en el municipio de mayor desarrollo industrial del departamento. Sus estudiantes vienen liderando el sector desde sus inicios y el año pasado sucedió un hito trascendental: estudiantes de la Tecnología en Electrónica Industrial viajaron a Georgia Institute of Technology, una de las universidades públicas más importantes de Estados Unidos para compartir y complementar sus estudios. Allí se dieron cuenta que la formación de la Universidad era de nivel internacional e incluso para su semestre tenían habilidades avanzadas. Todo esto gracias al esfuerzo de sus profesores, especialmente, Lewin Andrés López. 

En esta sede también se destaca la profesora Estefanía Vergara Buriticá, una de las pocas docentes de humanidades, que se caracteriza por su exigencia y educación crítica. En contraste con esta formación de orientación matemática, una de las características de esta sede es el Ensamble de Rock, que no puede faltar en los conciertos y actividades colectivas.

El legado de 40 Años: nuevas generaciones llevan en alto el espíritu univalluno

Desde aquellos inicios en aulas prestadas, hasta hoy, cuando la Universidad del Valle celebra los 40 años de su Sistema de Regionalización, la formación de líderes se mantiene. Actualmente es un pilar de la Universidad del Valle con el 42% del estudiantado y con 1.991 estudiantes graduados en el 2024. En estos años, Regionalización ha demostrado que la educación pública es para todas las personas y que el compromiso con la comunidad es su bandera.

Entre los nuevos talentos está Emmanuel Erazo, estudiante de Música y uno de los pocos contratenores del país. Su historia con el canto está marcada por el activismo y la herencia artística. Su madre es guitarrista concertina y le inculcó a tocar el violín, pero a sus doce años abandonó esta disciplina. “Yo me pregunté ¿para qué sirve la música clásica?”, así que cambió su curso y se dedicó a hacer títeres y gestión comunitaria con su organización Condor Kuyay.

Fue durante el estallido social que sucedió el reencuentro “con mi maestra Fedora quien me invitó a cantar en el parque”. Gracias a la toma cultural en la que interpretó una pieza de Antonio Lucio Vivaldi “sin saber que estaba cantando ópera”, su voz deslumbró al público y se reencontró con este arte.

Actualmente, hace parte del Taller de Ópera de la Licenciatura en Música y comparte las clases con talentos de Guacarí, Ginebra y Sevilla, municipios de amplia trayectoria musical. Su sueño es presentarse en plazas campesinas, teatros internacionales y públicos infantiles. “Darle ese orgullo a la universidad de que el contratenor se presentó en distintos procesos” y llevar en alto el título de la Licenciatura en Música de la seccional Buga. 

Estas son algunas historias de superación y disciplina que se tejen en nuestras sedes. 

Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle

Este jueves, la Filarmónica le canta a Univalle

Como parte de las actividades de celebración de los 80 años de fundación de la Universidad del Valle, la Orquesta Filarmónica de Cali se une a esta fecha con un concierto abierto al público. Esta actividad se desarrollará este jueves 12 de junio, a partir de las 7:00 p.m., en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura. La entrada es libre hasta completar aforo.

Un recorrido sonoro por la memoria, la diversidad y la identidad humana universal
El programa del concierto de conmemoración de los 80 años de la Universidad del Valle propone un viaje musical que, aunque en apariencia ecléctico, construye un relato simbólico sobre los pilares que han sostenido la vida universitaria: el diálogo entre tradición y creación, entre herencia y territorio, entre conocimiento y sensibilidad.

Las primeras tres obras -la obertura "La Italiana en Argel" de Rossini, el primer movimiento de la "Sinfonía Hajfner" de Mozart y el segundo movimiento de la "Sinfonía Italiana" de Mendelssohn- abren el programa con un homenaje a la tradición sinfónica europea. Estas piezas, marcadas por el ingenio, la claridad formal y el lirismo orquestal, evocan los fundamentos académicos del arte musical y representan los valores universales del pensamiento ilustrado que también subyacen en los ideales universitarios: curiosidad, rigor, apertura y belleza.

A partir de la segunda mitad del programa, la mirada se transforma y se vuelve hacia lo propio. Las obras "Serenata en Chocontá" y "Serenata en Málaga" del compositor colombiano Alejandro Tobar, aportan un lenguaje fresco y personal que, desde lo local, se inscribe en el universo sinfónico global. Son piezas que revitalizan la serenata como gesto afectivo y poético, celebrando lugares y memorias que también hacen parte del tejido cultural del país.

La obra "Mi Selva (Paisaje Musical)", del maestro Lucas Jaramillo -compositor y docente de la Universidad del Valle- representa el corazón simbólico de este concierto. Escrita con una orquesta de proporciones clásicas, pero con una poética profundamente contemporánea, esta obra evoca la complejidad emocional del paisaje tropical desde el desarrollo temático y no desde el colorismo efectista. Su inclusión celebra no solo el talento creador surgido de la Universidad, sino su apuesta por formar artistas que piensan, sienten y transforman su entorno.

El cierre con el último movimiento de la Cuarta Sinfonía de Beethoven devuelve al oyente a la energía arquetípica de lo sinfónico, estableciendo un puente entre los lenguajes del pasado y los horizontes por venir. Beethoven, figura universal de ruptura y renovación, encama también el espíritu universitario: el deseo de ir más allá de lo establecido.

Este programa, entonces, no se presenta como una narrativa lineal, sino como un mosaico de tiempos, lenguajes y sensibilidades. En su diversidad, resuena la historia de una Universidad, la grandiosa Universidad del Valle, que ha sabido mirar al mundo sin dejar de escuchar sus propias voces.

Lucas Jaramillo, el compositor homenajeado
Lucas Jaramillo nació en Cali,en 1981. Recibió en 2003 su grado de Licenciado en Música de la Universidad del Valle, con especialidad en violín, que estudió con la profesora Tatiana Tchijova.

Durante dos años fue violinista de planta en la Orquesta Filarmónica del Valle del Cauca. En tiempos recientes ha sido miembro de la Orquesta Filarmónica de Cámara de San Petersburgo. Realizó estudios de Maestría en Composición en el Conservatorio Estatal Rimsky - Korsakov de San Petersburgo, Rusia, bajo la tutoría de uno de los más reconocidos compositores contemporáneos rusos, Sergei Mihailovich Slonimsky, y en 2010 recibió su diploma con honores.

Miembro de la Unión de Compositores de San Petersburgo, y de la Asociación Colombiana de Compositores de Música para Cine MUCINE, sus trabajos incluyen obras de cámara, vocales y composiciones orquestales en diferentes géneros.

Varias de sus obras han sido presentadas en Rusia en diferentes salas de música de San Petersburgo, tales como la St. Petersburg Kapella, la Casa de los Compositores, el Conservatorio de San Petersburgo, La Sala Blanca de la Universidad de la Cultura; y en Moscú, en la “Casa de la Música”. En 2010 su obra Sinfonietta, trabajo de grado en el Conservatorio de San Petersburgo, recibió su estreno en Cali en la Sala Beethoven, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Cali bajo la dirección del maestro Joao Tiago Santos (Portugal).

Lucas Jaramillo trabaja actualmente como profesor de composición y teoría musical en la Universidad del Valle.

Sobre el director del concierto
El director del concierto es el maestro Martín Buitrago Echeverri, caleño de 25 años, inició su formación artística desde temprana edad. A los ocho años ingresó como corista a la Coral Juvenil Escolanía, donde cantó durante diez años ininterrumpidos bajo la dirección de los maestros Fiorella Goeta, Adolfo Montaño y Guillermo Quiceno. En 2017 comenzó sus estudios profesionales de Música en la Universidad del Valle, donde se formó en canto lírico con la maestra Emperatriz Figueroa y composición con el maestro Lucas Jaramillo. En 2023 obtuvo su título con tesis meritoria en Dirección, guiado por los maestros Miguel López y Carolina Romero, en un concierto que reunió al Ensamble Vocal Spinto (ganador del Mono Núñez 2022), las Prácticas Corales y la Orquesta Sinfónica de la Escuela de Música de la Universidad del Valle.

Desde 2023 ha sido invitado regularmente por la Escuela de Música Desepaz para dirigir la Orquesta Juvenil de Estudiantes, Egresados y Docentes. Del resultado de esta unión vieron la luz montajes como ‘Así Suena Desepaz’, por los 18 años de la institución, y ‘De Norte a Sur’, programa de música colombiana con arreglos inéditos del maestro José David Carvajal, presentado en escenarios de renombre como el Auditorio del Centro Cultural Comfandi (nov. 2023), el Festival de la Plaza en Ginebra – Mono Núñez (mayo 2024), y el Teatro Municipal Enrique Buenaventura (oct. 2025).

El compromiso del maestro Martín Buitrago Echeverri con la música, la docencia, y la dirección lo ubican en la escena musical caleña como una figura clave para la proyección de nuevos talentos locales. Este concierto conmemorativo de los 80 años de la Universidad del Valle representa, además, un homenaje a su Alma Mater y a la relación vital que ha mantenido con ella, en una trayectoria que sigue floreciendo en múltiples escenarios de la ciudad.

 

Universidad del Valle 1945-2025

Por: LUIS AURELIO ORDOÑEZ B.

