El siguiente es el discurso con el cual el escritor vallecaucano Julio Cesar Londoño aceptó el Doctorado Honoris Causa en Literatura, que le otorgó de manera reciente la Universidad del Valle.
Aunque he escrito miles de páginas, esta me costó mucho, fue más difícil que los obituarios de mis muertos, y más incluso que un ensayo sobre el tiempo, que me tomó una eternidad. Escribir sobre uno mismo es imposible porque no somos uno, somos varios, por lo menos dos: uno de ellos es un pavo real y el otro es una cucaracha. Qué seré hoy. Depende de los astros, dicen los brujos, o de los niveles de litio, dicen los psiquiatras, esos alquimistas del alma.
Claro que podemos ser híbridos, alto pavo real y minúscula cucaracha, reconocer que hay dos sujetos aquí, pronunciando un discurso que ojalá sea plegaria: uno de ellos es Londoño, el doctor de humanidades, y yo, que soy apenas Julio, un señor que envejece para que Londoño pueda escribir sus ensayos. El problema es que un argentino ya gastó este ardid y escribió una página, esquizoide y perfecta, «Borges y yo», el siglo pasado. Borges, principio y fin de todas las rosas. No resisto la tentación de repetirla aquí:
«Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero lo hace de un modo vanidoso que las convierte en atributos de actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salv.ar, quizá porque lo bueno ya no es de· nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la • tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página».
Así somos todos. Un momento somos divinos, superinstagram, bellos Jotamarios, y un segundo después somos humildísimos, más ínfimos que Gregorio Samsa.
Cuando recuerdo que son doctores de Univalle Gilma Mosquera, Carmiña Navia, Estanislao Zuleta, Juan Manuel Roca, Manuel Zapata Olivella, Fernando Cruz, Enrique Buenaventura, Luis Eduardo Bravo, siento la incomodidad del fulano que no encaja en la foto, sospecho que los astros confundieron a los severos jueces del Claustro de la Escuela de Literatura, del Consejo de la Facultad de Humanidades, el Consejo Académico y el Consejo Superior, quienes sopesaron mis labores y decidieron ·abrumarme con un doctorado que acepto con una mezcla confusa de orgullo y embarazo.
Dudo de mis méritos para ser doctor de humanidades como dudo del mérito de mis ejercicios literarios. Todos dudamos del valor de nuestras obras. Aunque no pretendo compararme con ellos, sé que dudan de sus obras los genios, de su fe los santos y de sus blasfemias los herejes. Y está bien, es un sano mecanismo de autocrítica y de cautela. El valor de las obras de arte es subjetivo, y las verdades de la ciencia son falsables. El arte y la ciencia son potencias humildes. La Religión es otra cosa. La Religión quiere sacralizar el mundo, la ciencia quiere descifrarlo, el arte lo celebra o lo maldice, dependiendo de la bilis del día, cuyo color varía según el litio, según los astros.
Son tres miradas distintas, pero todas trazan mapas del universo, planos del laberinto. Los mapas de la religión son relatos cosmológicos o códigos morales, y son eternos e inmutables, como corresponde a la soberbia de los dioses. Los mapas de la ciencia son modelos matemáticos o sociales, y son imperfectos y temporales, como los hombres y las mujeres que los dibujan. Los mapas del arte escapan a las definiciones. El arte fue una operación mágica al principio, en las pinturas de las cuevas, magia parasimpática para que la cacería fuera exitosa. Luego el arte fue figurativo, espejo del mundo. Ahora puede ser oscuro, abstracto o expresionista, un grito de furia o una oración pagana.
Al cerebro le gustan los mapas, lo tranquilizan, me dijo Rodolfo Llinás un día. El «yo», dijo sin vacilaciones el neurocientífico, es una construcción del cerebro para darnos, a esa cambiante criatura que somos, una sedante sensación de identidad en el espacio y de permanencia en el tiempo.
Todos dudamos de todo, en especial de las palabras. Es una reserva sensata. La elocuencia de las palabras puede simular la sabiduría, como advirtió una señora sabia y elocuente, Margarita Yourcenar. Pero también es cierto que pensamos con palabras. Tal vez la palabra nunca defina completamente la cosa, pero se le acerca. La palabra es la mejor traducción que tenemos de la cosa. Es lo que hay, y no es poco. Recordemos, por ejemplo, que el capitalismo y el socialismo son doctrinas netamente verbales, o, si usted prefiere, religiones que adoran divinidades opuestas. El capitalismo privilegia el mercado y el orden; al socialismo le preocupan la gente y la libertad. China, Nueva Zelanda y los países nórdicos están encontrando bellas soluciones intermedias.
Otro ejemplo de artefacto verbal magnífico es el cristianismo. Jesús, el famoso disidente judío, construyó un relato poético, lo ilustró con parábolas verbales, lo apuntaló con razones humanistas, lo ungió con la leche de la bondad y lo puso en escena con milagros espectaculares. Sí, es verdad, lo lincharon y lo crucificaron en una ceremonia burlesca. Pilatos hizo un gesto y Jesús desapareció, pero unos siglos después Jesús hizo un gesto contrario y Roma fue el Vaticano.
Hago este largo rodeo para demostrar que las palabras, esas criaturas frágiles, hechas de viento y fonemas, pueden ser más duraderas que los césares, los muros y las espadas. Para recordarles que una canción nos puede llevar al cielo, o partirnos el corazón.
