El talento univalluno continúa destacándose en escenarios globales. Un grupo de jóvenes arquitectos, responsables del proyecto Bulevar del Oriente, recibió un importante reconocimiento en Shanghái, China, por su aporte a la transformación social, ambiental y urbana de Santiago de Cali.
El proyecto fue realizado por al Cuadrado, una empresa cofundada por las profesoras de la Universidad del Valle Luisa Arango Vásquez y Luisa Aponte Morales. Así mismo , hicieron parte de este proyecto la egresada Laura Núñez Rojas y el estudiante Alexander Espinosa Pai de la Escuela de Arquitectura.
El trabajo fue reconocido por su metodología participativa en la que los residentes dieron forma al plan maestro que transformó el terreno en un corredor verde de 1,2 km de longitud, en los cuales se abarcan las dimensiones ambiental, urbana y social.
Con este premio, el proyecto suma 11 reconocimientos a nivel nacional e internacional que dan cuenta de la importancia de incorporar el diseño participativo y ecológico en el urbanismo moderno.
El Premio de Diseño de Seúl 2025 es una plataforma global dedicada al diseño sostenible que resalta que celebra y certifica proyectos de diseño sostenibles e innovadores, con un enfoque en resolver desafíos sociales, ambientales y urbanos.
En su edición 2025, el concurso tuvo como tema central "Diseño para una vida sostenible", incluyó 60 proyectos finalistas entre los que se destacó el Boulevard de Oriente.

La Escuela de Ciencias del Lenguaje, la Dirección de Relaciones Internacionales y el Área Cultural de la División de Bibliotecas de la Universidad del Valle, con el apoyo de la Embajada del Japón y la Iglesia Tenri de Cali realizan del 18 al 21 de noviembre de 2025 la X Semana Cultural Colombo Japonesa.
A través de este evento se busca promover la cultura japonesa a través de una programación en beneficio de la comunidad universitaria y del público en general. En este contexto, la semana cultural es un espacio para el intercambio y aprendizaje de la cultura japonesa, a través de actividades académicas, artísticas, lúdico-culturales y sociales que dan a conocer la historia, la lengua y sus tradiciones como patrimonio cultural.
La programación.
En esta versión de la Semana japonesa contaremos con conferencias sobre su cultura a cargo de profesores de la Universidad; actividades lúdico – creativas como: Demostración música imperial GAGAKU, talleres de ORIGAMI, SHODO Escritura Japonesa, Ikebana (Arreglo floral japonés), Sumi-E, letras, cine, juegos de mesa “GO”, muestra gastronómica y otros.

Informes: Área Cultural-División de Bibliotecas
Universidad del Valle
tel. 602 - 3212974
El siguiente es el discurso con el cual el escritor vallecaucano Julio Cesar Londoño aceptó el Doctorado Honoris Causa en Literatura, que le otorgó de manera reciente la Universidad del Valle.
Aunque he escrito miles de páginas, esta me costó mucho, fue más difícil que los obituarios de mis muertos, y más incluso que un ensayo sobre el tiempo, que me tomó una eternidad. Escribir sobre uno mismo es imposible porque no somos uno, somos varios, por lo menos dos: uno de ellos es un pavo real y el otro es una cucaracha. Qué seré hoy. Depende de los astros, dicen los brujos, o de los niveles de litio, dicen los psiquiatras, esos alquimistas del alma.
Claro que podemos ser híbridos, alto pavo real y minúscula cucaracha, reconocer que hay dos sujetos aquí, pronunciando un discurso que ojalá sea plegaria: uno de ellos es Londoño, el doctor de humanidades, y yo, que soy apenas Julio, un señor que envejece para que Londoño pueda escribir sus ensayos. El problema es que un argentino ya gastó este ardid y escribió una página, esquizoide y perfecta, «Borges y yo», el siglo pasado. Borges, principio y fin de todas las rosas. No resisto la tentación de repetirla aquí:
«Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero lo hace de un modo vanidoso que las convierte en atributos de actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salv.ar, quizá porque lo bueno ya no es de· nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la • tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página».
Así somos todos. Un momento somos divinos, superinstagram, bellos Jotamarios, y un segundo después somos humildísimos, más ínfimos que Gregorio Samsa.