Profesor

Facultad de Ciencias de la Administración

Comparada  con las universidades fundadas en el  período colonial: Javeriana (1604); del Rosario (1653)   y con las universidades públicas fundadas en el siglo XIX, Cauca (1827), Nacional (1867) la Universidad del Valle, es una joven universidad, con logros muy importantes en un tiempo relativamente breve, 80 años.

Su carácter de universidad pública emana del Acto fundacional (Ordenanza Departamental N° 12 de 1945), lo cual le impone un devenir específico, en medio de las complejas relaciones Universidad, Estado, Sociedad, que se traduce en períodos de crisis y  de recuperación. Constitucionalmente, como universidad pública, debe ser financiada por el Estado; pero la sostenibilidad financiera ha sido una preocupación permanente durante sus 80 años.

El desarrollo de la Universidad del Valle, desplegado en el tiempo, es el resultado de innumerables acciones humanas- individuales y colectivas- que han ido construyendo su tejido histórico, en cumplimiento de la misión y el desarrollo de sus funciones básicas: Docencia e Investigación. 

 En 1945, el contexto internacional estaba dominado por la terminación de la segunda guerra mundial   y el comienzo de guerra fría entre las grandes potencias; el interno, por el inicio de la segunda fase de desarrollo industrial, paralelamente al detonante de la llamada “violencia temprana”, con sus funestas consecuencias políticas y sociales.

El período 1944-1955 fue de auge económico, determinado por la profundización del proceso de sustitución de importaciones, la producción de bienes intermedios, la participación del Estado en la creación de empresas a través del IFI y la inversión extranjera directa en la industria manufacturera.

En Cali, las empresas creadas durante las primeras décadas del siglo XX ya cubrían gran parte del mercado interno y, en la zona plana el Departamento, la industria azucarera se había ensanchado con el surgimiento de nuevos ingenios que triplicaron la producción y consolidaron la primacía del Valle del Cauca, en la producción azucarera. El eje metropolitano Cali –Yumbo fue el sitio más atractivo para la inversión extranjera por sus ventajas comparativas y competitivas. 

En tales condiciones, se comenzó a reconocer la necesidad de una universidad en Cali, pero era preciso superar varios obstáculos, entre ellos, el escepticismo que rodeó la iniciativa, basado en una percepción sesgada del grado de desarrollo industrial de la ciudad, ligada al imaginario de que Cali seguía siendo un “villorrio”, carente de la madurez cultural y el personal calificado para emprender una tarea educativa de tal envergadura. De manera especial, el clima, hacía parte de la incredulidad. 

El primer Rector, Tulio Ramírez, haciendo referencia a dicho escepticismo, expresó:

“Muy queridos amigos míos me calificaron de utópico, de desconocer lo impropio del medio para esa clase de instituciones, basados en nuestra tradición pastoril y nuestro clima de clima tórrido”[1]

 No obstante, la propuesta surgida en la Cámara de Comercio encontró acogida entre los diputados de la Asamblea Departamental, rápidamente se aprobó la Ordenanza de creación de la Universidad industrial del Valle del Cauca y se iniciaron las clases, en el mes de octubre de 1945, en una vieja casona  situada en la llamada  “calle del pecado”, (Calle 9 # 3-19). Poco después se trasladó al claustro de Santa Librada.

Las matrículas se realizaron en el Salón de Sesiones de la Asamblea Departamental: diez y ocho alumnos de la Escuela de Comercio Superior y Administración de Negocios, que fue suprimida en 1950. Diez y nueve de la Escuela de Enfermería, en el Hospital Infantil Club Noel suprimida también en 1950 y reestablecida en 1952, y setenta y seis del Colegio Femenino de Segunda Enseñanza, separado de la Universidad en 1953, hoy Liceo Departamental Femenino. En la Facultad de Agronomía, la matrícula fue de cuarenta y siete alumnos que venían de la Escuela Superior de Agricultura Tropical.” [2]

Un año después, la incredulidad se impuso.  La Universidad fue despojada de la Facultad de Agronomía, la Facultad más importante, orientada a la formación de los agrónomos que requería el Valle del Cauca, considerado entonces como despensa agrícola del país, para incorporarla a la Universidad Nacional  y se perdió la perspectiva regional, durante 40 años. 

 En 1950, se produjo la primera crisis, producto del sectarismo partidista y la intolerancia política que llevó a la arbitraria destitución del insigne cofundador y primer rector, Tulio Ramírez. Como lo advierte Elva Ortíz,:                  

Vino una especie de receso en el desarrollo Institucional. Ya su primer rector se había ausentado de ella. La joven entidad sufrió las consecuencias de los cambios en el Gobierno, pues en la época ni siquiera se soñaba con autonomía universitaria. En 1950 se consideraba inminente el cierre de la desconocida casa de estudios. El interés gubernamental, el único que le asistía,  había disminuido considerablemente[3]  ...

En la recuperación, fue crucial la creación de la Escuela de Medicina, venciendo el escepticismo, nuevamente (“En Cali hace mucho calor”). Rápidamente, la Escuela de Medicina y la Universidad en su conjunto, obtuvieron reconocimiento nacional e internacional y comenzó el proceso de vinculación de profesores de tiempo completo, para hacer estudios de posgrado en el exterior, con apoyo de fundaciones extranjeras norteamericanas; profesores que, a su regreso, debían dedicarse a la docencia y la investigación, en armonía con modelo de universidad moderna que comenzaba a germinar en la Institución. 

En 1954, el Gobernador Diego Garcés Giraldo, nombró al rector Mario Carvajal Borrero. Su gestión  se prolongó por tres períodos,  enmarcada  en el proceso de reconstrucción y modernización de la Universidad, iniciado en 1950,  a cuyos elementos más relevantes  aludió en los siguientes términos:

En el decurso de su segundo decenio la Universidad definió su orientación, que venía en germen desde su inicio.  En amplios términos, a dos pueden reducirse las notas características de la orientación aludida. En el orden interno a la integración académica y en el orden social  la proyección hacia el sector vernáculo y sus gentes[4]

Lo interno, por el surgimiento de nuevas disciplinas y la progresiva vinculación de profesores de tiempo completo. Lo externo, por la ampliación de las relaciones con empresarios, con actores del sector público y por la proyección social, a través de la Extensión.

En dicho contexto, el decano de la Facultad de Salud, Gabriel Velázquez Palau, insistió en propiciar una sólida formación integral, en ciencias naturales y humanas, que condujo a la gestación de las facultades de Humanidades y Ciencias. 

El claustro de Santa Librada resultaba insuficiente para albergar a los estudiantes (417, en 1956) y se logró el traslado a la Sede de San Fernando. Justamente el mismo año, reconociendo que las nuevas dimensiones académicas de la Universidad, desbordaban su carácter de Universidad Industrial, se promovió el cambió el nombre, por el de Universidad del Valle. 

 En los medios de comunicación de la ciudad se dejaba entrever un ambiente de optimismo y reconocimiento a la calidad académica de la Universidad. Frecuentemente se resaltaban los logros de la Facultad de Medicina, considerada como una de las mejores de Colombia y América Latina; la Facultad de Arquitectura, se mostraba a la vanguardia del funcionalismo arquitectónico y las ingenierías se exaltaban por estar a la altura de las exigencias de la época. 

En la Conferencia Nacional de Rectores, realizada en octubre de 1957, se formalizó la creación de la Asociación Colombiana de Universidades, ASCUN, y se reconoció la conformación del “Triángulo de Oro” de la Educación Superior en Colombia, conformado por la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia y la Universidad del Valle. 

Triángulo que, según algunos estudiosos del tema universitario, a veces se convertía en triangulo de conflicto, cuando el movimiento estudiantil protestaba, en las tres universidades o en alguna de ellas. En mayo de 1957, los estudiantes de la Universidad del Valle decidieron participar en el paro contra la dictadura del general Rojas Pinilla, conjuntamente con otras universidades de la capital y fueron reconocidos como héroes de la democracia. 

 A comienzos del decenio 1960, la ciudad continuaba creciendo exponencialmente, generando cinturones de miseria a su alrededor y en las empresas se presentaban graves problemas de orden gerencial, hechos que motivaron a un grupo de jóvenes a reunirse los martes en el Club Colombia e invitar a prestigiosos académicos nacionales e internacionales para analizar la situación y promover alternativas de solución. De este grupo, llamado “el grupo de los martes” surgió la Maestría en Administración, como resultado de una enriquecedora relación universidad, empresa, sociedad. 

 A escala nacional, el proceso de industrialización, la violencia y el fracaso de las políticas de reforma Agraria, en su conjunto, habían acelerado el desplazamiento de la población campesina a las grandes ciudades. En Cali, la población seguía creciendo vertiginosamente, pasando de 279.186 habitantes, en 1951 a 971.718, en 1973.  

En el marco del apresurado crecimiento urbano, el acceso a la educación superior se masificaba notablemente. En 1970, la Universidad del Valle, al cumplir 25 años de su fundación, contaba con 627 profesores (la mayoría con estudios de posgrado) y 5.032 estudiantes.

El 16 de agosto de 1966, fue nombrado el rector Alfonso Ocampo para un período de seis años, de acuerdo con lo establecido en el Estatuto General de la Universidad. 

Sus escritos más representativos sobre temas universitarios fueron editados en el Libro Visión de un Educador (1995)

En entrevista concedida al diario El País, expresó que la prioridad de su gestión estaría centrada en resolver la grave crisis financiera de la Institución, para lo cual contaba con la voluntad del nuevo Gobernador y, una vez posesionado, retomó las gestiones iniciadas en los años anteriores ante las instancias gubernamentales, los empresarios y las fundaciones extranjeras.

