Es innegable la dicha que muchos sentimos al pensar que el Gobierno Nacional y las FARC por fin firmen la paz. Sin embargo, la ilusión crece al imaginar que cuando esto suceda, ya los colombianos hayamos iniciado un proceso de reconciliación desde nuestras vidas privadas. ¿Qué tal si los diálogos de la paz sean solo el broche final con el que Colombia conciba la violencia tan solo como un pasado por contar?, ¿qué tal si desde las relaciones personales, la escuela, la familia, el barrio, el entorno laboral, etc., se trabaje para solucionar cada conflicto de manera pacífica?
Una manera con la cual la Universidad del Valle trabaja por ello, es dar inicio a la Cátedra de la Paz en la institución. Esta asignatura que lleva como título “Educación y Cultura para la Paz”, cuenta con cuatro grupos a los que alrededor de 90 estudiantes, asisten todos los martes de 3:00 p.m. a 6:00 p.m. para compartir acuerdos, diferencias, ideas y preguntas sobre la situación social y política del país, la ciudad, el barrio, la universidad o la familia.
Germán Perdomo Abello, un hombre alto, encorvado y con un caminar parsimonioso, es profesor de uno de los grupos de esta asignatura. La particularidad de su curso es que todos los asistentes son del área de Humanidades y de los últimos semestres de sus carreras. Perdomo dedujo que la universidad se ha convertido en un espacio que de alguna manera u otra impulsa a los jóvenes a “generar otras expectativas más allá de esas cotidianidades que a veces nos vuelven burbuja”, pues han adquirido la capacidad de cuestionar el tratamiento de algunos asuntos que inevitablemente afectan su vida.
“Germancho”, como le saludan muchos en la universidad, es profesor del programa de Psicología y del programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos de la Universidad del Valle. Sus vivencias son un ejemplo de los cambios que generó la violencia en la vida de varios desmovilizados, pues después de pertenecer al M-19, se encontró con lo que para él una de las experiencias más bonitas de su vida: compartió con los jóvenes de Siloé un espacio donde se construyó formación política.
Con el pasar de los años, “Germancho” contempló los frutos de este trabajo con satisfacción, ya que varios de los chicos que asistieron a dichos encuentros construyeron luego un pensamiento crítico que les hizo querer saber más sobre el mundo, la sociedad, la cultura y asistir a una universidad. Lo que motivó a este hombre a seguir enseñando fue que se le acercaran y le dijeran: “Si ustedes no hubieran llegado al barrio yo creo que ya hubiera muerto, o no hubiera conocido el centro de Cali.”
Desde hace tres años y medio Perdomo enseña en la Universidad del Valle y junto con otros tres profesores fue escogido para dictar la Cátedra de la Paz en la que algunos guardan tanta esperanza. El enfoque que Perdomo ha decidido darle a su asignatura es el de formación ciudadana, pues para él en Colombia hay una gran cantidad de personas que desconocen sus derechos y sus deberes, que no han leído nunca la constitución, y que por eso hay tan poca participación y lucha por derechos humanos.
El profesor cuenta que desde hace un tiempo, a partir de los diálogos de la Habana, se habló de la construcción de la Cátedra de la Paz o promover una Pedagogía de la Paz que se dirigiera no solo a reinsertados o combatientes, sino al pueblo en general. Cuando aparece la resolución 1038, en el 2014, un colectivo de profesores de las sedes regionales de la Universidad del Valle lanzó la primera propuesta que fue aprobada. En estas sedes hay más de diez grupos de Cátedra de Paz que, al contrario del de Perdomo, están enfocados a entender y estar al tanto del proceso que se está llevando a cabo entre el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas.
Él ha decidido el enfoque de formación ciudadana ya que piensa que “La educación es clave no solo en el marco de los diálogos de La Habana, sino en el marco de la construcción de Sociedad, la construcción de ciudadanía, por eso también el interés de la cátedra en algunos como yo de tratar de llevar un poco la historia, porque estar alejados de la historia nos deja en un estado de presentismo y en ese presentismo vive la sociedad colombiana; pero cuando se abre un espectro de conocimientos se sale de ese círculo de muerte, como los chicos de Siloé.”
En el curso, el profesor se dedica sobre a todo a escuchar a los estudiantes que debaten y comparten con orgullo sus conocimientos sobre la historia política del país; otros reconocen con vergüenza que se sienten en deuda con ellos mismos por no haberse interesado antes sobre las dinámicas sociales y políticas de Colombia; hay otros que afirman con un gesto de cansancio, casi con súplica, que este país está cumpliendo un ciclo, que a “Germancho” le tocó la guerra, la lucha con las armas; en cambio, a las nuevas generaciones les corresponde la reconciliación.












