Celebremos los 81 años de Univalle con la Toma Musical

El próximo jueves 11 de junio, nuestra Universidad del Valle cumplirá 81 años de historia, una fecha que merece festejarse con cultura y música con la Toma Musical a la que toda nuestra comunidad univalluna está cordialmente invitada.

Esta celebración, liderada por el Área de Cultura de la Sección de Cultura, Recreación y Deporte, se realizará en Bajos de Administración Central y reunirá algunas de las agrupaciones musicales más representativas que hacen parte de la vida artística de nuestra alma máter.

Agéndate con la Toma Cultural por Univalle
La jornada iniciará el jueves 11 de junio, al mediodía, en Bajos de Administración Central del campus Meléndez y contará con las presentaciones de:

12 m. - 2 p.m. | Orquesta Univalle
5 - 6 p.m. | Estudiantina Univalle
6 - 7 p.m. | Músicos Folclóricos

Les esperamos, comunidad universitaria, a compartir esta fecha y celebrar desde la cultura y la música los 81 años de nuestra alma máter, nuestra universidad que ha sido y es nuestro hogar. El hogar que, durante más de ocho décadas, ha contribuido en la formación de miles de profesionales y ha apoyado el desarrollo de la región y del país.

¡Ven y celebremos juntos los 81 años de la Universidad del Valle!

 

Estudiante de Arquitectura en muestra fotográfica 'Cali se vive'

Pablo Daniel Urriago Delgado, estudiante de último semestre del programa de Arquitectura de la Facultad de Artes Integradas, es uno de los seleccionados para participar de la muestra fotográfica 'Cali se vive', organizada por la Alcaldía de Cali, a través de la Unidad Administrativa Especial de Gestión de Bienes y Servicios.

La muestra, inaugurada el pasado jueves 4 de junio en el Parque del Gato y ubicada en el corredor del Río Cali, reúne un total de 20 imágenes seleccionadas minuciosamente entre más de 90 postulaciones de creadores tanto aficionados como profesionales.

'Cali se vive' tiene como propósito engalanar la infraestructura municipal y rendir homenaje visual a la cotidianidad, las tradiciones, la multiculturalidad y el arraigo social que definen parte de la identidad de Santiago de Cali y sus alrededores.

La propuesta de Pablo Daniel se titula "Abrazo Ribereño", fusiona conceptualmente la fotografía urbana y la arquitectura, ofreciendo un marco fresco y natural para la construcción brutalista del CAM.

“Para nosotros es motivo de orgullo impulsar este tipo de iniciativas que promueven el talento local, fortalecen la memoria colectiva y convierten los espacios públicos en escenarios para el arte, la cultura y el encuentro ciudadano”, destacó Noralba García Moreno, directora de Bienes y Servicios.

La exhibición, que cuenta con el apoyo de la Fundación Zoológico de Cali, permanecerá abierta al público de manera gratuita hasta el mes de septiembre de 2026.

 

Somos sede de la Competencia Nacional de Vehículos de Tracción Humana 2026

Entre el 20 y el 22 de septiembre de este año, la Universidad del Valle Sede Cali acogerá la XII Competencia Nacional de Vehículos de Tracción Humana 2026.

La Competencia de Vehículos de Tracción Humana es un evento de innovación que reúne a universidades, empresas y profesionales para diseñar y evaluar vehículos impulsados únicamente por energía humana. En esta edición participarán equipos en dos categorías: académica y comercial.

La categoría Académica está dirigida a equipos universitarios que diseñan y construyen prototipos como parte de sus procesos de formación e investigación. Por su parte, la Categoría Comercial está orientada a empresas y organizaciones, donde se presentarán desarrollos que reflejan capacidades de ingeniería, innovación y manufactura en el sector productivo.

Esta edición se concibe, no solo como una competencia universitaria de carácter nacional, sino como un escenario de articulación entre academia, ciudad e instituciones públicas y privadas, orientado a la promoción de la movilidad sostenible, la innovación e integración tecnológica, la apropiación social del conocimiento, y la integración social entre la universidad y la comunidad.

La competencia convoca a equipos universitarios, que representan el talento emergente en ingeniería y diseño; empresas y organizaciones del sector productivo, que participan presentando desarrollos tecnológicos propios y productos de movilidad activa; profesionales, investigadores y líderes del sector industrial, interesados en el desarrollo de soluciones de movilidad y eficiencia energética.

Durante el evento se evaluarán diferentes aspectos técnicos y de desempeño de los vehículos, entre ellos: Seguridad y confiabilidad del diseño; Resistencia estructural; Eficiencia y desempeño del vehículo; Ergonomía y experiencia del piloto: Innovación en ingeniería y manufactura, entre otros.

Más que un evento, la Competencia de Vehículos de Tracción Humana se proyecta como una plataforma para impulsar la innovación, fortalecer la relación entre empresa y academia, y promover el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas, capaces de responder a los retos actuales de eficiencia, sostenibilidad y movilidad.

Este evento se articula dentro de la jornada del Día Mundial sin Carro y sin Moto (22 de septiembre), donde la Universidad del Valle pueda funcionar como un laboratorio abierto de movilidad sostenible, donde convergen tecnologías y desarrollo en movilidad sostenible, actividades deportivas y culturales institucionales, foros y conversatorios de tecnologías y políticas en movilidad sostenible, y la participación activa de la ciudadanía.

Las empresas y organizaciones interesadas en vincularse al evento pueden solicitar más información al correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

 

Estudiante de Univalle jugará la final del baloncesto profesional

Samuel Mojica es estudiante de décimo semestre del programa académico de Recreación de la Universidad del Valle, hace parte del equipo de Toros del Valle que se encuentra a una victoria del título de la Liga Profesional de Baloncesto 2026.

