Ganadores en los Otto de Greiff 2020

La Licenciada en Literatura de la Universidad del Valle María Fernanda Urbano obtuvo el primer puesto en la categoría Creatividad y Expresión en Artes y Letras del Concurso Nacional Otto de Greiff que galardona a los mejores Trabajos de Grado de 2020.

María Fernanda ganó este premio por su monografía "Amalgama de fragmentos de un poema infinito: posmodernidad, géneros literarios y fanfiction", dirigida por la profesora Ida Valencia Ortiz. El Trabajo de Grado recibió mención meritoria por recomendación de los docentes evaluadores Gustavo Aragón y Hernando Urriago Benítez.

Por otra parte, los egresados de Fisioterapia Héctor Sebastián Calderón Erazo, Eduardo José Calderón Ortiz, Katherine López Cruces y Lizeth Alejandra Martínez ocuparon el tercer lugar en la categoría Ciencias de la Salud con la monografía “Efectividad de realidad virtual para entrenar balance y prevenir caídas del adulto mayor: Revisión sistemática”. Este trabajo de grado recibió mención meritoria por los evaluadores.

El Concurso Nacional Otto de Greiff - Mejores Trabajos de Grado, es un certamen creado por 10 universidades Colombianas que buscan, además de fortalecer sus relaciones interinstitucionales, promover la investigación y las comunidades académicas, resaltar y estimular aquellos trabajos de grado de pregrado que por su calidad, obtuvieron menciones honoríficas clasificadas como meritorias o laureadas y que merecen el reconocimiento de la comunidad universitaria, con el fin de promover la actividad investigativa en la formación de los nuevos profesionales.

En esta versión la Universidad del Valle participó con 14 trabajos de grado.

La premiación se realizó de manera virtual el pasado 4 de diciembre, con la participación de los autores de los trabajos ganadores y participantes, egresados y directivos de las universidades miembros.

La ciencia política y la formación del politólogo, una mirada a un universo en expansión

Como parte del Encuentro de Investigación y Producción Académica organizado por el Instituto de Educación y Pedagogía, el profesor e investigador Javier Duque Daza, presentó su libro ‘La ciencia política y la formación del politólogo’.

En su nueva publicación, el reconocido politólogo no sólo presenta el nacimiento de la politología, históricamente, sino que ahonda en la diferencia y la autonomía de la politología frente a otras disciplinas de las ciencias sociales como la filosofía política y muestra un panorama general de ésta.

Duque expone que las ciencias sociales son saberes académicos institucionalizados de manera reciente, pues sólo se oficializaron desde la segunda mitad del siglo XIX en Europa y en Estados Unidos y desde comienzos del siglo XX en América Latina.

Explica que, para que la politología se instalase de manera autónoma dentro de las ciencias sociales, hubo que diferenciarla de otras como derecho, economía, ciencia política, historia política y filosofía política a partir de su orientación empírico-analítica.

El investigador afirma que, a partir de esa diferenciación, la politología encontró su lugar y se ha convertido en ‘la ciencia social de moda’. “Sólo en Colombia hay 42 planes o programas que pueden caracterizarse como politología o son muy cercanos a ella. Es un fenómeno sobre el que hay que reflexionar”.

En ese sentido, el libro se pregunta sobre las diferencias entre el pensamiento del sentido común sobre la política, el pensamiento de los filósofos políticos y el de los políticos comunitarios. “Son cuatro maneras de ejercer y de conocer la política. Por eso allí -en la publicación- se analizan en profundidad el sentido común en sus diversas acepciones, de la más peyorativa hasta aquella que la reivindica.

Además, enfatiza en la filosofía política y sus distinciones, porque un filósofo político analiza la política de forma diferente. El primero se ocupa de reflexiones conceptuales y teóricas, sobre cómo deberían ser el Estado, la política, la ética. Es importante, pero es diferente a lo que hacemos los politólogos. El politólogo hace la indagación de la realidad con base empírica. Ya no se ocupa de ese deber ser, sino que analiza por qué ocurren las cosas”.

Por otra parte, Duque Daza explica la diferencia entre políticos y politólogos, distinguiendo que el propósito de los primeros es absolutamente diferente al de los académicos porque su propósito es argumentar para persuadir y persuadir para buscar seguidores que apoyen sus propuestas, sus ambiciones políticas y su proyecto de sociedad.

Otro capítulo planteado por el docente es ‘La formación del politólogo’. En éste se habla sobre los componentes de la formación de un politólogo, la unión de sus conocimientos con otras ciencias, las posibilidades, las ventajas de conectarse con las redes colaborativas, con las asociaciones de académicos y los lugares de encuentro de los politólogos.

Es precisamente del encuentro de instituciones de ciencias políticas de donde parte el profesor Javier Duque para cruzar información y encontrar las intersecciones entre ellas, que lo condujeron a ocho campos de conocimiento, de los cuales habla en su libro con el objetivo de que puedan derivar en mallas curriculares o en líneas temáticas en el campo de la investigación.

