El Consejo Académico, en su sesión ordinaria del 16 de junio, y ante las vías de hecho generadas por el sindicato Sintraunicol, bloqueando los accesos peatonales y vehiculares en las sedes de Meléndez y San Fernando, comunica a la comunidad universitaria que:
1. Rechaza los actos de fuerza como un mecanismo de presión en la negociación laboral, pues encuentra que no es el método apropiado para forzar decisiones económicas a favor de sus intereses gremiales.
2. Denuncia la violación de los derechos constitucionales a la educación que asisten a los estudiantes de la Universidad, quienes, muchos de ellos, con gran esfuerzo personal y económico se movilizan a las sedes de Univalle en Cali, desde diferentes lugares de la región.
3. Pone en conocimiento de la comunidad universitaria que los hechos de fuerza originados por Sintraunicol también están violando el derecho constitucional al trabajo, el cual le asiste a todos los trabajadores, empleados administrativos y docentes que laboran en la Universidad, trastornan las actividades académicas y de investigación e impiden que la Insti tución cumpla su misión. Los bloqueos se han convertido en una toma de hecho de la Universidad.
4. Apoya a la Dirección de la Universidad, encabezada por el Consejo Superior, y el señor Rector, Doctor Edgar Varela Barrios, en la posición adoptada de no permitir que la violencia y el uso de la fuerza presionen las decisiones institucionales de la Universidad del Valle.
5. Invita al apoyo de las autoridades de la Universidad para mantener la institución abierta y funcionando. Una institución como Univalle es patrimonio educativo y cultural de la nación y debe permanecer en normalidad académica.
6. Exhorta a los miembros de Sintraunicol para que cumplan los deberes y obligaciones que, tanto la legislación colombiana como la normatividad interna de Univalle les ordenan, y exige que se presten con normalidad todos los servicios, y en especial el servicio de restaurante, de mane ra que los estudiantes, empleados y trabajadores no sigan afectándose en su alimentación, como ha venido sucediendo desde meses atrás.
Cali, 20 de junio de 2017
La Universidad del Valle y el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente-DAGMA invitan a la presentación de los resultados del proyecto interinstitucional "Mejoramiento de la calidad del agua del humedal Charco Azul en el municipio de Santiago de Cali", el 22 de junio en el Centro de Diseño Tecnológico Industrial (calle 72k # 26j - 97) a partir de las 3:00 p.m.
Este proyecto que inició en el 2016 como un esfuerzo institucional conjunto, alrededor de una problemática ambiental de ciudad, para diagnosticar la situación actual del ecosistema asociado al humedal Charco Azul y proponer estrategias para el mejoramiento del mismo, ante las diferentes problemáticas ambientales que dicho cuerpo de agua ha venido enfrentando en los últimos años.
Para el desarrollo del proyecto se contemplaron componentes ambientales, sociales, económicos e institucionales, siendo relevante la participación de la comunidad que reside en la zona aledaña al cuerpo de agua, buscando generar procesos de inclusión y participación en la descripción de la problemática del humedal y en el planteamiento de alternativas de mejoramiento.
El Consejo Nacional de Rectores del Sistema Universitario Estatal, reunido en la ciudad de Bogotá, expresa su enérgico rechazo frente a las amenazas que en contra de su vida e integridad ha recibido el Rector de la Universidad del Valle, Doctor Edgar Varela Barrios.
Preocupa al Consejo Nacional de Rectores que, el Dr. Varela Barrios se convierta en víctima de repetidas amenazas e intimidaciones. En su papel como Rector, no ha realizado acciones diferentes al cumplimiento de su labor en pro del fortalecimiento de la Universidad Pública Colombiana.
Tenemos claro que no son las amenazas ni los improperios públicos la manera de responder las diferencias ideológicas, sino el diálogo y debate académico y argumentado.
El Consejo Nacional de Rectores del Sistema Universitario Estatal solicita a los entes gubernamentales e internacionales el establecimiento de garantías y protocolos de seguridad para preservar la vida e integridad del Doctor Varela Barrios, y reitera la solidaridad necesaria en estos casos. Corresponde a la legislación colombiana y al Estado proteger la actuación de los funcionarios públicos y amparar sus decisiones con respeto y acatamiento, sin perjuicio del derecho al debido proceso.