Internamente, dio continuidad a las iniciativas emprendidas, como Decano de Estudios, insistiendo en que  la educación universitaria debería ser integral y  trascender la transmisión de conocimientos especializados, para abarcar un panorama cultural amplio y actualizado.

En cumplimiento de sus funciones participó en algunos de los seminarios conjuntos entre rectores y directivos universitarios colombianos, con expertos norteamericanos que se realizaron en el Paso (Texas) entre los años 1962 y 1964, seguidas por reuniones en el país para  tratar  temas de política universitaria , estructura académica , la administración y las finanzas. Con base en dichos encuentros y la asesoría de Rudolph Atcon,  asesor de Unesco para planear reformas universitarias en América Latina, se  elaboró el Plan Básico de la Educación Superior, aprobado por los rectores en 1968, que incluyó la construcción de campus e instalaciones modernas en las universidades Nacional, Antioquia, Valle e industrial de Santander. 

En el primer estudio se alude los mecanismos de regionalización universitaria.

A comienzos de 1971 afloró la segunda crisis de la Universidad, iniciada por un manejo inadecuado del rector, Alfonso Ocampo Londoño, en el proceso de nombramiento de Decano de la División de Economía, generando un conflicto estudiantil que se fue creciendo hasta alcanzar nivel nacional, con la participación de todas las universidades públicas y algunas privadas, entre estas, las universidades de los Andes y Javeriana, en Bogotá.  Internacionalmente el movimiento estaba inspirado en la oleada de contestación universal que comenzó en 1964, en la Universidad de Berkeley, California, contra la guerra del Vietnam, se irradió por todo el mundo y tuvo su expresión más radical en el mayo francés de 1968. 

En la madrugada del 26 de febrero de 1971, se promovió el cercamiento de la fuerza pública a los predios de la Universidad en la sede de San Fernando y, en las primeras horas de la mañana, resultó muerto el estudiante Edgar Mejía Vargas, a quien cariñosamente le llamaban Jalisco. El dolor y la indignación de la comunidad universitaria se propagaron rápidamente por diferentes sectores de la ciudad, hubo movilización de estudiantes universitarios, de secundaria, de grupos de obreros y sectores populares, enfrentamientos con la fuerza pública, heridos y nuevas víctimas mortales.   El Presidente de la República, considerando, entre otras razones, que la conmoción generada por el conflicto universitario, en Cali, con la muerte de varias personas y la alteración del orden público en el resto del país, por las mismas circunstancias; además, que paralelamente se estaban presentando invasiones de predios rurales, afectando la ejecución de los programas de Reforma Agraria, decretó el Estado de Sitio en todo el país. El Rector renunció y durante los días siguientes se presentó la renuncia de los miembros del Consejo Superior. 

La Universidad fue estigmatizada y los estudiantes pasaron de héroes a villanos, desde ciertas visiones descontextualizadas, difundidas en medios de comunicación.

En 1971, la ciudad universitaria que estaba construida en un 63%, sirvió como villa olímpica de los deportistas que participaron en los juegos panamericanos; sus organizadores construyeron las residencias universitarias y la cafetería central como retribución.

Este proyecto de construcción hizo gala de una forma arquitectónica novedosa, funcional y diferente; fue elaborado por un grupo de personas pertenecientes a distintas áreas académicas que tenía como coordinador general al arquitecto Jaime Cruz; esta obra fue considerada Premio Nacional de Arquitectura 1972[5].

Pocas semanas después de la posesión del rector, Alberto León Betancourt, en agosto de 1972, se realizó el traslado a la ciudad universitaria, con excepción de las áreas de Salud, Arquitectura y Administración de Empresas, que permanecieron en la sede de San Fernando.

”Un sábado al medio día se inició y el lunes a las 8 de la mañana               las oficinas de la Administración estaban funcionando. Las Residencias que  albergan a más de 300 estudiantes están marchando desde hace dos meses y con esto se ha solucionado el problema  de vivienda para muchos de los muchachos cuyas familias viven fuera de Cali” .[6] 

En agosto de 1974, se posesionó el Presidente  Alfonso López Michelsen y anunció la  política de nombrar rectores con trayectoria liberal y democrática, con el propósito de  “devolver su papel a la universidad”. En concordancia con dicha política, el Gobernador del Departamento, Raúl Orejuela Bueno, nombró al rector  Alvaro Escobar Navia. 

Según Alberto Valencia,

En este contexto fue nombrado como rector Álvaro Escobar Navia en la Universidad del Valle, un hombre proveniente de una familia de gran reconocimiento social en la región, pero que era al mismo tiempo un intelectual con orientación de izquierda, adquirida durante su paso por la Universidad Santiago de Cali donde había estudiado derecho en los años sesenta, en una época en la que apenas comenzaba la politización de la Universidad.” [7]

Una vez posesionado del cargo,  manifestó  la necesidad de reintegrar el Consejo Superior, para “ponerle fin a la dictadura fiscal que existe desde 1971”,  promover “la formación humanística y social de sus profesionales”, impulsar la partición de estudiantes y profesores en los cuerpos colegiados de la Universidad; mejorar el  bienestar universitario e incorporarle actividades extracurriculares culturales y artísticas y “ampliar la cobertura social de la universidad mediante la creación de centros regionales en otras ciudades del Departamento” [8]

En dicho proceso  se adelantó un debate,  con amplia participación de estudiantes y profesores,  que dio origen a normas institucionales sobre la participación democrática de los estamentos universitarios en la marcha de la Universidad y a reglamentaciones esenciales para el desarrollo de la carrera profesoral basada en méritos académicos y se reglamentó el otorgamiento de comisiones de estudio. La Universidad se abrió a nuevas dimensiones epistemológicas y los profesores siguieron desarrollando las actividades académicas docentes e investigativas con óptimos resultados, como lo muestra el documento sobre “La Actividad Científica de la Universidad del Valle”, que registra las publicaciones realizadas entre 1968- 1973 y el honroso lugar en el panorama nacional.

En 1980, el presidente de la República Julio Cesar Turbay expidió el Decreto 80 de 1980, con base en el cual se reconstituyó el Consejo Superior.

Una de las grandes preocupaciones de la Universidad gravitaba sobre el manejo de las Residencias estudiantiles, que albergaban alrededor de 600 estudiantes, en 6 bloques, uno para mujeres y otro que se tomaron los estudiantes afrodescendientes  para su uso exclusivo. Según la Decana de Estudiantes, María Paola Croce, había problemas con el manejo de los reglamentos y la supervisión de los edificios, pero el más grave era el de la sistemática interrupción de la vía Panamericana, por parte de un grupo de “encapuchados” que cobraban peajes y se refugiaban en las Residencias para evadir la acción de la fuerza pública, constituyéndose, como lo expresa Américo Calero, en un:

“Elemento perturbador no solo del flujo vehicular sino también de los intereses de los urbanizadores de la zona más rentable  del sur de Cali, al igual que de la tranquilidad de los pobladores del sector de Ciudad Jardín y de los comerciantes de Unicentro, entre otros afectados”.[9] 

Dicha situación fue utilizada para difundir ciertas generalizaciones, calificando a la Universidad de “centro de subversión” y proponer en voz baja su cierre definitivo. Las tensiones llegaron al extremo cuando en confusas circunstancias se produjo la muerte del estudiante Hernán Avila Arias, en los alrededores de uno de los bloques de las residencias y, el 18 de mayo, en las horas de la noche, fueron allanadas militarmente las residencias estudiantiles.

Inmediatamente se produjo el cierre de las Residencias estudiantiles y seguidamente el receso en las actividades académicas durante cuatro meses. Grupos de profesores y  de estudiantes, expidieron comunicados dirigidos a la comunidad universitaria y a la opinión pública exigiendo investigar sobre la muerte del estudiante Hernán Avila Arias y solicitando  la apertura de la Universidad, previo retiro de la fuerza pública de los predios universitarios. En tales circunstancias, el rector, Carlos Trujillo,  presentó renuncia protocolaria al cargo.   

En 1982, fue nombrado el rector Rodrigo Guerrero Velasco, quien enfatizó la necesidad de buscar solución al déficit presupuestal, descartando  reajustes en las matriculas, puesto que no representaban siquiera el 2 por ciento del presupuesto y advirtió que de sin  el apoyo económico por parte del alto gobierno, la Universidad podría  ingresar en 1983 a etapa a aún más crítica, incluida  la posibilidad de un cierre. 

En el Plan de Desarrollo Cambio con equidad del Presidente Belisario Betancourt (1983-1986) se formuló la creación del sistema de Universidad Nacional Abierta y a Distancia para diversificar la oferta de programas atendiendo necesidades de las diversas regiones colombianas . En el marco de dicha  política educativa y con base en sendos documentos elaborados en 1983 y 1984, sobre Centros Universitarios Regionales, se anunció su apertura de sedes en Buenaventura y Cartago, para continuar luego en Buga y Sevilla.

En la Asamblea Departamental del Valle promovió un proyecto de Ordenanza mediante el cual se entregaría nuevamente la explotación y administración del Estadio “Pascual Guerrero”, el Gimnasio “Evangelista Mora” y las piscinas ”Alberto Galindo”, a la Universidad.

