Juan Francisco Díaz y Frank Valencia Pozo fueron invitados al programa radial Sanemos Juntos de la Universidad del Valle, para abordar el tema de "Ciencia e inteligencia artificial para medir los procesos de polarización en redes sociales "

María Adelaida Arboleda, profesora del Departamento de Psiquiatría, Univalle
“Desafortunadamente estamos en un momento de la historia en donde la opinión y las reacciones inmediatas son del orden del día y generalmente esto lleva a que las personas tomen posiciones sin mucha reflexión y más basadas en cosas emocionales, como probablemente son sus bases ideológicas, desde allí actúan y yo diría que desafortunadamente esto termina generando una serie de emociones hacia sí mismo y hacia los contradictores”.

No existe un ser humano que no haya sido influenciado por otro ser humano, ya sea que ese otro ser humano sea un escritor, sea un columnista, sea una periodista, siempre hay alguien, eso es inherente a la condición humana. ¿Qué es lo que resulta preocupante en la vida contemporánea? que la influencia no necesariamente va acompañada de la construcción de un conocimiento reflexivo, sino de opiniones entonces emotivas. Entonces, el influencer que no necesariamente tiene un amplio conocimiento en un tema, hay congresistas que son influencers, realmente uno no tiene claro cuál es como su base teórica, pero mueven a partir de las emociones, mueven a partir de la estética, mueven a partir de otro tipo de cosas que, a la luz de la rapidez de lo contemporáneo para algunas personas, en particular algunos jóvenes, eso les resulta mucho más atractivo que irse a leer un autor. Entonces, me parece que estamos en otro momento, no creo que sea despreciar lo que hay, sino comprender las maneras como se construyen las opiniones actualmente y ver de qué manera ética, una manera como persistente en el programa, se puede acompañar a la sociedad en pleno, en particular a miembros de esta de esa comunidad, como los jóvenes al a una construcción de una opinión que tenga unas bases que les permita elegir.

Juan Francisco Díaz, profesor de la Escuela de Ingeniería de Sistemas de Computación, profesor titular de la Universidad del Valle.
Uno escucha todo el tiempo en la televisión estamos polarizados, pero ¿qué tan polarizados estamos realmente?

Entonces, lo que nosotros hicimos fue inventarnos como una aplicación que es un dispositivo para medir la polarización, es un número entre cero y uno, donde cero significa que no estamos nada polarizados y uno que estamos súper polarizados y cualquier cosa en la mitad significa más o menos polarizados.

Ese es el polarizómetro, un dispositivo, en este caso informático, para medir cuán polarizados estamos sobre un tema objetivamente.

¿Cómo se mide la polarización?
Lo que miden es cuánto esfuerzo habría que hacer para llevar la gente al consenso y ese esfuerzo está medido en función de dos cosas: ¿cuánta distancia hay entre mi opinión y la opinión de modera consenso? ¿Cuánta gente está de un lado del otro? en función de esos dos parámetros, hicimos unas fórmulas para decir cuán difícil sería llevarlos a consenso según esa distribución, en esa tabla y eso es lo que mide la polarización ¿Cuál es el esfuerzo? Cuando el esfuerzo es poquito, quiere decir que estamos poco polarizados y cuando el esfuerzo es mucho, quiere decir que estamos muy polarizados.

¿Cuál es el aporte a la sociedad de tener un polarizómetro?
La polarización es un fenómeno social, un fenómeno social, es un fenómeno como otro fenómeno de la naturaleza y la ciencia siempre ha intentado interpretar, entender esos fenómenos, cuantificar esos fenómenos. Nosotros empezamos a interesarnos en este problema cuando vimos el papel que jugaron las redes sociales en el plebiscito por la paz en Colombia, también en el Brexit, en las elecciones presidenciales y demás.

Entonces nosotros dijimos tal vez nosotros podemos aportar desde las matemáticas y las ciencias de la computación, junto con personas de ciencias sociales a entender este fenómeno, no a satanizarlo, porque algunos cambios en las sociedades han venido gracias a la polarización, digamos, es natural tener esas divisiones, pero sí es bueno, saber cómo medirlo, saber si estamos más o menos polarizados que ayer, si la policía está subiendo, está bajando, si los tomadores de decisiones tienen acceso a esta información, ellos pueden tomar sus propias decisiones, si para ellos la polarización es mejor que suba eso, nosotros como científicos no tomamos un partido, simplemente ahí está, Lo medimos así, nosotros no tenemos ningún posición ideológica.

¿Será que las personas a veces somos víctimas de estos procesos de polarización?
Sí, definitivamente, una de las inspiraciones fue también campañas políticas en redes sociales, donde la idea era que la gente votara berraca “creo que fue la expresión que usaron”. Entonces es cuando la gente está más emocional, se va y verdaderamente vota con rabia, con miedo, como ellos quieren que uno vote. Entonces sí, sí somos víctimas.

 

Frank Valencia, investigador del Centro Nacional de la Investigación en Francia, Ingeniero de Sistemas y profesor titular de la Universidad Javeriana.
¿En qué temas se utiliza este dispositivo?
Cualquier tema de interés general, por ejemplo, particularmente reformas políticas, situaciones que generen un caos en la nación. En el proyecto en particular nos estamos enfocando en situaciones que conciernen al Valle del Cauca, porque el proyecto que tenemos es del sistema de regalías para el Valle del Cauca.

Las redes sociales, digamos que empezaron con la idea de que todo mundo tuviera una voz, todo el mundo podía participar y conocer, lo que pasa es que las personas son inherentemente irracionales, es decir, ellos, tienen ciertos sesgos, ese es el que puede ser el sesgo de confirmatorio, digamos, donde uno le da mayor importancia a las cosas con que uno ya está de acuerdo.

Otro sesgo, por ejemplo, que es muy común en los seres humanos, es el de autoridad que la tendencia del ser humano a seguir, digamos personalidades influyentes.

¿Cómo se mide la polarización?
Básicamente es una visión de la polarización como algo opuesto al consenso, entonces, si la gente está en consenso, pues no hay polarización, pero si no hay consenso, entonces hay cierta polarización. ¿Cuál es el esfuerzo que necesitamos para llevar a esa población a consenso? miren que esto, aparte de ser una medida de polarización, es una medida bien interesante para un tomador de decisiones.

¿Será que las personas a veces somos víctimas de estos procesos de polarización?
Somos seres humanos víctimas, pero somos personas influenciables y hoy en día, sobre todo, pienso más en los jóvenes, por ejemplo no veo X, dejé de ver televisión, los noticieros, me sentí completamente desinformado. Entonces busco mis fuentes, que en las que yo confío, que creo que son serios o cosas de ese estilo, no soy tan influenciable pero los jóvenes y sus opiniones se forman a partir de todo lo que ven allí, definitivamente sí somos influenciables por esas redes.
Estamos tratando de hacer modelos que recojan cómo se forma la opinión y cómo evoluciona la opinión. ¿Quiénes queremos que lo usen? Nosotros lo que pretendemos como ingenieros, como científicos, es entregar una herramienta que pueda ser usada.

Escucha esta emisión de Sanemos Juntos en Spotify

“En el curso de tejidos se explican las figuras geométricas. Pero en el ICFES no nos evalúan el tejido y ese es nuestro conocimiento. Nos están castrando”

Por Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle

Blanca Jenny Tumiñá estuvo a punto abandonar sus estudios en sexto de bachillerato porque las maestras no le entendían el español. A sus 24 años, esta indígena Misak estudia octavo semestre de Licenciatura en Matemáticas y es políglota: habla Namtrik, Nasa, español e inglés. Además, integra las Autoridades Indígenas del Sur Occidente, AICO, y participa en la mesa de diálogo con el Ministerio de Educación Nacional defendiendo los derechos de las infancias indígenas a educarse en colegios que hablen su propia lengua.