Frente a su nueva publicación, el investigador expresó: “Este libro pues no es un manual ni una introducción a la disciplina; es una reflexión sobre cómo inició y en qué va el proceso de la politología, en qué se diferencia de otros conocimientos sobre lo político y sobre la política, cuál podría ser una orientación básica para formar a quienes ejercemos este campo en expansión. Estamos como la tesis de Steven Hawking sobre el universo que, aunque finito, está en expansión Así es un poco la politología. Espero pueda ser discutido y contribuya a la formación y a las discusiones y debates”.

Celebración de los 25 años de la FAI

La Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle tiene el gusto de invitarle a la celebración de sus 25 años de creación, que se realizará de forma virtual el próximo viernes 11 de diciembre a las 9:00 a.m.

Durante el evento tendremos la presentación de los sitios web conmemorativos, donde se podrán apreciar la línea de tiempo de los 25 años y la sala virtual de exposiciones denominada “Galería 25”. Además, proyectaremos un video conmemorativo en donde se destaca la trayectoria de las diferentes unidades académicas que componen la Facultad y su relación con las artes.

Igualmente, se realizará el lanzamiento de la serie documental “La Curvatura de la U”, que consta de seis piezas audiovisuales en las que personajes de la FAI abordan diversos temas desde sus perspectivas.

Estos productos fueron realizados en el marco de la conmemoración de los 25 años de la Facultad de Artes Integradas, con el apoyo del "Proyecto de Política Cultural de la Universidad del Valle" de la Vicerrectoría de Bienestar Universitario.

Para asistir al evento, ingrese a través del siguiente enlace.

Julioprofe logró récord mundial de la clase de matemáticas con más espectadores en YouTube

El youtuber colombiano y egresado de la Universidad del Valle Julioprofe, que enseña matemáticas en YouTube, logró el Récord Guiness este 7 de diciembre junto a la plataforma mexicana Recrea Academy.

Tomado de Pulzo

De acuerdo con los delegados de los Récords Guiness, fueron 213.586 los espectadores que llevaron al colombiano a conseguir la marca.

Julio Alberto Ríos, el ingeniero civil famoso entre los estudiantes colombianos y de otras partes del mundo por ayudarles a mejorar sus habilidades en matemáticas, ya había intentado romper el récord de más ‘estudiantes’ reunidos en un mismo lugar para una clase, pero se quedó a poco de conseguirlo.

Esta vez el que pidió ayuda en redes sociales fue él, y sus alumnos no lo defraudaron. Compartieron la citación y le cumplieron, ayudándolo a batir la marca esta vez.


Vea la clase en Youtube

 

Se “enciende” clúster de Energía Inteligente

Tomado de ADN Cali

CON ESTE CLÚSTER SE LE APUESTA A PRODUCIR ENERGÍAS LIMPIAS.

La unión del clúster de Energía Eléctrica del Suroccidente, liderado por la Universidad del Valle, con el Cluster de Bioenergía, coordinado por la Cámara de Comercio de Cali, dio vida al clúster de Energía Inteligente.

Las líneas de negocio para el clúster de Energía Inteligente son la generación inteligente, la movilidad sostenible, la integración vertical con otras industrias y las redes y microredes inteligentes. Estas líneas se priorizaron con base en la realidad regional y también los desafíos y oportunidades globales de la industria.


“Es muy grato para nosotros haber logrado la integración de estos dos clúster, fue clave el liderazgo de varias empresas del Valle del Cauca y contamos también con el acompañamiento de la firma Cluster Development Colombia”, afirmó el presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Esteban Piedrahíta.

Por su parte, Mauricio Iragorri, presidente del Grupo MayagÜez, señaló que “el clúster de Energía Inteligente es un ejemplo de unión de esfuerzos para lograr ser más competitivos. Nuestro reto ahora es cómo lograr hacer de este clúster un ecosistema de innovación”.

Desde hace varios años, las energías renovables se han visto menos afectadas que las derivadas de otras fuentes y la inversión en tecnologías limpias será uno de los negocios del futuro.

 

Cali y Chocó: dos laboratorios para que Colombia sea bilingüe

Tomado de La Silla Vacía

Desde las laderas de Cali y y las calles de Quibdó nacieron dos historias que hablan inglés y cuentan sobre la importancia de la educación comprometida socialmente para la superación de las brechas en las regiones, promovidas por la centralización de la calidad educativa y contra el que apuestas como las de Adarley y Beinerth luchan a diario.

Movidos por el mismo espíritu de llevar calidad educativa a la reunión, desde la Universidad del Valle compartimos estas historias donde Adarley, un egresado de nuestra institución y Beinerth, un docente con gran apreciación por el poder del idioma inglés para transformar vidas, encuentran en la formación en esta segunda lengua una forma de crear una sociedad más justa.

