Las investigaciones y desarrollos que genera la comunidad académica de la Universidad del Valle son una fuerza que nos permite transformar nuestra sociedad. El conocimiento que se genera en aulas, laboratorios y auditorios busca dar respuesta a las necesidades apremiantes de las comunidades y del sector empresarial.
La aplicación de la investigación, la transferencia tecnológica, la innovación, la creación artística y la apropiación social del conocimiento son fundamentales para que el trabajo de los grupos de investigación se articule con las comunidades. Este trabajo se realiza a través de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación - OTRI de la Vicerrectoría de Investigaciones.
Los procesos que orientan la investigación que se desarrolla con las comunidades, así como los que se desprenden de las estrategias de apropiación social del conocimiento son un aprendizaje en doble vía: tanto investigadores como los miembros de la comunidad pueden generar un trabajo colaborativo que impacta de manera positiva los desarrollos.
Este trabajo en conjunto nos permite entender que las comunidades tienen un conocimiento valioso, construido a lo largo de su historia, de sus luchas y de su experiencia y que, en ese diálogo de saberes que se abre con la articulación de la academia, se pueden tejer, transformar e integrar los saberes. En ese sentido, las instituciones de educación superior tienen un papel fundamental: fomentar, no solo los procesos de apropiación, sino también incentivar a que cada vez sean más los intercambios de saberes y experiencias.
En contextos marcados por las desigualdades y las inequidades, el conocimiento que se genera desde las universidades es una potente herramienta para construir un país más justo y sostenible, donde se ve cabida a la reflexión crítica, a la construcción de paz, al respeto por la diferencia. En esa tarea, la Universidad del Valle no puede ser solo una espectadora, está convocada a ser protagonista.
En un mundo cada vez más interconectado y dinámico, desarrollar habilidades que permitan abordar los problemas de forma lógica y sistemática es fundamental. Consciente de esta necesidad, Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera, ingeniera, magíster y candidata a doctora de la Universidad del Valle, diseñó un marco de estandarización para la enseñanza del pensamiento computacional. Su propuesta incluye una estrategia didáctica que combina los estilos de aprendizaje y la gamificación para facilitar y motivar el proceso formativo, teniendo el potencial de transformar la pedagogía, incluso, en otras áreas del conocimiento.
Pensamiento computacional: más allá de los dispositivos
La globalización, las nuevas tecnologías, las migraciones, la competencia internacional, la evolución de los mercados, los desafíos medioambientales y las políticas transnacionales son factores que rigen la vida en el siglo XXI y que, según la Unesco, caracterizan las competencias y los conocimientos que las personas deben desarrollar para enfrentar los retos del presente y del futuro. En ese contexto, una de las habilidades clave es el pensamiento computacional: una forma de entender el mundo y resolver problemas descomponiéndolos en partes más pequeñas e identificando sus elementos centrales, patrones y algoritmos (entendidos como conjuntos de pasos ordenados y finitos).
El pensamiento computacional no solo es útil en contextos digitales o computacionales, sino también en una amplia variedad de campos, incluidas las artes y las humanidades. No obstante, su importancia en áreas como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM), fundamentales en la creciente integración entre habilidades humanas y tecnologías, es lo que lo ha convertido en un foco de atención para personas, empresas, instituciones y gobiernos. Estos actores reconocen en su desarrollo un motor clave para la innovación tecnológica, el crecimiento económico y el bienestar social.
Frente a esta necesidad, han surgido múltiples iniciativas orientadas a fortalecer el pensamiento computacional en niños y jóvenes. Sin embargo, muchas de ellas se limitan a entregar dispositivos electrónicos y a enseñar su uso, lo que no garantiza el aprendizaje real de esta habilidad. De hecho, cuando el acceso a estas herramientas no está acompañado de una adecuada orientación pedagógica, pueden surgir riesgos como la sobreestimulación, con consecuencias negativas para la salud y el desarrollo cognitivo.
Además, los gobiernos suelen implementar programas que restringen el pensamiento computacional al ámbito tecnológico, desaprovechando su potencial transversal en distintas disciplinas.
Estandarizar para enseñar mejor
En este contexto surge la investigación Marco de trabajo para promover el pensamiento computacional en estudiantes de educación secundaria incorporando gamificación orientada por estilos de aprendizaje, desarrollada por Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera como tesis doctoral en Ingeniería, con énfasis en Ciencias de la Computación, bajo la dirección y codirección de los profesores María Patricia Trujillo Uribe y Juan Francisco Díaz Frías, respectivamente.
“Mi carrera ha sido principalmente como docente y siempre me he interesado en estrategias para facilitar y motivar el aprendizaje. Por eso, comencé a explorar la gamificación, que, al final, fue lo que me llevó a conocer el concepto de pensamiento computacional”, explica Yuri sobre la elección de su enfoque investigativo.

María Patricia Trujillo Uribe y Juan Francisco Díaz Frías, profesores de la Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación de Univalle.
El principal reto de la investigación fue la ausencia de una definición clara y consensuada sobre qué es el pensamiento computacional y cuáles son sus componentes, lo que dificulta estructurar de manera adecuada su enseñanza. Por ello, la investigadora asumió el desafío de enmarcar esta habilidad dentro del enfoque de formación basado en competencias, establecido por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia para estandarizar la educación básica y superior en el país. En ese proceso, identificó tres competencias principales de este tipo de pensamiento:
-Abstracción, entendida como la capacidad de identificar, extraer y representar los elementos esenciales de una situación, problema u objeto, priorizando lo relevante.
-Descomposición, la habilidad de dividir problemas complejos en partes más pequeñas y manejables para facilitar su comprensión.
-Pensamiento algorítmico, la capacidad de diseñar secuencias ordenadas de pasos o instrucciones para resolver tareas de manera lógica y sistemática.
A partir de ello, y con base en la taxonomía de Bloom, Yuri definió resultados de aprendizaje e indicadores de logro para cada una de las competencias, lo que permitió precisar los conocimientos y habilidades que los estudiantes deben adquirir en el desarrollo del pensamiento computacional. Con esta información, además, construyó una rúbrica que facilita su proceso de evaluación.