A las reuniones llega unas veces luciendo su atuendo tradicional, otras de jean o vestido. Siempre con una mochila diferente y su cabello largo, usualmente suelto. Esa es su identidad. En estos espacios, su personalidad extrovertida es una característica que muchos consideran inusual en una mujer indígena. La diferencia con otras mujeres de su comunidad es que ella ha decidido hablar sobre la matemática que los misak conocen ancestralmente y dedicar su carrera en la Universidad del Valle a estudiarla y difundirla.

¿Cómo fue su infancia de niña misak?
Hay cosas que ya no recuerdo con dolor. Cuando estudiaba en Silvia, cuna del pueblo Misak, solo hablaba en Namtrik (idioma Misak) e iba todos los días vestida con mi anaco. Después, nos trasladamos al Huila, a una finca de mi tío, y fue un reto aprender español. De hecho, por el bullying, con nuestros hermanos decidimos no hablar en zonas públicas nuestro idioma. En la casa, mis padres nos hablaban en Namtrik y respondíamos en español. A mi hermano, la profesora le cortó el pelo cuando se quedó dormido. Eso es lo que muchas veces uno no aguanta y decide dejar todo, la parte cultural, los conocimientos, el pelo, la indumentaria, la lengua.

Yo perdí N veces español. Me acuerdo mucho de una tarea que decía mitos y leyendas. En español no sabía qué era un mito y qué era una leyenda, pero en mi idioma sí lo tenía súper claro. La profe decía: ‘usted, ni siquiera sabe español, ni siquiera sabe los verbos ser o estar’. Sentí que no me hallaba, de hecho no quería estudiar. Eso sí, recuerdo mucho que era muy buena en matemáticas. Nos colocaban los ejercicios y era la primera en terminar.

¿Entonces, qué le impidió dejar el colegio?
Nuestra casa estaba en la zona rural, así que nos alquilaron una habitación en el pueblo y allí conocí a una profe del colegio Nasa. Ella me dijo: ‘es un colegio chévere. Venga y mire’. Fui a visitar la institución y hablé con mi familia: ‘si ustedes no me van a ayudar, yo me voy de interna y allá me dan todo’.

En el colegio Nasa las abuelitas se encargaban de decir la historia de cada figura geométrica y después el profesor definía el cuadrado, el rombo. También aprendimos muchos autores indígenas, por ejemplo, yo no sabía quién era Quintín Lame o Floro Tunubalá, que fue el gobernador Misak del Cauca. Cosas tan simples que de pronto no dicen mucho para la gente, pero para mí son referentes y que no enseñan en el colegio mestizo ¿entiendes?

¿Cómo recuperó el Namtrik?

Fue aquí en Univalle que pude encontrarme con los míos porque crecí en un ambiente netamente campesino y del pueblo Nasa. Yo digo que a uno le marca la vida el Cabildo Universitario. Cuando vivía en la Casa de Paso de este cabildo, me nombraron coordinadora. Había algo muy particular, decían: “tan rara una Misak que habla Nasa”, y siempre me preguntaban ¿tus papás son Nasa? ‘No, mis papás son Misak’. Entonces, dije ‘quiero aprender a hablar Misak’ porque solo lo entendía.

En tercer semestre vi el curso de Etnomatemática con el profesor Fabián Porras. Ese curso me llamó muchísimo la atención y ahí se hablaba de la matemática de los pueblos indígenas y se habló de la matemática de los mayas y dije: ‘bueno, si eso existe yo también puedo hacer algo con lo Misak’.

¿Podría acercarnos a la geometría Misak?
En el cuadrado están los cuatro elementos Misak: la familia, los abuelos, la comunidad y el territorio. En la cocina también hay cuatro piedras. Para la cultura Misak la forma de contar es por cuatro. Esas cuatro piedritas son el papá, la mamá y los dos hijos. Los niños crecemos alrededor del Nachak (fogón).

Cuando explicamos desde allí la matemática, yo siento que les queda más a los niños... En un trabajo final de didáctica les dije que hicieran dibujos que incorporaran las figuras geométricas e hicieron arañas, a la mujer embarazada, el sol, el ciclo de la luna. Figuras que ellos ya conocían, porque están en nuestros tejidos. Incluimos también qué es el ángulo, los vértices.

Desde el Nachak también sale la doble espiral del pueblo Misak. Para ustedes, la matemática está inscrita en toda una epistemología, es una construcción del saber, es la espiral de Fibonacci. Donde ustedes ven una espiral, yo veo mi historia, mi familia, mi comunidad, mi territorio.

El centro de la espiral es el nacimiento, el fogón, el territorio, pero mire que (la espiral) ya está construida. Entonces nosotros caminamos sobre lo construido. Los conocimientos que hay aquí los construyeron nuestros abuelos, nosotros caminamos sobre ellos. Por eso, decimos que el camino nuestro ya está abierto, solo es caminar sobre lo que dejaron nuestros ancestros.

Yo alguna vez hablaba con un profe de filosofía que enseñaba matemática y decía que en el pasado está Pitágoras. Yo pensaba ¿si nosotros viéramos lo mismo? Pitágoras dejó teoremas y nosotros trabajamos sobre ellos. Él murió y nosotros seguimos replicando el teorema de Pitágoras. Así que él nos dejó un camino para recorrer y nosotros vamos a ese futuro.

Para el Misak el futuro está atrás y el pasado adelante. Las Misak cargan a sus hijos atrás porque van construyendo el camino para ellos. Para el bebé yo no voy a ser el futuro, sino el pasado. Yo estoy pasando por ahí y él viene por ese camino. No es caminar y ya. ¿Pero para qué caminamos lo construido? para seguir perviviendo, para continuar . En la medida que nosotros caminamos, vamos descubriendo nuevas cosas.

Nuestro idioma es temporo espacial. Ahorita que estoy viendo física, asocio muchas cosas de la física y voy a escribir otro artículo sobre el infinito, que para ustedes es en 8 y para nosotros en espiral.

¿El camino de qué mujeres está recorriendo?, ¿qué mujeres indígenas son sus referentes?
Una de las referentes más grandes que tengo es mamá Bárbara. Una mujer que hizo investigación, trabajó y se salió de esa casilla que nos meten a las mujeres, muy revolucionaria. A Mamá Bárbara la conocí aquí en la Univalle, en un conversatorio cuando la trajeron desde el Cabildo. ¡Qué mujer tan genial! Cuando entré al Colombo también conocí a muchas mujeres negras que han luchado por sus pueblos. Digo que son urdimbres para tejer de todos los pueblos.

¿Actualmente, en qué está trabajando y cuáles son sus principales retos?
Estamos en proceso de constitución del resguardo en Argentina (Huila) y estamos llevando también un proceso con la Agencia Nacional de Tierras. Del Resguardo soy la Secretaria General. Es muy bonito trabajar con ellos. A veces es difícil, porque muchas veces en estas comunidades las mujeres somos muy invisibilizadas.

