El Consejo Superior de la Universidad del Valle aprobó la creación de la primera Maestría en Inteligencia Artificial en Salud de Colombia y la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo
La Facultad de Salud continúa fortaleciendo su liderazgo académico y su compromiso con la formación de profesionales capaces de responder a los desafíos contemporáneos del sector salud. En una decisión que marca un importante avance para la institución, el Consejo Superior aprobó la creación de dos nuevos programas de posgrado: la Maestría en Inteligencia Artificial en Salud y la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo, en su última sesión realizada el viernes 29 de mayo.
Ambos programas se encuentran actualmente en proceso de expedición de la resolución correspondiente por parte del Consejo Superior, paso previo a la radicación de la documentación ante el Ministerio de Educación Nacional para la obtención del registro calificado que permitirá su futura oferta académica.
Un programa pionero para transformar la salud desde la innovación tecnológica

La Maestría en Inteligencia Artificial en Salud constituye un hito para la educación superior colombiana al convertirse en la primera propuesta académica de este nivel en el país enfocada específicamente en la integración de la inteligencia artificial con el sector salud.
El programa surge como resultado de una alianza estratégica entre la Facultad de Salud y la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, reuniendo la experiencia de ambas unidades académicas para formar profesionales capaces de diseñar soluciones innovadoras basadas en el análisis de datos, el aprendizaje automático y las tecnologías emergentes aplicadas a los procesos clínicos, asistenciales y administrativos.
La creación de esta maestría responde a las transformaciones que vive actualmente el sector salud a nivel mundial, donde la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta fundamental para mejorar diagnósticos, optimizar tratamientos, fortalecer la investigación biomédica y apoyar la toma de decisiones en organizaciones sanitarias.
Con una modalidad virtual y una duración de tres semestres, el programa busca formar líderes capaces de desarrollar proyectos que generen valor en instituciones públicas y privadas, promoviendo la eficiencia, la equidad y la innovación en la atención en salud. Además, la propuesta académica incorpora componentes fundamentales relacionados con la ética, la regulación y la gobernanza de la inteligencia artificial, aspectos esenciales para garantizar el uso responsable de estas tecnologías en escenarios de alto impacto social.
Una apuesta por entornos laborales más seguros y saludables

Junto a esta innovadora maestría, la Universidad del Valle también aprobó la creación de la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo, programa adscrito a la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Salud.
La especialización responde a las crecientes necesidades del sector laboral colombiano frente a los cambios en las dinámicas de trabajo, los riesgos emergentes asociados a la transformación tecnológica, el fortalecimiento de los sistemas de gestión y el cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad y salud laboral.
El programa ofrecerá una formación integral e interdisciplinaria que articula conocimientos provenientes de las ciencias de la salud, la ingeniería, la administración, el derecho y las ciencias sociales, preparando profesionales con las competencias necesarias para identificar, evaluar y gestionar riesgos en diversos entornos laborales. Con una duración de dos semestres y modalidad presencial, la especialización busca contribuir a la construcción de ambientes de trabajo más seguros, saludables e inclusivos, promoviendo la prevención de accidentes y enfermedades laborales, así como el bienestar de los trabajadores y la sostenibilidad de las organizaciones.
Asimismo, responde a una demanda creciente de profesionales especializados en esta área, impulsada por los requerimientos normativos y por la necesidad de fortalecer la cultura de prevención en los sectores productivos del país.
Un motivo de orgullo para la Facultad
La aprobación de estos dos programas representa un logro significativo para la Facultad de Salud y para la Universidad del Valle, al ampliar una oferta académica alineada con las tendencias globales, las necesidades regionales y los retos que enfrenta actualmente la sociedad.
Mientras la Maestría en Inteligencia Artificial en Salud posiciona a la institución como pionera nacional en la convergencia entre tecnología y salud, la Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo fortalece la capacidad de formación de talento humano orientado a la protección de la vida, la salud y el bienestar en los entornos laborales.
Transformar el conocimiento en soluciones que generen impacto es uno de los grandes retos de los ecosistemas de innovación. En este propósito, el emprendimiento de base científico-tecnológica (EBCT) se ha consolidado como una herramienta fundamental para convertir los resultados de investigación y las capacidades científicas en oportunidades que responden a necesidades reales de la sociedad, impulsando el desarrollo económico, social y ambiental de los territorios. Con este objetivo, la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación -OTRI- de la Universidad del Valle llevó a cabo la sexta edición de LANZATEC, un programa orientado a sensibilizar, identificar y fortalecer emprendimientos de base científico-tecnológica.
Esta edición se desarrolló en el marco de la Agenda Mangle, una ruta interinstitucional de emprendimiento de base científico-tecnológica liderada por la Universidad del Valle, la Pontificia Universidad Javeriana Cali y la Universidad Autónoma de Occidente. Asimismo, contó con el apoyo de NIDO de la Gobernación del Valle del Cauca, CIDESCO y la Red de Universidades para la Innovación del Valle del Cauca (RUPIV).
Durante 2026, LANZATEC se llevó a cabo en dos jornadas de formación y cocreación. Como novedad, el programa abrió la participación a dos perfiles: emprendedores y voluntarios. Gracias a la amplia acogida de la convocatoria, fueron seleccionados 12 emprendedores y 22 voluntarios, quienes pusieron sus conocimientos, habilidades y experiencias al servicio del fortalecimiento de las iniciativas participantes.
La primera jornada tuvo lugar en NIDO, ubicado en Zona América, donde los asistentes iniciaron un proceso de sensibilización sobre ciencia, tecnología y emprendimientos basados en conocimiento a través del taller “Ciencia y tecnología a la mano: empresas basadas en conocimiento”. Durante esta actividad, reflexionaron sobre diversos objetos de uso cotidiano que surgieron de procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), comprendiendo cómo el conocimiento puede transformarse en soluciones de alto valor para la sociedad.
Posteriormente, los emprendedores trabajaron en la construcción de sus propuestas de valor, realizaron un autodiagnóstico del estado de desarrollo de sus iniciativas e identificaron recursos estratégicos para fortalecer sus modelos de negocio. Esta jornada fue orientada por Jalime Zúñiga, gestora de innovación y emprendimiento de base científico-tecnológica de la OTRI.
Los participantes también conocieron la experiencia de Diego Paz, emprendedor y egresado de la Universidad del Valle, quien compartió el recorrido de su empresa Kontento y relató cómo LANZATEC impulsó el crecimiento de su iniciativa tras participar en la edición anterior, en la que además obtuvo uno de los reconocimientos principales.
Como cierre de la jornada, los emprendedores presentaron sus iniciativas mediante un pitch, permitiendo que los voluntarios, a través de una dinámica de subasta, eligieran el proyecto con el que deseaban trabajar y aportar desde sus capacidades al fortalecimiento de las propuestas.

La segunda jornada se desarrolló en la Pontificia Universidad Javeriana Cali, con el apoyo de Campus Nova. En este espacio, emprendedores y voluntarios trabajaron conjuntamente en la construcción de prototipos y herramientas orientadas a fortalecer la claridad y validación de sus propuestas de valor.
Mediante metodologías prácticas, los participantes exploraron herramientas de prototipado, materialización de experimentos y definición de perfiles de usuarios validadores. Asimismo, formularon preguntas clave para validar sus iniciativas, identificar oportunidades de mejora y comprender mejor las necesidades de sus potenciales clientes. Como resultado, los equipos consolidaron aprendizajes, ajustaron sus propuestas y prepararon el pitch final para presentarlo ante un jurado evaluador. Esta jornada fue liderada por Dicson Quimbaya y Daniela Herrera, profesionales de Campus Nova.
El jurado estuvo conformado por Lina Pérez, directora del Centro de Innovación de la Universidad Autónoma de Occidente; Camilo Lescano, CEO de CIDESCO; y Carlos Martínez, CEO de Costea, quienes evaluaron las 12 iniciativas participantes en tres categorías.
En la categoría “Idea de negocio más prometedora”, participaron cinco emprendimientos. El reconocimiento fue otorgado a ZekVolt, una aplicación que permite medir el consumo energético de distintos dispositivos a partir de una fotografía y facilita el monitoreo de su uso.
Como premio, el equipo obtuvo un cupo en el programa Impact Cali 2030 de Impact Hub, un curso de Manejo Exitoso del Dinero de la Fundación WWB Colombia, una consultoría en diseño para posicionamiento de marca otorgada por la Pontificia Universidad Javeriana Cali y un reconocimiento especial por parte de Nateco.
