No es ficción ni descuido
Por: Laura Sofia Rodríguez Pulecio
Docente Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación (EISC)
Grupo de Mujeres STEM - Facultad de Ingeniería
Las deepfakes ya no pertenecen al terreno de la ciencia ficción ni del entretenimiento digital. Hoy son una tecnología utilizada para ejercer violencia, principalmente contra mujeres y niñas, con consecuencias reales, profundas y duraderas. Lejos de ser un problema marginal o anecdótico, se trata de una forma contemporánea de violencia de género que opera en entornos digitales pero impacta la vida material, emocional, laboral y académica de las víctimas. Frente a este escenario, la pregunta no es menor: ¿quién garantiza los derechos de las víctimas?
Las deepfakes son contenidos audiovisuales —imágenes, audios o videos— creados o manipulados mediante inteligencia artificial, en particular a través de técnicas de aprendizaje profundo. Estos sistemas analizan grandes volúmenes de datos visuales y sonoros disponibles en internet para imitar rostros, cuerpos y voces con un alto grado de realismo. De manera general, funcionan a partir de la interacción de dos componentes: uno que genera contenido falso y otro que intenta distinguirlo del contenido real. En este proceso competitivo, el resultado final puede volverse casi indistinguible de lo auténtico.
Uno de los aspectos más preocupantes es que no se requiere material íntimo previo para producir este tipo de contenidos. En muchos casos, basta con una fotografía pública: una imagen en redes sociales, en una página institucional o incluso en un perfil profesional de LinkedIn. Esto desmonta uno de los mitos más dañinos que rodean estas violencias: la idea de que la víctima “hizo algo” para provocarlas. ¿De qué se les va a culpar ahora, de tener una foto de perfil? Como advierten Lazard et al. (2025), el riesgo no es solo la falsificación en sí, sino la erosión de la noción de verdad: cuando una imagen “parece real”, la duda deja de recaer sobre la tecnología y se traslada a la mujer que intenta demostrar que no lo es.
La evidencia académica es clara: algunos autores explican que el 90% de las imágenes generadas por la IA son de carácter sexual y afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas (Laffier & Rehman, 2023; Lazard et al., 2025). Sus impactos son múltiples, acumulativos y profundamente desiguales. A nivel psicológico, generan miedo, ansiedad, vergüenza, culpa, autocensura e incluso puede llegar a tener efectos estéticos en las victimas. En el plano social y reputacional, producen descrédito, aislamiento y daños severos a la vida académica y laboral. A nivel institucional, se suman el temor a la revictimización y la impunidad.
Desde su perspectiva, Akter y Ahmed (2025) señalan que estas violencias operan como mecanismos de control y silenciamiento que expulsan a las mujeres del espacio digital y del espacio público. Frente a estos daños, aún persiste una pregunta profundamente injusta que circula en la opinión pública: “si no es su cuerpo real, ¿cuál es el problema?”. La respuesta es clara: el daño no reside solo en el cuerpo, sino en la violencia simbólica, social y estructural que se ejerce cuando se fabrica una mentira creíble para disciplinar, humillar o silenciar. Por eso, la pregunta que muchas víctimas se hacen no es “¿por qué lo hizo?”, sino “¿me van a creer?”.
Los casos recientes evidencian la magnitud del problema. En México, el caso de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional marcó un precedente regional. Un estudiante utilizó inteligencia artificial para crear imágenes sexuales falsas de sus compañeras a partir de fotografías públicas. La respuesta institucional fue revictimizante, inadecuada y lenta, y el proceso judicial evidenció un profundo desconocimiento tecnológico y ausencia de enfoque de género. A la fecha, no se le ha imputado directamente el delito de creación de deepfakes, al no poder demostrarse que las produjo más allá de tenerlas en su dispositivo. Aunque el agresor permanece detenido por pornografía infantil, lo que abre una reflexión inquietante: si estos casos se relacionan pero la ley no está siendo suficientemente efectiva para proteger a las mujeres?
En España, lo ocurrido en Almendralejo afectó a decenas de niñas cuyas imágenes fueron sexualizadas digitalmente a partir de fotos comunes, con impactos inmediatos en su bienestar y su vida escolar. Incluso mujeres con enorme visibilidad pública han enfrentado escenarios similares: en 2024, las imágenes falsas de Taylor Swift circularon masivamente antes de ser retiradas, y situaciones parecidas han ocurrido con Rosalía, sin que se conozcan sanciones contundentes contra quienes crearon y difundieron el material. La pregunta es inevitable: si ni siquiera las mujeres más famosas logran justicia rápida y clara, ¿qué pueden esperar las mujeres y niñas que no cuentan con esa visibilidad ni con esos recursos?
En Francia, el allanamiento de las oficinas de X (antes Twitter) abrió un debate internacional sobre la responsabilidad de las plataformas tecnológicas. La investigación incluye la difusión de deepfakes sexuales y el papel de Grok, la inteligencia artificial integrada en la plataforma. Este caso deja una pregunta incómoda pero inevitable: ¿qué ocurre cuando las propias empresas tecnológicas facilitan, directa o indirectamente, estas violencias? Y, más aún, ¿hasta dónde debe llegar la regulación de las empresas tecnológicas cuando sus herramientas amplifican daños estructurales? Aunque las plataformas tienen una responsabilidad ineludible en la prevención, detección, cooperación con la justicia y el diseño ético de la tecnología, la evidencia muestra que no actúan con la diligencia necesaria y que, con frecuencia, priorizan el lucro sobre los derechos.
Existen marcos legales que intentan responder a este fenómeno, como la Ley Olimpia en México o las regulaciones europeas y coreanas emergentes. En Estados Unidos, se han presentado iniciativas como el proyecto de ley Disrupt Explicit Forged Images and Non-Consensual Edits Act (DEFIANCE Act), aunque esta legislación aún no se ha convertido en ley federal vigente. La mayoría de las leyes llegan tarde, se enfocan en la difusión y no en la creación del contenido y no contemplan la responsabilidad algorítmica.
En Colombia, en julio de 2025 se aprobó la Ley 2502, que introduce un agravante penal cuando la suplantación de identidad se comete usando inteligencia artificial, lo que abarca expresamente las deepfakes. No obstante, aún no existe una ley que tipifique de manera específica la creación o difusión de deepfakes sexuales o íntimos no consensuados como un delito autónomo. Hasta ahora, no hay casos judiciales con condenas explícitas por deepfakes en Colombia. Como señalan Laffier y Rehman (2023), el resultado es que la carga probatoria vuelve a recaer sobre las víctimas, reforzando el miedo a la revictimización y la sensación de impunidad.
