Universidad y Región

Brecha entre la educación básica y la superior: un problema de fondo

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Jueves, 13 Agosto 2015
Agencia de Noticias Univalle

Por Dennis Rubio para el Periódico Campus

“A los estudiantes que reciben las instituciones de educación superior de Colombia les queda muy grande ese nombre”. Esto dijo la profesora de la Universidad del Valle María Cristina Tenorio, en el marco de la VII Semana Maestra, evento insigne del Instituto de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle para celebrar y reflexionar sobre la profesión docente y la educación en Colombia.

Las posibilidades y obstáculos de los maestros, los avances y retrocesos de la Ley general de Educación y las tendencias en el conocimiento y la formación de educadores fueron algunos de los temas que se abordaron en la Semana Maestra, desafiantes y problemáticos para el desarrollo de la educación en Colombia.

Uno de los problemas más graves es la calidad de la educación básica, manifestados, según la docente Tenorio, en las deficiencias educativas con las que ingresan los estudiantes a la Universidad o la brecha existente entre la educación básica y la educación superior.

El oficio de estudiante

El oficio de estudiantes es muy diferente a otros trabajos. La élite era la única que podía practicar este oficio hasta los años 60 en Colombia, cuando hubo una reforma educativa y se ampliaron los cupos en colegios y universidades.

Lo que los padres trasmitían a sus hijos eran trabajos físicos, de la tierra, trabajos manuales y artesanales que no requerían de un aprendizaje intelectual. Según Tenorio, los seres humanos somos expertos para la transmisión de trabajos a través de la práctica, sin embargo no somos tan buenos para la transmisión verbal y es por esto que los jóvenes, quienes no han desarrollado habilidades para el trabajo intelectual, tienen problemas cuando entran a la Universidad.

“La universidad sigue siendo tan verbalista como lo fue en sus comienzos en el los siglos XI y XII y sus aprendizajes conceptuales son muy difíciles cuando a nivel escolar el joven no ha desarrollado toda una serie de habilidades que tienen que ver con el dominio de la lengua, del razonamiento”, comenta.

El trabajo intelectual tiene unas características que no son fáciles de transmitir por medio un profesor que dicta cátedra delante de un auditorio de 200 estudiantes. Trasmitir conocimientos de esta manera implica una preparación desde la cuna, para que el estudiante aprenda eficientemente.

“El trabajo intelectual requiere concentración para seguir con atención largas exposiciones y un muy buen nivel de lectura comprensiva, lógica para entender argumentos y demostraciones verbales y escritas, saber destacar lo fundamental de lo leído y escuchado para anotar y esquematizar, saber escribir y expresarse oralmente con buena sintaxis, amplio vocabulario y buen manejo del español estándar”.

Los profesores universitarios asumen que sus estudiantes tienen estas herramientas y las dan por sentadas, pero la verdad es que pocos estudiantes merecen el nombre. Las deficiencias de la educación básica en Colombia las termina pagando la universidad, con las altas cifras de deserción estudiantil que se presentan, principalmente en las instituciones públicas.

Investigando las causas de la brecha y el fracaso estudiantil

El proyecto Universidad y Culturas, que coordina la docente Tenorio, inició en el 2005 una acción de acompañamiento que apoyara estudiantes provenientes de resguardos y comunidades étnicas que ingresan a la universidad sin estar listos para su nivel de exigencia. A lo largo de los años, las actividades se diversificaron y la población intervenida ahora incluye a toda la comunidad universitaria.

Investigaciones e intervenciones de Universidad y Culturas en escuelas de los resguardos Guambía y Nasa e instituciones educativas de estratos 2, 3 y 5 en Cali han generado un diagnóstico cualitativo sobre las necesidades y deficiencias de los estudiantes.

Según Tenorio, la Ley General de Educación, o ley 115 de 1994,  se expidió en un momento contradictorio: cuando se estaba terminando el proceso constituyente. Luego, apareció el plan de apertura educativa, que correspondía con el plan de apertura económica, e incluía reducción del tamaño del estado. “Ya estaba en marcha un modelo de educación y por otro lado aparece la constitución con planteamientos que son contradictorios, entonces la ley dirimió ese problema en favor de las posturas democráticas, pero luego el acto legislativo 01 del 2001 y la ley 715 derrotan la Ley General”, comenta.

La Ley General fue un gran avance para la educación en sus inicios, pues introdujo cambios en el sistema de evaluación escolar al eliminar la calificación numérica sumatoria y proponer la evaluación cualitativa de procesos; de esta manera, se daban mayores oportunidades a los escolares de lograr los aprendizajes del programa en algún momento del año escolar.