El año 1983 terminó con una reducción del  déficit a $115 millones, como producto de las políticas de racionalización del gasto, cumplimiento de los aportes nacionales y locales y elevación de ingresos. Un presupuesto para ejecutar en 1984, superior en $453 millones respecto al del año anterior era un importante avance  para la recuperación económica de la Universidad, con incrementos sustanciales en los aportes del Estado.

El 8 de mayo de 1984, presentó renuncia irrevocable, después de advertir que la Universidad acababa de recibir una adición presupuestal con la cual el déficit se reducía en forma considerable, manifestar que la situación académica había experimentado un mejoramiento sustancial en los últimos meses y se retiraba del cargo para regresar a sus actividades particulares.

En noviembre de 1984, fue nombrado el rector Harold José Rizo Otero.

Entre sus publicaciones figuran varios libros sobre reforma integral de las administraciones locales en Colombia y el proceso de integración de los países andinos. El libro Apuntes para la Historia Regional del Valle del Cauca, publicado en 1999, contiene tres capítulos dedicados a su experiencia en la Universidad del Valle,  en uno de cuyos apartes escribió:

Al iniciar mi gestión, a finales de 1984, el panorama general de la Universidad era el siguiente: la normalidad académica precaria; los estudiantes  sabían cuando iniciaban su carrera pero no podían predecir con certeza cuando la iban a terminar.  El déficit de tesorería era de $881.9 millones de pesos…La Universidad tenía 80 planes de estudio distribuidos así: 32 de posgrado; 40 de profesional, 8 tecnológicos. En cuanto al número de estudiantes, había 6.332 a nivel profesional; 308 a nivel tecnológico y 442 en posgrado. El número de docentes  equivalentes a tiempo completo era  de 814; había 505 empleados públicos (administrativos) y 783 trabajadores oficiales.” [10]

El 11 de junio de 1985, en el Teatro Municipal, fueron celebrados los 40 años de la Universidad en ceremonia presidida por la Ministra de Educación Nacional, Doris Eder de Zambrano y el Gobernador del Departamento, Jorge Herrera Barona. El Rector hizo referencia a los avances científicos y culturales en beneficio de la región y aludió a la delicada situación económica, debido al déficit presupuestal; anunció los programas de Regionalización, mediante la apertura de centros satélites en ciudades intermedias vallecaucanas; programas de universidad abierta y a distancia y jornada nocturna en algunos planes de estudio. Finalmente, hizo énfasis en la necesidad de impulsar la Investigación con el fin de consolidar el liderazgo académico  de la Universidad.

Para la elaboración del Plan de Desarrollo de la Universidad, proyectado al año 2000, con metas y objetivos ejecutables por períodos quinquenales, propuso al Consejo Superior la conformación de un Comité Central, un Comité Técnico Asesor y un Comité Operativo. Las comisiones trabajaron durante los años 1985 y 1986 en la elaboración de un primer borrador, sobre el cual se programó un Seminario, como punto de partida para su discusión

El 22 de febrero de 1986, se dio a conocer  la apertura de sedes regionales de la Universidad en Tulúa, Buenaventura, Palmira, Buga y Cartago. 

El Vicerrector Académico,  Alvaro Campo Cabal, promovió  la creación de Fundaciones de apoyo en cada sede y lideró la creación de la sede de Buga.

En 1990, el presidente Cesar Gaviria convocó la Asamblea Nacional Constituyente, que sirvió de marco para la aprobación de la ley 30 de 1992, en la cual se incluyó la indexación del presupuesto de las universidades públicas, hecho que contribuyó significativamente a la estabilización financiera, no obstante el rezago correspondiente a los gastos de las universidades, por encima del IPC, para cubrir los compromisos con la calidad y el aumento de cobertura.

El rector Harold Rizo  renunció y  el Gobernador, Mauricio Guzmán, procedió al nombramiento del rector  Jaime Galarza .

Una de las primeras medidas con las que inició su gestión fue la creación del  periódico   “La Palabra”, la preparación de la  Revista  bimestral “Fin de Siglo” y el proyecto de emisora.

A comienzos del año siguiente, en el informe sobre el panorama general de la Universidad al Consejo Académico  destacó que, en  1991, la Universidad contaba con 110 planes de estudio (53 de postgrado), 17.000 estudiantes y 848 profesores de tiempo completo y 198 jubilados. El crecimiento del número de jubilados había  generado una situación presupuestal precaria y para afrontarla propuso adelantar, entre otras,  las siguientes gestiones: a) Lograr un incremento de los aportes Departamentales y Municipales b) Exigir al Municipio de Cali un aporte fijo, en dinero, no en especie; c) Proponerle a la Nación un aporte, por una sola vez, para el Fondo de Previsión Social; d) Incrementar la venta de servicios de la Institución e) a corto plazo, lograr el pago de Cesantías y pensiones de jubilación.

El 26 de febrero de 1992,  el Consejo Superior expidió la Resolución N° 012,  por medio de la cual facultó al Rector para concurrir a la creación de la “Fundación General de la Universidad del Valle”.

En abril de 1992, se creó el Instituto de Altos Estudios Jurídicos, como entidad autónoma y dependencia académica de la Universidad.

En el marco de la Constitución Política de 1991, el 28 de diciembre de 1992,  se expidió la ley 30, “Por la cual se organiza el servicio público de la educación superior”.

En el Artículo 28, se consagró la autonomía universitaria; En el Artículo 63 se definió la conformación de los órganos de dirección de las universidades, y, en  el Artículo 64, la conformación del Consejo Superior Universitario. En el Artículo 86° se definió el modelo de financiación a las universidades públicas, con base en un subsidio a la oferta, modelo que les permitió a las universidades sortear, en buena parte, las dificultades financieras que se estaban agravando durante las últimas décadas. Complementariamente se estableció, en el Artículo 87, el incremento de los aportes del Gobierno Nacional, en un porcentaje  no inferior al 30% del incremento real del Producto Interno Bruto, a partir del sexto año de vigencia de la ley 30..

En la Universidad del Valle, con el objetivo de ajustar el Estatuto General a los lineamientos de la ley 30ª, se designó una comisión para elaborar un Proyecto y someterlo a la consideración de la a comunidad universitaria.

En el nuevo Estatuto,  se redefinió la misión de la Universidad, se introdujo el procedimiento para el nombramiento de Rector, se modificó la estructura de los organismos académicos descentralizados y fueron reglamentados los claustros de profesores.

En el Artículo 21° se estableció: “El Rector será designado por el Consejo Superior para un período de cuatro años  y podrá ser reelegido”. Y, en el Artículo 23°, el procedimiento a seguir: “El Consejo Académico, con plena autonomía, conformará una lista de candidatos no menor de tres ni mayor de siete que, por orden alfabético y sin ponderación alguna, presentará al Consejo Superior para que este organismo, también con plena autonomía, designe o solicite al Consejo Académico una nueva lista”.

En febrero de 1993, se aprobó en el Consejo Superior el Acuerdo N° 001, “Por el cual se establece el marco general de la Estructura Curricular de la Universidad del Valle”. En los primeros Capítulos se redefinió la estructura curricular de la Universidad en materia de organización y  funciones de las Facultades, los Departamentos, las Escuelas, los Centros y los Institutos. Para garantizar la formación integral, los Directores de los programas y los comités de Plan de Estudios, quedaron con la responsabilidad de definir la Fundamentación en la cual quedaba inscrito el Plan de Estudios, las asignaturas propias de su formación profesional en el ciclo de  Fundamentación y las del ciclo profesional compuesto por  las asignaturas propias y las relacionadas con el campo profesional específico. 

En concordancia con la Reforma curricular se elaboró un nuevo Reglamento estudiantil que fue aprobado por el Consejo Superior el 31 de octubre de 1994,  mediante el Acuerdo 002, de la fecha, después de un proceso de diálogo y negociación con diversos grupos estudiantiles.

Para proceder al nombramiento de Rector, con base en lo establecido en el nuevo Estatuto General, el 14 de febrero de 1994, el Consejo Superior nombró  por unanimidad al rector, Jaime Galarza Sanclemente, para un segundo  período de cuatro años. 

Desde comienzos de la década de 1990 se fueron incubando las causas de una nueva crisis. En diciembre de 1997, las deudas con los bancos ascendían a 63.000 millones de pesos. Los ingresos por Estampilla se encontraban comprometidos hasta el año 2008; la Fundación de Apoyo sin liquidez; los ingresos por matrícula pignorados con créditos desde 1995.

El 18 de junio, de 1998 la situación se hizo insostenible: la transferencia del Ministerio de Hacienda, por 9.600 millones, destinada al cubrimiento de la nómina y las prestaciones de ley, fue absorbida por el Banco Cafetero . Se paralizó la Universidad. Las cuentas bancarias fueron embargadas, los aportes para investigación, en poder de la Fundación de Apoyo, quedaron congelados y sus deudas afectaron directamente a la Universidad, por ser deudora solidaria.

En dichas circunstancias, estalló la tercera crisis, ocasionada  por factores internos  que se fueron acumulando durante los años anteriores, producto de prácticas ajenas al ethos universitario relacionadas con  amiguismo, clientelismo, otorgamiento de prebendas, gastos excesivos no prioritarios, obtención de créditos con expectativas inciertas de la Estampilla, proliferación de centros e institutos y programas  sin soporte, nómina paralela; en suma, la Universidad  quedó inmersa en una total desinstitucionalización, que condujo  al extravío de su misión. El déficit acumulado, correspondía a la suma de todas las transferencias del Gobierno durante un año. Cesaron los pagos de nómina, a activos y jubilados, y a proveedores; los recursos de investigación quedaron congelados en la Fundación de apoyo y se presentaron casos de verdaderas calamidades individuales y familiares. 