Hace 25 años, cuando tenía 15, Adarley Manrique compró un diccionario de inglés y empezó a aprender por su cuenta algunas palabras. Con los días empezó a armar pequeñas frases y, poco a poco, se fue acercando a su sueño de ser bilingüe hasta que logró ingresar a la Universidad del Valle y estudiar licenciatura en lenguas.

Sin saberlo, fue un autodidacta en su adolescencia, pero no precisamente porque quisiera, sino porque en su casa las entradas no daban para pagar institutos, clases extras ni profesores privados.

Al terminar su carrera, Manrique le apostó a crear un instituto de inglés que acercara a los jóvenes a un segundo idioma. Su hermana Lilibeydy lo apoyó en su propuesta, ella sabía de primera mano las oportunidades que abría el inglés.

A los 20 años y recién graduada de licenciatura en lenguas extranjeras de la Universidad del Valle, Lilibeydy Manrique se había ido a vivir a Estados Unidos, donde se ganó la vida enseñando español.  

A diferencia de los colombianos con los que compartía en Washington, ella no podía hablar de visitas a un club o a un bar, tampoco de una ida a cine. Su infancia en Siloe, un barrio al occidente de Cali donde uno de cada cinco niños vive en pobreza extrema, había sido muy distinta.

“Yo dije: La única razón por la que estoy hablando con estos colombianos aquí, en esta ciudad tan lejos de mi país es porque yo también sé inglés. Y ahí fue que me di cuenta que el inglés cierra brechas de desigualdad”, cuenta Lilibeidy, al recordar esa experiencia de hace más de 10 años.

De la idea de un instituto de inglés se pasó a un colegio para que fuera sostenible en el tiempo, así los estudiantes serían más constantes y no dependería de la disciplina de los matriculados.

Siloé fue el lugar escogido para que funcionara la institución que tenía como fin fortalecer el aprendizaje de inglés en niños de estratos uno, dos y tres durante la primaria.

Mientras esto sucedía iniciaron la Fundación Able que funciona como un proyecto social de enseñanza de inglés, cultura y emprendimiento para jóvenes de la comuna 20 en Cali.

Lilibeidy y Adarley abrieron las puertas del colegio La Fontaine en 2016, inicialmente con el nombre de Lucerito. Hoy cuenta con 15 empleados, de los cuales 11 son profesores que dictan clases a 174 estudiantes (de los cuales el 30 por ciento tienen becas). La meta de 2021 es tener 100 estudiantes becados.

A la semana enseñan cinco horas de inglés, pero necesitarían cinco más para ser considerado un colegio con énfasis en inglés y dictar más de la mitad de las clases en ese idioma para ser considerado bilingüe.

Una categoría que sólo tienen 111 colegios en el país, de los cuales el 45 por ciento están en Bogotá, según Portafolio.

Para Isabel Tejada, codirectora del grupo de investigación ‘Educación para el bilingüismo y el multilingüismo’ de la Universidad de los Andes, las horas de inglés no son las que determinan el aprendizaje.

“Se necesita algo que acá (en Colombia) no se puede garantizar: la interacción”, dice, y recalca que lo que se requiere es apropiarse del contenido y ponerlo en práctica. Algo difícil de realizar cuando no hay con quién usar el idioma por fuera de las clases y, en salones con más de 35 estudiantes, a un sólo docente le queda más complejo estar pendiente de este aprendizaje.

Lejos de la meta

En 2004, el gobierno de Álvaro Uribe creó el Programa Nacional de Bilingüismo con el fin de dominar el inglés como segundo idioma.

Su objetivo era que la mitad de los estudiantes de 11 lograran el nivel B1 en el primer año del programa.

Sin embargo, en 2018, trece años después de la meta propuesta, sólo el 4.3 por ciento de los estudiantes de colegios públicos alcanzaron el nivel esperado. Por el contrario, el 46 por ciento de los estudiantes de instituciones oficiales se encuentran en el nivel más básico (A-).

En 2013, el Ministerio de Educación a cargo de Maria Fernanda Campo durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, hizo un examen diagnóstico a más de 7600 docentes de inglés y concluyó que sólo el 43 por ciento dominaban la lengua en B2, o sea que hablaban el inglés con confianza.

Dos años después, la entonces ministra de educación, Gina Parody, decretó que todo el que se graduara de licenciatura en inglés debía tener un nivel avanzado en este idioma (C1) para 2018.

Un año antes, el país ya tenía un déficit de 3200 docentes que enseñaran inglés.

Entre las metas del Plan Nacional de Bilingüismo para 2022 de Iván Duque, está contar con 8 mil docentes de inglés en formación continua y en temas de bilingüismo. Entre el año pasado y este van poco más de 3 mil.

El Gobierno también prometió fortalecer la enseñanza en inglés de 35 Escuelas Normales Superiores (las que se encargan de la formación inicial de docentes), algo que ya cumplió.

Algunas de las ocho docentes de La Fontaine hacen parte de esas escuelas, pero es Lilibeydy, la actual directora de La Fontaine, la que junto a otros dos maestros dicta clases de inglés.

