La dirección universitaria lamenta el fallecimiento de la arquitecta egresada de la Universidad del Valle Elly Burckhardt de Echeverry y envía su voz de condolencia a sus familiares, amigos y allegados.
Esta mujer fue pionera en el desarrollo urbanístico de Cali. Egresada del tradicional Liceo Benalcázar; en 1958 fue una de las primeras mujeres en graduarse del programa académico de Arquitectura en la Universidad del Valle; era magíster en Administración Industrial y especialista en Urbanismo y Paisajismo.
En 1962, luego de estudiar en el Instituto de Urbanismo de París, regresó a Cali, y junto a su esposo Julio Echeverry Roiz fundaron la firma Burckhardt & Echeverri, con la cual adelantaron obras urbanísticas que definieron el paisaje caleño.
La arquitecta Elly Burckhardt realizó importantes contribuciones al debate público y ejerció un liderazgo social en defensa del espacio público y la educación pública superior. Las obras que diseñó contribuyeron a transformar la ciudad
Gracias a esta arquitecta, Cali cuenta con espacios como el Parque de los Poetas, la Plaza del Comercio y la Unidad Deportiva Jaime Aparicio, que se encargó para los Juegos Panamericanos de 1971; además de edificaciones privadas como la sede de Comfandi El Prado y el hotel del Club Campestre.
Uno de sus más emblemáticos desarrollos urbanísticos son el Bulevar del Río y hundimiento de la Avenida Colombia, considerado como una de las obras arquitectónicas de mayor impacto social de Cali debido a su intención de que esta tradicional vía volviera a ser un sitio para pasear en la ciudad, un espacio de encuentro para los caleños.
Gracias a esta obra recibió varios reconocimientos, entre ellos el Premio Karl Brunner que le otorgó la Sociedad Colombiana de Arquitectura en 2014 durante la XXIV Bienal Colombiana de Arquitectura.
Se desempeñó como presidenta nacional de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, concejal de Cali, representante de los egresados ante el Consejo Superior de la Universidad del Valle y presidenta de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Cali.
Dentro de los reconocimientos que recibió la arquitecta Elly Burckhardt se encuentran la Medalla al Mérito Cívico Santiago de Cali en su máxima categoría que le otorgó la Alcaldía en 2014, y el Premio José Gómez Pinzón a toda a una vida de excelencia de parte de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, la Cámara Colombiana de la Construcción - Camacol y la Sociedad Colombiana de Arquitectos SCA.
La trayectoria académica y profesional de la arquitecta Elly Burckhardt de Echeverry es un ejemplo para la comunidad de la Universidad del Valle por su entrega, compromiso, dedicación y defensa de lo público en la ciudad.
La familia de la arquitecta Elly Burckhardt de Echeverry invita a una eucaristía por su eterno descanso, que tendrá lugar este martes 6 de febrero de 2024, a las 10:00 am, en el Orquideorama, Av. 2 Nte. #48, barrio Olaya Herrera.
Foto: Jorge Orozco / El País

En su visita a la ciudad de Cali, el ministro de salud Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez se reunió con el alcalde Alejandro Eder Garcés y el rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas.
Durante el encuentro el ministro habló de la importancia de que una universidad como Univalle utilice en su Facultad de Salud instrumentos como la telemedicina para llegar a las personas que residen en los lugares más apartados de los territorios; destacó que esa era una de las prioridades de su cartera. En la reunión también se habló de los recursos que el ministerio tiene disponibles para apoyar programas e instituciones de salud en Cali.
El Instituto Cinara de la Universidad del Valle rindió homenaje a la profesora Mariela García Vargas en reconocimiento a su compromiso, entrega y destacada labor a lo largo de los años de servicio.
“Le estamos haciendo un merecido homenaje porque la profesora se está jubilando. Ella ha jugado un papel trascendental en la consolidación, formación y desarrollo De Cinara; es un instituto que trabaja temas de agua potable, saneamiento, recursos hídricos y demás temas ambientales, donde ella ha jugado un papel fundamental” así lo expresó Mario Alejandro Pérez Rincón, director del Instituto Cinara de la Universidad del Valle.
Mariela García Vargas es socióloga de la Universidad Nacional de Colombia, adelantó un curso intensivo de posgrado en investigación y política rural, en el Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex, Inglaterra en 1994. Además, se desempeñó como profesora asociada de la Universidad del Valle, donde fue la responsable de orientar la incorporación de la dimensión sociocultural en el Instituto Cinara.
Para ella, este homenaje es algo muy conmovedor como persona y como profesional. “Es hermoso que mis compañeros hayan hecho un acto con tanto afecto, en el que incluyeron a todos los colegas con los cuales hemos trabajado en diversas partes del mundo y tener la presencia de los amigos, familiares y de las comunidades con las que hemos trabajado”.
La profesora Mariela jugó un rol protagónico en el proyecto del fortalecimiento de la gestión técnica del acueducto en zonas rurales, hasta el punto de que ha permitido ayudar a consolidar una cantidad de organizaciones comunitarias y una de ellas es Aquacol, una organización que fortalece la capacidad de gestión comunitaria del agua y el saneamiento a través de asesoría y capacitación en aspectos organizativos, administrativos y técnicos.
