Por cuarta vez consecutiva, la Universidad del Valle fue calificada como la tercera mejor universidad de Colombia, de acuerdo con indicadores de investigación, según el Ranking U - Sapiens.
El Ranking U-Sapiens, el único reconocido por Colombia ante el Observatorio Internacional en Ranking Académicos y Excelencia –IREG, en su decimoquinta versión clasificó 101 instituciones de educación superior de todo el país, entre más de 350 analizadas, tanto del Estado como del sector privado.
Según el Ranking U-Sapiens la primera Institución de Educación Superior en el país es la Universidad Nacional de Colombia -Sede Bogotá, seguida por la Universidad Antioquia y la Universidad del Valle.
El cuarto lugar es para la Universidad de los Andes, la primera de las privadas, y el quinto para la Javeriana de Bogotá, seguida por la Universidad Nacional –Sede Medellín y la Industrial de Santander.
Le siguen en ese mismo orden, la Universidad del Norte, ubicada en Barranquilla, la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Tunja.
En el Ranking U-Sapiens se califica a las instituciones de educación superior de acuerdo con la publicación en revistas especializadas indexadas, según el Índice Bibliográfico Nacional. También se tienen en cuenta las maestrías y doctorados (Ph.D.) que oferta cada institución y la categorización y productos de los grupos de investigación científica, de acuerdo con Colciencias.
En esta ocasión, U Sapiens volvió a aplicar el ranking de Apropiación social del conocimiento, que no realizaba desde 2016. En este ranking la Universidad del Valle ocupa el cuarto lugar detrás de la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia y la Universidad de Los Andes. Sin embargo, la única universidad en mejorar sus indicadores entre las cuatro que lideran este ranking, es la Universidad del Valle.

Cindy Tatiana Soliman, estudiante de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, viajará a Brasil para hacer un semestre de intercambio académico.
Su travesía inició antes de ingresar a la Universidad del Valle, al escuchar el palpitar de un berimbau (un instrumento de cuerda de origen africano, similar al arco musical) y otros rasgos culturales representativos del país más grande de América Latina.
“Hace nueve años cuando conocí de la capoeira, de la diversidad cultural brasileña tan semejante a la nuestra y de sus procesos sociales, empecé a soñar con mostrar eso y aportar a mi comunidad un poco de ese empoderamiento cultural de los brasileños leído en libros, visto en películas, documentales y aprendido de mis profesores de capoeira e idiomas, y hoy, como parte de ese deseo, empezará a hacerse realidad al viajar un semestre de intercambio a la Universidad Federal do Piauí, en Teresina, gracias a la beca Bracol”.
Junto a otros estudiantes de Univalle, Soliman, como la llaman sus compañeros de Licenciatura, tendrá la oportunidad de conocer en tierra extraña las razones que la motivaron a estudiar portugués, gracias al convenio entre universidades de Brasil y Colombia, conocido como beca de sostenimiento y alimentación Bracol, el cual exige a los postulantes tener conocimientos básicos sobre el idioma, ser estudiante activo de una de las universidades vinculadas y tener un promedio académico superior a 3,8 en el transcurso de la carrera; así el convenio otorga a estudiantes los recursos suficientes para vivir y adaptarse a la vida universitaria en otro país.
Cindy Tatiana Soliman sabe de la responsabilidad que yace tras unas maletas de viaje, un seguro internacional y un consolidado de asignaturas a cursar en la universidad pública de Teresina, pues, con ella se va la historia de la Universidad del Valle, de la ciudad y de un país.
“A pesar de que la beca Bracol y la Dirección de Relaciones Internacionales de Univalle - DRI nos brinda la posibilidad de mostrar y evaluar nuestros conocimientos académicos en el extranjero, el impulso que me motiva a seguir lo he recibido de los más allegados, y es por ello que, aprovecho para agradecer a mi madre, a la Universidad, a la Decanatura de la Facultad de Humanidades, a mis profesores del Departamento de Geografía y el Programa Académico de Ciencias Sociales y a la Dirección de Relaciones Internacionales de Univalle que me apoyaron y motivaron a seguir aun cuando creí que estas oportunidades estaban vetadas para personas de mi condición social, ahora solo resta dejar el estandarte de la Universidad en alto, como mucho de mis compañeros ya lo han hecho”.
Carlos Moreno, cineasta egresado de la Universidad del Valle, habló con la revista Gaceta de El País sobre su trayectoria, el oficio de contar historias y la ciudad.
Tomado de El País
Las ciudades son caldo de cultivo para muchas historias, sombrillas que que encierran relatos que dan cuenta de la condición humana. Uno de los testigos más inquietos de nuestros días es Carlos Moreno. Director de cine caleño, un sanfernandino, un contador de historias, que ha escarbado en la naturaleza de los caleños para encontrar un reflejo de los dramas más humanos. Relatos de ambición y corrupción desmedida, de conflictos sociales y políticos, de viajes de iniciación y exploraciones sensoriales.