Este escenario interpela de manera directa a las instituciones educativas, científicas y formadoras de talento. Primero preguntarnos si nuestros protocolos están preparados para enfrentar violencias mediadas por inteligencia artificial? Pero también es necesario revisar qué tipo de inteligencia artificial estamos enseñando, con qué valores y desde qué marcos éticos. ¿Estamos formando profesionales capaces de desarrollar y usar IA con responsabilidad social, enfoque de derechos humanos y perspectiva de género, o únicamente perfiles técnicos entrenados para optimizar modelos sin cuestionar sus impactos? No solo en ingeniería de sistemas, electrónica o desarrollo de software, sino también en programas como derecho, comunicación y gestión pública. La formación en inteligencia artificial no puede limitarse a aspectos algorítmicos o de eficiencia computacional. Incorporar la ética no debe ser un módulo aislado ni opcional, sino un eje transversal. Enseñar IA con enfoque de género e interseccional implica analizar cómo los datos reproducen desigualdades, cómo los modelos amplifican sesgos y cómo ciertas tecnologías pueden convertirse en herramientas de control, exclusión o violencia. También exige discutir quiénes quedan fuera del diseño tecnológico y quiénes cargan con los riesgos cuando las cosas fallan.
Por otro lado, nuestros comités de ética de la investigación ya se están haciendo estas preguntas? ¿Se evalúan impactos diferenciados por género, raza, etnia u orientación sexual? ¿Se diseñan prototipos libres de sesgos? ¿Se consideran los riesgos específicos para mujeres y otros grupos históricamente marginados? ¿La investigación contribuye a reducir brechas o por el contrario, las profundiza? La pregunta de fondo no es solo si nuestras investigaciones son técnicamente sólidas, sino si contribuyen a reducir brechas o si, por el contrario, están profundizando violencias y desigualdades históricas bajo el discurso de la innovación.
Al final, la discusión es sobre derechos fundamentales: el derecho a la dignidad, a la intimidad, a la reputación, a la verdad y al acceso a la justicia. y quien los garantiza ¿Las leyes? Aún son insuficientes. ¿Las plataformas? Han priorizado la innovación y el lucro. ¿Las instituciones? No estamos listas. Mientras la pregunta siga siendo qué hizo la víctima y no quién permitió el daño, las deepfakes seguirán siendo una herramienta de violencia contra mujeres y niñas.
Frente a este panorama, es urgente ampliar la conversación pública y académica. Las deepfakes no son un problema técnico aislado: son una expresión contemporánea de violencias estructurales que encuentran en la inteligencia artificial un nuevo amplificador. Para profundizar en estas discusiones, invito a escuchar el podcast Mi cara pero no mi cuerpo de El Hilo, que aborda el caso de deepfakes en México y sus impactos en la vida de las mujeres, visibilizando testimonios, vacíos legales y responsabilidades institucionales. Asimismo, se recomienda la lectura del artículo de la profesora Laura Rodríguez y el profesor Óscar Bedoya (EISC), que analiza técnicas de inteligencia artificial para la detección de ciberacoso en la plataforma X, aportando una mirada crítica sobre el rol de los algoritmos, lo que sí se puede hacer y podrían hacer las plataformas si quisieran y los límites reales de la tecnología para proteger derechos.
Hablar de deepfakes no es hablar del futuro. Es hablar del presente. Y de qué tan dispuestas están nuestras sociedades, instituciones y plataformas a garantizar los derechos de mujeres y niñas en la era de la inteligencia artificial.
Referencias
Akter, M. S., & Ahmed, P. (2025). The emergence of AI-generated deepfakes as a new tool for gender-based violence against women: A brief narrative review of evidence and the implications of the techno-feminist perspective. feminists@law, 13(2).
Laffier, J., & Rehman, A. (2023). Deepfakes and harm to women. Journal of Digital Life and Learning, 3(1), 1–21.
Lazard, L., Capdevila, R., Turley, E. L., Gilfoyle, K., & Stavropoulou, N. (2025). Deepfake Technology and Gender-Based Violence: A Scoping Review. Trauma, Violence, & Abuse. https://doi.org/10.1177/15248380251384271
La Universidad del Valle exaltó la trayectoria académica, el rigor científico y el compromiso social de 199 docentes que alcanzaron las máximas categorías de investigación en la Convocatoria Nacional de Medición 2024 de Minciencias.
Durante el evento, que se llevó a cabo este viernes 6 de marzo de 2026, se destacó de manera especial las vidas de las y los investigadores Eméritos, quienes durante décadas se han dedicado a la generación y consolidación del conocimiento científico, tecnológico y humanístico en el país.
Entre los exaltados como Investigadores Eméritos se encuentran docentes emblemáticos como Álvaro Zapata Domínguez (Administración), Jaime Ricardo Cantera Kintz (Biología), Silvio Delvasto Arjona (Ingeniería), Fernando Urrea Giraldo(Facultad de Ciencias Sociales y Económicas) y Gladys Eugenia Canaval Erazo (Facultad de Salud), Delfín Ignacio Grueso Vanegas (Facultad de Humanidades) cuyas trayectorias representan el pilar fundamental de la investigación de la institución.
“Lo que nos reúne hoy es un reconocimiento a la excelencia académica, tanto más valioso porque viene de un riguroso proceso adelantado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación, en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación-2024. Es una clasificación externa que valida la calidad interna y coloca en una posición de máxima categoría a los grupos de investigación que nos acompañan,” señaló el rector en su intervención.
“Con esta reunión queremos destacar que la investigación es la columna vertebral de la Universidad del Valle y que el poder transformador de la academia viene de la disciplina, visión y compromiso de nuestros profesores”, agregó el directivo universitario.
Asimismo, se reconoció la labor de 165 Investigadores Sénior, líderes que con su disciplina y ética proyectan a la Universidad hacia nuevos horizontes científicos en áreas que van desde las artes visuales hasta la medicina de alta complejidad. Entre los destacados en esta categoría estuvo el rector de la institución, el profesor Guillermo Murillo Vargas del Grupo de Investigación en Marketing, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Administración.
Durante el acto, se enfatizó que estos logros no son solo cifras en un escalafón, sino una muestra de la dedicación y compromiso significativo al fortalecimiento de la ciencia en la región y el país.
Mujeres investigadoras
Un capítulo especial en esta gala lo protagonizaron las investigadoras de la Universidad del Valle. Con un total de 39 mujeres exaltadas en las categorías de mayor prestigio, la institución celebra no sólo el rigor académico, sino la ruptura de techos de cristal en campos históricamente masculinos. Estas docentes no solo encabezan el desarrollo científico de alto impacto, sino que son mentoras para las nuevas generaciones de investigadores.
El máximo reconocimiento vitalicio de Investigadoras Eméritas fue otorgado a cinco científicas cuya labor ha transformado sus facultades. Se destacó la impronta de Gladys Eugenia Canaval Erazo (Enfermería), Martha Lucía Vásquez Truissi (Enfermería). Cristina María del Socorro Ramírez Toro(Ingeniería de Alimentos), Ayda Rodríguez de Stouvenel (Ingeniería de Alimentos) y Ruby Mejía Rentería (Ingeniería de Materiales)-
“Es un gran honor para mí como mujer, profesional, profesora de la Universidad del Valle e investigadora del Grupo Materiales Compuestos haber sido reconocida como Investigadora Emérita por parte del Ministerio de Ciencias y Tecnología. Es un reconocimiento a una trayectoria de muchos años. Llevo 52 años vinculada a la institución, primero como estudiante, luego como docente en 1974, donde pude desarrollar mis estudios de posgrado y crear y liderar un grupo de investigación. Tengo el orgullo de mencionar que el grupo se ha mantenido en categoría A1, la máxima clasificación de Minciencias por cerca de 15 o 20 años. Todo eso se ha logrado, por un lado no solo por mi dedicación y vocación, sino por la gran cantidad de jóvenes estudiantes que se han vinculado al grupo,” destacó la profesora Ruby Mejía de la Escuela de Ingeniería de Materiales de la Facultad de Ingeniería.