“Con esto, los y las docentes pueden comenzar a estructurar sus procesos de enseñanza del pensamiento computacional, haciendo una planeación más clara y sólida, y pudiendo evaluar con más justicia y certeza a los y las alumnas”, señala Yuri.
Una estrategia didáctica transformadora
Realizada la estandarización del pensamiento computacional desde el enfoque de enseñanza por competencias, la ingeniera centró sus esfuerzos en diseñar herramientas que facilitaran su educación, considerando su carácter transversal. Con este propósito, retomó su interés inicial: la gamificación de los procesos educativos.
La gamificación consiste en incorporar elementos propios de los juegos (como los sistemas de puntuación, las narrativas, los retos, la competencia, etc.) en contextos no lúdicos, esto con el fin de motivar, aumentar el compromiso y mejorar el aprendizaje o la productividad.
“La idea es usar los elementos de los juegos e incorporarlos en las estrategias de enseñanza para generar motivación extrínseca en los estudiantes. Además, tuve en cuenta los estilos de aprendizaje, porque no todos aprenden igual ni los motiva lo mismo”, comenta Yuri.
Relacionando el modelo de estilos de aprendizaje de Felder y Silverman con los arquetipos de jugadores propuestos por Andrzej Marczewski, la investigadora desarrolló una estrategia didáctica que ofrece lineamientos para diseñar instrumentos de enseñanza-aprendizaje lúdicos, ajustados a las actitudes de cada estudiante y orientados a motivar la formación del pensamiento computacional.
“La propuesta es que los docentes, con esto, puedan crear sus propias actividades y trabajar el pensamiento computacional de forma transversal en todas las áreas del conocimiento. Además, les da un estándar evaluativo para saber si el estudiante realmente aprendió o no”, explica Yuri.
Aplicaciones más allá de la computación
Esta estrategia didáctica no solo fortalece la enseñanza del pensamiento computacional, sino que también puede adaptarse a otras áreas del conocimiento, promoviendo una educación contextual, motivadora y flexible.
“Por ejemplo, alguien puede tomar esta propuesta de gamificación y diseñar actividades que favorezcan el aprendizaje de las matemáticas o el lenguaje, ya que se basa en cómo la gente aprende y eso es interdisciplinario. Claro, se trabaja bajo la lógica de la motivación extrínseca, pero eso puede ser el punto de partida para desarrollar la motivación intrínseca en los estudiantes”, destaca la ingeniera.
Con esta propuesta, Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera amplía los alcances de la ingeniería, al contribuir a la transformación de la educación y a la formación de estudiantes capaces de enfrentar los desafíos del presente y construir activamente el futuro. Por ello, desde la Universidad del Valle, exaltamos su labor y celebramos su mirada visionaria y transformadora.
Por Joan Zuñiga
Agencia de Noticias Univalle
Frente a los retos que implica conservar las fresas en buen estado para su comercialización, Angie Lizeth Quintero Pinilla y Esteban Flórez Jaramillo, estudiantes de Ingeniería de Alimentos de la Universidad del Valle, sede Tuluá, desarrollaron un recubrimiento orgánico que reduce las pérdidas ocasionadas por hongos y microorganismos. Esta innovación permite extender la vida útil de la fruta, preservando sus propiedades nutricionales, fisicoquímicas y sensoriales, y se perfila como una alternativa natural a los fungicidas sintéticos tradicionales.
Fresas: un cultivo de interés mundial

Las fresas provienen de una amplia variedad de especies de plantas rastreras de la familia Rosaceae, presentes en casi todos los continentes. Su domesticación para el consumo masivo comenzó en Europa en el siglo XIV d. C., aunque fue en el siglo XVII cuando se desarrolló la variedad Fragaria × ananassa, hoy la más popular en el mundo por su tamaño y color. Dicha especie es el resultado del cruce entre F. virginiana y F. chiloensis, ambas de origen americano.
Actualmente, las fresas representan un mercado global de más de 20.000 millones de dólares, con una producción anual de 9,2 millones de toneladas. China es el mayor productor y Estados Unidos el principal comprador de esta fruta, que se consume tanto de forma directa como procesada, ya sea en la industria gastronómica, cosmética o médica.
Por su parte, Colombia es el decimoquinto productor de fresa a nivel mundial y el tercero en Latinoamérica, con más de 100.000 toneladas al año. Su cultivo se concentra en la región Andina, a altitudes entre los 2000 y 2800 metros sobre el nivel del mar, abarcando más de 13.000 hectáreas. Aunque el sector ha crecido progresivamente en el país, enfrenta desafíos importantes relacionados al cambio climático y las limitaciones logísticas. Entre estas últimas se destacan las dificultades para mantener la cadena de frío y garantizar un manejo adecuado del fruto, lo que favorece la proliferación de bacterias, hongos y virus, además de daños mecánicos que disminuyen su calidad y vida útil.
Innovaciones frente a los retos logísticos y naturales
Ante este panorama, Angie y Esteban decidieron, en el marco de sus trabajo de grado y de la convocatoria del Sistema de Control de Proyectos de Investigación de la Universidad del Valle, desarrollar una solución para enfrentar los factores que reducen la vida útil de la fresa.
“Nos interesamos en la fresa porque es una fruta ampliamente consumida por sus cualidades sensoriales y nutricionales, y porque tiene una gran importancia económica a nivel mundial, nacional y local. Particularmente, Tuluá es uno de los principales productores en el Valle del Cauca. Sin embargo, debido a sus características fisiológicas, la fresa presenta pérdidas significativas en todas las etapas de su producción, situación que se ve agravada por el sistema productivo del país”, explica Angie sobre las motivaciones del proyecto.
La investigación, bajo la dirección de las docentes Anna María Polanía y Cristina Ramírez Toro, inició con la identificación de los principales agentes biológicos responsables del deterioro de la fresa: los hongos Aspergillus niger, Rhizopus stolonifer y Botrytis cinerea, que se presentan como moho y pueden afectar tanto la calidad del fruto como la salud humana.