Cuando recuerdo que son doctores de Univalle Gilma Mosquera, Carmiña Navia, Estanislao Zuleta, Juan Manuel Roca, Manuel Zapata Olivella, Fernando Cruz, Enrique Buenaventura, Luis Eduardo Bravo, siento la incomodidad del fulano que no encaja en la foto, sospecho que los astros confundieron a los severos jueces del Claustro de la Escuela de Literatura, del Consejo de la Facultad de Humanidades, el Consejo Académico y el Consejo Superior, quienes sopesaron mis labores y decidieron ·abrumarme con un doctorado que acepto con una mezcla confusa de orgullo y embarazo.
Dudo de mis méritos para ser doctor de humanidades como dudo del mérito de mis ejercicios literarios. Todos dudamos del valor de nuestras obras. Aunque no pretendo compararme con ellos, sé que dudan de sus obras los genios, de su fe los santos y de sus blasfemias los herejes. Y está bien, es un sano mecanismo de autocrítica y de cautela. El valor de las obras de arte es subjetivo, y las verdades de la ciencia son falsables. El arte y la ciencia son potencias humildes. La Religión es otra cosa. La Religión quiere sacralizar el mundo, la ciencia quiere descifrarlo, el arte lo celebra o lo maldice, dependiendo de la bilis del día, cuyo color varía según el litio, según los astros.
Son tres miradas distintas, pero todas trazan mapas del universo, planos del laberinto. Los mapas de la religión son relatos cosmológicos o códigos morales, y son eternos e inmutables, como corresponde a la soberbia de los dioses. Los mapas de la ciencia son modelos matemáticos o sociales, y son imperfectos y temporales, como los hombres y las mujeres que los dibujan. Los mapas del arte escapan a las definiciones. El arte fue una operación mágica al principio, en las pinturas de las cuevas, magia parasimpática para que la cacería fuera exitosa. Luego el arte fue figurativo, espejo del mundo. Ahora puede ser oscuro, abstracto o expresionista, un grito de furia o una oración pagana.
Al cerebro le gustan los mapas, lo tranquilizan, me dijo Rodolfo Llinás un día. El «yo», dijo sin vacilaciones el neurocientífico, es una construcción del cerebro para darnos, a esa cambiante criatura que somos, una sedante sensación de identidad en el espacio y de permanencia en el tiempo.
Todos dudamos de todo, en especial de las palabras. Es una reserva sensata. La elocuencia de las palabras puede simular la sabiduría, como advirtió una señora sabia y elocuente, Margarita Yourcenar. Pero también es cierto que pensamos con palabras. Tal vez la palabra nunca defina completamente la cosa, pero se le acerca. La palabra es la mejor traducción que tenemos de la cosa. Es lo que hay, y no es poco. Recordemos, por ejemplo, que el capitalismo y el socialismo son doctrinas netamente verbales, o, si usted prefiere, religiones que adoran divinidades opuestas. El capitalismo privilegia el mercado y el orden; al socialismo le preocupan la gente y la libertad. China, Nueva Zelanda y los países nórdicos están encontrando bellas soluciones intermedias.
Otro ejemplo de artefacto verbal magnífico es el cristianismo. Jesús, el famoso disidente judío, construyó un relato poético, lo ilustró con parábolas verbales, lo apuntaló con razones humanistas, lo ungió con la leche de la bondad y lo puso en escena con milagros espectaculares. Sí, es verdad, lo lincharon y lo crucificaron en una ceremonia burlesca. Pilatos hizo un gesto y Jesús desapareció, pero unos siglos después Jesús hizo un gesto contrario y Roma fue el Vaticano.
Hago este largo rodeo para demostrar que las palabras, esas criaturas frágiles, hechas de viento y fonemas, pueden ser más duraderas que los césares, los muros y las espadas. Para recordarles que una canción nos puede llevar al cielo, o partirnos el corazón.
Así las cosas, cómo no agradecer que la vida haya dado el número de vueltas exacto para convertirme en un hombre de letras y quizá en un humanista. Hice mi parte, por supuesto, mi lámpara siempre se apaga a altas horas de la noche, pero muchas personas trabajaron y lo hicieron posible. La primera fue mamá, una viuda que levantó siete hijos, una modista que podía hablar con la boca llena de alfileres, una mujer pobre que solo pudo darme dos regalos infinitos, los números y las letras. Gracias, mamá. Y mis hermanos, que trabajaban mientras yo me dedicaba al oficio más inútil y principesco del mundo: leer. Nunca me lo reprocharon a pesar de que no éramos una familia de señoritos.