En el nivel de Investigadoras Sénior la participación fue para 33 científicas, destacándose en diferentes áreas del conocimiento. Algunas de las docentes que recibieron esta distinción son: Sandra Johana Silva Cañaveral (Dpto. de Artes Visuales y Estética), Mónica García Solarte (Dpto. de Administración y Organizaciones), Alba Marina Torres González, Inge Armbrecht de Peñaranda y Lorena Cruz Bernate (Dpto. de Biología), Katherine Gross (Dpto de Física), Diana Marcela Jiménez Restrepo (Depto. de Economía), Lyda Elena Osorio Amaya y María Isabel Gutiérrez (Escuela de Salud Pública).
Otras de las investigadoras son Mercedes Salcedo Cifuentes (Escuela de Bacteriología y Laboratorio Clínico), Adriana Patricia López Valencia, Andrea Pérez Vidal, Carmen Rosa Forero Amórtegui, Irene Vélez Torres, Irma Janneth Sanabria Gómez, Martha Constanza Daza Torres y Patricia Torres Lozada (Escuela de Ingeniería de los Recursos Naturales y del Ambiente).
En la Facultad de Humanidades, está la investigadora sénior Karen Shirley López Gil (Dpto. de Lingüística y Filología). Por su parte, en la Facultad de Psicología sobresale la labor de las profesoras Fátima Díaz Bambula y Mónica Roncancio Moreno.
La representación de Regionalización
El profesor Mauricio Quintero Ángel, docente de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Seccional Palmira, hizo parte de los docentes que recibieron reconocimiento como investigador senior de la Universidad del Valle.
Del mismo modo, Grupo de Investigación Sistemas Socio-Ecológicos Sustentables - SISOS de la Seccional Palmira recibió una distinción por su clasificación en categoría A1 de Minciencias. Esto es reflejo del proceso de fortalecimiento del componente investigativo en las sedes y seccionales.
Grupos de investigación de liderazgo internacional
La jornada de reconocimientos también fue para los 79 grupos de investigación clasificados en categorías A1 y A, reflejo de una producción científica de alto impacto y una contribución sostenida a la producción de conocimiento en el suroccidente colombiano.
Las categorías A1 y A son el "sello de alta calidad" que Minciencias otorga únicamente a los equipos de investigación que demuestran producción científica constante, cooperación con universidades en el extranjero y alta capacidad de formar nuevas generaciones (estudiantes de doctorado y maestría).
Entre los grupos que alcanzaron la máxima categoría (A1) se destacan:
-Grupo de Investigación en Marketing.
-GIPAB - Ingeniería de Procesos Agroalimentarios y Biotecnológicos.
-AVISPA - Ambientes Visuales de Programación Aplicativa.
-Neurociencias y Psicología Clínica.
Centros e Institutos de Investigación, también reconocidos
Además, se celebró el reconocimiento, por parte de Minciencias, del Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) y del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (INCIMAR) como actores vitales del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología durante el período 2024-2029. En el concepto del Ministerio, estos centros e institutos de investigación cumplen con la definición de ser una “organización pública, privada o mixta independiente que tiene como misión institucional desarrollar diversas actividades de investigación (básica o aplicada), con líneas de investigación declaradas y un propósito científico específico” ,de acuerdo con lo establecido en la Política de Actores del sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Esos dos centros reconocidos hacen parte del listado de cuatro institutos y cinco centros de investigación que posee actualmente la Univeresidad. El reconocimiento de estas estructuras organizacionales por parte de Minciencias es fruto de la puesta en acción de lo consignado en la misión institucional, donde la generación de conocimiento en las ciencias, las artes y las humanidades se configuran como una razón de ser.
Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle, profesor Guillermo Murillo Vargas durante el evento de reconocimiento a investigadores y grupos de investigación clasificados en las máximas categorías en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación-2024
Lo que nos reúne hoy es un reconocimiento a la excelencia académica, tanto más valioso porque viene de un riguroso proceso adelantado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación, en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del sistema de ciencia, tecnología e innovación-2024. Es una clasificación externa que valida la calidad interna y coloca en una posición de máxima categoría a los grupos de investigación que nos acompañan.
Con esta reunión queremos destacar que la investigación es la columna vertebral de la Universidad del Valle y que el poder transformador de la academia viene de la disciplina, visión y compromiso de nuestros profesores.
Bien vale la pena recordar algunas cifras del informe de gestión de 2025 que será entregado en los próximos días dentro de nuestra obligación de rendir cuentas a la sociedad. Al cierre del año la Universidad contaba con 261 grupos de investigación activos, distribuidos en las diez facultades y el sistema de regionalización. En la Convocatoria 957 de 2024 de Minciencias fueron clasificados 205, 79 % del total. En cuanto a la distribución por categorías, la categoría C concentra el mayor número (33,7%), seguida de la categoría A (25,9%), la categoría B con 45 (22%), la categoría A1 con 26 (12,7%) y 12 grupos reconocidos (5,9%). Es un sistema de investigación equilibrado, con una presencia destacada en las categorías de mayor nivel y una base amplia en procesos de fortalecimiento y consolidación.
Detrás de esas cifras está el talento humano que las hace posibles: de los 948 profesores nombrados, 449 son investigadores que cuentan con categorización en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación: 165 como sénior, 94 como asociados y 190 como junior. Adicionalmente, la Universidad cuenta con 34 investigadores eméritos, de los cuales 8 fueron reconocidos en esta convocatoria.
En cuanto a la generación de conocimiento existen 355 proyectos activos, 162 proyectos finalizados y 625 productos generados. La Universidad cuenta hoy con 98 patentes (70 nacionales, 28 internacionales), 27 patentes en solicitud (26 nacionales y 1 internacional), 22 diseños industriales (20 concedidos, 2 en proceso), 31 marcas (30 concedidas, 1 en proceso) y 66 registros de software.
El conjunto de estos datos revela que la Universidad es un actor clave en el ecosistema de CTI del país. Una fuerza formidable de generación de conocimiento como bien público, con pertinencia social, con impacto nacional e internacional y con capacidad para transformar el territorio. Como universidad pública aportamos el valor estratégico de la investigación para construir un mundo mejor.
Imposible no hacer en esta ocasión un reconocimiento especial a los investigadores senior y eméritos, quienes en desarrollo de sus carreras han construido escuela, han sido factor determinante en la formación de nuevas generaciones de investigadores y han escrito un capítulo central en nuestros ochenta años de historia.