“La Universidad del Valle es un espacio de trabajo en el que he pasado mis últimos 33 años de vida con mucha dedicación, con mucho entusiasmo, pero sobre todo con un aprendizaje continuo” manifestó la profesora Mariela.
La participación de la Universidad en la construcción conjunta de la visión de Cali 500 años, el apoyo a proyectos de educación e investigación con miras a convertir a la ciudad en un centro latinoamericano de Inteligencia Artificial, el mantenimiento y ampliación del programa “Todas y todos a estudiar” y el fortalecimiento de programas de convivencia ciudadana fueron los asuntos tratados en la reunión entre el rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas y el alcalde Alejandro Eder Garcés.
La reunión tuvo lugar este jueves 1 de febrero en las instalaciones de la Rectoría en el Campus de Meléndez.
El rector Guillermo Murillo Vargas expresó la disposición para que la capacidad institucional de la Universidad pueda apoyar las iniciativas del Alcalde en pro del bienestar de la comunidad caleña, lo cual ha sido una característica constante de las relaciones entre la Alcaldía y la Universidad a través de los años.

“Para Cali es un privilegio contar con una universidad de la importancia de la Universidad del Valle. Desde la Alcaldía vamos a trabajar en varios frentes: vamos a mantener el programa de becas ‘Todas y todos a estudiar’, que permitirá a muchos jóvenes caleños estudiar en Univalle; segundo, vamos a buscar cooperación en investigación, especialmente en inteligencia artificial, así como en temas de biología y química, tercero, vamos a garantizar el apoyo de la Alcaldía de Cali hacia la Universidad del Valle, sobre todo en lo que tiene que ver con el bienestar de los estudiantes. Cuenten con que la Alcaldía seguirá trabajando por la educación pública”, finalizó el mandatario distrital.
Así mismo, el rector Murillo señaló: “en esta reunión coincidimos en varios temas de ciudad, asociados con el mejoramiento de las condiciones de vida de los caleños, y el apoyo que la Universidad puede dar en temas científicos, académicos y tecnológicos. La alcaldía tiene unos proyectos importantes a los cuales podemos aportar”.
En los próximos días iniciarán unas mesas de trabajo entre funcionarios de ambas instituciones para comenzar este proceso de articulación.

La visita del alcalde Alejandro Eder finalizó con un breve recorrido por el Campus de Meléndez, y una visita a la Biblioteca Mario Carvajal, sus salas de consulta bibliográfica y la exposición "Ofrenda. Ritual sagrado de los Santos Orishas", que se inauguraba en la Sala Mutis donde interactuó con los asistentes.
En la reunión estuvieron presentes además el Vicerrector Académico Héctor Cadavid Ramírez, la Vicerrectora de Bienestar Universitario Adriana Reyes Torres, la Vicerrectora de Investigaciones Mónica García Solarte, el Vicerrector de Regionalización Jaime Alberto Caycedo Ramírez, el Vicerrector Administrativo Javier Fong Lozano, Oscar López Pulecio de la Oficina de la Rectoría y la Secretaria Distrital de Educación Leidy Tatiana Aguilar Rodríguez.

Con ocasión de la jubilación de la trabajadora oficial María Delfina Sepulveda, el Consejo de la Facultad de Psicología le hizo un reconocimiento a esta funcionaria que cumplió 30 años al servicio de la institución.
María Delfina ingresó como trabajadora en agosto de 1993 y siempre estuvo vinculada como aseadora a la Facultad de Psicología.
Durante el acto, el rector Guillermo Murillo Vargas, el decano de Psicología Nelson Molina Valencia y las directivas universitarias agradecieron sus años de servicio y dedicación, pues personas como ella construyen a diario esta institución.
“Deseamos lo mejor para usted y su familia. Esta siempre será su universidad”, expresó el rector Guillermo Murillo.
“Esta fue una experiencia grata y cautivadora. Todo se lo debo a Dios y a la Universidad. Aquí me acogieron muy bien y he trabajado a gusto. Llegó el día de la jubilación y no sentí estos 30 años”, manifestó la trabajadora.
“En Univalle crecí mucho como persona. Aquí estudié, pude terminar mi bachillerato y hacer luego una carrera técnica. Solo tengo palabras de agradecimiento para la Universidad, la gente que me apoyó y ayudó, los funcionarios y profesores de Educación, de Psicología y los sindicatos. Tengo sentimientos encontrados, porque es un gran logro llegar a esta etapa, pero también porque aquí se me queda media vida”, agregó.
A los nuevos funcionarios y estudiantes que llegan a la Universidad del Valle les dice que quieran mucho a la institución y siempre la defiendan “porque esta es una universidad muy linda y echada para adelante”.
La historia de la Universidad del Valle se construye gracias a la labor de trabajadoras como María Delfina Sepulveda, que con compromiso, esfuerzo y dedicación contribuyen a hacer de esta una institución de excelencia.
Con el nombramiento de cuatro nuevos docentes, la calidad académica y de investigación del Sistema de Regionalización de Univalle se sigue fortaleciendo. Los docentes de tiempo completo reforzarán la planta profesoral de las sedes de Buenaventura, Caicedonia, Cartago y Palmira.
Estos profesores se posesionaron ante el rector Guillermo Murillo Vargas, el vicerrector de Regionalización Jaime Alberto Caycedo Ramírez y la secretaria general Rosa Emilia Bermúdez Rico.
