Gratitud a Univalle

Luego de contribuir a lo largo de varios años en la formación de cientos de licenciados y licenciadas en Literatura, el profesor de la Escuela de Estudios Literarios Fabio Martínez se retira de la docencia universitaria. En esta columna hace un breve recorrido de sus años como profesor en la Universidad del Valle.

Por Fabio Martínez
Profesor de la Escuela de Estudios Literarios
Tomado de El Tiempo


En los años ochenta, a mi regreso de París, me vinculé con la Universidad del Valle. A los pocos meses, gané un concurso público docente que me permitió contar con una estabilidad laboral permanente.

A partir de esta fecha, me convertí en el escritor bifronte que alternaba la creación literaria con la docencia universitaria.

Desde el primer día que pisé el campus de Meléndez, sentí un aire de libertad que nunca había respirado en otra parte.

El campus era una ciudadela llena de árboles donde los estudiantes podían visitar la biblioteca, gozar de un experimento en un laboratorio, ver una película, jugar fútbol en el centro deportivo, o bailar los viernes en la noche en las verbenas que organizaban los estudiantes.

La libertad, que es lo más preciado de la humanidad, iba unida a la paideia, a la educación, que es necesaria para formar hombres y mujeres libres.

A veces, los jueves en la tarde, se oían “papas-bomba” y gases lacrimógenos que interrumpían las clases y el tráfico vehicular de las avenidas adyacentes. Al día siguiente, el día viernes, la universidad parecía un jardín de paz donde no se mataba ni una mosca.

El alma mater era un prisma multicultural donde los profesores teníamos la función de enseñar y los estudiantes, el derecho a estudiar. En muchas ocasiones, eran los estudiantes quienes nos enseñaban con sus ensayos luminosos y sus exposiciones eruditas.

Univalle me enseñó los conceptos de “inclusión” y “diversidad”, cuando en un salón de clases veías a un grupo de indígenas con su bastón de mando; una pléyade de afros con su cabellera ensortijada; o una joven tomada de la mano con su pareja.

En Univalle me hice escritor y profesor universitario. Como Miguel de Unamuno, María Zambrano, Ricardo Piglia, y tantos escritores que, para ejercer este “oficio de tinieblas”, han tenido que refugiarse en los centros académicos.

En mi amada alma mater ejercí plenamente la libertad de expresión, y nunca fui censurado.

En una ocasión, cuando era jefe del Programa de Literatura, mi secretaria me dijo: “Papi, ¿paso las notas de los estudiantes al computador?”.

Yo me sonrojé y prometí que ante este manifiesto acoso, no iba a poner la queja al Centro de Género. Mi secretaria se excusó diciendo que le perdonara el lapsus afefctus amare.

Hoy, después de treinta y cinco años de recorrer la arboleda de la universidad, he decidido jubilarme de la docencia universitaria. ¡Más no de la escritura!

En esta columna, quiero expresar mi gratitud sincera a Univalle por estas tres décadas, ¡bien leídas y vividas!

 

Cali, la capital de los estudios para la paz

El primer año del Doctorado en Estudios para la Paz es el esfuerzo de estudiantes, docentes y activistas desde hace 30 años.

En un campo académico en el que solo había estudios de maestría, 52 docentes de 22 grupos de investigación de la Universidad del Valle y la Universidad Pontifica Javeriana se unieron, desde la filosofía, el trabajo social, la pedagogía, la sociología y las artes, en el primer Doctorado de Estudios para la Paz que se oferta en el país. 

“El doctorado nace como una respuesta al estallido social de 2021 que reveló conflictos y exigencias sociales insatisfechas, que exigían una nueva manera de acercarse a las comunidades”, expresó Guillermo Murillo, rector de la Universidad del Valle, celebrando esta unión público privada que, en aras de los conflictos actuales, marca su necesidad y nuevos retos.

“Este doctorado y sus estudiantes son una luz en medio de los momentos difíciles que atraviesa el país”, manifestó  el rector de la Universidad Javeriana, Vicente Durán Casas S.J,  durante  el panel con estudiantes, docentes y activistas, que debatieron sobre el presente y futuro de este campo de estudio.

Estudiar para la paz es distinto a estudiar la violencia

En contraste con la violentología, para el profesor Adolfo Álvarez el sello de este programa académico es que “desde el comienzo nos propusimos formar en investigación para la paz” que se refleja en una propuesta teórica y metodológica por contribuir la comprensión y la resolución de los conflictos necesaria en todas las áreas del conocimiento.

Un campo en el que se destacan los conflictos ambientales y la comparación de los distintos procesos de paz nacionales e internacionales, interés que está creciendo entre los profesionales, como lo demuestran las 230 investigaciones sobre la paz, según el último rastreo bibliográfico liderado por el padre Mauricio García Durán con el estudiantado de doctorado.