Iniciado en la escuela documental de ‘Rostros y Rastros’ del Canal Telepacífico, su primera película fue ‘Perro come perro’, seguida por ‘Todos tus muertos’. Años después hizo parte del ambicioso proyecto ‘Escobar, el patrón del mal’. En años más recientes, se embarcó en una adaptación -no exenta de polémica- de ‘¡Que viva la música!’ y en producciones internacionales de alto vuelo para Netflix y Canal+, además de una extensa filmografía en publicidad, el videoclip y la televisión nacional.
Con más de 20 años de carrera, Carlos Moreno hace parte de una generación ya consagrada del cine caleño, que tomó lecciones de los grandes del Grupo de Cali y reinterpretó a su forma la Cali y la Colombia de los noventa y años dos mil. Relatos atravesados por el auge del narcotráfico, el terrorismo y la guerra contra las drogas, una identidad social fragmentada y en este escenario se atrevieron a contar el drama y la épica nacional, las complejidades morales y los roles que retaron el establecimiento de nuestro país. Una generación -Andy Baiz, Jorge Navas, Juan Carlos Gil, Óscar Ruíz Navia, César Acevedo etc.- que ha enriquecido el cine nacional con producciones celebradas por la crítica y un ejercicio de salud mental para narrar y aceptar nuestra propia historia.
Con generosidad, Carlos nos recibió en su casa en el muy caleño barrio San Fernando, un lugar donde se atisban sus inquietudes como narrador, pero sobretodo se siente de cerca ese espíritu de barrio que caracterizó la cinefilia local pre-narcos y que sigue alimentando el mito y la nostalgia de una Cali cinéfila y caminante que ya parece haberse perdido para siempre.
Carlos, ¿cómo llega al cine y la televisión?
Yo llegué al cine casi por accidente. Yo estaba buscando otras cosas. Cuando estaba por terminar el colegio entré al Conservatorio a estudiar música, pero rápidamente desistí. Y en ese desubique del colegio, sentía una inclinación más hacia la literatura. Y siguiendo la literatura y un poco el periodismo, llegué a Univalle, tratando de encontrar un espacio en esto. Una vocación audiovisual realmente no tanto.
Entonces, ¿no tiene esta historia romántica del director que vio una película que le marcó desde niño o que siguiendo la tradición cineasta caleña, quiso ser director?
Sí, pero eso lo descubrí después. La historia viene cuando ya estoy en la Universidad. Yo creo que Cali tenía una gran actividad en cines de barrio y yo crecí aquí en San Fernando. En general, el cine estaba presente, en las calles. No en Centros Comerciales, sino que hacían parte de la vida del barrio. Recuerdo que frente al Teatro San Fernando se hacían unos carros que vendían dulces y cigarrillos. Un sábado, mi papá me mandó a comprarle cigarrillos y en ese momento abrieron las puertas del teatro. Al ser mediodía, seguramente era una película del Cine Club. Vi la puerta abierta y entré. La película estaba terminando con una escena de una casa que explotaba y una pelada la miraba, con música rock de fondo. Me pareció una escena impresionante. Salieron los créditos y la gente se fue. Yo seguía aterrado con lo visto porque no sabía que eso se podía hacer en el cine. Yo acostumbraba a ver películas de aventuras, como Tarzán. Pero esa escena me sorprendió mucho. Años después, en Univalle, Óscar Campo nos puso una película y me encontré esa escena. Era Zabriskie Point, de Antonioni. Y ahí pensé que tenía una cita con esto del cine. Ese asombro, esa invitación me hizo pensar que había llegado al lugar que era.
Era un momento importante en la historia de la Universidad. Estaba naciendo el canal regional y Univalle tenía un espacio que era ‘Rostros y Rastros’, que más que un programa, era una escuela documental. Y en esa escuela, estaban lo grandes forjadores de un proyecto documental: Luis Ospina, Carlos Mayolo, Óscar Campo, Antonio Dorado, y estos fueron nuestros profesores. Y sin darnos cuenta estábamos iniciando un relevo generacional, empezamos a entender la expresión documentalista y mirar la ciudad de una forma que no conocíamos. Y así, sin saberlo, nos matriculamos en una escuela. Estábamos ahí. Y no lo digo por mí. Lo digo por una generación, de amigos y colegas, como Juan Carlos Gil, Diego Jiménez, Jorge Navas y muchos más que arrancamos con esos modelos de narrativos. Y entonces, desde diferentes lugares, toda una generación aprendió la técnica, aunque mi aspiración era mucho más académica, yo quería ser profesor y lo iba a ser en Univalle, pero la vida quiso que no fuera así.
¿Otra casualidad que lo llevó al cine?
Sí. Otra casualidad. Honestamente, quería ser profesor. De hecho, me gané una beca en España, donde estudié Narrativa y venía a ser profesor acá pero unos asuntos de huelgas y una carambola donde mis amigos ya estaban haciendo Producción Publicitaria en Bogotá y allá fui a parar. Así empecé en haciendo cine publicitario.