Antes de la pandemia, se apoyaban con voluntarios nativos de inglés que acompañaban a los niños en el perfeccionamiento de la lengua, pero con el covid perdieron esa ayuda.

“Nosotros no queremos que los niños crezcan con el sueño americano, pero sí que sepan que son ciudadanos globales, que hay un mundo afuera que ellos tienen la oportunidad de conocer más allá de las lomas hermosas de Siloé”, asegura Lilibeidy, quien considera que hoy el inglés sigue siendo un conocimiento de élite como lo vivió ella y su hermano hace más de 20 años.

Con La Fontaine (que oferta hasta quinto de primaria) y la Fundación Able, los hermanos Manrique ponen su granito de arena para cerrar las brechas de bilingüismo en Colombia desde la tercera ciudad más importante del país.

Y desde Chocó, Beinerth Chitiva, también aporta en este propósito.

Beinerth y el sueño de un Chocó bilingüe

En 2013, Beinerth Chitiva, quien fue docente de la Institución Universitaria Colombo Americana - Única, especializada en formar maestros bilingues; convenció a su esposa, empacó las maletas y, aún con los reproches de sus hijos, a finales de ese año y junto con su familia, dejó la capital del país y regresó a su natal Quibdó.

A diferencia de muchos en Quibdó, Chitiva logró acceder a la educación superior, y se graduó de lenguas modernas con énfasis en inglés en la Universidad Tecnológica del Chocó; salió de su ciudad a trabajar en Cali como docente de inglés del Instituto Colombo Americano, se convirtió en abogado de la Universidad Católica de Bogotá y viajó a Estados Unidos como parte de un intercambio.

Fue profesor de español en Michigan y en 2005, con el apoyo de Colfuturo, inició una maestría en tecnología educativa en la Universidad de Michigan. Al terminar sus estudios en 2007 regresó a Colombia no sólo por el requisito que tenía con Colfuturo de regresar, sino porque sentía que tenía el compromiso de aportar de forma positiva a su país.

Llegó a Bogotá a trabajar en la Institución Universitaria Colombo Americana, en la que coordinó el departamento de inglés y trabajó como docente. Después de siete años y con el deseo de ayudar en el desarrollo de su departamento, regresó a Chocó.

Una decisión que muchos le tacharon de loca porque, cada año, Chocó entra en la lista de los departamentos con mayor desempleo y pobreza en el país.  

Pero Beinerth tenía un plan para regresar a su ciudad: mientras su esposa se encargaba del emprendimiento familiar (una heladería de sabores propios de la región), él se dedicaría a fundar un centro para aprender inglés a bajo costo para que más niños de Chocó pudieran ser bilingües.

La heladería no se hizo realidad. Pero en 2014, Beinerth abrió el Centro para el Aprendizaje de Inglés en Quibdó, una corporación sin ánimo de lucro. Desde entonces, tiene un promedio de 120 estudiantes al año.

Uno de los grandes resultados del instituto de Beinerth es que en las pruebas Saber 11 del año pasado, sus estudiantes tuvieron un promedio de 73 puntos, mientras que el país no alcanzó los 50 puntos y Chocó no llegó a los 40, según este informe del Laboratorio de Economía para la Educación de la Universidad Javeriana.

Chitiva le aseguró a La Silla que el 87 por ciento de los estudiantes que presentaron la prueba se encuentran en los estándares B1 y B+, los niveles más altos de calificación de las pruebas Saber, lo que quiere decir que pueden comprender textos y conversaciones y comunicarse con un amplio vocabulario, según el Marco Común Europeo de Referencia que es un estándar internacional para calificar las competencias en inglés.

El B1, el cuarto de los cinco escalafones con los que se califica el desempeño de ese idioma en Colombia (comprender y expresarse de forma oral y escrita), era el nivel que la mitad de los estudiantes que terminaban bachillerato debían tener en 2005, un año después de que Uribe creara el Programa Nacional de Bilingüismo, meta que no se ha logrado ni en un 5 por ciento hasta 2018.

“Es difícil medir a todo el país con el mismo rasero cuando todos no tienen las mismas condiciones, pero esa es la realidad”, dice Beinerth quien por esa misma desigualdad ofrece becas completas y parciales para futuros estudiantes de su instituto o de la Universidad Tecnológica del Chocó.

Para Chitiva, quien considera los retos que tiene el país pasan por capacitar más docentes en inglés, contar con aulas que tengan herramientas tecnológicas y audiovisuales para que la enseñanza sea más integra.

En su instituto, Beinerth ya ha superado ambos obstáculos, por eso busca que más estudiantes de bajo recursos tengan oportunidades con el inglés.

Una de las beneficiarias de las becas que ofrece Chitiva fue Maryuri Zuñiga, quien desde los 12 años llegó de la vereda Uzaraga, en el Bajo Baudó, a Quibdó para trabajar como empleada doméstica en hogares, mientras terminaba el colegio. El sueño de estudiar inglés era lejano hasta que Beinerth le dio una beca.

