Entrevista Fabio Martínez.
“La escritura para mí ha sido un largo destino íntimo” relata el escritor, columnista y académico Fabio Martínez, sobre las vertientes de su vida que emergen y retornan a las letras.
Desde la infancia estuvo influenciado por los sonidos tipográficos de las imprentas de su familia y en especial con la compañía de su abuelo materno Agustín Martínez Zanabria. “Cuando era pequeño tuve una relación con las revistas, con los recortes, con la tinta. Iba a visitar a mi abuelo y mis tíos a las imprentas, y escuchaba el ruido de las máquinas litográficas Heidelberg. El sonido, los impresos, las letras en tinta tenían un destino. Yo no podría haber sido ingeniero ni médico, estaba destinado a ser escritor”.
Perfil
Fabio Martínez relata su historia en medio de la austeridad de una oficina, sin cuadros ni recuerdos sobre el escritorio. Solo con la memoria que hila las letras de una vida. Llegar hasta su oficina fue también un largo recorrido. Primero un encuentro en bajos de Rectoría con pasos que dirigieron hacia el edificio 386 de la Universidad del Valle. Al entrar al edificio, una primera parada en la fotocopiadora, hay que anillar un libro; luego, el encuentro en las escaleras con algunos estudiantes; en el segundo piso encuentro con algunos colegas, preguntas sobre la docencia; una pausa en la dirección de literatura; escaleras solitarias; un tercer piso con las secretarias; un pasillo con puertas cerradas y nombres de docentes en cada una; casi llegando al final, está su oficina. Desde ese tercer piso con árboles contra las ventanas, un espacio compartido con otros tres docentes y la experiencia que solo otorgan los años, Martínez empieza a narrar.
Fabio Martínez nació en Cali el 12 de abril de 1955. Cursó una Licenciatura en Literatura e Idiomas en la Universidad Santiago de Cali y al terminarla decidió ir estudiar a París. En París estudió la Maestría en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad de la Sorbona, París III; con maestros como Claude Fell, especialista en literatura colombiana y traductor al francés de La Vorágine de José Eustasio Rivera, y Saúl Yurkievich, poeta, ensayista y académico argentino.
“Fui a París porque quería ser músico y escritor. Como músico fracasé en el intento”. Así como hay músicos de cámara y orquesta, Fabio Martínez se autodenomina: músico de metro, oficio gracias al cual sobrevivió durante cuatro años en París, pero que abandonó para continuar la línea de la escritura. Siguiendo las huellas del Boom Literario Latinoamericano con García Márquez, Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Julio Cortázar, se dirigió hacia Barcelona y Madrid. Después de seis años de recorridos, encuentros y aprendizajes, regresó a Colombia.
En 1984 viajó a la capital del país y se vinculó como catedrático de literatura colombiana y latinoamericana a las universidades Externado, Javeriana, Pedagógica y Distrital. Además tuvo la oportunidad de trabajar junto a un núcleo de escritores que impulsaban las letras y estar presente en los momentos claves que marcaban la cultura colombiana. En 1987 estuvo presente en la creación de la Casa de poesía Silva dirigida por la poeta y periodista, María Mercedes Carranza. La Casa de poesía Silva es considerada la más importante en el continente, y la primera casa de poesía que se abrió en el ámbito de la lengua española. En 1988, el académico y escrito Fabio Martínez, participó en la reinauguración de la Feria Internacional del Libro en Bogotá, después de una pausa tras sus inicios el 10 de octubre de 1936, gracias al dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán.
En esta época Martínez escribe su primera novela e inicia su carrera como autor con “Un habitante del séptimo cielo”. Una novela con señales autobiográficas que narra la historia de dos caleños que quieren ser famosos en París, uno escritor y el otro cineasta y fracasan en el intento. Además, en 1987 gana una mención especial en la beca Ernesto Sábato.
En 1989 regresa a Cali y se vincula como contratista a la Universidad del Valle, buscando una flexibilidad en el tiempo para seguir escribiendo. En 1991 es fundador director del periódico La Palabra y entre 1994 – 1999 logra una comisión de estudios para ir a estudiar un doctorado en semiología en la Universidad de Quebec en Montreal UQAM, Canadá.
“Hay tres asuntos importantes en Canadá: el frio, la soledad y el suicidio. Yo aproveché al máximo las dos primeras. Como estudiante de doctorado no tenía nada más que hacer que encerrarme en esas maravillosas bibliotecas que tiene Canadá, para leer, estudiar e investigar. Allí escribo tres libros. Primero realizo una tesis que se llama El viajero y la memoria, y nos habla de la literatura de viaje en Colombia. Desde el diario de Colón hasta las novelas de viaje del Siglo XX. Me queda tiempo para escribir más libros de ficción y escribo un libro de minificciones: Del amor inconcluso. Y también realizo la investigación sobre la biografía de Jorge Isaacs, La búsqueda del paraíso.”
En 1999 Martínez gana dos premios, el Primer Premio de Ensayo Latinoamericano René Uribe Ferrer, Medellín con El viajero y la memoria, y el premio Jorge Isaacs. Desde hace veinticonco años es profesor titular de la Universidad del Valle, y desde el año 2001, columnista de eltiempo.com.
Venas encontradas
Fabio Martínez siempre he alternado la academia con la escritura; la literatura con el periodismo cultural.
“Entre la docencia y la escrtura, no existe una rivalidad entre una y otra. Aprovecho la docencia porque con los estudiantes aprendo. En mis cursos leo grandes obras de la literatura contemporánea, latinoamericana y colombiana, mis interlocutores literarios son los estudiantes. Hoy en día se acabaron los cafés donde iba uno a tertuliar y para mí es un poco aburridor tertuliar en las redes sociales. Yo soy hijo de Gutenberg, el inventor de la imprenta; no de Steve Jobs, cofundador y presidente de Apple. Para mí el espacio del salón de clases es algo muy importante”.