Sí, los lectores. Qué sería de los escritores, de los periodistas, dé los historiadores, de los ensayistas de ciencia sin ese ejército de personas anónimas, sus lectores. Qué sería de cualquiera de nosotros si no pudiéramos consultar información escrita. Qué pobres seríamos todos si el lenguaje solo nos sirviera para informarnos, si no pudiéramos apreciar la poesía de un discurso o morir con la línea de una canción.
Les debo todo a los escritores clásicos, pero les debo más a mis amigos escritores. No solo me regalan libros y fiestas y conversaciones, y critican mis ejercicios con franqueza, sino que me dan lecciones de vida y enseñan con el ejemplo. Mis amigos escritores publican libros de otros escritores, traducen libros de otros, van a las cárceles y enseñan el arte de la crónica y el arte de la poesía, traman con los presos fugas de tinta, urden con ellos versos libres, organizan conciertos, exposiciones, conciertos, foros; seminarios'. Son como quijotes en bicicleta que se la pasan enriqueciendo el mundo y escriben sus libros en los ratos libres.
Pienso en amigos tan generosos como Darío Henao, José Zuleta, Darío Jaramillo, Humberto Jarrín, Fernando Merino, Piedad Bonnett, Lucía Donadío, Betsimar Sepúlveda, Hoover Delgado, Álvaro Bautista, Horacio Benavides, William Ospina, Harold Alvarado, Rómulo Bustos, Federico Díaz-Granados. Qué generosa es la vida que nos permite caminar un trecho del camino con personas tan bellas, tan extraordinarias. Qué bueno que sean tan numerosas, que no haya espacio para mencionarlas a todas. Qué lindo que uno pueda engañarse y pensar que·-es tan inteligente tomo ellos.
De todos ellos aprendo y armó mi paleta de recursos. A todos les robo algo, a veces una frase, a veces párrafos enteros, pero no les importa, el bosque no echa de menos una hoja.
Dedico pues este triunfo a mis amigos y a algunos enemigos importantes. Recordemos que uno es de la estatura de sus enemigos más altos. Es fatal tener enemigos mediocres. Uno termina pareciéndose a ellos.
Como el triunfo es la excepción, no la regla, celebro esta noche feliz y dedico este triunfo a mis amigos y a un muchacho que asesiné un domingo. No tuve alternativa. Yo andaba de malas pulgas porque Univalle me echó a la calle durante un semestre por una pequeñez política y otra pequeñez académica. «Subterráneo nivel académico», decía la nota, y era justa. Yo vivía una época de espléndida bohemia, pero los domingos pueden ser fatales. Sobre todo las tardes, que ya están amenazadas por la sombra del lunes. Recuerdo que yo leía La cruzada de los niños de Marcel Schwob en la banca de un parque, y tenía dos sueños opuestos: quería ser Schwob porque ya sabía que las letras podían darme todos los alimentos que necesita el espíritu, y quería ser matemático porque desde niño me sedujo ese brillo inhumano de la matemática, su perfección, la manera como encajan las cosas en ese orbe de precisos cristales. Pero ya lo había pensado y comprendí que era incapaz de ejercer bien los dos oficios. Que mi cabeza no daba para tanto. Ese día decidí ser solo escritor y dejé tirado en la banca el cadáver del muchacho matemático. Nunca supe que fue de él. Quizá nada, tal vez la sombra de un número. Todavía me duele su suerte. Especialmente para ti va este título que hoy me otorga mi Universidad del Valle.
Permítame cerrar de nuevo con Borges, con una frase suya que uso como una recarga de morfina espiritual en momentos de vacilaciones:
“Nada se construye sobre la roca. Todo lo construimos sobre la arena, pero nuestro deber es construir como si fuera roca la arena”.
Julio Cesar Londoño.
14 de noviembre de 2025.
El escritor, columnista y ensayista palmirano Julio Cesar Londoño recibió el Doctorado Honoris Causa en Literatura que le otorgó la Universidad del Valle.
El acto de entrega se llevó a cabo este viernes 14 de noviembre de 2025, en el Auditorio de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. La ceremonia estuvo presidida por el rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas, y el decano de la Facultad de Humanidades, Julio César Vargas Bejarano.
Los doctorados honoris causa son la máxima distinción académica que otorga la Universidad del Valle a aquellas personas que se hayan destacado y creado una obra significativa en la ciencia, el desarrollo tecnológico, las artes, las humanidades, la educación o las ciencias sociales. Los doctorados se entregan cada cinco años de acuerdo con la resolución del Consejo Superior de la Universidad del Valle.