La literatura me llevó a buscar el periodismo y de ahí, al cine. Pero no fue hasta que hice mi primera película, cuando me encontré un proyecto para conspirar, con un amigo con aspiraciones de novelista, Alonso Torres, quien me mostró un manuscrito de un proyecto de novela que tenía y yo le dije que eso era un guión. Esto terminó siendo el guión de ’Perro come perro’. Yo no sé si hubiera sido mejor novela que guion, pero igual la hicimos. De alguna manera, volvía a pasar por la literatura. De la literatura al periodismo, ahí al documental, la televisión regional me llevó al cine publicitario. La publicidad al cine de ficción y del cine pasé a la televisión comercial. Es un camino muy cruzado donde también me han tocado dos cosas muy importantes: una es la aparición del cine digital, un cambio en la tecnología, que revolucionó la producción, y la aparición de la Ley de Cine. Antes había que tener recursos y/o contactos para producir en Colombia y realmente no tenía ninguno de las dos.Pero lo cierto es que ese cambio tecnológico y en las políticas culturales me tocó. De hecho, hoy siento que produzco para medios digitales. Creo que ya me despedí de la televisión abierta y ahora hago productos para plataformas digitales, y eso es un gran cambio, con un espectro de producción enorme. Esa es la coyuntura que me está tocando vivir y en la que pienso seguir haciendo cosas.
Usted ha trabajado en mega producciones para plataformas bajo demanda, como ‘El Chapo’ para Netflix, con nueva visión de la producción en Colombia. ¿Cuéntenos cómo han sido esas experiencias de producir para el exterior?
Esencialmente, lo que he encontrado es que hemos vivido muy encerrados. Tuvimos la hegemonía de dos canales de televisión y las programadoras, eran los mismos siempre. En esa hegemonía siento que hay unas dinámicas de producción anquilosadas hace mucho tiempo. Y la diferencia que sentí es que estaba participando de otra forma, que nos estábamos abriendo a nuevas dinámicas de producción, estaban enfocadas en un valor de producción que se suele olvidar en la producción nacional. Esa exigencia es algo normal en un mercado internacional que se hace más exigente. Como espectador, ya no dependés de los canales, sino que abrís tu computador o tablet y si algo te parece hecho a las patadas, te salís de ahí. Debe existir una preocupación en lo que se muestra. Y ese es el mayor cambio que yo veo. Es un cambio de actitud, no de plata.
Habiendo recorrido la coyuntura que lo trajo y le tiene hoy haciendo cine, quisiera que habláramos de las historias y el oficio de contarlas. ¿Cuál es la importancia para en el oficio de contar historias?
De eso se trata todo. Mi gran inquietud, que me llevó al cine y no sé si algún día me saque, es contar una historia. A través de qué medio, no sé. Cuando era niño pensé que iba a hacer cómics. Hoy pienso que pretendía era contar una historia. Y el paso por el cine es un paso importante, pero no es el lugar definitivo necesariamente.
Para mí, se trata de tener el valor, buscar el talento y la paciencia de contar una historia.
¿Cuál es la fuente donde surgen esas historias que quiere contar?
Sin duda, muchas historias que he contado y que he querido contar están en Cali. Y no es una mirada regionalista, ni chauvinista del asunto. Hay una frase de Chéjov que dice ‘habla de tu aldea y serás universal”, y yo creo que lo dice todo. Creo que el drama de la ambición, del exceso, de la corrupción, del abuso, de la tiranía, del caos se puede contar en cualquier lugar del mundo. Historias que yo podría contar en cualquier parte, como creo que Perro come perro se podría filmar en cualquier entorno urbano, Cali es un marco auténtico, con unos conflictos, unas paradojas y unas contradicciones enormes y es un estupendo lienzo para hablar de la contradicción.
¿Qué tan contada cree que está Cali?
Yo creo que es interminable. Y cada vez más, porque Cali es una ciudad que es casi un caleidoscopio donde se combina, se combina y se vuelve a combinar, y cada vez entran más piezas. Si vos echás para atrás 20 años en Cali, su población afrodescendiente creció al punto de ser hoy casi el 60%. Eso ya es hoy una ciudad diferente. Y se han hecho intentos por contarla. Siembra toca esos temas. Pero falta contarse más.
Creo que todavía no se ha contado y la velocidad como se transforma Cali, una sociedad que se transforma a un ritmo diferente al que trazan sus gobiernos, una ciudad indomable, nadie podrá alcanzar esa velocidad. Ni siquiera los que se inspiran en ese crisol para contarlo.
Habla de una ciudad inabarcable, entonces bajemos a una entidad más asible: el barrio. Hablemos de su barrio, San Fernando, donde sucede su historia familiar. ¿Cómo expresa el espíritu de su barrio?
De hecho, una vez alguien me preguntó y yo le dije que por encima de ser caleño soy sanfernandino. Yo nací y me crié en este barrio. Muchas cosas en mi vida vienen del barrio, incluso el estadio. Tengo un montón de recuerdos y vivencias que se forjaron en San Fernando, con unos amigos muy callejeros.