En la categoría “Nueva startup en ciencia y tecnología”, el emprendimiento ganador fue UrbanPulse, una herramienta de seguimiento y captura de datos que busca centralizar la gestión operativa y mejorar la experiencia de los usuarios mediante una aplicación móvil con autenticación segura, notificaciones inteligentes, accesibilidad y monitoreo de vehículos intermunicipales.
Por su parte, en la categoría “Nueva línea de negocio de base científico-tecnológica en empresa”, la iniciativa ganadora fue La Papaya, una plataforma cívica y movimiento ambiental sin ánimo de lucro que trabaja por la recuperación y transformación del río Cali en un corredor ecológico de 42 kilómetros.
Los equipos ganadores de estas dos categorías recibieron beneficios de ingreso al programa Link2Market de la Universidad Autónoma de Occidente, un curso de Manejo Exitoso del Dinero de la Fundación WWB Colombia, una consultoría en diseño para posicionamiento de marca por parte de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y un reconocimiento especial de Nateco.
Menciones especiales
-Gaia Terra: cupo al programa Link2Market de la Universidad Autónoma de Occidente.
-NeoBaby: beneficio de prototipado en Design Factory Cali.
Adicionalmente, todos los participantes accederán a un plan de fortalecimiento en mentalidad de crecimiento, emprendimiento e innovación, ofrecido por Kinnto en alianza con CIDESCO.
Más allá de los reconocimientos otorgados, LANZATEC 2026 se consolidó como un escenario de aprendizaje, articulación y construcción colectiva, donde emprendedores y voluntarios fortalecieron capacidades, intercambiaron conocimientos y validaron el potencial de sus iniciativas. Para muchos de los participantes, esta experiencia representó una oportunidad para conectar con aliados estratégicos, ampliar perspectivas y avanzar en la consolidación de proyectos con mayor claridad y proyección.
De esta manera, la Universidad del Valle, a través de la OTRI y en articulación con sus aliados, reafirma su compromiso con el fortalecimiento del ecosistema regional de emprendimiento de base científico-tecnológica, promoviendo iniciativas que convierten el conocimiento en innovación, desarrollo y oportunidades para la sociedad.
El profesor David Erazo comparte en esta entrevista sus reflexiones personales y académicas sobre los proyectos de paz en la región y la importancia de una ética de vida pacifista.
Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle
Al salir del colegio, David Erazo decidió prestar servicio militar – me regalé– dice con desparpajo, para aclarar que en ese momento tuvo la convicción de servir al país por ese medio. Durante ese tiempo vivió la masacre de Patascoy, experiencia que lo marcó de manera definitiva – después de eso, tuve claro que iba a ser humanista – . Así llegó a la carrera de trabajo social en la Universidad del Valle y, desde entonces, se especializa en la construcción de paz y en el estudio de la agencia, tema al que le dedica su tesis del doctorado en Estudios de Paz.
Entre las experiencias más recientes está la coordinación metodológica de la iniciativa Jóvenes en Paz conocida como “El proyecto del millón de pesos”. Lanzada por el presidente Gustavo Petro en Buenaventura para trabajar con jóvenes de comunas críticas de la ciudad. Para él, este es un recuerdo del que habla con ternura crítica y que terminó de ratificar la importancia de la agencia.
La agencia es un concepto que está tomando fuerza y es tan importante que filósofas como Judith Butler y Saba Mahmood lo desarrollan. Esta última para evidenciar las acciones de un grupo de mujeres musulmanas y que, para cualquier observador externo, serían “solo” mujeres oprimidas.
Ahora, este profesor está adaptando el concepto de la agencia al contexto colombiano para explicar el repertorio de acciones y estrategias que despliegan las personas que trabajan por la paz. Su objetivo es identificar sus características para que los programas y proyectos sean más efectivos, pues en sus palabras – ha habido una instrumentalización de la paz y ahora cualquier proyecto contribuye, pero no es así –.

¿Por qué eligió hacer el doctorado en paz?
El trabajador social es un mediador que facilita que las personas arreglen sus complicaciones. Nosotros somos un puente entre las necesidades de la gente y las soluciones; nos formamos en la mediación y construimos las soluciones con la gente. Una palabra clave para nosotros es el bienestar.
¿Cómo se relaciona el bienestar con la agencia?
Uno puede llegar a ese bienestar desde creer que sabe cuál es el problema y dar la solución. Eso se llama asistencia. Yo creo que la gente tiene la capacidad de identificar sus problemas, pero también de ir encontrando formas de resolverlos. Ahí es donde aparece esa idea de la agencia.
La agencia es una categoría teórica que relaciona la acción del individuo y las estructuras sociales. El marxismo es estructuralista, pero también el funcionalismo es estructuralista. Hay otros que son los subjetivistas, el sujeto tiene la capacidad de construir su mundo como quiera y eso afecta moldea. La agencia está en la mitad. Como en la película, Todo, en todas partes, al mismo tiempo. Es exactamente así. Uno actúa con lo que tiene, pero también con lo que puede.
¿En qué se diferencia la agencia del asistencialismo?
La asistencia se genera cuando hay una carencia y tú suples la carencia de manera inmediata, sin que el otro haga nada. La gente que sale a entregar desayunos o comidas el 31 de diciembre y cree que se está ganando el cielo. Eso es asistencia. La asistencia no está mal. La asistencia incluso es necesaria, pero no en todas las ocasiones. En un accidente; en un desastre hay que asistir, organizar sábanas, colchonetas, ahí no te puedes poner a hacer un taller.
En relación al proyecto Jóvenes en Paz en Buenaventura, ¿estos muchachos tienen agencia cuando resuelven su vida, cuando se meten en los grupos ilegales, cuando aceptan?
Creo que hay una crítica muy amplia al decir, "Ellos están decidiendo". Desde afuera todos tenemos capacidad de agencia, pero no todos desarrollamos la capacidad de agencia; porque la agencia tiene una implicación, es la conciencia.
Cuando nosotros exploramos el tema con los jóvenes, ellos terminan metidos en los grupos de maneras muy ingenuas, sin saber que los llevan al sicariato, al microtráfico. Ellos resuelven una necesidad inmediata y aceptan sin saber hasta dónde los va a llevar.
A un muchacho que su familia tiene necesidades, otro le dice, "Venga, acompáñeme allí a hacer un mandado y le doy 50,000”. Pues yo no tengo nada más que hacer, ni siquiera me imagino que me están llevando de respaldo a cobrar una extorsión.
No tiene un arma …todavía.
No tienen, pero va a llegar el momento en que eso va a pasar. El reclutamiento no se da como la gente imagina el conflicto: que es el chico que lo reclutan, se pone camuflado y entonces hace parte de un grupo. Así no es, ellos están plenamente integrados, hacen parte de la vida orgánica de la comunidad, por eso las comunidades los cuidan; son sus muchachos.
En Buenaventura hay chalecos de todos los colores y no se ven cambios reales
Sí, hay más chalecos en situaciones humanitarias, que gente víctima. Eso es real. Yo creo que a Buenaventura se le ha hecho un mal gigante, no por la asistencia, sino por el asistencialismo que es distinto. El asistencialismo no
provoca agencia, genera dependencia. Yo te doy y cumplo mis indicadores, mientras la otra parte recibe un incentivo, subsidio, comida, mercados, capacitaciones.
¿Cuál sería la pregunta clave para saber si un proyecto promueve la agencia?
Usted, ¿qué es lo que usted busca resolver: una necesidad inmediata o resolver una condición de vida? si es una reacción inmediata, no es una agencia, ¿qué tan consciente está usted de la situación? Si yo hago esto porque me toca, no hay agencia. Pero hay agencia si yo tengo una orientación específica de romper con esa lógica, sin ser dependiente.
¿Cuál fue el mayor logro con el proyecto de Jóvenes en Paz ?
Lo que hicimos fue desplegar unos dispositivos donde ellos encontraran maneras para resolver, sin que se fueran para la violencia. En una salida pedagógica los llevamos al lago Calima. Muchos no habían salido nunca del puerto. Fueron dos días con fogata, dormida y talleres. Al segundo día un joven me dice:"¿Sabes qué?, profe. ¿Qué tiene que hacer uno para ser concejal de Buenaventura?" En 5 meses, un pelado que no tenía ni idea de su vida quiere ser concejal. Así que con él construimos una ruta. ¿Usted qué necesita para eso? necesito educarme. ¿Qué necesitas estudiar? No, pues cosas de política. Bueno, estudios políticos, trabajo social, psicología. Necesitas un trabajo, ¿qué te gusta?, ¿qué haces bien?, ¿con quién podemos hablar?
¿Cómo llegó a su pasión por la agencia?