El profesor Alirio Velasco Gómez, nombrado para la Sede Pacífico, es administrador de empresas y magíster en Comercio Internacional y cuenta con más de 20 años de experiencia laboral en esta área, trayectoria que incluye aportes al fortalecimiento de las dinámicas de importación y exportación en el Puerto de Buenaventura. Desde hace doce años viene desempeñándose como docente en esta sede de la Universidad.
El profesor Velasco manifestó su intención de llevar su nutrida experiencia a las aulas bonaerenses: “Después de la pandemia del COVID-19 el marco del comercio exterior y la logística es otro. Nos estamos ajustando a nuevos modelos y procesos y eso es lo que ahora tenemos que entregarle a nuestros estudiantes de Comercio Exterior”.
A la Sede Caicedonia llega el profesor Fernando Moreno Betancourt, quién se considera “hijo del Sistema de Regionalización”, del que se graduó como administrador de empresas y en el que adquirió su experiencia docente, formando durante 15 años a los estudiantes de administración de la Sede Zarzal . El profesor Moreno es Magíster en Administración de la Universidad del Valle y doctor (Phd) en Desarrollo Sostenible de la Universidad de Manizales. “Espero continuar con el compromiso y liderazgo que he llevado hasta ahora a diferentes proyectos del Sistema de Regionalización”, expresó.
Por su parte, la profesora Lizeth Mina Acosta, quien llega a la Sede de Cartago, es ingeniera sanitaria y ambiental y magíster en ingeniería ambiental. Desde hace diez años se desempeña como docente universitaria y ha enfocado su trabajo de investigación en la evaluación de impactos ambientales, gestión ambiental, ordenamiento y manejo del territorio.
“Para mi es un gran privilegio hacer parte de la tercera universidad pública más importante del país y desde ya estoy comprometida con su proyecto educativo y con la Sede Cartago”, señaló la docente.
Para la Sede Palmira fue nombrada la profesora Patricia Alexandra García Garro, quien es egresada de la licenciatura en Educación Física y Deporte de esta Universidad, magíster en investigación y docencia en ciencias de la actividad física y la salud y doctora (PhD) en cuidados integrales y servicios en salud de la Universidad de Jaén, España. Durante los últimos diez años, la profesora García laboró en la Institución Universitaria Antonio José Camacho, donde participó en procesos de calidad académica. La línea de investigación en la que se enfoca el trabajo de la docente es el deporte para la salud.
“Espero aportar desde mi trayectoria en los procesos de calidad de los programas académicos a la licenciatura en educación física y deportes. Soy apasionada por la investigación y también tengo muchas ideas de proyectos de proyección social a partir de conexiones interinstitucionales tanto nacionales como internacionales”, indicó.
El rector Guillermo Murillo manifestó su emoción al presidir el acto de posesión al que calificó como un avance en la consolidación del Sistema de Regionalización, que cumplirá 40 años en el 2025: “Que la educación superior de calidad llegue a los territorios es un hecho que transforma la realidad de la sociedad y es una muestra del para qué de la universidad en un país como el nuestro”.
También afirmó que Univalle tiene el mejor Sistema de Regionalización del país: “lo digo con conocimiento de causa, pues durante los cinco años que trabajé en el Ministerio de Educación, el ejemplo siempre fue el modelo de nuestra institución”.
El Vicerrector de Regionalización Jaime Alberto Caycedo Ramírez explicó que para el nombramiento de estas plazas docentes se llevó a cabo un proceso riguroso de selección en el que participaron 80 personas y en el que los docentes seleccionados fueron los mejor calificados.
“Este evento demuestra que el Sistema de Regionalización de la Universidad del Valle sigue en un proceso fuerte de consolidación. El gran impulso que se da con estos nombramientos potenciará los procesos de docencia, investigación, extensión y especialmente los de proyección social que tenemos en los territorios”, apuntó el profesor Caycedo.
El acto de firma de la posesión, que se realizó en el Salón del Consejo Académico del Campus de Meléndez, contó con la participación del vicerrector académico Héctor Cadavid Ramírez, la vicerrectora de bienestar Adriana Reyes Torres, el vicerrector Javier Fong Lozano y el director de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación Adalberto Sánchez Torres, quien estuvo en representación de la Vicerrectoría de Investigaciones. También se contó con la presencia de los directores de las sedes de Caicedonia, Cartago, Pacífico y Palmira.
El Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades invita a toda la comunidad universitaria a la conferencia "Habla una obrera”: identidades, subalternidades y cultura obrera de las trabajadoras del tabaco. Cuba, 1898-1948", que tendrá lugar el jueves 08 de febrero, a las 5:00 pm, en el campus de la Universidad del Valle, sede Meléndez, Auditorio Estanislao Zuleta, Edf. D8 espacio 2002.
Esta conferencia, que hace parte de la Cátedra Germán Colmenares, es la sesión inaugural de la nueva cohorte de la Maestría en Historia.
La invitada es la profesora del Departamento de Historia Catalina del Mar Garrido Torres. En esta conferencia la docente presentará los hallazgos de la investigación doctoral de la tesis que ganó el IV Premio Clara E. Lida, a la mejor tesis de historia social de la Asociación Latinoamericana e Ibérica de Historia.