Creo que la dimensión de barrio te da una sensibilidad para entender la diferencia, para respetar, para convivir, que hoy en día las ciudades se diseñan para que esto no ocurra. Aquí podemos estar en el mismo San Fernando pero estamos en un conjunto amurallado, donde no llega el personaje que timbraba a pedir plata o vendiendo algo, o la vecina a saludar. No es la misma sensibilidad. En su historia, San Fernando no es un barrio marginal. Tampoco es un barrio privilegiado, está entre lo popular y la clase trabajadora. Y en Cali se daba esta particularidad de barrios con diferentes realidades que se combinan. La primera frontera en Cali fue la Autopista Sur, que declaró un territorio como algo separado. Esa visión anterior, de más tolerancia, hasta ecléctica, creo que me la dio el barrio. Y mirá, en Cali, el narcotráfico fue una revolución social. Una bomba atómica donde las clases populares tuvieron el camino o al menos la promesa de ser clase privilegiada. En Cali, esta ha sido nuestra única revolución social. La estética cambió. Las mujeres, el gusto por los carros, el tipo de entretenimiento, la ideología del más fuerte, de “vos no sabés quién soy yo”. Eso formó parte de despedirse del barrio.
¿Cómo busca las historias que quiere contar?
De las historias de una comunidad, diría yo. Y no sólo el cine. Para mí, un ejercicio que debe hacer un buen periodista es tener la disciplina de saber escuchar. Uno no se da cuenta que no tiene disposición a escuchar. Vos no escuchás a todo el mundo de la misma manera, pero para tener una visión de algo, tenés que aprender a escuchar. La ingenuidad es muy para eso, cuando sos niño tenés más disposición a escuchar. Seguramente, cuando niños, alguna vez oímos la historia de un mendigo y nos conmovía. De adulto, probablemente no. Y eso es la capacidad de escuchar.
Con todo este camino por el documental urbano, el ser sanfernandino de corazón, la ciudad que enmarca sus historias… ¿Lo podemos llamar un caleñólogo?
¡Huy, no! No creo. Me gustaría llegar a serlo. Aspiro a ser un caleñólogo. Pero que lo sea, no. Es una aspiración.
El caleño parece tener una particularidad de dar vueltas, el ser ‘pateperro’, una disposición a moverse, a curiosear. ¿Cree que hace parte del ser caleño?
Tiene mucho sentido. Hace tiempo, cuando Jorge Navas estaba haciendo Calicalabozo me dijo que quería una “walk movie”, una película caminando. Y eso me parecía un concepto bellísimo, sobretodo en una historia que se inspiraba en el acervo literario de Andrés Caicedo, de una ciudad donde se caminaba mucho. Jorge hizo una historia donde los personajes caminan mucho. Eso es muy interesante y un recuerdo al que muchos nos resistimos porque Cali es una ciudad donde cada vez menos se puede caminar. Si te das cuenta, cada vez hay menos andenes, como peatón encontrás mil obstáculos. Los caleños perdimos mucho espacio público. Buena parte de nuestra literatura, de nuestra televisión, de nuestros recuerdos, de nuestro ocio era de caminar. Pero ese espacio lo perdimos y ese caminante, por el motivo que sea, hoy es más una resistencia, un recuerdo en una ciudad donde la gente anda más en carro y mucho más, en moto.
¿Camina por el barrio?
Todo el tiempo. Camino, troto.
Llegué a este tema porque supe que su gran deuda es contar una historia sobre San Fernando. ¿Cómo va esto?
Realmente, es un proyecto literario. Por ahora, ni sé qué va a pasar con eso. Pero tiene que ver con mi adolescencia y está enmarcada en San Fernando. Es una situación de un recuerdo de época. ¿Cómo va? Más o menos porque no tengo la disciplina de un novelista. De pronto, es un intento. Son montañas de proyectos que he emprendido, hay unos que he terminado y otros que por ahí se han quedado.
Lo decía, el contar historias es tener el valor…
Sí, y el talento, y la disciplina y un montón de cosas.
La Escuela de Salud Pública de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle abrió inscripciones para la Escuela Internacional de Verano “Impactos en Salud del Cambio Climático: Estrategias de Adaptación”.
Esta escuela se realizará del 11 al 15 de agosto, con una intensidad horaria de 40 horas: 20 presenciales y 20 de trabajo independiente.
En este curso se darán a conocer los modelos de evaluación de vulnerabilidad, riesgo y resiliencia al cambio climático; se analizarán las barreras para la implementación de estrategias de adaptación al cambio climático, en el contexto de los impactos en salud, así mismo, se identificarán estrategias que faciliten la implementación de acciones de adaptación.
Está dirigido a estudiantes de posgrado vinculados a grupos de investigación registrados por la Universidad del Valle, funcionarios públicos encargados de planes de adaptación al cambio climático en el componente de salud pública, profesionales y estudiantes de pregrado interesados en el tema.
Entre los profesores invitados se encuentran Jonathan Patz, director del Global Health Institute de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos); Horacio Riojas, director de Salud Ambiental en el Centro de Investigación en Salud Poblacional-INSP (México) y Andrea Lampis, licenciado en Sociología de la Universidad de Roma “La Sapienza”, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, entre otros.
Informes: Oficina de Extensión y Proyección Social, Escuela de Salud Pública
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Teléfono: (57 2 ) 3212100 Ext. 7160 - (57 2 )5542476 Ext 109
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En la Universidad del Valle se guardan los registros más completos de los casos de cáncer ubicados en Cali en los últimos 40 años.
