Al borde del colapso

Tomado de El País

Los gastos de universidades públicas han sido muy superiores a sus ingresos.

La Ley 30 de 1992 reglamentaria de la educación superior dio a las universidades públicas un respiro al garantizar que sus presupuestos fueran reajustados de acuerdo con el costo de vida. Se evitó así la forzosa negociación anual de sus presupuestos. Pero fue un alivio transitorio porque durante el cuarto de siglo siguiente los desarrollos tecnológicos, el aumento de estudiantes, la multiplicación de los posgrados, la preparación y remuneración del profesorado para garantizar una educación superior de alta calidad, hicieron que la canasta universitaria, por así decirlo, creciera mucho más que la canasta familiar, acumulando un déficit que hoy se calcula en 3.2 billones de pesos.

A pesar de esa grave carencia de recursos las universidades públicas han hecho un gran esfuerzo en la última década por mejorar la calidad, de modo que hoy 17 de las 32 universidades están acreditadas como de alta calidad; por ampliar la cobertura hasta llegar a cerca de 700.000 estudiantes; por aumentar y cualificar la planta docente; por hacer investigación comprometida con la solución de problemas nacionales; por fortalecer la infraestructura y renovar su base tecnológica.

La Reforma Tributaria de 2016, determinó que el 0,6 de 9 puntos porcentuales del Impuesto Complementario sobre las Rentas que reemplazó el Impuesto a la Renta para la Equidad, CREE (685 mil millones), más el 40% de medio punto del IVA social (400 mil millones), más 15% del gravamen a las cooperativas (140 mil millones) se destinarían a la financiación de la educación superior pública. Sin embargo, ese logro que fue producto de un largo proceso de negociación y que hubiera representado un importante alivio a las finanzas universitarias se frustró, pues por decisión del anterior gobierno, esos recursos fueron utilizados, para financiar el Programa Ser Pilo Paga y para cubrir el déficit del Icetex.

Lo que se está pidiendo en medio de una movilización nacional universitaria liderada por los rectores es que se cumpla la ley. Que los recursos que fueron legalmente destinados a la educación superior pública cumplan su objetivo y que los déficits del Icetex y del programa Ser Pilo Paga sean financiados con recursos de otras fuentes. Es necesario un presupuesto adicional para terminar el 2018, que se estima en 500.000 millones suma que deberá ser igualmente incorporada al presupuesto de 2019. Actualmente no hay un solo peso adicional para las universidades públicas dentro de las adiciones que se le han hecho al presupuesto nacional de 2019.

Por lo que respecta a la Universidad del Valle, ésta seguirá manteniendo un manejo prudente de sus finanzas, con las estrategias de control del gasto y e incremento de sus recursos propios, pero con el convencimiento que el grueso de la financiación de la universidad pública debe provenir del Estado, como lo exige la construcción de una sociedad más equitativa.

Edgar Varela Barrios
Rector de la Universidad del Valle

Univalle presente en la Feria Internacional del Libro de Cali

La Universidad del Valle participará entre el 18 y el 28 de octubre en la Feria del Libro de Cali que este año contará con México como país invitado. Omar Díaz Saldaña, director del Programa Editorial de la Universidad del Valle anunció que toda la producción bibliográfica reciente del Alma Máter estará en el estand de Univalle que podrá ser visitado durante el certamen ferial.

Junto con la Secretaria de Cultura de Cali, Luz Adriana Betancourth Lorza y el Presidente de la Fundación Spiwak, Angel Espiwak Knorpel, el directivo universitario presentó a los medios de comunicación de la ciudad detalles acerca de la Feria del Libro y destacó la importancia del evento para la promoción de la lectura y la difusión de las artes.

El profesor Díaz destacó que la Universidad del Valle ha producido en el último año 100 publicaciones a través de su Programa Editorial (2 por semana) e invitó también a los vallecaucanos a participar en los Festivales del Libro y la Lectura en Buenaventura, Cartago, Tuluá, Buga y Palmira.

Los Festivales del libro cuentan con el apoyo de la Universidad del Valle y la participación de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI), la Secretaría de Cultura del Valle del Cauca y la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. En cada municipio habrá una librería itinerante, autores y otros invitados, la exposición Tierra Adentro. Jóvenes ilustradores, que hace parte de la presencia de México como país invitado y el Bibliobús de la Biblioteca Departamental.

Por su parte, el profesor Darío Henao Restrepo presentó la programación del X Simposio Jorge Isaacs 2018 “Tras la huella de Manuel Zapata Olivella” que tendrá lugar entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre.

México, País Invitado, llegará a Cali con una delegación con 24 invitados –entre los que se destacan Élmer Mendoza, Vicente Quirarte, Alberto Ruy Sánchez y Jorge Volpi–, una librería con más de cuatro mil ejemplares, que será operada por el Fondo de Cultura Económica, que incluye diversas editoriales mexicanas y publicaciones de más de diez universidades del país azteca que se suman a esta iniciativa. Tres ciclos de cine con documentales, argumentales y películas de animación. Dos exposiciones de ilustradores mexicanos, una para niños, “Pintacuentos”, y otra para jóvenes, “Tierra adentro”. Música popular mexicana a cargo de “Los atemperados”, quienes interpretarán tres conciertos en distintos lugares de Cali. Un festival gastronómico de cocina tradicional totonaca con “Las mujeres de humo”, en el Restaurante la Zarzuela del Hotel Spiwak. Talleres para niños, jóvenes y adultos.