Bogotá, Junio 13 de 2017
Compilador: Delfín Ignacio Grueso
Los artículos que componen este libro se agrupan en dos secciones. La primera se ocupa de las diversas formas en que la filosofía ha conceptualizado la política, y en contraste con lo que de ella dijeron clásicos como Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes y Marx, introduce reflexiones propias de teóricos de los últimos cien años como Martin Heidegger, Carl Schmitt, Hannah Arendt, Michelet Foucault, Pierre Bordieu, Giorgio Agamben y Slavoj Žižek, entre otros. Particular énfasis se hace en la forma como algunos de estos últimos pensadores han desafiado la tendencia a ver la política esencialmente como convivencia pacífica entre personas libres e iguales o, al menos, igualmente concernidas con el bien común, para en cambio mostrar el nexo que la política guarda con la dominación, el conflicto, la violencia y la guerra.
La segunda sección se ocupa de las condiciones de posibilidad de la democracia, especialmente como democracia deliberativa. Los autores de referencia privilegiados son Norberto Bobbio y Jürgen Habermas y, pensando en la ciudadanía como participación ciudadana en la comunidad política, republicanos como Philip Pittit, Quentin Skinner y Amitai Etzioni, entre otros.
Tomado del periódico EL TIEMPO.
Univalle, conjuntamente con la Universidad del Cauca y la Universidad Pedagógica, buscan hacer su aporte a la paz y el posconflicto con programas ajustados para la vinculación de excombatientes. Estas Universidades definieron una propuesta académica en la cual voceros y mandos de las Farc hicieron sus aportes, y que será presentada el primero de julio en Santander de Quilichao.
A sus 13 años, cuando cursaba sexto grado en una escuela vereda de un municipio de la costa caucana, Yuliana ingresó a las Farc, bajo el mando de Johana, quien a sus 45 años lleva 20 en las filas de la guerrilla y llegó al Cauca en una travesía desde los Llanos.
Es una historia similar a la de Antonio, quien formaba parte de las milicias de las Farc en Medellín, pero ante el poder que impusieron los grupos paramilitares tuvo que dejar su familia y ahora es uno de los mandos en el Cauca.
Para los tres son años en el monte, y en su vida en la guerrilla han conocido de geografía a pie. Al igual que ellos, más de siete mil hombres y mujeres están en proceso de desmovilización dentro de los acuerdos de paz de La Habana, al dejar sus correrías armadas y esperar ahora el inicio de una nueva etapa en su vida.
Es un reto personal y colectivo, pero también para el Gobierno Nacional, autoridades locales y la sociedad. Una tarea en la cual las universidades públicas y privadas, en su aporte de paz en el posconflicto, diseñan estrategias y ofertas académicas dirigidas tanto a exguerrilleros como a miembros de las Fuerzas Armadas y de las víctimas del conflicto.
El rector de la Univalle destaca que la academia en su conjunto tanto en el sector público como el privado buscan hacer su aporte a la paz y el posconflicto con programas ajustados para la vinculación de excombatientes. Univalle tiene experiencia de casi tres décadas: se remonta a la desmovilización del M-19 en 1990 y del Quintín Lame al año siguiente, entre otros grupos insurgentes, con programas de bachillerato, formación profesional, así como en liderazgo con el Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos.
Y desde ya Univalle, conjuntamente con la Universidad del Cauca y la Pedagógica, definieron una propuesta académica en la cual voceros y mandos de las Farc hicieron sus aportes. Esta agenda académica será presentada el primero de julio en Santander de Quilichao, norte del Cauca, una región que ha vivido con intensidad el conflicto y donde se asientan dos zonas veredades de transición.
Adolfo Álvarez Rodríguez, director del Programa Institucional de Paz, en la Univalle, destaca que este fue creado el año pasado por la rectoría con el objetivo de articular esfuerzos para promover la cultura de paz y reconciliación.
“Históricamente, Univalle se ha vinculado al análisis del conflicto, la promoción de derechos humanos, el acompañamiento de víctimas, el trabajo con proyectos de desarrollo y de medioambiente relacionados directa o indirectamente con el conflicto y con la construcción de paz”, señala el docente.
El sociólogo José Joaquín Bayona Esguerra recuerda que “64 excombatientes se graduaron como politólogos especializados en resolución de conflictos, con título profesional; entre otros, Vera Grave y Otty Patiño. Ese grupo dejó la guerra y se dedicó a hacer la paz. Es lo que queremos y se espera con las Farc”.