Lleva seis de los diez semestres, y aunque Maryuri sabe que le falta perfeccionar su inglés, espera en un futuro cercano que este segundo idioma le abra las puertas. “Quiero seguir estudiando, conocer otras partes del mundo, afianzar más la lengua en un país donde el inglés sea nativo”

Liz Violeta Castañeda, de 15 años, también pagó sólo la mitad de los costos del instituto; llegó allá porque su mamá, Yaffaidy Córdoba, una administradora de empresas, no quería que repitiera su historia de perder oportunidades laborales por no saber inglés.

“Hoy en día, dominar una segunda lengua, en este caso el inglés es muy importante para tener mayor posibilidad de acceder a mejores trabajos en el mercado laboral y mayores salarios. Básicamente esa habilidad ya es indispensable”, le dijo a La Silla Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía para la Educación de la Universidad Javeriana

Además de lograr o no un empleo, manejar un segundo idioma impacta en el salario. Según la revista Forbes, una persona bilingüe puede ganar hasta un 25 por ciento más que una persona que no lo es (aunque no aclara si en Colombia o en cualquier lugar del mundo).

En este caso, Isabel Tejada del grupo de investigación ‘Educación para el bilingüismo y el multilingüismo’, dice que ganar más o no depende del nivel de inglés técnico, es decir del que maneja una terminología propia de cada carrera.

“Lo que estamos intentando hacer en el sector educativo es que los estudiantes tengan un nivel básico y luego tengan la oportunidad de escoger cómo lo refuerzan en la educación superior”, aclara Tejada, aún cuando reconoce que hay un porcentaje importante de jóvenes que no llegan a la universidad.

Bajo la lupa de varios estudios, el aprendizaje en inglés en el país no marcha bien. Por ejemplo, el mes pasado Colombia ocupó el puesto 77 entre 100 países evaluados cuya lengua nativa no es el inglés, según el estudio EF English Proficiency Index (EPI) y su clasificación en habilidades de escritura y comprensión auditiva fue ‘muy bajo’.

Sin embargo, Carolina Cruz, jefe de inglés para sistemas educativos del British Council, le dijo a La Silla que el estudio del English Proficiency Index no toma una muestra representativa del país y la evaluación que realiza es de manera virtual a la que cualquier persona puede acceder, por lo que no expone la realidad completa del país frente al inglés.

Cruz aclaró que aunque no se ha alcanzado un nivel alto de inglés, sí ha disminuido el porcentaje de estudiantes en niveles muy básicos. Además, dijo que el Gobierno realizaba un esfuerzo por cerrar estas brechas.

“Hace tres años un estudiante de un colegio público no contaba con materiales para aprender inglés, ahora contamos con un curriculo sugerido para enseñar inglés, materiales o libros para aprender con los profesores que también están online y los docentes se han entrenado en el uso y manejo de estas herramientas”, dijo Cruz.

Este año, el Ministerio de Educación entregó más de 1,6 millones de libros de inglés en más de 4500 instituciones educativas en todo el país.

Por ahora, el bilinguismo en el país sigue siendo un reto en un mundo en el que el inglés se ha convertido en un idioma universal. Y que lo será cada vez más.

Como dice María Luz Rodríguez, en nuestro podcast El Futuro del Futuro, los mejores empleos en diez años, que serán aquellos vinculados a la tecnología, se ubicarán en aquellos países cuya población trabajadora esté preparada para ellos. “Porque la tecnología permite ubicarlos en cualquier país del mundo”, dice. Y el prerrequisito básico es que hablen inglés.

“¿Por qué el inglés? porque el inglés es la lengua de la globalización, de la ciencia, de la tecnología. El mundo habla inglés. Quizá en 10 años tengamos que cambiar a otro idioma, pero aprender una lengua extranjera ya te cambia, dejas de pensar sólo en tu cultura, alzas la vista y ves todo el mundo que te rodea”, asegura Lilibeydy, desde el colegio La Fontaine en Cali.

Sobre el novelista Arnoldo Palacios: habla Alfonso Carvajal, escritor y columnista

Carvajal habló en En vivo extra junto con Carmen Millán, directora del Instituto Caro y Cuervo, y Fabio Martínez, escritor y académico de UniValle, a propósito de los cinco años del fallecimiento del novelista chocoano Arnoldo Palacios, autor de Las estrellas son negras.

Tomado de Blogs El Espectador

Carvajal Rueda, uno de los críticos que mejor conoce la vida y las novelas de Arnoldo Palacios, resaltó el realismo de sus obras y aspectos biográficos del escritor.

Alfonso Carvajal es escritor, editor y columnista. Autor de las novelas Hábitos nocturnos (2008), El desencantado de la eternidad (1994), La sonata del peregrino y Ruega por nosotros. De los libros de cuentos Pequeños crímenes de amor y Jardines sin flores. Columnista de literatura de El Tiempo.