Yo llegué al doctorado pensando en evaluar realmente lo que la gente dice, hace y lo que pasa en términos de paz. Si yo entiendo cómo se activa la capacidad de agencia conscientemente lo podemos hacer en los proyectos que hacemos desde el instituto.
En mi tesis analizo tres experiencias: una de paz urbana en Cali; la iniciativa de Univalle de Comercio Justo, en Santander de Qüilichao y la comunidad de paz de Puerto Nayero, en Buenaventura. En esas tres formas de paz hay capacidad de agencia porque ellos movilizan cosas en función de la paz, tienen un discurso sobre la paz y una intención por la paz. Construyen, resuelven los conflictos, mejoran la condición de vida, logran justicia social, permiten la convivencia. Allí ya allí ya tenemos elementos de conciencia, determinación. No es individual, no se levantó y dijo, "Ah, chévere, voy a construir paz" Es algo colectivo con la historia vital.
¿Cuál es la conexión de la paz con su historia vital?
Mi experiencia está atravesada por estas vainas, no solamente como trabajador social. Yo me gradué en un colegio católico y tenía mucha vocación de servicio, mi mamá siempre estaba en cosas de la junta comunal del barrio. Además, fui boy scout. Cuando me enfrento con una realidad como el ejército, tan duro y tan cruel digo, no ahí no es. Yo eso no lo quiero, o sea, no me interesa andar armado. ¡Qué pereza! Entonces ahí decidí que iba a ser humanista.
¿Se podría decir que la paz es una práctica o un habitus?
La paz nos obliga a pensar la coherencia de lo que hacemos. No es posible que yo hable de paz y en mi casa pelee con mi mujer a los golpes o la primera opción de corrección de mi hija sea el chancletazo. No es posible que yo hable de paz y utilice en mis clases técnicas coercitivas y no le permita al estudiante expresarse. Eso es absurdo. Eso es incoherente.
¿Se podría decir que la agencia nos lleva a ser resilientes?
Nunca me ha gustado la resiliencia. La resiliencia destaca el esfuerzo individual; pero¿dónde deja las estructuras sociales?
Amartya Sen habla de dos condiciones: capacidades y oportunidades. Esa es la teoría del desarrollo. Usted puede tener mucha capacidad, pero si no tiene oportunidad, sus capacidades no sirven para nada. Al contrario, usted puede tener todas las oportunidades del mundo, pero si usted no tiene la capacidad de entenderlas, las oportunidades se pierden.
¿Podría explicarnos mejor?
La gente tiene unas condiciones que lo empobrecen y son muy difíciles de romper. Es el mito de la caverna de Platón: cuando usted está en la caverna y ve sombras y cree que esas sombras son el mundo. Finalmente, cuando uno sale, dice Platón, no ve nada, pero con el tiempo se adecúan y uno puede ver el paisaje y entiende que estaba en una caverna.
¿Por qué quisiéramos volver a la caverna?
Porque a veces el miedo es más fuerte, pero el mundo no es eso.
Finalmente, ¿cuál sería el papel del Instituto de Paz y de la universidad?
Nosotros compartimos reflexiones, pero la gente decide qué le sirve. Son agentes.
Además de formar, nuestro papel es facilitar el diálogo y mediar. La universidad es reconocida por las alcaldías, por las comunidades y organizaciones, así que eso nos permite facilitar las relaciones y los encuentros. Por lo menos eso es lo que hace el instituto.
¿Cuál es la primera imagen que llega a su cabeza cuando piensa en el conflicto armado? Lo más probable es que sea una escena de violencia explícita o la transmisión televisiva de un hito histórico. Un profesor de la Universidad del Valle decidió investigar por qué ocurre esto, no se trata de una casualidad o un hecho aislado.
Por Salomé Mizrachi Medina
Agencia de Noticias Univalle
A veces las fotografías aparecen en el fondo de un cajón, entre papeles viejos o dentro de un álbum que nadie ha tocado en años, así que las sacamos con cuidado, como si estuviéramos tocando algo frágil. En ellas hay rostros, lugares, escenas que pertenecen a un tiempo que tal vez no vivimos o que apenas recordamos. Algunas de esas imágenes también forman parte de cómo el país recuerda su propia historia.
En la actualidad, ya no solo se trata de remover cajones, sino de navegar entre capas de datos y píxeles que custodian los recuerdos de una época pasada. En los repositorios digitales y las nubes de almacenamiento, encontramos una vida que ya no es, y que aún sobrevive en las vibraciones de una pantalla. Pero, ¿qué es lo que realmente vemos cuando buscamos imágenes del conflicto? A pesar de la abundancia de archivos disponibles, muchas veces nos encontramos con las mismas escenas, los mismos momentos congelados que han terminado por definir nuestro imaginario sobre la guerra.
Ampliar nuestro encuadre sobre el conflicto armado es una tarea que asumió el profesor Manuel Silva de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle. En su libro Fotografías durante el conflicto armado en Colombia. Un campo visual para armar, presenta una ardua investigación que ubica testimonios y fotografías en un mismo lugar para cuestionar la narrativa visual dominante.
Presente continuo, el tiempo de la actualidad
Delinear el tiempo del conflicto armado en Colombia es un asunto que requiere paciencia, pues las fronteras de nuestra historia reciente siguen siendo borrosas incluso con el paso de los años. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), el país cuenta con 9.888.182 víctimas, una cifra tan grande que supera a toda la población de Bogotá. Durante décadas, la violencia se transformó en una presencia constante que normalizó vivir en un estado de guerra interno en el que las capitales permanecían alienadas de la realidad, mientras el conflicto era empujado hacia una periferia donde el dolor se volvía paisaje.
De tal suerte, la primera imagen que Manuel Silva recuerda del conflicto armado es la transmisión televisiva del 6 de noviembre de 1985, el día de la Toma del Palacio de Justicia. En el informativo de la noche vio la imagen del edificio de la Corte Suprema de Justicia en llamas que apareció en las portadas de los principales diarios nacionales, como El Tiempo y El Espectador, circulando tanto en blanco y negro como a color. Ahora, estas fotografías hacen parte de lo que él define como la “iconografía del horror”, un régimen visual hegemónico donde el evento violento acapara casi toda la visibilidad pública, desplazando cualquier otro relato posible.
Bajo esta lógica, las fotografías ingresan a lo que el profesor denomina el “campo de lo visual”, ese espacio de disputa donde diferentes actores —el Estado, las víctimas, los combatientes, la prensa— se enfrentan para determinar qué narrativa se impone sobre la mirada del otro. Es en esta tensión donde se ha cimentado nuestro imaginario colectivo sobre la guerra: un inventario persistente de armas, ruinas, rostros de combatientes y cadáveres que reduce el conflicto a una exhibición de fuerzas y restos.
Para Silva, cuestionar este catálogo de imágenes es el primer paso que permite desarticular la visión tradicional del conflicto. Esta tarea implica una ruptura con las lógicas mediáticas, pues el periodismo vive en clave de presente continuo, un tiempo que responde a la actualidad, al hoy, no al ayer. Así, la narrativa del conflicto armado que se ha presentado al país desde los medios ha recurrido a lugares comunes, a la espectacularización de la tragedia que ignora los procesos de vida detrás de la noticia.
Antes y después
En un ecosistema comunicativo alimentado de la inmediatez, detenerse a cuestionar el pasado para identificar sus lagunas es un ejercicio de profunda responsabilidad ética. Es por ello que, las investigaciones de largo aliento se vuelven indispensables, ya que rescatar lo que el afán diario ignora constituye un acto de resistencia frente a un mundo que ha convertido la velocidad en su norma. Este rigor tiene sus raíces en el compromiso que adoptó Silva con la educación pública como estudiante de Comunicación en la Universidad de Antioquia y que mantiene vivo como docente de la Universidad del Valle.
Bajo esa premisa, el libro Fotografías durante el conflicto armado en Colombia solo fue posible gracias a un trabajo colectivo. No se trató de una labor entre colegas y estudiantes a los que agradece en su introducción, sino de un esfuerzo por dialogar con la bibliografía y con la gente. El método buscaba desafiar sobre quiénes podían fotografiar y qué registraban durante la guerra, capturando perspectivas de actores con roles muy distintos, desde combatientes de las guerrillas hasta fotógrafos profesionales y víctimas.
Este proceso no fue solo técnico, sino humano. El profesor destaca la importancia de construir confianza en contextos de inseguridad, haciendo énfasis en entrevistas largas y continuas que permitían comprender que la información no sería usada para fines ajenos a la memoria. En este ejercicio, preguntar por el antes y el después de capturar la imagen resulta clave. Allí aparece una mirada “desde adentro” que el fotoperiodismo tradicional rara vez alcanza a mostrar, permitiéndonos “tratar de ver esas fotografías con otros ojos” en palabras del comunicador.