La Dirección de la Universidad del Valle suscribió acuerdos con la Asociación de profesores Universitarios -Aspu y con el Sindicato Mixto de Trabajadores de las Universidades Públicas Nacionales -Sintraunal, Subdirectiva Cali.
Luego de varios meses de negociaciones, con las organizaciones sindicales, la Dirección los de la Universidad suscribió hoy acuerdos con los representantes de cada uno de sindicatos a través de mesas de trabajo que contaron con la orientación directa del rector Edgar Varela por parte de la Dirección Universitaria, así como de los dirigentes sindicales de cada organización.
Según el profesor Henry Mosquera Abadía, presidente de Aspuv, durante la negociación se acordó la creación del fondo de vivienda para los profesores y mejoras en el bienestar de los docentes, representadas algunas en espacios de lúdica y deporte. Profesores, empleados y directivas universitarias resaltaron el ambiente de respeto y ánimo de concertación que reinó en los procesos de negociación, a pesar de que hubo, como sucede en ocasiones, momentos de tensión y dificultades para el logro de acuerdos.
También se pactó que los profesores que no tienen un nombramiento definitivo, sean contratados directamente por la Universidad y no a través de fundaciones, como solía suceder con las sedes regionales.
El Vicerrector Administrativo Guillermo Murillo Vargas, dijo que “ha sido un proceso de negociación importante desde el punto de vista institucional, creemos que se ha pactado un buen acuerdo que beneficia a los sindicatos y a la Universidad. De igual manera esperamos alcanzar acuerdos con otras dos organizaciones sindicales con las que estamos sosteniendo negociaciones, por tal razón, hacemos un llamado para que podamos avanzar. respetando el ethos del Alma Mater. La dirección Universitaria, en cabeza del rector Edgar Varela Barrios ha trabajado con la mejor disposición para lograrlo”.
“Para los empleados públicos no docentes, representados en Sintraunal fue gratificante culminar esta etapa de negociación en la que se lograron espacios buscados desde hace mucho tiempo y que permitirá que sigan aportando a la Universidad desde sus sitios de trabajo", sostuvo Adriana Herrera, presidenta de la organización sindical.
Luis Carlos Castillo, Secretario General de la Universidad del Valle, se refirió a los acuerdos resaltando que “es una buena noticia para la Universidad que hayamos logrado estos acuerdos, sin embargo, nos faltan otros por alcanzar. Actualmente hay un conflicto con Sintraunicol, la organización más antigua dentro de las agremiaciones sindicales y esperamos que haya sensatez de parte de sus dirigentes para que podamos llegar también llegar a un acuerdo en los mejores términos, porque la posición de la dirección universitaria ha sido siempre mostrarse dispuesta a negociar y llegar a acuerdos que beneficien a los empleados sin que no pongan en peligro la estabilidad financiera de la universidad o impliquen transgredir las normas laborales y administrativas”.

Con el apoyo de la Universidad del Valle, a través del Instituto de Prospectiva, Innovación y Gestión del Conocimiento de la Facultad de Ciencias de la Administración, 117 centros de formación a nivel nacional del SENA, el lunes 12 de junio, iniciaron la jornada de socialización y sensibilización del Sistema Previos a través de la plataforma http://senaprevios.com/
La agenda de la Jornada Nacional inició con la bienvenida de Alexandra Gutiérrez Collazos de la Dirección de Planeación y Direccionamiento Corporativo del SENA, quien explicó la importancia del uso del Sistema.
“Lo más importante del Sistema de Prospectiva, Vigilancia e Inteligencia organizacional del SENA “PREVIOS” es que no sólo permitirá al SENA generar respuestas novedosas y constantes a las dinámicas cambiantes, a nivel nacional e internacional, sino que también nos sirve para la vida” explicó Alexandra Gutiérrez Collazos, Coordinadora Grupo de Planeación Estratégica e Inteligencia Organizacional de la Dirección de Planeación y Direccionamiento Corporativo – SENA.
El coordinador del proyecto y profesor de la Facultad de Ciencias de la Administración de la Universidad del Valle Leonel Leal introdujo el objetivo de la sensibilización y socialización de PREVIOS, en el que comentó que “Frente a la cuarta revolución Industrial, el SENA con PREVIOS se pondrá a la vanguardia del país, para desarrollar nuevas ofertas en cuanto a la formación de las disciplinas que se requerirán en las empresas en el mundo para las próximas décadas”.