Es preciso mencionar también el liderazgo de los grupos A y A1, por lo que significan como consolidación de la comunidad científica por su capacidad de gestión, su visión estratégica y su cultura colaborativa. Cada uno de esos grupos llega a esa categoría como resultado un trabajo intenso, coherente, persistente en el tiempo, que desemboca en la excelencia.
En un país como el nuestro tan lleno de necesidades insatisfechas es inevitable que la ciencia tenga un compromiso social, que la investigación este alineada con los desafíos del país, que la universidad pública aporte con la generación de conocimiento al fortalecimiento de la equidad, de la paz, de la sostenibilidad y el desarrollo regional. Debemos estar con nuestro trabajo cotidiano al servicio de la sociedad.
Hemos querido invitarlos esta mañana para expresarles la gratitud de su Universidad, de nuestra universidad, por su trabajo; por lo que representa como un compromiso permanente con la excelencia. Hoy celebramos trayectorias, pero sobre todo celebramos el futuro que ustedes siguen construyendo para nuestra universidad y para el país
Muchas gracias.
Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
Cali, 6 de marzo de 2026
Ronald Ríos Santacruz, egresado del pregrado en Química de la Universidad del Valle, es autor de un artículo científico publicado recientemente (04/02/2026) en la revista Nature, una de las publicaciones académicas de mayor impacto en el ámbito científico internacional: Integrated structural dynamics uncover a new B12 photoreceptor activation mode (La Dinámica estructural integrada revela un nuevo modo de activación de fotorreceptores B12).
Ronald realizó su tesis de pregrado en 2017, con el profesor Rodolfo Moreno Fuquen, en el grupo de cristalografía, campo en el que la Universidad ha sido históricamente un referente nacional. Inmediatamente aplicó a una convocatoria para realizar estudios de Maestría–Doctorado en la Universidad de Estrasburgo (Francia).
Motivado por el enfoque de su investigación, continuó su doctorado en la Universidad de Grenoble Alpes, al sur de Francia, institución en la que desarrolló la investigación que dio lugar a la publicación en Nature, y cuya tesis fue defendida en septiembre de 2024, no sin antes compartir sus primeros resultados con la comunidad Univalluna en un seminario realizado en mayo de 2023, lo que evidencia la continuidad del vínculo académico del egresado con su alma máter.
Su trabajo doctoral se inscribe en el campo de la cristalografía resuelta en el tiempo aplicada a proteínas, una disciplina que permite observar, casi “en cámara lenta”, cómo las proteínas cambian su estructura mientras funcionan. En particular, la investigación se centró en comprender con nivel de detalle, y mediante el uso de aceleradores de partículas, cómo ciertas proteínas fotosensibles captan la luz y la transforman en una señal química que termina generando una respuesta biológica, utilizando derivados de la vitamina B12, que actúan como fotoreceptores, una función recientemente descubierta.
El estudio describe paso a paso este proceso, desde los primeros instantes tras la absorción de luz (en nanosegundos) hasta cambios estructurales más amplios que se manifiestan en milisegundos, mostrando cómo un evento inicial desencadena transformaciones moleculares.
Para ello Ronald trabajó en infraestructuras científicas de frontera, donde se emplean grandes aceleradores de partículas, como sincrotrones y láseres de electrones libres de rayos X (X-ray Free Electron Lasers), como la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón (ESRF, por sus siglas en inglés) ubicadas en el campus europeo de fotones y neutrones en Grenoble y láseres de electrones libres de rayos X ubicados en Suiza, Japón y Estados Unidos.
Estas instalaciones (Láseres de rayos X), de las cuales existen solo cinco en el mundo, permiten generar pulsos de rayos X extremadamente intensos y breves, capaces de capturar procesos ultrarrápidos antes de que la muestra se destruya. Gracias a estas herramientas, fue posible identificar intermediarios químicos nunca antes reportados, clave para entender cómo la absorción de luz desencadena la cascada de cambios moleculares que llevan a la activación de la proteína.
Desde el punto de vista biológico, la proteína estudiada cumple una función protectora en bacterias: en la oscuridad bloquea la expresión genética, pero al detectar luz se desensambla y permite la activación de genes que producen carotenoides, compuestos que protegen al ADN de la radiación solar. Comprender este mecanismo conecta un evento microscópico —la absorción de un fotón— con una respuesta biológica macroscópica.

Entendiendo la investigación
Imaginemos que dentro de las células de algunos organismos existen sensores diminutos de luz, como si fueran interruptores inteligentes. Estos sensores son proteínas llamadas fotorreceptores y gracias a ellas los seres vivos pueden ver, aprovechar la luz del sol para producir energía o ajustar el “reloj interno” que regula el sueño y la vigilia (ritmo circadiano).
En ciertos tipos de bacterias, uno de estos sensores funciona de una manera especialmente curiosa: usa la vitamina B12 como si fuera una antena que detecta la luz. Normalmente la vitamina B12 es conocida por ayudar a las enzimas a realizar reacciones químicas cuando hay calor. Pero en este caso es la luz, y no el calor, la que pone todo en marcha. Durante mucho tiempo los científicos no entendían cómo ocurría este proceso y aquí es donde entra la investigación de nuestro egresado:
El estudio de Ronald se centra en una proteína llamada CarH, que actúa como un interruptor activado por la luz. En la oscuridad, CarH forma un tetrámero, es decir un conjunto de cuatro piezas idénticas de CarH unidas entre sí, pero cuando es estimulada con luz se rompe un pequeño enlace dentro de la vitamina B12, como si se cortara la cuerda que mantenía todo unido.
Esa ruptura desata una reacción en cadena: la vitamina cambia de forma y crea una estructura intermedia nueva, nunca antes observada, que funciona como un puente. Este puente mantiene unida la vitamina a la proteína durante un tiempo hasta que el sistema se reorganiza por completo. Finalmente la proteína se “desarma”, las cuatro piezas se separan y CarH queda activada.
Lo más interesante es que este paso intermedio es lo que distingue a CarH de otras proteínas que usan vitamina B12 pero activándola térmicamente. Aquí la luz inicia el proceso y el tiempo se encarga de completarlo, conectando los efectos instantáneos de la luz con cambios biológicos más lentos y duraderos. En conjunto este trabajo nos da una especie de película a cámara lenta de cómo una proteína “ve” la luz y responde a ella.
Más allá del aporte a la ciencia fundamental, el estudio abre importantes posibilidades de investigación futura, especialmente en campos como la optogenética, la regulación génica controlada por luz y el diseño de sistemas para liberación dirigida de fármacos. El artículo es resultado del trabajo colaborativo de un equipo internacional de cerca de 50 investigadores y combina múltiples técnicas experimentales y teóricas, lo que resalta su carácter interdisciplinario y su impacto potencial en diversas áreas de la ciencia.
Este logro como un ejemplo del impacto que puede tener la formación científica impartida en la institución, así como de la proyección internacional de sus egresados en escenarios de investigación de alto nivel.