El resultado de este diálogo fragmentado es lo que Silva concibe como una constelación. El objetivo es lograr que el lector navegue de forma aleatoria entre diálogos y fotografías, permitiendo que la imaginación junte puntos dispersos para formar una comprensión integral de la sociedad en medio del conflicto. De este modo, personas que nunca se conocieron terminan conversando entre las páginas del libro, compartiendo sus visiones de una historia que aún estamos aprendiendo a observar.
Memoria en disputa
Esta perspectiva es fundamental para la construcción de una memoria colectiva que reconozca a las víctimas no solo como sujetos de dolor, sino como actores políticos. Al rescatar fotografías que durante años quedaron relegadas a archivos personales o discos duros olvidados, se apuesta por una pluralidad de voces indispensable: ¿por qué conformarse con un solo relato? La identidad de una imagen depende de las relaciones de poder que la atraviesan —desde quién captura el momento hasta quién decide publicarlo—, por lo que cuestionar las fuerzas que moldean nuestra narrativa visual permite entender por qué ciertas imágenes regresan una y otra vez a nuestra memoria mientras otras permanecen en la sombra.
Otorgar este valor político y estético a las fotografías tomadas por las propias víctimas y organizaciones sociales permite desplazar el foco del evento violento hacia los procesos de vida. Estas capturas no se concentran únicamente en el instante de la violencia, sino en los procesos de vida, en la organización campesina y en los intentos de reconstrucción. En este gesto de ampliar la mirada insiste el profesor Manuel Silva, quien nos invita a preguntarnos qué vemos cuando miramos el conflicto armado y, sobre todo, qué historias permanecen todavía fuera del encuadre.
En un país atravesado durante décadas por distintas formas de violencia, narrar el conflicto es una tarea necesaria, urgente y colectiva. Según cifras del Registro Único de Víctimas, en Colombia hay 9.888.182 víctimas del conflicto armado. Las memorias que surgen desde las comunidades, los territorios, las víctimas, los investigadores y las instituciones permiten, no solo comprender las heridas que ha dejado este conflicto de larga duración, sino también encontrar otros caminos que permitan imaginar un futuro diferente.
Las memorias del conflicto no se encargan solo de abordar el pasado; son recursos que permiten interrogar el presente, cuestionar las estructuras que han reproducido la exclusión y la violencia, reflexionar sobre las estrategias y políticas públicas que permitan la construcción de escenarios de paz, de manera que se puedan fortalecer todos los procesos que alrededor de esta materia se desarrollan en nuestro país.
En este contexto, la paz no puede entenderse única y exclusivamente como el silenciamiento de las armas, sino como un proceso complejo de transformación de las relaciones políticas, sociales y culturales que han sostenido los conflictos a lo largo del tiempo.
Los artículos que componen la propuesta editorial de esta nueva edición de la Revista Campus tienen como objetivo comprender el conflicto desde diferentes perspectivas, reflexiones, investigaciones y abordajes. Esto es reflejo del papel que en los últimos años la Universidad del Valle ha desempeñado para consolidar un campo emergente de estudio, donde se requiere generar reflexiones y conocimiento alrededor de la construcción de escenarios de reconciliación.
Una idea general atraviesa de manera transversal los artículos de esta edición: los esfuerzos alrededor de la construcción de paz deben pensarse, discutirse y construirse de manera colectiva. Es una tarea de todos los días. Este número de la Revista Institucional Campus, más que presentar investigaciones y ejercicios académicos alrededor de las memorias del conflicto para la construcción de paz, busca generar un aporte a esa gran conversación colectiva sobre el país que deseamos construir.
Por Edgar Cruz García
Agencia de Noticias Univalle
El 26 de noviembre de 2016 el Estado colombiano firmó un Acuerdo de paz con las guerrillas de las Farc, mediante el cual las partes se comprometieron con el esclarecimiento de la verdad y la no repetición de los hechos violentos y las acciones que afectaron la vida de muchas personas. Durante estos años por los tribunales de la Jurisdicción Especial para la Paz han pasado excombatientes y otros actores implicados en este largo conflicto. Las víctimas han tenido la oportunidad de conocer de boca de los agresores el destino final de sus familiares y cómo se produjeron hechos tan dolorosos como el secuestro o el reclutamiento forzado.
También el país descubrió de primera mano cómo era la vida al interior de las filas del grupo guerrillero. Hasta ese momento solo unos pocos testimonios de algunos desmovilizados mostraban algo de la vida en medio de la guerra. Hoy mucha de la información puede rastrearse en un sinnúmero de entrevistas, tanto de las víctimas como de los gracias a esto sabemos cómo estaban organizados, cómo establecían relaciones sentimentales, o se desplazaban en el territorio, qué comían o qué pasaba con los nacimientos o los abortos provocados, como eran sus prácticas de higiene y si habían personas diversas en sus filas. Otra parte vino del arte gracias a la fallida desmovilización durante el gobierno de Andrés Pastrana. Periodistas y sociedad civil pudieron ir hasta el Caguán, allí, el artista colombiano Wilson Diaz produjo la instalación Baño en el cañito, entre otras piezas artísticas que daban cuenta de esa cotidianidad.
Allí, en esos testimonios de excombatientes Sebastián Giraldo, un sociólogo pereirano radicado en Cali con posgrados en estudios de género y antropología social, encuentra que hay excombatientes maricas y también que a través de ellos se pueden trazar otras rutas nunca exploradas para contar la violencia y aportar a la memoria sobre la guerra en el país.
El libro ¿Qué ruido hace un beso?, Experiencias homoeróticas en excombatientes de las antiguas Farc-Ep tiene su génesis en una investigación para una tesis doctoral: “llevo más de diez años interesándome por asuntos LGBTIQ+ o disidencias sexuales y de género en el marco del conflicto armado, y desarrollando mi labor académica como profesor en la Universidad de Caldas entre el 2015 y el 2019, participé en una investigación sobre víctimas LGBT del conflicto armado en Caldas. Como parte de esa investigación, ellas narraban sus historias sexuales, pero también sentimentales con algunos miembros de los grupos armados, con relaciones que habían tenido con paramilitares, también con miembros de la Fuerza Pública.
Y ahí yo dije: eso es muy interesante. Si hemos estudiado un poco sobre las disidencias sexuales y de género en el conflicto armado o en las guerras en el mundo, pues sobre combatientes o ex combatientes maricas, gays, lesbianas, trans como se quieran nombrar ellos y ellas y elles, había muy poco. Entonces desde ahí pensé que sería mi tema para el doctorado”.
“Ese beso despertó el miedo, les daba pavor que los pillaran.
Para calmar la ansiedad,el guerrillero los calmó diciéndole que la caleta era la más lejana de todas, que no los iban a escuchar.
‘¿Qué ruido se hace con un beso?’ ”
El interés declarado por Sebastián no hizo fácil el acceso a los testimonios, que eran también la fuente primaria para su trabajo de investigación. Tras un proceso de casi cuatro meses de atar cabos, leer, hablar, llamar, convencer a unos excombatientes todavía afectados por el temor a ser descubiertos por contar sus historias, llegó al primero de ellos y “ya llegando al primero se convirtió en esa famosa bola de nieve y a través de él llegué a otros cuatro. Para este libro solo trabajé con cinco ex combatientes que tuvieron encuentros homoeróticos cuando estaban en armas. También me intereso por los procesos de reintegración y cómo su sexualidad está implicada”.
Una escritura personal a varias manos
“Por más de que al Flaco siempre le había gustado Care Barbie y de que, sin imaginárselo, había pasado una noche con él, nunca se le pasó por la cabeza que repetirían o se acercarían”.
Los nombres han sido cambiados o reemplazados por apodos o nominaciones de rango; el comandante, el guerrillero. Ser homosexual en determinados contextos sigue siendo tabú y aunque la Constitución de 1991 dio un paso gigante en la garantía de derechos para personas con orientaciones sexuales diversas, lo cierto es que el Acuerdo de paz demostró que el país pensaba distinto frente a este tema, como lo menciona Sebastián en su libro:
“El enfoque de género del Acuerdo de Paz fue demonizado. Los promotores del NO al Acuerdo en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 trabajaron en la fabricación de un pánico moral. Lo figuraron cómo una pérdida de la heterosexualidad y de la masculinidad de la nación”.