Por su parte, el Vicerrector de Investigaciones de la Universidad y fundador del Instituto de Prospectiva, Javier Medina Vásquez, agradeció a la Oficina de Planeación, de Innovación y a la Dirección General del SENA, La oportunidad dada a la Universidad del Valle como su asesor de varios años atrás hasta el momento.
“Como Vicerrector de Investigaciones estoy agradecido, pues el SENA ha catalizado todo el desarrollo del Instituto de Prospectiva, todo el qué hacer, al punto de inspirarnos para entregar mejores resultados. Este Sistema es una manera de devolverle al SENA estas oportunidades de enriquecimiento mutuo que hemos tenido”. Comentó el investigador.
La jornada virtual, incluyó la Importancia del trabajo en equipo para la implementación óptima del Sistema PREVIOS que estuvo a cargo del profesor de la Universidad del Valle, Carlos Alberto Franco, quien recientemente recibió un homenaje por ser gestor de la Especialización en Gestión de Calidad Total y la Productividad.
Con respecto a los componentes del Sistema PREVIOS, la socialización permitió conocer particularmente a través de cada uno de los líderes de los procesos prospectivos del Instituto, el objetivo, el alcance y los resultados que se pueden obtener con la aplicación de alguno de los cinco procesos.
De esta forma, a cargo de la presentación e introducción del equipo estuvo el coordinador de la Unidad de Prospectiva y Vigilancia e Inteligencia Competitiva del Instituto de Prospectiva, Felipe Ortiz, quién aseguró que dicha presentación hace parte de las jornadas de sensibilizzación que se realizaran en todo el país por el Instituto de Prospectiva y el SENA que buscan desarrollar la prospectiva en todos los rincones de la institución”.
El equipo de los procesos del sistema PREVIOS está conformado por:
El cierre de la jornada estuvo a cargo del estudiante ecuatoriano del doctorado en Administración de la Universidad del Valle, Jean Paul Pinto, quien explicó los métodos prospectivos del Sistema PREVIOS y del candidato a doctor en Sociología Luis Felipe Sánchez, quien expuso el plan de acción para la implementación del Sistema PREVIOS mediante el modelo de madurez en PVeIO.
Mayor información: ingresar al sitio web http://senaprevios.com/
Sus políticas educativas, sus programas de apoyo para el desarrollo de estudios de pregrado y posgrado, la oferta institucional universitaria y las posibilidades de adelantar pasantías de investigación hacen de Alemania una excelente opción para llevar a cabo una experiencia de internacionalización académica.
Esa es la conclusión de la charla "DAAD: Oportunidades de estudios y becas en Alemania", que realizaron la Dirección de Relaciones Internacionales de la Universidad del Valle y el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán).
La charla se realizó este jueves 1 de junio, a las 4:00 pm, en la Sala Baena de la Escuela de Ciencias del Lenguaje, Edificio 315, Meléndez.
Los invitados fueron Reinhard Babel, director del DAAD y Andreas Hetzer, representante del DAAD en Cali.
En Alemania, el 95% de la educación es pública, además la educación es gratuita para todos los miembros de la comunidad académica. Como explicó Reinhard Babel, las universidades tienen un vínculo más estrecho con la industria, lo que les permite desarrollar muchos proyectos en conjunto. Los docentes universitarios cuentan con doctorado y posdoctorado y deben haber trabajado cinco años con el sector industrial.
Ambos invitados explicaron que una experiencia de intercambio académico en Alemania permite establecer contactos con investigadores y empresas, en un país que realiza una alta inversión en educación y donde, además, dos tercios de los fondos de financiación de la investigación provienen de las empresas.
El 12% del total de los estudiantes universitarios en Alemania son extranjeros, el DAAD desea que esta cifra aumente.
No es estrictamente necesario hablar alemán para estudiar en este país, pues algunos programas académicos se ofrecen en inglés. Sin embargo, también es posible aprender alemán a través de las convocatorias continuas del DAAD.
Hay cerca de 15 mil programas académicos ofrecidos en alemán y cerca de 1800 en inglés.
Entre los requisitos más comunes para el ingreso a un programa académico de pregrado se encuentra tener un título de bachiller, haber realizado las pruebas Saber 11, realizar un año preuniversitario (StudienKollenge) en Alemania o contar con dos semestres de pregrado, nivel B1 o B2 en alemán –esto según la institución o programa al que se desee aplicar-. Para maestría se requiere título de pregrado y doctorado se requiere título de maestría. Todos estos requisitos pueden variar también dependiendo de la institución a la que se aplique.