Cristina Ramírez Toro, profesora de la Escuela de Ingeniería de Alimento y directora de la Tecnología de Procesamiento de Alimentos de Univalle.
“Una vez reconocimos estos microorganismos, comenzamos a experimentar con bacterias con capacidad antifúngica, es decir, que pudieran reducir el crecimiento de los hongos. Para ello, analizamos el desarrollo de los hongos en presencia de estos microorganismos”, cuenta Esteban, quien destaca el valioso apoyo del grupo de investigación de Microbiología y Biotecnología Aplicada, de la Escuela de Ingeniería de Alimentos de Univalle, en la gestión de las cepas bacterianas empleadas en los experimentos.
Tras las pruebas, los estudiantes identificaron a la Lactiplantibacillus plantarum como la bacteria con mayor capacidad para inhibir el crecimiento fúngico. Este microorganismo, inocuo para los seres humanos, realiza fermentación láctica, un proceso biológico en el que los azúcares se transforman en ácido láctico, lo que, junto con otros mecanismos, puede contribuir a la conservación de los alimentos.
“Lo siguiente que hicimos fue generar un entorno óptimo para el desarrollo de las bacterias, de modo que pudieran cumplir su función contra los hongos. Para eso, utilizamos bacterias del género Weissella confusa para producir un exopolisacárido, una sustancia secretada por diversos microorganismos que los protege, facilita la captura de nutrientes y mejora su comunicación y adherencia”, explica Angie.

El apoyo del grupo de investigación Microbiología y Biotecnología Aplicada fue clave para la investigación. Suministrada por Univalle Tuluá.
Combinando las células vivas de Lactiplantibacillus plantarum con el exopolisacárido, los estudiantes crearon la base del recubrimiento, cuyo efecto antifúngico buscaron potenciar sin alterar las características fisicoquímicas de las fresas. Para ello, decidieron incorporar los siguientes compuestos a la mezcla:
-Glicerol: agente plastificante que ayuda a mantener la flexibilidad del recubrimiento.
-Alginato de sodio: aditivo que actúa como gelificante y estabilizador, lo que permite mantener la firmeza del alimento y la estabilidad de la sustancia.
-Tween 80: emulsificante que contribuye a mantener la homogeneidad de la mezcla, reduciendo la tensión superficial de sus componentes y mejorando la textura resultante.
-Ácido oleico: tensoactivo que facilita la adherencia del recubrimiento a la superficie de la fresa.
Para definir la proporción ideal de cada ingrediente, los estudiantes realizaron una revisión bibliográfica de estudios científicos relacionados, formularon diversas mezclas y las aplicaron sobre fresas. Estas fueron sometidas a pruebas para evaluar variables como la acidez titulable, el pH, la pérdida de peso, la firmeza y los grados Brix, brindando datos que fueron analizados con el software Minitab para facilitar la identificación de la mejor composición para el recubrimiento.
Arriba, de izquierda a derecha: Angie Lizeth Quintero Pinilla y Esteban Flórez Jaramillo, estudiantes de Ingeniería de Alimentos de la Universidad del Valle, sede Tuluá. Suministrada por Univalle Tuluá.
La Universidad del Valle abre las inscripciones para el Programa Semillero IDiCA, un espacio de formación y entrenamiento diseñado para que los estudiantes de pregrado fortalezcan sus competencias en investigación, desarrollo tecnológico, innovación y creación artística.
Este programa, incorpora nuevas modalidades que reconocen diversos escenarios donde se genera conocimiento a través de prácticas, procesos y actividades de investigación en diferentes campos del conocimiento.
Fechas clave de postulación
Inicio de postulaciones: a partir del 19 de agosto de 2025 para todas las modalidades.
(Importante: los bajos rendimientos serán una restricción para pasantías o asignaturas matriculables y una alerta para otras modalidades).
Cierre de postulaciones – Pasantías y modalidades matriculables
Sistema de Regionalización: 1 de septiembre de 2025.
Sede Cali: 1 de septiembre de 2025.
Cierre de postulaciones – Extracurriculares (no matriculables)
Sistema de Regionalización: 19 de septiembre de 2025.
Sede Cali: 19 de septiembre de 2025.
Los estudiantes interesados podrán inscribirse a través del sistema de información del Programa Semillero IDiCA. Una vez postulados, los encargados de cada semillero gestionarán la participación de los aspirantes, definiendo la aceptación o rechazo, asignación de tutor y elaboración del plan de trabajo.
Participar en los semilleros es una oportunidad única para aprender haciendo, compartir con otros estudiantes y docentes investigadores, y potenciar tu perfil académico y profesional.
¿Sabías que la polarización en la sociedad puede reforzar violencias, especialmente las basadas en género?
Este 27 de agosto, equipos de investigación de diferentes universidades compartirán los resultados de la medición sobre la polarización social con enfoque de género. Además, debatirán con las y los asistentes estrategias para construir diálogos más respetuosos y responsables. El evento se llevará a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, desde las 8:00 a.m.
¿Cómo se mide la polarización?
El Polarizómetro es una aplicación diseñada específicamente para medir la polarización mediante el análisis de grandes volúmenes de datos, incluidos textos, imágenes y videos. Esta aplicación permite clasificar opiniones y detectar patrones de polarización y ha sido utilizada para hacer diagnósticos sobre temas políticos, ahora será utilizada para contribuir a entender y prevenir la violencia de género.
"La aplicación funciona de manera similar a un termómetro, proporcionando una medida objetiva del grado de polarización en torno a un tema específico", explica Juan Francisco Díaz, co-investigador del proyecto. La herramienta está disponible en la nube, lo que facilita su acceso y uso por parte de la comunidad.