Mis tres hermanos mayores terminaron 11° y mis papás dijeron: “Bueno, ustedes tienen que estudiar”. Llegué yo, y me dijeron “¿Cómo que estudiar. Usted es mujer, cómo se le ocurre salir de aquí? Entonces, cogí mi maleta y me fui a trabajar a Bogotá con mi hermano. Cuando pasé en la Univalle, ahorré y me fui a la Casa de Paso, que fue de mucha ayuda para mí porque me mostró todas los apoyos que tiene la Universidad del Valle, la beca de alimentación, el subsidio, el fondo. Entonces dije: ‘con eso termino’.

¿Cómo ve la situación actual de la etnoeducación?
Estamos trabajando con el Ministerio de Educación en los estándares de educación para que se reconozca la educación propia en los estándares de educación (convencional), que es muy difícil, pero ya casi ganamos. La Etnomatemática nos permite hacer investigación y pararnos desde los diferentes contextos y saberes existentes para que ningún saber sea castrado, porque está la matemática de los campesinos, cada comunidad y cada pueblo tiene sus formas de hacer matemáticas desde su idioma, desde sus conocimientos.

Por otra parte, estamos formando el colegio del resguardo donde se hable Namtrik. Desde el 2008 han llegado más Misak a La Argentina y están en las mismas condiciones que nosotros vivimos en el 2000. Así que todos empezaron a matricularse en el colegio Campesino o en el colegio NASA, pero también hay rechazo. Dejan las aulas por las mismas burlas. Por eso, los Misak decimos: “Recuperar la tierra para recuperarlo todo”. Recuperar la lengua es súper importante. No es lo mismo decir espiral que decir en Namtrik ‘parθsθtθ’ o ‘Tampal Kuari’ (sombrero tradicional que se basa en la espiral).

Un equipo de investigadores adelanta una propuesta sobre producción de proteínas vegetales alternativas usando un proceso de fermentación con hongos.
Por: Angie Hurtado Campo
Agencia de Noticias Univalle

Desde inicios del 2024, en el laboratorio del Grupo de Investigación de Microbiología y Biotecnología Aplicada – MIBIA, el equipo de investigación conformado por Yineth Viáfara, Cristina Ramírez, Germán Bolívar y Paula Cuatin experimenta con una diversidad de alimentos que brotan de la tierra: la soya, la arveja, la quinua, los garbanzos, los blanquillos, el frijol y el maíz.

Su propuesta consiste en producir proteínas o harinas vegetales más nutritivas y digeribles mediante un proceso de fermentación con hongos, que sirvan como base de diferentes productos destinados a la alimentación humana y animal. Aunque el uso de hongos en la fermentación es una técnica antigua, la iniciativa del grupo responde a la necesidad actual de alternativas alimenticias más sostenibles y con menor impacto medioambiental, abordando los grandes desafíos del nuevo siglo, tales como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la salud pública.

Tane- Koji: Cultivando hongos en el laboratorio

En el laboratorio MIBIA existe un lugar especial para la preservación de microorganismos como bacterias, levaduras y hongos: el cepario. En este espacio, equipado con estanterías y refrigeradores para almacenar muestras, Yineth Sofía, investigadora e ingeniera de alimentos, selecciona tres cepas de hongos fundamentales para la producción de las proteínas vegetales: Aspergillus oryzae u hongo Koji, Rhizopus oryzae y Rhizopus oligosporus. Estos hongos filamentosos, considerados GRAS o de consumo seguro para la alimentación humana, son cultivados o inoculados siguiendo el método Tane-Koji, el cual consiste en inocular sustratos o materiales sólidos como el arroz o la soya con las esporas de los hongos.

Las esporas son células que contienen la información genética del microorganismo y permiten que, en cualquier momento y dadas las condiciones óptimas, se desarrollen nuevos individuos.

Vista en estereoscopio del hongo Aspergillus oryzae Fuente: Fotografías por Grupo MIBIA


La preparación de los inóculos o cultivos de hongos se hace durante la primera semana y se procura obtener una cantidad de reserva suficiente para futuros experimentos. El primer día Yineth llega temprano, entre las siete u ocho de la mañana, y su primera tarea consiste en desinfectar los instrumentos y organizar los materiales que utilizará en la elaboración. En el segundo día, cocina arroz integral y luego lo coloca en unas bandejas, a las cuales se les agrega el hongo seleccionado. Esta mezcla se deja fermentar durante 75 horas en un horno que controla las variables de temperatura y humedad, buscando fomentar el desarrollo de las esporas.
Durante este tiempo, los primeros dos días se destinan al crecimiento de los microorganismos. En la bandeja reluce una capa blanquecina que cubre el arroz. Al tercer día, el agua de la mezcla es eliminada por completo y se da inicio a una nueva fase: la liberación de esporas. El desarrollo de estas células trae consigo el cambio de color. De blanco a verde para el koji del hongo Aspergillus, y de blanco a gris si se trata de los kojis con Rhizopus. Una vez esté completamente esporulado, el inóculo se seca a 45 °C durante 24 horas, se muele y se almacena en un recipiente esterilizado. El producto resultante es un cultivo de microorganismos que se utilizará en el proceso de fermentación de alimentos como la soya, la quinua o los garbanzos.

Inóculo o Tane-Koji de Aspergillus oryzae.


La alquimia de la fermentación con hongos
A lo largo de la historia, diversas culturas han utilizado los procesos de fermentación con hongos para la conservación y mejora de alimentos. Para el profesor Germán Bolívar, doctor en Ciencias Biológicas, este “es un arte heredado, en especial, de los países orientales”, famosos por la creación de bebidas y alimentos fermentados con hongos como la salsa de soya, el miso, el sake y el tempeh.
En la cultura japonesa, el cultivo de Koji se valora casi como un arte. Ha sido una práctica transmitida de generación en generación. Los maestros de Koji son altamente respetados y la producción de este alimento se considera una habilidad valiosa. Asimismo, el Aspergillus oryzae se ha utilizado en los procesos fermentativos desde hace siglos, por lo que puede encontrarse en diferentes partes del mundo y no solo cuando se inocula en los alimentos.

En el laboratorio MIBIA, la fermentación con estos microorganismos es utilizada para el desarrollo de productos alimenticios con un perfil nutricional mejorado. Así, la elaboración de las harinas o proteínas vegetales, se realiza mediante un proceso fermentativo que dura aproximadamente una semana. Por ejemplo, la soya, que ha demostrado ser un medio óptimo para el crecimiento de estos hongos, debe ser sometida a remojo durante 12 horas. Posteriormente, se descascara y se cocina durante 10 minutos. En el caso de otros alimentos como los garbanzos y los blanquillos, no es necesario descascarar.

Posterior a la cocción, se inocula a temperatura ambiente con las esporas del microorganismo deseado. La mezcla se almacena en bolsas plásticas con pequeñas aberturas para que el hongo respire y luego se coloca dentro de la cámara ambiental a una temperatura y humedad adecuadas. Después de dos días de fermentación, la mezcla se observa completamente blanca. De este proceso de fermentación sólida, en el cual los microorganismos crecen en materiales sólidos sin presencia de agua libre, se obtiene un producto denominado tempeh (si se usa R. oryzae o R. oligosporus) o Koji (si se usa A. oryzae) . El material es secado durante 24 horas en un horno y después se muele, procurando que no haya contaminación. Finalmente, se obtiene una harina con alto contenido de proteína y digestibilidad, que sería la base de otros productos como galletas, carnes veganas y sopas.