El DAAD ofrece 40 programas de becas para estudios en cualquier nivel: pregrado, maestría, doctorado y estadía de investigación. Entre los más comunes se encuentran: IAESTE, programa de prácticas empresariales en áreas como ingeniería, ciencias naturales, agricultura y silvicultura; cursos de verano o invierno para el perfeccionamiento del idioma alemán durante seis semanas; PPGG, becas para maestrías en política pública y buen gobierno; EPOS, posgrados para profesionales de países en vías de desarrollo.
En la página del DAAD se encuentra toda la información disponible relacionada con programas de financiación y becas para realizar estudios en este país, además de la información de todos los programas académicos ofertados, formatos necesarios para la aplicación, así como información de interés general.
Por: Alejandro José López
Docente de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.
1
No sabría explicarlo a satisfacción. Dedico mis días al infatigable sortilegio de interpretar las letras que otros han escrito y al extravagante oficio de trazar las mías propias. Sospecho que en el primer asunto es inevitable incurrir en frecuentes tergiversaciones y que, en el segundo, resulta casi imposible juntar dos palabras con acierto y armonía. Y sin embargo ―a vicio de insistir―, me corren ya tantos años en estas inquisiciones que han terminado convirtiéndose en mi destino. Soy muy consciente de lo que significa haber crecido entre libros, en una casa donde siempre se honró la literatura; pero esta mezcla de alborozo y de recóndito martirio que me produce el ejercicio de las letras tiene para mí el valor de una inclinación misteriosa. ¿Por qué me duele tanto esto que al mismo tiempo me gratifica y me embriaga? Quizá ni debería planteármelo y seguramente jamás llegaré a comprenderlo. Sé que ha habido autores declaradamente felices con su vocación, de modo que se permitieron agudezas contra “las agonías de la creación” ―así lo hizo E. M. Forster―. Hay otros que fueron verdaderos ascetas de la escritura y que pregonaron su padecimiento tanto como les fue posible ―ése es el caso del gran Flaubert―. Desde luego, jamás podría alinearme en ninguno de estos bandos, junto a escritores tan admirables. Ambos signos me atraviesan.
Dicho esto, no descarto la opción de proseguir hacia una afirmación categórica. La cualidad primera de una obra literaria es la sinceridad. No hay pericia técnica ni destreza estructural capaz de redimir un embuste de su infame condición. Todo lo contrario: cuanto más se insista en encubrirlo, más evidente será un truco; cuanto más se procure maquillarlo, más chapucero se hará el artificio. A lo largo de los siglos, la literatura ha estado ligada a la revelación, a la iluminación de las más profundas regiones del alma; allí radica su trasfondo místico, allí su perdurabilidad. Y dado que hay aspectos de la naturaleza humana que sólo pueden inquirirse literariamente, resulta imperativo para el escritor adentrarse en esos abismos, tener el coraje de honrar su propio talento apelando a toda su capacidad para ser sincero. Los demás caminos tienen apenas el valor de lo accesorio, de lo anecdótico. Sabemos que nuestro tiempo, sin embargo, ha convertido la tergiversación en su distintivo primordial; por esta ruta ha hecho del éxito, precisamente, el mayor de sus fetiches. De esta suerte, poco importa ya que una obra sea reveladora; basta con que tenga la capacidad de entretener, de recrear masivamente. Con el autor pasa otro tanto: lo fundamental ahora es que sea públicamente un escritor. Aunque no escriba.
No quisiera dejar a vuelapluma esto que he planteado. Aquello que es divertido no tiene por qué ser obligadamente insulso, o baladí. Por otra parte, la potencialidad de generar interés y fruición resulta siempre deseable en cualquier obra literaria. Nadie podría negar que dicha condición le amplía sus posibilidades de acogida entre el público lector. Con todo, lo que me interesa destacar es una cuestión que el vértigo editorial de nuestra época se empeña en eclipsar: la literatura es mucho más que esparcimiento. No ignoro, desde luego, que la noción de lo que se da por divertido varía de un momento histórico a otro; tampoco asumo que al interior de determinado periodo haya un modo único de concebir el hecho literario. Lo que afirmo es que vivimos un tiempo en el cual predomina cierta idea en nuestros entornos culturales; según ésta, la literatura ha de poder insertarse, sin reparos considerables, en la industria del entretenimiento. Tal es el ámbito que naturalmente le ha reservado la sociedad contemporánea. De esta manera, la facultad de divertir dejó de ser para el escritor una eventualidad entre otras posibles y se convirtió en la mayor de sus exigencias. Y si sólo aquello que entretiene posee vocación de éxito en la perspectiva de esta industria, se comprende que la diversión haya acabado entronizándose como nuestro valor estético por excelencia.