Lea el paper: https://doi.org/10.1038/s41586-025-10074-2
La Universidad del Valle consolida su liderazgo en investigación tras los resultados publicados recientemente por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), correspondientes a la Convocatoria Nacional de Actualización y Transición para el Reconocimiento y Medición de Grupos de Investigación, Desarrollo Tecnológico o de Innovación y para el Reconocimiento de Investigadores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Convocatoria No. 957 de 2024).
En esta medición, la Universidad alcanzó un resultado altamente significativo: 205 de los 208 grupos de investigación avalados fueron categorizados, lo que evidencia la solidez, continuidad y calidad de sus capacidades investigativas y reafirma el compromiso institucional con la generación de conocimiento pertinente para el desarrollo científico, social y tecnológico del país.

Grupos por categoría convocatoria 957-2024.
En cuanto a la distribución por categorías, la categoría C concentra el mayor número de grupos (33,7%), seguida de la categoría A (25,9%), la categoría B con 45 grupos (22%), la categoría A1 con 26 grupos (12,7%) y 12 grupos reconocidos (5,9%). Este comportamiento refleja un sistema de investigación equilibrado, con una presencia destacada en las categorías de mayor nivel y una base amplia en procesos de fortalecimiento y consolidación.
En relación con el talento humano, de los 948 profesores nombrados, 449 investigadores cuentan con categorización en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación: 165 como sénior, 94 como asociados y 190 como junior. Adicionalmente, la Universidad cuenta con 34 investigadores en condición especial, de los cuales 8 fueron reconocidos en esta convocatoria.
El análisis comparativo entre la convocatoria 894 de 2021 y la convocatoria 957 de 2024 muestra una evolución positiva: el 54,6% de los grupos mantuvo su categoría y el 25,8% logró ascender, lo que evidencia procesos de mejora continua, fortalecimiento de capacidades y acompañamiento institucional efectivo.
Estos resultados confirman que la investigación es un eje estratégico para la Universidad del Valle, no solo como indicador de excelencia académica, sino como un motor fundamental para la innovación, la formación de talento humano de alto nivel y la contribución al desarrollo regional y nacional.
Para más detalle, consultar el visualizador de la Vicerrectoría de Investigaciones: https://lookerstudio.google.com/s/mzPaOOWK_9k
Los resultados oficiales se encuentran disponibles en la página web del Ministerio: https://minciencias.gov.co/convocatorias/investigacion/convocatoria-nacional-actualizacion-y-transicion-para-el-reconocimiento
Sara Lucía Ospina Burbano y Lady Yasmin Valero Gutiérrez fueron ganadoras del Programa Orquídeas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de 2024.
Con el propósito de impulsar el sector bioeconómico de las hierbas aromáticas en Colombia, las investigadoras Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano estudiaron la producción de aceite esencial de orégano cultivado en el Valle del Cauca. Su análisis comparó dos métodos de extracción (destilación por arrastre con vapor y extracción con fluidos supercríticos) y demostró que los extractos obtenidos son seguros, estables y de alta calidad, con aplicaciones industriales y un prometedor potencial de comercialización nacional e internacional.
Origanum vulgare L.
A lo largo de la historia, el desarrollo humano ha estado íntimamente ligado al uso y la transformación de las plantas. De ellas obtenemos servicios ecosistémicos esenciales (como la producción de oxígeno, la captación de CO₂ y la regulación del ciclo del agua) y materias primas clave para la alimentación, la energía y la salud. En Colombia, por ejemplo, se tiene registro de 7472 especies de plantas útiles, de las cuales 2768 poseen aplicaciones preventivas o terapéuticas.
Una de estas plantas es el Origanum vulgare L., u orégano, una hierba euroasiática utilizada desde hace más de 3000 años con fines gastronómicos y medicinales. En este último campo, esta planta se ha empleado tradicionalmente para aliviar afecciones respiratorias y gástricas, favorecer la regulación emocional, prevenir infecciones y reducir la inflamación.
Aunque sus usos y conocimientos asociados se han transmitido de generación en generación durante milenios, solo en el siglo XX fue posible identificar los principales compuestos bioactivos del orégano (carvacrol, timol, p-cimeno y γ-terpineno), responsables de sus propiedades antimicrobianas, antiparasitarias, antiinflamatorias y antioxidantes. Esta caracterización científica ha permitido su aceptación institucional (en Colombia está aprobada como planta de uso fitoterapéutico) y su incorporación como materia prima en las industrias alimentaria, farmacéutica, cosmética, agropecuaria y química.
Una oportunidad bioeconómica para Colombia

El Origanum vulgare L., u orégano, ha sido utilizado desde hace más de 3000 años con fines gastronómicos y medicinales.
La incorporación del orégano en procesos industriales, también impulsada por el auge global en el consumo de productos naturales, ha dinamizado el mercado internacional de hierbas aromáticas, generando nuevas oportunidades para pequeños y medianos agricultores.
En Colombia, este sector ha crecido de manera sostenida y, en 2022, alcanzó 49,5 millones de dólares en exportaciones. Aunque su tamaño aún es modesto frente a otros sectores agrícolas, este posee un gran potencial de expansión y representa una oportunidad para la economía rural del país.
No obstante, la consolidación del sector requiere superar retos clave asociados con la logística, la escalabilidad, la cadena de valor, la trazabilidad y la calidad, factores que influyen directamente en el cumplimiento de las exigencias fitosanitarias de los mercados internacionales a los que se busca acceder.
Un análisis del procesamiento del orégano
En ese contexto, las investigadoras Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano desarrollaron el proyecto Análisis integral del aceite esencial de orégano del Valle del Cauca: Caracterización, química, estabilidad y seguridad para su potencial uso alimenticio y terapéutico.
“Nos interesamos por el orégano y su transformación porque es una planta que se da muy bien en el Valle del Cauca y, actualmente, sus derivados tienen un amplio mercado. Por eso, el orégano y sus productos representan una oportunidad bioeconómica para las comunidades”, explicó Yasmin Valero, doctora en Ciencias Químicas de la Universidad de São Paulo y actualmente investigadora posdoctoral en la Escuela de Ingeniería Química de Univalle.
Dos procesos de extracción
La investigación, desarrollada en el marco del Programa Orquídeas de Minciencias y financiada por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Francisco José de Caldas (Cto. 112721-249-2024 / Proyecto 109097), comparó dos métodos de producción del aceite esencial de orégano (destilación por arrastre con vapor y extracción con fluidos supercríticos) y caracterizó los extractos obtenidos, su composición, estabilidad y seguridad, con miras a su futura aplicación industrial.
“Ambas técnicas permiten obtener aceite esencial, pero con propiedades distintas, útiles para diferentes sectores industriales. Además, la caracterización del producto es fundamental porque debemos demostrar que es seguro y estable para cumplir las normas sanitarias y comercializarlo”, señaló Valero.
Destilación por arrastre con vapor

La destilación por arrastre con vapor es un proceso que se viene realizando hace siglos por diferentes sociedades.