La programación académica de la Feria se organiza con el apoyo del Grupo de Editores Universitarios del Pacífico Colombiano (GEUP), integrado por la Universidad del Valle, la Universidad Antonio Nariño, la Universidad Autónoma de Occidente, la Fundación Universitaria Católica, la Universidad del Cauca, el Icesi, la Universidad Javeriana, la Universidad Libre, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de San Buenaventura y la Universidad Santiago de Cali.

La Feria Internacional del Libro de Cali y el GEUP trabajan juntos para fortalecer la circulación de sus publicaciones y la formación de nuevas generaciones de editores. También se realizará el Segundo Encuentro de Editores Universitarios. En esta oportunidad con ponentes de México —País Invitado—, Argentina, Ecuador y Colombia. El tema central es la circulación de publicaciones universitarias en América Latina.

Andrea Serna en Viernes de Letras

La guionista y productora audiovisual Andrea Serna es la invitada a la siguiente sesión del ciclo de conversatorios Viernes de Letras, que coordina la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.

Este conversatorio se realizará este viernes 12 de octubre, a partir de las 6:00 p.m., en el Auditorio Ángel Zapata, Biblioteca Mario Carvajal, Campus de Meléndez.

Esta autora estará conversando con las profesoras Silvia Valencia y Alice Castaño. En esta ocasión, la invitada será presentada por la estudiante de Licenciatura en Literatura Diana Satizábal.

Andrea Serna es guionista, productora audiovisual y escritora de cuentos infantiles nacida en Cali, en 1979. Ha escrito guiones para las series televisivas "Salta la página", "A que sí", "(Des)conocidos" y "Guillermina y Candelario". Con el cuento "Adiós, Oscurita" (2017) obtuvo el Premio de Literatura Infantil y Juvenil El Barco de Vapor. Así mismo, ganó la beca de escritura de largometraje infantil del Ministerio de Cultura con el proyecto "La carta de Rafaela" (2015) y del Prix Jeunesse Iberoamericano (2017).

En la actualidad se dedica a la promoción y producción de literatura infantil y coordina el proyecto Semilleros TIC de la Universidad del Valle y el CIER Sur.

 

 

Seminario Explicación de la conciencia: problemas y actuales propuestas

El Departamento de Filosofía y el grupo de investigación Episteme: Filosofía y Ciencia de la Universidad del Valle invitan al Seminario Explicación de la conciencia: problemas y actuales propuestas, que se realizará entre el 16 y 18 de octubre de 2018.

El invitado al Seminario es el profesor de la Universidad de Córdoba - Argentina José Ahumada.

José Ahumada es doctor (Ph.D) en Filosofía de la Universidad de la Plata. Es profesor de la materia "Problemas Epistemológicos de la Psicología Contemporánea" de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Se ha desempeñado como profesor del Doctorado de Neurociencias de la Universidad Nacional de Córdoba e integrante del Consejo Académico del Doctorado de Neurociencias, 2012-2017.

Sobre el seminario
La posibilidad de explicar las capacidades psicológicas por las estructuras y funciones del cerebro ha generado interesantes controversias con consecuencias para campos como la educación, el derecho y la propia psicología. Donde más parece haberse resaltado estas limitaciones es en la posibilidad de explicar la conciencia. Filósofos como Chalmers y Block consideran que hay un tipo de conciencia llamada fenoménica o experiencia subjetiva que no puede ser explicada por las ciencias actuales o del futuro. Distinguen otro tipo de conciencia, denominada de acceso que sí puede estudiarse y explicarse.

En la primera parte del seminario, se analizarán estas distinciones y limitaciones confrontándolas con respuestas más recientes de filósofos e investigadores experimentales de la conciencia.

En la segunda parte, se presentará un intento de analizar la ciencia de la conciencia desde la perspectiva de la filosofía de la ciencia (a diferencia de lo corriente que ha sido desde la filosofía de la mente) y que ha derivado en una posición eleminativista del concepto de conciencia tal como ha sido usado en los experimentos (Irvine 2012, 2014) y que cuestiona que se haya avanzado en la ciencia de la conciencia de acceso.

En la tercera parte, se analizarán las investigaciones sobre conciencia provenientes de las neurociencias afectivas (Merkel 2007, Damasio 2018, Craig 2015, Panksepp 2012), centrándonos en el debate acerca de la existencia de conciencia subcortical y hasta dónde puede atribuirse conciencia en la línea evolutiva.

Ver agenda del seminario

Lanzamiento del libro ‘Historia, Sociedad y Política’

La Maestría en Historia de la Universidad del Valle y la Maestría en Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Icesi invitan al lanzamiento del libro: “Historia, Sociedad y Política. Investigaciones sobre ámbitos de la realidad moderna y contemporánea del Valle del Cauca.”

El lanzamiento de esta publicación se realizará este viernes 12 de octubre, a partir de las 5:00 p.m., en el Auditorio Estanislao Zuleta, Edificio D8, Universidad del Valle, Campus de Meléndez.