Tomado del diario ecuatoriano El Telégrafo
En la ciudad colombiana, que es parte del Valle del Cauca, existe la base de datos oncológicos más consistente registrada en la región desde hace 40 años.
Cali no es solo la capital mundial de la salsa, también se caracteriza por ser la única ciudad de la región que tiene un registro pormenorizado de la incidencia del cáncer.
La urbe colombiana, cuyo clima, infraestructura y movimiento son muy similares a Guayaquil, tiene una población de un poco más de 2.2 millones de habitantes.
La localidad caleña reportó un total de 2.600 fallecidos el año pasado por algún tipo de cáncer. De ellos 1.400 fueron mujeres y 1.200 hombres.
En esta ciudad, que es parte del Valle del Cauca, se encuentra el departamento de patología de la Universidad del Valle, que levantó desde 1962 el Registro Poblacional de Cáncer de Cali (RPCC) más detallado de la región y considerado por los expertos como el más consistente del mundo.
Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció a este registro como el más completo y sostenible entre los países de medianos y bajos ingresos.
A nivel ecuatoriano y quizás mundial, las estadísticas de esta enfermedad contemplan solo los casos que se reportan en el sistema de salud público, pero en Cali la diferencia radica en el aporte de los galenos particulares, quienes atienden esta patología en sus consultas privadas y contribuyen con sus datos a robustecer la data local.
La información cuenta con datos provenientes de expedientes clínicos de los médicos privados, la que la convierte en un archivo único en su tipo a nivel internacional.
“Algo muy particular, que solo funciona en Cali, es que los especialistas privados facilitan sus expedientes clínicos para que podamos usarlos en nuestra estadística”, dijo Eduardo Bravo, director del RPCC, a una decena de periodistas de la región que visitamos el centro especializado durante un foro de salud.
Este registro, además, sirvió de base para el trabajo investigativo de la colombiana Nubia Muñoz, candidata al Premio Nobel de Medicina en 2008. Ella centró su atención en la posible relación entre cáncer de cuello uterino y el virus del papiloma humano.
“Los primeros estudios de la investigadora se efectuaron en Cali, con datos de nuestro registro”, explicó Bravo.
Gracias a la data del RPCC, se conoce y monitorea la tendencia en la incidencia de cáncer en Santiago de Cali en las últimas 4 décadas. Este conocimiento sirve para la planificación de actividades de prevención y control oncológicas en la región y en el país.
Además es un referente de asesoría para la formación de nuevos registros de cáncer en otras ciudades del país.
Aporta en la docencia de epidemiología oncológica a nivel de pre y postgrado; y en proyectos de investigación terminados, en curso y en fase de planeación.
Se calcula que la zona de influencia de Cali en atención oncológica incluye a cerca de 9 millones de personas, ya que comprende toda la zona suroccidental de Colombia.
Una gran parte de los pacientes llega desde los sectores rurales para ser atendidos en la ciudad. Ese precisamente es uno de los inconvenientes que presenta este país, así como la falta de concentración de los servicios oncológicos en un solo lugar.
“Estamos demorándonos más de 10 días en pensar que una persona tiene cáncer y más de 30 días en darle inicio a un tratamiento”, sostuvo Cristina Lesmes, secretaria de Salud departamental del Valle del Cauca.
La base de datos del RPCC comprende estadísticas demográficas, de tumor y de base diagnóstica de más de 100.000 casos nuevos de cáncer en el área urbana de Cali. Esto es producto de la búsqueda activa y permanente de datos en todas las fuentes de información, preservando siempre la confidencialidad.
La vigilancia, que hace el RPCC del cáncer en Cali, revela una disminución de la incidencia de la patología invasiva del cuello uterino.
Según ese registro, buena parte de esta tendencia se debería a la expansión de los programas de citología vaginal, que se incrementaron desde 1979 y alcanzan una cobertura superior al 95%.
Pero no ocurre lo mismo con el cáncer de mama, del cual se reporta un ascenso gradual y permanente.
Por ello, el doctor Pelayo Correa -fundador del RPCC- cree necesario establecer cambios en los métodos de diagnóstico temprano.
“La mejor opción será la ampliación y mejoría de los servicios de mamografía. Ello sugiere una inversión importante de recursos, por lo tanto es hora de darle la cara al problema”, sostiene.
Otro de los problemas oncológicos que va en aumento en Cali -como en el mundo- es el de próstata.
La RPCC sugiere averiguar hasta qué punto el aumento de la incidencia se debe a la generalización del uso de las pruebas para medir el nivel sanguíneo del antígeno prostático específico.
Cali visible por el RPCC
El RPCC fue la principal razón para que la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) eligiera a esta ciudad colombiana como modelo para la iniciativa: “Desafío de las ciudades contra el cáncer”, conocido también como C/Can 2025.
Fue la primera urbe escogida por la UICC, en 2017, para ser parte del plan piloto que busca mejorar la calidad del tratamiento del cáncer en los próximos 3 años.