Este es un método tradicional y ampliamente utilizado para la producción de aceites esenciales. Consiste en hacer pasar una corriente de vapor de agua a través de la biomasa de orégano (hojas y tallos) para arrastrar sus compuestos volátiles (sustancias que fácilmente se evaporan). Luego, los vapores se enfrían y se condensan, formando una mezcla líquida de la que, mediante decantación, puede obtenerse con facilidad el aceite esencial.
“Es una técnica antigua y relativamente sencilla, pero muy lenta y demandante en consumo de energía y agua. Además, su rendimiento es bajo: alrededor del 0,5 %”, explicó la investigadora.
Extracción con fluidos supercríticos

La extracción con fluidos supercríticos es una técnica moderna y más eficiente.
Se trata de una técnica moderna en la que se utiliza CO₂ en estado supercrítico; un estado que combina características de sus estados líquido (alta densidad) y gaseoso (baja viscosidad y alta difusividad); junto con un cosolvente, en este caso etanol, para disolver la biomasa de orégano. En esta condición, el dióxido de carbono penetra con mayor facilidad la matriz vegetal y captura una amplia variedad de compuestos, los cuales son liberados en forma líquida o sólida cuando el CO₂ retorna a su estado gaseoso.
“Este método requiere un recurso tecnológico mayor, pero mejora el rendimiento, alcanzando el 2,2 %, con un menor impacto ambiental y menor consumo energético”, agregó Valero.
Dos extractos distintos, seguros, estables y útiles
Según la caracterización química, la destilación por arrastre con vapor produjo un aceite rico en monoterpenos fenólicos, principalmente carvacrol (59 %) y timol (8,4 %), compuestos con una gran capacidad antimicrobiana, antioxidante y antifúngica.
“Este aceite resulta especialmente útil para las industrias alimentaria y química, en aplicaciones como la conservación de alimentos o la formulación de productos antisépticos”, indicó Valero.
Por su parte, la extracción con fluidos supercríticos generó un extracto con mayor diversidad química y una notable presencia de sesquiterpenos y monoterpenos oxigenados, entre ellos el trans-hidrato de sabineno, reconocido por su actividad antioxidante.
“Obtuvimos un extracto compuesto en un 32,3 % por trans-hidrato de sabineno y con alta capacidad antioxidante, por lo que podría utilizarse en la industria cosmética para productos antienvejecimiento”, destacó la investigadora.
El estudio también confirmó la seguridad y estabilidad química de los extractos, esto a partir del análisis de formulaciones del aceite esencial diluido en aceite de coco de grado alimenticio.
“Durante cuatro meses, sometimos a análisis de estabilidad las soluciones y encontramos que no hubo crecimiento microbiano ni degradación o transformación de sus componentes. Esto sugiere que nuestro extracto de orégano es seguro y estable en el tiempo bajo las condiciones evaluadas”, comentó Valero.
Adicionalmente, la caracterización de los aceites ratificó la alta calidad sanitaria del orégano cultivado en el Valle del Cauca y, por extensión, en Colombia, ya que no se detectaron plaguicidas, metales pesados ni aflatoxinas.
“Aunque usamos orégano cultivado por un productor con prácticas orgánicas, el resultado demuestra algo clave: en Colombia, sí podemos producir de manera sostenible sin perder calidad. Además, confirma que contamos con las condiciones para obtener un orégano de excelente calidad, seguro sanitariamente y con potencial para llegar a más mercados”, destacó la científica.
Orégano y sus extractos: una oportunidad para Colombia

Con esta investigación, Yasmin y Sara esperan aportar al sector bioeconómico de las hierbas aromáticas en Colombia.
De esta manera, el estudio elaborado por Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano permitió:
-Comprender la utilidad y funcionalidad de cada proceso de extracción según la industria objetivo.
-Determinar las características químicas de los extractos, aportando información clave para su validación sanitaria.
-Confirmar la seguridad y estabilidad de los extractos para su implementación industrial.
-Validar la calidad sanitaria del orégano producido orgánicamente en el Valle del Cauca.
-Generar conocimiento científico que puede aprovecharse para desarrollar productos de mayor valor agregado en el sector bioeconómico de las hierbas aromáticas.
“Por ejemplo, en la extracción con fluidos supercríticos, logramos aumentar el rendimiento modificando variables como la concentración del cosolvente. Esto significa que es posible producir una mayor cantidad de extracto de orégano, o de otra planta, a partir de la misma biomasa”, destacó la científica.
Ciencia, ingeniería, tradición y bioeconomía: una apuesta de país
La articulación entre ciencia, ingeniería, tradición agrícola y bioeconomía podría convertirse en una apuesta determinante para fortalecer este sector, abriendo nuevas oportunidades para los pequeños y medianos agricultores del país, tanto en el cultivo de orégano y otras hierbas aromáticas como en la elaboración de extractos y productos naturales de alto valor.
“Teniendo en cuenta que, gracias a nuestra diversidad de pisos térmicos, en Colombia pueden cultivarse cientos de especies de hierbas aromáticas y medicinales, este conocimiento científico abre la puerta a fortalecer la confianza en nuestros campesinos para que abastezcan el mercado nacional y compitan en los mercados internacionales”, concluyó Valero.
Así, la ciencia y la ingeniería vuelven a posicionarse como motores de transformación, impulsando sectores bioeconómicos con enorme potencial de crecimiento, generando bienestar en las comunidades rurales y aportando al desarrollo sostenible del país. Por ello, desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle celebramos el trabajo de Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano, y las animamos a seguir cultivando conocimiento que impulse el progreso y amplíe las oportunidades para Colombia.
Como parte de un proyecto financiado por el Sistema General de Regalías (SGR), seis universidades públicas conformaron la Red Nanomat, una alianza estratégica orientada al desarrollo de conocimientos y tecnologías en nanociencia y la nanotecnología, enfocados en afrontar los retos asociados con la gestión del agua y la energía en diferentes regiones del país. La iniciativa, liderada por el Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle, busca fortalecer las capacidades en ciencia, tecnología e innovación (CTeI) de las instituciones participantes, mediante la adquisición de equipos, el impulso a la investigación y la promoción de la apropiación social del conocimiento.
Nanociencia y nanotecnología: campos clave para la sostenibilidad mundial
Para la ONU, el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está profundamente transversalizado por la ciencia, la tecnología y la innovación. Particularmente, en 2021, el organismo destacó a la nanotecnología como una de las áreas de vanguardia con mayor potencial para aportar a la solución de desafíos globales; como la crisis ambiental, la inseguridad hídrica y la transición energética; además de impulsar la productividad y la sostenibilidad a nivel mundial.
La importancia de la nanotecnología radica en que constituye la aplicación práctica de la nanociencia, un campo que estudia los fenómenos, las propiedades y los comportamientos de la materia a escala nanométrica (entre 1 y 100 nanómetros; es decir, la millonésima parte de un milímetro). A esta dimensión, los átomos, compuestos y materiales pueden presentar variaciones significativas en sus características químicas, físicas, biológicas, térmicas y mecánicas, como cambios en su conductividad eléctrica o en su resistencia. Así, el estudio de estos permite el diseño, la manipulación y la fabricación de nuevos materiales, dispositivos y sistemas más eficientes y funcionales en múltiples procesos a nivel macro.