Gran parte de la estructura actual de la Universidad del Valle se debe gracias a la visión y gestión de un hombre comprometido con la educación en Colombia: el exrector Harold Rizo Otero. Durante su liderazgo en la institución entre los años 1984 y 1991 se crearon dependencias como la Vicerrectoría de Bienestar, la Vicerrectoría de Investigaciones y el Sistema de Regionalización, que han sido fundamentales para el desarrollo del suroccidente colombiano.
En sus propias palabras, este visionario reconoce que “Regionalización es el paso más grande que ha dado la Universidad del Valle”, pues es un modelo que ha servido de ejemplo para otras instituciones de educación superior del país. Hoy el 42% del total de estudiantes de pregrado hacen parte de las sedes regionales.
Este proyecto educativo, según recuerda el exrector Harold Rizo Otero, inició con el propósito de llevar la educación superior a los jóvenes que con dificultades podrían ingresar a estudiar una carrera universitaria en una ciudad como Cali.
Harold José Rizo Otero es abogado y especialista en Derecho del Trabajo de la Universidad Javeriana; Magíster en Administración de la Universidad del Valle y Doctor (Ph.D.) en Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame. En 1984 fue postulado en 1984 para ocupar el cargo de rector en Univalle.
Cuenta con experiencia como gerente seccional del Instituto de Seguros Sociales, director de la Federación de Industrias Metalúrgicas del Valle del Cauca, jefe de la Oficina Regional del Trabajo, asistente de la Dirección General del Icetex y secretario de Educación. En la Universidad del Valle se desempeñó como profesor, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas y Secretario General de la Institución.

En 2021, con ocasión de los 35 años del Sistema de Regionalización el Consejo Superior de la Universidad así como la Asamblea Departamental le entregaron reconocimientos al exrector Harold Rizo Otero, exaltando su visión y capacidad de liderazgo.
Hace más de 30 años este visionario y académico no visitaba la Ciudadela Universitaria de Meléndez. Este martes 20 de enero regresó al campus y se reunió con el rector Guillermo Murillo Vargas y su equipo directivo para intercambiar algunas experiencias sobre la gestión educativa. Fue la oportunidad que tuvo la Agencia de Noticias Univalle para tener un corto diálogo con él.
Agencia de Noticias Univalle: Doctor Harold Otero ¿Cómo recuerda usted sus años al frente de la Rectoría de la Universidad del Valle?
Harold Rizo Otero: En primer lugar, tengo que decir que mi vida académica y mi vida profesional se ha desarrollado en un 80 o 90% en la Universidad del Valle. Es decir, puedo transmitir los avances que se lograron entre 1962, cuando ingresé como asistente de la Secretaría General hasta el año 1991, cuando me retiré como rector que acaba de terminar su periodo.
La Universidad del Valle es todo para mí técnicamente, pues lo que yo represento en la vida es lo que hice en esta universidad. La recuerdo con mucho afecto, es un período glorioso en mi vida.
ANU: ¿Qué recuerda usted sobre lo que significó la puesta en marcha del Sistema de Regionalización?
HRO: La Regionalización la hicimos entre muchas personas. No creas que era un proceso burocrático, fue un proceso afectivo en donde participaron personas que tenían afecto por sus pueblos, que querían llevar la universidad a los pueblos, quienes me acompañaron en todas las giras que hicimos por el departamento del Valle. Nos reunimos con los concejos municipales, las cámaras de comercio, los alcaldes y formamos las fundaciones que inicialmente patrocinaron el desarrollo de la Regionalización.
La Regionalización es la base más importante de la educación superior en Colombia. Después del proyecto de la Universidad del Valle, empezaron otras universidades del país. Recuerdo que cuando fui coordinador del Consejo Nacional de Acreditación y estábamos con la reacreditación de la Universidad de Antioquia en Medellín, nos mostraron los avances que habían hecho en ese aspecto. Entendí que en Univalle abrimos la brecha de la regionalización en Colombia, después otras universidades llegaron a las ciudades intermedias, pero nosotros fuimos los que empezamos aquí.

ANU: Usted también creó la Vicerrectoría de Bienestar Universitario y la de Investigaciones.
HRO: Sí, además del Sistema de Regionalización, también creamos las vicerrectorías de Investigaciones y de Bienestar, el Servicio médico y conseguí también la estampilla para la universidad, esto último con el apoyo de figuras como Gustavo Balcázar y el doctor Julio César Turbay Ayala.
Fue una gestión muy prolifera porque son cosas que quedaron y trascendieron el momento inicial, cosas que había que hacer. Lideré esos procesos porque me nació y bueno, se ha tenido éxito.
ANU: ¿Cómo ve y encuentra hoy la Universidad?
HRO: Nunca he sido crítico de mis antecesores y sucesores. Siempre he sido solidario con las personas que han estado de las puertas de la Rectoría para adentro. Nunca he criticado a ningún rector, ni ex rector, siempre les he brindado mi afecto, mi solidaridad, mi admiración. Esta es mi casa y todo el que la piensa y la engrandece me hace un favor que me llega al corazón y me inunda el alma de felicidad.
Veo los rankings de investigación y sé que la Universidad del Valle es la tercera institución, luego de la Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia, pero nosotros somos los mejores terceros del mundo.