Así las cosas, cómo no agradecer que la vida haya dado el número de vueltas exacto para convertirme en un hombre de letras y quizá en un humanista. Hice mi parte, por supuesto, mi lámpara siempre se apaga a altas horas de la noche, pero muchas personas trabajaron y lo hicieron posible. La primera fue mamá, una viuda que levantó siete hijos, una modista que podía hablar con la boca llena de alfileres, una mujer pobre que solo pudo darme dos regalos infinitos, los números y las letras. Gracias, mamá. Y mis hermanos, que trabajaban mientras yo me dedicaba al oficio más inútil y principesco del mundo: leer. Nunca me lo reprocharon a pesar de que no éramos una familia de señoritos.
Sí, los lectores. Qué sería de los escritores, de los periodistas, dé los historiadores, de los ensayistas de ciencia sin ese ejército de personas anónimas, sus lectores. Qué sería de cualquiera de nosotros si no pudiéramos consultar información escrita. Qué pobres seríamos todos si el lenguaje solo nos sirviera para informarnos, si no pudiéramos apreciar la poesía de un discurso o morir con la línea de una canción.
Les debo todo a los escritores clásicos, pero les debo más a mis amigos escritores. No solo me regalan libros y fiestas y conversaciones, y critican mis ejercicios con franqueza, sino que me dan lecciones de vida y enseñan con el ejemplo. Mis amigos escritores publican libros de otros escritores, traducen libros de otros, van a las cárceles y enseñan el arte de la crónica y el arte de la poesía, traman con los presos fugas de tinta, urden con ellos versos libres, organizan conciertos, exposiciones, conciertos, foros; seminarios'. Son como quijotes en bicicleta que se la pasan enriqueciendo el mundo y escriben sus libros en los ratos libres.
Pienso en amigos tan generosos como Darío Henao, José Zuleta, Darío Jaramillo, Humberto Jarrín, Fernando Merino, Piedad Bonnett, Lucía Donadío, Betsimar Sepúlveda, Hoover Delgado, Álvaro Bautista, Horacio Benavides, William Ospina, Harold Alvarado, Rómulo Bustos, Federico Díaz-Granados. Qué generosa es la vida que nos permite caminar un trecho del camino con personas tan bellas, tan extraordinarias. Qué bueno que sean tan numerosas, que no haya espacio para mencionarlas a todas. Qué lindo que uno pueda engañarse y pensar que·-es tan inteligente tomo ellos.
De todos ellos aprendo y armó mi paleta de recursos. A todos les robo algo, a veces una frase, a veces párrafos enteros, pero no les importa, el bosque no echa de menos una hoja.
Dedico pues este triunfo a mis amigos y a algunos enemigos importantes. Recordemos que uno es de la estatura de sus enemigos más altos. Es fatal tener enemigos mediocres. Uno termina pareciéndose a ellos.
Como el triunfo es la excepción, no la regla, celebro esta noche feliz y dedico este triunfo a mis amigos y a un muchacho que asesiné un domingo. No tuve alternativa. Yo andaba de malas pulgas porque Univalle me echó a la calle durante un semestre por una pequeñez política y otra pequeñez académica. «Subterráneo nivel académico», decía la nota, y era justa. Yo vivía una época de espléndida bohemia, pero los domingos pueden ser fatales. Sobre todo las tardes, que ya están amenazadas por la sombra del lunes. Recuerdo que yo leía La cruzada de los niños de Marcel Schwob en la banca de un parque, y tenía dos sueños opuestos: quería ser Schwob porque ya sabía que las letras podían darme todos los alimentos que necesita el espíritu, y quería ser matemático porque desde niño me sedujo ese brillo inhumano de la matemática, su perfección, la manera como encajan las cosas en ese orbe de precisos cristales. Pero ya lo había pensado y comprendí que era incapaz de ejercer bien los dos oficios. Que mi cabeza no daba para tanto. Ese día decidí ser solo escritor y dejé tirado en la banca el cadáver del muchacho matemático. Nunca supe que fue de él. Quizá nada, tal vez la sombra de un número. Todavía me duele su suerte. Especialmente para ti va este título que hoy me otorga mi Universidad del Valle.
Permítame cerrar de nuevo con Borges, con una frase suya que uso como una recarga de morfina espiritual en momentos de vacilaciones:
“Nada se construye sobre la roca. Todo lo construimos sobre la arena, pero nuestro deber es construir como si fuera roca la arena”.
Julio Cesar Londoño.
14 de noviembre de 2025.
El escritor, columnista y ensayista palmirano Julio Cesar Londoño recibió el Doctorado Honoris Causa en Literatura que le otorgó la Universidad del Valle.
El acto de entrega se llevó a cabo este viernes 14 de noviembre de 2025, en el Auditorio de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. La ceremonia estuvo presidida por el rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas, y el decano de la Facultad de Humanidades, Julio César Vargas Bejarano.
Los doctorados honoris causa son la máxima distinción académica que otorga la Universidad del Valle a aquellas personas que se hayan destacado y creado una obra significativa en la ciencia, el desarrollo tecnológico, las artes, las humanidades, la educación o las ciencias sociales. Los doctorados se entregan cada cinco años de acuerdo con la resolución del Consejo Superior de la Universidad del Valle.
Durante la ceremonia, el rector destacó que "Julio César Londoño pertenece a ese grupo de escritores que se hacen solos. Su obra variada y erudita refleja la enorme disciplina de su formación intelectual, el rigor del ensayista, la voluntad de ser un divulgador de temas científicos simplificados para el gran público, el trabajo de relojería de hacer un buen cuento, la generosidad de convertirse en un profesor de literatura que solo busca enseñar a escribir".
Así mismo, el escritor Julio Cesar Londoño destacó que esto "era algo muy emocionante, como una de esas cosas que tiene la vida: uno no las entiende, pero las acepta. Le sirve a uno para reafirmar. Uno siempre duda del valor de sus trabajos, pero definitivamente, con un tribunal tan severo como el que me otorgó este doctorado lo valida, uno siente que lo que hizo no está mal".