El potencial de la nanociencia y la nanotecnología no ha pasado desapercibido en el mundo. Según la ONU, entre 1996 y 2018 se publicaron 152.359 artículos científicos y se registraron 4293 patentes relacionadas. Además, se estima que este sector alcanzó un valor de 2,23 mil millones de dólares durante este año, con inversiones concentradas principalmente en naciones industrializadas, como Estados Unidos, China y Alemania. Sin embargo, en los países en vía de desarrollo también se adelantan investigaciones prometedoras.
Un campo con grandes desafíos en Colombia
En Colombia, la investigación en nanociencia se enfoca en la síntesis, el diseño y la caracterización de materiales con aplicaciones en sectores como la salud, la energía, la agricultura, la minería, la electricidad, el textil, la electrónica y las TIC. Gran parte de estos desarrollos se lleva a cabo en las universidades públicas, que concentran el 52 % de los grupos de investigación del país y generan el 51,6 % de las publicaciones científicas anuales. No obstante, su labor enfrenta desafíos significativos, entre ellos:
-Limitado financiamiento: Colombia invierte apenas entre el 0,21 % y el 0,31 % del PIB en CTeI, lejos del 3,02 %, promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
-Déficit de talento humano: mientras en Estados Unidos se gradúan más de 57.000 doctores cada año, en Colombia lo hacen menos de 1400.
Una iniciativa nacional para impulsar la investigación nano

Edgar Mosquera, Noralba Martínez y Adriana Niño, investigador principal, gerente y directora científica del proyecto, respectivamente.
Ante este panorama, nació el proyecto Fortalecimiento de las capacidades en CTeI y transferencia de conocimiento en nanociencia y nanotecnología aplicadas a energía y agua, financiado a través de la Convocatoria 36 de la Asignación para la Ciencia, Tecnología e Innovación del SGR y ejecutado por la Universidad del Valle.
“Con este proyecto, buscamos fortalecer las capacidades regionales en investigación e innovación en energía y gestión del agua, mediante el desarrollo y aplicación de tecnologías basadas en nanomateriales”, explicó Edgar Eduardo Mosquera Vargas, docente del Departamento de Física de Univalle e investigador principal del proyecto.
El proyecto tiene tres objetivos estratégicos:
-Generación de nuevo conocimiento: a través de investigaciones experimentales, teóricas y aplicadas en materiales funcionales con potencial para contribuir a la gestión del agua y a la generación y almacenamiento de energía.
-Fortalecimiento de la infraestructura científica: mediante la adquisición de equipos de última generación para los laboratorios que hacen parte de la red Nanomat.
-Apropiación social del conocimiento: a través de programas de formación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas), foros consultivos, semilleros de investigación e intercambios con comunidades.
Red Nanomat: una alianza interregional para impulsar la nanociencia
Para lograr dichos objetivos, se conformó la Red Nanomat, integrada por la Universidad del Atlántico, la Universidad de los Llanos, la Universidad del Quindío, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, la Universidad de la Amazonía y la Universidad del Valle. Esta alianza es clave porque combina trayectorias investigativas consolidadas (que facilitan la articulación interinstitucional) con una distribución geográfica diversa, lo que otorga al proyecto un verdadero alcance nacional.
“Si bien la alianza se conforma en el marco del proyecto, estas universidades ya contaban con una experiencia investigativa importante. Ahora, con esta iniciativa, se fortalecerán sus capacidades mediante la adquisición de equipos, el incentivo a la investigación y la divulgación del conocimiento, todo coordinado desde la Universidad del Valle”, destacó Adriana Katerine Niño Vargas, docente de la Escuela de Ingeniería Química de Univalle y directora científica del proyecto.

El Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle es un referente en nanociencia en el país.
La dirección del proyecto está a cargo del Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle. Este instituto, creado en 2005, cuenta con diez grupos de investigación reconocidos por MinCiencias, líderes en el estudio del nanomagnetismo y en el desarrollo de materiales compuestos, recubrimientos avanzados y materiales funcionales con aplicaciones en gestión de salud, energía, agua y medioambiente.
“El reconocimiento y la experiencia del CENM son las razones por las que lidera el proyecto. En el sector público, somos referentes en investigación en nanociencia y nanotecnología, y, con esta iniciativa, buscamos fortalecer nuestras capacidades y las de las demás regiones participantes”, señaló Noralba Martínez Lozano, administradora del CENM y gerente del proyecto.
Impacto nacional: ciencia y tecnología para los desafíos energéticos e hídricos
Se espera que, con este proyecto, los departamentos de Atlántico, Meta, Quindío, Caquetá, Boyacá y Valle del Cauca fortalezcan sus capacidades en CTeI en nanociencia y nanotecnología, desarrollando soluciones a los retos locales en los sectores energético e hídrico.
“Primero, los 26 investigadores vinculados estudiarán y desarrollarán diferentes materiales a escala nano: aleaciones, óxidos metálicos, polímeros compuestos, biocarbones, etc. Después, se implementarán estos materiales en diversas tecnologías, entre ellas, sistemas de tratamiento y remediación del agua mediante membranas y procesos electroquímicos, y sistemas de almacenamiento y producción de hidrógeno y de biogás”, aclaró el profesor Edgar Mosquera, quien también es el director del CENM.
Tras ello, se promoverá la apropiación social del conocimiento y las tecnologías mediante diversas estrategias, que contarán con el apoyo de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle.
“Hasta 2030, cuando finaliza la ejecución del proyecto, esperamos impactar a más de 1200 personas; entre investigadores, estudiantes, docentes y miembros de comunidades indígenas, campesinas y grupos firmantes. Esto se logrará a través de foros, congresos, talleres y otras actividades orientadas a que la comunidad se apropie del conocimiento y lo aplique en la solución de problemáticas de su entorno”, concluyó la profesora Adriana Niño.
De esta manera, el proyecto Fortalecimiento de las capacidades en CTeI y transferencia de conocimiento en nanociencia y nanotecnología aplicadas a energía y agua, y la Red Nanomat impulsarán el progreso de estos campos en Colombia, al tiempo que contribuirán a ofrecer soluciones concretas a los desafíos energéticos e hídricos que enfrenta el país. Un paso firme, liderado por la Universidad del Valle, hacia un futuro en el que la ciencia y la tecnología se consolidan como motores del desarrollo sostenible y del bienestar regional.
La Facultad de Salud de la Universidad del Valle celebra la destacada participación de sus egresadas e investigadoras en la tercera cohorte del Programa Orquídeas: Mujeres en Inteligencia Artificial, Ciencias y Tecnologías Cuánticas, una iniciativa del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación orientada al fortalecimiento del liderazgo femenino en la ciencia y la innovación en Colombia.
Las doctoras en Ciencias Biomédicas, Ana María Arboleda Borrero y María José Sevilla Sánchez, egresadas de la Facultad de Salud, junto a sus jóvenes investigadoras Dayana Realpe López, ingeniera biomédica, y María Camila Remolina, bióloga, integrantes del Grupo de Nutrición de la Facultad de Salud, fueron seleccionadas como beneficiarias de este programa de alto impacto nacional.