El estudio de los justos y la insistencia en la paz

“Hay una cuestión que no ha sido muy estudiada y es lo que Carlos Tognato refiere como ‘Los justos’: ¿Quiénes son esos terceros en el conflicto, empresarios que se negaron a financiar paramilitares, que se negaron a ejecutar las órdenes de sus comandantes, a pesar de perder el cargo?”, afirmó la docente María Eugenia Ibarra, actual directora del Posgrado en Sociología reconocida por sus investigaciones sobre acciones colectivas por la paz y la incorporación del enfoque de género.

Por su parte, el profesor Luis Carlos Castillo invitó a una evaluación desapasionada de los diálogos actuales y a comparar la dimensión del conflicto actual con las cifras registradas en el noventa y la primera década del siglo XXI “eran ejércitos de 20.000 y 30.000 hombres armados, ejércitos mayores que los ejércitos de Centroamérica. Actualmente, los enfrentamientos no son en estas circunstancias”

De allí que no considerar esta dimensión le parece grave, en la medida en que “esto podría llevar a que la población piense que los esfuerzos que se están haciendo para cumplir el acuerdo con las Farc son esfuerzos que no deberíamos seguir haciendo”, explicó el docente.

Geografías de la Esperanza

Gloria Cuartas, trabajadora social y ex alcaldesa de Apartadó, reconocida por defender la paz en esa región, participó en un diálogo con la Profesora Alba Nubia Rodríguez, explorando el rol de la geografía en los estudios para la paz. Con la presentación de su libro Geografías de la Guerra y Geografías de la Esperanza, Cuartas explicó la superposición de intereses del Urabá desde 1985 hasta el 2013. 

Después de 30 años de muerte, de despojo y de eliminación de los sindicatos, nos muestran un gran puerto. Por su parte, la comunidad advirtió que valía la pena quedarse en su territorio, que valía la pena amar, estar con sus hijas, cuidar el campo. Encontramos esos dos extremos: el gran desarrollo que generó muerte y el desarrollo de una comunidad que hace una propuesta anti hegemónica”.

Finalmente, Cuartas agradeció con cariño a la universidad del valle, puesto que  en medio de su ejercicio como alcaldesa y las amenazas de grupos paramilitares por sus declaraciones a instancias internacionales “esta universidad me recibió y pude contar lo que estaba sucediendo y los grupos de mujeres  de Cali me ayudaron a sanar”.

 

 

Por: Laura Parra Rodríguez, Agencia de Comunicaciones

Aportes al Plan de Desarrollo Institucional

El profesor Luis Carlos Castillo y delegados de la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional de la Universidad, se reunieron con decanos y decanas de las diferentes facultades para socializar el trabajo realizado durante el 2024 en la construcción de la Plan de Desarrollo Institucional 2025 - 2035

En la elaboración del Plan todos los estamentos de la Universidad tuvieron la posibilidad expresaran sus deseos, perspectivas,y su visión de futuro de la Universidad al año 2035, con una visión a 2045. En este ejercicio participativo se trabajaron con más de 6000 personas en 12 mesas temáticas convergentes, se hicieron foros, se construyeron árboles de problemas, matrices DOFA entre otros insumos concluyendo el año pasado con un ejercicio consistente en construir escenarios de futuro participativos.

Para el profesor Luis Carlos Castillo, director de la Oficina de Planeación, la tarea que sigue es de las más importantes; elaborar el documento con el plan que deberá ser aprobado por el Consejo Superior de la Universidad: “Nos hace falta reformular la visión, ajustarla de manera participativa, pero por otro lado es indispensable definir lo que llamamos en planeación los ejes estratégicos del plan, definir cuáles van a ser los grandes desafíos que en concreto la Universidad va a enfrentar en su futuro, por otro lado tendremos que definir las estrategias, los programas y un presupuesto de orden prospectivo para los diferentes programas que vayan surgiendo en la formulación del plan. Todo esto lo haremos con la participación de todos los estamentos de la Universidad”

La reunión con los decanos y decanas también tenía como objetivo recoger sus aportes sobre los desafíos estratégicos para los próximos 10 y 20 años, esos desafíos son: 1.Educación para el futuro, para toda la vida, pertinente y de calidad, 2. Investigación que impacta: innovación, creación, desarrollo y apropiación del conocimiento para el territorio, 3.Vinculación con la sociedad: Universidad del Valle es el territorio, 4.Bienestar: Campus saludables, incluyentes y diversos. 5. Construyendo Paz, Convivencia y Sustentabilidad: Un compromiso Universitario, 6. Universidad 5.0: Inteligencia artificial y transformación digital, 7. Sostenibilidad financiera, transformación administrativa e infraestructura física y tecnológica para el futuro.