La trayectoria de un escritor autodidáctica
Julio César Londoño es un intelectual colombiano de formación predominantemente autodidacta. Tras un bachillerato clásico en Palmira y cinco semestres de Ingeniería Eléctrica en la Universidad del Valle, emprendió un riguroso camino de autoeducación en disciplinas tan diversas como la historia, la filosofía, la gramática, los idiomas y la historia de la ciencia. Esta singular base, a caballo entre el rigor científico y las humanidades, ha definido la esencia de su obra: la capacidad de amalgamar el pensamiento racional con la sensibilidad estética.
Su carrera pública se ha forjado principalmente en el periodismo de opinión. Durante lustros, sus columnas en medios como El Espectador de Bogotá y El País de Cali lo han consolidado como un analista político valiente, un crítico literario lúcido y un divulgador científico excepcional.
Su pluma, caracterizada por la ironía sutil, la precisión y un profundo respeto por la inteligencia del lector, le ha valido prestigiosos galardones: Concurso de Cuento de la Cámara de Comercio de Bogotá (1988 y 1989), Premio Alejo Carpentier en La Habana (1992), el Premio de Ciencia Ficción de la Universidad Veracruzana (1992) y el prestigioso Premio Juan Rulfo de Cuento en París (1998), lo que consolidó su proyección en el ámbito literario de habla hispana.
Por su producción ensayística obtuvo el Premio Jorge Isaacs de Ensayo Científico (1997). En 2014 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría de Crítica en Periodismo Escrito. En 2012 recibió el Premio Rodrigo Lloreda. Su novela Proyecto piel fue finalista del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de América en 2007, uno de los certámenes más relevantes del mundo editorial en lengua española.
Como escritor, Londoño es un cuentista sobresaliente. Sus relatos, reunidos en volúmenes como Sacrificio de dama y Los geógrafos, operan como "ficciones conjeturales" donde explora dilemas intelectuales y simbólicos con un tono lúdico y especulativo. En su única novela, Proyecto piel, mezcla la ciencia, la ironía existencial y la crítica cultural en una meditación sobre la percepción y el arte. Paralelamente, su vasta obra ensayística demuestra su pasión por la divulgación, pues aborda con elegancia y claridad temas como el origen del lenguaje o la historia de las matemáticas, siempre a partir de datos sólidos para aventurarse en el fértil terreno de la conjetura.
Más allá de su producción escrita, su legado como formador es altamente reconocido. Desde 2010 dirige el Taller de Escritura de Comfandi, un semillero que ha acogido a amantes de las letras y se ha convertido en un referente nacional.
Por su trayectoria coherente, su contribución al enriquecimiento del debate cultural y su incansable labor de tender puentes entre la ciencia, la filosofía y la literatura, la Universidad del Valle reconoce en Julio César Londoño a un humanista integral, merecedor de ingresar a su claustro con la más alta distinción honorífica.
Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas, durante la ceremonia de otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en Literatura al escritor Julio Cesar Londoño.
Los escritores surgen a veces en contravía de la academia. Hay muchos que han estudiado en escuelas de letras, pero los hay también sin títulos universitarios, porque la vocación por escribir, la pasión por escribir, desborda exigencias formales. A veces, como hoy, la academia se inclina ante el escritor que ha forjado su obra al margen de ella, y le otorga un grado que ya se ha ganado con creces en su dura brega con las palabras.
Julio César Londoño pertenece a ese grupo de escritores que se hacen solos. Su obra variada y erudita refleja la enorme disciplina de su formación intelectual, el rigor del ensayista, la voluntad de ser un divulgador de temas científicos simplificados para el gran público, el trabajo de relojería de hacer un buen cuento, la generosidad de convertirse en un profesor de literatura que solo busca enseñar a escribir.
Estudió Julio César en algún momento en la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle. Creo que al abandonar esa carrera le hizo tanto un favor a la literatura como a la ingeniería. Muchos años después la Universidad del Valle le otorga este grado Honoris Causa en Humanidades, que corrige ese error de juventud.
Corresponde a quienes a partir de hoy son sus pares en la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad el análisis de su obra, la descripción de sus méritos que han sido analizados por el Consejo de la Escuela, por el Consejo de la Facultad de Humanidades, por el Consejo Académico y por el Consejo Superior, que sustentan el otorgamiento del doctorado.
A mí como Rector de la Universidad del Valle me corresponde destacar el enorme valor que representa para nuestra sociedad el que haya una persona como Julio César Londoño cuyo compromiso como columnista y como ensayista ha sido siempre con la verdad. Ha sido una voz independiente, crítica, insobornable, demoledora. Ningún político ni ningún escritor se ha librado de su ironía y su perversidad. La sinceridad, adornada de citas eruditas para matizar el sacrificio, ha sido su bandera.
Piensa Julio César que en el ensayo la erudición es solo un sustrato para plantear una conjetura, que en sus columnas la ironía es un recurso contra la candidez, que en el cuento la precisión es la manera de llegar a una conclusión inevitable, que en su taller de escritura el profesor es parte de una creación colectiva.
Sin embargo, su obra no es una apología de la violencia o de la desesperanza, porque la alienta siempre el mensaje de la capacidad humana por descubrir o crear en el mundo científico hechos maravillosos, o en el mundo político iniciativas de mejoramiento social. En el fondo hay detrás de su escepticismo una mirada humilde de la realidad, en cuyos recursos confía.
Para la Universidad del Valle es un honor conferirle a Julio César Londoño el Doctorado Honoris Causa en Literatura, con el cuál lo recibimos tardíamente como el exalumno que un día pudo haber sido. Es un reconocimiento respaldado en una obra sólida; un valor vallecaucano que destacamos con orgullo ante la sociedad entera.