Del valle de la muerte viene el despegue
Según la profesora Cristina, doctora en Procesos Biotecnológicos, no siempre los microorganismos crecen, pues en el proceso “todo depende”. El cambio del lugar de fermentación y las condiciones afectan su crecimiento. Cada uno de los hongos empleados es “especial” y algunos son “resabiados”, pues “hacen lo que quieren y cuando quieren, como si tuviesen una personalidad distinta”, dice Yineth. Mientras el Aspergillus es un hongo pacífico, tranquilo y poco conflictivo con otros microorganismos, el Rhizopus es un hongo invasivo y dominante. “Se aprende en la medida que se trabaja con ellos” complementa la investigadora, quien no termina de comprender lo irónico que resulta cómo el cuidado y el amor no son garantía para el crecimiento de los hongos, los cuales pueden crecer, incluso, en condiciones de menos cuidado y control.
Cuando se lleva una semana preparando todo y encuentran algo que frena el proceso, se cae en “el valle de la muerte” y “levantarse de allí no es fácil hasta descubrir qué fue lo que pasó”, opina Cristina. Por ejemplo, en la creación del inóculo, la muestra se contaminó. Las investigadoras se tardaron al menos un mes en descubrir qué era lo que la estaba generando. Yineth cuenta cómo insistía en repetir los procedimientos las veces que fueran necesarias hasta descubrir el factor de error.

“De cada error se aprende. En principio no sabemos qué pasa y la gente pierde los ánimos, pero cuando lo descubrimos no nos volvemos a equivocar. Del valle viene el despegue”, exclama Cristina. Así, en el vaivén entre el ensayo y el error, “uno le coge el tiro al asunto, corrige los errores y ya no hay pérdida. Aunque existen existen unos principios básicos establecidos para el desarrollo adecuado de los hongos, esto es algo que no se hace copiando una receta de cocina. Hay que hacerlo y sentirlo”, comenta.

Hasta el momento, el equipo ha trabajado con garbanzos, arvejas y quinua, pero “ha sido un dolor de cabeza porque los microorganismos tienen sus gustos y crecen de acuerdo a sus necesidades fisiológicas y no en todos los medios se adaptan igual. Es allí cuando se deben efectuar algunas modificaciones” dice Yineth. En este sentido, es necesario crear condiciones para que ellos crezcan.
Una vez se tienen las harinas, estas se someten a diferentes pruebas para analizar los cambios en la cantidad de azúcares, humedad, acidez o alcalinidad (pH), fenoles o antioxidantes y proteína. Asimismo, dependiendo del microorganismo, las harinas pueden desprender aromas diversos, como chocolate, nueces o champiñones.

Las proteínas vegetales llegaron para quedarse

Los resultados obtenidos hasta el momento, muestran que la fermentación tiene un efecto significativo en las características nutricionales de la harina de soya, especialmente en el aumento de proteína y cantidad de fenoles. Esto implica una mayor capacidad antioxidante y, por ende, un impacto positivo para la salud, la prevención de enfermedades y el fortalecimiento del sistema inmune.

Los fenoles o polifenoles son conocidos por sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas. Estos incrementan la capacidad del cuerpo para combatir el estrés oxidativo, un factor que está relacionado con el desarrollo de enfermedades crónicas, cardiovasculares y neurodegenerativas.

Asimismo, los investigadores observaron que los hongos, particularmente del género Rhizopus, producen unas enzimas potentes que dividen las proteínas complejas de la soya en componentes más simples como los aminoácidos, los cuales son indispensables para el cuerpo humano. Esto implica que la soya sea más digerible, es decir, que sus nutrientes se pueden procesar y absorber con mayor facilidad.

Justamente, este proyecto del grupo de investigación MIBIA ha orientado su mirada hacia el aumento de la digestibilidad de las proteínas y su valor nutricional, teniendo en cuenta investigaciones pasadas relacionadas con la alimentación animal, donde el equipo notó que la presencia de algunos microorganismos aumentaba la digestión, nutrición y ganancia de peso en los animales.
Con 25 años de experiencia y trabajo, el grupo MIBIA nació de un interés compartido en los procesos de fermentación con bacterias probióticas, levaduras y hongos filamentosos. El profesor Germán recuerda cómo, junto a Cristina, comenzaron a aprender y aplicar la fermentación metabólica para crear los primeros productos. Desde entonces, no han dejado de innovar. Iniciaron con la salsa de soya y el miso, condimentos que, aunque aún se importan desde otras partes del mundo, también se elaboran en el laboratorio MIBIA.

Cristina Ramírez, Yineth Viáfara y Germán Bolívar en el Laboratorio del Grupo de Investigación MIBIA.
Fuente: Fotografía por Angie Hurtado

“Fermentación, apliquémosla”, pensó Cristina, quien tuvo en cuenta el boom del nuevo siglo asociado al cambio en los hábitos alimenticios y la necesidad de proteínas alternativas y de origen vegetal, dada la expansión de consumidores más conscientes de sus decisiones alimentarias y las consecuencias de estas para la salud y el medio ambiente.


Además de tener una menor huella ambiental, las proteínas vegetales como legumbres, tofu, tempeh, seitán, entre otros alimentos, son altamente nutritivas y proporcionan nutrientes, fibra, vitaminas y minerales. Estas, a excepción de la soya y la quinua, tienden a carecer de alguno de los 9 aminoácidos esenciales, estructuras fundamentales de las proteínas que nuestro organismo no puede sintetizar por sí mismo y, por tanto, deben ser obtenidos a través de la dieta.

De este modo, el mundo se enfrenta a un nuevo paradigma, en el cual las alternativas basadas en plantas se han convertido en una opción a largo plazo. Según el Informe del Estado de Seguridad Alimentaria y Nutrición Mundial, la ausencia de mejoras en la seguridad alimentaria y el acceso inequitativo a dietas saludables, en especial, para los países de bajos ingresos, genera incertidumbre respecto a la posibilidad de alcanzar el objetivo de Hambre Cero en el mundo para el 2030. Para garantizar la seguridad alimentaria, ya no será suficiente la intensificación de la producción animal, pues se estima que la demanda mundial de alimentos se duplicará para el 2050 y, con ello, la presión sobre los ya escasos recursos.

Para Yineth, la investigación tiene un impacto positivo y directo sobre la seguridad alimentaria de países como el nuestro, que cuenta con un alto potencial para la producción de materias primas vegetales como legumbres y cereales. En sus palabras, “la gente ya no tiene esa solvencia económica para poder alimentar a sus familias, pero siempre tenemos los granos: frijoles, lentejas o arvejas y esa es la base de la alimentación de las familias, en especial, en los pueblos, donde se cultivan los alimentos en las propias casas”.

En América Latina y el mundo, el mercado de alimentos plant-based o basados en plantas ha crecido rápidamente. De acuerdo con el informe Plant-Based Foods Poised for Explosive Growth (Los alimentos basados en plantas están preparados para un crecimiento explosivo) de Bloomberg Intelligence, se estima que este mercado mundial aumentará su valor a 162.000 millones de dólares para 2030 (con respecto a los 29.400 millones que costaba en 2020), representando un 7,7 % del mercado mundial de proteínas para ese año. En el caso latinoamericano, este alcanzó un valor promedio de 1.05 mil millones de dólares en 2022, de la mano de un despliegue de dietas veganas, vegetarianas y flexitarianas, lideradas, en particular, por consumidores jóvenes impulsados por preocupaciones ambientales y de salud.