No pretendo, al decir esto, hacer una insensata apología del aburrimiento. Sólo quiero recordar que la vida está ahí; es decir, que la muerte sigue ahí. Podemos dar la espalda a los sepulcros e imaginar un mundo donde el dolor no existe. Sabemos, no obstante, que un propósito así concebido interpreta de forma tramposa la realidad de nuestra existencia. Esta época en que vivimos ―tan adepta a los finales felices― prefiere en todo caso dulcificar cualquier desenlace para evitarle aflicciones al lector. Y se entiende: la industria del entretenimiento lo ha convertido en un cliente al que es preciso complacer a cualquier costo, incluso el del engaño. Pero escribir literatura significa todo lo contrario, dado que está en su naturaleza la vocación de indagar, de penetrar en nuestra experiencia vital tan profunda y sinceramente como sea posible. Sólo invocando la más rotunda perspicacia puede una obra devenir en conocimiento. No hablo de negar la concurrencia de la alegría entre nuestros itinerarios temáticos, sino de mantener presente que su contracara nos acecha; no se trata de proscribir la felicidad como un asunto fundamental, sino de incorporar su condición transitoria. Voy a decirlo sin más: no abogo por una visión oscura del mundo, sino por una que intente comprender el dolor y la fiesta.
2
Me gustaría recordar ahora un par de expresiones dichas por Katherine Porter y Truman Capote. Presumo que ambas apuntan a una sola idea y sospecho que ésta se encuentra en la propia base de la escritura literaria. Alguna vez ―refiriéndose a sus años de aprendizaje―, la señora Porter habló de aquellos primeros tres lustros en que estuvo escribiendo sin tregua pero negándose a publicar: “Pasé quince años aprendiendo a confiar en mí misma”, dijo. El excéntrico Truman, por su parte, cuando fue inquirido acerca de su relación con los críticos literarios, afirmó: “Creo, más que nada, en el endurecimiento contra la opinión ajena”. Para nombrar esa autoconfianza, esa fortaleza ante los otros, yo utilizaría la palabra criterio. Y pienso que para un escritor el criterio es tan primordial como el talento, pues sólo quien lo posee y ha sabido fortalecerlo en el transcurso de su vida alcanza la capacidad para nadar a contracorriente. Esto es algo ineludible. Aquél que se propone complacer a todo el mundo, se malogra; así, el escritor que desecha su criterio naufraga en el océano de los requerimientos ajenos y acaba siendo devorado por el monstruo de la veleidad. Entre las innumerables rutas que conducen al desastre, ésta es la más indigna de todas, puesto que implica la traición de sí mismo.
Pero tener criterio no significa ser autocomplaciente. Un escritor de carácter sabe que, si aspira al arte, ha de exigirse hasta el límite de sus posibilidades. Sin embargo, con demasiada frecuencia vemos cómo se confunden criterio y vanidad. En la medida en que lo lleva a suponer que una obra es valiosa por su mera procedencia, por su propia firma, la vanidad estropea al escritor. Muy por el contrario, hacerse de un criterio literario implica recorrer ―en condición de lector― el arduo aprendizaje que la tradición cultural nos ofrece. Pongámoslo en estos términos: cuando un autor se propone la aventura de la novela, necesita saberse custodiado por Don Miguel, por Laurence, por Charles, por Honoré, por Gustave, por León, por Don Gabriel. A través de compañías como éstas le será dado comprender que es preciso dejarse de engreimientos y escaldarse ante cada página que se acomete. No se escala el Everest de un día para otro y es muy probable, incluso, que uno perezca en el intento. A eso hay que estar dispuesto. En tal sentido, William Faulkner decía: “Un artista debe poseer objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto”. Llevadas a este punto, las nociones de vanidad y de criterio acaban siendo antagónicas: la vanidad es relajamiento del espíritu; el criterio, ferocidad.