Muchas gracias.
Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
Rector
14 de noviembre de 2025
El Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle invita a toda la comunidad académica y vallecaucana al conversatorio y lanzamiento del libro "Eso no es amor: Diez feminicidios que sacudieron a Colombia".
Esta actividad se realiza durante las actividades de conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El evento contará con la participación de la autora, socióloga y analista política feminista Juana Afanador Mejía, junto a las profesoras Alba N. Rodríguez Pizarro (antropóloga) y Laura L. Gómez Espíndola (filósofa) de la Universidad del Valle. Juntas abrirán un diálogo profundo sobre los feminicidios en Colombia y la necesidad de construir una sociedad libre de violencias.
Fecha: 26 de noviembre de 2025
Hora: 2:30 p.m.
Lugar: Auditorio Germán Colmenares, Facultad de Humanidades, Edificio D10 – Universidad del Valle.
La Facultad de Derecho y la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle invitan a participar del Coloquio “El Derecho y la Inteligencia Artificial”, que se realizará el próximo miércoles 19 de noviembre de 2025, a partir de las 8:00 a.m., en el Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República.
El Coloquio es un espacio académico de reflexión y diálogo interdisciplinar que busca analizar los desafíos éticos, jurídicos y tecnológicos que surgen frente al avance de la inteligencia artificial en la sociedad contemporánea.
Reunirá a expertos, docentes y estudiantes para debatir sobre el impacto de la IA en la administración de justicia, la protección de derechos fundamentales y la transformación del ejercicio jurídico en el siglo XXI.
Fecha del evento: 19 de noviembre de 2025
Hora: Desde las 8:00 a. m.
Lugar: Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República
¡Inscríbete en: https://forms.gle/oovCQFvwFj4PkgTNA y sé parte de este diálogo sobre los nuevos retos del Derecho en la era digital!
La Vicerrectoría de Extensión y Proyección Social invita a los emprendedores de la institución y a la comunidad universitaria en general a participar de UV Ágora 2025, el epicentro del emprendimiento en la Universidad del Valle.
Este evento, que se realizará entre el 18 y el 20 de noviembre, está diseñado para potenciar el crecimiento profesional y empresarial, brindando acceso directo a los expertos más destacados, las herramientas más actualizadas en emprendimiento y valiosas oportunidades de networking.
UV Ágora 2025 se realiza con el apoyo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Innpulsa Colombia, Politécnico Grancolombiano, Elevatik, Impact Hub Colombia y Enterprise Europe Network.
¡El camino hacia el éxito empresarial comienza aquí!

En Colombia, la Universidad del Valle fue sede de un evento sobre migración y movilidad, organizado por la Red Global de Solidaridad y Resistencia de Investigadores/as de la Migración, una iniciativa internacional que trabaja en estos temas de interés. De esta forma, el pasado 11 de noviembre de 2025, Cali se sumó con treinta y siete ciudades de todo el mundo para generar conocimiento sobre esta situación.
Durante estos eventos, los académicos especializados en migración contribuyen al conocimiento crítico sobre la migración y disipan los múltiples mitos que subyacen al reciente auge de las políticas y prácticas anti-migratorias. En diversos formatos, incluyendo debates abiertos, proyecciones de películas, música y paneles informativos, se abordaron las preguntas orientadas a comprender por qué la migración es un bien social para todos .
Cada vez son más los países que restringen el derecho de las personas a buscar refugio, reunir a sus familias, estudiar en el extranjero, establecerse y trabajar, obtener la ciudadanía y mantener una vida transnacional. Entre las cuestiones abordadas figura la relación entre la llegada de migrantes como refugiados, trabajadores o estudiantes y la demanda de vivienda accesible, oportunidades de trabajo, prestaciones sociales y servicios sociales
La estigmatización también afecta los estudios sobre migración, los cuales documentan que los migrantes construyen el tejido social allá donde se establecen. Incluso, se ha documentado de presiones para que equipos de docentes modifiquen su enseñanza e investigación y limiten sus debates sobre la racialización, la colonización, la militarización, la desigualdad y la opresión política, que son factores subyacentes a la migración y a las diatribas contra los migrantes.
El evento realizado en la Universidad del Valle en Cali reunió a docentes y estudiantes con el fin de debatir estas urgentes cuestiones globales y sus manifestaciones regionales y locales. El espacio colectivo resaltó la importancia de la investigación crítica en materia de migración y la producción de conocimientos, así como las posibilidades de compromiso y búsqueda de alianzas, colaboraciones y acciones colectivas en apoyo y en solidaridad con una de las cuestiones más apremiantes de la actualidad.
Vivimos en una época de constantes cambios. Los desarrollos tecnológicos han motivado una transformación en las formas de enseñanza y aprendizaje; las coyunturas sociales y ambientales nos recuerdan el papel que nuestra comunidad universitaria debe desempeñar para dar respuesta a estas necesidades apremiantes; cada vez más hay tensiones entre lo local y lo global. Es en estos tiempos de transformación, que la planeación adquiere un sentido profundo: no como una forma de controlar el porvenir, sino como un mecanismo de orientación en medio de la complejidad, de imaginar los escenarios de futuro que deseamos y también de actuar colectivamente para hacerlos posibles.
El Plan Estratégico de Desarrollo de la Universidad del Valle, que se aprobó de manera reciente por parte del Consejo Superior, tiene esa convicción. No es un documento rígido. Es, por el contrario, una hoja de ruta construida con la pluralidad de actores que integran la comunidad universitaria. El Plan es de carácter decenal a partir de este año y hasta 2035, con una visión prospectiva de 20 años, con corte a 2045.