Han transcurrido algunos meses desde la publicación de Libros en el Nuevo Reino de Granada. Funciones, prácticas y representaciones, del historiador y profesor de la Universidad del Valle Alfonso Rubio. Esta publicación, un esfuerzo de los programas editoriales de la Universidad del Valle de Cali y de la EAFIT de Medellín, fue presentada a finales del año pasado en la célebre Feria del Libro de Frankfurt, considerada la mayor plataforma editorial del mundo.
Libros en el Nuevo Reino de Granada: funciones, prácticas y representaciones fue uno de los diez títulos que la ASEUC (Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia) llevó en representación de la literatura universitaria nacional. A continuación, Alfonso Rubio responde una serie de inquietudes suscitadas a partir de la lectura integral del libro. Esperamos que estas respuestas inspiren la lectura y la consulta por parte de todas aquellas personas interesadas en la historia del libro.
César Eslava: A finales del año pasado Libros en el Nuevo Reino de Granada fue escogido como uno de los diez libros que la Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia (ASEUC) llevó en representación del país a la Feria del Libro de Frankfurt. En su criterio, ¿por qué cree que el libro tuvo ese reconocimiento?
Alfonso Rubio: Sí, la noticia me alegró, la Feria de Frankfurt es una inmejorable plataforma comercial donde, además del público en general, acuden editores, libreros, distribuidores, impresores, traductores; en fin, toda la gama de intermediarios del mundo editorial. En convenio, la Universidad del Valle y la Editorial de la Universidad EAFIT, de Medellín, se encargaron de publicar el libro y EAFIT postuló el libro a la ASEUC para exponerlo en Frankfurt. Supongo que al ser un libro que trata de libros, el propósito de exhibirse en una feria de libros es ideal. Pero, bueno, en Europa es frecuente la producción de este tipo de estudios dedicados a la “historia del libro” y no sé, realmente, si produjo algún tipo de interés entre los visitantes. De momento, creo que sí es bueno que se haya dado a conocer por dos universidades distintas de Colombia y el interés prioritario está aquí, en lo que pueda ser útil para la historia colombiana. Tal vez por ello, no sé, por ser todavía escasos este tipo de estudios aquí, se quiso reconocer el libro.
C.E: Cuéntenos un poco acerca de la concepción del libro.
A.R: La verdad es que la formación del libro parte del consejo de otros profesores universitarios. A algunos de mis trabajos que se habían dado a conocer en forma de ensayo, le añadí otros inéditos con los que contaba y elaboré unos nuevos. El contenido de los ya conocidos y el de los inéditos se reforzó y, finalmente, se pudo dar un orden lógico a la estructura del libro. Comienza hablando del control inquisitorial y de los agentes y las prácticas que estos llevaban a cabo durante la etapa colonial para comerciar con los libros que llegaban desde España al Nuevo Reino de Granada, y acaba hablando de la biblioteca “ilustrada” de Juan José Delhuyar. Entre estos asuntos, se suceden otros que tratan las bibliotecas de los colegios jesuitas, de los grandes hacendados en el tránsito del siglo XVIII al XIX, de los tratados de práctica notarial, de la Recopilación de leyes de los reinos de Indias y de los manuales de tipografía que pudieron servir a los impresores o cajistas que iniciaron el arte de la imprenta en el Nuevo Reino.
C.E: ¿Cuál es el estado de la investigación sobre la historia de la cultura escrita en Colombia?
A.R: Bueno, pienso que primero hay que hacer alguna precisión o aclaración. Creo que es más conveniente, en términos disciplinares, el uso del término de “historia de la cultura escrita” o “historia social de la cultura escrita”, como estás diciendo, como un espacio común donde poder acoger con él a una terminología difusa donde cabe la llamada “cultura impresa” o “cultura tipográfica”; y donde pueden converger la historia del libro, de la lectura y de la edición. Si es necesario adscribir a algún tipo de historia específica este libro del que hablamos, podríamos estar más cerca de la historia del libro.
Si bien ya la historiografía colombiana contaba con trabajos que analizan el impacto de la imprenta y los impresos en la sociedad neogranadina, este era analizado exclusivamente por la historia de la educación o por la historia política e intelectual. En este sentido, contamos con buenos trabajos de reconocidos historiadores colombianos. Pero creo que las investigaciones que recurren a metodologías y concepciones centradas en la historia de la cultura escrita como tal, no son todavía muy recurrentes. Tal vez todavía nos estemos moviendo por un terreno de imprecisiones epistemológicas, pero no sé muy bien si son necesarias o tienen cabida las precisiones en este tipo de estudios que suelen recurrir a cuantas orientaciones y conexiones disciplinares puedan ser útiles para abordar la compleja realidad de la cultura.
Tal vez, como digo en el libro, sea imposible reconstruir en su totalidad y en su verdad los significados de la circulación, la posesión y la apropiación del libro. Pero bueno, siempre es posible moverse en el terreno de pesquisas detectivescas y desenvolvernos en el plano de las abstracciones y las representaciones para dar cuenta, pongamos por caso, de cambios mentales o de la formación de nuevos órdenes.
C.E: Con relación al contenido del libro, me llamó mucho la atención la afirmación según la cual el control inquisitorial del material bibliográfico que llegaba a las Américas no era tan estricto como uno se podría imaginar. ¿Qué tanto sabemos de estas redes de comercio informal de libros? ¿Es posible saber más?