Esta aplicación fue diseñada por profesores y estudiantes de la Universidad Javeriana, la Universidad del Valle y la Escuela Politécnica de París, financiado por el Sistema General de Regalías, bajo la supervisión del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Gracias a la Convocatoria 35 del Sistema General de Regalías, la Universidad del Valle pondrá en marcha un ambicioso proyecto de formación de capital humano de alto nivel a través de becas doctorales.
La Universidad del Valle ha sido seleccionada para llevar a cabo un nuevo proyecto de gran impacto para la región Pacífico, enfocado en la formación de capital humano altamente calificado, con énfasis en programas de doctorado. Esta iniciativa ha sido aprobada en el marco de la Convocatoria 35 del Sistema General de Regalías (SGR), específicamente en la línea de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI).
El proyecto ‘Formación de capital humano de alto nivel en la Región Pacífico, Valle del Cauca’, beneficiará a aspirantes a programas de doctorado con becas que cubrirán aspectos fundamentales de su formación académica, y que les permitirán desarrollar investigaciones con alto potencial de transformación regional. La iniciativa tiene como propósito contribuir al cierre de brechas en el acceso a educación de más alto nivel y fomentar la permanencia de talento humano cualificado en el Valle del Cauca y departamentos vecinos.
“Se trata de 45 nuevas becas para personas que inicien estudios doctorales a partir del periodo 2026-1, personas que entrarán a cursar uno de los 21 programas que participaron en la convocatoria”, destacó Manuel Alejandro Moreno Camacho, director general de Posgrados de la Universidad del Valle.
“Esto es clave para consolidar nuestra posición como la universidad pública más importante del suroccidente colombiano. Estas 45 becas se unen a otras con las que ya veníamos ejecutando proyectos en el marco del Sistema General de Regalías como las becas Bicentenario y de formación de alto nivel, en cuyos casos ya la mayor parte de estudiantes están finalizando sus estudios doctorales”, resaltó el también docente de la Facultad de Humanidades.
Además, el 40% de los cupos estarán dirigidos a población con enfoque diferencial, incluyendo mujeres, víctimas del conflicto armado, comunidades étnicas y jóvenes. De esta forma, la Universidad del Valle refuerza así su compromiso con la equidad, el conocimiento y el desarrollo territorial.
De igual forma, aseguró que “con estas nuevas 45 becas, avanzamos en nuestro empeño de accesibilidad a los posgrados en nuestra región y continuamos consolidando nuestro compromiso de formación de talento humano de alto nivel para la investigación y transformación social para la región desde la Universidad del Valle”.
Estos son los 21 programas doctorales dispuestos para esta convocatoria:
-Doctorado en Gestión Urbana y del Territorio
-Doctorado en Administración
-Doctorado en Gobierno, Política Pública y Administración Pública
-Doctorado en Ciencias – Biología
-Doctorado en Ciencias – Física
-Doctorado en Ciencias del Mar
-Doctorado en Ciencias Matemáticas
-Doctorado en Ciencias Químicas
-Doctorado en Sociología
-Doctorado en Estudios para la Paz
-Doctorado en Filosofía
-Doctorado en Humanidades
-Doctorado en Bioingeniería
-Doctorado en Ingeniería
-Doctorado en Ingeniería Eléctrica y Electrónica
-Doctorado en Ingeniería Mecánica
-Doctorado en Mecánica Aplicada
-Doctorado en Psicología
-Doctorado en Ciencias Biomédicas
-Doctorado en Ergonomía
-Doctorado en Salud
Otra buena noticia fue la adjudicación de la Convocatoria 36 del SGR, la cual está orientada a la nanociencia y nanotecnología de energía y agua en distintos departamentos del país.
“Allí, el grupo del Centro CENM, liderado por el profesor Edgar Mosquera, ha presentado un proyecto en conjunto con muchos grupos de investigación, no solo de la universidad, sino también de otras instituciones de distintas regiones”, comentó Mónica García Solarte, vicerrectora de Investigaciones de la Universidad del Valle.
“Este trabajo, que se viene desarrollando hace varios meses y que hoy ve sus frutos, seguramente impulsará no solamente la investigación, sino también el efecto que eso puede tener en los procesos y productos hacia la sociedad y el entorno”, afirmó.
Próximamente, se darán a conocer más detalles sobre requisitos y fechas de estas convocatorias. Invitamos a la comunidad académica interesada a estar atenta a nuestras próximas comunicaciones.
En un país donde más del 16 % de las personas mayores de 15 años ha sido víctima de ciberacoso, una joven ha decido utilizar la tecnología para enfrentar el problema. Se trata de Angélica María Agudelo Ortiz, estudiante de Ingeniería de Sistemas de la Universidad del Valle, quien ha creado el primer sistema capaz de detectar mensajes de acoso y discriminación en redes sociales, como X (antes Twitter), en Colombia, incorporando el léxico y las particularidades del contexto nacional. Un prototipo que podría abrir el camino hacia entornos digitales más seguros e inclusivos para todas las personas.
¿Qué es el ciberacoso y a quiénes afecta?
De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), el ciberacoso es una forma de intimidación que se lleva a cabo a través de tecnologías y plataformas digitales, como redes sociales y videojuegos en línea, e implica comportamientos que tienen la intención de atemorizar, enojar o humillar a otras personas. Se trata de una manifestación del acoso que también ocurre en entornos no digitales y que afecta especialmente a niñas, jóvenes, mujeres y personas de la comunidad LGTBIQ+, como lo explica Laura Sofía Rodríguez Pulecio, experta en ciberseguridad y docente de la Universidad del Valle.
“La violencia siempre ha estado, pero el ciberespacio es algo que afecta desproporcionalmente a las mujeres y a los más jóvenes, especialmente si tienen una orientación sexual diversa”, explica la profesora, quien aborda este fenómeno desde el Grupo Mujeres STEM de la Universidad del Valle.
Así, el ciberacoso es una problemática real que genera afectaciones psicológicas y emocionales en las víctimas. Siendo un accionar que, a pesar de ser tipificado como delito en varios países, incluyendo Colombia, se ha visto en aumento en parte por la eliminación de los sistemas de verificación de datos independientes en redes sociales como Facebook, Instagram y X, lo cual facilita la difusión de noticias falsas, la desinformación y los discursos de odio y discriminación.