El compromiso que tenemos entre todos los estamentos de la institución, es de ejecutar lo planificado, de acuerdo con los recursos y las capacidades de nuestra Alma Mater. Al igual que lo hicimos en el proceso de formulación, se trata de que todas y todos participemos en la ejecución y en el seguimiento a los indicadores del Plan de Desarrollo.
Tenemos siete frentes de ejecución frente a igual número de desafíos identificados, empezando por los componentes misionales de formación, investigación, extensión y bienestar que deben concretarse en procesos humanos inscritos en los territorios a través del Sistema de Regionalización.
La sustentabilidad ambiental, la convivencia y construcción paces y de consensos tendrán también, junto con nuestros componentes misionales los soportes tecnológicos, de infraestructura y administrativos para avanzar de forma constante, continua y coherente hacia los estándares que nos imponen el país y la sociedad contemporánea.
En este escenario, donde el conjunto de la Universidad ha construido una visión compartida de futuro, la planeación nos permitirá estar preparados para asumir los desafíos a futuro. Al realizar estos procesos de planeación estratégica, la Universidad del Valle reafirma su compromiso con la educación superior.
En un mundo cambiante, la planeación es un ejercicio que permite construir un horizonte colectivo. El Plan Estratégico de Desarrollo que ha trazado la comunidad universitaria es una invitación a continuar fortaleciendo la institución que a lo largo de ochenta años nos ha permitido construir futuro.
“El reino de lo íntimo es lo que nos convoca, es lo que conocemos pero también lo que nos interpela. Es el lugar de las primeras traiciones, los primeros pasos, los primeros besos, las primeras culpas y el incesto. Lo íntimo es político”, expresa Katya Adaui acerca de la escritura sobre los vínculos, un tema que atraviesa su obra.
La escritora peruana, quien desde hace varios años vive en Buenos Aires, donde ejerce como docente en la Universidad Nacional de las Artes –UNA, ganó el Premio Nacional de Literatura del Perú en 2023 con Geografía de la Oscuridad (Páginas de espuma, 2021) y fue finalista del Premio Ribera del Duero en 2024 con Un nombre para tu isla (Páginas de espuma, 2025). Ambas obras son colecciones de cuentos que tienen como eje central las relaciones interpersonales.
“De qué otra cosa puedo pensar sino de los vínculos, las relaciones y la familia”, señala Adaui, que viene de trabajar la familia más nuclear en Geografía de la Oscuridad, mientras que en Un nombre para tu isla explora a los vecinos, las parejas y los amigos, relaciones a las que describe como “secuencias y consecuencias amorosas”.
Para Adaui, lo íntimo no es un tema que solo concierne a las escritoras mujeres. “En el sentido en que Freud lo decía, lo íntimo se vuelve siniestro y viceversa, entonces a la escritura le preocupa eso”, comenta.
Por otra parte, en este último trabajo, Adaui ha hecho cambios en su estilo narrativo. Muestra de ello es que en esta ocasión usó narradores poco fiables, tal vez como una forma de establecer otro juego vincular con el lector. Después de explorar este recurso en las obras de otros autores y de ver la película Anatomía de una caída (2023) de Justine Triet, la escritora dice que quedó inquieta por trabajarlo.
“Hay una complicidad ahí con el lector. También es un despertar, porque es terrible, le estás diciendo confía hasta acá y luego le dices “¡ups!, pero quizás no confíes tanto”. Me interesa la escritura como trampa”, apunta.
Asimismo, si en sus obras anteriores muchos de sus personajes eran varones, ahora las mujeres están más presentes.
Por otro lado, en Un nombre para tu isla Katya Adaui deja atrás la oscuridad que caracteriza sus trabajos previos . La escritora cuenta que, con frecuencia, quienes recién la conocen se sorprenden de su personalidad “graciosa y payasa”, lo que contrastaba con sus textos. “Me decían que parecía que hubiera otra persona dentro de mí, y hay una más vieja y más sabia, pero a la vez hay una niña que ríe mucho”, reflexiona.

Para Adaui, la introducción del humor en su obra hace parte de un acto de generosidad hacia sus lectores, a quienes regala “una fuga que medie la oscuridad”. Y añade: “Como en la vida. Del dolor más oscuro salimos con una risa y de la risa más alta a veces podemos pasar a la tristeza. Quería dar lugar al humor, porque cuando otro se ríe te prueba que es inteligente, entendió la gracia”.
También hablamos con Adaui sobre lo autoficcional en la escritura. Al respecto, la autora cita a su colega argentina María Negroni: “escribimos con una mano pegada a la infancia”. Afirma que todo lo que hacemos es recordar y olvidar, tanto el placer como el dolor. “Todos esos recuerdos nos permiten escribir una y otra vez, para luego darle paso a especular, a pensar la vida ajena”.
La escritora subraya que llega un momento en el que el ‘yo’ deja de importar tanto para el autor, “porque lo lindo de la escritura es darle espacio al otro, pensar al otro”. Incluso, recomienda a quienes están interesados en escribir que asistan a talleres para enriquecer su perspectiva:
“Sobre todo para que no se sienta como un ejercicio tan solitario, melancólico y apesadumbrado, sino para darle espacio a la alegría, al compañerismo, a la crítica, a la intimidad, al desprejuicio. Eso te atempera el ego. La vanidad que tiene crear reinos se calma cuando tu piensas ese reino con el otro.”
Por Yizeth Bonilla
Durante casi dos años la Universidad del Valle adelantó un proceso muy importante: la construcción del Plan Estratégico de Desarrollo. Se convocó, no solo a la comunidad académica, representada en estudiantes, trabajadores, funcionarios, egresados y docentes, sino también a la sociedad civil, empresarios y a todas las personas que quisieran generar un aporte para la construcción de este documento que marca la hoja de ruta de Univalle de cara al 2035.