Esta es una de varias reuniones que se realizarán para la socialización y definición de los ejes estratégicos del plan, “tenemos vinculadas cerca de 2000 personas en las mesas temáticas convergentes que ha sido el grupo humano que ha participado activamente de manera presencial como virtual en la formulación del plan. Seguimos trabajando con ellos y tendremos una gran reunión con todos los miembros de las mesas para la construcción participativa de los escenarios de futuro y lo que nos hace falta para llevar a buen puerto el plan”, aseguró el profesor Castillo.

Mujeres y Niñas Transforman la Ciencia

 ¿Qué hacemos las mujeres en la ciencia? y ¿cómo estamos favoreciendo que las niñas puedan tener un espacio de transformación, tanto en sus hogares como en las escuelas, para que no se sienten distantes de la ciencia?, expresó la Secretaria General de la Universidad del Valle, Rosa Emilia Bermúdez.

“Queremos que la ciencia esté al alcance de las mujeres” fue la frase que condensó el evento Fast Science Conference, en conmemoración al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Este día celebrado el 11 de febrero, representa una oportunidad para promover el acceso equitativo y la participación plena de las mujeres y las niñas en la ciencia, fomentando un entorno inclusivo que impulse su desarrollo y contribución en este importante campo.

La Vicerrectora de Investigación, Mónica García Solarte recordó que “en su época de estudiante de ingeniería industrial, en el salón eran muy pocas mujeres y en ese momento era la ingeniería que más mujeres tenía”. También hizo una invitación a las mujeres de ser “más amigas, compañeras, trabajar en equipo para lograr una transformación”.

Durante el evento, se realizó un concurso en el que 12 estudiantes, tanto de posgrado como de pregrado, presentaron un pitch de 3 minutos sobre su investigación. De estas presentaciones, 4 participantes fueron seleccionadas como ganadoras.

 Angelica Pérez, estudiante de posgrado, presentó su investigación titulada "Ultrasensitive detection of inorganic mercury using nanoparticles". Según explicó, su trabajo combina dos disciplinas, la óptica y la química, con el objetivo de desarrollar un sensor capaz de detectar estos metales de manera rápida, económica y precisa.

Por su parte, Paula Castro, estudiante de pregrado, presentó su investigación "Validación de dos planetas terrestres orbitando la estrella Gj1002", en la que aplica diversas técnicas para validar la existencia de estos planetas.

Además, María Camila Grueso y Tania Isabella Herrera también fueron elegidas como ganadoras por el público.

La premiación consistió en una membresía de un año en la Red Colombiana de Mujeres Científicas (RCMC), con previa inscripción mediante un formulario; un regalo especial de Ecodiseño; y 2 horas de mentoría científica y profesional en RCMC.

Este evento fue organizado por el Grupo de Mujeres Stem, Mujer científica y la Red Colombiana de Mujeres Científicas (RCMC).

Por: Melissa Pantoja Osorio

Nueva generación de científicas y científicos inicia su posgrado en la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas

 El pasado 7 de febrero, la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas recibió 26 estudiantes de primer semestre de los programas de posgrado para el semestre 2025-1

De esta nueva cohorte, 19 personas ingresan a programas de maestría y 7 a programas de doctorado. Es importante destacar que dentro de este grupo 11 estudiantes asumen el rol de asistentes de docencia, contribuyendo al fortalecimiento de la labor académica en la Facultad. 

La bienvenida contó con la participación de las directivas de posgrados, quienes brindaron una orientación inicial y destacaron la importancia del desarrollo académico e investigativo en cada uno de los programas, asistieron: Omar Calderón, Vicedecano de Investigaciones; Angélica Caicedo, Directora de Posgrados; Nohra Rodríguez, Directora de la Maestría en Biotecnología; Edgardo Londoño, Director del Posgrado en Ciencias-Biología, Julio Delgado, Director del Posgrado en Ciencias-Matemáticas; José Guillermo López, Director del Posgrado en Ciencias-Química y Luis Norberto Granda, Director del Posgrado en Ciencias-Física.

La Universidad del Valle, a través de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, reafirma su compromiso con la excelencia en la formación de profesionales con alta capacitación, impulsando el desarrollo del conocimiento en las distintas áreas de las ciencias exactas y naturales. 

Le damos la más cordial bienvenida a esta nueva generación de estudiantes de posgrado y les deseamos éxito en su trayectoria académica y profesional.