Una respuesta tecnológica ante un problema creciente
Ante este panorama, la estudiante Angélica María Agudelo Ortiz desarrolló, como parte de su trabajo de grado, el Sistema Colombiano de Detección de Ciberacoso en Twitter para Idioma Español Basado en Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) y Machine Learning (ML), un prototipo de aplicación web capaz de identificar mensajes textuales que buscan discriminar o acosar a las personas por su género, etnia u orientación sexual en dicha red social.
“Es un sistema que puede determinar si un tweet tiene contenido de acoso o no a partir del procesamiento del lenguaje natural y el aprendizaje automático (machine learning)”, explica Angélica María, de 28 años.
Este sistema es pionero en el país, ya que reconoce expresiones y jergas comúnmente utilizadas en Colombia con fines discriminatorios, las cuales fueron identificadas a partir de cuatro estudios previos realizados por otros autores.
“A partir de esos trabajos, identifiqué 239 palabras clave comúnmente usadas de manera peyorativa para discriminar en redes sociales en Colombia”, explica Angélica María, que, con esta información, determinó el diseño del dataset (conjunto de datos) del sistema, fundamental para una identificación óptima del acoso en el contexto digital colombiano.
Funcionamiento del sistema
El Sistema Colombiano de Detección de Ciberacoso en Twitter para Idioma Español utiliza una inteligencia artificial (IA) basada en redes neuronales: un modelo computacional que imita el funcionamiento del cerebro humano mediante nodos interconectados organizados en capas, por donde fluye la información de manera secuencial, similar al proceso neuronal.
Para entrenar la IA del sistema y lograr el aprendizaje automático (machine learning), se utilizó el algoritmo MLPClassifier de la biblioteca sklearn.neural_network para procesar vectores derivados de la transformación numérica de 4433 tweets (el 80 % del dataset) con y sin contenido de acoso y discriminación.
“Con este modelo de inteligencia artificial, logré una exactitud de detección del acoso del 82,13 % en mensajes textuales que presentaban esta característica; además de un área bajo la curva ROC (ROC-AUC) del 91,08%, que representa una altísima capacidad del sistema para distinguir entre mensajes que contienen acoso y los que no”, cuenta Angélica María, que implementó este sistema en un prototipo de aplicación web desarrollado con Vue, Vuetify, Flask y Python. Dicha app se caracteriza por tener un diseño simplificado e intuitivo, contando con dos módulos principales: el de Predicción y el de Métricas.
El Módulo de Predicción permite a los usuarios determinar rápidamente si un tweet contiene ciberacoso o no, esto a través de una interfaz que incluye una caja de texto para ingresar el contenido y un botón que activa el análisis, ofreciendo una respuesta inmediata.
Por otro lado, el Módulo de Métricas ofrece visualizaciones estadísticas sobre el ciberacoso en Colombia, esto a partir de datos previamente recopilados y analizados, brindando un panorama general de esta problemática en el país.
El prototipo del Sistema Colombiano de Detección de Ciberacoso en Twitter para Idioma Español despierta gran interés, pues tiene el potencial de ser la base del desarrollo de algoritmos que propicien redes sociales más seguras en el contexto colombiano.
“Se puede crear una herramienta con una perspectiva interseccional, que considere las violencias en línea por raza, etnia, orientación sexual y género, y que permita mitigar o censurar este tipo de agresiones. Pero las empresas como Meta deben querer hacerlo, porque tecnológicamente es posible”, afirma la docente Laura Sofía Rodríguez Pulecio, quien, junto a Óscar Fernando Bedoya Leyva de la Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación, dirigió el proyecto de grado de Angélica María.
Un sistema con gran potencial
Por ahora, este sistema es un prototipo, pero ya le ha significado a Angélica María el reconcomiendo de su trabajo de grado como meritorio. Además, a pesar de aún no ser lanzado públicamente, se perfila como un sistema prometedor con importantes proyecciones de desarrollo.
“Ahora existen técnicas de inteligencia artificial más avanzadas, que utilizan algoritmos capaces de analizar el contexto semántico de los textos. Entonces se podría trabajar en eso para mejorar los resultados. También sería clave que el sistema reconozca emoticones y caracteres especiales, que muchas veces se usan para expresar emociones o reemplazar letras”, explica Angélica María, quien espera perfeccionar el prototipo y lanzarlo públicamente en el futuro.
De esta manera, el Sistema Colombiano de Detección de Ciberacoso en Twitter para Idioma Español Basado en Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) y Machine Learning (ML) es una prueba clara de que la tecnología, cuando se orienta con propósito, puede convertirse en una poderosa herramienta para enfrentar problemáticas sociales como el ciberacoso. Asimismo, esta innovación refleja el talento, la dedicación y la visión de Angélica María Agudelo Ortiz, así como el valor del entorno académico y humano que la acompañó en la Universidad del Valle.
Por: Joan Zúñiga
Colombia, un país bañado por ríos, quebradas y lluvias, aún tiene sed en su corazón rural. Este preciado líquido es mucho más que un recurso natural: es motor de vida y pilar del desarrollo social. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas ha sido enfático al señalar que el acceso al agua no es solo una necesidad básica, sino un derecho humano esencial para vivir con dignidad y garantizar otros derechos fundamentales. En Colombia, esta afirmación resuena con especial urgencia.
A pesar de ser una de las naciones más ricas en recursos hídricos del mundo, las cifras revelan un rostro distinto: en 2023, el Ministerio de Vivienda reportó que 3,2 millones de personas en zonas rurales —una cuarta parte del país— no tienen acceso a agua potable. En cuanto al saneamiento básico, cerca de 1,5 millones de personas hacen sus necesidades fisiológicas al aire libre, y solo se trata el 52 % de las aguas residuales. Aunque la Constitución de 1991 consagró el acceso a los servicios públicos como un derecho, en muchos rincones del país este sigue siendo un privilegio.