El libro reúne los textos de los proyectos de investigación de ambas maestrías y que fueron presentados en el Primer Encuentro de Estudiantes y Egresados de ambas universidades, convocado en junio de 2017. Se trata entonces de los primeros y promisorios pasos de estos jóvenes investigadores.

A inicios de 2017, ambas maestrías realizaron un esfuerzo mancomunado entre universidad pública y privada para el surgimiento de una red de investigadores que genere propuestas analíticas y artículos tan variados en sus temas como en sus metodologías, ésta alianza muestra lo fértil que puede resultar el tender puentes de encuentro entre instituciones educativas que, en razón de las actuales políticas del conocimiento en el país, suelen trabajar de manera independiente.

El meticuloso trabajo de archivo, la observación etnográfica y los métodos cuantitativos que se encuentran en estas páginas son apenas algunas de las muestras de la versatilidad de las metodologías y enfoques analíticos ofrecidos por los autores.

 

Lanzamiento de Ruido Blanco, novela de egresado

Durante la Feria Internacional del Libro de Cali, el egresado de la Licenciatura en Literatura de la Universidad del Valle Gustavo Bueno Rojas presentará el libro ‘Ruido Blanco’, su segunda novela, el sábado 20 de octubre, a partir de las 11:00 a.m, en el Auditorio El País del recinto ferial, ubicado en el Bulevar del Río.

Gustavo Bueno Rojas es escritor y periodista. Licenciado en Literatura de la Universidad del Valle, magíster en Escritura Creativa en la Universidad Nacional de Bogotá. Ha sido docente de diferentes universidades en Cali y Bogotá.

Fue editor de la oficina de Prensa y asesor de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura. Publicó la novela ´Cuentas del alma´ en 2012, que hace parte de la colección Ópera Prima de la Universidad Nacional de Colombia. En 2018 publicó el libro de crónicas sobre artesanos de Colombia ´Los hijos de Hefesto´ con el Ministerio de Cultura.

Ruido blanco es su segunda novela. Fue el compilador, en 2018, de Voces, antología de escritores contemporáneos del Valle del Cauca, editada por Ediciones El Silencio.

Una Cali enmarcada a finales del siglo XX y principio del XXI, es el escenario en el que transcurre la historia de Martín Isaza, una joven promesa de la escritura que se divorcia de la palabra escrita para perderse en una alocada búsqueda por el legado de Andrés Caicedo: sus manuscritos y su carta de suicidio.

La amistad, el amor, la literatura, la muerte y, por supuesto Cali, se entremezclan en esta historia atravesada por la nostalgia que, en palabras de Bueno Rojas, caracteriza a los caleños.

“Siempre he creído que Cali es una ciudad que vive de sus nostalgias, por ejemplo, nuestra generación nunca pudo ver en vivo cantar a Héctor Lavoe, pero para quienes nacimos y nos criamos en Cali, Lavoe es un ícono que despierta nostalgias. Lo mismo pasa con Andrés Caicedo, que creo que es el escritor que representa nuestra ciudad y a quienes nos gusta la literatura y nacimos en Cali, irremediablemente tenemos que pasar por su influencia y, a veces, lo pensamos con nostalgia”.

En esta novela se siente la influencia de grandes escritores latinoamericanos como Guillermo Arriaga y Roberto Bolaño, el autor logra crear una atmósfera plagada de recuerdos, en la que los personajes se cruzan como detectives salvajes que buscan respuestas en los recovecos de la ciudad.

‘Ruido Blanco’ será distribuida por Ediciones El Silencio en las librerías independientes de todo el país.

La U. pública es la mejor opción para la sociedad

En contraste con la situación de las U. privadas con dineros públicos, la U. pública tiene déficits.

Publicado en El Tiempo

Hace un poco más de 50 años, en los años 60 se estaba desarrollando una revolución cultural juvenil que buscaba nueva formas de expresión en el lenguaje, la música, el sexo y la política.

Es decir, había un cansancio con los marcos ideológicos y disciplinarios que dominaban las sociedades occidentales y fueron impugnados. Surgieron Mayo del 68, el rock y los Beatles, la píldora anticonceptiva, la liberación sexual y femenina y la revuelta en las aulas.

Este proceso global afectó en mayor o menor grado los diversos países y continentes. En consecuencia, los universitarios se convirtieron en una fuerza critica de las sociedades latinoamericanas y de las relaciones de poder prevalecientes que se oponían a la transformación de las estructuras productivas, las cuales determinaban a su vez formas de distribución del ingreso que impedían el desarrollo del mercado interno para conservar sus privilegios heredados o adquiridos.

En Colombia, en particular, estos procesos sociales asustaron a la jerarquías políticas, económicas y religiosas que emprendieron la fundación de universidades privadas, no solo para obtener ganancias que se escondían bajo el nombre de fundaciones, sino también para que las clases altas y medias tuvieran la opción de una educación que formaba cuadros técnicos y científicos comprometidos son el ‘statu quo’, no solo por su origen sino también por la formación recibida. No era lo mismo estudiar economía en la Nacional que en los Andes. Ahora, menos.