“Me ha encantado la forma en la que el entrenador nos puso a jugar, a pensar un poquito menos y reaccionar más rápido, y era algo que nos costaba un poco aquí en el Valle”, destacó Samuel.

El estudiante llegó a Univalle gracias a un convenio firmado en el año 2019, que otorgó becas a los deportistas que obtuvieron medallas en los Juegos Nacionales en esa época.

Su proceso deportivo inició desde temprana edad en dos deportes: el fútbol y el baloncesto, pero su hermana era su referente en este último deporte, razón por la cual Samuel decidió seguir en ese mundo deportivo. A los once años de edad fue su primer llamado para jugar en la selección Valle, de ahí su crecimiento en el deporte con grandes entrenadores que lo han acompañado en este camino.

“Mi inspiración principal es Dios y mi madre, quien ha sido la mujer que vi luchar desde muy pequeño y la que siempre me decía que no hay nada imposible. Gracias a ella soy la persona que soy”.

El sueño de Samuel es poder jugar en la Selección Colombia, aunque jugó en la selección de menores en el año 2016, siente que jugar en la selección de mayores sería una gran oportunidad para abrirse en el mundo internacional del baloncesto.

“En la universidad, el deporte siempre ha tenido un nivel muy alto. Ser inspiración para los niños es algo muy bonito”.

Del equipo Toros del Valle también hace parte Heyner Fabián Montaño, egresado de Ingeniería electrónica de nuestra institución.

De esta manera, la Universidad del Valle aporta a la formación integral de sus estudiantes, fortaleciendo el desarrollo académico, humano y profesional de quienes representan a la institución.

El próximo sábado 6 de junio, el equipo Vallecaucano Toros del Valle disputará el tercer juego de la final de la Liga Profesional de Baloncesto a las 5:00 p. m., en el coliseo Iván de Bedout de Medellín.

 

Facultad de Salud tendrá dos posgrados de alto impacto para el país

El Consejo Superior de la Universidad del Valle aprobó la creación de la primera Maestría en Inteligencia Artificial en Salud de Colombia y la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo


La Facultad de Salud continúa fortaleciendo su liderazgo académico y su compromiso con la formación de profesionales capaces de responder a los desafíos contemporáneos del sector salud. En una decisión que marca un importante avance para la institución, el Consejo Superior aprobó la creación de dos nuevos programas de posgrado: la Maestría en Inteligencia Artificial en Salud y la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo, en su última sesión realizada el viernes 29 de mayo.

Ambos programas se encuentran actualmente en proceso de expedición de la resolución correspondiente por parte del Consejo Superior, paso previo a la radicación de la documentación ante el Ministerio de Educación Nacional para la obtención del registro calificado que permitirá su futura oferta académica.

Un programa pionero para transformar la salud desde la innovación tecnológica

La Maestría en Inteligencia Artificial en Salud constituye un hito para la educación superior colombiana al convertirse en la primera propuesta académica de este nivel en el país enfocada específicamente en la integración de la inteligencia artificial con el sector salud.

El programa surge como resultado de una alianza estratégica entre la Facultad de Salud y la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, reuniendo la experiencia de ambas unidades académicas para formar profesionales capaces de diseñar soluciones innovadoras basadas en el análisis de datos, el aprendizaje automático y las tecnologías emergentes aplicadas a los procesos clínicos, asistenciales y administrativos.

La creación de esta maestría responde a las transformaciones que vive actualmente el sector salud a nivel mundial, donde la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta fundamental para mejorar diagnósticos, optimizar tratamientos, fortalecer la investigación biomédica y apoyar la toma de decisiones en organizaciones sanitarias.

Con una modalidad virtual y una duración de tres semestres, el programa busca formar líderes capaces de desarrollar proyectos que generen valor en instituciones públicas y privadas, promoviendo la eficiencia, la equidad y la innovación en la atención en salud. Además, la propuesta académica incorpora componentes fundamentales relacionados con la ética, la regulación y la gobernanza de la inteligencia artificial, aspectos esenciales para garantizar el uso responsable de estas tecnologías en escenarios de alto impacto social.

Una apuesta por entornos laborales más seguros y saludables

Junto a esta innovadora maestría, la Universidad del Valle también aprobó la creación de la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo, programa adscrito a la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Salud.

La especialización responde a las crecientes necesidades del sector laboral colombiano frente a los cambios en las dinámicas de trabajo, los riesgos emergentes asociados a la transformación tecnológica, el fortalecimiento de los sistemas de gestión y el cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad y salud laboral.

El programa ofrecerá una formación integral e interdisciplinaria que articula conocimientos provenientes de las ciencias de la salud, la ingeniería, la administración, el derecho y las ciencias sociales, preparando profesionales con las competencias necesarias para identificar, evaluar y gestionar riesgos en diversos entornos laborales. Con una duración de dos semestres y modalidad presencial, la especialización busca contribuir a la construcción de ambientes de trabajo más seguros, saludables e inclusivos, promoviendo la prevención de accidentes y enfermedades laborales, así como el bienestar de los trabajadores y la sostenibilidad de las organizaciones.

Asimismo, responde a una demanda creciente de profesionales especializados en esta área, impulsada por los requerimientos normativos y por la necesidad de fortalecer la cultura de prevención en los sectores productivos del país.

Un motivo de orgullo para la Facultad

La aprobación de estos dos programas representa un logro significativo para la Facultad de Salud y para la Universidad del Valle, al ampliar una oferta académica alineada con las tendencias globales, las necesidades regionales y los retos que enfrenta actualmente la sociedad.

Mientras la Maestría en Inteligencia Artificial en Salud posiciona a la institución como pionera nacional en la convergencia entre tecnología y salud, la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo fortalece la capacidad de formación de talento humano orientado a la protección de la vida, la salud y el bienestar en los entornos laborales.