 

Dos universidades unidas por la paz

La búsqueda de horizontes para la no repetición de las violencias o conflictividades

Por Guillermo Murillo Vargas, rector Universidad del Valle

El trabajo del doctorado ha estado enfocado en este primer año de labores, ya con dos cohortes, en acercarse a las comunidades; ha sido en palabras de su presentación ante la sociedad:  una apuesta por una formación interdisciplinaria que potencia el análisis y los procesos sociales que permiten contribuir a la construcción de alternativas para la consolidación de una paz sostenible, las transformaciones positivas de los conflictos, la reconciliación y la búsqueda de horizontes para la no repetición de las violencias o conflictividades. Desde la investigación básica, aplicada y comparativa ha buscado contribuir al avance del conocimiento y consolidación del campo de los estudios para la paz en Colombia.

Tiene el doctorado una noble marca de fábrica. No sólo es el primer doctorado de su género en Colombia sino que es resultado de una alianza entre la Universidad Javeriana y la Universidad del Valle, entre lo público y lo privado, que reúne esfuerzos que han sido hechos por años en el campo de la intervención social por las dos universidades de modo separado. Ambas unidas por su compromiso social. Esta abierto además a todas las universidades e instituciones que nacional o internacionalmente puedan contribuir a su trabajo.

Su propósito de producir conocimiento teórica y socialmente relevante, aplicado a procesos concretos de resolución de conflictos y construcción de paz, en ámbitos locales, regionales, nacionales e internacionales, lo convierte en una iniciativa única en Colombia. La vinculación al doctorado de 22 grupos de investigación y 52 docentes investigadores indica su fortaleza académica y la variedad de iniciativas que pueden desarrollarse para el cumplimiento de sus tareas.

El doctorado nace como una respuesta al estallido social de 2021 que reveló conflictos escondidos, exigencias sociales insatisfechas, que exigían una nueva manera de acercarse a las comunidades. Hoy se inscribe en el complejo proceso de la Paz Total, que tiene aún mayores exigencias. El doctorado al cumplir el primer año de actividades debe avanzar en la construcción de una metodología que contribuya a la solución de esos conflictos crecientes. Nunca como ahora ha tenido más pertinencia y actualidad.

Mis felicitaciones por el aniversario y mis mejores deseos por su trabajo futuro.

 

No te pierdas este viernes Bitácora de viaje, un evento del grupo Carmen López

El Grupo de música y danza folclórica “Carmen López” de la Universidad del Valle invita a la comunidad académica a participar de “Bitácora de viaje”, un evento para socializar las experiencias más relevantes de esta agrupación cultural.

El evento se llevará a cabo este viernes 14 de febrero, a las 6:00 pm, en el Auditorio 5 del Campus de Meléndez.

Durante la actividad los integrantes del Grupo Carmen López expondrán su participación en festivales internacionales, en este caso las que se realizaron en el verano 2024 en Estados Unidos, donde presentaron una muestra de las expresiones culturales y artísticas de nuestro país.

A través de esta actividad se busca que la comunidad estudiantil, y en general de la Universidad, conozca sobre el proceso del grupo de danzas y de las comunidades que en él se albergan, y que pueda servir de motivación para hacer parte de este colectivo, entre otras alternativas de bienestar que se brindan desde la Universidad del Valle.

El grupo de música y danza folclórica “Carmen López” de la Universidad del Valle hace parte de la estrategia Centros de Danza y Movimiento, que lidera el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Por medio de esta estrategia se abordan los desafíos sociales, culturales y pedagógicos del sector, posicionando las prácticas corporales y del movimiento como herramientas clave para la transformación social, el desarrollo de habilidades, la creatividad y el pensamiento crítico.

 

La paz: un campo en construcción

La Universidad del Valle y la Pontificia Universidad Javeriana invitan a la conmemoración del primer año del Doctorado Interinstitucional en Estudios para la Paz.

La actividad tendrá lugar en el Auditorio Ángel Zapata de la Biblioteca Mario Carvajal, el día 11 de febrero de 2025, a partir de las 8:00 a.m.

La invitada es Gloria Isabel Cuartas Montoya, directora de la Unidad de Implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. El conversatorio girará en torno a su libro “Geografías de la guerra y geografías de la esperanza” (2024).

Gloria Cuartas Montoya es una destacada líder social, defensora de los derechos humanos y política colombiana, reconocida por su labor en la promoción de la paz y la justicia social en medio del conflicto armado en Colombia. Nació en 1958 en Apartadó, Antioquia, una región marcada por la violencia y la lucha por la tierra.

El conversatorio contará con la moderación de la profesora Alba Nubia Rodríguez Pizarro, coordinadora del Doctorado en Estudios para la paz en la Universidad del Valle.