A.R: Claro, a pesar de las disposiciones legislativas, de los índices inquisitoriales y de la aparente rigurosidad con que se formalizaban los registros de embarque en los puertos españoles y la mercancía se revisaba en los puestos de llegada indianos, los controles siempre fueron laxos. Pensemos que estamos hablando del mundo comercial y al mercado siempre hay que satisfacerlo. Impresores, libreros y comerciantes, en connivencia con las autoridades reales y eclesiásticas siempre recurrieron a determinadas estrategias de camuflaje y permisividad en los controles aduaneros.
Todavía este asunto de los controles inquisitoriales y la llegada de libros específicamente al Nuevo Reino, no se ha estudiado. Aquí tenemos un terreno todavía inexplorado, más si pensamos, como dices, en redes de comercio informales que, de todas formas, no han sido muy estudiadas en general. Creo recordar un pequeño texto de Pedro Rueda que se dedica al contrabando de libros en la Carrera de Indias y habla de él, precisamente, como una “faceta poco conocida”.

C.E: Otra cuestión que me inquieta acerca de este comercio de libros, ya sea legal o ilegal, es lo relacionado con el embalaje de los mismos desde Europa. Teniendo en cuenta las peculiares condiciones del transporte de la época (largas travesías oceánicas y terrestres) y las características propias de los libros, ¿cómo era el embalaje de los mismos? ¿Tenemos noción del estado en que finalmente llegaban los libros a sus diferentes destinos?
A.R: Sí, los libros se transportaban en “cajones” de madera. El cajón, la caja o el baúl era el medio habitual donde se trasladaban todo tipo de objetos. Según algunos estudios, el promedio de los embarques de un solo comerciante fue de tres a ocho. El número de ejemplares por caja variaba según el tamaño de los volúmenes y oscilaba entre veinte y cien. Indudablemente no era un viaje cómodo y, además de testimoniarse la pérdida de mercancía por los naufragios o la piratería, también hay testimonios de libros o documentos legislativos que llegaban “mojados” o “humedecidos”. El problema también lo hemos podido documentar en las bodegas mercantiles de Cartagena, donde normalmente se almacenaba la mercancía que se repartía luego para los principales centros urbanos del Nuevo Reino. Antes de que los libros se repartiesen, estos se almacenaban en estas bodegas portuarias y en ellas hemos podido saber que mucho “papel sellado”, por ejemplo, se hizo inservible porque la humedad lo había, como dice la documentación, “podrido”; o casos como el de encontrar ejemplares de la Recopilación de leyes de los reinos de Indias comidos por el comején.
C.E: Si bien en el libro se afirma que aparte de las autoridades eclesiásticas y virreinales también los comerciantes incluían libros como parte de los productos proclives a comerciar, desde cuándo podemos hablar, al menos, para el caso de Colombia, de la aparición de libreros, es decir, personas dedicadas solamente a su importación o distribución.
A.R: Creo que en Colombia no se puede hablar de libreros, desde una concepción similar a la actual, sino hasta después de la Constitución de Cúcuta de 1821, cuando se promulga la Ley de libertad de imprenta. La legislación en materia de libertades de imprenta fue abriendo expectativas al negocio editorial y al mismo tiempo los mercados iban posibilitando la importación de libros; fue importante la llegada de material educativo desde países como España, Francia e Inglaterra. Pero tal vez, la aparición de la primera librería propiamente del país no fue sino la que abrió en 1851, en Bogotá, el francés Juan Simonnot, renovando el mercado internacional del libro; un año el de 1851 en el que se promulgó la Ley absoluta de imprenta, beneficiando la expansión de lo impreso. Pero comerciantes de libros hubo desde los primeros asentamientos estables en Indias. En el libro hablo de Andrés de Medina, a quien lo encontramos a fines del XVI dedicado al comercio de libros en Cartagena. Y creo que es de mitad del mismo siglo el caso del dominico Juan del Valle, primer obispo de la Diócesis de Popayán, a quien lo vemos solicitar permiso para viajar a esta ciudad con un “librero” de quien no da el nombre y llevaba, se dice, “dos balas de libros”.
C.E: ¿Esta “Ley de libertad absoluta de impresión” qué tanto permitió? Es clara su relación con la aparición de los primeros periódicos, pero hablando de la impresión de libros, ¿cuáles eran los criterios de los impresores para proceder a la “impresión” de un libro? ¿Había algo de apuesta en esas decisiones?
A.R: Bueno, como acabo de decir, la Ley absoluta de imprenta es de 1851. Si la ley anterior, la de 1821, ya había multiplicado el número de imprentas, impresores e impresos, fundamentalmente periódicos; la de 1851, por la cual se consignaba la libre expresión del pensamiento y no se ponía límites a la imprenta, abrió sin restricciones de opinión las posibilidades del mercado editorial propio. Podemos decir que, conseguida la independencia de España, las repúblicas americanas, en general, dieron comienzo a la importación y edición propia de, sobre todo, manuales educativos y manuales para la formación profesional, pero nunca faltó en la segunda mitad del siglo XIX la edición de literatura clásica y religiosa.
C.E: ¿Qué se quiere decir cuando hablamos de la vida social del libro?