 

LANZATEC 2026 fortaleció el emprendimiento de base científico-tecnológica en su sexta edición

Transformar el conocimiento en soluciones que generen impacto es uno de los grandes retos de los ecosistemas de innovación. En este propósito, el emprendimiento de base científico-tecnológica (EBCT) se ha consolidado como una herramienta fundamental para convertir los resultados de investigación y las capacidades científicas en oportunidades que responden a necesidades reales de la sociedad, impulsando el desarrollo económico, social y ambiental de los territorios. Con este objetivo, la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación -OTRI- de la Universidad del Valle llevó a cabo la sexta edición de LANZATEC, un programa orientado a sensibilizar, identificar y fortalecer emprendimientos de base científico-tecnológica.

Esta edición se desarrolló en el marco de la Agenda Mangle, una ruta interinstitucional de emprendimiento de base científico-tecnológica liderada por la Universidad del Valle, la Pontificia Universidad Javeriana Cali y la Universidad Autónoma de Occidente. Asimismo, contó con el apoyo de NIDO de la Gobernación del Valle del Cauca, CIDESCO y la Red de Universidades para la Innovación del Valle del Cauca (RUPIV).

Durante 2026, LANZATEC se llevó a cabo en dos jornadas de formación y cocreación. Como novedad, el programa abrió la participación a dos perfiles: emprendedores y voluntarios. Gracias a la amplia acogida de la convocatoria, fueron seleccionados 12 emprendedores y 22 voluntarios, quienes pusieron sus conocimientos, habilidades y experiencias al servicio del fortalecimiento de las iniciativas participantes.

La primera jornada tuvo lugar en NIDO, ubicado en Zona América, donde los asistentes iniciaron un proceso de sensibilización sobre ciencia, tecnología y emprendimientos basados en conocimiento a través del taller “Ciencia y tecnología a la mano: empresas basadas en conocimiento”. Durante esta actividad, reflexionaron sobre diversos objetos de uso cotidiano que surgieron de procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), comprendiendo cómo el conocimiento puede transformarse en soluciones de alto valor para la sociedad.

Posteriormente, los emprendedores trabajaron en la construcción de sus propuestas de valor, realizaron un autodiagnóstico del estado de desarrollo de sus iniciativas e identificaron recursos estratégicos para fortalecer sus modelos de negocio. Esta jornada fue orientada por Jalime Zúñiga, gestora de innovación y emprendimiento de base científico-tecnológica de la OTRI.

Los participantes también conocieron la experiencia de Diego Paz, emprendedor y egresado de la Universidad del Valle, quien compartió el recorrido de su empresa Kontento y relató cómo LANZATEC impulsó el crecimiento de su iniciativa tras participar en la edición anterior, en la que además obtuvo uno de los reconocimientos principales.

Como cierre de la jornada, los emprendedores presentaron sus iniciativas mediante un pitch, permitiendo que los voluntarios, a través de una dinámica de subasta, eligieran el proyecto con el que deseaban trabajar y aportar desde sus capacidades al fortalecimiento de las propuestas.

La segunda jornada se desarrolló en la Pontificia Universidad Javeriana Cali, con el apoyo de Campus Nova. En este espacio, emprendedores y voluntarios trabajaron conjuntamente en la construcción de prototipos y herramientas orientadas a fortalecer la claridad y validación de sus propuestas de valor.

Mediante metodologías prácticas, los participantes exploraron herramientas de prototipado, materialización de experimentos y definición de perfiles de usuarios validadores. Asimismo, formularon preguntas clave para validar sus iniciativas, identificar oportunidades de mejora y comprender mejor las necesidades de sus potenciales clientes. Como resultado, los equipos consolidaron aprendizajes, ajustaron sus propuestas y prepararon el pitch final para presentarlo ante un jurado evaluador. Esta jornada fue liderada por Dicson Quimbaya y Daniela Herrera, profesionales de Campus Nova.

El jurado estuvo conformado por Lina Pérez, directora del Centro de Innovación de la Universidad Autónoma de Occidente; Camilo Lescano, CEO de CIDESCO; y Carlos Martínez, CEO de Costea, quienes evaluaron las 12 iniciativas participantes en tres categorías.

En la categoría “Idea de negocio más prometedora”, participaron cinco emprendimientos. El reconocimiento fue otorgado a ZekVolt, una aplicación que permite medir el consumo energético de distintos dispositivos a partir de una fotografía y facilita el monitoreo de su uso.

Como premio, el equipo obtuvo un cupo en el programa Impact Cali 2030 de Impact Hub, un curso de Manejo Exitoso del Dinero de la Fundación WWB Colombia, una consultoría en diseño para posicionamiento de marca otorgada por la Pontificia Universidad Javeriana Cali y un reconocimiento especial por parte de Nateco.

En la categoría “Nueva startup en ciencia y tecnología”, el emprendimiento ganador fue UrbanPulse, una herramienta de seguimiento y captura de datos que busca centralizar la gestión operativa y mejorar la experiencia de los usuarios mediante una aplicación móvil con autenticación segura, notificaciones inteligentes, accesibilidad y monitoreo de vehículos intermunicipales.

Por su parte, en la categoría “Nueva línea de negocio de base científico-tecnológica en empresa”, la iniciativa ganadora fue La Papaya, una plataforma cívica y movimiento ambiental sin ánimo de lucro que trabaja por la recuperación y transformación del río Cali en un corredor ecológico de 42 kilómetros.

Los equipos ganadores de estas dos categorías recibieron beneficios de ingreso al programa Link2Market de la Universidad Autónoma de Occidente, un curso de Manejo Exitoso del Dinero de la Fundación WWB Colombia, una consultoría en diseño para posicionamiento de marca por parte de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y un reconocimiento especial de Nateco.