Así mismo, como parte de la conmemoración también se desarrollará el panel "Consolidación del campo de los estudios para la paz", con la participación de Mauricio García, coordinador del Doctorado en Estudios para la paz en la Pontificia Universidad Javeriana; María Eugenia Ibarra, coordinadora del Doctorado en Sociología de la Universidad del Valle; Luis Carlos Castillo, docente y director de la Oficina de Planeación y Desarrollo Estratégico de Univalle. El moderador será Adolfo Adrián Álvarez Rodríguez, director del Instituto de Investigación e Intervención para la Paz.

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Los archivos del mal y los centros de la memoria histórica

Por: Alfonso Rubio
Profesor del Departamento de Historia
Facultad de Humanidades


El lunes 27 de enero de 2025 se conmemoró el 80 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz (Polonia). Seguramente habrá muchas otras fechas que siempre estarán recordándonos momentos trágicos de la historia y momentos del exterminio del “nazismo”, un término asociado hoy en día a la ultraderecha, en la que se incluye al “neofascismo” o al “neonazismo”, ideologías que revelan marcas xenófobas, racistas, homófobas, teocráticas o reaccionarias y suelen conducir a violencias políticas que amenazan contra grupos de supuesta inferioridad y hasta contra la propia institucionalidad. Momentos de “unos hechos tan reales que, en comparación con ellos, nada es igual de verdadero; una realidad tal que excede necesariamente sus elementos factuales”. Esta es la aporía de los campos de concentración nazis, esta es la aporía, dice Agamben refiriéndose a Auschwitz, “del conocimiento histórico: la no coincidencia entre hechos y verdad, entre comprobación y comprensión”.

Este 27 de enero del presente 2025 nos lleva a recordar otro campo de concentración, el de Mauthausen (Austria), del que hablamos en el ensayo titulado "Los archivos del mal: ¿un discurso sin autor? Ildefonso Nalda Nájera en el Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen”. A partir del significado de “archivo” que encontramos en la Arqueología del saber (1969), de Michel Foucault, y las interpretaciones que de él hace Giorgio Agamben en Lo que queda de Auschwitz (2005), exponíamos algunas consideraciones sobre el concepto de autor en los que denominamos “archivos del mal”, refiriéndonos con esta expresión a los conjuntos documentales producto de situaciones o regímenes propicios a crear escenarios de violencia disímiles.

Estos archivos que, generalmente, se originaron en el ejercicio de unas funciones institucionales, forman parte hoy día de los fondos llamados comúnmente “centros de memoria histórica” y son necesarios para poner en marcha el ejercicio de los derechos democráticos. La biografía del español Ildefonso Nalda Nájera, un perseguido del régimen franquista que murió en el Campo de Concentración de Mauthausen y el Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen (Archivo del Lugar de la Memoria del Campo de Concentración de Mauthausen), con sede en Viena, y que ahora custodia documentos y objetos relacionados con este campo de concentración, constituyeron el modelo que guio el contenido del ensayo [1].

Después de más de medio siglo de conflicto en Colombia, a inicios del año 2014, comenzó a hablarse de la llegada de la “era posconflicto” como un deseo cercano a convertirse en realidad. El prolongado y sangriento enfrentamiento armado entre el Estado colombiano y uno de los más viejos movimientos guerrilleros del mundo ha producido innumerables hechos violentos: matanzas, desapariciones, desplazamientos forzados de población civil, secuestros, magnicidios, paramilitares, extorsiones y usurpación de tierras. Salir de la estructura mental que tales hechos han ido forjando en la sociedad colombiana, sustentada fundamentalmente por dos grandes pilares –la desconfianza y la anulación del otro–, exige recorrer, con toda seguridad, un largo camino donde una gobernabilidad responsable pueda reconstruir la radiografía de un conflicto que se ha entendido a retazos y en el cual muchos de sus protagonistas, víctimas y victimarios, todavía permanecen hoy en la sombra.

Imagen tomada de https://www.museocasadelamemoria.gov.co/noticias/victimas-del-conflicto-y-comparecientes-ante-la-jep-se-unen-para-narrar-sus-experiencias-en-el-museo-casa-de-la-memoria/

Como en otros países que han padecido regímenes propicios a crear escenarios de violencia disímiles,[2] los archivos documentales colombianos, cualquiera que sea su rango institucional o su adscripción pública o privada, o lo que haya quedado de ellos desde que en el año 2016 se pusiera fin al conflicto, se han convertido en una pieza clave para posibilitar la reconstrucción histórica de los hechos. También en un elemento importante para la justa “reparación de daños” que, a instancias de un signo político u otro, de una asociación u otra, implica un deber ético.