A.R: Quiero decir que el libro es un objeto cultural y, al mismo tiempo, comercial. En la producción del libro y en su mercantilización, intervienen impresores, editores, agentes comerciales, el crédito, las transacciones bancarias; en fin, desde que se diseña un libro hasta que es apropiado por el lector, en unos concretos contextos sociales, culturales y económicos, interviene una gran variedad de oficios, pero, sobre todo, una gran variedad de lectores. En la sociedad colonial, por otro lado, el libro se vio rodeado de códigos significativos que podemos poner en relación con los artículos de prestigio, donde también se encuentran la ropa, el mobiliario de lujo o la joyería. La biografía del libro en toda su duración siempre estará marcada por su producción y su uso que, necesariamente, hay que enmarcar en lo que podemos llamar “vida social”.
C.E: Cuando describe las concepciones de lectura de los jesuitas no puedo dejar de pensar en metodologías clásicas de lectura, por ejemplo, la de Mortimer Adler. ¿Hay alguna relación allí? ¿Qué tanto han variado las metodologías de lectura, especialmente en lo referente a textos científicos y académicos, en los últimos años?
A.R: Te refieres, claro, al texto de Mortimer y Charles van Doren, Cómo leer un libro, que es una guía para mejorar la lectura. No lo conozco, no está dentro de mis intereses el enfoque pedagógico o las orientaciones acerca del desarrollo mental con la lectura. Creo que el texto ofrece diversas maneras de enfocar la lectura como aprendizaje, presenta distintos niveles de lectura y da pautas de cómo leer distintos tipos de literatura: histórica, científica, filosófica, etc. Claro que hay relación entre la escolástica universitaria o la concepción pedagógica de los jesuitas, para quienes la lectura estaba determinada por tres niveles (exégesis, análisis y contexto doctrinal), y los objetivos que marca la guía de Mortimer, pero si hablo de las lecturas explicadas y comentadas en la formación jesuítica en el capítulo dedicado a las librerías de la Compañía de Jesús, que formaban parte de sus programas escolares, es porque sí quería contrastar la práctica de la lectura colectiva con la lectura íntima, individual y en silencio, que va transformando el trabajo intelectual. Se trataba de describir distintas prácticas lectoras en un determinado contexto histórico y dentro del decorado funcional de las bibliotecas de los colegios jesuitas.
C.E: ¿La idea del libro como un artículo de prestigio guarda alguna relación con la indagación de sobre la conformación de las bibliotecas personales de los hacendados? ¿Aparte de los funcionarios qué tan complicado es pensar en la existencia de bibliotecas personales en las incipientes ciudades de la época?
A.R: Sí, lo que intento mostrar con las bibliotecas de los grandes hacendados en el paso del siglo XVIII al XIX es, por un lado, que además de procesos de cambio en la historia, también hay continuidades y estas las ejemplifico con el “libro religioso”, que representaba un vehículo de europeización y significaba determinados valores ideológicos que tenían que ver con una visión teológica y jerárquica del mundo y con la formación de una mentalidad burguesa de ética comercial que adoptaba convenciones aristocráticas. Por otro lado, el principio de ostentación estaba representado también con la presencia del libro en las bibliotecas de los hacendados. El principio del gasto ostensible en relación con los índices convencionales de reputación. Los nuevos ricos querían ser reconocidos como nuevos señores mediante su distinción.
En el libro se analizan las bibliotecas personales de algunos escribanos del siglo XVIII, de los grandes hacendados y la biblioteca personal de un científico ilustrado, Juan José Delhuyar. Funcionarios, religiosos, letrados, nobles, adinerados, científicos; normalmente la posible formación de bibliotecas personales estaba limitada a esos sectores, capacitados económicamente y capacitados también para leer y escribir.
C.E: El capítulo 6, “La Recopilación de leyes de los reynos de las Indias”, es por extensión y tratamiento algo diferente de los otros. Si me permite, diría que histórica y conceptualmente abarca más, incluso, de una u otra forma, nos introduce a la cuestión mayor de la relación entre ley y escritura. Es claro que esta relación entre la necesidad de legislar, a distancia, desde la solidez del texto escrito y las particulares condiciones de alfabetización, medios de transporte y comunicación, y tensiones propias de las sociedades coloniales, debió manifestarse en complicadas realidades. Una de las complejidades que se me ocurre es la practicidad cotidiana de esta recopilación (bien a través de su versión en 3 ó 4 tomos) en la función pública. ¿Las leyes eran tan permanentes? ¿Qué pasaba en el caso de derogación o modificación de alguna? (o lo que usted crea importante mencionar acerca de este capítulo).
A.R: Ante el nivel de dispersión de los dispositivos legales (normalmente, reales provisiones, reales cédulas o reales órdenes), lo que se intenta con la Recopilación de 1680, es agrupar la legislación real más relevante que llega a las distintas jurisdicciones indianas. Las leyes podían repetirse o sobrecartarse y para formar el libro o los tomos de la Recopilación hay un trabajo previo archivístico de localización y criba documental. Se publicó ya a fines del siglo XVII, pero permaneció con vigencia hasta que duró el dominio español. Los cabildos coloniales debían custodiar en su archivo o “arca triclave” este código legislativo y ello daba lugar a representaciones de poder. Antes de dar cuenta de cómo se elaboró esta Recopilación y de su necesidad de publicación y distribución en las colonias españolas, lo que se analiza en este capítulo sexto es la ley que en la Edad Media deviene en forma de escritura y el significado del derecho escrito en la Edad Moderna.