La Agencia de Noticias Univalle dialogó con el profesor Luis Carlos Castillo, jefe de la Oficina de Planeación y líder del proceso de construcción del plan, para conocer por qué es tan importante el PED.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Cómo fue el proceso de construcción del Plan Estratégico de Desarrollo de la Universidad?.
Luis Carlos Castillo Gómez: La formulación de este plan ha sido el proceso más ampliamente participativo de toda la historia en nuestra universidad. Esta universidad tiene una gran tradición de formulación participativa de planes de desarrollo. Pero sin duda este plan fue el que batió los principales récords: se contó con una amplia participación de profesores, estudiantes -fundamentalmente desde Regionalización-, egresados, empleados, trabajadores y de los sindicatos que se interesaron en dar su contribución para la formulación del plan.
Pusimos en práctica una estrategia en la cual conformamos once mesas temáticas convergentes, en las cuales se inscribieron cerca de 1.700 personas. Se llevaron a cabo 90 sesiones a lo largo de un año. Nuestras estadísticas nos dicen que hubo una participación de más de 6.000 personas de manera directa e indirecta, como miembros de la comunidad universitaria en la formulación del Plan.
También aplicamos una encuesta a 1.128 personas, fundamentalmente egresados que nos respondieron prácticamente de todos los continentes, donde hay egresados de nuestra gran institución. Hicimos foros de diverso orden. Logramos disponer de dispositivos telemáticos para que la gente conociera la formulación del plan, los diferentes documentos, y también para que pudieran hacer recomendaciones, para finalmente tener el documento que nos aprobó el Consejo Superior.
ANU: Con la participación de estas 6.000 personas y todas estas estrategias que ustedes con el equipo de la Oficina de Planeación llevaron a cabo, se construyeron siete desafíos. En materia del primer desafío, que es formación pertinente ¿qué fue aprobado?
LCC: Este es uno de los desafíos más importantes, porque tiene que ver con la misión primigenia de la Universidad, que es la formación. En este desafío se busca impartir una formación de altísima calidad, tanto en pregrado como en posgrado. Adicionalmente, busca lograr la ampliación de la cobertura de la universidad, pensando sobre todo en aquellas regiones en las cuales ha sido muy difícil llevar educación de alta calidad, a los sectores de la sociedad que tradicionalmente han sido excluidos de la formación superior universitaria.
Este desafío implica que tenemos que seguir profundizando la acreditación de alta calidad, tanto el pregrado como del posgrado, pero pasando a una fase en la cual la acreditación internacional se vuelve importante para los programas, facultades y para la institución. De manera adicional, se busca un profundo fortalecimiento del Sistema de Posgrados y ampliar la cobertura del posgrado. Nosotros tenemos 25 doctorados, que es la tercera oferta doctoral más importante de Colombia, y a través de esa formación doctoral estamos formando los cuadros académicos del suroccidente de Colombia y también del país. Por lo tanto, debemos hacer un gran esfuerzo en el fortalecimiento del Sistema de Posgrados, como lo hacemos en la actualidad, pues por primera vez en la historia de la Universidad logramos más de mil inscritos en la formación de posgrado, tanto en las maestrías como en los doctorados.
Todo esto implica una articulación muy fuerte entre la educación media y superior, que es una política del propio gobierno. Estamos buscando ese tipo de articulación: que los estudiantes de la media puedan hacer el tránsito a la educación superior, sin que tengan obstáculos, sino fundamentalmente que ellos garanticen la formación de alta calidad.
ANU: El segundo desafío conecta además con una de las fortalezas de nuestra universidad: Conocimiento que impacta ¿Qué se aprobó a través de este desafío?
LCC: Ese es el segundo desafío que tiene que ver con la segunda misión de la universidad: la investigación. Nuestra universidad tiene por principio una regla que ha sido fundamental es que aquí formamos con base en la investigación. No somos una universidad de investigación, somos una universidad que investiga. Somos la tercera universidad en investigación en Colombia, que es una gran fortaleza de la institución. Aquí digamos, obviamente la orientación fundamental que aprobó el Consejo Superior en la formulación del Plan es que tenemos que hacer un impulso fuerte a la investigación básica, la investigación aplicada, la creación artística y la investigación en los diferentes campos del saber, en un marco fundamental que es la ciencia abierta.
Hay un gran movimiento de carácter mundial de promover la ciencia abierta, es decir, que la sociedad tiene derecho a acceder al conocimiento que se produce en la ciencia para mejorar las condiciones de la población, pero también para hacer avanzar la propia ciencia. Por lo tanto, esta apuesta tiene que ver fundamentalmente con participar de ese movimiento, fortaleciendo la investigación básica, aplicada y artística. Y por otro lado, seguir haciendo un esfuerzo en lo que tiene que ver con la transferencia del conocimiento, que es resultado de la investigación que establece la Universidad. Aquí debemos de hacer un esfuerzo muy grande, porque la institución tiene 100 patentes, que es la segunda IES en Colombia con el mayor número de patentes. Estas patentes son resultado de un proceso de investigación muy extenso, tenemos que llevarlas a que resuelvan grandes problemas de la sociedad.
Este desafío también se vincula con la circulación del conocimiento, porque producimos, generamos y transferimos conocimiento, pero también necesitamos que circule a través de las diferentes publicaciones de la universidad, a través de las revistas, los libros, las múltiples publicaciones de orden general.
ANU: El tercer desafío se relaciona con la proyección social, la extensión y la regionalización. ¿Cómo se van a construir los vínculos con la región y el mundo?