Pero, año por año, a los docentes dejó de interesarles la manera de calificar porque el gobierno cambiaba las maneras de hacerlo. Los docentes de los colegios públicos, principalmente, no fueron formados para trabajar con este cambio: se les pidió construir “logros”, pero como sólo sabían calificar y no habían transformado sus nociones de aprendizaje, no pudieron comprender ni implementar  la evaluación de procesos.

El Ministerio de Educación comenzó a cambiar los nombres de lo que evaluaba: indicadores de logros, objetivos, competencias, estándares de competencias; pero nunca enseñó qué era evaluar. “Los logros cambiaron a objetivos y luego competencias y nos quedamos con la peor de todas: las competencias” expresa Tenorio.

Además, tampoco formó en modelos educativos. “La enseñanza cualitativa de procesos se basa en otras maneras de concebir y de promover la educación y el aprendizaje. Muy distantes de la enseñanza como transmisión de contenidos, que es en lo que la educación se ha convertido”.

Con la Ley 715 se abrió la puerta para que la evaluación dejara de exigir conocimientos y pasara a exigir ciertos formatos de pregunta, como las que propone el Icfes. Entonces, los colegios se centraron en enseñar esto y los tipos de tema que plantea el Icfes, pero no conocimientos.

 “La promoción automática y la ‘revolución educativa’ de la Ley 715, que se traduce como ampliación inmensa de cobertura sin calidad, hicieron daños irreparables. Así, a golpes, es como marcha la educación en Colombia”, expresa la docente.

“Desde esa Ley, no importa que el estudiante aprenda, sino que pase a como dé lugar para mostrar las estadísticas del número de estudiantes que estudian y que pasan, no importa si son malos. Con todas esas reformas el único que se quedaba era el más necio de los necios. Entonces los desaplicados se ponían las pilas para recuperar todo en las últimas dos semanas, aprendían a responder las preguntas del Icfes, quedaban en la Universidad y acá tuvimos varios platos de esa misma comida”.

Según la docente María Cristina Tenorio, los profesores perdieron la autoridad del saber y ya no pueden incitar a los estudiantes a estudiar. Hoy, en secundaria, en colegios públicos y privados de nivel popular e incluso medio, hay una ausencia total de rutinas de estudio y trabajo escolar tanto en clase como en casa; cada vez hay una mayor desvalorización y ridiculización del esfuerzo académico: ser buen estudiante convierte al escolar en objeto de exclusión social; domina un desinterés inmenso por el conocimiento letrado y el aprendizaje escolar resulta aburridor para los jóvenes, quienes prefieren dominar las nuevas tecnologías y ya nadie introduce en la lectura.

El gran problema de la manera de concebir la educación básica es que la exigencia de aprendizaje no se transformó, sino que disminuyó.

Otra cosa que interfiere en la calidad de la educación básica son las nuevas tecnologías de información y comunicación. Según indicó el trabajo etnográfico de las investigaciones, la mayoría de los jóvenes no van al colegio para aprender, sino a socializar, conversar con los amigos, buscar compañía. “El trabajo escolar se transformó en un simulacro: pedir copia antes de la clase, embolatar las clases, enviar y recibir mensajes y escuchar música. La generalización del uso de smartphones y tablets volvió obsoleta e insoportable la lectura de libros de texto y la atención en el aula”, explica Tenorio.

¿Cómo evitar el fracaso estudiantil?

La Universidad sigue trabajando para disminuir las cifras de deserción estudiantil, es por eso que el proyecto Universidad y Culturas sigue proponiendo planes académicos preventivos y de amplia cobertura, como los cursos de vida universitaria y los de refuerzo en matemáticas y español.

“Las investigaciones llevadas a cabo en los colegios y en la Universidad nos han permitido entender las estrategias que se deben usar para que el transito del colegio a la Universidad no resulte tan difícil y no conlleve al fracaso”, dice Tenorio.

“Aunque todavía no está planteada una reforma definitiva que cure todos los males, los planes que tenemos ahora son amplios e incluyen a toda la comunidad. Lo que sigue es la creación del ciclo de transición del bachillerato a la universidad.”
Además, Universidad y Culturas trabaja en un Sistema para la Permanencia y el éxito estudiantil, que debe integrar los saberes producidos, y coordinar las acciones que se emprenderán para crear planes y estrategias, los cuales estarán basados en lo que ya se ha aprendido en las intervenciones realizadas por estos mismos actores institucionales.

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