Intuyo que la distancia entre estos dos términos es tan grande como la que existe entre el capricho y la voluntad. Aunque ambas ideas se encuentran ligadas al hecho de querer algo, de anhelarlo, hay un abismo entre estas dos maneras de ambicionar. Dicha diferencia resulta capital en el trabajo del escritor. Dado que el capricho está en la epidermis del deseo ―en la zona más externa―, su carácter se revela tornadizo y voluble. Por esta vía ningún autor logrará jamás conquistar una voz propia, pues quien la sigue sucumbe a la inconstancia y a los ruidos del entorno. La voluntad, en cambio, se manifiesta en la determinación, en la capacidad de un escritor para entregarse a sus fantasmas, para perseverar en su particular sentido del lenguaje y disponerse a perfeccionarlo según sus parámetros más personales. Aquí es donde la capacidad de nadar a contracorriente se vuelve fundamental. Aquél que obedece modas temáticas, que acoge tendencias expresivas y genéricas posiblemente llegue a ser un escritor exitoso; pero un autor es otra cosa. Y nadie llega a serlo sin una íntima visión del mundo, sin una concepción del lenguaje tan suya como el timbre de su voz o su huella dactilar. Llamamos autor al sujeto de un prodigio: aquél a quien le ha sido dada la capacidad de legarnos obras perdurables.
Estas manifestaciones en favor de la individualidad del autor no son una invitación a ponerse de espaldas ante el lector. Sin duda, para un escritor resulta provechoso tomar en cuenta los modos en que lee la sociedad de su momento ―sobre todo si vive de vender sus obras―. Pero la decisión de comunicarse con su tiempo no involucra la firma de un armisticio. La categoría de autor es incompatible con el pusilánime trance de la claudicación; de allí se desprende que el fetiche del éxito, invariablemente, resulte nocivo. En nuestra época, más que nunca, el mundo de la edición se encuentra infestado de mercachifles, de sujetos sin ningún arraigo en la tradición cultural. Lo único importante ahora es facturar, lo cual ha hecho que el campo literario se enrarezca hasta lo indecible. Todos andan enloquecidos ―escritores, editores, libreros, internautas― buscando la receta exitosa, la clave del portento capaz de convertir sus libros en la mercancía perfecta. Sin embargo, haría falta mirar hacia atrás, hacia tantos siglos que nos anteceden, para recordar un principio de apuño: la literatura es el reino de la excepción. Cada autor ha de crear sus particulares modales expresivos, sus propios itinerarios temáticos, sus privativas maneras de interpelar al lector. Para ello se tiene a sí mismo: sinceridad, criterio y voluntad.
3
Nunca me gustó la idea del escritor asumido como genio. La siento descasada y soberbia. Prefiero, en todos los casos, la concepción del artesano. Hay en ésta un entrañable hálito que define la relación entre la persona y los materiales que procesa. Y entiendo que únicamente de un contacto así ―amoroso y profundo― podría surgir el milagro; es decir, una obra de arte. El escritor se hace la vida con una esmerada observación de la existencia, con una indeclinable aplicación al trabajo de la palabra. A ello necesita destinarse con la tranquila firmeza del ceramista y con la infinita delicadeza del orfebre, pues no hay atajos posibles en el arte. Quizá sea éste el motivo por el cual pululan tantos equívocos al hablar de la técnica. Los principiantes se envanecen cuando la dominan; entonces, seguros de haber conquistado la cifra secreta, se dedican a exhibir su virtuosismo. Sin embargo, a pesar de la tremenda importancia que posee, la técnica ni es el principio ni es el camino. Una vez aprendida, más vale guardarla en un sitio remoto de nuestra memoria. Ya emergerá de forma espontánea durante el proceso de cada obra en particular, puesto que su función es la de aportar recursos ante las dificultades propias del trabajo creativo. En la literatura ―en el arte―, a la técnica le corresponde el valor de un insumo.
Lo propio sucede con la admiración por los grandes maestros. Leerlos resulta indispensable por motivos de aprendizaje, pero riesgoso por razones de idolatría. Una cosa es admirarles y otra, muy distinta, acatarlos. A lo largo de la historia, ningún epígono ha llegado a componer una obra emblemática. Digámoslo de este modo: dado que nada importante ha sido hecho en literatura sin una altísima dosis de coraje y una fuerte propensión a la desobediencia, cada autor tiene la obligación de inventarse, de cometer auténticos errores hasta consolidar sus verdaderas capacidades. No pretendo sugerir que alguien pueda saltarse impunemente el arduo magisterio de los clásicos. Bien lo señaló T. S. Eliot: “Siempre me ha parecido desaconsejable violar las reglas antes de aprender a observarlas”. Lo que sostengo es más bien otra cosa. Quien se empeña en seguir rutas ajenas prueba, en ello justamente, su falta de carácter. ¿Y cómo puede alguien que no confía en sí mismo proponer una interpretación de la vida? ¡Imposible! ¿Y qué decir del estilo si bien sabemos que éste es personal e intransferible? ¡Quimérico! En cualquier caso, quien emprende el camino del arte vivirá siempre una paradoja. De una parte, estudia y admira las obras maestras; de otra, combate con ellas y se reta a superarlas.