Después de hacer este contexto histórico, ¿por qué el 82 % de los 40.000 estudiantes que son beneficiarios del programa Ser Pilo Paga (SPP) escogen las U. privadas? La respuesta del profesor Leopoldo Múnera de la UN es: “Porque tienen más capital social, es decir que ofrecen mayores conexiones, mayores posibilidades de trabajo y de movilidad social”.

Las U. privadas se han beneficiado económicamente del programa por la vía del pago de las matrículas –que suben más que el IPC–, sobre un total presupuestado para SPP de 3,5 billones de pesos entre 2015 y 2018, para matrículas y sostenimiento. Por su parte, los críticos del programa argumentan que con el costo de SPP se podría atender una población estudiantil mucho mayor si los recursos se le dieran a las U. públicas, que se calcula entre 200.000 y 400.000 en vez de 40.000.

En contraste con la situación boyante de las U. privadas con dineros públicos, la U pública arrastra enormes déficits, 1.4 billones de pesos anuales para funcionamiento y 15 billones para el déficit en infraestructura.
Esta desatención del Gobierno con la U. pública no tiene explicación, dado el crecimiento en cobertura (57 % en estudiantes de pregrado entre 2004-2017; 184 % en posgrado), número de programas de pregrado y posgrado (34 %), etc., al tiempo que la capacitación y productividad del cuerpo docente han mejorado ostensiblemente, mientras que el 68 % del cuerpo docente trabaja en situación precaria, por horas y con contratos a término fijo.

Uno de los argumentos esgrimidos por las U. privadas y de sus ‘lobistas’ para la defensa del programa SPP y de su continuidad es que este programa ha lograda la integración interclasista, “revolucionaria”, en los campus universitarios entre los jóvenes provenientes de los hogares ricos y de clase media alta con jóvenes de hogares pobres.

En este sentido, R. Hommes dice: “El programa Ser Pilo Paga (…) es disruptivo porque rompe con una tradición que le niega a la élite intelectual de los pobres desarrollar todo su potencial. Y subversivo porque a través de ese programa se le está inyectando diversidad a la clase dirigente colombiana, que necesita con urgencia sangre nueva para que la dirección del país evolucione hacia una sociedad más solidaria, competitiva, dinámica y menos clasista”.

Sin embargo, las universidades de élite reproducen las ventajas para la élite, no para los pilos pobres, como afirmaba el entonces decano de los Andes, Alejandro Gaviria: “La Universidad de los Andes tiene un programa de becas para bachilleres sobresalientes de estratos bajos. (…) Se gradúan con honores o promedios destacados. Pero no consiguen trabajo con la misma facilidad que sus compañeros más privilegiados. Su ingreso al mercado laboral es con frecuencia frustrante. No son muchachos de la alta sociedad. No pertenecen a familias honorables”.

A la par que la U. privada crecía, el desprestigio de la U. pública también lo hacía, no solo como producto de la imagen exagerada que los medios de comunicación todavía transmiten a la opinión, sino también gracias las acciones violentas que los sectores más radicales, de dentro o de fuera de la U. pública, han realizado en el espacio público.

Sin embargo, a pesar de todo, la U. pública ha logrado recuperar su actividad académica normal, desde los años 90, con breves disrupciones y muy focalizadas, posicionando sus mejores universidades en los ránquines internacionales y competiendo de igual a igual, en un campo desnivelado por la competencia de los recursos públicos, con la U. privada.

La U. pública merece la atención del Gobierno y de la sociedad como la mejor opción para la movilidad y la equidad social en Colombia.

 

Sin pilas

No se trata de poner a pelear a las universidades públicas con las privadas, sino de evitar que por dejar a las privadas con pilos se deje a las públicas sin pilas

Por Oscar López Pulecio.

Tomado de Las 2 Orillas

El asunto de la financiación adecuada de las universidades públicas no es de poca monta si se considera que los dos ejes centrales del manejo del Estado en nuestros días son la educación de calidad, puesto que tenemos que integrarnos a la sociedad del conocimiento; y la búsqueda de la equidad, puesto que la inequidad social es el principal obstáculo para el desarrollo. Y no existe una institución que pueda garantizar mejor ambas cosas que la universidad pública, con su acceso universal por meritocracia.

Solo el Estado con sus recursos está en capacidad de establecer y mantener el costoso montaje que requiere una educación superior de calidad y ponerlo al servicio de todos los ciudadanos independientemente de su nivel económico. La educación pública universitaria en Colombia ha sido el más poderoso generador de oportunidades para quienes no pueden pagarse sus estudios en una universidad privada, lo cual claramente ha repercutido en la formación de una clase media con buenos niveles de ingreso, en el desarrollo del sector productivo y en la equidad social.

Es un principio esencial de la democracia que los recursos públicos destinados a la educación superior, vayan al financiamiento de las universidades públicas. Es lo que los especialistas llaman la financiación de la oferta académica: estudios superiores de calidad a los que puedan tener acceso todos los ciudadanos, por sus méritos personales. Lo cual no obsta para que existan programas de financiación de la demanda, es decir que se facilite el acceso a la educación superior privada a las personas que quieren educarse en ella pero no tienen los recursos necesarios, en lo cual el Estado puede ayudar con programas de becas o créditos reembolsables en condiciones que se ajusten a la fragilidad económica del prestatario.