El acercamiento con sus fuentes fue como el de cualquier entrevista. En principio mediados por la tecnología por causa de la pandemia, pero luego esas conversaciones se convirtieron en largas charlas donde se hablaba de ese país en guerra, con sus propias leyes y geografías: “en medio de esos encuentros largos que yo podía tener con ellos, ya cuando me contaban esas historias específicas de sus historias sexuales, sus historias amorosas con un camarada o con alguien en el marco del conflicto, yo sacaba una agenda y empezaba a tomar unos primeros apuntes. Comprenderán que no grabé porque era información de guerra y por más que estemos en procesos de paz, todavía hay información que no se sabe, o no se va a saber, o no se puede saber.
Ese primer borrador lo leíamos juntos, y ellos intervenían en esa primera escritura, entonces recordaban más cosas, me corregían algunas escenas, proponían los nombres de los personajes, me ayudaban con la jerga guerrillera, en fin, ese primer borrador quedaba lleno de apuntes, de flechas, de cosas, de tachones. Luego de ese proceso de intervención, le empezaba a dar punto final a cada relato”.
Por casi cuatro años Sebastián recorrió varias zonas del país para encontrarse con los excombatientes, recoger sus historias y darles forma a los relatos que componen el libro. Gracias a este trabajo con ellos el libro tiene ese tono de intimidad que hace cómplice al lector. Los 14 relatos están narrados en tercera persona, pero se siente en cada uno de ellos esa cercanía, resultado de este trabajo.
¿Por qué un beso hace ruido?
Al igual que la obra Baño en el cañito, los retratos contenidos en ¿Qué ruido hace un beso? permiten ver la complejidad de la vida íntima en la guerra a través de su sencillez, pero también nos muestra cómo ese aparato militar moldea las relaciones, las vidas y los cuerpos de quienes están inmersos en ella.
Hay una idea general de que era prohibida la homosexualidad en la guerrilla, pero en su análisis, hay un elemento clave a tener en cuenta y es la temporalidad de la lucha guerrillera, sobre todo en un conflicto tan largo como el nuestro. Una cosa era como se concebía la relación entre homosexualidad y guerrilla en la década de los 60 y otra muy distinta en los 2000 cuando hubo un boom de políticas identitarias a favor de la población LGBT en Colombia y en América Latina, y aun otra muy distinta, después de la primera década del siglo XXI en el marco de un proceso de paz.
Los impulsos sexuales tenían un control “se destinaban unos días para los encuentros entre parejas y también el cómo. No se podían gastar energías que podemos utilizar para el combate o para la guerra. Y también este control tiene que ver con controlar el amor, no simplemente la homosexualidad”. Este control también era para evitar la deserción y evitar que se compartiera información que podía ser utilizada por los enemigos, “el secreto militar es algo fundamental en la inteligencia militar”.
Entre cada relato de ¿Qué ruido hace un beso?, Sebastián Giraldo reflexiona como investigador sobre el amor y la homosexualidad en la guerra. Las 5 voces escogidas para escribir estos 14 textos han sido cuidadas bajo el celo de quien entiende que, para muchos excombatientes, mantenerse en el anonimato es también un acto de supervivencia.
Siempre será necesario para el país seguir contando desde todos los puntos de vista lo que pasó y sigue pasando en el conflicto armado colombiano . Este libro es un aporte valiente, que se hizo posible gracias all Acuerdo de Paz, que saca a la luz aquello que seguía en la clandestinidad para esclarecer lo que pasó. El libro también es el resultado de un ejercicio de escucharnos y de construir con los otros, a pesar de las diferencias.
Qué ruido hace un beso. Experiencias homoeróticas en excombatientes de las antiguas Farc-Ep
Autor Sebastián Giraldo
Editorial Lectores Secretos
Marzo 2026

Trayectorias como la de Paula Ferrada, médica egresada de la Universidad del Valle, son testimonio de la calidad de la formación de excelencia que muchos jóvenes de la región reciben en las aulas y campus de la institución. Ella es ejemplo del alto nivel de competencia y de empleabilidad en su campo, es muestra que los egresados de la institución son líderes y referentes internacionales, que generan impactos al desarrollo cultural, científico y social.

Agencia de noticias Univalle: ¿Cómo recuerda sus años de formación en la universidad y qué elementos recuerda que fueron determinantes para su vocación en la medicina?
Paula Ferrada: Yo entré a Medicina en la Universidad del Valle en 1994, que se desarrolla a lo largo de varios años. Hubo un periodo de burbuja, que no sé si todavía lo tienen en la universidad del Valle para este programa. Para mí muchas cosas fueron súper importantes. Una de las cosas que me pareció más chévere es que, aunque nuestras clases se adelantaban en San Fernando, teníamos clases también en Meléndez, lo que hace que conozcas gente que no está solamente en medicina y eso te hace más completo como persona. Para la gente que está haciendo cosas en el ámbito de la salud, es supremamente importante ser humano, no solamente saber de biología, medicina y de anatomía. Es importante poder ver otras asignaturas que no tengan nada que ver con medicina. Yo vi cine, por ejemplo, porque eso te ayuda a amplificar la mente y a tener otras perspectivas.
Cuando quedé en la Universidad del Valle estaba súper emocionada. No sé si todavía lo hacen, los resultados con los admitidos salían en el periódico. Recuerdo la emoción de mi papá y mi mamá, todos contentos, porque es una de las mejores universidades de Colombia. Recuerdo con mucho cariño mi paso por la Universidad del Valle.
Agencia de noticias Univalle: Fue en ese período de burbuja, cuando aprovechó esa oportunidad para vivir una experiencia de internacionalización ¿cómo empezó ese camino a proyectarse como una profesional, buscando espacios por fuera del país?
Paula Ferrada: Hubo un periodo de cuatro meses, que nosotros en Medicina le llamamos la burbuja. Yo fui a Atlanta y miré otras cosas. Eso fue importante para mi vida. Sabía inglés, pero es muy distinto venir acá, interactuar con gente que lo habla todos los días y entender las chanzas, los dichos y esas cosas.
Otra cosa que fue importante y que me ayudó a tomar la decisión de venir a Estados Unidos, fue ver todos los recursos que tenía. Nosotros hacíamos prácticas en el Hospital Universitario del Valle. Cuando yo hice las prácticas, en ese momento no había muchos recursos. Recuerdo que le teníamos que pedir a las familiares que compraran las suturas. Y en Estados Unidos, incluso en los hospitales del Estado, que no son hospitales privados, que no tienen tanta plata, pero inclusive en esos hay escanografía, rayos X, suturas, hay de todo. Eso me dio la idea de que yo quería entrenarme en los Estados Unidos.
Siempre pensé que yo iba a volver a Colombia, a servir a mi país. Sin embargo, siempre cambia la vida cuando uno ya se casa, tiene hijos.
He seguido trabajando con cirugía internacional a través de la Sociedad Panamericana de Trauma y a través de mi papá. Él fue profesor de Cirugía de la Universidad del Valle y fue jefe de cirugía en el HUV. Y mi madre era jefe de partos. Mi formación en medicina cuenta como una extensión de la educación que me dio mi familia.
Yo nunca he sentido que el hospital y la universidad son otra parte. Me parece que son una extensión de mi hogar.
Agencia de Noticias Univalle: Una vez que se gradúa y empieza ese proceso de migrar a Estados Unidos ¿qué otros retos enfrentó? ¿Cómo fue ese proceso?
Paula Ferrada: Hubo un montón de retos. El número 1 fue el inglés, puedes estar en en un colegio bilingüe, pero igual la movida es muy distinta cuando te están hablando, así como estamos hablando nosotros.
La segunda es el clima. Primero estuve en Miami y luego me fui a Boston. Vivir en esa ciudad es como estar en un congelador con viento. Eso a mí me dio muy duro. Es un clima terrible.
Y creo que el reto más importante para mí, más que el clima y el lenguaje, estar lejos de los papás, que te hagan falta los amigos, que la comida no te sepa a nada, fue entrar a cirugía. Es muy competitivo para la gente de aquí y aún más para los extranjeros. Pienso que una de las cosas que nosotros los colombianos tenemos, como yo le estaba explicando a mi esposo que es de Estados Unidos, un colombiano nunca se vara ¿cuándo has visto un colombiano viviendo bajo un puente? Nosotros nunca nos varamos, somos súper trabajadores, tenemos una ética de trabajo superior. Es disciplina y es no dar por hecho todas las cosas que tenemos, sino saber que hay que luchar por cada cosita que se tiene. Esa disciplina, esa entereza, esa resiliencia, que tenemos los colombianos, eso me ayuda todos los días.