Por su parte, Cristina espera que este tipo de iniciativas no solo permitan una accesibilidad mayor de estos alimentos para las personas que por salud, convicción u otro motivo, deciden voluntariamente no consumir proteína animal, sino que también reduzcan los costos del levante animal, es decir, del proceso que incluye la alimentación, nutrición, sanidad y bienestar de los animales. La disminución de estos costos de producción y, por ende, del precio de venta de productos de origen animal, podría permitir que los alimentos sean más accesibles para las personas, diversificar las dietas, mejorar el perfil nutricional de los productos, mejorar las condiciones de vida de los animales y contribuir a la sostenibilidad ambiental.

Asimismo, para Germán, es necesario que surja una base tecnológica de apoyo, industrias e iniciativas de innovación local para la producción de proteínas vegetales, cuya producción cuenta con un fuerte potencial futuro, pero que aún aborda desafíos en términos de infraestructura, equipos, innovación tecnológica, visibilidad y educación de los consumidores sobre los beneficios de estas alternativas y su valor nutricional.

Como parte del segundo evento de socialización de participación ciudadana del proyecto Promueva: El Polarizómetro, ciencia e inteligencia artificial para medir la polarización en un mundo influenciado por las redes sociales, se llevaron a cabo diversas actividades orientadas a educar e informar a la comunidad sobre la polarización en redes sociales : cómo se mide objetivamente con una propuesta científica y práctica formal, y cómo se exploran las redes usando la inteligencia artificial para analizar lo que éstas están “pensando y expresando”.. Este proyecto interdisciplinario es el resultado de la colaboración entre la Universidad Javeriana, la Universidad del Valle y la Escuela Politécnica de París, financiado por el Sistema General de Regalías, bajo la supervisión del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, con un presupuesto de $2 mil millones de pesos.

El encuentro, que contó con la presencia de docentes, estudiantes universitarios y de bachillerato, fue un espacio para aprender y reflexionar sobre este fenómeno social a través de charlas educativas y dinámicas interactivas.

Frank Valencia, Director del Proyecto Promueva 

El evento inició con una presentación general de los avances del proyecto, a cargo de Frank Valencia, Director del Proyecto Promueva donde explicó cómo la polarización, entendida como la división de una comunidad en torno a una opinión particular, puede tener efectos significativos en la sociedad. Además, resaltó la importancia de medir y analizar este fenómeno, lo cual motivó el desarrollo del Polarizómetro, una innovadora herramienta tecnológica que permite cuantificar el grado de polarización en redes sociales.

Jesús Alexander Aranda Bueno, Co - Investigador del Proyecto Promueva

Jesús A. Aranda, co-investigador del proyecto, profundizó en los métodos utilizados para medir la polarización. Explicó que esta medición se basa en el análisis de datos y en el esfuerzo que habría que hacer para moderar opiniones hacia un punto de consenso. La medición precisa de la polarización es crucial para entender cómo evolucionan las opiniones en una comunidad y cómo estas pueden impactar el comportamiento social.

Robinson Duque, Co - Investigador del Proyecto Promueva

Por su parte, Robinson Duque, también co-investigador, abordó la importancia de entender lo que se piensa en las redes sociales. Destacó cómo el análisis de grandes volúmenes de datos, incluidos textos, imágenes y videos, permite clasificar opiniones y detectar patrones de polarización. Este tipo de análisis es fundamental para desarrollar estrategias que promuevan un diálogo más constructivo en la esfera digital.

Juan Francisco Díaz, Co - Investigador del Proyecto Promueva

El Polarizómetro, una aplicación diseñada específicamente para medir la polarización, fue presentada por Juan Francisco Díaz, co-investigador y profesor de la Universidad del Valle. El profesor explicó que la aplicación funciona de manera similar a un termómetro, proporcionando una medida objetiva del grado de polarización en torno a un tema específico. La herramienta está disponible en la nube, lo que facilita su acceso y uso por parte de la comunidad.

Felipe Jaramillo, otro co-investigador del proyecto, reflexionó sobre la contribución del Polarizómetro a la sociedad. Según Jaramillo, esta herramienta no solo ayuda a comprender mejor la polarización, sino que también puede influir en la toma de decisiones en diferentes contextos, promoviendo una mayor cohesión social.

El evento destacó la naturaleza interdisciplinaria del proyecto, que combina conocimientos de las ciencias sociales, computacionales y matemáticas para abordar un fenómeno social crítico. Carlos Ramírez, co-investigador de la Universidad Javeriana, destacó la relevancia de los modelos matemáticos en el análisis de redes sociales, afirmando que estos modelos permiten predecir la evolución de las opiniones y determinar si se alcanzará un consenso o si persistirá la polarización.

Como actividad acadèmico lúdica, se interactuó con la audiencia indagando su grado de acuerdo o desacuerdo con diversas afirmaciones en diferentes temas, y también, solicitando una de sus respuestas en forma de comentario, y se utilizó el polarizómetro para saber qué temas polarizaban más o menos a la audiencia. De esta manera, se ilustró a la audiencia sobre cómo se puede usar el polarizómetro.

Finalmente, el encuentro concluyó con un llamado a la comunidad a involucrarse y aprovechar las herramientas tecnológicas como el Polarizómetro. Juan Francisco Díaz enfatizó que, como científicos de la computación, es fundamental desarrollar aplicaciones que tengan un impacto positivo en la sociedad, invitando a los participantes a conocer y utilizar esta herramienta, y a considerar cómo, usando herramientas como el polarizómetro, desde sus propias disciplinas pueden contribuir al estudio y solución de problemas sociales.

El Proyecto Promueva es un ejemplo claro de cómo la tecnología y el trabajo interdisciplinario pueden converger para abordar problemas sociales complejos. La polarización en redes sociales es un fenómeno que afecta a nuestras comunidades, y medirla de manera objetiva es el primer paso para promover un diálogo más informado y menos divisivo. Este tipo de iniciativas no solo destacan la importancia de la colaboración entre diferentes campos del conocimiento, sino que también subrayan el poder de la tecnología como una herramienta para el cambio social positivo.

La comunidad universitaria y el público en general están llamados a conocer, utilizar y difundir los resultados de este tipo de proyectos, que buscan no solo entender el presente, sino también construir un futuro más cohesionado y consciente que apoyen a una mejora de toma de decisiones.

 

El Instituto en Ciencias del Mar y Limnología - INCIMAR, adscrito a la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas fue reconocido como Centro de Investigación* por el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, por un periodo de 5 años, tiempo máximo otorgado por el Ministerio de Ciencias.

En el concepto del Ministerio INCIMAR cumple con la definición de ser una “organización pública, privada o mixta independiente que tiene como misión institucional desarrollar diversas actividades de investigación (básica o aplicada), con líneas de investigación declaradas y un propósito científico específico” ,de acuerdo con lo establecido en la Política de Actores del sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

A propósito del reconocimiento, el profesor Enrique Javier Peña Salamanca, director del INCIMAR manifiesta que “Este es un paso muy importante para el Instituto, por cuanto somos reconocidos como un centro de excelencia, lo que le confiere participar en convocatorias relacionadas con el SNCTI de mayor envergadura”

En mensaje enviado al Departamento de Biología el profesor Peña agradeció a sus colegas el apoyo en la construcción de la agenda de investigación del instituto, la formulación de las líneas y áreas de actuación y su participación durante el proceso de solicitud del reconocimiento.

Este reconocimiento fue otorgado a través de la Resolución 1056 del 16 de julio de 2024, emitida por Minciencias.

INCIMAR
La misión de INCIMAR es “Contribuir al desarrollo de la investigación científica, la docencia
universitaria y la difusión de las Ciencias del Mar y la Limnología, con participación de los diferentes estamentos y unidades académicas de la Universidad. Todas estas áreas están encaminadas al conocimiento, uso sostenible,preservación y manejo de ecosistemas y recursos acuáticos.”