Así había venido funcionando en Colombia con razonable éxito, hasta que la administración Santos decidió fortalecer la financiación de la demanda con el programa Ser Pilo Paga, para que estudiantes talentosos pobres llegaran a las mejores universidades privadas. Santo y bueno si hubiera sido un programa complementario financiado con otras fuentes de recursos. Pero por las limitaciones presupuestales terminó por financiarse con los fondos legalmente destinados, por la misma administración Santos, a las universidades públicas. El resultado es que se ha agravado su déficit acumulado que nace del hecho simple de que su costo de funcionamiento crece más allá del ajuste legal anual de sus presupuestos de acuerdo con el costo de vida. Las universidades públicas reciben recursos por concepto de matrículas, consultorías, convenios interadministrativos, aportes regionales y locales, pero el grueso de sus recursos sigue siendo del presupuesto nacional. Reducirlos en mayor cuantía es impedirle cumplir su misión institucional.

En cifras, 40 % de medio punto del IVA social, equivalente a 700 000 millones de pesos, más 15 % del impuesto que se creó para para las cooperativas, 140 000 millones, recursos que la ley de reforma tributaria 2016 asignó específicamente a la educación superior pública, fueron desviados con una interpretación legalista a financiar el Ser Pilo Paga y los préstamos del Icetex, que van principalmente a las universidades privadas. Además los recursos destinados a la educación superior pública que se financiaban con el abolido impuesto a la renta para la equidad, Cree, fueron reemplazados por el 0.6 del 9 % del impuesto complementario a las rentas, pero sufrieron una desviación similar. Como consecuencia las 32 universidades públicas necesitan un presupuesto adicional para el 2019 de 500 000 millones y una solución a su déficit acumulado de funcionamiento de 3.2 billones.

Los recursos de Ser Pilo Paga, que se convirtieron en una fuente muy importante de ingresos para las universidades privadas acreditadas que por supuesto no quieren perder, financian la totalidad de las altas matrículas de los estudiantes que son aceptados por ellas; pero sólo el costo promedio por estudiante de los pocos que llegan a las universidades públicas, las cuales exigen altos puntajes de acceso. Como consecuencia ha habido un claro y cuantioso traslado de recursos del presupuesto nacional de la educación pública a la privada, lo cual es una perversa manera de buscar la equidad social. La universidad pública atendió 611 800 estudiantes en el 2017 a un costo de 2.9 billones de pesos mientras el costo de educar 40 000 estudiantes de Pilo paga es de 3.5 billones.

El actual proyecto de presupuesto nacional 2019 no considera recursos adicionales para las universidades públicas. Lo que éstas están pidiendo al nuevo gobierno y al Congreso, que escuchan el tema con atención, es que se cumpla la ley. La comisión primera del Senado solicitó unánimemente al gobierno la adición de 500 000 millones para 2019. Si no se logra, vienen tiempos difíciles para ellas y su gobernabilidad. No se trata de poner a pelear a las públicas con las privadas, ni de negarles oportunidades a estudiantes pobres, sino de evitar que por dejar a las privadas con pilos se deje a las públicas sin pilas.

Una colombiana en la revolución contra el cáncer

La egresada de la Facultad de Salud Diana Bonilla trabaja en el equipo de James P. Allison, ganador del Premio Nobel de Medicina. Ella es una de las investigadoras involucrada en la inmunoterapia contra el cáncer, la nueva revolución médica.

Una de cada tres personas en el mundo, tarde o temprano, desarrollará cáncer. La inmunoterapia, que estimula el sistema inmunológico del paciente para que derrote a las células tumorales, se ha convertido en la gran esperanza médica. Diana Bonilla trabaja al lado de James P. Allison, ganador del Premio Nobel de Medicina, para perfeccionar ese tratamiento.

Publicado en El Espectador

En 1891 el médico William B. Coley, hijo de una vieja familia establecida en Connecticut, graduado de la U. de Yale y la U. de Harvard, curó a un paciente con un cáncer intratable. En una época en la que no existían terapias contra esa enfermedad, excepto cirugías imprecisas, Coley le inyectó una bacteria a su paciente, un estreptococo, con la esperanza de que su sistema inmunológico no solo atacara al microorganismo invasor sino también al tumor.

Coley había tomado la idea de antiguos reportes médicos. Por ejemplo, en 1725 el médico Diedier notó que los pacientes con sífilis desarrollaban menos tumores malignos. James Paget mencionó en sus notas que las infecciones provocaban regresiones tumorales en algunos pacientes. En 1867, el médico alemán Busch reportó la desaparición de un tumor en uno de sus pacientes que contrajo erisipela. Coley descubrió al menos 47 casos en la literatura médica que lo animaron a seguir esa senda.

Pero la suerte no trató bien a Coley. Aunque hoy es considerado el padre de la inmunoterapia contra el cáncer, la poca regularidad en sus resultados, incluyendo fallecimientos por la infección, crearon sospechas entre sus colegas y terminó acusado de charlatán. Un apelativo que resultó injusto considerando que un siglo más tarde, gracias al trabajo de sus herederos —entre ellos James P. Allison y Tasuku Honjo, quienes acaban de ser reconocidos con el Premio Nobel de Medicina—, cientos de pacientes en el mundo han comenzado a curarse de algunos tumores considerados intratables hasta ahora. Entre ellos el brutal melanoma.