Agencia de Noticias Univalle: Y precisamente en Estados Unidos se está moviendo en un entorno supremamente competitivo. Entiendo que es la primera colombiana en completar el programa de Medicina en Harvard, que es uno de los centros de formación médica más prestigiosos del planeta. Lidera el departamento de cirugía del Hospital Innova Fairfax ¿Cómo son las culturas académicas y profesionales tanto de acá Colombia como allá en Estados Unidos?
Paula Ferrada: Pienso que en Colombia también es competitivo entrar en cirugía, pero es distinto. Colombia produce cirujanos que son excelentes clínicamente y creo que en Estados Unidos hay más investigación y promoción de liderazgo. El médico ideal debería tener formación clínica y manual en Latinoamérica o en Colombia y formación intelectual de investigación en Estados Unidos.
Me gradué de Harvard como la primera colombiana que se graduó de cirugía de un programa quirúrgico de uno de los hospitales que llevan el símbolo de Harvard. No busqué ser la primera colombiana, solo quería terminar mi residencia y trabajar como cirujano. Ahora soy la jefa del Departamento de Cirugía de Fairfax. Y soy jefe del sistema de trabajo que tenemos en Innova Health Care System, donde tenemos cinco hospitales. Fui presidenta de la Sociedad Panamericana de Trauma y ahora soy presidenta electa del Eastern Association for the Surgery of Trauma (EAST), la sociedad más grande de cirujanos de trauma del mundo.
Todo eso suena súper chévere, pero nada ha sido regalado. Ha sido trabajo. Es levantarse más temprano que todo el mundo; es irse a la casa más tarde que todo el mundo. Es hacer las cosas con el corazón, mantener al paciente siempre en el centro. Es tener un ancla en la familia, saber que al final del día van a estar ahí para vos, es trabajar mucho, echarle el hombro y seguir adelante.
Agencia de Noticias Univalle: Además usted creó un espacio de mentoría para cerrar las brechas de género hacia las mujeres en las especialidades médicas. Quisiera que nos contara un poco de esta experiencia ¿que la motivó? ¿Cómo ha sido ese trabajo?
Paula Ferrada: No solo en género, sino también en liderazgo. Cuando empecé a trabajar, ya había salido de la residencia, después de todo lo que me costó, hice dos fellowship, me di cuenta que la discriminación hacia las mujeres es real y en algunos espacios no hay muy buenos líderes. Eso desmoraliza al equipo, y en últimas afecta al paciente. Eso me hizo caer en cuenta que, si a ti no te gusta cómo está funcionando algo, entonces tienes que ser parte de la solución.
Las mujeres en medicina en Estados Unidos ya no somos minoría. El 50% del estudiantado en las escuelas de medicina son mujeres, pero menos del 5% son líderes. ¿Por qué? Falta oportunidad, exposición, mentoría. Entonces hay que llenar ese espacio y acortar la distancia para darle oportunidades a la gente que se lo merece.
Es importante que la gente que obtiene estos puestos y que sale adelante sea por mérito. Eso fue lo que me motivó: el hecho de que a tantas mujeres le ignoren su mérito y la capacidad. Hay prejuicios solamente por tu género.
He creado unos espacios de mentoría con la Panamerican Trauma Society o la Eastern Association for the Surgery of Trauma, lugares donde he trabajado y he tratado de dejar algo, para ayudar a las mujeres, a las minorías, a salir adelante, porque me parece importante dejar el mundo mejor que como uno lo encontró.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Cómo es esa conexión emocional, profesional, ese vínculo con la Universidad del Valle?
Paula Ferrada: Los médicos que se gradúan de la Universidad del Valle son excelentes. Es importante que a donde uno vaya llevar la bandera de donde uno es y no olvidarse de dónde salimos.
Para mí es un honor que en donde yo esté, en cualquier parte, representar a mi universidad y hacerle entender a la gente que nosotros los latinos también somos trabajadores, inteligentes, brillantes y que el hecho de ser latinos no nos hace menos.
También me parece importante hacer las cosas con el corazón. Si no las haces así, no te salen tan chéveres ¿no? Es lo mismo que cocinar, hay que ponerle amor a la cocina, hay que ponerle amor a la cirugía.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Algún mensaje o recomendación para los estudiantes de nuestra institución que quieren tener una experiencia internacional?
Paula Ferrada: Primero hay que prepararse y hacer un poquito de investigación, no me refiero a tener publicaciones, sino usar los computadores y el internet, buscar lo que se está haciendo, buscar quién puede ser su mentor, quién le puede ayudar, si hay un proyecto que le gusta. Fíjese también en la cultura en donde usted va a estar: las micro-culturas son muy diferentes en cada hospital.
Pregúntele a la gente, trabaje duro, arriésguese, porque como dicen en Colombia, quien no arriesga un huevo, no tiene un pollo. Así es la vida. A veces se tienen que tomar riesgos calculados, y así es irse de Colombia.
Creo que a la hora de la verdad, así se quede o salga en Colombia, no se dé por vencido. La gente a veces me decía que no iba a poder, que es muy difícil. Luego pensé que tal vez esa gente te da esos consejos porque ellos piensan que no van a poder. Están viendo la vida desde su propia lente. Es mejor ver las cosas desde su propia perspectiva: si usted quiere hacerlo, lo va a hacer. Quizás le va a costar más, va a ser más difícil, más duro, pero si usted se lo propone, lo va a lograr.

En Colombia, la violencia posee la inquietante capacidad de mudar de piel sin cambiar de esencia. A través de una rigurosa mirada a la memoria histórica, el profesor Luis Castillo de la Universidad del Valle demuestra que el bandolerismo no es una postal del pasado, sino un fenómeno vivo.
Cuando Luis Carlos Castillo era apenas un niño, su madre le contó la historia de un perverso bandido que, escondido entre las montañas de Girardot, asesinaba con sevicia a los hombres y les efectuaba el famoso corte de corbata. Su nombre era Sangrenegra. En ese momento, solo la mención de ese nombre fue necesaria para producir inquietud en su tierna mente con tanta fuerza que el criminal quedó grabado en su cabeza con tinta indeleble.
Ahora, sociólogo de la Universidad del Valle y doctor en Estudios Iberoamericanos de la Universidad Complutense de Madrid, el profesor Castillo se ha encargado de analizar la figura del bandolero, fundamental en la historia de la violencia colombiana del siglo XX dentro de su libro El Bandolerismo en Colombia, presentado en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.
Su investigación muestra que la violencia no es el eco de un tiempo pasado, sino que se inmiscuye en el paisaje serpenteando con sigilo en las zonas donde el Estado tiene poco alcance, donde las disidencias se ocultan en medio de los matorrales, donde las áreas limítrofes permiten evadir a la fuerza pública. Como una serpiente que se oculta entre el follaje, la violencia sigue activa en Colombia, pero ya no opera de la misma manera.
Tipología del bandolero
Aunque el fenómeno del bandolerismo ha sido estudiado extensamente, El Bandolerismo en Colombia surge como un nuevo examen que incorpora el archivo personal de Germán Guzmán Campos. Este sacerdote y sociólogo, movido por la cercanía con el conflicto armado, se dedicó a documentarlo hasta convertirse en un pionero en los estudios sobre La Violencia. Siendo así, su investigación constituye el acervo documental más importante en la materia que, tras el exilio y posterior fallecimiento del sacerdote en México, fue repatriado por la Universidad del Valle. Al integrar este material inédito, el análisis presentado se erige como el primero de su clase.
Al sumergirse en estos archivos, el profesor Castillo tropezó con un hallazgo sinigual: una carta firmada por Jacinto Cruz Usma, el mítico bandido que habitaba sus memorias de infancia bajo el alias de "Sangrenegra". En el documento, el criminal le exigía a un hacendado el pago de una cuota por su seguridad. Pero antes de transformarse en este oscuro referente que azotó el occidente colombiano con cuadrillas dedicadas al secuestro, la extorsión y el asesinato durante el periodo de La Violencia, Cruz Usma estuvo ligado a las guerrillas liberales.
Para comprender esta transición, el sociólogo explica que la figura del bandolero emerge desde los tiempos de Robin Hood en los bosques ingleses, replicándose en las sociedades agrarias donde la distribución desigual de la tierra empuja a los campesinos a armarse para enfrentar la injusticia. Sin embargo, en un país donde la violencia se volvió sistemática, las fronteras entre quienes se rebelan contra el Estado y quienes simplemente delinquen resultan difusas, sobre todo para las víctimas de actos atroces o aquellos que consumían el horror a través de los medios de comunicación.