SNCTI
“El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación -SNCTI- es un sistema abierto del cual forman parte las políticas, estrategias, programas, metodologías y mecanismos para la gestión, promoción, financiación, protección y divulgación de la investigación científica y la innovación tecnológica, así como las organizaciones públicas, privadas o mixtas que realicen o promuevan el desarrollo de actividades científicas, tecnológicas y de innovación."

En un contexto global que impulsa una ciencia más abierta, accesible y transparente, la Universidad del Valle ha dado un paso significativo al organizar el ciclo de conferencias “Hablemos de Ciencia Abierta”. La primera conferencia del ciclo, titulada La ciencia abierta y sus componentes. Claves para investigadores, se llevará a cabo el 30 de agosto de 11:00 a.m. a 12 m.

Este ciclo está alineado con el consenso internacional, representado por la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta (UNESCO, 2021), que promueve el acceso al conocimiento, la igualdad, la transparencia y la colaboración. Además, responde a la Política Nacional de Ciencia Abierta de Colombia, firmada en 2022, que busca reducir brechas en el conocimiento científico, tecnológico e innovador. En este sentido, la Universidad del Valle se une a los esfuerzos nacionales e internacionales, creando un espacio para la sensibilización y la reflexión sobre esta temática.

La apertura del conocimiento científico es crucial para contribuir al abordaje de problemas económicos, sociales y ambientales. La ciencia abierta busca ampliar el acceso al conocimiento y fortalecer los lazos de cooperación, impulsando el desarrollo y el impacto de la ciencia. Este ciclo de conferencias en la Universidad del Valle fomentará la reflexión en torno a la temática y promoverá la construcción de alianzas estratégicas entre la academia, el sector productivo y la sociedad.

El ciclo de conferencias virtuales tiene como objetivo principal fortalecer la cultura institucional en ciencia abierta. Para ello, se han diseñado actividades de sensibilización dirigidas a la comunidad académica. Los seminarios, talleres y mesas de discusión no solo abordarán los fundamentos teóricos del movimiento de la ciencia abierta, sino que también proporcionarán herramientas prácticas para que investigadores, estudiantes y docentes puedan aplicar estos principios en su trabajo diario.

Durante las conferencias, se explorarán preguntas clave como: ¿Qué es la ciencia abierta? ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Cómo puede cada miembro de la comunidad académica contribuir a esta apertura del conocimiento? Las respuestas a estas preguntas contribuirán a cimentar una cultura institucional comprometida con el acceso al conocimiento y la participación inclusiva en la creación científica.

Con esta primera conferencia, la Universidad del Valle reitera a toda su comunidad su interés por la ciencia abierta, integrándose a una iniciativa global que busca transformar la manera en que se genera, comparte y aplica el conocimiento. En un mundo cada vez más interconectado, la ciencia abierta se presenta como una perspectiva esencial para avanzar hacia una sociedad más justa, equitativa y sostenible.

Con la charla “La Inteligencia Artificial Generativa: Una mirada a las oportunidades y desafíos para la investigación, la educación y la sociedad” se inaugurará el Coloquio de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, un espacio para el intercambio de conocimientos y experiencias pensado para la comunidad de ciencias, y abierto a todo el público.

Esta actividad se realizará el próximo lunes 26 de agosto, a las 4:00 pm, Salón Michel Valero, Edificio E20, piso 2.

El Coloquio de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas se realizará el último lunes de cada mes a las 4:00 p.m. y tendrá transmisión en directo por el canal de youtube de la facultad: agosto 26, septiembre 30, octubre 28 y noviembre 25.

Charla inaugural
La Inteligencia Artificial Generativa: Una mirada a las oportunidades y desafíos para la investigación, la educación y la sociedad.

En esta charla se explorarán las revolucionarias capacidades de la Inteligencia Artificial Generativa para transformar la educación, la investigación y la sociedad. Se analizará cómo esta tecnología puede personalizar el aprendizaje, estimular la creatividad y optimizar procesos. Sin embargo, también se discutirán los riesgos éticos, sociales y ambientales asociados a su desarrollo y uso, como la desinformación, la privacidad y el consumo energético.

El ponente es el profesor del departamento de Física Omar Calderón Losada, doctor en física de la Universidad de Los Andes. Sus líneas de investigación son la óptica cuántica, computación e información cuántica, espectroscopía ultrarrápida y tomografía de coherencia. Actualmente es el coordinador del Laboratorio de Espectroscopía Ultrarrápida del CIBioFi.


Fecha: agosto 26 de 2024
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: E20, piso 2. Salón Michel Valero

Entre el 5 y el 8 de noviembre la Universidad del Valle realizará la Escuela Internacional de Formación Avanzada - EIFA - Inteligencia Artificial para las Ciencias Naturales y Exactas, que busca generar destrezas sobre el desarrollo de códigos para el procesamiento de datos y aprendizaje automático basados en técnicas de inteligencia artificial (IA).

La escuela ofrecerá diferentes cursos que abordarán conceptos fundamentales de IA (incluyendo el aprendizaje automático), escritura de códigos, procesamiento de datos y modelización predictiva. Los participantes aprenderán a desarrollar y utilizar algoritmos de IA para analizar grandes conjuntos de datos, plantear modelos precisos y generar conocimiento que permita incorporar la IA en las investigaciones de la Universidad del Valle.

Esta escuela está dirigida a estudiantes de posgrado, pregrado de semestres avanzados y docentes de las Ciencias Naturales y Exactas. No tendrá costo para los asistentes.


Desarrollo

Primera parte
Introducción básica a la Inteligencia Artificial y el Machine Learning.
Se realizará del 26 de septiembre al 24 de octubre, en modalidad virtual. Esta primera parte consta de 5 reuniones de 2 horas + trabajo independiente. A estas sesiones pueden asistir todas las personas que se inscriban.

Segunda parte
Desarrollo intensivo de la escuela
Se realizará de manera presencial del 5 al 8 de noviembre y podrán asistir quienes habiendo participado en las charlas de la primera parte sean seleccionados por su asistencia y el desarrollo satisfactorio de los trabajos propuestos en dicha etapa.

Tercera parte
Cierre
Se realizará el 8 de noviembre y consta de una conferencia magistral y una sesión de posters de investigación. El cierre está abierto a toda la comunidad universitaria.

Materias Homologables
La asistencia y aprobación de la escuela significará además, para los estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, la homologación de una materia: Investigación I o II para los estudiantes de pregrado y seminarios o electivas para los estudiantes de maestría y doctorado.

Para conocer los docentes internacionales, obtener mayor información sobre la EIFA Inteligencia Artificial para las Ciencias Naturales y Exactas e inscribirse visite: https://eifaciencias.correounivalle.edu.co 

La aparición de la inteligencia artificial en diferentes ámbitos de la vida cotidiana es un tema que en los últimos años ha sido objeto de debate y de reflexión. En los campos de la salud, las finanzas y los negocios se habla de los impactos, del potencial, las posibilidades y los retos que abre esta tecnología innovadora. Las instituciones de educación superior no podemos ser ajenas a esta discusión en la esfera pública. 

Desde diferentes perspectivas, alrededor de las IA se busca desmitificar su uso e implementación, pues desde ciertas miradas se plantea que pueden ser herramientas que permitirán el desarrollo de nuevas habilidades para la gestión y el liderazgo. Alrededor del mundo se están adelantando múltiples experiencias que hablan del potencial para transformar nuestro quehacer. 