La colombiana Diana Bonilla es una de las investigadoras involucrada en esta nueva revolución médica. Ella hace parte de uno de los dos equipos que dirige Allison en el centro de cáncer del hospital MD Anderson, asociado a la Universidad de Texas y catalogado como el número uno en cuidado de cáncer en Estados Unidos. Uno de los grupos está enfocado en ciencia básica y crear nuevas terapias. El otro, al que pertenece Diana —en el que están involucrados médicos de varias disciplinas—, aplica las terapias, las evalúa, intenta descifrar cuál es la mejor estrategia y por qué funciona en unos y en otros no.

“El doctor Allison ha estado nominado varias veces al Premio Nobel. Su trayectoria científica es impresionante. A nosotros nos tocó la fortuna de ver la aplicación de los hallazgos que hizo durante varias décadas”, relata Bonilla desde Uruguay, donde se enteró del anuncio del Nobel mientras participaba en un encuentro sobre estas terapias.

En los años 80, Allison, como muchos otros investigadores, dedicó sus esfuerzos a describir los mecanismos básicos que usa el sistema inmunológico para defender al cuerpo humano de elementos “extraños” sin perjudicar a los “propios”. Mientras muchos de ellos se concentraron en usar ese conocimiento para combatir enfermedades autoinmunes, como la artritis o el lupus, Allison tomó un camino diferente. A diferencia de Coley, notó que no era necesario atacar el cáncer activando el sistema inmunológico con una infección. Bastaba con aprender a encender o apagar el sistema mediante la manipulación de los linfocitos T, células que cumplen el rol de soldados de la respuesta inmune.

Allison concentró su atención en uno de los interruptores del sistema: la proteína CTLA-4, sobre la superficie de esos soldados del sistema inmunológico. Descubrió que el CTLA-4 funciona como un freno. ¿Qué pasaría si quito ese freno? Allison decidió probar con ratones y en un laboratorio de la U. de California, en Berkeley, en 1994, les aplicó un anticuerpo, una bala, que bloqueaba esa molécula.

“El resultado fue espectacular”, recordaron esta semana en un resumen de su trabajo los directivos del Instituto Karolinska, en Suecia, encargados de nombrar a los ganadores del Premio Nobel de Medicina. El siguiente paso era demostrarlo en humanos. Pero ante el escaso interés de la industria farmacéutica por un tratamiento basado en la eliminación de los frenos de las respuestas inmunitarias, Allison se las arregló por su cuenta y se asoció con Alan Korman, de Medarex, una pequeña empresa de biotecnología. Usaron ratones transgénicos para producir anticuerpos monoclonales humanos. Los llamaron anti-CTLA-4 IgG1 o MDX-010. Balas que bloqueaban la proteína. Faltaba apenas un año para el cambio de siglo. Fue entonces cuando la compañía Bristol-Myers Squibb se interesó en el asunto, compró Medarex y puso en marcha la maquinaria científica para perfeccionar la terapia.

En 2001, una paciente con melanoma metastásico, Sharon, recibió una de las primeras dosis de MDX-010, cuyo nombre ya había mutado a Ipilimumab. Después de 18 años, Sharon sigue viva, así que pudo enterarse de que el investigador que gestó ese tratamiento ganó el Nobel en 2018. Algo similar logró el otro ganador del Nobel: Tasuku Honjo, quien descubrió otro de los frenos del sistema inmunológico, la molécula PD-1.

Diana conoció a Sharon. “En ese momento las personas como Sharon con melanoma metastásico no tenían otra alternativa. Eran condenas de muerte”, reflexiona, “la radioterapia y quimioterapia son tratamientos muy agresivos. Con la inmunoterapia, los linfocitos del propio paciente aprenden a matar el tumor y además guardan memoria por si reaparece”.

Un problema es que para el tratamiento del melanoma, el Ipilimumab funciona en alrededor del 30 % de los pacientes y cuando se suma el nivolumab (que actúa contra la proteína PD1 de los linfocitos), la tasa de remisión del tumor se eleva al 60 %. Con quimioterapia la cifra era inferior al 20 %. Las preguntas que Diana y sus colegas ahora se plantean son: ¿por qué no funciona en todos? ¿Qué señales existen en las células de los pacientes para saber si van a responder al tratamiento? ¿Cómo se correlacionan esas señales con lo que ven los médicos en el consultorio? ¿Cómo mejorar la efectividad?

La otra tarea es probar la inmunoterapia en otros tipos de cáncer. Técnicamente las llaman terapias de punto de control inmunológico. De hecho ya están en marcha decenas de ensayos clínicos en el mundo para evaluar la efectividad en cáncer de pulmón, páncreas y próstata, entre otros.

“Dadas las actividades de investigación quizá sin precedentes en el campo del punto de control inmunológico, es probable que haya avances importantes con respecto a esta terapia en todos los niveles. Esto demuestra cuán influyentes han sido los descubrimientos de Allison y Honjo. Sus hallazgos han conferido gran beneficio a la humanidad; añaden un nuevo pilar a los tratamientos de cáncer existentes”, destacó el Instituto Karolinska.