“El éxito dependerá de la consecución de mayores recursos para luchar contra esta enfermedad y de que el modelo se imite por todo el mundo”, anticipó Ricardo Camacho, asesor especial de la UICC.
Para la secretaria departamental de Salud del Valle de Cauca en el año que transcurrió -desde la designación de Cali como ciudad piloto- se logró sentar en la mesa a todos los actores que son parte del sistema de salud y del abordaje concreto del cáncer.
“La mayor preocupación para nosotros era que pudiésemos juntar a 182 funcionarios públicos y privados de todos las categorías y especialidades y así obtuvimos un primer diagnóstico que nos ha facilitado la ruta”.
Se estableció, además, que es prioritario una inversión de recursos elevada con respecto a la tecnología diagnóstica y de manejo oncológica.
Para ello ya cuentan con un plan a través de fondos públicos.
“Presentamos 2 proyectos al Ministerio de Salud y tenemos prácticamente financiada una tecnología muy importante en el hospital universitario. Además vamos a abrir camino con el equipo de tomografía PET que es indispensable y del cual se requieren al menos 5 en la ciudad”.
Todo el avance que registre Cali -en el manejo del diagnóstico y del tratamiento del cáncer- involucrará al suroccidente del país, donde se asientan departamentos de mayor vulnerabilidad como Nariño y Putumayo.
Precisamente, estos sectores son los que presentan mayores dificultades por el tiempo que deben emplear para trasladarse a la ciudad.
Solo entre Cali y Putumayo hay una distancia terrestre de 3 horas y 30 minutos. La ausencia de un soporte económico de las familias pobres -que llegan a Cali y que deben permanecer mientras dure el tratamiento- genera que muchas personas, sobre todo las madres, renuncien al proceso terapéutico de sus niños por cuidar de la familia en sus lugares de origen.
“Este es un problema para el cual todavía no hemos encontrado una solución porque implica más que solamente el manejo médico del paciente”. Otro de los inconvenientes, sin respuesta aún, es la falta de “camas solidarias”. En Colombia no existen los espacios físicos -sin costo- donde puedan quedarse en la ciudad, la madre y su niño, la familia o el paciente para recibir su tratamiento continuo.
“Esta es una dificultad importante y un gasto emocional por el hecho de desplazar a uno de sus miembros y dejarlo solo o tener que acompañarlo”, acota Lesmes.
En lo que sí hay avances es en la formación profesional. Se actualizó a los patólogos del departamento del Valle y existe un nexo con España para capacitar a los especialistas que ya tienen título y a aquellos que están aún en formación universitaria.
La UICC apoya técnicamente y muestra caminos alternativos que podrían ayudar a conseguir el financiamiento necesario de los recursos económicos.
Pero en Colombia hay una dificultad para encontrar una fuente que subvencione los recursos que deben pagarse en salud; y que por decisión del Gobierno es una responsabilidad territorial.
“Nos hemos dedicado a encontrarle una fuente a esos recursos (..) por lo pronto tratamos de adecuarnos a las políticas nacionales de organizar redes integrales de servicios que nos permitan hacer una mejor utilización de la capacidad que tenemos disponible y que no se usa de la forma correcta”.
El Departamento del Valle del Cauca prevé asumir de forma directa la compra de los medicamentos más costosos y que no están incluidos en el sistema de salud que aborda el cáncer.
“Ojalá que en la negociación logremos un mejor precio, pero sobre todo la tranquilidad de contar con las medicinas que podrían garantizar la diferencia en su expectativa de vida”.
Lesmes aclara que Cali apuesta a disminuir la mortalidad por cáncer, pero no la presencia de esta patología, de la que no se conoce con precisión el origen.
Por eso, se apuesta al diagnóstico temprano que posibilita una cura si se lo aborda en las 2 primeras fases.
Sin embargo, se complica cuando el dictamen de la enfermedad llega tarde y a un costo mayor, mientras que la posibilidad de supervivencia es mucho menor.
El único cáncer que tiene vacuna de prevención es el de cuello uterino, pero la funcionaria precisó que en ese aspecto hay una lucha contra el movimiento antinmunizaciones que ha imposibilitado que todas las niñas colombianas accedan a esta terapia.
Para Ramiro Guerrero, director de investigación en salud de la Universidad Icesi de Colombia, el problema no es la cantidad de recursos que se destinen al cáncer, sino la disponibilidad, calidad, entrenamiento y coordinación de los recursos humanos y la compra inteligente de la tecnología.
Representantes de la academia, el sector productivo, sector público y ciudadanía se encontraron durante la reunión de actores estratégicos de la Región Administrativa y de Planificación del Pacífico -RAP Pacífico, que se realizó este jueves 12 de julio en el Campus San Fernando de la Universidad del Valle.
La Universidad del Valle es asesora de la RAP Pacífico, a través del comité técnico de esta entidad.
La RAP Pacífico la conforman los departamentos del Valle del Cauca, Chocó, Nariño y Cauca para propender por el desarrollo económico y social de la región. Se constituyó a partir del cumplimiento de los requerimientos exigidos por la Ley 1454 de 2011 (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial), como resultado de un proceso antecedido por ejercicios similares de planificación en la región.