Frente a esta paradoja hídrica, el Instituto CINARA de la Universidad del Valle, en alianza con la organización Aquacol, desarrolló una estrategia que conjuga saberes comunitarios con herramientas digitales. De este esfuerzo nació Nuestra Agua, un sistema de información diseñado desde y para las comunidades rurales, que utiliza Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), así como herramientas propias de los sistemas de información geográfica, para fortalecer la gestión colectiva del agua.
Actualmente, el sistema opera en cuatro acueductos comunitarios del suroccidente colombiano: Acuabuitrera, en el corregimiento La Buitrera de Cali; ASAVLASI, en la vereda La Sirena, también en Cali; Acueducto de Mondomo, en el corregimiento de Mondomo, municipio de Santander de Quilichao (Cauca); y Acuasur, en el municipio de Jamundí (Valle del Cauca).
“Trabajamos situando el agua como eje fundamental de la sociedad, no solo por lo que representa en términos biofísicos, sino también políticos, económicos y culturales”, afirma Federico Pinzón, profesor e investigador adscrito a CINARA.
Lejos de ser un lujo, el uso de las TIC se convierte en una herramienta clave para transformar vidas. Nuestra Agua permite registrar, almacenar y compartir datos fundamentales como el estado de la red, la calidad del agua o los cambios en el entorno natural. Es, en palabras sencillas, una especie de “Waze del agua rural”: cada dato registrado alimenta un mapa vivo del territorio. Esta información, al estar sistematizada y disponible, posibilita a las comunidades identificar riesgos, localizar infraestructuras comprometidas, activar respuestas colectivas y tomar decisiones frente a eventuales afectaciones causadas por obras externas.
“Cada acueducto cuenta con su propio usuario y contraseña, lo que le da acceso individualizado a su sistema de información. Esta herramienta permite visualizar y gestionar datos propios, fortaleciendo la toma de decisiones de manera autónoma y contextualizada en cada territorio. Así, se responde a las particularidades de la gestión del agua en cada comunidad, se promueve la gobernanza y se potencia la capacidad organizativa de las comunidades”, explica Jorge Luis Amaya Domínguez, presidente de Aquacol desde hace tres años.
En zonas donde la conectividad, la electricidad o la cobertura móvil son intermitentes, esta iniciativa, en principio, podría parecer imposible. CINARA demostró que la tecnología no necesita imponerse: puede adaptarse al ritmo de las zonas rurales y convertirse en una aliada si nace de las necesidades de la comunidad. A través de metodologías como la investigación acción participativa y la ciencia ciudadana, fueron los habitantes de los territorios quienes diseñaron sus sistemas de información.
Gracias al trabajo colaborativo entre la academia y la comunidad, el sistema abre la puerta a que, si un operario detecta turbiedad en el agua o identifica señales de deforestación en la cuenca, pueda registrar una alerta en tiempo real. Pero su valor no radica solo en los aspectos técnicos: también funciona como un escudo para proteger el territorio. Si una obra daña una tubería, el sistema ofrece pruebas; si un proyecto urbanístico amenaza un nacimiento de agua, proporciona evidencia para sustentar la oposición. La información deja de ser un privilegio de expertos o funcionarios y se convierte en una herramienta de lucha, dignidad y autonomía.
“El sistema, que inicialmente fue pensado como un catastro técnico para mejorar la toma de decisiones en torno al agua potable, ha derivado en usos mucho más amplios y potentes. Hoy se utiliza como herramienta de resistencia frente a procesos de expansión urbana o en defensa del territorio”, explica Federico Pinzón.
La lógica detrás de esta herramienta es tan sencilla como poderosa: si el Estado no diseña soluciones para las realidades rurales, ¿por qué no hacerlo desde las propias comunidades? Lejos de reemplazar el conocimiento comunitario, esta tecnología lo organiza, lo protege y lo amplifica.
El monitoreo del agua en Colombia no es un asunto técnico menor: es una problemática estructural de altísima complejidad que atraviesa lo ambiental, lo político y lo empresarial. Las herramientas del Estado, muchas veces centralizadas y desconectadas del territorio, no han logrado responder con eficacia a esta urgencia. En ese vacío, iniciativas como Nuestra Agua cumplen un papel vital.
En Colombia, la calidad del agua para consumo humano se evalúa según los lineamientos de la Resolución 2115 de 2007, que establece el Índice de Riesgo de Calidad del Agua (IRCA). Sin embargo, en muchos acueductos rurales resulta difícil responder a este indicador. Según cifras de 2010, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) monitorea la calidad del agua en apenas 154 puntos de su red básica. Esta cobertura no alcanza siquiera el 30 % de las zonas hidrológicas del país, esto evidencia una cobertura insuficiente para un monitoreo efectivo.
Esa brecha técnica tiene efectos directos en la salud pública. De acuerdo con el Ministerio de Ambiente (2017), el 60 % del agua que llegaba a los hogares colombianos no está en condiciones óptimas de potabilización. Pero más allá del déficit operativo, el problema también es de confianza y legitimidad. En territorios donde operan grandes proyectos extractivos, como el Cerrejón en La Guajira, el monitoreo lo realizan consultoras privadas contratadas por las propias empresas. Esto ha generado una percepción generalizada de sesgo en la producción de conocimiento técnico, y una creciente desconfianza de las comunidades hacia las instituciones ambientales.
La fragilidad institucional es reconocida incluso por los organismos de control. En 2019, la Contraloría General de la República advirtió que ni la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) ni las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) cuentan con la capacidad administrativa suficiente para ejercer un control ambiental riguroso. En este escenario, la emergencia de herramientas comunitarias como Nuestra Agua no solo responde a una necesidad técnica: es también una apuesta política frente a un modelo de control ambiental que, lejos de garantizar derechos, reproduce desigualdades.