Es una carrera contra el tiempo y una batalla contra los altos costos de las medicinas. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 18 millones de personas son diagnosticadas con cáncer cada año. Con una población que envejece y está más expuesta a riesgos ambientales, solo se espera que esas cifras sigan aumentando. Y desafortunadamente, estos tratamientos biológicos sobrepasan los US$100.000 ($300 millones), creando una enorme barrera de acceso para pacientes en países en desarrollo.

Diana dice que ha sido un gran orgullo trabajar en el grupo de Allison: “Creo que su trabajo es un ejemplo de que valen la pena todos esos esfuerzos de investigación básica, porque de ahí se derivó el tratamiento para curar a miles de pacientes”.

El pintor Augusto Rivera revive en una exposición interactiva en La Tertulia

Estudiantes y docentes de la Facultad de Artes Integradas trabajaron en esta instalación artística que estará alojada en La Tertulia

Publicado en El País

Recuperar la memoria de uno de los artistas plásticos más importantes de la historia del arte de Colombia. Esa es la intención de la exposición que se inaugura el próximo miércoles 10 de octubre en el Museo La Tertulia, y que es una vanguardista y arriesgada apuesta por un documental tridimensional e interactivo en el que cada uno de los espectadores inevitablemente se sentirá parte de la obra.

La exposición se denomina ‘Augusto Rivera, el gran ausente’, y se hace en honor a la obra y vida de Rivera, nacido en Bolívar, Cauca, quien durante la segunda mitad del siglo XX se convirtió en uno de los artistas vanguardistas con mayor reconocimiento en el país, pero que después de su muerte, en 1982, fue relegado a un olvido injustificado.

La obra que se presenta este miércoles, y que podrá verse durante diez días en el Museo, es el resultado de un proyecto investigativo de la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle, liderado por el reconocido cineasta y profesor de Comunicación Social, Antonio Dorado, director de películas como ‘El Rey’, ‘Amores Peligrosos’ y ‘Apaporis, en busca de un río’.

Se trata, sin duda, de una de las apuestas más arriesgadas que trae el Museo La Tertulia para este año: un documental expandido en el que el espectador necesariamente hace parte de la obra y en el que sus acciones son indispensables para la completa reproducción de la misma.

Siguiendo las creaciones más recientes del documental y del cine, como en el caso de ‘Carne y Arena’, documental de realidad virtual realizado por el mexicano Alejandro González Iñárritu y por el cual se anunció que se le dará un Óscar especial en 2019, la instalación que se expondrá en el Museo La Tertulia es una inmersión casi total a la obra de Rivera.

Hablamos con Antonio Dorado, director de esta novedosa apuesta estética y artística, sobre el pintor Augusto Rivera y lo que significa para el arte colombiano una apuesta como esta que se inaugura el próximo miércoles.

¿Cómo surge la idea de hacer este proyecto?
Es un homenaje a un pintor muy importante, que murió en 1982 prácticamente con su memoria perdida. Ha padecido lo que yo llamo la doble muerte, la física y el olvido. La exposición es un homenaje desde una postura libre. Lo interesante en esta propuesta es que es una extensión de todo un trabajo documental y audiovisual que hemos hecho en la Escuela de Comunicación Social y que busca en este momento justamente experimentar con piezas para museo que son complementarias de los trabajos documentales. Este trabajo es un proyecto que incluye artículos para revistas, la instalación interactiva y el documental, que en este momento está en proceso de postproducción. La pieza interactiva es justamente lo que se va a presentar esta semana en el Museo La Tertulia. Esta pieza es una apuesta estética que, apoyándose en el espíritu vanguardista de Rivera, hace una versión contemporánea de su obra para acercar a los nuevos públicos, pero también a los tradicionales, a la obra de este pintor y para que interactúen con ella, una obra que está mediada por dos elementos esenciales: la referencia del humo que representa la fugacidad de la memoria, y por otro lado el espíritu repentista de Rivera. Rivera era un artista que podía pintar sobre manteles, servilletas, un artista que pintaba murales y que podía hacerlo con cualquier herramienta que tuviera.

¿Quién era Augusto Rivera?
Rivera nació en 1922 en Bolívar, Cauca, y cuando tenía unos 20 años se fue con un grupo de artistas que se presentaban con obras diversas de pueblo en pueblo, hasta llegar a Chile.
Es en Valparaíso donde empezó a trabajar y a estudiar su formación artística, y cuando regresó a Colombia, a finales de los años 50, empezó a trabajar como escenógrafo en el ambiente del surgimiento de la televisión. Pero por otro lado empezó a involucrarse en las exposiciones de la época y la crítica Marta Traba lo valoró y lo exaltó.
Yo creo que Rivera, cuando regresó a Colombia desde Chile, creía que iba a ser fácil para él destacarse como artista. Sin embargo, llegó en un momento en el que estaban trabajando Botero, Grau, Obregón, Negret, y a un ambiente muy intenso en el arte colombiano. Esta exposición lo que hace es recrear toda la búsqueda de una expresión, de un lenguaje artístico en ese contexto en el que la pintura realista estaba mandada a recoger y los artistas buscan otras alternativas de expresión.
Fue un artista muy cercano al grupo de los Nadaístas, a Gonzalo Arango, y Jotamario Arbeláez me ha contado que para ellos era un honor que un poema o un texto fuera recreado por Rivera. Es decir, realmente era una persona que tenía mucho prestigio en la época, e incluso llegó a ser profesor de Los Andes y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Así que es muy interesante cómo de un momento a otro Rivera termina siendo silenciado, termina desapareciendo de los medios e incluso de la crítica de arte en todo el país.