El 17 de septiembre de 1997, ante la renuncia de rector, Jaime Galarza, a partir del 30 de diciembre del mismo año, el Consejo Superior aprobó el calendario para la designación de nuevo Rector, de acuerdo con lo establecido en el Estatuto General. El  15 de enero, de 1998, designó como nuevo Rector a Carlos Enrique Dulcey Bonilla.

Entre sus primeras medidas anunció iniciar un proceso de reinstitucionalización de la Universidad y una estrategia de comunicaciones dirigida a la comunidad universitaria bajo el título “Carta del Rector. El proceso de reinstitucionalización  consistió en retomar el cauce institucional, reorganizando las estructuras académicas y administrativas, para tomar decisiones, con base en la legislación general, las normas internas de la Universidad, los estudios previos y sus correspondientes análisis colectivos en las instancias colegiadas correspondientes, teniendo como referencia fundamental el cumplimiento de la misión de la Universidad.[11]

Para iniciar dicho proceso fueron conformadas dos comisiones: una “Comisión de empalme”, con el objetivo de acopiar información sobre entidades y organismos existentes por fuera de la estructura académico administrativa de las Facultades y una “Comisión del Consejo Académico”, para evaluar Centros e Institutos. Paralelamente fue reorganizado el Consejo Académico de acuerdo con las normas de la Universidad.

Para abordar la difícil situación financiera se iniciaron conversaciones con los directivos del Banco Popular encaminadas a buscar apoyo para facilitar los pagos de nómina, con respaldo en las gestiones de la Universidad ante el Gobierno Nacional dirigidas a lograr la entrega de anticipos del presupuesto.

Adicionalmente fueron realizadas diversas gestiones, entre ellas, reformulación del presupuesto; recorte de gasto con base en las evaluaciones efectuadas por la Comisión de Empalme; conversaciones con los directivos de los bancos Popular y de Occidente y gestiones ante el Ministro de Hacienda.

La capacidad crediticia de la Universidad había llegado al límite, dado que las deudas, a Diciembre de 1997, ascendían a 63.000 millones de pesos. Los ingresos por Estampilla se encontraban comprometidos hasta el año 2008; .la Fundación de Apoyo estaba en una situación de iliquidez y los ingresos por matrícula se encontraban pignorados con créditos desde 1995, lo mismo que los bienes patrimoniales de la Universidad.

El 18 de junio de 1998, la situación económica de la Universidad se hizo más dramática en el momento en que la transferencia del Ministerio de Hacienda, por 9.600 millones, destinada al cubrimiento de la nómina y las prestaciones de ley, fue absorbida por el Banco Cafetero con el pretexto de redimir un crédito otorgado a la Universidad para cubrir pensiones de jubilación. La operación del Banco, fue unilateral y sorpresiva, porque se había comprometido a dejar abierta una línea de crédito con el respaldo del Bono Pensional que debería llegar entre los meses de julio y septiembre. De inmediato se produjo el colapso financiero: cesaron los pagos de nómina y de jubilaciones, al igual que los compromisos con los acreedores y se paralizó la Universidad.

Al respecto, el profesor del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, Jorge Hernández, avanzó en la identificación de los factores que ocasionaron la crisis, situando, en primer lugar, el modo de gestión del rector Jaime Galarza que terminó por imponerse, “poco colegiado y  bastante personalista”

Para afrontar la emergencia, el rector Carlos Dulcey, presentó al Consejo Superior un Memorando con propuestas de ajuste enfocadas a cuatro aspectos principales. En la misma reunión, el Consejo Superior, fue informado de las siguientes acciones recomendadas por la Firma Consultora B&M:

  1. Negociación con el Gobierno Central para que atienda el 100% de la nómina y cubra el déficit histórico acumulado.
  2. Renegociar la deuda bancaria generada en las inversiones, de forma que su pago se haga con los recursos de la Estampilla y a costos razonables.
  3. Recuperar la imagen ante el Gobierno Nacional y ante la banca, ofreciendo seguridad en el manejo de los fondos.
  4. Revisar el objeto de la Fundación General de Apoyo a la Universidad y evaluar su conveniencia.
  5. Suspender todos los contratos de obras que no sean indispensables y conciliar donde sea necesario.
  6. Tramitar ante la Gobernación el reconocimiento del pasivo pensional que adeuda a la Universidad, que asciende a $ 6.700 millones para que sean el Ministerio de Hacienda y el Gobierno Central quienes lo asuman.

El Periódico El PAIS convocó, para los días 5 y 6 de noviembre, un Foro público, en el Centro Cultural Santiago de Cali, con el objetivo de conformar una agenda orientada a “visualizar los índices que interpreten y tracen el camino de salida a la crisis y la proyecten hacia el futuro”. En la convocatoria se destacó el hecho de que, “la Universidad del Valle, el más importante centro académico de todo el occidente colombiano, y uno de los más destacados nacional y continentalmente”, estaba atravesando por la crisis financiera e institucional más grave de su historia.

Al evento fueron invitados ministros, parlamentarios, concejales, diputados, miembros de los gobiernos departamental y municipal, industriales, egresados, profesionales, profesores, estudiantes, empleados, trabajadores y ciudadanos, en general.

Terminado el Foro, el Rector, renunció y, pocos días después, dio a conocer su decisión,

No me parece pertinente hacer en esta carta un balance de mi gestión. Sin embargo, quisiera señalar al menos dos puntos que considero de notable importancia.

El primero consiste en que quien haya de reemplazarme encontrará un proceso de reinstitucionalización inequívocamente arraigado, y que él será la base que permitirá la recomposición de nuestros nexos académicos. El mejor ejemplo de ese proceso lo constituye la recuperación de la dignidad y del papel protagónico del Consejo Académico. Reivindico allí, con muchísimo orgullo, mi liderazgo.

El segundo punto tiene que ver con el comportamiento de toda la comunidad universitaria. Ha sido verdaderamente ejemplar su actitud al tratar de mantener la Universidad en funcionamiento en medio de las peores condiciones materiales por las que jamás haya atravesado a lo largo de su historia. Ahora mismo, sin recibir sus salarios por tres meses, esa voluntad se mantiene. Yo leo en esa posición de sacrificio el reconocimiento incuestionable que esta comunidad hace de la necesidad social de la existencia de la Universidad del Valle.[12]

A comienzos de 1999, la Universidad abrió sus puertas sorteando grandes dificultades. El Consejo Superior, aprobó el nombramiento del rector Oscar Rojas Rentería.

La gestión que hicieron los dos rectores, Carlos Dulcey y Oscar Rojas,  dio sus frutos, pues se logró la creación del Fondo Pensional, firmado en diciembre del 2000, por parte del Ministerio de Hacienda y Crédito Público; la Gobernación y la Universidad, firmaron el contrato interadministrativo de concurrencia para el pago del pasivo pensional y la correspondiente expedición del Macrobono Pensional; se renegoció la deuda pública con los bancos y se canceló la deuda laboral con la comunidad universitaria..

A finales de mayo de 2000, al cumplirse dos años del colapso financiero, se registró con optimismo la terminación de tres semestres continuos, valorando positivamente el gran esfuerzo de la comunidad universitaria y su capacidad de superación de la crisis.

La Universidad, con su estrategia de reinstitucionalización y sus planes de ajuste, estaba demostrando gran capacidad para superar la crisis por sus propios medios, tomando en cuenta las iniciativas, estudios, análisis y discusiones realizados internamente para cimentar las medidas de su progresiva reconstrucción.

Para proceder a la ampliación de la planta profesoral, con el objetivo de compensar el elevado número de jubilaciones, que no había logrado realizarse plenamente, debido al colapso financiero de 1998 y a la incertidumbre que rodeaba a la Universidad, fue aprobada la convocatoria para la vinculación de profesores, de manera gradual durante un período de cuatro años.

En concordancia con las políticas del Consejo Nacional de Acreditación (CNA),se promovió la iniciación de los procesos de acreditación previa y voluntaria de los programas académicos, con el apoyo del Comité de Autoevaluación institucional, adscrito a la Vicerrectoría Académica. Los procesos de autoevaluación, conducentes a la acreditación previa y de calidad de programas obtuvieron resultados considerablemente satisfactorios y, en noviembre de 2001, el CNA, conceptuó que la Universidad del Valle satisfacía las condiciones iniciales para adelantar su proceso de Acreditación Institucional. La investigación, uno de los elementos claves del proceso, estaba en franca recuperación, estimulada con nuevos recursos y con la creación del sistema de investigaciones, mediante el Acuerdo del Consejo Superior, N° 003 de 2001, recuperación que se puede constatar en la obtención del tercer lugar en el conjunto de universidades del país, en la convocatoria de Colciencias: “con 8 grupos A, 12 grupos B y 28 grupos C; 1 centro A, 1 centro B y 4 centros C”2

Para actualizar las políticas formación de profesores, se incorporó a la agenda del Consejo Académico la discusión sobre la Resolución 310, que reglamentó los estímulos académicos, lo mismo que el proyecto de Estatuto de Investigaciones.