“Entonces, ¿cuándo el guerrillero se convierte en bandolero? Lo hace cuando la acción armada pierde el principio político” resume con pericia el profesor Castillo. Mientras que el guerrillero utiliza las armas bajo un ideal de transformación social, lo que le permite ser reconocido por el Estado como un sujeto político para negociar la paz, el bandolero surge cuando la lucha pierde ese norte político. En este caso, el combatiente se mueve por la venganza de sangre o por la búsqueda de beneficios económicos.
El novísimo bandolerismo
El recuento histórico señala que los bandoleros surgieron como consecuencia directa del conflicto bipartidista y permanecieron activos alrededor de tres décadas, desde finales de la República Liberal hasta mediados de los años 60 durante el Frente Nacional. De esos hombres y mujeres, se habla en un tiempo pasado absoluto, como si fuesen figuras de un museo extinto. No obstante, las dinámicas de los grupos armados actuales replican métodos de control territorial y coacción de aquellos antiguos delincuentes rurales, desdibujando la frontera cronológica de la guerra.
Frente a este escenario, Luis Carlos Castillo transgrede la temporalidad convencional. El autor propone la categoría del «novísimo bandolerismo» , un concepto donde el actor armado actual ya no surge de las mismas motivaciones del siglo pasado, sino que el rearme de ciertos sectores prescinde de cualquier horizonte de transformación social para volcarse hacia la acumulación de capitales mediante rentas ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal. Esta preocupante vigencia revela la crudeza de una guerra implacable que ha mutado de piel a lo largo de las décadas logrando insertarse en el tejido mismo del país.
El profesor Castillo ejemplifica esta desgarradora dimensión al recuperar un dato de la Comisión de la Verdad, el cual señala que nueve millones de colombianos son víctimas de la guerra, “eso significa que en casi todas las familias colombianas ha habido alguna víctima del conflicto”. Tras tantas décadas de dolor, esta realidad dista de ser una simple casualidad, pues la violencia en Colombia constituye un ciclo repetitivo que encuentra su combustible en una profunda desigualdad estructural.
Este bucle destructivo demanda una ruptura drástica que convoca el esfuerzo conjunto de las instituciones del Estado y la sociedad civil. Es imperativo que la acción oficial en las periferias territoriales se sintonice con una ciudadanía activa en la defensa de la memoria, abriendo el camino para debilitar la tragedia que ha conseguido normalizarse dentro de nuestra rutina cotidiana. Por esta razón, las páginas de El Bandolerismo en Colombia resultan indispensables para que se continúe la conversación, dejando el miedo de lado para poner fin al ciclo de violencia.
El sistema consta de un chaleco con sensores y un microcomputador que ofrece información en tiempo real para mejorar la ejecución de la RCP. Suministrado por los estudiantes.
Por Joan Zúñiga
Facultad de Ingeniería

Con el apoyo del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali y del Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), cuatro estudiantes de la Universidad del Valle desarrollaron un sistema inteligente que busca mejorar el aprendizaje de la técnica de reanimación cardiopulmonar (RCP).
El dispositivo, de bajo costo, se acopla a maniquíes de práctica y ofrece retroalimentación en tiempo real sobre la posición, la fuerza, la profundidad y la frecuencia de las compresiones torácicas, factores clave para ejecutar correctamente la maniobra. Esta información permite ajustar la técnica durante el entrenamiento y fortalecer la preparación del personal de emergencias, lo que podría resultar determinante para salvar vidas.
El potencial impacto del sistema es tal que fue seleccionado para presentarse en la International Instrumentation and Measurement Technology Conference (I2MTC), uno de los eventos académicos más importantes del mundo en instrumentación electrónica, que este año se celebrará en Nancy, Francia.
RCP: una técnica que salva vidas
¿Sabías que La Macarena puede ayudarte a hacer RCP correctamente? Descúbrelo en este video.
La reanimación cardiopulmonar es una maniobra de emergencia que se realiza cuando una persona deja de respirar o su corazón deja de latir, es decir, cuando ocurre un paro cardiorrespiratorio. Mediante la combinación de compresiones torácicas (presiones rítmicas y firmes sobre el pecho) y ventilación artificial (suministro de aire en la boca del paciente), se busca mantener la circulación sanguínea y el aporte de oxígeno a los órganos vitales hasta que llegue atención médica especializada.
Esta técnica resulta crucial si se considera el aumento en el número de personas diagnosticadas con enfermedades cardiovasculares, las cuales provocan cerca de 19,8 millones de muertes en el mundo cada año y constituyen la principal causa de mortalidad a nivel global.
El protocolo moderno de la RCP se consolidó entre las décadas de 1950 y 1960, cuando organizaciones como la American Heart Association, la American Red Cross y la American Medical Association respaldaron las investigaciones de William Kouwenhoven, Guy Knickerbocker y James Jude , sobre las compresiones torácicas, y las de Peter Safar, James O. Elam y Lourdes A. Escarraga, centradas en la ventilación artificial boca a boca. Esto permitió estandarizar y difundir la técnica a nivel mundial, contribuyendo a salvar millones de vidas.
Según la American Heart Association, la aplicación inmediata de la reanimación cardiopulmonar puede incrementar las probabilidades de supervivencia en más de un 80 % frente a los casos en los que no se aplica, elevando la tasa de supervivencia en paros cardíacos extrahospitalarios de menos del 10 % a cerca del 18 %.
No obstante, la efectividad de la maniobra depende de que se ejecute correctamente. Presiones torácicas inadecuadas pueden no generar el flujo sanguíneo necesario para mantener la oxigenación de los órganos vitales o provocar lesiones como fracturas de costillas o contusiones pulmonares. Asimismo, una ventilación incorrecta puede causar hipoxia o hiperventilación, generando complicaciones adicionales.
En este contexto, el proceso de aprendizaje de la RCP resulta fundamental, especialmente en su componente práctico, donde el personal en formación puede ejecutar y corregir su técnica.
La idea que nació en un laboratorio

Los estudiantes José Luis Moreno Campeón, Santiago Córdoba Tovar, Juan Sebastián Tobar Moriones y Luis Mauricio Molina Valencia, junto con el docente Asfur Barandica López, durante el desarrollo del prototipo. Suministrado por los estudiantes.
Con este panorama en mente, los estudiantes José Luis Moreno Campeón, Santiago Córdoba Tovar, Juan Sebastián Tobar Moriones y Luis Mauricio Molina Valencia, con el apoyo del docente Asfur Barandica López, desarrollaron el proyecto "Dispositivo inteligente para entrenamiento en reanimación cardiopulmonar (RCP) con retroalimentación en tiempo real", orientado a crear un sistema que brindara información objetiva sobre la calidad de las compresiones torácicas durante el proceso de aprendizaje.
“La idea surgió al observar unas pruebas con un maniquí que simulaba la marcha humana. En ese momento recordé los maniquíes de RCP con los que había trabajado: eran muy básicos y no ofrecían retroalimentación más allá de la que podía dar el capacitador”, explicó José Luis Moreno, estudiante de Ingeniería Electrónica y líder del equipo.
Durante la fase práctica del adiestramiento en RCP, los aprendices realizan la técnica sobre maniquíes que simulan la anatomía del torso humano. Por lo general, explica Moreno, estos dispositivos “son torsos de goma con un resorte interno que genera resistencia y unos canales que simulan las vías aéreas”, que permiten a los practicantes percibir el rebote después de cada compresión y la elevación del pecho tras la ventilación, pero no brindan información sobre la calidad de la ejecución de la maniobra.
En consecuencia, los aprendices dependen casi exclusivamente de las observaciones del instructor para evaluar y corregir su técnica, lo que puede limitar la precisión del entrenamiento.
Del concepto al prototipo
Para desarrollar el sistema, los estudiantes contaron con el apoyo del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, que les brindó capacitación en reanimación cardiopulmonar y les permitió comprender mejor los factores clave de esta maniobra.
“Gracias a eso pudimos entender mejor qué hace que una compresión sea correcta y cómo debía aplicarse”, explicó Moreno.
El grupo también logró financiar el proyecto mediante la convocatoria EPICS in IEEE, un programa internacional que apoya iniciativas de ingeniería orientadas a resolver problemas reales de la comunidad.
“Participamos a través de la rama estudiantil del IEEE en la Universidad del Valle y resultamos ganadores. Eso nos permitió obtener 1700 dólares para construir el prototipo”, añadió Moreno.
Un sistema para medir cada compresión

El chaleco cuenta con dos tipos de sensores que sirven para medir, en tiempo real, el ritmo, la fuerza, la ubicación y la profundidad de las compresiones. Suministrado por los estudiantes.