LCC: Esa es la tercera misión de la institución: la proyección social. Allí la apuesta estratégica de este plan consiste en fortalecer y expandir este componente. Es una proyección social que se piensa en la comunidad, en la sociedad y también, por supuesto, en el Estado. La orientación fundamental es que esa proyección social tiene que lograr una articulación fuerte con la comunidad, que es incluso la orientación que está teniendo a nivel internacional, con lo que tiene que ver con la tercera misión, con cómo podemos promover el voluntariado con las comunidades. Esa proyección social tiene que orientarse a la solución de grandes problemas de orden local, regional y nacional, con todo el conocimiento que la universidad puede transferir a través de la proyección social y la extensión, en la relación entre el Estado, si se quiere, el mercado y la comunidad, privilegiando la relación con la comunidad.
En segundo lugar, en relación con la regionalización, cómo lograr extender al territorio una mayor presencia de esta universidad. La regionalización es la extensión de la Universidad al territorio, con la investigación, la formación y la proyección social. Por lo tanto, esa es la apuesta central que tenemos en el Sistema de Regionalización. Venimos de una gran reestructuración del sistema, el tránsito de las sedes a las seccionales. Este plan contempla en ese desafío el que la Universidad, en su Sistema de Regionalización, tiene que dar el salto hacia las seccionales.
ANU: El cuarto desafío señala que el bienestar universitario debe ser incluyente, diverso, equitativo e intercultural.
LCC: Sí, para nosotros como Universidad, el bienestar es misional. Esto no acontece en todas las universidades, donde solo se asumen tres misiones: la formación, la investigación y la proyección social.
Lo hemos dicho en diferentes contextos, esta universidad tiene uno de los mejores componentes de bienestar en la educación superior pública en Colombia. La inversión que hace la universidad en bienestar es grande
¿Cuáles son los desafíos que vamos a encarar en el bienestar de esta universidad? en primer lugar, tiene que ser un bienestar general, es un bienestar para los estudiantes, profesores, empleados, trabajadores. Aunque los estudiantes son la razón de ser de la universidad, el bienestar no se piensa solo para ellos.
Hay una concepción mucho más amplia y no tiene que ser un bienestar asistencialista. Es un bienestar que debe considerar la diversidad, porque somos una universidad diversa. Aquí tenemos estudiantes afrodescendientes, indígenas, víctimas del conflicto, diferenciados por géneros, por orientación sexual. Somos profundamente diversos y el bienestar tiene que reconocerlo. Pero además tiene que ser un bienestar inclusivo, que incluya a esas poblaciones en las políticas de bienestar. Este bienestar tiene que ser un instrumento fundamental para lograr la alta calidad de los estudiantes en su formación, para lograr, por ejemplo, que no existan tasas altas de deserción, sino que ese estudiante pueda concluir su formación profesional.
Por lo tanto, es una bandera trascendental el bienestar de esta institución, porque lo tenemos que fortalecer más con esa orientación de ser completamente inclusivo, ser diverso y reconocer la diferencia.
ANU: ¿Cuáles son los principales alrededor del quinto desafío, que es la construcción de paz, convivencia y sustentabilidad socioecológica?
LCC: Dentro de su ethos, esta Universidad tiene un compromiso con la construcción de paz. En el proceso de negociación que estableció el gobierno Santos con la extinta guerrilla de las FARC, la Universidad tuvo una participación importante, además participó en la creación de la Comisión de Paz del SUE, que en su momento fue dirigida por el rector Edgar Varela. Por lo tanto, nosotros estamos comprometidos con la construcción de paz.
Internamente hemos tenido dificultades de convivencia, porque estamos inmersos en un conflicto que ha sido muy complejo, que ha golpeado profundamente a la universidad, donde nosotros somos víctimas realmente del conflicto, como lo hemos estado diciendo en diferentes escenarios. Entonces, el compromiso con la paz se ratifica en este desafío tan relevante.
En este desafío, nosotros diferenciamos lo interno y lo externo. Queremos ser Campus de Paz, que las diferentes comunidades universitarias puedan tener una convivencia tranquila, en paz y que podamos tramitar y transformar los conflictos por vías no violentas. Los conflictos siempre estarán presentes. La universidad siempre tendrá conflictos. Es imposible pensar en la universidad sin conflictos. Los conflictos son inherentes a la institución y a la sociedad. El problema es cómo los tramitamos: que no se resuelvan por vías violentas, sino que podamos tramitar las diferencias y los conflictos a través de medios pacíficos y por lo tanto, le apostamos a eso en el seno de la universidad.
Y el otro punto, relacionado con la construcción externa de paz, estamos inmersos en un conflicto que solo se podrá resolver a través de tratados de paz. Allí la Universidad tiene que adelantar un rol importante: ser un agente transformador del conflicto ¿Cómo? en la relación con las víctimas, en la relación con aquellas personas que han firmado los pactos de paz y se han reinsertado a la sociedad.
Tenemos que trabajar en los contextos territoriales en los cuales es posible que haya acuerdos de paz. La Universidad tiene que participar de esos acuerdos de paz, porque ellos permiten la transformación del conflicto y poder construir la paz anhelada en la sociedad colombiana. Es decir, nos vemos como un actor fundamental de la transformación social y de la construcción de paz, tanto interna como externa.
Y en relación con lo ambiental, el desafío es grandísimo. Tenemos que desarrollar un compromiso fundamental con el ambiente, que haya un respeto a la naturaleza y que lo que hagamos sea en una relación mucho más cercana con el ambiente, en una relación de respeto a la naturaleza.
ANU: Alrededor de la evolución digital estratégica ¿cuáles son los principales derroteros que marcarán el rumbo de la universidad para los próximos diez años?