Pero, entonces, ¿cuál sería el principio motor que rige a quien escribe? Recordemos aquellos versos breves y contundentes de Emily Dickinson: “Joven ateniense: sé fiel a ti mismo y al misterio. / ¡Todo lo demás es perjurio!”. Hay en el corazón de todo artista una verdad que ha de ser indagada y que reclama ser dicha. El autor lo sabe intuitivamente y por eso le urge expresarse. Sabe también que nada podría servirle de bálsamo ante aquella certeza que le atormenta, excepto la realización de su obra. Y lo tiene claro: sólo cuando la haya concretado, su alma conocerá el sosiego. El gran Stendhal utilizaba la palabra egotismo ―la manía de hablar de sí mismo― para referir el fundamento primordial de su narrativa. Resulta revelador que él precisamente, considerado uno de los maestros realistas, haya afirmado: “Toda mi vida vi mi idea, no la realidad”. Con todo, después de que el trabajo esté hecho, una paradoja nueva surge ante nuestros ojos. El mayor logro alcanzable en los terrenos del arte se conquista cuando la persona es completamente eclipsada por su creación, como sucedió con Homero y con Shakespeare. En su momento, François Mauriac lo planteó sin eufemismos, sin concesiones: “Lo más raro en literatura, y el único éxito, es que el autor desaparezca y su obra permanezca”.
No obstante, el autor vive su destino con absoluta pasión y entiende, sin ambages, que es el único doliente de su obra. Este vínculo esencial y la devoción con que se entrega a su oficio es lo que usualmente denominamos vocación. No dudo al aseverar que esta forma extraordinaria de felicidad pertenece a la categoría de lo misterioso, pues no creo posible explicar esa atracción irrevocable que gobierna la existencia de una persona. Octavio Paz resaltaba el carácter práctico de dicha atracción, insistía en que siempre se encuentra orientada hacia un hacer. Y es cierto ―podemos constatarlo―: el producto de este hacer es la obra. Según Paz, “la vocación nos dice: tú eres lo que haces”. No quisiera cerrar aquí pasando por alto una honda implicación de este asunto, la cual es inherente a la condición del autor. Nadie que genuinamente lo sea podría supeditar la relación con su arte a los mandatos sociales. Toda vocación define un modo de estar en el mundo. Aunque en otras esferas de la vida pueda considerarse la escritura como una profesión ―con horarios y rutinas―, para el escritor de carácter esto es impracticable. Escribe mientras vela y mientras sueña. Escribe al cantar y al sollozar. Escribe en la opulencia y en el hambre. Escribe cuando riñe y cuando ama. En definitiva, escribe en el dolor y escribe en la fiesta.
Texto publicado originalmente en la revista de la Fundación Hispanoamericana.
Del 30 de junio al 1 de Julio la Universidad del Valle abrirá las puertas de La Carpa de Melquiades, al público caleño y vallecaucano, con 40 muestras y más de 15 experimentos con los que jóvenes y adultos podrán interactuar, aprender, jugar, experimentar y descubrir el grandioso universo de la ciencia.
La carpa, ubicada en la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, contigua a la Biblioteca Mario Carvajal del Campus de Meléndez, estará abierta al público, en jornada contínua, en los siguientes horarios, viernes 30 de junio desde las 8:00 a.m. a 6:00 p.m. y sábado 01 de julio de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. El ingreso a la Carpa es gratuito.
Con los años, la investigación convirtió la alquimia en ciencia, pero ahora, igual que entonces, seguimos como los habitantes de Macondo, asombrándonos con el universo de posibilidades que nos devela la ciencia.
Hace 17 años la Universidad del Valle viene abriendo La Carpa de Melquiades, una actividad de extensión que, además de homenajear a nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, busca desarrollar la curiosidad científica de niños, jóvenes y adultos a través de experimentos, exposiciones biológicas y juegos mentales en 4 áreas del conocimiento científico: Biología, Física, Química y Matemáticas.