Menciones especiales
-Gaia Terra: cupo al programa Link2Market de la Universidad Autónoma de Occidente.
-NeoBaby: beneficio de prototipado en Design Factory Cali.

Adicionalmente, todos los participantes accederán a un plan de fortalecimiento en mentalidad de crecimiento, emprendimiento e innovación, ofrecido por Kinnto en alianza con CIDESCO.

Más allá de los reconocimientos otorgados, LANZATEC 2026 se consolidó como un escenario de aprendizaje, articulación y construcción colectiva, donde emprendedores y voluntarios fortalecieron capacidades, intercambiaron conocimientos y validaron el potencial de sus iniciativas. Para muchos de los participantes, esta experiencia representó una oportunidad para conectar con aliados estratégicos, ampliar perspectivas y avanzar en la consolidación de proyectos con mayor claridad y proyección.

De esta manera, la Universidad del Valle, a través de la OTRI y en articulación con sus aliados, reafirma su compromiso con el fortalecimiento del ecosistema regional de emprendimiento de base científico-tecnológica, promoviendo iniciativas que convierten el conocimiento en innovación, desarrollo y oportunidades para la sociedad.

 

“La paz ha sido instrumentalizada”: Una mirada crítica para seguir construyendo

El profesor David Erazo comparte en esta entrevista sus reflexiones personales y académicas sobre los proyectos de paz en la región y la importancia de una ética de vida pacifista.

Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle

Al salir del colegio, David Erazo decidió prestar servicio militar – me regalé– dice con desparpajo, para aclarar que en ese momento tuvo la convicción de servir al país por ese medio. Durante ese tiempo vivió la masacre de Patascoy, experiencia que lo marcó de manera definitiva – después de eso, tuve claro que iba a ser humanista – . Así llegó a la carrera de trabajo social en la Universidad del Valle y, desde entonces, se especializa en la construcción de paz y en el estudio de la agencia, tema al que le dedica su tesis del doctorado en Estudios de Paz.

Entre las experiencias más recientes está la coordinación metodológica de la iniciativa Jóvenes en Paz conocida como “El proyecto del millón de pesos”. Lanzada por el presidente Gustavo Petro en Buenaventura para trabajar con jóvenes de comunas críticas de la ciudad. Para él, este es un recuerdo del que habla con ternura crítica y que terminó de ratificar la importancia de la agencia.

La agencia es un concepto que está tomando fuerza y es tan importante que filósofas como Judith Butler y Saba Mahmood lo desarrollan. Esta última para evidenciar las acciones de un grupo de mujeres musulmanas y que, para cualquier observador externo, serían “solo” mujeres oprimidas.

Ahora, este profesor está adaptando el concepto de la agencia al contexto colombiano para explicar el repertorio de acciones y estrategias que despliegan las personas que trabajan por la paz. Su objetivo es identificar sus características para que los programas y proyectos sean más efectivos, pues en sus palabras – ha habido una instrumentalización de la paz y ahora cualquier proyecto contribuye, pero no es así –.

 

¿Por qué eligió hacer el doctorado en paz?
El trabajador social es un mediador que facilita que las personas arreglen sus complicaciones. Nosotros somos un puente entre las necesidades de la gente y las soluciones; nos formamos en la mediación y construimos las soluciones con la gente. Una palabra clave para nosotros es el bienestar.

¿Cómo se relaciona el bienestar con la agencia?
Uno puede llegar a ese bienestar desde creer que sabe cuál es el problema y dar la solución. Eso se llama asistencia. Yo creo que la gente tiene la capacidad de identificar sus problemas, pero también de ir encontrando formas de resolverlos. Ahí es donde aparece esa idea de la agencia.
La agencia es una categoría teórica que relaciona la acción del individuo y las estructuras sociales. El marxismo es estructuralista, pero también el funcionalismo es estructuralista. Hay otros que son los subjetivistas, el sujeto tiene la capacidad de construir su mundo como quiera y eso afecta moldea. La agencia está en la mitad. Como en la película, Todo, en todas partes, al mismo tiempo. Es exactamente así. Uno actúa con lo que tiene, pero también con lo que puede.

¿En qué se diferencia la agencia del asistencialismo?
La asistencia se genera cuando hay una carencia y tú suples la carencia de manera inmediata, sin que el otro haga nada. La gente que sale a entregar desayunos o comidas el 31 de diciembre y cree que se está ganando el cielo. Eso es asistencia. La asistencia no está mal. La asistencia incluso es necesaria, pero no en todas las ocasiones. En un accidente; en un desastre hay que asistir, organizar sábanas, colchonetas, ahí no te puedes poner a hacer un taller.

En relación al proyecto Jóvenes en Paz en Buenaventura, ¿estos muchachos tienen agencia cuando resuelven su vida, cuando se meten en los grupos ilegales, cuando aceptan?

Creo que hay una crítica muy amplia al decir, "Ellos están decidiendo". Desde afuera todos tenemos capacidad de agencia, pero no todos desarrollamos la capacidad de agencia; porque la agencia tiene una implicación, es la conciencia.
Cuando nosotros exploramos el tema con los jóvenes, ellos terminan metidos en los grupos de maneras muy ingenuas, sin saber que los llevan al sicariato, al microtráfico. Ellos resuelven una necesidad inmediata y aceptan sin saber hasta dónde los va a llevar.
A un muchacho que su familia tiene necesidades, otro le dice, "Venga, acompáñeme allí a hacer un mandado y le doy 50,000”. Pues yo no tengo nada más que hacer, ni siquiera me imagino que me están llevando de respaldo a cobrar una extorsión.