“Esta es una nueva entidad, estamos en funcionamiento desde hace siete meses. Los cuatro departamentos que la conforman se unieron para dar respuestas a unas necesidades regionales, inherentes y comunes” señaló Camilo Lloreda Becerra, gerente de la RAP Pacífico.

A través de esta RAP se busca contribuir con la integración, competitividad y desarrollo regional a través de la identificación, priorización, diseño, formulación, gestión y/o ejecución de planes, programas y proyectos, siendo el eje principal de la entidad, la planeación estratégica.
Para la RAP PAcífico es necesario identificar hechos regionales que puedan materializarse en planes de inversión a largo plazo, que disminuyan las brechas entre los departamentos de la región y contengan núcleos o ámbitos de competencia propios que, a su vez, puedan armonizarse en torno a la esfera de acción o intervención de la RAP Pacífico.
“Hay una agenda hacia el 2030, sobre la cual tenemos que construir un desarrollo regional sostenible. Para eso Univalle, con sus competencias científicas y siendo la institución de educación superior con mayor presencia en la región, tiene un papel protagonico en la consecución de este desarrollo sostenible” mencionó Santiago Arroyo, profesor de la Maestría en Políticas Públicas, investigador del Grupo de Gestión y Políticas Públicas y gestor de proyectos de impacto regional de la Universidad del Valle.
En este proceso se hará un trabajo articulado entre diferentes actores de los sectores público, administrativo, productivo y la academia, para lograr una mayor incidencia en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno entrante.
A través de la Red de Aliados Estratégicos se busca en construir un consenso en torno a las prioridades regionales en programas y proyectos de la región para el periodo 2018 - 2022. Se espera que uno de los resultados sea un portafolio de proyectos priorizados de manera participativa.
Se busca que hacia el año 2038 la RAP Pacífico sea reconocida como la entidad rectora de la planeación y ejecución estratégica garante del desarrollo económico, social y ambiental de la región.
El trabajo se articulará alrededor de cinco ejes: gobernanza territorial, infraestructura para la integración y la competitividad regional; sostenibilidad ambiental y ecosistémica, desarrollo económico colectivo e incluyente y, por último, identidad cultural.
Algunas cifras de la región
La extensión de la región Pacífico es de 128.515 km, es decir, el 11% del territorio nacional, y una extensión marítima de 330.000 km que representa el 35% del territorio nacional.
La conforman 4 departamentos (Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño) y 178 municipios -según el Departamento Nacional de Planeación. El 62% de sus municipios se encuentran en las categorías de rural y rural disperso. Adicionalmente, en la región distinguen dos subregiones que se diferencian por sus características geográficas: subregión del litoral y subregión andina.
La población proyectada por el DANE para el 2017 fue de 8.410.059 habitantes, que representa el 17,06% de la población colombiana. El 22,3% de la población de esta región se reconoce como Afrodescendiente y el 5,53% como indígena, representando el 17,43% del total de población étnica en el país.
Esta región cuenta con 912.335 hectáreas cultivadas, es decir, el 18% del área sembrada de Colombia. De este total, el 23% corresponde al cultivo de caña de azúcar, el 22% a café, el 10% a plátano,además de otros cultivos como maíz, caña panelera, papa y arroz.
Para facilitar espacios de formación integral de los estudiantes, durante las vacaciones de mitad de año, la Universidad del Valle abre sus espacios deportivos.
La Sección Cultura, Recreación y Deporte de la Vicerrectoría de Bienestar Universitario invita a la comunidad universitaria a disfrutar del Centro Deportivo Universitario en el periodo comprendido entre el 18 de junio y el 17 de agosto.
El CDU estará disponible de lunes a viernes de 9:00 am a 5:00 pm. El servicio de piscina estará habilitado desde las 10:00 am.
César Bolaños, cordinador de la Sección de Cultura, Recreación y Deportes, expresó la importancia de mantener disponibles los espacios deportivos para la comunidad universitaria, dado que son lugares habilitados para la formación integral, proceso que no se detiene durante el período vacacional.
Además, reiteró la invitación a los estudiantes para que disfruten las instalaciones de la Universidad, que prestan un servicio gratuito y de excelente calidad.
La Vicerrectoría de Bienestar Universitario hace eco de esta invitación y espera, durante los próximos semestres, seguir fomentando la apertura de espacios para la formación integral de forma permanente.
Angélica Valverde, comunicadora social de Univalle, estrenará en Chile un documental que retrata la discriminación que dos inmigrantes colombianas han vivido en dicho país.
Tomado de la página de la Radio Universidad de Chile
El próximo 20 de julio se estrenará en Antofagasta el documental Sueños del desierto de la cineasta Angélica Valverde. La cinta exhibe el caso de dos mujeres colombianas que han debido asentarse en la zona en un contexto marcado por la discriminación y el rechazo.
En 2012, la realizadora colombiana Angélica Valverde llegó a vivir a Antofagasta. Para ella, el arribo significaba volver a una tierra que ya le era lejana. Esto, porque hace casi diez años había vivido entre Francia y España. No obstante, pese a las expectativas, se encontró con un ambiente marcado por la discriminación.