En enero de 2001, en el Consejo Académico, se aprobó la creación de una comisión interna, compuesta por profesores de distintas unidades académicas, con el objetivo de elaborar un documento para la discusión de un nuevo Plan de Desarrollo, teniendo en cuenta que el período del Plan vigente estaba acotado entre los años 1986-2000.

El 28 de diciembre de 2001, el Ministerio de Educación, expidió el Decreto 2912, introduciendo cambios al Decreto 1444 que lesionaban gravemente la carrera profesoral, al reemplazar los estímulos salariales permanentes a los méritos académicos en producción intelectual, por un sistema de bonificaciones temporales, Decreto fue cuestionado por Corpuv y la Asamblea General de profesores. Con el objetivo de lograr su derogatoria se aprobó una Asamblea permanente que progresivamente, a través de la Federación Nacional de Profesores, incorporó a 19 universidades públicas, en las cuales también se debatió ampliamente el problema. Los rectores de las universidades públicas compartieron la mayor parte de los cuestionamientos y nombraron una comisión para trabajar conjuntamente con una comisión de profesores designada por la Federación Nacional de profesores y sustentar, ante el Ministro de Educación, Francisco José Lloreda, la necesidad de eliminar los aspectos más lesivos del Decreto 2912. El Ministro de Educación Nacional, finalmente expidió el Decreto 1279 de junio de 2002, en el cual fueron tenidas en cuenta algunas de las recomendaciones de la comisión conjunta de rectores y profesores. En el nuevo Decreto se estableció un plazo de seis meses para proceder a su reglamentación en los consejos superiores y, el Consejo Superior de la Universidad del Valle, obrando en consecuencia, aprobó la Resolución N° 083, incorporando, en los marcos establecidos por el Decreto 1279, la evaluación previa para la asignación de los reconocimientos y estímulos a la carrera profesoral, en experiencia calificada, desempeño de cargos académico-administrativos y labores destacadas en docencia y extensión.

En agosto de 2003, se terminó el período del rector , Oscar Rojas y el 12 septiembre, de 2003, el Consejo Superior,  nombró al rector Iván Enrique Ramos Calderón. 

En el contexto nacional, el presidente Alvaro Uribe, incorporó a su programa 2002-2006  las bases de la “Revolución educativa” como política  del sector, en niveles: básico, primario y terciario, para cuya ejecución se definieron cinco ejes: cobertura, calidad, pertinencia laboral, capacitación técnica e investigación científica.  La meta de cobertura, en educación superior, se fijó en  400.000 nuevos cupos:

Para alcanzar la meta se aprobó un mecanismo de distribución de recursos del Presupuesto nacional a las instituciones de educación superior. Como lo expresa Adolfo Atehortúa, se trataba del fortalecimiento del subsidio a la demanda por la vía de la ampliación de crédito para ingreso en universidades privadas y los recursos destinados por ley a las universidades públicas serían entregados con base en planes  de gestión y desempeño.

En la Universidad del Valle se crearon 1074 cupos nuevos, durante el año 2004,  distribuidos en programas de pregrado y posgrado en Cali y las sedes regionales, superando en 101 la meta de cobertura. Paralelamente se logró la acreditación de alta calidad de 20 programas, situando a la Universidad en el segundo lugar en el país por número de programas acreditados. El desempeño de los estudiantes en los Ecaes fue excelente, al igual que reconocimiento de 21  grupos adicionales de investigación, por parte de Colciencias. 

Bajo la coordinación de la Dirección Académica Curricular se avanzó  en la conformación del Comité Institucional de Auto evaluación y Acreditación, con el objetivo de preparar  la propuesta del Programa Institucional de Autoevaluación y Calidad.

Para avanzar en la construcción del Plan de Desarrollo, durante todo el año 2004,   la Oficina de Planeación llevó a cabo un proceso de reflexión con el Consejo Académico. En sesiones de enero y febrero se recogieron las observaciones realizadas al documento “Bases para el Plan de Desarrollo de la Universidad del Valle 2003 – 2010” 

El Plan Estratégico de Desarrollo 2005-2015, fue aprobado por el Consejo Superior, en mayo de 2005, previa  solicitud de incorporar las observaciones formuladas en el Consejo  Académico.

El 11 de junio de 2005, en el marco de la celebración de los sesenta años de la Universidad, se realizó un acto académico, en la sede del Concejo Municipal de Cali, en el cual fue leída la Resolución del Ministerio de Educación Nacional, por medio de la cual se otorgó a la Universidad  la acreditación institucional, por ocho (8) años, entre otras razones,  por las siguientes:

  1. El programa de regionalización, como un hecho histórico y un modelo de compromiso en la región, para posibilitar mayor acceso a la educación superior de una población que ha sido tradicionalmente excluida de ella.
  2. La alta eficiencia, el compromiso social y la responsabilidad de la Universidad como un todo y de sus estamentos con la que se ha superado exitosamente la reciente crisis financiera.¨

La satisfacción que produjo la Acreditación solamente se vio empañada por  los  dolorosos episodios, ocurridos entre los años 2005 y 2007, cuando la comunidad universitaria se conmovió  con  profundo dolor por la muerte de los  estudiantes  Jonny Silva Aranguren (2005),William Javier Ortiz (2006), Julián Andrés Hurtado (2006) y Katherine Soto (2007).

El 12 de octubre de 2007, el Consejo Superior designó al rector Iván Enrique Ramos Calderón, para un segundo período  2007-2011.

En 2009 se terminó de  pagar la deuda de Estampilla y, al finalizar el 2011, la deuda bancaria  quedaría cercana a $6.500 millones  deuda que , en 2003, ascendía a $57.000 millones.  .

En 2011 fue creada la Mesa Amplia Nacional Estudiantil -MANE- por estudiantes de instituciones de educación superior de universidades públicas y privadas, para coordinar las movilizaciones en contra de la reforma a la Ley 30 de 1992. Las principales objeciones  frente a la reforma, presentada por el Gobierno Nacional, estuvieron relacionadas con la privatización y el endeudamiento para  acceder a la educación superior.

Bajo su  liderazgo se  promovieron manifestaciones multitudinarias en Bogotá y otras ciudades, debates y foros en diversos escenarios y, el 12 de octubre, fue declarado un Paro indefinido en las universidades públicas.

El 3 de noviembre hubo una jornada nocturna conocida como "marcha de antorchas" y el 10 de noviembre se produjo la movilización más multitudinaria de este ciclo de protestas, que fue convocada como la "toma de Bogotá" y terminó siendo una marcha triunfal, pues se celebraba el anuncio del gobierno de retirar el proyecto de Ley. 

El movimiento estudiantil se desarrolló en el contexto de las protestas de los indignados en diversos lugares y escenarios del mundo, guiados por las expresiones de máxima indignación en Harvard, de los activistas anti globalización, contra las políticas de la OCDE, del FMI, del Banco Mundial, mediante actos llenos de acciones y discursos creativos, de seductora   intrepidez. Algunas exigencias iban encaminadas a saldar la crisis financiera y presupuestal acumulada por las IES por más de 25 años desde la promulgación de la ley 30,  generando un déficit que se tornaba insostenible y profundizaba las brechas de calidad entre las instituciones de educación superior. Este déficit acumulado en materia de inversión y funcionamiento se calculó por parte del Sistema Universitario Estatal (SUE) en más de 18 billones de pesos.

Las consignas legislativas estuvieron encaminadas a la reforma del artículo 86 y 87 de la ley 30 de 1992 y la reforma del ICETEX.

Ante el vencimiento del segundo período del rector Iván Ramos, en octubre de 2011, el Consejo Superior lo designó nuevamente para un tercer período.

Una vez posesionado, reiteró las acciones y propuestas estratégicas para su gestión, durante el período 2011-15. 

El 27 de enero de 2014 el Ministerio de Educación Nacional, mediante Resolución 1052, nuevamente le otorgó a la Universidad del Valle la acreditación institucional de alta calidad por diez años (Hasta 2024), siendo una de las cuatro universidades del país con esta distinción académica.

Por la misma época, el Ministerio de Educación Nacional acogió la propuesta de Roberto Zarama, investigador vinculado a la Universidad de los Andes, de becar a estudiantes  de bajos recursos. El Programa se presentó con el título:  “Ser Pilo Paga”,  destinado a  40 mil bachilleres ( el término coloquial de ‘pilo’ fue  parte de la estrategia publicitaria del Ministerio de Educación). La justificación de la propuesta estuvo sustentada  en la idea de alterar todo el juego mediante la alteración de una pequeña   perturbación al sistema. En la Universidad del Valle, según la entrevista al Rector divulgada en El País, del primer grupo de “pilos”  se matricularon alrededor de 700 estudiantes.

En 2015, con motivo de la celebración de los 70 años de la Universidad, se realizaron  diversas actividades conmemorativas , entre las cuales, el Rector destacó la Aprobación del Plan de Desarrollo; el primer  Encuentro de Escuelas de Teatro de Asia Pacífico; el Tercer Encuentro de Rectores de Francia y Colombia;  el evento internacional con el MIT, sobre diseño; con el apoyo del Ministerio de Minas y Energía de Colombia, el Departamento Nacional de Planeación, la Organización Internacional del Solar Decathlon, EPSA, EMCALI, CVC, la Fundación GIP, la Alcaldía de Santiago de Cali y la Universidad del Valle, el Solar Decathlon.