No tiene un arma …todavía.
No tienen, pero va a llegar el momento en que eso va a pasar. El reclutamiento no se da como la gente imagina el conflicto: que es el chico que lo reclutan, se pone camuflado y entonces hace parte de un grupo. Así no es, ellos están plenamente integrados, hacen parte de la vida orgánica de la comunidad, por eso las comunidades los cuidan; son sus muchachos.
En Buenaventura hay chalecos de todos los colores y no se ven cambios reales
Sí, hay más chalecos en situaciones humanitarias, que gente víctima. Eso es real. Yo creo que a Buenaventura se le ha hecho un mal gigante, no por la asistencia, sino por el asistencialismo que es distinto. El asistencialismo no
provoca agencia, genera dependencia. Yo te doy y cumplo mis indicadores, mientras la otra parte recibe un incentivo, subsidio, comida, mercados, capacitaciones.

¿Cuál sería la pregunta clave para saber si un proyecto promueve la agencia?
Usted, ¿qué es lo que usted busca resolver: una necesidad inmediata o resolver una condición de vida? si es una reacción inmediata, no es una agencia, ¿qué tan consciente está usted de la situación? Si yo hago esto porque me toca, no hay agencia. Pero hay agencia si yo tengo una orientación específica de romper con esa lógica, sin ser dependiente.

¿Cuál fue el mayor logro con el proyecto de Jóvenes en Paz ?

Lo que hicimos fue desplegar unos dispositivos donde ellos encontraran maneras para resolver, sin que se fueran para la violencia. En una salida pedagógica los llevamos al lago Calima. Muchos no habían salido nunca del puerto. Fueron dos días con fogata, dormida y talleres. Al segundo día un joven me dice:"¿Sabes qué?, profe. ¿Qué tiene que hacer uno para ser concejal de Buenaventura?" En 5 meses, un pelado que no tenía ni idea de su vida quiere ser concejal. Así que con él construimos una ruta. ¿Usted qué necesita para eso? necesito educarme. ¿Qué necesitas estudiar? No, pues cosas de política. Bueno, estudios políticos, trabajo social, psicología. Necesitas un trabajo, ¿qué te gusta?, ¿qué haces bien?, ¿con quién podemos hablar?

¿Cómo llegó a su pasión por la agencia?
Yo llegué al doctorado pensando en evaluar realmente lo que la gente dice, hace y lo que pasa en términos de paz. Si yo entiendo cómo se activa la capacidad de agencia conscientemente lo podemos hacer en los proyectos que hacemos desde el instituto.
En mi tesis analizo tres experiencias: una de paz urbana en Cali; la iniciativa de Univalle de Comercio Justo, en Santander de Qüilichao y la comunidad de paz de Puerto Nayero, en Buenaventura. En esas tres formas de paz hay capacidad de agencia porque ellos movilizan cosas en función de la paz, tienen un discurso sobre la paz y una intención por la paz. Construyen, resuelven los conflictos, mejoran la condición de vida, logran justicia social, permiten la convivencia. Allí ya allí ya tenemos elementos de conciencia, determinación. No es individual, no se levantó y dijo, "Ah, chévere, voy a construir paz" Es algo colectivo con la historia vital.

¿Cuál es la conexión de la paz con su historia vital?
Mi experiencia está atravesada por estas vainas, no solamente como trabajador social. Yo me gradué en un colegio católico y tenía mucha vocación de servicio, mi mamá siempre estaba en cosas de la junta comunal del barrio. Además, fui boy scout. Cuando me enfrento con una realidad como el ejército, tan duro y tan cruel digo, no ahí no es. Yo eso no lo quiero, o sea, no me interesa andar armado. ¡Qué pereza! Entonces ahí decidí que iba a ser humanista.

¿Se podría decir que la paz es una práctica o un habitus?
La paz nos obliga a pensar la coherencia de lo que hacemos. No es posible que yo hable de paz y en mi casa pelee con mi mujer a los golpes o la primera opción de corrección de mi hija sea el chancletazo. No es posible que yo hable de paz y utilice en mis clases técnicas coercitivas y no le permita al estudiante expresarse. Eso es absurdo. Eso es incoherente.

¿Se podría decir que la agencia nos lleva a ser resilientes?
Nunca me ha gustado la resiliencia. La resiliencia destaca el esfuerzo individual; pero¿dónde deja las estructuras sociales?
Amartya Sen habla de dos condiciones: capacidades y oportunidades. Esa es la teoría del desarrollo. Usted puede tener mucha capacidad, pero si no tiene oportunidad, sus capacidades no sirven para nada. Al contrario, usted puede tener todas las oportunidades del mundo, pero si usted no tiene la capacidad de entenderlas, las oportunidades se pierden.

¿Podría explicarnos mejor?
La gente tiene unas condiciones que lo empobrecen y son muy difíciles de romper. Es el mito de la caverna de Platón: cuando usted está en la caverna y ve sombras y cree que esas sombras son el mundo. Finalmente, cuando uno sale, dice Platón, no ve nada, pero con el tiempo se adecúan y uno puede ver el paisaje y entiende que estaba en una caverna.

¿Por qué quisiéramos volver a la caverna?
Porque a veces el miedo es más fuerte, pero el mundo no es eso.

Finalmente, ¿cuál sería el papel del Instituto de Paz y de la universidad?

Nosotros compartimos reflexiones, pero la gente decide qué le sirve. Son agentes.
Además de formar, nuestro papel es facilitar el diálogo y mediar. La universidad es reconocida por las alcaldías, por las comunidades y organizaciones, así que eso nos permite facilitar las relaciones y los encuentros. Por lo menos eso es lo que hace el instituto.

 

 

Más allá del encuadre: memoria visual del conflicto armado

¿Cuál es la primera imagen que llega a su cabeza cuando piensa en el conflicto armado? Lo más probable es que sea una escena de violencia explícita o la transmisión televisiva de un hito histórico. Un profesor de la Universidad del Valle decidió investigar por qué ocurre esto, no se trata de una casualidad o un hecho aislado.