C.E: Me parece muy interesante su afirmación acerca de cómo el paso del manuscrito a la letra impresa desplazó el valor de la escritura hacia la lectura. ¿Podría explicarnos esa idea y si puede tener algún símil con la lectura en pantalla, propia de nuestra época?
A.R: Sí, es cierto que no podemos poner en relación directa la imprenta con los niveles de lectura, pero los tipos móviles dan inicio al desplazamiento del valor de la escritura, que antes de la imprenta era manuscrita, hacia la lectura. Con la tipografía, además, se diversifica y se extiende una mayor variedad de impresos de alcance social cada vez mayor en sus temáticas. Pensemos que los textos escritos se construyen normalmente con pequeños caracteres alfabéticos entrelazados, ordenados de izquierda a derecha y un sinnúmero de veces repetidos que van formando líneas que se despliegan de arriba abajo sobre una hoja de papel en blanco.
Con la desaparición del manuscrito en las obligaciones institucionales o en los circuitos comerciales, ya no tenemos que esforzarnos por leer una letra cortesana, humanística o procesal, hecha, además, por una infinidad de distintos escribanos. La entalladura y el grabado posibilitaron las artes de escribir y fueron normalizando formas convirtiendo en “tipo” (modelo ideal) la escritura manual. La letra manuscrita deja de ser un gesto, un “ductus” personal para pasar a convertirse en un tipo que facilitará la lectura. Creo que la lectura en nuestros sistemas virtuales actuales, como dices, alarga y potencia este desplazamiento del que hablamos, que no tiene por qué aislarse de los soportes tradicionales. El asunto es, cualquiera sea el soporte de la escritura, leer, y para ello, tal vez sea necesaria cierta voluntad y cierta disciplina con las que se puede adquirir cierto gusto o cierto placer por el mundo vivo de los libros.
C.E: Por último, ¿qué posibilidades reales tenemos en Colombia de avanzar en investigaciones como la que usted presenta en Libros en el Nuevo Reino de Granada?
A.R: El paisaje de los estudios históricos colombianos dedicados a la cultura escrita es minúsculo y plural y pienso que todavía carece de orientaciones conceptuales y metodológicas claras, pero, sobre todo, carece de trabajo, es decir, de investigaciones rigurosas que, además, intenten de alguna manera llegar a ofrecer resultados no locales o parciales. En su introducción, el libro, dando a conocer la existencia de múltiples y variadas fuentes documentales, intenta abrir un sinfín de posibilidades para avanzar en este tipo de estudios que deben, claro está, centrarse en distintos periodos históricos. Este que se ofrece puede ser un inicio para ir perfilando y asentando líneas de trabajo. Ojalá que se anime con él a escarbar en esta disciplina que requiere de métodos que todavía no han sido puestos en práctica sistemática. Pero antes de detenerse en ellos, como se dice en el libro, se necesita información. Se necesita desenterrar bibliotecas y archivos.
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Alfonso Rubio es profesor titular del Departamento de Historia de la Universidad del Valle. Es miembro del grupo Nación-Cultura-Memoria. Dedica sus investigaciones, principalmente, a la historia de la cultura escrita. Entre sus últimas publicaciones se destacan Memoria de un romance. La muerte a cuchillo (Madrid: C.S.I.C.,2018); El archivo: símbolo y orden de la escritura fundacional. Villa de Medellín, Nuevo Reino de Granada (Medellín: Universidad de Antioquia, 2022), y Diversidad y utilidad de la escritura (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 2022)
Colegas y amigos de Eugenio Rengifo Romero, exjefe de la Sección de Salud Ocupacional de la Universidad del Valle, realizaron un homenaje a su memoria con ocasión de la conmemoración de los dos años de su fallecimiento.
Este acto se realizó en las inmediaciones de la Ciudadela Universitaria de Meléndez, donde se sembró como símbolo de respeto y gratitud un caracolí, un árbol majestuoso que en su vida adulta puede alcanzar hasta los 30 metros de altura.
Eugenio Rengifo Romero nació en Buga en 1962, profesional egresado de sociología de Univalle y especialista en salud ocupacional. Fue fundador de la Sección de Salud Ocupacional en 1994; se desempeñó como jefe de esta dependencia desde el 1 de febrero de 1996 hasta el 30 de marzo de 2013. Durante ese tiempo se destacó por ser una persona cálida y empática, que realizó grandes aportes y significativas contribuciones para la cimentación de la actual Sección de Salud Ocupacional, aportando desde su vocación de servicio, su preocupación permanente por la salud y bienestar de la comunidad universitaria.
Este profesional comprometido con la institución falleció el 25 de enero de 2022 en Inglaterra.
Durante el homenaje algunos de los asistentes expresaron unas palabras sobre sus recuerdos y lo que compartieron en vida con su compañero, amigo y colega. Rafael Escobar de Andaréis, quien fue profesor y director de tesis de Eugenio, recitó un poema en homenaje.
A este homenaje asistieron alrededor de 50 personas, entre ellos, docentes, funcionarios, amigos y familiares de Eugenio Rengifo.