¿Cómo fue ese proceso de silenciamiento de Rivera?
Rivera era un tipo muy hablador, muy locuaz, y esa locuacidad lo estaba llevando a decir verdades que no eran convenientes en torno al poder y la cultura en el país, y de esa manera terminó siendo marginado. Fue una situación muy particular de un silenciamiento en los medios de comunicación. Ni siquiera El Tiempo, el periódico para el cual él había trabajado años atrás, le hizo una reseña a su muerte. Es muy extraño que a principios de 1980 la propia Marta Traba, que lo había exaltado años antes, deja de escribir de él y ya no aparecen reseñas de su obra.
Y hay otro dato bastante curioso y es que un año después de su muerte, en 1983, en Popayán se le programa un homenaje para el Viernes Santo, cuando le iban a interpretar el réquiem y a hacer una retrospectiva de su trabajo. En realidad ese homenaje está todavía en deuda, porque el Jueves Santo tuvo lugar el terremoto. Sus obras por fortuna sobrevivieron.

¿En dónde están esas obras?
Rivera tiene un cuadro en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, un museo en donde muy pocos artistas latinoamericanos tienen obra. También hay en Alemania, en el Banco de la República, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, aquí en el Museo La Tertulia... Hay obra de él en diferentes lugares. En el Centro de Convenciones de Cartagena es bien particular la obra que hay de él. Ese centro se inaugura con la obra de tres de los artistas más importantes en ese momento del país, en 1982. En el primer piso está el mural de Obregón, en el segundo piso está el mural de Grau y luego está la obra de Rivera, que de hecho fue su última obra. Dos días después de que él entrega esa obra, muere.

¿Qué van a encontrar las personas en la instalación que se presentará en el Museo?
Por un lado, la gente encontrará una reflexión sobre estos procesos de creación contemporáneos del documental expandido. También encontrarán un trabajo interactivo hecho a través de objetos. Va a haber una referencia directa a las obras de Rivera, pero también una intervención de esas obras. Por ejemplo, hay una mesa a la que si la gente se acerca se proyecta una obra de él y se escucha una música. Si la gente se sienta sobre la mesa, lo que se sirve en un plato es una de las piezas de Rivera. También hay un teléfono, y si la gente se acerca suena el teléfono. Si se levanta el auricular se proyecta una reflexión sobre la creación que es un videoarte. Hay un retablo de él que está hecho en cobre. La gente lo puede ver, pero si lo tocan se proyecta una digitalización de uno de sus murales. Entonces digamos que es también una propuesta que explora la participación del espectador en la obra y que va más allá de la convención clásica del museo en el que la obra no se puede tocar. Es una propuesta que involucra a los espectadores en el goce del proceso artístico.
Esta es una exposición en la que tanto el público culto, como el gran público, pueden gozar de las obras propuestas.

¿Quién es el autor de este trabajo?
Esto es como una película. El director del proyecto soy yo, que soy el investigador principal. Pero he trabajado con otros profesores de la Facultad de Artes, por ejemplo Tatiana Cuéllar que es una profesora de Artes Visuales, también hay estudiantes de Comunicación Social y de Artes Visuales que se han involucrado en el proceso. Hay todo un trabajo de investigación en el que se incluye incluso a un profesor de Física, Otto Vergara, para desarrollar todos estos mecanismos de interacción.

¿Por qué el interés en este artista?
Yo siento que yo no he buscado tanto los proyectos sino que los proyectos me han buscado. En este caso yo había hablado con un profesor de la Universidad del Valle que se llama Álvaro Thomas y a quien le dije que quería hacer un documental sobre él. Él me dijo ‘no, no perdás el tiempo conmigo, hay un artista que nació en Bolívar y que era un artista verdadero’, y ahí empecé la investigación sobre la personalidad y la obra de Rivera. Creo que aquí hay un acto honesto de memoria justa, un homenaje merecido a un artista que ha sido muy importante para el país y que está marginado y borrado.

Es una propuesta muy vanguardista...
Sí, lo es. La Escuela de Comunicación Social de Univalle ha tenido cierto liderazgo a nivel local y a nivel nacional sobre el trabajo documental. Entonces la idea con este proyecto es una consecuencia de las cercanías que hemos tenido con los seminarios de documental que se han hecho en la Universidad, que nos han permitido también airear las propuestas hacia un documental interactivo, hacia el documental expandido. Y es muy importante que sea una exploración colectiva, porque digamos que yo jalono el proyecto, a partir de la investigación, pero en el proceso hay una búsqueda, hay un laboratorio de creación. Por ejemplo, yo pretendía poder escribir en el humo, porque este es un elemento muy importante en términos de la materialidad para trabajar la memoria del personaje. Hicimos varios ensayos, porque no es fácil escribir en el humo, pero creo que la instalación lo logra, y permite una percepción tridimensional que involucra a las personas en la obra.

 

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