Por Salomé Mizrachi Medina
Agencia de Noticias Univalle

A veces las fotografías aparecen en el fondo de un cajón, entre papeles viejos o dentro de un álbum que nadie ha tocado en años, así que las sacamos con cuidado, como si estuviéramos tocando algo frágil. En ellas hay rostros, lugares, escenas que pertenecen a un tiempo que tal vez no vivimos o que apenas recordamos. Algunas de esas imágenes también forman parte de cómo el país recuerda su propia historia.

En la actualidad, ya no solo se trata de remover cajones, sino de navegar entre capas de datos y píxeles que custodian los recuerdos de una época pasada. En los repositorios digitales y las nubes de almacenamiento, encontramos una vida que ya no es, y que aún sobrevive en las vibraciones de una pantalla. Pero, ¿qué es lo que realmente vemos cuando buscamos imágenes del conflicto? A pesar de la abundancia de archivos disponibles, muchas veces nos encontramos con las mismas escenas, los mismos momentos congelados que han terminado por definir nuestro imaginario sobre la guerra.

Ampliar nuestro encuadre sobre el conflicto armado es una tarea que asumió el profesor Manuel Silva de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle. En su libro Fotografías durante el conflicto armado en Colombia. Un campo visual para armar, presenta una ardua investigación que ubica testimonios y fotografías en un mismo lugar para cuestionar la narrativa visual dominante.

Presente continuo, el tiempo de la actualidad

Delinear el tiempo del conflicto armado en Colombia es un asunto que requiere paciencia, pues las fronteras de nuestra historia reciente siguen siendo borrosas incluso con el paso de los años. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), el país cuenta con 9.888.182 víctimas, una cifra tan grande que supera a toda la población de Bogotá. Durante décadas, la violencia se transformó en una presencia constante que normalizó vivir en un estado de guerra interno en el que las capitales permanecían alienadas de la realidad, mientras el conflicto era empujado hacia una periferia donde el dolor se volvía paisaje.

De tal suerte, la primera imagen que Manuel Silva recuerda del conflicto armado es la transmisión televisiva del 6 de noviembre de 1985, el día de la Toma del Palacio de Justicia. En el informativo de la noche vio la imagen del edificio de la Corte Suprema de Justicia en llamas que apareció en las portadas de los principales diarios nacionales, como El Tiempo y El Espectador, circulando tanto en blanco y negro como a color. Ahora, estas fotografías hacen parte de lo que él define como la “iconografía del horror”, un régimen visual hegemónico donde el evento violento acapara casi toda la visibilidad pública, desplazando cualquier otro relato posible.

Bajo esta lógica, las fotografías ingresan a lo que el profesor denomina el “campo de lo visual”, ese espacio de disputa donde diferentes actores —el Estado, las víctimas, los combatientes, la prensa— se enfrentan para determinar qué narrativa se impone sobre la mirada del otro. Es en esta tensión donde se ha cimentado nuestro imaginario colectivo sobre la guerra: un inventario persistente de armas, ruinas, rostros de combatientes y cadáveres que reduce el conflicto a una exhibición de fuerzas y restos.

Para Silva, cuestionar este catálogo de imágenes es el primer paso que permite desarticular la visión tradicional del conflicto. Esta tarea implica una ruptura con las lógicas mediáticas, pues el periodismo vive en clave de presente continuo, un tiempo que responde a la actualidad, al hoy, no al ayer. Así, la narrativa del conflicto armado que se ha presentado al país desde los medios ha recurrido a lugares comunes, a la espectacularización de la tragedia que ignora los procesos de vida detrás de la noticia.

Antes y después

En un ecosistema comunicativo alimentado de la inmediatez, detenerse a cuestionar el pasado para identificar sus lagunas es un ejercicio de profunda responsabilidad ética. Es por ello que, las investigaciones de largo aliento se vuelven indispensables, ya que rescatar lo que el afán diario ignora constituye un acto de resistencia frente a un mundo que ha convertido la velocidad en su norma. Este rigor tiene sus raíces en el compromiso que adoptó Silva con la educación pública como estudiante de Comunicación en la Universidad de Antioquia y que mantiene vivo como docente de la Universidad del Valle.

Bajo esa premisa, el libro Fotografías durante el conflicto armado en Colombia solo fue posible gracias a un trabajo colectivo. No se trató de una labor entre colegas y estudiantes a los que agradece en su introducción, sino de un esfuerzo por dialogar con la bibliografía y con la gente. El método buscaba desafiar sobre quiénes podían fotografiar y qué registraban durante la guerra, capturando perspectivas de actores con roles muy distintos, desde combatientes de las guerrillas hasta fotógrafos profesionales y víctimas.

Este proceso no fue solo técnico, sino humano. El profesor destaca la importancia de construir confianza en contextos de inseguridad, haciendo énfasis en entrevistas largas y continuas que permitían comprender que la información no sería usada para fines ajenos a la memoria. En este ejercicio, preguntar por el antes y el después de capturar la imagen resulta clave. Allí aparece una mirada “desde adentro” que el fotoperiodismo tradicional rara vez alcanza a mostrar, permitiéndonos “tratar de ver esas fotografías con otros ojos” en palabras del comunicador.

El resultado de este diálogo fragmentado es lo que Silva concibe como una constelación. El objetivo es lograr que el lector navegue de forma aleatoria entre diálogos y fotografías, permitiendo que la imaginación junte puntos dispersos para formar una comprensión integral de la sociedad en medio del conflicto. De este modo, personas que nunca se conocieron terminan conversando entre las páginas del libro, compartiendo sus visiones de una historia que aún estamos aprendiendo a observar.