En países suramericanos como los mencionados, las prácticas de la memoria tienen un acento claramente político y se ven afectadas, incluso originadas, por la cobertura mediática internacional, obsesionada por la memoria y su exhibición virtual. Pero, tal vez, las prácticas nacionales de estos países, que todavía no han podido escapar de los efectos de la violencia política, estén representando, como nos dijo Andreas Huyssen (En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización, 2002), una oposición a los efectos de la globalización de la navegación en red, que niega el tiempo y el espacio. Desde una eterna inestabilidad política y económica, en estos países el tiempo de la historia no encuentra un futuro similar al de otras actuales democracias, como si la memoria del pasado estuviera activa; mejor dicho, como si el pasado estuviera vivo en familias, regiones y hasta en partidos políticos.

En el ensayo mencionado, comenzamos refiriéndonos a Colombia porque hablábamos desde este país, en el que actualmente nos encontramos. En él, no sin dificultades, siguen consolidándose los acuerdos de paz y el dinamismo que quiere darse tanto al Centro Nacional de Memoria Histórica como a otras instituciones similares que conservan documentación directamente relacionada con el conflicto armado colombiano. Sin embargo, como decimos, archivos o centros documentales semejantes se encuentran en muchos otros países. Particularmente, tomamos el ejemplo del Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen para pensar en sus fondos documentales como un sistema de relaciones interno que, en sus orígenes, obedeció a la voluntad creadora del régimen burocrático nazi. Y de dicho ensayo, ahora que nos da la oportunidad la conmemoración de los ochenta años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, presentamos aquí, en esta ocasión, un breve resumen.

Como categorías de percepción histórica, tiempo y espacio están inevitablemente ligados a múltiples interpretaciones y ello lo demuestra la cantidad de discursos de la memoria que en el presente se suceden en todos los continentes, rasgo característico de la cultura contemporánea. La recurrencia de las políticas genocidas en Ruanda, Bosnia y Kosovo en la década de 1990 y, con más razón, el genocidio que Israel comenzó a llevar a cabo en Palestina, a raíz del atentado perpetrado por Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica) desde el 7 de octubre de 2023, están haciendo resurgir el Holocausto como un, según Huyssen, “tropos universal”. Tal circunstancia permite que su memoria se traslade a situaciones locales (historias de naciones o estados específicos) alejadas histórica y políticamente respecto del acontecimiento original. En el movimiento colombiano de los discursos de la memoria, así como en el de otros países latinoamericanos, el Holocausto pierde sus características de acontecimiento histórico concreto y comienza a funcionar como metáfora de otras historias traumáticas que reclaman su relato específico.

Estos son discursos de la memoria basados, fundamentalmente, en testimonios orales de presencias todavía vivas, en el papel del museo como conservador del recuerdo y en testimonios documentales de distintos archivos. Archivos que, utilizando una terminología procedente de la conocida expresión de Hannah Arendt, la “banalidad del mal” (Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, 1963) hemos llamado “archivos del mal”; es decir, archivos no deseados en el imaginario de un “bienestar universal” que, sin embargo, tienen origen en todo tiempo y lugar y van creciendo. Lo hacen, al parecer (pensemos en los enfrentamientos interminables del Oriente Próximo y África, y en las recientes confrontaciones entre Rusia y Ucrania o Palestina e Israel), cada vez con mayores impulsos, como si uno de sus principios, el de la génesis documental, estuviese ligado a la autoría de una inevitable fatalidad.

Desde la década de 1980, en las sociedades occidentales surgió como fenómeno cultural y político el asunto de la “memoria”, un mirar al pasado que contrastaba con la tendencia de principios del siglo xx de privilegiar la modernidad que depararía el futuro. El papel del archivo/museo como lugar de conservación y de visita de la alta cultura, dio paso al archivo/museo como medio de masas, como marco de puesta en escena que abría a la sensibilidad del público experiencias de posible cotidianidad cultural.

Durante el año 2005, en Guatemala, una explosión descubre el archivo que la Policía Nacional había mantenido en secreto desde los años cuarenta del siglo xx. En él se encuentran las fichas de más de 200.000 guatemaltecos espiados, torturados y asesinados por sus creencias políticas. El archivo pone de manifiesto no solo la confirmación de que tras todos los asesinatos se encontraba el Gobierno y los “escuadrones de la muerte” o los “ojo por ojo” (grupos paramilitares de extrema derecha), sino también la trama colaboracionista que posibilitó llevar a cabo el golpe de Estado de 1954. Como una paradoja extraída de Primo Levi (“El hombre es aquel que puede sobrevivir al hombre”), el archivo también pone de manifiesto que los hombres son y seguirán siendo un peligro para su propia especie.