Como comunidad académica, la Universidad del Valle está interesada en pensar el rol de la inteligencia artificial, fundamental para el devenir de la educación superior en las próximas décadas. Nos estamos sumando al debate que se está adelantando en diferentes escenarios. Es importante pensar nuestra postura en estos temas que se sitúan en la frontera del conocimiento, generando aportes desde la investigación y los diferentes campos del saber. Por supuesto, sin perder de vista la perspectiva ética que va desde el tipo de datos y estadísticas que se emplean para alimentar las IA hasta el uso adecuado que como usuarios les demos. 

Es necesario que las universidades pensemos el potencial que podemos desarrollar gracias al uso de esta tecnología. Nuestros procesos misionales, administrativos, de gestión e investigación pueden verse potenciados por la IA. Es fundamental adaptarnos a esta tecnología que está planteando un escenario disruptivo que lleva a repensar nuestros modelos educativos, métodos de investigación y estructuras organizacionales. En esto será fundamental el desarrollo de las capacidades y habilidades de nuestras comunidades, tanto de estudiantes como docentes, empleados y trabajadores. 

Es en ese sentido que como dirección universitaria hemos considerado de profunda importancia que la transformación digital y la inteligencia artificial sea uno de los ejes de las Mesas Temáticas Convergentes para la formulación del Plan Estratégico de Desarrollo 2025 - 2035. Este documento es la hoja de ruta para los próximos diez años, con un componente de prospectiva que nos permitirá construir la universidad que soñamos. Las discusiones alrededor de este eje nos permitirán formular estrategias para asegurar la eficiencia, sostenibilidad y calidad de nuestros procesos académicos, investigativos, de extensión y administrativos. 

Es importante que el conjunto de estamentos que componen la comunidad universitaria se sumen a las mesas temáticas convergentes, un mecanismo de participación que se ha previsto para la recolección de insumos que permitan la construcción del Plan Estratégico de Desarrollo. Este documento será la hoja de ruta para los próximos diez años de la Universidad. En esta ocasión la construcción del PED se piensa también mirando el futuro de la institución, comenzando a prever escenarios cuando se cumplan nuestros primeros cien años. A través de este ejercicio de prospectiva, donde se construirán escenarios de futuro, la Universidad del Valle ratificará su compromiso con el desarrollo de la región.

Los sistemas de información basados en IA constituyen un reto conceptual y de aplicabilidad con hondas consecuencias sobre la educación; la adaptación temprana y reflexiva es la clave para enfrentarlas.  

A menudo, las posibilidades que ofrecen los desarrollos tecnológicos como la Inteligencia Artificial (IA e IAG) vienen acompañadas de la producción de una gran cantidad de información que puede resultar abrumadora y que, lejos de favorecer el uso de las herramientas tecnológicas, lo dificulta e incluso lo impide, ya sea por los detalles técnicos que se requieren aprender para su manejo e integración o por los debates que suscita su efecto entre los distintos campos o disciplinas. La educación no es ajena a este fenómeno y los docentes se enfrentan hoy a enormes desafíos que se discuten en debates, foros, redes sociales, publicaciones en revistas especializadas y de opinión, y para los que se generan guías y manuales que desbordan la capacidad de los educadores para atenderlos y, a la vez, adquirir las habilidades y competencias que les permitan integrar las nuevas herramientas a su práctica pedagógica.  

El reconocimiento de esta dificultad, que suele pasar desapercibida, fue una de las razones por las que el equipo de formación de la DINTEV, diseñó el taller Usando la Inteligencia artificial como recurso pedagógico, persiguiendo la apertura de un proceso ineludible en cuanto a actualización docente en TIC y, de manera indirecta, de la adopción de la IA en procesos de todo orden al interior de la Universidad del Valle.  

“El semestre anterior, a finales del año pasado, la DINTEV aplicó una encuesta a todos los profesores de la universidad en todas las sedes con el objetivo de identificar las necesidades de formación que ellos mismos consideraban que había que atender. Uno de los temas que surgió fue el de la inteligencia artificial en educación superior. Tras identificar esa necesidad, formulamos un taller que orienta sobre algunos usos y posibilidades de esos sistemas de información”, explica el profesor Gilbert Andrés Cruz Rojas, responsable del taller y miembro del equipo formador de la DINTEV. A los hallazgos del sondeo, se sumaron las propuestas de la directora de la DINTEV y el equipo de formación frente a la participación de la Universidad del Valle, en la agenda de capacitación de RedUnete, colectivo de Instituciones de Educación Superior que trabaja por la reflexión en torno a la integración de las tecnologías digitales en los espacios universitarios y que ha comenzado a explorar la actualización docente en el uso de la IA. 

De esta forma, recogiendo las inquietudes de los docentes y las apuestas del equipo de la DINTEV, el taller se desarrolla en dos momentos —cada uno correspondiente a una sesión de dos horas— en los que los participantes se introducen en el conocimiento básico de la IA, se inician en la exploración de algunos recursos que les pueden servir de apoyo en las tareas de aula o investigación, y, lo más importante, reconocen cómo hacerlos parte de estrategias pedagógicas que transformen los procesos de enseñanza y aprendizaje, de forma tal que la herramienta no reemplace, sino que apoye y facilite las tareas del profesor, y no interfiera con el desarrollo de competencias y habilidades de los estudiantes como la consolidación de un pensamiento crítico o las capacidades creativa y resolutiva.  

Esta perspectiva dada al taller contribuye a combatir “la clandestinidad del uso del recurso”, foco de tensión sobre el que se soportan algunos de los principales mitos y miedos alrededor del uso de la IA en educación, como la presentación de tareas no desarrolladas por los estudiantes y sí por las máquinas. “La tensión está presente especialmente en los aspectos evaluativos y en el diseño de actividades en los que este tipo de recursos aparecen de una forma invisible a los ojos del profesor; es decir, cuando no los ha propiciado. En cambio, cuando el profesor plantea el uso explícito de los recursos en las actividades y los estudiantes las utilizan porque así se les ha solicitado, ese uso es más visible y es clara la forma en que los estudiantes pueden emplear ciertas herramientas para cumplir los objetivos: escribir un ensayo, resolver un problema, desarrollar su trabajo de grado, etc.”. 

 

ChatGPT, ChatPDF, Midjourney… ¿Por dónde empezar? 

Además de desmitificar el uso de la IA en la educación, el enfoque dado al taller permite evitar la mirada tecnocéntrica en su integración a las actividades académicas. Esto porque en las sesiones, los docentes adquieren destrezas para identificar aquellos escenarios en los que precisan del uso de la IA desde la particularidad de sus cursos, la metodología que los soporta y cómo su introducción afecta el acto pedagógico. La IA aparece entonces como un apoyo o un instrumento que eficientiza tareas, más no como un reemplazo del docente (escenario que resulta altamente improbable).  

Y es que como lo señala Valtensir Mendes en una columna para El País de España y como lo recogen los informes de la UNESCO, las tecnologías digitales deben utilizarse para “apoyar una educación basada en la interacción humana en lugar de apuntar a sustituirla”. El reto se encuentra entonces en garantizar que los sistemas educativos se transformen a tiempo, teniendo en cuenta que las IA ya introdujeron nuevas dinámicas en los ecosistemas de enseñanza y aprendizaje.  