Un año después de su llegada, sin embargo, la sorpresa fue mayor, ya que a través de distintos medios se convocó a una marcha contra los inmigrantes.
“Al final esto se abortó, pero la convocatoria estuvo marcada por el racismo. A mí me sorprendió mucho ver que en Chile, en un estado de derecho democrático, pudiera pasar esto. Durante esos días la sensación de miedo fue generalizada. Hay que aclarar que la discriminación y el racismo están en todas partes. El tema es que en Europa está mal calificado, en cambio, aquí no. Eso me llamó mucho la atención, porque vi que aquí existía claramente una aceptación del racismo, era algo reforzado socialmente”, comenta la realizadora respecto de ese suceso.
No obstante, para la documentalista, el hecho marcó un antes y un después. Por ello, decidió comenzar un proyecto capaz de retratar este rechazo. Así surgió el documental Sueños del desierto que se estrenará el próximo 20 de julio a las 18:30 horas en la Biblioteca Regional de Antofagasta.
“La expectativa principal del documental es generar empatía. Queríamos dar a conocer aquello por lo que tienen que pasar estas personas cuando llegan acá. Me refiero, independientemente del racismo, al proceso de separación y la violencia que está presente de forma muy marcada en Antofagasta. La idea es que esta situación se comprenda para que podamos convivir de manera pacífica y respetuosa”, explica Angélica Valverde.
Las historias
El documental aborda tres historias principales: el relato en primera persona de la documentalista y las experiencias de Rafaela Castro (28) y Carmenza Flores (48).
Estos casos fueron elegidos luego de un extenso proceso de investigación, donde la realizadora llegó incluso a buscar voluntarias en centros de acogida.
Finalmente, decidió abordar los relatos de estas mujeres, porque daban cuenta de experiencias diferentes de discriminación.
“Quería resaltar la visión de género porque en el caso de las colombianas eran ellas las que llegaban primero y abrían camino. Luego se traían a los hijos, a los nietos, a los sobrinos. Eso me llamó mucho la atención, porque es el caso contrario de los peruanos y los bolivianos que suelen llegar primero los hombres. También me incluí porque a mi me tocó vivir la maternidad por primera vez aquí”, explica la realizadora.
“Después busqué una variedad socioeconómica de las profesiones. Ahí llegué a Rafaela, quien es actriz, y a Carmenza que no tiene formación y que ha vivido en una situación mucho más complicada, desplazada por la violencia”, agrega.
Según comenta Angélica Valverde, otro de los objetivos era exhibir cómo la discriminación era transversal.
Esto se evidencia claramente en el caso de Rafaela, quien cuando comenzó a trabajar como actriz, cuestionó los papeles que le asignaban, ya que estos tenían que ver con el comercio sexual.
Respecto de este punto, la documentalista cuestiona: “La gente que trabaja en estos tipos de medios siempre pone a un colombiano como narcotraficante y a una colombiana como prostituta. Con ello no están haciendo sino replicar estereotipos y contribuir a la discriminación”.
Coordenadas
Luego de su estreno, la película volverá a proyectarse el 21 de julio en Ruina Huanchaca a las 20:00 horas. Posteriormente, en noviembre tendrá su presentación en Colombia. La idea también es llegar a la televisión colombiana así como a diferentes festivales.

El Departamento de Anestesiología de la Universidad del Valle ofrece el “Curso de ultrasonido en el paciente crítico y perioperatorio”.
En este curso los participantes adquirirán los conocimientos teórico prácticos actualizados, en la valoración ultrasonográfica en el paciente crítico y perioperatorio.
El curso está dirigido a anestesiólogos, cirujanos generales, médicos internistas, médicos intensivistas, emergenciólogos y residentes de estas especialidades.
El equipo docente lo conforman los profesores de la Facultad de Salud de Univalle Andrés Fabricio Caballero Lozana, anestesiólogo - intensivista; Javier Benitez, antestesiólogo - neuroanestesia; Alberto Giraldo, anestesiólogo y epidemiólogo y Adolfo González, cirujano general, especialista en cirugía de trauma y emergencias.
El curso tiene una intensidad de 16 horas y se dictará los días 6 y 7 de octubre de 2018.
El Departamento de Anestesiología de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle.abrió inscripciones para el Curso de Anestesia Regional y Accesos Vasculares Guiados por Ultrasonido.
En este curso, dirigido a anestesiólogos y residentes de esta disciplina, se busca que actualicen los conocimientos teórico-prácticos en las técnicas de anestesia regional guiadas por ultrasonido.
El grupo de docentes esta integrado por profesores de la Universidad Andrés Fabricio Caballero Lozana, anestesiólogo - intensivista; Juan Manuel Gómez Menéndez, anestesiólogo pediatra; Martín Paredes Montoya, anestesiólogo, magíster en anestesia regional y Pablo José Benavides Serralde, anestesiólogo - algesiólogo.
El curso tendrá una intensidad de 16 horas y se dictará el 1 y 2 de septiembre de 2018.