Los archivos que un día formaron parte del “exterminio”, de la “violencia”, y que pudieron rescatarse forman hoy en día o constituyen parte de los fondos documentales de los llamados generalmente “centros de la memoria histórica”. En ellos también importa el “quién”, qué se registra en el archivo, qué se deja afuera, qué se prohíbe ver. A la manera del biógrafo, según Leonor Arfuch (Crítica cultural entre política y poética, 2008), “quien construye un archivo para salvaguardar la memoria (para una posteridad) lo hace a menudo en ese movimiento especular, de admiración e identificación, en que un yo se desdobla en otro sin alinear por ello su propia voz”. La “aparición con vida” de fotografías, entrevistas, relatos y objetos de las madres de mayo en Argentina representa hoy la “restitución de las genealogías” y el descubrimiento de la “violencia del archivo”: listas ocultas de desaparecidos, documentos textuales, pruebas, identificaciones, rastros biográficos que finalmente afloran hacia la construcción de un relato del “nunca más”.

Es notable hoy en día el aumento de la restauración historicista de viejos centros urbanos; paisajes, edificios y hasta pueblos enteros convertidos en museos; la voyerización y el comercio de la nostalgia, las videograbaciones de visualización virtual que funcionan como escaparate de archivos, museos y centros de la memoria; la escritura de memorias y confesiones; el auge de la autobiografía y de la novela histórica; prácticas de la memoria en artes visuales que suelen centrarse en la fotografía; los documentales históricos; la literatura psicoanalítica sobre el trauma; los aniversarios, y las conmemoraciones y monumentos.

La acumulación irregular que consigue la memoria a base de multitud de escenas y momentos, con su correlato obligado de olvidos, silencios, represiones, tiene su correspondencia en el archivo. Aquí, los rostros son frecuentemente fragmentarios y solo significan en relación a la totalidad de la continuidad discursiva de la que hablamos, inalcanzable en las dimensiones espaciales y temporales del archivo, cuya narrativa se caracteriza por su tensión hacia el futuro, por su deseo de presencia y conservación.

Los cuerpos de la vida se han perdido difuminados entre el pasado y el futuro, pero el archivo sigue caminando y sus fantasmas también. Así como el documento en su origen cumplía su función, deben dirigirse al cumplimiento de una función reparadora. El interés de los archivos de la seguridad de Estado de los desaparecidos regímenes represivos queda reflejado en el estudio elaborado por un grupo de trabajo del Consejo Internacional de Archivos en los años 1995 y 1996. Dicho informe abarca el periodo de 1974 a 1994 y analiza la situación de los archivos de la represión en países muy diferentes, pero que tienen el componente común de haber sufrido durante largo tiempo la opresión de un Estado totalitario de derechas o de izquierdas. Es el caso de España, Grecia, Portugal, países de América Latina (Argentina, Paraguay, Chile, Brasil), Zimbabwe, Suráfrica y los países de Europa central y del este. El informe reafirma el interés de su conservación no solo para reconstruir un pasado reciente, sino, sobre todo, como lo viene haciendo el Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen, para poner en funcionamiento el ejercicio de los derechos democráticos, entre ellos, la amnistía para los delitos de opinión o reparación a las víctimas de la represión o a sus familias.

La desaparición de los documentos, muchas veces, impide avanzar en la búsqueda de responsabilidades políticas y en la clarificación de los crímenes de Estado. El mismo informe, así lo hacen saber Alberch Fugueras y Cruz Mundet (¡Archívese! Los documentos del poder. El poder de los documentos, 1999) describe, en este sentido, los casos de Grecia, de la DINA –Dirección de Inteligencia Nacional– en el régimen de Pinochet y de Suráfrica, donde desaparecieron los documentos de su policía secreta, la NIA –siglas en inglés de Agencia Nacional de Inteligencia–. La falta de testimonios documentales en algunos casos ha hecho necesaria una reconstrucción de la represión a partir de testimonios personales. La llamada Comisión para la Verdad y la Reconciliación fue en Chile la encargada de esta reconstrucción. Los archivos del Ministerio para la Seguridad del Estado de Alemania (más conocido por la abreviatura alemana Stasi), por el contrario, se conservaron casi en su totalidad y han permitido la depuración de responsabilidades.

Imagen tomada de https://sitiosdememoria.org/es/institucion/museo-casa-memoria/

Tal vez, las políticas públicas mediáticas hagan comprensible que la obsesión por la memoria obedezca al temor por el olvido, articulado este último a los crímenes y desapariciones en Colombia. El miedo al olvido o a la repetición del mal se enfrenta al riesgo de una excesiva comercialización cultural de la memoria, que corre pareja al riesgo de que olvidemos la esencia histórica de los acontecimientos y nos diluyamos en la transitoriedad que imponen las políticas incompletas, las modas globales por la memoria o la influencia de los nuevos medios como vehículos que parecen atrapar toda forma de recuerdo y, además, no transportan la memoria, que es de todos, con inocencia.