LCC: Históricamente, la universidad ha pasado por diferentes fases o modelos. Conocemos la universidad medieval, de la cual se ha hablado muy mal, pero cuando uno estudia en profundidad hay grandes resultados de ese modelo. Tenemos la universidad de investigación o la universidad Humboldtiana. Nuestra universidad se creó en principio bajo ese modelo, donde la formación tiene como base la investigación. Ese es el tipo de universidad moderna, que se crea a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
Pero hay un fenómeno fundamental en este momento de la universidad en su conjunto: estamos haciendo un tránsito hacia la universidad digital. En esa transformación nosotros como Universidad del Valle estamos un poco atrasados.
Estamos en un mundo de transformación digital, de la inteligencia artificial, de los sistemas, de la información. Por lo tanto, ese desafío quiere poner a tono a esta Universidad con la transformación digital que están sufriendo el conjunto de las universidades en el mundo occidental, pero también la sociedad en su conjunto.
Los impactos de la inteligencia artificial son grandes, representa un movimiento de transformación tecnológica impresionante. Hasta hace más o menos un año, Chat GPT constituía una transformación digital que asombraba al mundo, pero ya puede constituir los inicios o la fase “primitiva de la inteligencia artificial”, porque la transformación ha sido rápida en ese campo.
Por lo tanto, la universidad tiene que asumir el reto de la transformación digital, de cómo introducir en la formación, en la investigación (aunque ya lo está haciendo) los desafíos que nos está implicando la inteligencia artificial para el futuro de la institución. Esto lo contemplamos exactamente en ese desafío. Por lo tanto, tenemos que hacer un gran esfuerzo por la infraestructura tecnológica, cómo tener una mejor infraestructura tecnológica que pueda soportar la transformación digital y los grandes desafíos que está imponiendo la inteligencia artificial.
ANU: El último desafío es la sostenibilidad financiera, la transformación administrativa e infraestructura.
LCC: Ese es un desafío que implica varios componentes. Las universidades, como la nuestra, que son universidades públicas que hacen parte de un sistema estatal, históricamente han tenido problemas de financiamiento porque la Ley 30, que establece el modelo de financiamiento de la educación superior pública con base en los artículos 86 y 87, fue un modelo que hizo aguas. Este modelo garantizó recursos, pero después de estos años, no soporta financieramente lo que requiere la universidad y por lo tanto tenemos que hacer un gran esfuerzo para lograr la sostenibilidad financiera.
Nosotros tenemos un déficit manejable, pero tendremos que ir transitando por vías que permitan la sostenibilidad financiera de la universidad. Es el gran desafío que tenemos.
Por otro lado, tenemos una infraestructura física que es la segunda infraestructura física para la educación superior en Colombia. Tenemos en toda la Universidad, incluido el Sistema de Regionalización, 147 edificios y tenemos 280.000 metros cuadrados construidos. Es una dimensión impresionante la infraestructura de esta institución, pero el mantenimiento es tremendamente costoso y también producir y modernizar la infraestructura es un gran desafío. Ese es el gran desafío, lo cual implica un esfuerzo grande de recursos de inversión para poder mantener toda esa infraestructura, pero también para incursionar en la nueva, que tiene que ser bioclimática, en concordancia con el desafío seis.
Adicionalmente, tenemos estructuras orgánicas administrativas de la institución que tenemos que reorganizarlas. A veces pienso que somos una universidad del siglo XXI, con estudiantes que provienen de casi todo el país, una universidad que de forma paulatina ha hecho el tránsito, de corte regional a una de carácter nacional, porque tenemos estudiantes que provienen de cerca de 600 municipios de todos los departamentos de Colombia. Somos una universidad del siglo XXI, pero sus estructuras orgánicas y administrativas son estructuras que ya no se compadecen con el cambio que ha sufrido la institución. Por lo tanto, tenemos que hacer un gran esfuerzo para acoplar esa universidad del siglo XXI con su estructura administrativa.
ANU: Uno de los enfoques del Plan Estratégico de Desarrollo fue el componente prospectivo que nos permitió tener una visión a futuro para 2045, cuando la Universidad del Valle cumpla 100 años ¿Cuál es esa visión que se construyó con los diferentes actores?
LCC: Este fue un ejercicio profundamente participativo, donde la comunidad universitaria le apostó a una visión de futuro: seguir siendo una universidad que hace parte del Triángulo de Oro de la educación superior pública en Colombia. Esto significa que tenemos que seguir siendo la segunda o tercera mejor universidad pública de Colombia. Y de manera similar, hay una apuesta fundamental por ser una de las mejores universidades de América Latina y seguir fortaleciendo esa posición, porque somos considerados como una de las mejores universidades de América Latina.
¿Y eso cómo lograrlo? A través de una educación y una formación de altísima calidad, como es la educación a la cual se aspira, logrando una investigación que participe del movimiento de la ciencia abierta; lograr una inclusión fundamental en la educación superior pública de aquellos sectores de la sociedad que históricamente no han podido ingresar a una educación superior de alta calidad; lograr una vinculación con las comunidades resolviendo sus grandes problemas o contribuyendo a la solución de sus grandes problemas a través de la extensión y la proyección social; y a través, por supuesto, de un bienestar que sea incluyente, diverso, que reconozca la diversidad constitutiva de la Universidad del Valle. Y también, por supuesto, con una transformación de los sistemas de información de la infraestructura tecnológica que nos pueda convertir en un líder del suroccidente de Colombia; una universidad que establezca relaciones de respeto y de concordancia con el ambiente y con la naturaleza. Una universidad que aspira a la construcción de paz que tanto requiere la sociedad colombiana y que sea actor fundamental de la construcción de paz, tanto interna como externamente. Y por supuesto, que haya sostenibilidad financiera para lograr la llegada a esa imagen de futuro y esa visión que ha construido esta institución: seguir siendo líder de la educación superior en Colombia y en América Latina.