En noviembre de 2015 el Consejo Superior nombró al rector Edgar Varela Barrios,  caracterizó  su propuesta como colectiva recogiendo  anhelos de profesores, estudiantes, directivos, egresados, empresarios y líderes públicos, que toma como  referente las tendencias internacionales en educación superior, el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, el Plan de Desarrollo del Valle del Cauca y las directrices del Plan de Desarrollo de la Universidad 2015-2025.[13]

En Entrevista con el profesor Darío Henao, Director de La Palabra expresó

Desde el año 2016 nos reunimos con la Dirección de Nuevas Tecnologías y Educación Virtual (DINTEV), con la Oficina de Informática y Telecomunicaciones (OITEL), y con profesores como Juan Francisco Díaz, Gloria Toro, Liliana Arias y otros colegas, para trabajar programas virtuales en la modalidad de pregrado y postgrado, los cuales ha tenido una larga maduración. Básicamente en los años 2017 y 2018 diseñamos cerca de 13 carreras universitarias que se pueden ofrecer mediante educación virtual. Nosotros las teníamos listas para ofertar en el 2019, pero se nos presentaron dos situaciones de índole político inevitables: los paros del 2018 y 2019. [14]

Efectivamente, en 2018, siete  años después de las acciones  encabezadas por la (MANE), que lograron detener el cambio del modelo de financiación a la Universidad pública, se reanudaron las movilizaciones .  Durante la segunda mitad del año   hubo grandes manifestaciones  universitarias en Argentina, Chile, México y Ecuador. En  Colombia, fueron encabezadas por varias plataformas : la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES), la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior (ACREES) y la Federación Nacional de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (FENARES).

La Asamblea de Representantes profesorales de las universidades públicas (ARPUP) realizada  en la Universidad de la Guajira,  acordó exigir al gobierno nacional instalar una Mesa de diálogo y concertación para acordar y garantizar, entre otros puntos, los siguientes:

  1. Adición presupuestal inmediata para solventar la crítica situación financiera de las IES públicas a diciembre de 2018.
  2. Trámite urgente a una Reforma consensuada de los Artículos 86 y 87 de la Ley 30 (IPC+5 puntos).

La vigorosas movilizaciones, entre los meses de octubre y diciembre, lograron  gran acogida en la opinión pública, hasta lograr la instalación de la  “Mesa de diálogo para la construcción de acuerdos y soluciones que permitan resolver la situación actual de la educación superior”.

Algunas personas, expertas en el tema,  calificaron de apoteósicas las marchas  simultáneas y multitudinarias en las principales ciudades del país para exigir más apoyo del Gobierno Nacional a la Educación superior.

“El diez de octubre de 2018 será recordado como un punto de inflexión en la lucha por el derecho a la educación en Colombia. Las agencias internacionales estiman que más de medio millón de personas salieron a la calle en diferentes ciudades a defender las universidades públicas, hoy amenazadas por el abandono, la estigmatización y la desidia de los últimos gobiernos[15]..

Como resultado se reconoció institucionalmente la Mesa de Dialogo para la construcción de acuerdos para la Educación Superior Pública y se validó la protesta social como mecanismo legítimo de la democracia.

El 14 de diciembre de 2018 se divulgó el Acuerdo, sobre los siguientes puntos, entre otros:

Aumento a la base presupuestal  de las universidades (Artículo 86 ley 30)

2019              3.5%       

2020              4.0%       

2021              4.5%       

2022               4.65%      

(Para el Presupuesto 2019, de la Universidad del Valle, tomando como referente los  Aportes  Nación $260.896.015.084, el Adicional  (3%) ascendió a $7.576.844.582)

Se eliminó el Programa “Ser Pilo Paga”, y se reemplazó por el Programa “Generación E”

En síntesis, se confrontó  la tendencia privatizadora y el modelo de subsidio a la oferta siguió  vigente.

El 11 de  octubre de 2019, el Consejo Superior designó al rector Edgar Varela, para un segundo período (  2019 – 2023) ,

En 2020, se celebraron los 75 años de la Universidad del Valle y, como lo expresó el profesor Luis Carlos Castillo:

“Después de trasegar durante más de siete decenios por los caminos de la formación con los más altos estándares de calidad, por la investigación científica y en la solución de grandes y pequeños problemas de orden regional y nacional, se ha convertido en la institución académica más importante del suroccidente del país”.[16]

El año 2021 estuvo caracterizado por las grandes movilizaciones, en medio de la pandemia  (COVID-19).  Ante la Convocatoria  de las centrales obreras, partidos y movimientos de oposición al Gobierno,  estudiantes, mujeres, afros, indígenas, comunidad LGBT y campesinos que se congregaron en el “Comité de paro nacional”,   definieron  el 21 de noviembre  como fecha para manifestar su desacuerdo con reforma tributaria propuesta por el presidente Iván Duque y salieron  masivamente a las calles dando comienzo al estallido social más generalizado y combativo de la  historia reciente de Colombia , logrando en poco tiempo la renuncia del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla y la derogatoria de la reforma .

Cali fue uno de los escenarios más intensos, como lo describe  un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, que publicó en tiempo record sus  análisis y percepciones. Según lo expresa en la Introducción el Decano de la Facultad Pedro Quintín Quilez.

En abril de 2022,  en el campus ‘Las Balsas’ de la sede de Zarzal , el rector  Edgar Varela, presentó la Rendición pública de cuentas  ,correspondiente al año 2021. En su exposición resaltó, entre otros puntos, los siguientes:

Desde el mes de febrero se retomó progresivamente la actividad académica presencial, comenzando por algunas sedes regionales, hasta lograrlo  en  el mes de abril, en medio de la pandemia, gracias a la distribución de las terceras dosis.

Paralelamente 

“Se generó un episodio político y social: el paro de los meses de abril, mayo y  junio, el cual afectó a todo el país. En la Universidad del Valle esto significó la suspensión de clases durante tres meses, pudiendo retornar tras construir escenarios de diálogo con estudiantes, profesores, organizaciones”

En materia de estructura institucional de la Universidad aludió a la creación de tres nuevas facultades.

El Instituto de Psicología, cuyo desarrollo a través de los años ha sido notable, permitió configurar la estructura compleja que requiere una facultad. El Instituto de Educación y Pedagogía ha recuperado el estatus de facultad  y se creó  la Facultad de Derecho.

En el Documento “Balance de una Gestión Rectoral 2015-2023” el rector Edgar Varela advierte

“ Durante el período 2015-2022, la Universidad recibe la suma de 578.358 de recursos de inversión, de los cuales  el 77% corresponde a los recursos provenientes de la estampilla Pro-Univalle recaudada por valor de $446.000 millones”

Al final del documento, bajo el título “Inversiones para la construcción de una Universidad moderna” se describen las inversiones  en infraestructura (construcción, mantenimiento y sostenibilidad de la planta física) y Adquisición de equipos (equipos de cómputo, equipos de laboratorios y equipos varios).

No obstante, la realidad de la infraestructura en la ciudad universitaria (Meléndez) muestra un deterioro evidente, lo mismo que  algunos espacios de la sede de San Fernando y  algunas sedes regionales, como lo muestran las comunicaciones de Corpuv, al respecto.

El 18 Octubre 2023, fue designado el rector  Guillermo Murillo para el período 2023 - 2027.  En su posesión destacó que en la vigencia anterior la Universidad del Valle recibió la renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por un periodo de diez años.[17]

Adicionalmente manifestó : 

"Nosotros como universidad pública estamos comprometidos con la ampliación de cobertura, con el fortalecimiento de la infraestructura en las sedes regionales, con el mejoramiento de la calidad, con llevar educación superior de excelencia a los diferentes territorios. … El compromiso es un absoluto trabajo con estas comunidades, reconociendo sus necesidades, trabajando en los problemas para resolverlos y creando nuevos espacios de participación y de proyección de nuestra comunidad universitaria".[18]

En 2024, la profesora Mónica García  destacó que desde la Vicerrectoría de Investigaciones se acompañaron 29 proyectos de convocatoria externa. Resaltó que  la Universidad contó con 260 grupos de investigación, de los cuales tres fueron creados en esa vigencia. “La Universidad del Valle cuenta con 95 patentes otorgadas. Agregó que se realizó una inversión de más de $846 millones en equipos de laboratorios, de los cuales $400 millones fueron destinados a laboratorios y equipos en las sedes y seccionales.”[19]

El Ministerio de Educación Nacional renovó la Acreditación Institucional en Alta Calidad para la Universidad del Valle por un periodo de diez años, máximo tiempo que se concede a las instituciones de educación superior. Este resultado es gracias al trabajo mancomunado de toda una comunidad que lleva por bandera la excelencia académica, la investigación, la inclusión y la proyección social. De las 304 IES en Colombia, solo siete tienen la más alta acreditación por diez años. Esta es la segunda vez que se renueva la acreditación por este tiempo.

El 8 de mayo de 2025, en las instalaciones de la Universidad , sede Palmira, se produjo el terrible  feminicidio de la estudiante de Literatura Sirley Vanessa López, y resultó herida la estudiante María José Barrero, quien quedó en  estado crítico, con pronóstico reservado

Como lo expresa en un Comunicado la Escuela de Estudios Literarios, “Según el relato de varias fuentes, un hombre disparó contra las dos estudiantes y, acto seguido, se suicidó. Las estudiantes fueron trasladadas, en estado de suma gravedad, a centros hospitalarios. Una de ellas es estudiante de octavo semestre de nuestro programa de Licenciatura en Literatura. Estos nefastos sucesos nos llenan de dolor.”