Memoria en disputa

Esta perspectiva es fundamental para la construcción de una memoria colectiva que reconozca a las víctimas no solo como sujetos de dolor, sino como actores políticos. Al rescatar fotografías que durante años quedaron relegadas a archivos personales o discos duros olvidados, se apuesta por una pluralidad de voces indispensable: ¿por qué conformarse con un solo relato? La identidad de una imagen depende de las relaciones de poder que la atraviesan —desde quién captura el momento hasta quién decide publicarlo—, por lo que cuestionar las fuerzas que moldean nuestra narrativa visual permite entender por qué ciertas imágenes regresan una y otra vez a nuestra memoria mientras otras permanecen en la sombra.

Otorgar este valor político y estético a las fotografías tomadas por las propias víctimas y organizaciones sociales permite desplazar el foco del evento violento hacia los procesos de vida. Estas capturas no se concentran únicamente en el instante de la violencia, sino en los procesos de vida, en la organización campesina y en los intentos de reconstrucción. En este gesto de ampliar la mirada insiste el profesor Manuel Silva, quien nos invita a preguntarnos qué vemos cuando miramos el conflicto armado y, sobre todo, qué historias permanecen todavía fuera del encuadre.

Memorias del conflicto para la construcción de paz

En un país atravesado durante décadas por distintas formas de violencia, narrar el conflicto es una tarea necesaria, urgente y colectiva. Según cifras del Registro Único de Víctimas, en Colombia hay 9.888.182 víctimas del conflicto armado. Las memorias que surgen desde las comunidades, los territorios, las víctimas, los investigadores y las instituciones permiten, no solo comprender las heridas que ha dejado este conflicto de larga duración, sino también encontrar otros caminos que permitan imaginar un futuro diferente.

Las memorias del conflicto no se encargan solo de abordar el pasado; son recursos que permiten interrogar el presente, cuestionar las estructuras que han reproducido la exclusión y la violencia, reflexionar sobre las estrategias y políticas públicas que permitan la construcción de escenarios de paz, de manera que se puedan fortalecer todos los procesos que alrededor de esta materia se desarrollan en nuestro país.

En este contexto, la paz no puede entenderse única y exclusivamente como el silenciamiento de las armas, sino como un proceso complejo de transformación de las relaciones políticas, sociales y culturales que han sostenido los conflictos a lo largo del tiempo.

Los artículos que componen la propuesta editorial de esta nueva edición de la Revista Campus tienen como objetivo comprender el conflicto desde diferentes perspectivas, reflexiones, investigaciones y abordajes. Esto es reflejo del papel que en los últimos años la Universidad del Valle ha desempeñado para consolidar un campo emergente de estudio, donde se requiere generar reflexiones y conocimiento alrededor de la construcción de escenarios de reconciliación.

Una idea general atraviesa de manera transversal los artículos de esta edición: los esfuerzos alrededor de la construcción de paz deben pensarse, discutirse y construirse de manera colectiva. Es una tarea de todos los días. Este número de la Revista Institucional Campus, más que presentar investigaciones y ejercicios académicos alrededor de las memorias del conflicto para la construcción de paz, busca generar un aporte a esa gran conversación colectiva sobre el país que deseamos construir.

 

¿Qué ruido hace un beso?

Por Edgar Cruz García
Agencia de Noticias Univalle

El 26 de noviembre de 2016 el Estado colombiano firmó un Acuerdo de paz con las guerrillas de las Farc, mediante el cual las partes se comprometieron con el esclarecimiento de la verdad y la no repetición de los hechos violentos y las acciones que afectaron la vida de muchas personas. Durante estos años por los tribunales de la Jurisdicción Especial para la Paz han pasado excombatientes y otros actores implicados en este largo conflicto. Las víctimas han tenido la oportunidad de conocer de boca de los agresores el destino final de sus familiares y cómo se produjeron hechos tan dolorosos como el secuestro o el reclutamiento forzado.

También el país descubrió de primera mano cómo era la vida al interior de las filas del grupo guerrillero. Hasta ese momento solo unos pocos testimonios de algunos desmovilizados mostraban algo de la vida en medio de la guerra. Hoy mucha de la información puede rastrearse en un sinnúmero de entrevistas, tanto de las víctimas como de los gracias a esto sabemos cómo estaban organizados, cómo establecían relaciones sentimentales, o se desplazaban en el territorio, qué comían o qué pasaba con los nacimientos o los abortos provocados, como eran sus prácticas de higiene y si habían personas diversas en sus filas. Otra parte vino del arte gracias a la fallida desmovilización durante el gobierno de Andrés Pastrana. Periodistas y sociedad civil pudieron ir hasta el Caguán, allí, el artista colombiano Wilson Diaz produjo la instalación Baño en el cañito, entre otras piezas artísticas que daban cuenta de esa cotidianidad.

Allí, en esos testimonios de excombatientes Sebastián Giraldo, un sociólogo pereirano radicado en Cali con posgrados en estudios de género y antropología social, encuentra que hay excombatientes maricas y también que a través de ellos se pueden trazar otras rutas nunca exploradas para contar la violencia y aportar a la memoria sobre la guerra en el país.

El libro ¿Qué ruido hace un beso?, Experiencias homoeróticas en excombatientes de las antiguas Farc-Ep tiene su génesis en una investigación para una tesis doctoral: “llevo más de diez años interesándome por asuntos LGBTIQ+ o disidencias sexuales y de género en el marco del conflicto armado, y desarrollando mi labor académica como profesor en la Universidad de Caldas entre el 2015 y el 2019, participé en una investigación sobre víctimas LGBT del conflicto armado en Caldas. Como parte de esa investigación, ellas narraban sus historias sexuales, pero también sentimentales con algunos miembros de los grupos armados, con relaciones que habían tenido con paramilitares, también con miembros de la Fuerza Pública.