El archivista, como el autor de una biografía o una autobiografía, debe construir una puesta en marcha y unas categorías clasificatorias que concedan orden a la memoria escrita como una narración que solo adquiere sentido en el conjunto de un sistema de relaciones. La claridad de saber sobre un hecho, una impresión, un recuerdo, como saber de un documento aislado o un conjunto de documentos que ya de por sí mantienen una específica relación en el expediente que forman, depende de la trama que el archivista, como el narrador, debe construir a base de una exposición conceptual de sus contenidos.

El archivo y la biografía son recurrentes en el mundo contemporáneo. Archivos secretos que se descubren o aparecen a la luz pública, por prescripción de plazos legales, por decisión política o por lógica mediática, potencian la posibilidad de la reconstrucción biográfica con relatos, registros institucionales y diversos artefactos. Es el caso de los documentos del Stasi de la Alemania del Este; de los de la Dirección de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires –Dipba-, en la capital argentina, o de los de Colombia, conservados en el Centro de la Memoria Histórica en Bogotá. Archivos del mal, así llamados por sus orígenes creadores, que, bajo unas funciones similares a las del museo o del memorial, como el Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen, sirven para cumplir funciones donde la memoria, que puede hacerse visible de muy variadas formas, debe actuar como eje de compromiso social.

Según Huyssen, en contra de algunas conocidas consideraciones que hablan de “museizar” como lo contrario de conservar, como un acto televisivo de congelar, esterilizar, deshistorizar y descontextualizar, la museización o el archivo del Holocausto no simula lo real ni contribuye con ello a su agonía. El contenido del Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen, como el contenido del Centro de la Memoria Histórica de Colombia, posee unas connotaciones de tragedia que transmiten y seguirán moviendo sensibilidades de compromiso en el presente. El museo y el archivo no pueden neutralizar temores y angustias sobre la actualidad, pero la seducción de sus objetos y de sus documentos (reliquias del pasado) son presentados en una continua actualización cuyas interpretaciones nunca quedan del todo aisladas de cierta pureza u originalidad que desprenden los objetos/documentos. Ellos ubican siempre al espectador en la intensidad del presente, y la mirada (siempre viva) no juzga ya un pasado muerto u osificado.

Nuestro presente, con el ascenso global de la ultraderecha o los fascismos europeos, puede ser contrastado con la puesta en escena del museo-archivo o el archivo-museo en una sociedad en la que la actividad cultural funciona como una agencia de socialización comparable pero también enfrentable al devenir de una nación, a las políticas de sus Estados. Lo real no puede olvidarse y la materialidad de lo real constituye el soporte de un aura que trasciende el tiempo de una memoria llena de experiencias que estuvieron fuera de lo común.


En la Terraza del ingenio
Cali, a 29 de enero de 2025

[1] “Los archivos del mal: ¿un discurso sin autor? Ildefonso Nalda Nájera en el Archiv der KZ-Gedenkstätte Mauthausen”. Información, cultura y sociedad, n° 41, 2019, p. 57-80. Más ampliado, este mismo ensayo podrá leerse en el libro titulado Escrituras y tramas del archivo, que publicará la Universidad del Cauca en este mismo año de 2025.

[2] Pensemos en los casos de Alemania y Austria después de la Segunda Guerra Mundial; el de España después de la dictadura franquista; los de Sudáfrica, Grecia y Portugal, y los de los países de América Latina como Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Guatemala o El Salvador.

Embajada de Japón agradece gestión cultural de la Universidad

En una carta enviada al rector de la Universidad del Valle, profesor Guillermo Murillo Vargas, el embajador de Japón en Colombia Takasugi Masahiro agradeció el apoyo y disposición que tuvo la institución para el desarrollo de la agenda académica y cultural llevada a cabo durante la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Cali, que tuvo a Japón como país invitado.

A través de la misiva, el alto funcionario destaca que “la Universidad del Valle desempeñó un rol fundamental en la creación de espacios de intercambio académico, cultural y de reflexión que permitieron que los asistentes a la feria se conectaran más estrechamente con Japón”.

Así mismo, el embajador destacó el interés por promover la cultura japonesa en espacios como la Semana Japonesa, que a lo largo de nueve años ha permitido acercar la cultura de dicho país a la comunidad académica y la sociedad en general.

De esta manera se reafirma el compromiso de la Universidad del Valle en promover espacios de intercambio, que permitan tejer lazos entre las diferentes culturas.

 

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