El Consejo Académico de la Universidad del Valle, analizó los tristes y graves hechos ocurridos en la Seccional Palmira el pasado 8 de mayo en los cuales, en un acto violento contra dos de nuestras estudiantes, perdió la vida la estudiante Sirley Vanessa López y resultó herida la alumna María José Valencia. El Rector, los decanos y decanas, representantes profesorales y estudiantiles integrantes del Consejo Académico condenan la violencia de género que hoy nos enluta y reiteramos el sentimiento de pesar, dolor y solidaridad con la madre, el padre, familiares, amigas, amigos y docentes de Sirley y María José.[20]

Los estudiantes de varias facultades se declararon en paro indefinido y posteriormente algunas unidades académicas le dieron carácter de paro definido o asamblea permanente.

En general, el repudiable hecho, generó un profundo dolor e indignación, en   toda la comunidad universitaria como lo muestran los comunicados de las diversas asambleas estudiantiles y las expresiones profesorales, de directivos,  empleados y trabajadores, en los cuales se mencionan diversos problemas que aquejan a la Universidad.

En la Declaración política de la Asamblea Estudiantil General de la Universidad del Valle, realizada el 20 de mayo de 2025, se expresa, entre otros puntos:

“Nuestra solidaridad profunda y activa con las compañeras victimas del feminicidio….

La Universidad del Valle atraviesa una crisis estructural de seguridad, atención a violencias  basadas en género (VBG) , infraestructura y bienestar estudiantil….

Se evidencia la necesidad de la creación inmediata de una Mesa Multisectorial de seguridad y Convivencia …

Declaramos el Paro indefinido como una medida legítima de presión y organización en defensa de nuestras vidas…

Sobre violencias basadas en género.

Implementación de la cátedra de género

Contratación directa de Personal de Seguridad con Enfoque de Género

Mesa de Reestructuración de la Ruta de  atención a VBG

Capacitación Obligatoria en VBG y Derechos Humanos.

¡COMUNIQUESE, MOVILICESE Y CUMPLASE!

Por la Universidad que nosotros realmente soñamos[21].

 

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[1] Occidente, Cali, 12 de noviembre de 1965. En, Ordóñez Luis Aurelio (2007) Universidad del Valle 60 años 1945-2005, Atando cabos en clave de memoria, Universidad del Valle, Cali, p.20

[2] Historia, FUNDACIÓN , Un difícil comienzo

[3] ORTIZ, Elba. Ob. Cit. P.52

[4] CARVAJAL, Mario (1969) Testimonio Universitario, Cali, Universidad del Valle. Prólogo

[5] RESEÑA HISTÓRICA 60 años, 1945-2005

[6] Occidente, 3 de agosto de 1972

[7]    Valencia, Alberto. (2019).” Sociología en provincia. Los programas de la Universidad del

Valle (Cali, Colombia)”. Revista Colombiana de Sociología, 42(2), 47-66

[8] El País, 26 de noviembre de 1974 

[9] CALERO, Américo (1991) La Otra Universidad, Cali, Universidad del Valle, p.107.

[10] RIZO, Harold (1999) Apuntes para la historia regional del Valle del Cauca, Universidad Autónoma de Occidente, Cali. P.120

[11] Carta del Rector, 22 de enero de 1998

[12] Carlos Enrique Dulcey Bonilla, Rector de la Universidad del Valle, 9 de noviembre de 1998.

[13] 21 de noviembre del 2015 Por: Redacción Noticiero 90 Minutos

[14] La Palabra, 11 junio, 2020

[15] De Zubiría ( 2018).

[16] 75 AÑOS DE LA UNIVERSIDAD DEL VALLE SÍNTESIS DE UNA HISTORIA BRILLANTE Por: Luis Carlos Castillo Publicado: 11 de junio de 2020

[17] Agencia de Noticias Univalle

[18] Agencia de Noticias Univalle20 Noviembre 2023

[19]Jueves, 16 Mayo 2024 Agencia de Noticias Univalle

[20] Agencia de Noticias Univalle Jueves, 15 Mayo 2025

[21] Declaración política de la Asamblea Estudiantil General de la Universidad del Valle, realizada el 20 de mayo de 2025,

Ciclo de talleres sobre violencias basadas en género

Estudiantes, empleados y docentes de la Facultad de Derecho y Ciencia Política participaron en el taller Corporalidades, género y derecho, así como en el conversatorio sobre Competencia en la resolución de conflictos que ofrecieron a los asistentes aspectos de teoría y ejercicios prácticos de interacción que les permitió presentar sus apreciaciones, percepciones y sentimientos acerca de los conflictos y de las violencias basadas en género.

El ciclo hace parte de diversas actividades desarrolladas por docentes de la Facultad de Derecho y Ciencia Polític,a con el apoyo del Instituto de Investigación e Intervención para la Paz de la Universidad como contribución a la situación que ha vivido la comunidad universitaria tras los hechos del pasado 8 de mayo.

El taller sobre corporalidades, género y derecho incluyó un ejercicio con un rollo de lana que sirvió para generar un tejido que enlazó a todos los asistentes a medida que cada uno hablaba de su percepción personal y presentaba reflexiones sobre las violencias basadas en género.

El taller sobre competencia en resolución de conflictos se hizo aplicando ejemplos del mundo del deporte en el entorno de las canchas de basquetbol del campus de Meléndez.

“Cumplimos con un deber frente a lo que significa para nosotros lo que está viviendo nuestra comunidad universitaria. El territorio universitario constituye para nosotros un espacio que debe replegar la unión, la construcción de ideas y sobre todo el diálogo para encontrarnos a través de la palabra. Para mirarnos a los ojos y contarnos lo que estamos sintiendo frente al momento que todos estamos atravesando” destacó la profesora Juliana Sinisterra Quintero, líder del taller sobre corporalidades.

“Tenemos cosas para decir e ideas que aportar y para nosotros es fundamental poderlo hacer como parte del diálogo y la participación pues tenemos como objetivo fomentar la unión a Través de la escucha y del diálogo y hacer así una construcción a partir de las necesidades de todos”, manifestó la docente.

“Como académicos, a veces nos encasillamos en esquemas que no nos permiten ver otros horizontes y eso es lo que buscamos con este taller a través la sensibilidad y la empatía con reflexiones sobre los significados de las violencias basadas en género por fuera de las retóricas jurídico-legales. Nos interesa en estos espacios dar cuenta de lo que percibimos y sentimos desde nuestras corporalidades con sentido de género”, finalizó la profesora Sinisterra Quintero.

Saray Carabalí, estudiante de primer semestre del programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos señaló: “debemos sensibilizarnos en estos temas porque hemos llegado a normalizar situaciones que no deben ser. Esperamos que estas herramientas y que estos espacios nos brindan podamos acogerlas y no perder el tiempo. Llegamos a sensibilizarnos a aprender y adquirir herramientas para hablar como universidad y como facultad sobre todo pensando que nuestra área es de estudios políticos y derecho y que tenemos que reflexionar y actuar en un momento que es importante para nosotros”. Agregó que se trata de no ignorar lo que está sucediendo en la universidad actualmente y definir de manera concreta qué representan las violencias basadas en género.

Michael Aguirre, compañero de curso de Saray, expresó: “En los espacios que he participado en la universidad tales como las asambleas estudiantiles y otros he podido notar que no hay una participación amplia de las personas porque en vez de apoyar procesos colectivos, se generan críticas entre facultades y distancias entre estudiantes.

Dijo que es necesario que en estos y en otros espacios pueda haber espacios de reconocimiento y de diálogo “con el fin de generar comunidad que es lo que más se necesita en la universidad porque el movimiento estudiantil es precisamente el sector más grande que mueve la Universidad”.

Para Michael, espacios como el taller ofrecido por la Facultad de Derecho y el Instituto de Paz, pueden ser llevados a las distintas facultades para que participantes de todos los estamentos puedan hablar, y en especial, conocer la opinión del estudiantado.

Para el profesor Julio César Alvear, docente de la Facultad de Derecho y Ciencia Política e investigador del Instituto de Paz, el objetivo de estos ejercicios de participación del personal de la Facultad es generar vínculos y habitar el espacio universitario entendiendo que en los campus se construyen relaciones de gran diversidad y también poder expresar los sentimientos en relación con situaciones que se presentan en la universidad.

“La comunidad universitaria está dolida. Es un momento para poder expresar sentimientos, construir solidaridades y comprender que no estamos solos, que somos una comunidad universitaria que vive una situación compleja y que podemos y debemos trabajar unidos y de forma conjunta y solidaria.

Desde una perspectiva pedagógica, estos ejercicios intentan identificar habilidades emocionales que podemos mejorar y también promover facultades relacionadas con la empatía para comprender nuestro dolor y el dolor de los otros. También buscamos desarrollar competencias de tipo comunicativo en una dinámica en que los estudiantes, docentes y empleados podamos expresar ideas de manera propositiva.

“Hicimos una alianza con el Instituto de Paz con participación especial del profesor Alvear y todo su equipo que han venido trabajando sobre estos temas a lo largo de varios años en la universidad para conformar un tejido institucional que incorpore la historia de acciones colectivas que nos permitan avanzar en este momento crítico. Se trata de generar lazos de armonía que esperamos que se difundan en otros programas y en otras facultades”, concluyó la profesora Valencia.

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