Y ahí yo dije: eso es muy interesante. Si hemos estudiado un poco sobre las disidencias sexuales y de género en el conflicto armado o en las guerras en el mundo, pues sobre combatientes o ex combatientes maricas, gays, lesbianas, trans como se quieran nombrar ellos y ellas y elles, había muy poco. Entonces desde ahí pensé que sería mi tema para el doctorado”.

“Ese beso despertó el miedo, les daba pavor que los pillaran.

Para calmar la ansiedad,el guerrillero los calmó diciéndole que la caleta era la más lejana de todas, que no los iban a escuchar.

‘¿Qué ruido se hace con un beso?’ ”

El interés declarado por Sebastián no hizo fácil el acceso a los testimonios, que eran también la fuente primaria para su trabajo de investigación. Tras un proceso de casi cuatro meses de atar cabos, leer, hablar, llamar, convencer a unos excombatientes todavía afectados por el temor a ser descubiertos por contar sus historias, llegó al primero de ellos y “ya llegando al primero se convirtió en esa famosa bola de nieve y a través de él llegué a otros cuatro. Para este libro solo trabajé con cinco ex combatientes que tuvieron encuentros homoeróticos cuando estaban en armas. También me intereso por los procesos de reintegración y cómo su sexualidad está implicada”.

Una escritura personal a varias manos

“Por más de que al Flaco siempre le había gustado Care Barbie y de que, sin imaginárselo, había pasado una noche con él, nunca se le pasó por la cabeza que repetirían o se acercarían”.

Los nombres han sido cambiados o reemplazados por apodos o nominaciones de rango; el comandante, el guerrillero. Ser homosexual en determinados contextos sigue siendo tabú y aunque la Constitución de 1991 dio un paso gigante en la garantía de derechos para personas con orientaciones sexuales diversas, lo cierto es que el Acuerdo de paz demostró que el país pensaba distinto frente a este tema, como lo menciona Sebastián en su libro:

“El enfoque de género del Acuerdo de Paz fue demonizado. Los promotores del NO al Acuerdo en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 trabajaron en la fabricación de un pánico moral. Lo figuraron cómo una pérdida de la heterosexualidad y de la masculinidad de la nación”.

El acercamiento con sus fuentes fue como el de cualquier entrevista. En principio mediados por la tecnología por causa de la pandemia, pero luego esas conversaciones se convirtieron en largas charlas donde se hablaba de ese país en guerra, con sus propias leyes y geografías: “en medio de esos encuentros largos que yo podía tener con ellos, ya cuando me contaban esas historias específicas de sus historias sexuales, sus historias amorosas con un camarada o con alguien en el marco del conflicto, yo sacaba una agenda y empezaba a tomar unos primeros apuntes. Comprenderán que no grabé porque era información de guerra y por más que estemos en procesos de paz, todavía hay información que no se sabe, o no se va a saber, o no se puede saber.

Ese primer borrador lo leíamos juntos, y ellos intervenían en esa primera escritura, entonces recordaban más cosas, me corregían algunas escenas, proponían los nombres de los personajes, me ayudaban con la jerga guerrillera, en fin, ese primer borrador quedaba lleno de apuntes, de flechas, de cosas, de tachones. Luego de ese proceso de intervención, le empezaba a dar punto final a cada relato”.

Por casi cuatro años Sebastián recorrió varias zonas del país para encontrarse con los excombatientes, recoger sus historias y darles forma a los relatos que componen el libro. Gracias a este trabajo con ellos el libro tiene ese tono de intimidad que hace cómplice al lector. Los 14 relatos están narrados en tercera persona, pero se siente en cada uno de ellos esa cercanía, resultado de este trabajo.

¿Por qué un beso hace ruido?

Al igual que la obra Baño en el cañito, los retratos contenidos en ¿Qué ruido hace un beso? permiten ver la complejidad de la vida íntima en la guerra a través de su sencillez, pero también nos muestra cómo ese aparato militar moldea las relaciones, las vidas y los cuerpos de quienes están inmersos en ella.

Hay una idea general de que era prohibida la homosexualidad en la guerrilla, pero en su análisis, hay un elemento clave a tener en cuenta y es la temporalidad de la lucha guerrillera, sobre todo en un conflicto tan largo como el nuestro. Una cosa era como se concebía la relación entre homosexualidad y guerrilla en la década de los 60 y otra muy distinta en los 2000 cuando hubo un boom de políticas identitarias a favor de la población LGBT en Colombia y en América Latina, y aun otra muy distinta, después de la primera década del siglo XXI en el marco de un proceso de paz.

Los impulsos sexuales tenían un control “se destinaban unos días para los encuentros entre parejas y también el cómo. No se podían gastar energías que podemos utilizar para el combate o para la guerra. Y también este control tiene que ver con controlar el amor, no simplemente la homosexualidad”. Este control también era para evitar la deserción y evitar que se compartiera información que podía ser utilizada por los enemigos, “el secreto militar es algo fundamental en la inteligencia militar”.

Entre cada relato de ¿Qué ruido hace un beso?, Sebastián Giraldo reflexiona como investigador sobre el amor y la homosexualidad en la guerra. Las 5 voces escogidas para escribir estos 14 textos han sido cuidadas bajo el celo de quien entiende que, para muchos excombatientes, mantenerse en el anonimato es también un acto de supervivencia.

Siempre será necesario para el país seguir contando desde todos los puntos de vista lo que pasó y sigue pasando en el conflicto armado colombiano . Este libro es un aporte valiente, que se hizo posible gracias all Acuerdo de Paz, que saca a la luz aquello que seguía en la clandestinidad para esclarecer lo que pasó. El libro también es el resultado de un ejercicio de escucharnos y de construir con los otros, a pesar de las diferencias.

Qué ruido hace un beso. Experiencias homoeróticas en excombatientes de las antiguas Farc-Ep
Autor Sebastián Giraldo
Editorial Lectores Secretos
Marzo 2026

 

 

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