Durante la ceremonia, el rector destacó que "Julio César Londoño pertenece a ese grupo de escritores que se hacen solos. Su obra variada y erudita refleja la enorme disciplina de su formación intelectual, el rigor del ensayista, la voluntad de ser un divulgador de temas científicos simplificados para el gran público, el trabajo de relojería de hacer un buen cuento, la generosidad de convertirse en un profesor de literatura que solo busca enseñar a escribir".
Así mismo, el escritor Julio Cesar Londoño destacó que esto "era algo muy emocionante, como una de esas cosas que tiene la vida: uno no las entiende, pero las acepta. Le sirve a uno para reafirmar. Uno siempre duda del valor de sus trabajos, pero definitivamente, con un tribunal tan severo como el que me otorgó este doctorado lo valida, uno siente que lo que hizo no está mal".
La trayectoria de un escritor autodidáctica
Julio César Londoño es un intelectual colombiano de formación predominantemente autodidacta. Tras un bachillerato clásico en Palmira y cinco semestres de Ingeniería Eléctrica en la Universidad del Valle, emprendió un riguroso camino de autoeducación en disciplinas tan diversas como la historia, la filosofía, la gramática, los idiomas y la historia de la ciencia. Esta singular base, a caballo entre el rigor científico y las humanidades, ha definido la esencia de su obra: la capacidad de amalgamar el pensamiento racional con la sensibilidad estética.
Su carrera pública se ha forjado principalmente en el periodismo de opinión. Durante lustros, sus columnas en medios como El Espectador de Bogotá y El País de Cali lo han consolidado como un analista político valiente, un crítico literario lúcido y un divulgador científico excepcional.
Su pluma, caracterizada por la ironía sutil, la precisión y un profundo respeto por la inteligencia del lector, le ha valido prestigiosos galardones: Concurso de Cuento de la Cámara de Comercio de Bogotá (1988 y 1989), Premio Alejo Carpentier en La Habana (1992), el Premio de Ciencia Ficción de la Universidad Veracruzana (1992) y el prestigioso Premio Juan Rulfo de Cuento en París (1998), lo que consolidó su proyección en el ámbito literario de habla hispana.
Por su producción ensayística obtuvo el Premio Jorge Isaacs de Ensayo Científico (1997). En 2014 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría de Crítica en Periodismo Escrito. En 2012 recibió el Premio Rodrigo Lloreda. Su novela Proyecto piel fue finalista del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de América en 2007, uno de los certámenes más relevantes del mundo editorial en lengua española.
Como escritor, Londoño es un cuentista sobresaliente. Sus relatos, reunidos en volúmenes como Sacrificio de dama y Los geógrafos, operan como "ficciones conjeturales" donde explora dilemas intelectuales y simbólicos con un tono lúdico y especulativo. En su única novela, Proyecto piel, mezcla la ciencia, la ironía existencial y la crítica cultural en una meditación sobre la percepción y el arte. Paralelamente, su vasta obra ensayística demuestra su pasión por la divulgación, pues aborda con elegancia y claridad temas como el origen del lenguaje o la historia de las matemáticas, siempre a partir de datos sólidos para aventurarse en el fértil terreno de la conjetura.
Más allá de su producción escrita, su legado como formador es altamente reconocido. Desde 2010 dirige el Taller de Escritura de Comfandi, un semillero que ha acogido a amantes de las letras y se ha convertido en un referente nacional.
Por su trayectoria coherente, su contribución al enriquecimiento del debate cultural y su incansable labor de tender puentes entre la ciencia, la filosofía y la literatura, la Universidad del Valle reconoce en Julio César Londoño a un humanista integral, merecedor de ingresar a su claustro con la más alta distinción honorífica.
Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas, durante la ceremonia de otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en Literatura al escritor Julio Cesar Londoño.
Los escritores surgen a veces en contravía de la academia. Hay muchos que han estudiado en escuelas de letras, pero los hay también sin títulos universitarios, porque la vocación por escribir, la pasión por escribir, desborda exigencias formales. A veces, como hoy, la academia se inclina ante el escritor que ha forjado su obra al margen de ella, y le otorga un grado que ya se ha ganado con creces en su dura brega con las palabras.
Julio César Londoño pertenece a ese grupo de escritores que se hacen solos. Su obra variada y erudita refleja la enorme disciplina de su formación intelectual, el rigor del ensayista, la voluntad de ser un divulgador de temas científicos simplificados para el gran público, el trabajo de relojería de hacer un buen cuento, la generosidad de convertirse en un profesor de literatura que solo busca enseñar a escribir.