“Este logro no puede atribuirse a una sola persona ni a un esfuerzo aislado. Desde el nacimiento de CINARA, hace más de 30 años, uno de los principales objetivos ha sido fortalecer la gestión comunitaria del agua. En 2006, el Instituto CINARA, bajo el liderazgo de la profesora Mariela García, logró promover espacios de diálogo entre los acueductos comunitarios y la Superintendencia de Servicios Públicos. El objetivo era claro: fortalecer las capacidades locales y mejorar las plataformas existentes para que las comunidades pudieran contar con su propio sistema de información. Desde entonces han surgido varios intentos por desarrollar un sistema de información para las comunidades rurales”, dice Pinzón.
En lugares como Acuasur, donde antes se registraban múltiples variables por hora en cuadernos fáciles de extraviar, hoy el respaldo de la información en la nube se presenta como una posibilidad concreta. Una revolución de lo cotidiano. Y con ello, se abre también un nuevo horizonte en el rol de las comunidades: más allá de ser proveedoras de mano de obra o usuarias del recurso, ahora cuentan con una herramienta que no solo refuerza el papel histórico que han ejercido como defensoras ambientales, sino que amplía de forma significativa su capacidad de acción.
Lo que hoy se conoce como el sistema de información comunitario es el resultado de casi veinte años de trabajo colectivo, sostenido y profundamente comprometido con la autonomía de los territorios. Las comunidades no solo se apropiaron de la herramienta, sino que la integraron a sus dinámicas organizativas, celebrándola y asumiendo su gestión de forma autónoma.
Para el Instituto CINARA, este proceso representa una forma distinta de hacer investigación, que responde a las necesidades reales de los territorios, reconoce el valor de los conocimientos locales y se compromete con la transformación social. En contextos donde los derechos básicos se convierten en un privilegio, contar con datos propios y sistematizados no es solo una mejora técnica: es una apuesta política por democratizar la información, fortalecer la gobernanza comunitaria y transformar la forma en que se habita y se protege el territorio.
Por: Carol Tatiana Cadena Banguera
La ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Yesenia Olaya Requene, visitó la Universidad del Valle para fortalecer la relación institucional con miras a desarrollar proyectos de investigación en tecnologías cuánticas, destacando el rol estratégico que puede jugar la academia en esta área de frontera.
En un contexto global donde la tecnología cuántica se perfila como una de las apuestas más prometedoras para la transformación digital y científica, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, liderado por la ministra Yesenia Olaya Requene, visitó la Universidad del Valle con el objetivo de consolidar una agenda conjunta que permita avanzar en el desarrollo de capacidades científicas e impulsar el talento joven en esta línea.
Durante su visita a la sede Meléndez de Univalle, la ministra Olaya Requene recorrió los laboratorios del Departamento de Física CIBioFi, donde el decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas César Valenzuela, el vicedecano de investigaciones Omar Calderón y estudiantes de pregrado y maestría de Física compartieron los avances de sus proyectos de investigación relacionados con física cuántica, óptica y otras áreas afines.

Estos espacios demostraron el potencial que tiene la Universidad del Valle para liderar investigaciones de alto nivel en el campo cuántico, así como su capacidad instalada para contribuir a una agenda científica nacional más ambiciosa. La ministra destacó el compromiso de la institución con la formación de investigadores jóvenes y la consolidación de conocimiento aplicado que pueda tener un impacto real en la sociedad colombiana.
La visita oficial hace parte de una estrategia del Ministerio para reconocer e impulsar las capacidades científicas de las universidades regionales en áreas estratégicas. En este caso, la tecnología cuántica representa una oportunidad no solo para el desarrollo académico, sino también para la soberanía tecnológica del país y su inserción en las dinámicas de un mundo globalizado.

Con este acercamiento, se sientan las bases para una colaboración más estrecha entre el Ministerio y la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle, orientada a fortalecer los vínculos institucionales y fomentar el diálogo entre el conocimiento científico, el talento joven y el sector productivo. También abre nuevas oportunidades para que la universidad continúe aportando a los grandes desafíos tecnológicos y sociales de Colombia.
Cada año, miles de colombianos enfrentan el dolor y el largo camino de la recuperación tras una fractura grave. Para jóvenes como Elián Hernández, estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad del Valle, el fijador externo, como se conoce al dispositivo de estabilización ósea para la inmovilización de ciertas fracturas, ha sido un compañero inseparable desde sus dos años.
Por ser deportista de waterpolo y tener una condición congénita que lo ha llevado a siete cirugías de alargamiento con el uso de fijadores externos, Elián es uno de los candidatos idóneos para validar el dispositivo diseñado por la Universidad del Valle orientado a mejorar el proceso de recuperación de fracturas.
De la creatividad a la usabilidad
De cada 100 ideas brillantes que nacen en las universidades, apenas un puñado, quizás solo el 1% salen del laboratorio y llegan al mercado. Ese es el gigante reto de la transferencia tecnológica, una promesa para que la investigación universitaria sea apoyada y la creatividad se materialice en soluciones concretas. Pero lograrlo es un proceso complejo en el que distintos actores deben estar en el lugar y el momento adecuado.
“La transferencia tecnológica es un proceso estratégico para la gestión del conocimiento y la innovación que se desarrolla en las universidades” explica Jalime Zúñiga, gestora de innovación de la Universidad del Valle. Ella se dedica a crear las condiciones propicias para que actores claves de la industria, la sociedad y la academia se conozcan y trabajen en conjunto, dado que las buenas ideas deben llegar a la empresa o comunidad correcta para que juntos puedan adaptarla al mercado.
Por su parte, Angélica Ortiz, directora ejecutiva de Implemeq, señala: "No es suficiente con tener un producto que se vende muy bien, es necesario seguir innovando para poder mantenerse en el mercado y el mejor aliado para ello son las universidades". Considera que, el desarrollo industrial del país se relaciona con el avance tecnológico y la producción nacional.
