Antes de implementar la figura de policías manejados por los gobiernos locales y municipales, las alcaldías deben trabajar primero en materia de seguridad ciudadana y temas de cultura ciudadana, regulación del uso del espacio público, programas de control de la violencia de género, que pueden ayudar a contribuir en este sentido. La implementación de una policía local debería ser el último esfuerzo que adelante una administración.
Esa es la conclusión a la que llegó Jorge Srur, ejecutivo para temas de seguridad de ciudadana del Banco de Desarrollo de América Latina, durante el panel “Centralismo y gobernanza territorial”, realizado durante la conferencia anual del Grupo Latinoamericano para la Administración Pública -GLAP, que organizó el Instituto de Prospectiva de la Universidad del Valle y la Fundación Getulio Vargas de Brasil.
“El aumento de la inseguridad en gran parte de la región de América Latina está ampliando la presión sobre los gobiernos locales para hacerse cargo de más funciones vinculadas al tema de la prevención de la violencia y la seguridad ciudadana. Existe un debate que se empieza a abrir, sobre todo en los grandes países, con respecto si es mejor o no que haya gestión de policías locales, que dependiendo del presupuesto y gestión de las alcaldías, tengan intervención en la prevención e investigación del delito”, mencionó el experto.
El experto señaló que en el contexto latinoamericano hay dos experiencias, cada una en lados opuestos, pero que no representan conclusiones determinantes en el tema. Por un lado, se encuentra el caso de México, en el que la policía local participó en el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Esta figura de policía local fue reemplazada por policías de carácter nacional.
Por otro lado se encuentra el caso de la ciudad y la provincia de Buenos Aires – Argentina, que en sus primeros tres años de funcionamiento de esta figura ha recibido excelentes evaluaciones de desempeño.
Dice Srur, mientras los gobiernos que han tenido policías locales están saliendo de esta figura en función del bajo nivel de confianza de la población y que las olas delictivas se ven vinculadas a esta figura policial, en los países que no han tenido esta figura quieren implementarla.
“El análisis que se debe hacer es que no hay que confundir seguridad ciudadana con seguridad pública, los gobiernos locales pueden adelantar esfuerzos en seguridad, más allá de tener o no la policía. En el caso de Cali, la acción de mando del alcalde, combinada con la policía nacional, ha dado resultados posiblemente mejores que en otros lugares donde ha habido transferencia total de la administración de la fuerza policial dependiendo del nivel local”, apuntó el experto.
“No todos los municipios son iguales. Hay unos municipios a los que ponerlos en frente de situaciones de alta criminalidad organizada puede ser letal para sus posibilidades de funcionamiento y control”.
“Necesitamos que la policía, más que estatal, regional o local, supere el aislamiento para integrarse más a la sociedad y, en el caso de los municipios consideren que tener o no policía no es un factor determinante para contribuir a la seguridad ciudadana, que tiene muchos elementos de trabajo”, finalizó.