“Lo importante es entender que estos sistemas de información aparecen como un recurso más que le puede ser útil al profesor en su función formativa. Por lo tanto, es necesario que el profesor piense previamente —o esa es la concepción con la que se ha pensado el taller— y tome decisiones curriculares con respecto a lo que espera trabajar con los estudiantes, lo que espera enseñar, lo que espera que ellos aprendan, sin eludir decisiones de tipo pedagógico y didáctico como el diseño de las actividades o sus objetivos de aprendizaje. Es por último que aparecen las decisiones de tipo tecnológico y la aplicación de los sistemas de información. Se trata de la postura frente a cómo deben hacerse los procesos de integración de la tecnología. Conocemos algunos sistemas que le dan al profesor una información de lo curricular; por ejemplo, si se le pregunta a la máquina y se le entregan datos e indicaciones sobre una asignatura, el sistema puede arrojar toda la propuesta curricular. Aquí la idea es que esas decisiones el profesor no las eluda o delegue a una máquina; aquí la idea es que el profesor tome las decisiones y le saque el mayor provecho a la tecnología. Porque si no, uno está ante una mirada tecnocéntrica de la educación donde lo tecnológico se impone sobre lo pedagógico”, puntualiza el profesor Cruz Rojas. 

Por este motivo, en el taller no se impone el uso de un recurso o un grupo de recursos específicos, sino que se presenta una serie de fundamentos conceptuales y metodológicos acompañados de ejemplos y demostraciones con algunas herramientas que se exploran “en caliente”, lo que le permite a los profesores contar con los mecanismos para continuar una búsqueda y apropiación que se ajuste a sus necesidades desde una actitud reflexiva de su propia práctica. Esto incluye, por supuesto, el reconocimiento de las limitaciones de la IA y los sesgos que en ella se reproducen de la realidad social, como ocurre con las brechas de género o la representación de estereotipos raciales, así como la toma de conciencia sobre los costos medioambientales y energéticos. 

Es usual encontrar que los profesores asistan a diferentes tipos de talleres sobre uno u otro recurso o aplicación, y pasadas algunas semanas dejen de utilizarlas; fenómeno que se explica no por la falta de bondad o pertinencia del recurso, sino porque este no era realmente necesario o su utilidad era distinta a la que requería el docente. “Por eso estamos orientando a los docentes a gestionar su enseñanza a través de un sistema de recursos personales. Ese sistema se organiza en unas familias que les permiten desarrollar su actividad profesional. Es decir, los docentes tienen ya unos recursos para planear sus clases, tienen sus páginas, documentos, presentaciones, su discurso; pero sólo cuando son conscientes del tipo de herramientas que utilizan, pueden determinar cuáles necesitan y cuáles no, cómo organizarlas y clasificarlas. Entonces, si un profesor plantea actividades en las que sus estudiantes producen un gran volumen de contenido multimedia, requiere ponerse en contacto con ese tipo de herramientas específicas y no con toda la gama que está disponible en internet”, señala el formador de la DINTEV. 

Una de las opciones para la organización de los recursos o herramientas es Symbaloo, una plataforma gratuita que funciona como una especie de navegador que al configurarse como página de inicio, sirve como un escritorio virtual. A esta herramienta, revisada como un caso especial en el taller por ser una aliada a la hora de dar ese primer paso de identificación, depuración y gestión ordenada de aplicaciones, se suman entre muchas otras: Elicit, un sistema que usa la IA para apoyar la búsqueda, análisis, compilación e incluso sistematización de información científica; ChatGPT, la inteligencia artificial generativa más mencionada en los círculos académicos por su potencial en la creación de textos, pero también por las dificultades que esto conlleva a nivel evaluativo; o ChatPDF, recurso que permite “conversar” con documentos en PDF, función interesantísima para organizar debates en clase o trabajar el desarrollo de pensamiento crítico o la lectura profunda y analítica de textos académicos.  

Bien sea por la perspectiva general con que se planteó la capacitación, la multiplicidad de herramientas que se les presentan a los docentes de manera sencilla o el interés que suscita la IA actualmente, el taller ha contado con una buena recepción entre el cuerpo docente, pues a la primera cohorte, planificada por la DINTEV para el mes de febrero, se sumó una solicitada por la Seccional Buga y en la que participaron profesores de ese municipio y de la Sede Tuluá. 

Precisamente uno de los docentes de la sede Buga y responsable de varios cursos de Lengua Extranjera, el profesor José Fernando Moreno Prado, compartió con nosotros su experiencia de integración de ChatPDF en su práctica pedagógica. Cuenta: “Yo lidero los clubes de conversación acá en la sede y desde ese lugar planifico muchas de las actividades. Ahora estoy manejando ChatPDF y estoy dejando que los estudiantes empiecen a usarlo de una manera que sea significativa para ellos. Por ejemplo: la semana pasada les pregunté qué imagen tenían del futuro, cómo se imaginaban que sería la música, la vida amorosa, la educación, la salud, distintos temas en el 2050, partiendo de las experiencias que tenían en el momento y lo que han escuchado de sus padres en el pasado. Luego de escuchar sus opiniones, les pedí que le hicieran la pregunta a la IA, y observamos y discutimos las respuestas y sus contrastes. Fue muy interesante. Todo es cuestión de la forma en que usamos la IA, algo que nos repitió el profe Gilbert en el taller”.  

En esta actividad el profesor Moreno Prado estimula las cuatro competencias lingüísticas en inglés: listening, speaking, reading y writing, pues las discusiones y el uso de la herramienta se llevan a cabo en el idioma extranjero. El ejercicio resulta más que interesante, pues además de cumplir los objetivos pedagógicos de la asignatura, hace emerger la tensión entre lengua y lenguaje, provocando que en una discusión aparentemente sencilla y didáctica, se hagan presentes las complejidades que hoy debaten lingüistas, programadores y filósofos sobre el lenguaje y la realidad.  

El profesor, quien actualmente cursa también nuestro Diplomado en Docencia Virtual, señala que la oferta formativa de la DINTEV y su dedicación individual a la experimentación con distintas herramientas le han permitido desmitificar el uso de la IA y otros sistemas de información. Por ello, en alguna ocasión se lanzó a la exploración del metaverso y con su avatar se encontró en medio de un centro comercial en Dubai, en el que otra persona, al igual que él, recorría el espacio y lo indagaba. “Fue una experiencia agridulce. Chévere porque vi a alguien que no conocía, que no sabía de dónde era, pero al mismo tiempo me generó algo de miedo. Pero uno no se debe cerrar a ese tipo de herramientas, es más, debemos capacitarnos para guiar a los estudiantes en el aprovechamiento de esos sistemas. Es también una cuestión de decirles: bueno, hasta aquí se les permite que utilicen la inteligencia artificial. Es una muy buena herramienta, con ella podemos solucionar problemas, fomentar el trabajo colaborativo, el que los mismos estudiantes vayan creando su aprendizaje formativo, en fin, yo creo que el taller nos despejó muchas dudas”. 

Las dudas y temores pueden ser ilustradas con imágenes que evocan la infancia enfrentándose a un mundo desconocido que produce emoción, entusiasmo y agobio al mismo tiempo, tal como lo mostraron los resultados de una actividad del taller en la que se les pidió a los profesores utilizar la IA recientemente incorporada a Padlet, para expresar gráficamente sus sentimientos frente a la inteligencia artificial. La conclusión del taller: esas imágenes pueden transformarse con la adquisición de conocimientos.

 

Por: Diane Palacios Chamorro
DINTEV
Crédito de las imagen: Dario Trullo Ramírez