Estas fueron sus respuestas a la periodista María Perea Villegas:

¿Por qué parece que le bastó a Arnoldo Palacios una novela corta para hacerse a un lugar en la literatura colombiana?

Las estrellas son negras es una novela pionera en Colombia que trata y describe lo urbano en medio de la selva, y logra transmitirlo en un ambiente y lenguaje originales.

Es la Quibdó de la década de los cuarenta en el siglo XX. Antecede a Cien años de soledad y La tejedora de coronas, en una época donde la industria editorial era precaria.

Su lenguaje combina lo castizo con el dialecto vernáculo, expresado a través de una voz poderosa y espontánea.

Con momentos poéticos y un crudo realismo narra una historia casi inocente, porque el protagonista es Irra, un adolescente, entonces vemos el mundo a través de su mirada.

En el trasfondo la novela recorre también la adversidad y pobreza de una raza que está sometida, que no participa de los privilegios de una clase dominante.

Creo que este fragmento resume el hondo mensaje del libro: «Algunos nacemos para morir sin tregua… Otros nacen para la alegría. Son estrellas diferentes. Las de ellos titilan eternamente y tienen el precio del diamante. Y la mía, Señor, es una estrella negra… ¡Negra como mi cara, Señor!».

Háblenos, por favor, sucintamente de los orígenes, la formación y la vida de Arnoldo Palacios.

Los orígenes de Arnoldo Palacios comienzan en Certeguí, Chocó, donde nace en 1924.

En su infancia, rodeado del río y la espesura selvática, oyó en las rondas nocturnas algunos cuentos de Las mil y una noches, que leía el tío Juan, y el tío Arcesio relataba la rica oralidad de la región, en décimas, versos o coplas.

Estudia en Quibdó y termina su bachillerato en Bogotá, en el Camilo Torres. En 1949, en la capital, el editor catalán le publica 500 ejemplares de Las estrellas son negras.

Se gana una beca y va a estudiar a París Lenguas clásicas. En Francia vive más de 50 años, donde estudia literatura, idiomas y el sentido histórico de su raza.

Otras novelas que publica posteriormente son La selva y la lluvia y Buscando mi madrededios que son textos de obligada lectura para acercarse a su literatura y a la población afrocolombiana.

¿Conoce a un escritor o poeta afrocolombiano vivo, ojalá joven, que nos quieran recomendar?

Recomiendo a Javier Ortiz Cassiani, historiador y escritor cartagenero, columnista de El Espectador. Su espíritu crítico lo ha llevado a escribir Un diablo al que llaman tren, sobre el ferrocarril Cartagena-Calamar, y es un estudioso de la masacre de las bananeras, entre otros temas.

Convocatoria Actualización Banco de Datos de Profesores Contratistas Elegibles

La Vicerrectoría Académica de la Universidad del Valle requiere actualizar su Banco de Datos de Profesores Contratistas Elegibles (BDPCE) con profesionales preferiblemente con postgrado.

Los interesados en participar en esta convocatoria pueden inscribirse entre el 6 y el 20 de diciembre del presente año.

Los aspirantes deberán acreditar título profesional y preferiblemente postgrado, experiencia profesional o docente en el área, ser ciudadano colombiano en ejercicio o residente autorizado.

Más información

Gustavo Álvarez Gardeazábal: magia y vigencia de un patriarca

Gustavo Álvarez Gardeazábal, autor de diecisiete novelas y más de otra docena de libros de cuentos, ensayos y artículos de opinión... Un mito verdadero y viviente de la literatura.

Tomado de El Universal

Por Gustavo Tatis Guerra


Es un patriarca de la novela colombiana y un mito verdadero y viviente de la literatura. Un hombre que amanece para escribir, opinar y denunciar. Y cuidar de sus gansos y sus orquídeas. Su arte narrativo sobrepasó el medio siglo de creaciones, desde 1965, con su primera obra publicada, y desde 1971, consagrado mundialmente por su legendaria novela Cóndores no entierran todos los días, que festeja cincuenta años como si acabara de escribirse, un clásico nacional llevado con éxito al cine y una de las novelas más leídas por las nuevas generaciones, traducida y estudiada en las universidades del mundo.

Es Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tuluá, Valle del Cauca, 1945), autor de diecisiete novelas, y más de otra docena de libros de cuentos, ensayos y artículos de opinión. Premiado y celebrado, mordaz y contestatario, apasionado e implacable en la búsqueda de las verdades ocultas de las regiones y el país, es, sin duda, una conciencia viva, visionaria, y una criatura obstinada en su vocación de crear ficciones surgidas de su inmersión profunda en la realidad, y en crear nuevas realidades surgidas de las ficciones despiadadas y a la vez maravillosas que depara la existencia. Álvarez Gardeazábal ha sido, a lo largo de sus intensos y fecundos 75 años, un hombre de imaginación pragmática, escritor de ficción, profesor universitario, político, alcalde de su natal Tuluá y dos veces gobernador del Valle. A través de su obra literaria, convirtió a Tuluá en un referente nacional e internacional, y descifró los secretos y trasfondos deshumanizados del poder y la violencia colombiana de mediados de siglo XX.