El Programa Orquídeas tiene como objetivo promover las vocaciones científicas en doctoras y jóvenes investigadoras y fortalecer su inclusión, permanencia y proyección dentro del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. De esta manera, contribuye a la reducción de brechas sociales, académicas y económicas de género, al tiempo que fomenta el trabajo colaborativo entre mujeres con diversas trayectorias académicas y profesionales, favoreciendo el relevo generacional en la ciencia.

Como parte de esta iniciativa, los días 9 y 10 de diciembre se llevó a cabo el Encuentro Nacional Orquídeas MinCiencias 2025, en el Hotel Hilton Corferias de Bogotá, un espacio destinado al reconocimiento y la visibilización de las trayectorias científicas de las mujeres Orquídeas de las cohortes 2023–2024 y a la presentación oficial de la cohorte 2025.
Este logro es reflejo del compromiso institucional con la excelencia académica, la investigación de alto nivel y la promoción del liderazgo femenino en la ciencia.

La Universidad del Valle y la Compañía Energética de Occidente desarrollaron una prototipo innovador de transformador eléctrico, un trabajo que fue premiado de manera reciente. La articulación entre la academia y el sector industrial da resultados.
Por Catalina Quintero
Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación
En el ecosistema de innovación suele afirmarse que las universidades deben acercarse al sector empresarial para mostrar sus capacidades. Sin embargo, también ocurre lo contrario: las empresas buscan en la academia el apoyo para resolver sus desafíos tecnológicos. Ese fue el caso de la Compañía Energética de Occidente (CEO), empresa del grupo Promigas, que acudió a la Universidad del Valle para enfrentar una problemática crítica del sector eléctrico: el hurto de energía, las limitaciones de acceso a ciertos territorios y la necesidad de modernizar la gestión de transformadores en zonas vulnerables del país.
Un desafío tecnológico para el sector eléctrico
CEO identificó la necesidad de contar con un transformador capaz de integrar en un único dispositivo el equipo de distribución, los sistemas de medición y la infraestructura de gestión eléctrica. Su visión era desarrollar un transformador inteligente que permitiera:
-Reducir a cero las pérdidas no técnicas asociadas al hurto de energía.
-Gestionar de forma remota el comportamiento del transformador.
-Disminuir las fallas frente a los transformadores convencionales.
-Integrar capacidades modulares y escalables según las necesidades de cada territorio.
-Gestionar eficientemente fuentes de energía renovable, especialmente en zonas aisladas.
Con este reto, CEO buscó a la Universidad del Valle para aprovechar sus capacidades científicas, técnicas y metodológicas.
El liderazgo académico
El proyecto fue liderado por Diego Fernando Echeverry Ibarra, director del Programa de Ingeniería Eléctrica de Univalle, quien explica los diferenciadores del prototipo:
“Este transformador integra en un solo dispositivo el sistema de medición, la red de distribución y el transformador. Su diseño modular permite añadir funcionalidades, gestionar remotamente el sistema, detectar y eliminar sobrecargas, y reducir el hurto de energía prácticamente a cero. Además, su módulo inteligente facilita la gestión energética en zonas con fuentes renovables intermitentes”.
La mirada desde el diseño y la innovación
A este proceso también se sumó Jalime Zúñiga, gestora de la OTRI y diseñadora industrial, quien apoyó la conceptualización desde un enfoque centrado en el usuario:
“El reto fue entender a los diferentes actores, sus expectativas y el contexto donde operaría el transformador. Esto permitió generar alternativas de solución y lograr un producto funcional y usable”.
El proyecto se desarrolló en plena pandemia (2020–2021), lo que implicó adaptarse al trabajo remoto, prototipado digital y nuevas dinámicas colaborativas.
Un trabajo interdisciplinario
El desarrollo contó con el apoyo de los grupos de investigación:
-GRALTA – Grupo de Alta Tensión, con la participación del profesor Ferley Castro.
-SISTEL UV – Grupo de Telecomunicaciones, con la participación de Fabio Germán Guerrero.
También participaron estudiantes y egresados de Ingeniería Eléctrica, Diseño Industrial y otras áreas, consolidando un equipo interdisciplinario.
La Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación – OTRI – acompañó la negociación con la empresa, la propuesta técnica, la protección industrial y el cierre del proyecto.
Sobre este acompañamiento, el profesor Echeverry indicó: “El apoyo de la OTRI fue eficiente y oportuno, especialmente en el cierre, que es donde pueden surgir diferencias entre las partes. Gracias a su experiencia en este tipo de proyectos, todo se dio de manera adecuada”.
Reconocimientos nacionales
El Transformador Inteligente de Distribución TID obtuvo el primer lugar en los Premios FISE a la Innovación, liderados por CIDET y la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia.
Además, fue finalista en los Premios Ámbar de ASOCODIS, que reconocen el talento y la innovación del sector eléctrico colombiano.
Para el profesor Echeverry, estos logros son especialmente significativos: “Este reconocimiento demuestra que el trabajo articulado entre empresa y universidad sí da resultados. Fue un reto enorme desarrollarlo en la pandemia, pero logramos crear un producto totalmente aplicable y con impacto real en el sector energético”.
Un modelo de colaboración con impacto
Este proyecto deja lecciones valiosas: la innovación se potencia cuando convergen diferentes disciplinas, visiones y capacidades.
“A veces creemos que todo está resuelto, pero siempre hay oportunidades. La clave está en construir equipos diversos que aporten piezas esenciales a un mismo rompecabezas”, agregó Echeverry.
Con este desarrollo, la Universidad del Valle reafirma su capacidad de generar soluciones tecnológicas con impacto regional, nacional e internacional, consolidando su papel como aliado estratégico del sector productivo y como referente en la transferencia de conocimiento.
La Fundación Alejandro Ángel Escobar (FAAE) celebra siete décadas premiando la ciencia y la solidaridad en Colombia con Fiebres Lúcidas, un podcast narrativo que convierte historias científicas en una travesía sonora sobre la curiosidad, la paciencia y la lucidez.
Uno de los siete episodios que hacen parte de este podcast estará dedicado a la historia de Nubia Muñoz, científica y doctora honoris causa de la Universidad del Valle, que viajó hasta China para recoger las muestras que cambiarían la historia del cáncer. Los oyentes se encontrarán con siete vidas, siete décadas, siete preguntas que ardieron hasta volverse descubrimientos, historias que parecen imposibles y, sin embargo, ocurrieron en Colombia.
“Queremos que cada oyente sienta el mismo asombro que nosotros sentimos por las historias de estos investigadores que han hecho ciencia de talla mundial. Es un regalo para recordar que la ciencia también emociona, que detrás de cada descubrimiento hay historias humanas que nos quitan el aliento”, afirmó Adriana Correa Velásquez, directora ejecutiva de la FAAE.
Escuche aquí el podcast Fiebres Lucidas https://open.spotify.com/episode/18XZOc38snnJZRy28OYhIi?si=ZpibsY24S3KnAsGZWg8TqA