Tras cerca de un año de trabajo, el equipo desarrolló un prototipo compuesto por un chaleco equipado con cinco sensores piezorresistivos y un sensor de tiempo de vuelo, además de un microcomputador con pantalla integrada y un software de análisis.
Los sensores piezorresistivos, ubicados en el centro del chaleco, a la altura del pecho, son dispositivos cuya resistencia eléctrica varía cuando se les aplica presión.
“Al relacionar el valor de la resistencia con una determinada fuerza de presión, podemos calcular la intensidad con la que se realiza cada compresión. Además, al contar las variaciones sucesivas, podemos estimar el número por minuto, es decir, el ritmo de las compresiones. Y, al combinar la información de los cinco sensores, podemos saber dónde están ubicadas las manos y verificar si las presiones se hacen en la zona correcta”, indicó Luis Mauricio Molina, estudiante de Ingeniería Electrónica.

Especificaciones del sensor piezorresistivo utilizado. Suministrado por los estudiantes.
Por su parte, el sensor de tiempo de vuelo, ubicado en una estructura orientada hacia el centro del pecho del maniquí, permite medir la profundidad de los movimientos de compresión.
“Estos sensores miden la distancia desde ellos hasta un punto determinado usando un haz de luz. En nuestro caso, lo usamos para medir la distancia entre el sensor y las manos sobre el pecho antes y durante las compresiones. Así podemos estimar la profundidad de cada una y ver si está dentro de los cinco o seis centímetros recomendados”, destacó Molina.

Los sensores de tiempo de vuelo miden distancias a partir del tiempo que tarda la luz en llegar a un objeto, reflejarse y regresar. Suministrado por los estudiantes.
En cuanto al microcomputador (un Raspberry Pi 4), este recibe la información de los sensores y la procesa mediante el software desarrollado por los estudiantes.
“El software genera una interfaz que se muestra en la pantalla y permite ver, en tiempo real, el ritmo, la fuerza, la ubicación y la profundidad de las compresiones”, explicó Juan Sebastián Tobar, estudiante de Ingeniería de Sistemas y desarrollador del software.

El microcomputador ejecuta el programa que interpreta los datos de los sensores. Suministrado por los estudiantes.
El resultado es un sistema que ofrece retroalimentación inmediata durante el entrenamiento y cuyo costo es considerablemente inferior al de tecnologías comparables disponibles en el mercado.
“La ventaja es que el chaleco se acopla a los maniquíes básicos con los que ya cuentan muchos organismos de emergencia. Además, producirlo cuesta alrededor de un millón seiscientos mil pesos, que es una fracción de lo que valen equipos similares. Incluso resulta más barato que algunos maniquíes electrónicos que solo dan señales visuales”, destacó Molina.
Entrenar con datos mejora los resultados

Con el apoyo del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, fue posible evaluar el impacto del sistema en el entrenamiento de la RCP.. Suministrado por los estudiantes.
Durante las pruebas realizadas con el acompañamiento del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, el equipo comprobó el impacto del sistema en el aprendizaje de la RCP. Al comparar dos grupos de aprendices (uno entrenado mediante métodos tradicionales y otro con el chaleco), se evidenciaron mejoras significativas en la calidad de las compresiones torácicas del grupo que utilizó el dispositivo.
“La eficiencia global de las compresiones de quienes no usaron el chaleco fue menor al 88 %, e incluso hubo personas por debajo del 70 %. En cambio, todos los que entrenaron con nuestro prototipo superaron el 92 %. Eso muestra una mejora clara en el aprendizaje y aumenta las probabilidades de aplicar bien la técnica y salvar más vidas”, resaltó Moreno.
Adicionalmente, el proyecto ha despertado el interés de investigadores del sector salud, quienes ven en el dispositivo una oportunidad para profundizar en el estudio de la reanimación cardiopulmonar y en sus procesos de entrenamiento.
“Por ejemplo, nos han dicho que podría servir para monitorear de manera objetiva si las personas mantienen la habilidad para aplicar RCP y para diseñar programas de reentrenamiento para el personal de emergencias”, añadió Moreno.
De Univalle a un escenario científico internacional
El potencial impacto del dispositivo es tal que fue seleccionado para representar a Colombia en la IEEE International Instrumentation and Measurement Technology Conference (I2MTC), uno de los encuentros más importantes del mundo en instrumentación y sistemas de medición electrónicos.
“Primero, superamos una selección interna para representar a la Universidad del Valle. Después, competimos con cientos de proyectos de estudiantes de pregrado y posgrado de todo el mundo relacionados con sistemas de medición electrónica, y quedamos entre los diez mejores”, explicó Molina.
El equipo presentará su trabajo en el evento, que se realizará este año del 25 al 28 de mayo en Nancy, Francia, con la participación de investigadores, ingenieros y estudiantes de todo el mundo.
“Vamos a presentar el prototipo y también a vivir la experiencia de compartir con expertos y conocer nuevas tecnologías para medir fenómenos físicos. Es muy emocionante”, señaló Molina.
Esto representa un logro significativo para el grupo, especialmente si se tiene en cuenta que el proyecto nació solo como una iniciativa académica.
“La verdad es que es algo muy especial porque, cuando iniciamos con esto, no esperábamos un impacto así. Sentimos que todo el esfuerzo ha valido la pena”, concluyó Tobar.
Así, el dispositivo desarrollado en la Universidad del Valle se proyecta como una innovación tecnológica con potencial para fortalecer el aprendizaje de la reanimación cardiopulmonar y, en última instancia, ayudar a salvar vidas.
La Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle abrió oficialmente las Convocatorias Internas 2026, una estrategia orientada al fortalecimiento de la investigación, la creación artística, la innovación y la formación de alto nivel en la institución.
Las convocatorias, que están abiertas desde el 28 de mayo de 2026, buscan impulsar proyectos de investigación y creación artística en diferentes áreas del conocimiento, promover la asociatividad inter y transdisciplinaria, así como apoyar la culminación de trabajos de maestría y tesis doctorales.
Investigación y creación artística en las ciencias, las artes, las humanidades, las tecnologías y la innovación
Dentro de las convocatorias dirigidas a grupos y profesores investigadores, se encuentra la convocatoria para la conformación de un banco de proyectos elegibles de investigación y creación artística en las ciencias, las artes, las humanidades, las tecnologías y la innovación, la cual contará con dos modalidades:
-Modalidad 1: dirigida a grupos de investigación registrados en la Universidad del Valle, con financiación de hasta $80 millones y una duración máxima de 18 meses.
-Modalidad 2: dirigida a profesores nombrados o grupos de investigación, con financiación de hasta $50 millones y una duración máxima de 12 meses.
Asimismo, se abrió la convocatoria para promover la investigación inter y transdisciplinaria e interinstitucional, orientada al fortalecimiento de proyectos de I+D+i articulados con los focos temáticos de la Misión Internacional de Sabios y los retos territoriales de la región Pacífico. Esta convocatoria financiará iniciativas de hasta $250 millones y tendrá una duración máxima de 36 meses.
Impulso a la creación artística y humanística
La Vicerrectoría también presentó la Convocatoria Interna de Creación Artística y Humanística 2026, cuyo objetivo es fortalecer la productividad artística institucional y consolidar procesos de creación en la Universidad del Valle.
La convocatoria está dirigida a profesores nombrados y grupos de investigación o investigación-creación registrados ante la Vicerrectoría de Investigaciones. Se financiarán proyectos individuales hasta por $40 millones y obras de realización colectiva hasta por $65 millones.
Apoyo a estudiantes de maestría y doctorado
Como parte de la estrategia de fortalecimiento de la formación investigativa, la Vicerrectoría abrió las convocatorias de apoyo para estudiantes de maestría y doctorado.
La convocatoria para estudiantes de maestría apoyará la finalización de trabajos de investigación con propuestas de hasta $15 millones y un tiempo máximo de ejecución de 12 meses.
Por su parte, la convocatoria dirigida a estudiantes de doctorado financiará propuestas hasta por $25 millones para apoyar la culminación de tesis doctorales, con un periodo de ejecución de hasta 18 meses.
La comunidad académica interesada podrá consultar los términos de referencia, requisitos y cronogramas específicos a través de los canales oficiales de la Vicerrectoría de Investigaciones.
Con estas convocatorias, la Universidad del Valle continúa fortaleciendo el desarrollo científico, tecnológico, artístico y humanístico, promoviendo la generación de conocimiento con impacto regional y nacional.
Informes: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Consulta las convocatorias en: https://viceinvestigaciones.univalle.edu.co/convocatorias-y-ofertas/convocatorias-internas