Él ha tenido el mundo en sus manos y ha cumplido los designios de un capitán en tierra, que no le interesa vivir en otro lugar del universo que no sea Tuluá. Y allí ha traído como un imán a la capital del Valle del Cauca, a los personajes del mundo literario que convocó desde la Universidad del Valle: desde el mítico Juan Rulfo, el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel Camilo José Cela, y otras celebridades como Clarice Lispector, Jorge Edwards, Fernando Alegría, entre otros. Su novela Cóndores no entierran todos los días fue premiada en España y exaltada por uno de los jurados: el Premio Nobel Miguel Ángel Asturias.

Todas las mañanas me despierta Álvarez Gardeazábal con sus magistrales audios interpretativos de la realidad nacional, que son, a la vez, un diario conmovedor de la peste que vivimos. Con él iniciamos esta conversación.

¿Qué siente y piensa al saber que cincuenta años después su novela Cóndores no entierran todos los días es leída por las nuevas generaciones y sigue siendo estudiada en universidades de Colombia y el mundo?

-Ahora, que esta pandemia afectó de manera tan dramática la educación, la lectura de libros y las librerías, me siento un privilegiado: ya tiene su nicho en el altar de la historia literaria de este país.

Regresemos a la infancia: ¿Qué imágenes y vivencias de infancia permearon su sensibilidad y vocación de escritor? ¿Qué hay del temperamento de sus padres en usted?

-Curiosamente, mis personajes no han sido niños. Esa deuda trato de pagarla en El papagayo tocaba el violín, la novela que estoy a punto de terminar, donde el narrador es un niño dotado de la capacidad de recordar desde el mismo día de su nacimiento. Por el otro lado, la influencia de mis padres es evidente, soy hijo de un paisa emprendedor (pleonasmo), autodidacta y como tal sembrador de lecturas. Y de una madre artista, pintora, violinista y fundamentalmente católica.

¿Qué libros y autores fueron decisivos en su juventud? Hábleme de algunos de ellos y a cuál de esos libros sigue deslumbrándolo.

-Como fui precoz en la lectura y antes de entrar al kínder (en aquella época no existían pre-escolares ni nada de eso) sabía leer de corrido, mi padre me regaló El libro de oro de los niños, que era una colección de seis libros con resúmenes de todas las áreas de humanidades y, cuando los devoré, me regaló la colección Pulga, que eran 100 libritos en tamaño enano que condensaban de manera absurda las grandes obras literarias de la humanidad. Es decir que yo primero me leí el resumen de las obras que después me cautivaron.

¿En qué momento intuyó que el escenario de sus novelas iniciales sería Tuluá, su pueblo natal? ¿Cómo recuerda al pueblo de su infancia y qué lugares de allí siguen ejerciendo en usted una presencia misteriosa para sus narraciones?

-Cuando llegué a Pasto, hace 51 años, la extraña lejanía que daba esa ciudad sin habernos ido de Colombia me aumentó la nostalgia por el terruño nativo y la volví metáfora.

¿Cómo fue el proceso de convertir personas de carne y hueso en personajes de ficción?

-Inicialmente muy fácil, después un problema porque confundí la realidad con la ficción y más de un vivo que yo había matado en mis novelas acudió a hacerme el reclamo. Después llegó la Constitución del 91 y nos prohibió a los escritores abusar de la realidad con nombre propio.

¿Qué obsesiones cree que han sido claves y persistentes en su obra literaria?

-Fundamentalmente, el poder. Lo he estudiado desde muchos ángulos y, como tal, lo he descrito en una y otra mano, masculina y femenina. Si usted revisa mis novelas, todas son una radiografía del poder a lo largo de la historia de la segunda mitad del siglo XX en Colombia.

Su novela sobre Armero, vuelta a editar, cobra vigencia y nos revela su intuición profética ante la mayor tragedia en la que murieron más de 25.000 habitantes del pueblo. ¿Qué nuevas sorpresas le ha generado esta novela entre sus nuevos lectores?

-La más grande sorpresa: no creía que hubiese sido una novela tan bien escrita. Como el mejor juez de la literatura es el paso del tiempo, el que Los sordos ya no hablan pueda leerse como si la hubiese escrito hace un mes y no hace 30 años, cuando la publiqué, me ha demostrado que lo hice bien. Eso es muy grato verlo en vida.

Usted sostiene un diario hablado desde mucho antes de empezar la pandemia y en él descubrimos su sorprendente agudeza crítica, su gran sentido de humor y su visión política de la realidad colombiana. ¿Qué es lo peor que le ha ocurrido a Colombia y qué puede ser lo mejor durante y después de esta pandemia?