Estudió Julio César en algún momento en la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle. Creo que al abandonar esa carrera le hizo tanto un favor a la literatura como a la ingeniería. Muchos años después la Universidad del Valle le otorga este grado Honoris Causa en Humanidades, que corrige ese error de juventud.
Corresponde a quienes a partir de hoy son sus pares en la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad el análisis de su obra, la descripción de sus méritos que han sido analizados por el Consejo de la Escuela, por el Consejo de la Facultad de Humanidades, por el Consejo Académico y por el Consejo Superior, que sustentan el otorgamiento del doctorado.
A mí como Rector de la Universidad del Valle me corresponde destacar el enorme valor que representa para nuestra sociedad el que haya una persona como Julio César Londoño cuyo compromiso como columnista y como ensayista ha sido siempre con la verdad. Ha sido una voz independiente, crítica, insobornable, demoledora. Ningún político ni ningún escritor se ha librado de su ironía y su perversidad. La sinceridad, adornada de citas eruditas para matizar el sacrificio, ha sido su bandera.
Piensa Julio César que en el ensayo la erudición es solo un sustrato para plantear una conjetura, que en sus columnas la ironía es un recurso contra la candidez, que en el cuento la precisión es la manera de llegar a una conclusión inevitable, que en su taller de escritura el profesor es parte de una creación colectiva.
Sin embargo, su obra no es una apología de la violencia o de la desesperanza, porque la alienta siempre el mensaje de la capacidad humana por descubrir o crear en el mundo científico hechos maravillosos, o en el mundo político iniciativas de mejoramiento social. En el fondo hay detrás de su escepticismo una mirada humilde de la realidad, en cuyos recursos confía.
Para la Universidad del Valle es un honor conferirle a Julio César Londoño el Doctorado Honoris Causa en Literatura, con el cuál lo recibimos tardíamente como el exalumno que un día pudo haber sido. Es un reconocimiento respaldado en una obra sólida; un valor vallecaucano que destacamos con orgullo ante la sociedad entera.
Muchas gracias.
Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
Rector
14 de noviembre de 2025
El Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle invita a toda la comunidad académica y vallecaucana al conversatorio y lanzamiento del libro "Eso no es amor: Diez feminicidios que sacudieron a Colombia".
Esta actividad se realiza durante las actividades de conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El evento contará con la participación de la autora, socióloga y analista política feminista Juana Afanador Mejía, junto a las profesoras Alba N. Rodríguez Pizarro (antropóloga) y Laura L. Gómez Espíndola (filósofa) de la Universidad del Valle. Juntas abrirán un diálogo profundo sobre los feminicidios en Colombia y la necesidad de construir una sociedad libre de violencias.
Fecha: 26 de noviembre de 2025
Hora: 2:30 p.m.
Lugar: Auditorio Germán Colmenares, Facultad de Humanidades, Edificio D10 – Universidad del Valle.
La Facultad de Derecho y la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle invitan a participar del Coloquio “El Derecho y la Inteligencia Artificial”, que se realizará el próximo miércoles 19 de noviembre de 2025, a partir de las 8:00 a.m., en el Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República.
El Coloquio es un espacio académico de reflexión y diálogo interdisciplinar que busca analizar los desafíos éticos, jurídicos y tecnológicos que surgen frente al avance de la inteligencia artificial en la sociedad contemporánea.
Reunirá a expertos, docentes y estudiantes para debatir sobre el impacto de la IA en la administración de justicia, la protección de derechos fundamentales y la transformación del ejercicio jurídico en el siglo XXI.
Fecha del evento: 19 de noviembre de 2025
Hora: Desde las 8:00 a. m.
Lugar: Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República
¡Inscríbete en: https://forms.gle/oovCQFvwFj4PkgTNA y sé parte de este diálogo sobre los nuevos retos del Derecho en la era digital!
La Vicerrectoría de Extensión y Proyección Social invita a los emprendedores de la institución y a la comunidad universitaria en general a participar de UV Ágora 2025, el epicentro del emprendimiento en la Universidad del Valle.
Este evento, que se realizará entre el 18 y el 20 de noviembre, está diseñado para potenciar el crecimiento profesional y empresarial, brindando acceso directo a los expertos más destacados, las herramientas más actualizadas en emprendimiento y valiosas oportunidades de networking.
UV Ágora 2025 se realiza con el apoyo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Innpulsa Colombia, Politécnico Grancolombiano, Elevatik, Impact Hub Colombia y Enterprise Europe Network.
¡El camino hacia el éxito empresarial comienza aquí!