Fabio Martínez también es columnista. “Desde joven comencé a publicar textos de carácter periodístico y cultural en lecturas dominicales de El Tiempo y en el Magazine Dominical de El Espectador. No participo del criterio que el escritor se debe encerrar en una torre de marfil y aislarse del mundo para poder escribir. Me interesa el escritor que acepta la soledad de la escritura pero establece vasos comunicantes con la comunidad lectora. Y qué mejor que el periodismo. En la juventud leí mucho a Tom Wolf, Henry Miller, Truman Capote, representantes de la nueva ola del periodismo literario que planteó de manera clara que el periodismo y la literatura estaban estrechamente ligados. Desde el año 2001 sostuve por cinco años una columna en El Tiempo que se llamaba ´Imago´ y desde el 2011 volví a retomarla con una columna virtual”.
El síndrome de Bartleby, instantes de silencio
Un momento complejo para un escritor puede ser cuando padece del síndrome de Bartleby. Esta enfermedad toma el nombre del cuento homónimo ´Bartleby, el escribiente´ escrito por Herman Melville en 1853. Es la historia de un oficinista que sobrevive en un rincón de una oficina y cada vez que el jefe le pide alguna tarea siempre responde: “preferiría no hacerlo”. El síndorme de Bartlebly representa ese momento en que las palabras prefieren no salir para ser impregnadas en papel o tecleadas ante una pantalla.
“El momento más difícil y más doloroso de la escritura es cuando no puedes escribir. Yo he sufrido varias veces de esta patología. Es una especie de desierto, de impotencia literaria, muy comparable a la impotencia sexual o la imposibilidad de procrear. La escritura verdadera es la que sale del corazón, del espíritu. Nietzsche decía que uno debía escribir con la sangre. Cuando uno no siente que está comprometida la sangre del autor, es mejor no escribir. ¿Para qué escribir por obligación un libro cada año?
Así como hay períodos de bonanza literaria, también hay períodos de sequía. El escritor que no haya vivido eso no es un escritor. Es como si quisieras algo y tienes un mal interior que te impide hacerlo. Cuando esto sucede, toca hacer otro tipo de cosas, hace yoga, atletismo, enamorarse, acariciar a tu gato. Esta patología creativa se representa muy bien en la novela ´El mal de Montano´ escrita por Enrique Vila-Matas y publicada en 2002.
Juan Rulfo vivió el síndrome durante toda la vida, escribió en los años 50 dos libros, Pedro Páramo y el Llano en Llamas, y después no volvió escribir. El escritor Vargas Llosa nunca ha sufrido de este mal. Siempre ha sido perfecto, el escritor peruano es un gentleman de la literatura que no ha sufrido de literatosis”.
Visión sobre el Valle del Cauca
Hoy en día, en la región confluyen cinco generaciones de escritores. La generación de los 40 donde está Fernando Cruz Kronfly, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Marco Tulio Aguilera, Rodrigo Parra Sandoval, Carmiña Navia, Hernán Toro, escritores vallecaucanos fuertemente relacionados con la Universidad del Valle. Luego confluye la generación de los 50, donde está Elvira Alejandra Quintero, Juan Fernando Merino, Harold Kremer, Medardo Arias, Boris Salazar. En los años 60 viene una oleada de narradores con Carlos Patiño, Óscar Osorio, Alejandro López. De los 70 y 80 hay jóvenes autores como Ángela Rengifo, Jair Villano, Luis Gabriel Rodríguez, entre otros. Es decir que aquí, en el Valle, hay un movimiento literario amplio con representantes que fortalecen nuestra cultura.
Sin embargo, según Martínez, el principal problema es la difusión de esta literatura en nuestra ciudad. Hay tipografías, imprentas, editoriales universitarias, como Univalle, Javeriana, Autónoma, San Buenaventura, pero no existen editoriales comerciales. Es una literatura que no tiene una difusión regional, y sin este canal editorial vital, nuestra lietaratura no llega a un gran porcentaje de la población.
Relatos del Pacífico
Actualmente Fabio Martínez está trabajando en una novela sobre Buenaventura. En el 2013 fue nombrado Director de la Universidad del Valle, Sede Pacífico.
Fabio Martínez comenta: “Fui a Buenaventura con una mirada de escritor. Entre el tiempo que le podía robar a la dirección de la sede, tomaba notas. Buenaventura es una ciudad muy importante, culturalmente muy rica. Me gustaba ver y hablar con la gente, meterme en las comunas, en los barrios. Allí recogí material muy interesante que estoy organizando, y dándole forma de novela. Creo que será una buena novela para Buenaventura, para el Pacífico y la Universidad. La novela estará terminada para el 2017”.
Fabio Martínez ha publicado 13 libros de su autoría y 3 libros como antologista y editor. El largo camino íntimo hacía la literatura recoge nombres como Fantasio; Cuentos para bailadores; El viajero y la memoria; Club social Monterrey; La búsqueda del paraíso; Pablo Baal y los hombres invisibles; Del amor inconcluso; Balboa, el polizón del Pacífico; El fantasma de Ingrid Balanta; Un habitante del séptimo cielo; El tumbao de Beethoven; El escritor y la bailarina; Los viajes de la música y El desmemoriado. Para él la literatura sigue siendo su destino y no hay síndrome de Bartleby que lo detenga.