-Lo peor que le sucedió a Colombia en un solo día fue lo de Armero. Lo peor que le sucedió en 10 años fue la violencia del 48 al 58 del siglo pasado. Lo más grave que le puede suceder en el futuro es que no seamos capaces de superar la pandemia por falta de liderazgo público, político y empresarial. De las dos primeras he hecho novelas eternas. De la última aspiro a no alcanzar a resistir esa crisis.

¿Qué autores, libros y aventuras cotidianas ha descubierto en el confinamiento?

-Me he dado el lujo de volver a leer autores que había clasificado en mí ya muy larga vida de lector enfermizo. Algunos les he ratificado mi admiración a otros he tenido que bajarlos del pedestal.

¿En qué ambiente escribe sus libros? ¿Sigue cultivando orquídeas? ¿Qué objetos o talismanes le gusta coleccionar o guardar?

-La agüerista era mi abuela, yo no cargo nada de eso. He vivido una gran parte de mi vida en mi finca El Porce, a orillas del río Cauca, y soy muy campesino en costumbres, cultivo orquídeas y soy animalero, pero me hace mucha falta Cartagena. Llevaba 15 años yendo a pasar una semana al mes mirando el mar y esperando la brisa y esta pandemia me tiene castigado, estoy muy viejo, ya tengo 75 y poseo un prontuario médico que me hace candidato a tener que vivir confinado hasta que no pase la peste.

Usted es quizá el único escritor que ya tiene su propia tumba en Medellín. ¿Por qué eligió estar al lado de la tumba de Tomás Carrasquilla?

-Al lado de Carrasquilla y enfrente de Jorge Isaacs en el cementerio museo de San Pedro en Medellín, ya está lista, con escultura del maestro Vélez Correa esperando que vaya a ocupar el hueco...

Epílogo
Testigo de su tiempo, él es ahora una memoria viviente de una tierra sangrante, cuyos horrores aún no cesan. Su perplejidad y su sentido crítico se mantienen en alto detrás de sus vivaces ojos de buceador de milagros. Sabe que ya ha escrito una obra perdurable e insoslayable en las letras nacionales e intuye que las nuevas generaciones seguirán pasando sin cesar por sus páginas, viendo el retrato quebrado de nuestras atrocidades, el retrato de una violencia con nuevos actores, bajo el ala de nuevos cóndores. Pero no ha dejado de escribir en más de sesenta años de vocación literaria. Siente que, pese al paso del tiempo, él seguirá siendo aquel niño que se asomó a las rendijas de la ventana de su casa de Tuluá y “se quedó mirando para siempre el mundo que le rodeaba”.

Sensible, insobornable, capaz de asumir cada una de sus verdades, amanece descifrando las noticias del mundo, con su valiente y obstinado corazón de sembrador de orquídeas.

Las nuevas apuestas de universidades caleñas

Gastronomía, Ingeniería Biomecánica, Periodismo Digital, Ingeniería Agronómica... estos son algunos de los programas de pregrado y posgrados que estrenaron o estrenarán centros de educación superior de Cali.

Publicado en El País de Cali, 6 Diciembre 2020, Página B10.

Por Alejandra Escobar Sarria, del Semillero de Periodismo UAO-El País

Los jóvenes que comenzarán sus estudios universitarios tienen hoy más opciones de programas en universidades caleñas.
La creación de nuevos programas de pregrado y posgrado por parte de las instituciones de educación superior han permitido el desarrollo e innovación en diversos campos de conocimiento, respondiendo a las expectativas de los jóvenes caleños y colombianos.

Las universidades Icesi, Javeriana Cali, Autónoma de Occidente, San Buenaventura-Cali y la Universidad del Valle son algunas de las que han optado para este o para el próximo periodo académico, abrir nuevas carreras para los jóvenes que dan inicio a su educación universitaria o aquellos que ya terminaron este proceso.

Estas instituciones abren sus puerta a jóvenes que buscan otras opciones de estudio profesional, ofreciendo programas de humanidades, medicina, ingeniería y administrativos.

Universidad del Valle

Administración pública
Este programa se enfoca en la formación ética, crítica-analítica y de abordaje de problemas en la relación de Estado-sociedad, brindando capacidades para orientar las instituciones, organizaciones y proyectos sustentables-sostenibles del territorio, en pro del desarrollo económico, político, cultural, ambiental y social.

Maestría en Prospectiva e Innovación
Este magíster tendrá la capacidad de desarrollar una planeación prospectiva en el campo del sector público, con el objetivo de orientar de mejor manera las políticas públicas del futuro. Por otro lado, se fomentará el desarrollo de proyectos de innovación social, que contribuyan a un mejoramiento sustantivo de las problemáticas sociales, tanto locales, como regionales.

Doctorado en Gobierno, Política Pública y Administración Pública
La formación académica del doctor en Gobierno, Política Pública y Administración Pública permitirá la lectura en forma crítica y propositiva de la esfera de lo público en el nivel local, nacional e internacional, mediante la investigación científica aplicada al gobierno, políticas públicas y la administración pública. Logrando desempeñarse en la dirección o coordinación de calidad, en la planificación, realización y evaluación del control de calidad.

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