En Colombia, la Universidad del Valle fue sede de un evento sobre migración y movilidad, organizado por la Red Global de Solidaridad y Resistencia de Investigadores/as de la Migración, una iniciativa internacional que trabaja en estos temas de interés. De esta forma, el pasado 11 de noviembre de 2025, Cali se sumó con treinta y siete ciudades de todo el mundo para generar conocimiento sobre esta situación.
Durante estos eventos, los académicos especializados en migración contribuyen al conocimiento crítico sobre la migración y disipan los múltiples mitos que subyacen al reciente auge de las políticas y prácticas anti-migratorias. En diversos formatos, incluyendo debates abiertos, proyecciones de películas, música y paneles informativos, se abordaron las preguntas orientadas a comprender por qué la migración es un bien social para todos .
Cada vez son más los países que restringen el derecho de las personas a buscar refugio, reunir a sus familias, estudiar en el extranjero, establecerse y trabajar, obtener la ciudadanía y mantener una vida transnacional. Entre las cuestiones abordadas figura la relación entre la llegada de migrantes como refugiados, trabajadores o estudiantes y la demanda de vivienda accesible, oportunidades de trabajo, prestaciones sociales y servicios sociales
La estigmatización también afecta los estudios sobre migración, los cuales documentan que los migrantes construyen el tejido social allá donde se establecen. Incluso, se ha documentado de presiones para que equipos de docentes modifiquen su enseñanza e investigación y limiten sus debates sobre la racialización, la colonización, la militarización, la desigualdad y la opresión política, que son factores subyacentes a la migración y a las diatribas contra los migrantes.
El evento realizado en la Universidad del Valle en Cali reunió a docentes y estudiantes con el fin de debatir estas urgentes cuestiones globales y sus manifestaciones regionales y locales. El espacio colectivo resaltó la importancia de la investigación crítica en materia de migración y la producción de conocimientos, así como las posibilidades de compromiso y búsqueda de alianzas, colaboraciones y acciones colectivas en apoyo y en solidaridad con una de las cuestiones más apremiantes de la actualidad.
Vivimos en una época de constantes cambios. Los desarrollos tecnológicos han motivado una transformación en las formas de enseñanza y aprendizaje; las coyunturas sociales y ambientales nos recuerdan el papel que nuestra comunidad universitaria debe desempeñar para dar respuesta a estas necesidades apremiantes; cada vez más hay tensiones entre lo local y lo global. Es en estos tiempos de transformación, que la planeación adquiere un sentido profundo: no como una forma de controlar el porvenir, sino como un mecanismo de orientación en medio de la complejidad, de imaginar los escenarios de futuro que deseamos y también de actuar colectivamente para hacerlos posibles.
El Plan Estratégico de Desarrollo de la Universidad del Valle, que se aprobó de manera reciente por parte del Consejo Superior, tiene esa convicción. No es un documento rígido. Es, por el contrario, una hoja de ruta construida con la pluralidad de actores que integran la comunidad universitaria. El Plan es de carácter decenal a partir de este año y hasta 2035, con una visión prospectiva de 20 años, con corte a 2045.
El compromiso que tenemos entre todos los estamentos de la institución, es de ejecutar lo planificado, de acuerdo con los recursos y las capacidades de nuestra Alma Mater. Al igual que lo hicimos en el proceso de formulación, se trata de que todas y todos participemos en la ejecución y en el seguimiento a los indicadores del Plan de Desarrollo.
Tenemos siete frentes de ejecución frente a igual número de desafíos identificados, empezando por los componentes misionales de formación, investigación, extensión y bienestar que deben concretarse en procesos humanos inscritos en los territorios a través del Sistema de Regionalización.
La sustentabilidad ambiental, la convivencia y construcción paces y de consensos tendrán también, junto con nuestros componentes misionales los soportes tecnológicos, de infraestructura y administrativos para avanzar de forma constante, continua y coherente hacia los estándares que nos imponen el país y la sociedad contemporánea.
En este escenario, donde el conjunto de la Universidad ha construido una visión compartida de futuro, la planeación nos permitirá estar preparados para asumir los desafíos a futuro. Al realizar estos procesos de planeación estratégica, la Universidad del Valle reafirma su compromiso con la educación superior.
En un mundo cambiante, la planeación es un ejercicio que permite construir un horizonte colectivo. El Plan Estratégico de Desarrollo que ha trazado la comunidad universitaria es una invitación a continuar fortaleciendo la institución que a lo largo de ochenta años nos ha permitido construir futuro.