El desarrollo que nació en las aulas y laboratorios de la Universidad del Valle sería apenas una idea, si no fuera porque poco a poco los actores se han ido alineando para que el fijador externo pueda ser posible. Gracias a un ejercicio de vigilancia tecnológica donde participaron distintas empresas y universidades, Implameq, una empresa especializada en fabricación e importación de implementos de salud, vio el prototipo y captó su atención a primera vista. Tras un primer acercamiento identificaron el potencial de esta propuesta y no dudaron en evaluar su viabilidad.
Modelo de fijador externo
Ingeniería para sanar los sueños
La instalación de un fijador externo, ya sea en el fémur, la tibia o el peroné, es un procedimiento de fuerza y precisión. En lugar de abrir por completo la zona de la fractura, un especialista en ortopedia y cirugía hace pequeñas incisiones en la piel, lejos de la herida principal. A través de ellas, inserta unos clavos o pines especiales directamente en el hueso, por encima y por debajo de la ruptura. Estos clavos sobresalen de la piel y se conectan a un armazón metálico rígido que queda en el exterior de la pierna.
El resultado es asombroso: 'Con ajustes precisos en este armazón, el equipo médico alinea y estabiliza los fragmentos del hueso, creando las condiciones perfectas para que el hueso comience a regenerarse de manera natural', explica Elián Hernández, quien gracias a su experiencia no solo domina la teoría, ha vivido esta realidad en su propio cuerpo. Estas intervenciones operaciones no solo han mejorado su salud, sino que le han permitido desarrollar todo su potencial en waterpolo universitario, una pasión que encontró luego de abandonar el parkour porque su cuerpo no podía recibir impactos fuertes.
Sin un fijador las personas con fracturas no podrían sanar de forma adecuada y sus músculos, tendones y ligamentos se atrofiarían. Eso llevaría a que situaciones congénitas como las de Elián no se subsanaran, como tampoco las fracturas por accidentes de tránsito.
Para el año 2023 en Colombia, el mayor motivo de las consultas ortopédicas fueron las lesiones a causa de accidentes de tránsito con 30.000 personas valoradas. Una cifra que equivale a llenar seis veces una piscina olímpica con todas esas personas de pie y apiñadas. Se podría llenar una sola piscina tan solo con quienes tengan una enfermedad congénita como la de Elián. Lo que da cuenta de la necesidad de estos implementos médicos.
Los secretos del laboratorio: innovación con sello colombiano
El proceso de desarrollar un fijador externo ha sido similar a como se construye un puente de soporte fuera del cuerpo. El reto ha sido mantener y cambiar la posición de las columnas constantemente. Por eso, el médico traumatólogo Andrés Machado Caicedo decidió resolver el acertijo de optimización de los fijadores externos con docentes de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, quienes cambiaron el cemento y las vías por fragmentos de aluminio, fibra de carbono y carros de tres centímetros. El profesor José Jaime García lidera el equipo interdisciplinar en el que ortopedistas, especialistas en Ingeniería Civil, de materiales y diseño industrial que dejan volar su imaginación.
¿Cómo crear un sistema que sea más cómodo para el paciente? ¿Cómo asegurar una estabilidad torsional óptima en el riel? ¿Qué mecanismo garantiza que la prensa se ajuste con precisión milimétrica sin aflojarse? Cada pregunta es un desafío que se aborda con cálculos exactos, simulaciones y la construcción de prototipos iniciales.
Este es núcleo de la innovación donde Univalle logró el cambio radical al Dispositivo de fijación externa. Su diseño busca optimizar la mecánica de estos dispositivos: permite que los 'clamps' o carros que sujetan las varillas al hueso, tengan movilidad en distintas direcciones, sin necesidad de desensamblar el fijador, una ventaja que los modelos actuales no ofrecen. Esto se traduce en un mejor servicio y comodidad para el paciente.
Equipo de la Universidad de Valle e Implameq
El precio de la dependencia y la apuesta por lo propio
Con costos entre los 30 y 50 millones de pesos por unidad, y al menos una fractura diaria, la pandemia dejó el aprendizaje de que el país no puede depender de un mercado externo, a través del cual se importan cerca de 518 toneladas de dispositivos ortopédicos al año, una cifra que viene creciendo cada año con la necesidad de garantizar la recuperación de los pacientes.
Esta dependencia no sólo encarece los tratamientos, también hace vulnerable al país ante cualquier interrupción en las cadenas de suministro globales, tal como sucedió en el 2021. Es por este motivo que Implameq busca, no solo importar implementos médicos, sino también producirlos.
'Cada mejora, por mínima que parezca, se convierte en un beneficio gigante' afirma Elián. Él recuerda que, al principio, los fijadores eran más pesados, más grandes, lo que lo hacía propenso a que transeúntes despistados se tropezaran con él. Además, enfatiza: 'La calidad de los clavos debe ser suficiente para prevenir las infecciones'. Por eso, sin conocer este nuevo producto a fondo, su mayor esperanza es que sea accesible y de alta calidad para todos los que lo necesiten.
Hacia la producción masiva: un camino de ajustes y alianzas
Antes de llegar a la producción masiva, el equipo de Implameq pide a los profesionales del laboratorio de fabricación digital y biomecánica de la Universidad calcular la "tolerancia", es decir, que cada parte debe ensamblar con otra incluso en cambios de hasta 5 milímetros. Esto se hace al considerar que algunos materiales se expanden más que otros o puede haber una diferencia milimétrica en la fabricación. A lo que se suma el valor de cada insumo, que se vende por gramo y en el que cada parte debe ser costeada.
"Estamos evaluando qué máquinas de las que ya tenemos pueden hacer parte de la cadena de elaboración de este fijador, lo cual nos ayudaría a agilizar y ahorrar costos", explica Angélica Ortiz.
Marcaciones de arriba, abajo, dirección de cerrado, son los últimos detalles que hacen la diferencia entre un diseño y un equipo ortopédico aprobado. Todo esto hace parte de lo que se discute en las reuniones mensuales para lograr que en el fijador esté listo para pasar a la fase de fabricación a gran escala. Mientras este futuro se hace posible, Elián se prepara para su octava cirugía, anhelando que no interrumpa ningún torneo de waterpolo.